SÍNODO 2008: LAS RESONANCIAS DE LA PALABRA

Raúl Lugo Rodríguez

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SUMMARY:
The Synod of 2009 was dedicated to the study of the word of God. Convoked by the Pope, Bishops from the whole world gathered to discuss about “God’s word in the life and mission of the Church”. The present statement refers what is a Synod, its main characteristics and how it works. It explains the central theme and its relation with previous Synod. It gives us a passing glance about the mechanic of participation in the Synod, and focus in the final results: the propositio, and the message to the People of God.


1. El sínodo: ¿qué es y para qué sirve?
La institución eclesial del Sínodo nació del Vaticano II para facilitar la colaboración de los obispos de todo el mundo con el Santo Padre. Su creación fue establecida por el Motu Proprio “Apostolica sollicitudo” de Pablo VI del 15 de septiembre de 1965. Luego, el mismo Pontífice aprobó un reglamento para la celebración del Sínodo de los Obispos el 20 de agosto de 1971. Posteriormente, se han introducido modificaciones a ese reglamento inicial, incluyendo las más recientes aprobadas por el Papa Benedicto XVI el 29 de septiembre de 2006.
Etimológicamente hablando la palabra “sínodo”, derivada de los términos griegos syn (que significa “juntos”) y hodos (que significa “camino”), expresa la idea de “caminar juntos”. Un Sínodo es un encuentro religioso o asamblea en la que unos obispos, reunidos con el Santo Padre, tienen la oportunidad de intercambiarse mutuamente información y compartir experiencias, con el objetivo común de buscar soluciones pastorales que tengan validez y aplicación universal. El Sínodo puede ser definido, en términos generales, como una asamblea de obispos que representa al episcopado católico y tiene como tarea ayudar al Papa en el gobierno de la Iglesia universal dándole su consejo.
La principal característica del Sínodo de los Obispos es el servicio a la comunión y a la colegialidad de todos los obispos con el Santo Padre. No es un organismo particular con limitada competencia como las Congregaciones y los Consejos de la Curia Romana. Tiene amplia competencia para tratar cualquier tema de acuerdo con el procedimiento establecido por el Santo Padre en la carta de convocación. El Sínodo de los Obispos con su Secretaría General permanente no forma parte de la Curia Romana y no depende de ella; sino que está directa y exclusivamente bajo la autoridad del Santo Padre, al cual permanece unido en el gobierno universal de la Iglesia. La finalidad de cada asamblea sinodal es vivir una experiencia de colegialidad entre el episcopado y el Santo Padre. A través de la aceptación del Santo Padre de las sugerencias o conclusiones de una determinada asamblea, el episcopado ejerce una actividad colegial que se aproxima pero que no coincide con aquella manifestada en un concilio ecuménico.
Los Sínodos ordinarios se realizan regularmente cada tres años. Pero puede haber también Sínodos extraordinarios para tratar asuntos que requieren de rápida resolución y otros llamados ‘especiales’ que tratan asuntos que competen solamente a una región geográfica específica.
Uno de los puntos cruciales del Sínodo es su carácter consultivo o decisivo. Ha habido una discusión permanente para que el Sínodo no sea solamente un órgano de consulta del Papa en que los obispos dan sus opiniones. Algunos obispos y teólogos han propuesto la idea que sus conclusiones tengan la fuerza de una decisión y que el Papa tome en cuenta y acepte los acuerdos finales. El proemio del nuevo Ordo Synodi Episcoporum señala que “el hecho de que el Sínodo tenga normalmente sólo una función consultiva no disminuye su importancia. En efecto, en la Iglesia, el objetivo de cualquier órgano colegial, sea consultivo o deliberativo, es siempre la búsqueda de la verdad o del bien de la Iglesia. Además, cuando se trata de verificar la fe misma, el consensus Ecclesiae, no se da por el cómputo de los votos, sino que es el resultado de la acción del Espíritu, alma de la única Iglesia de Cristo” . Como se ve, la inclusión de la palabra “normalmente” en el texto, deja abierta otras posibilidades, por lo que el tema nunca se ha definido y hasta ahora los sínodos permanecen solamente como consultivos.

El funcionamiento del sínodo
La normatividad que rige la realización de los sínodos puede encontrarse en los cánones 342-348 del Código de Derecho Canónico vigente en la iglesia latina y en el canon 46 del Código de cánones de las iglesias orientales.
Para el funcionamiento en concreto existe, como hemos ya mencionado, el Reglamento del Sínodo de los Obispos, revisado y ampliado por Pablo VI en 1969 y 1971 y por Benedicto XVI el 29 de septiembre de 2006. En él se establece la potestad del Romano Pontífice para convocar, establecer tema y fecha, presidir, decidir y ratificar decisiones colegiadas, concluir, suspender y disolver el sínodo.
Este mismo ordenamiento establece las funciones del Presidente Delegado, que preside la asamblea en nombre del Papa. Señala también las atribuciones de la Secretaría General del Sínodo, como institución permanente, las tareas del Relator General y el Secretario Especial y las circunstancias concretas de la reunión (secreto, lengua a usarse, vestimenta, redacción de actas, información a los medios, modo de las votaciones, y –en general– todo lo que corresponde al procedimiento de la asamblea sinodal).
En el caso del sínodo sobre la Palabra de Dios, el Secretario General fue Mons. Nikola Eterovic, los presidentes delegados Cardenales William Levada (prefecto de la Doctrina de la Fe), George Pell (arzobispo de Sydney) y Odilo Scherer (arzobispo de Sao Paolo). El Relator Especial fue el Cardenal Marc Ouellet (arzobispo de Québec) y el Secretario Especial Monseñor Laurent Mosengwo Pasinya (arzobispo de Kinshasa).

El tema 2008 y su relación con el sínodo anterior
El Sínodo 2008 está precedido por el Sínodo 2005 (XI Asamblea Ordinaria), cuyo tema fue “La Eucaristía: fuente y cumbre de la vida y de la misión de la Iglesia”. A partir de sus conclusiones el Papa Benedicto XVI publicó la exhortación postsinodal “Sacramentum Caritatis” el 13 de marzo de 2007. Ya antes del sínodo 2005 sobre la Eucaristía, los Padres sinodales fueron invitados a señalar los argumentos que, según su criterio, podrían ser tratados durante el Sínodo siguiente. Las respuestas fueron bastante numerosas y los temas diversos, aunque se evidenciaba un número significativo de señalamientos relativos a la Palabra de Dios. El 22 de septiembre de 2006, entre una terna de temas que resultaron de la consulta a todos los episcopados, el Papa eligió como tema “La Palabra de Dios en la vida y en la misión de la Iglesia”, señalando para su realización los días del 5 al 26 de octubre de 2008.
Existe, incluso en la formulación del título de asamblea sinodal 2008, una referencia a la anterior sobre la Eucaristía. Se buscó el parecido para subrayar la mutua relación entre la Palabra de Dios y la Eucaristía. Ambas están tan íntimamente unidas en la celebración de la Santa Misa que en realidad las dos mesas de la Liturgia de la Palabra y de la Liturgia Eucarística forman prácticamente una única mesa de la Palabra y del Cuerpo y de la Sangre de nuestro Señor Jesucristo.

Las Líneas de Orientación (Lineamenta)
Con este nombre se conoce al documento que contiene las primeras líneas de orientación, redactadas por la Secretaría General, consultadas con el Consejo Ordinario y enriquecidas con la participación de expertos en la materia. Fue publicado el 27 de abril de 2007 y enviado a todos los obispos del mundo para su discusión. Con 21 preguntas para favorecer la reflexión y discusión, los Lineamenta fueron estudiados por los episcopados durante siete meses, es decir, hasta el mes de noviembre.
Conformado por una introducción, tres capítulos y una conclusión, los lineamenta fueron leídos y discutidos. El primer capitulo estaba dedicado al misterio mismo de la revelación, su culminación en la persona de Jesucristo, Palabra hecha carne, y algunos tópicos generales (inspiración, relación entre Tradición y Escritura, interpretación, unidad entre los dos testamentos, etc.).
El segundo capítulo se refería a la relación entre la Palabra de Dios y la vida de la iglesia, de manera particular en la liturgia, la oración, la evangelización, la exégesis y la teología. Finalmente, el tercer capítulo hacía relación a la misión de la iglesia: accesibilidad de la Biblia, diálogo interreligioso, Palabra de Dios y culturas, etc.

El Documento de Trabajo (Instrumentum Laboris)
A partir de las respuestas recibidas por la Secretaría General de parte de todos los episcopados y con la ayuda de algunos expertos se redactó el Documento de Trabajo.
Sólo para hacernos una idea del interés suscitado por el tema en esta consulta, recurrimos a la información del Secretario General, Monseñor Eterovic: (filmina 10)
“El porcentaje de las respuestas institucionales corresponde al 78,3 %. Este porcentaje está distribuido del siguiente modo:

Con respecto a las Conferencias Episcopales, puede resultar de interés indicar por orden alfabético el porcentaje de las respuestas según cada continente:

Los Miembros del Consejo se detuvieron además en las numerosas aportaciones de las instituciones eclesiales: por ejemplo, los de la Unión Internacional de las Superioras Generales (U.I.S.G.), así como los de algunas personas que enviaron su punto de vista” .
Como bien se señala en la introducción del Instrumentum Laboris, éste conserva la estructura original de los Lineamenta, pero conteniendo las aportaciones venidas de todos los continentes: “La estructura se articula en tres partes: la primera parte se concentra sobre la identidad de la Palabra de Dios según la fe de la Iglesia; la segunda parte considera la Palabra de Dios en la vida de la Iglesia; la tercera parte reflexiona sobre la Palabra de Dios en la misión de la Iglesia. Cada parte está dividida en capítulos que hacen más fluida y clara la lectura. En síntesis, el Sínodo desea meditar, proponer y agradecer este misterio grande de la Palabra de Dios, que su don supremo” .
El documento de trabajo fue publicado el 12 de junio de 2008 y enviado a todos los episcopados.
Los participantes y su clasificación
El artículo 5 del Reglamento del Sínodo enlista quiénes son los llamados a participar en las Asambleas Sinodales Ordinarias:
a) los Patriarcas, los Arzobispos Mayores, los Metropolitas de las Iglesias Metropolitanas sui iuris de las Iglesias Orientales Católicas o el Obispo, competente en la materia de estudio del Sínodo, designado por el Patriarca, por el Arzobispo Mayor, por el Metropolita de las Iglesias Metropolitanas sui iuris, con el consenso del Sínodo de los Obispos o del Consejo de los Jerarcas de la Iglesia que presiden;
b) los Obispos elegidos por los Sínodos de los Obispos y por los Consejos de los Jerarcas de las Iglesias Orientales Católicas, según el art. 6, § 1, 5º;
c) los Obispos elegidos por cada una de las Conferencias Episcopales nacionales según el art. 6, § 1, 3º;
d) los Obispos elegidos por las Conferencias Episcopales de varias naciones, es decir, las constituidas para aquellas Naciones que no tienen Conferencia propia, según el art. 6, § 1, 4º;
e) diez religiosos en representación de los Institutos Religiosos Clericales, elegidos por la Unión de los Superiores Generales, según el art. 6, § 2;
2º los Jefes de los Dicasterios de la Curia Romana.
En el caso de los obispos elegidos por sus conferencias episcopales, su número se determina por las siguientes normas:
a) para una Conferencia Episcopal nacional que no tenga más de 25 miembros un representante;
b) si tiene de 26 a 50 miembros, dos representantes;
c) si tiene de 51 a 100 miembros, tres representantes;
d) si tiene más de 100 miembros, cuatro representantes, que es el caso de México.
En el caso de nuestro país, los obispos nombrados por la Conferencia Episcopal fueron:

Por razones que desconozco, Mons. Benjamín Castillo Plascencia fue sustituido por el Obispo de Matamoros, Mons. Faustino Armendáriz.
Además de los padres sinodales, participan otras personas con voz pero sin voto. Se trata de los expertos (que colaboran con el Secretario General), los oyentes o auditores y los Delegados Fraternos (que representan a iglesias que no están en plena comunión con la iglesia de Roma). Entre los expertos fue convocado un mexicano, el P. Raúl Duarte. Ex Rector de la Universidad Pontificia de México y actual Rector del Seminario Conciliar de Zamora.

La mecánica sinodal 2008
El Sínodo da inicio formalmente con el discurso de bienvenida por parte del Secretario General, Mons. Nikola Eterovic, y sigue con la presentación del Relator General, Cardenal Ouellet, en la que se expone la temática sinodal de manera programática. Este discurso de Ouellet cobró especial importancia dado que el Papa, en la Misa inaugural del Sínodo, decidió hacer una homilía en lugar de ofrecer un discurso programático. Arrancada la asamblea, siguen los siguientes momentos:
En un primer momento durante cinco o seis días los obispos participantes que lo hayan solicitado tuvieron la posibilidad de hacer intervenciones de cinco minutos a partir del Instrumentum Laboris. De todas maneras podían no hacer intervención oral e igualmente presentar los escritos en Secretaría. Algunos de los obispos presentaron en sus cinco minutos un resumen de lo que querían decir y entregaron un documento un tanto más amplio. Cada día se escucharon hasta 30 intervenciones personales, lo cual convirtió estas intensas jornadas en algo bastante cansado, pero que fueron delineando los puntos que interesaban más a los sinodales. Esta etapa duró desde el 5 hasta el 15 de octubre y concluye con la presentación de la Relatio post disceptationem, que resume los principales temas expuestos, hecha por el Relator General del Sínodo, Cardenal Ouellet.
En este sínodo se tuvo además, al inicio de este etapa, la presentación de cinco relatores especiales, uno por cada continente, que dieron una visión de conjunto (10 minutos cada uno) de la situación de la pastoral bíblica en el continente y los principales problemas que confrontan. Para el caso del continente americano el relator fue el Cardenal Rodríguez Maradiaga, de Honduras.
Un segundo momento de trabajo lo constituyen los llamados “círculos menores”, se trata de grupos de cerca de 20 personas divididos con criterios lingüísticos que reflexionan sobre lo expuesto en la asamblea general, sobre los documentos preparatorios y sobre cualquier tema relacionado con la temática general. Eligen un moderador y un secretario o relator por cada círculo.
El tercer momento, realizado también en los círculos menores, es el de la preparación de las propuestas. Es una parte fundamental del trabajo sinodal, ya que son las propuestas finales las que se entregan al Papa como materia prima para el documento post sinodal. Esta etapa se desarrolló del 16 al 19 de octubre. Después de un arduo trabajo, la Secretaría General hace una síntesis de las propuestas emanadas de los círculos menores (más de 300) y la presentó a la asamblea el 21 de octubre.
Finalmente se pasa al cuarto momento en el que, en círculos menores, se hacen enmiendas, correcciones, supresiones, añadiduras, etc., a las propuestas que habían sido presentadas por la Secretaría General (21-23 de octubre). Todos los “modos” regresan a la Secretaría que será la encargada de hacer el producto colectivo y final que será presentado para la votación.
El 25 de octubre la lista de proposiciones finales fue presentada a la votación definitiva de los padres sinodales, que podían expresar, exclusivamente, su placet o non placet.

La aportación del Cardenal Martini
Entre la lista de los invitados al Sínodo destacaron dos lamentables ausencias: la del Cardenal Carlo María Martini, acaso el obispo biblista más reconocido e impulsor decidido de la lectura orante de la Biblia como eje vertebrador de toda la pastoral, y el biblista brasileño Carlos Mesters, impulsor de la lectura popular de la Biblia. La segunda ausencia, la del Padre Mesters, fue subsanada con su participación en un equipo de asesoría extramuros, convocado por algunos obispos sudamericanos y organizado por el equipo teológico pastoral Amerindia. La ausencia de Martini, en cambio, cubrió de vergüenza a las instancias encargadas de hacer la lista de participantes invitados.
Sin embargo, audaz como es, el Cardenal Martini publicó, algunos meses antes del inicio del sínodo, un artículo en el que expresó su opinión a propósito del documento inicial, los Lineamenta. No me cabe la menor duda de que dicho documento, que fue ampliamente conocido y traducido, dejó una huella en los obispos participantes.
El Cardenal Martini hace algunas advertencias:

La participación del Papa
Ya hemos dicho que es al Papa a quien, por derecho establecido, corresponde la autoridad máxima sobre el Sínodo: convocarlo, establecer sus tiempos, nombrar y ratificar la elección de los participantes, disponer los argumentos, establecer el orden del día, presidir el Sínodo, decidir sobre las propuestas, ratificar las decisiones, clausurar o suspender la celebración del Sínodo. (Reglamento artículo 1)
Sin embargo, estas potestades suele realizarlas por interpósitas personas. En esta ocasión, el Papa tuvo algunas intervenciones esperadas. Presidió la Misa de inauguración y la de clausura. Celebró, acompañado de los Obispos, la canonización de cuatro nuevos santos. En todos los casos se refirió al sínodo que se estaba celebrando, pero omitió convertir sus homilías en discursos programáticos. Estuvo presente en prácticamente todas las sesiones generales y en una ocasión pidió la palabra y se dirigió a la asamblea general con una participación en la que reiteró algunos de los temas enunciados en su libro “Jesús de Nazaret”, a saber: un refrendo del uso de la metodología histórico crítica; atención a los tres elementos básicos de la interpretación teológica, según la DV (unidad de la Escritura, tradición de la iglesia y analogía de la fe); consecuencias de olvidar la dimensión teológica de los textos (la Biblia se vuelve un libro del pasado y desaparición de la hermenéutica de la fe, que viene sustituida por una secularista que niega la historicidad de los elementos divinos); invitación a superar el dualismo entre exégesis y teología.

El mensaje del sínodo al pueblo de Dios
Además de los proposiciones que se entregan al Papa hacia el final de los trabajos, los padres sinodales preparan un “Mensaje al Pueblo de Dios”, en el que dan cuenta a los fieles de todo el mundo de los trabajos realizados. Para ello se forma una comisión especial de obispos que presentan un esquema inicial a la asamblea para su discusión, y recogen las observaciones para integrarlas al documento. Se hace la presentación de un borrador a la asamblea (19 de octubre) y finalmente que se presenta a votación antes de la clausura del Sínodo (24 de octubre).
La importancia del Mensaje estriba en que es la palabra autorizada de los padres sinodales al Pueblo de Dios. En algunos casos (no así en el Sínodo 2008), es lo único que el fiel de a pie conoce de los trabajos del Sínodo.
Ya el segundo día de trabajo, el 7 de octubre, se procedió a la elección de la comisión para la elaboración del mensaje. No hubo consenso ni mayorías suficientes. El 9 de octubre, en la sexta congregación general, se eligió finalmente. La comisión quedó conformada por Mons. Gianfranco Ravasi, del Pontificio Consejo de la Cultura, como presidente. El Cardenal chileno Santiago Silva Retamales como vicepresidente, y diez miembros más, entre los que quedó incluido el Cardenal hondureño Óscar Rodríguez Maradiaga.

Las proposiciones
El 24 de octubre, el Secretario General entregó a la asamblea las propuestas ya con todas las enmiendas recogidas e integradas. Recordó que la lista final de las Propuestas debería ser objeto de estudio privado por parte de los Padres sinodales, con el fin de preparar el voto final. Dicha lista incluía ya la ficha de voto que debería entregarse a la mañana siguiente con un voto declarado de placet o non placet a cada una de las propuestas.
De suyo, el texto de las proposiciones es un texto reservado y que no está destinado a su publicación, para conservar el carácter consultivo del Sínodo. No obstante, en esta ocasión, el Papa decidió que una versión provisoria y oficiosa en italiano pudiera darse a conocer a los medios, con la precisión de que las propuestas son solamente un momento del largo proceso del Sínodo abierto a la eventual promulgación de un documento pontificio, por lo tanto, no agotan la riqueza de las aportaciones de las Líneas de Orientación, del Documento de trabajo, de la Discusión en el aula y en los círculos menores, de la Relación antes de la Discusión, de la Relación después de la Discusión y del Mensaje (Nuntius).
Las propuestas fueron 53. Después de las enmiendas y correcciones en los círculos menores y la integración de las mismas por parte de la Secretaría, terminaron en el documento final sometido a votación que contenía 55 proposiciones, divididas en tres grandes partes, correspondientes cada una a las tres secciones del documento de trabajo. Las dos primeras proposiciones son introductorias, para anunciar los documentos que se entregan al Sumo Pontífice y señalar el camino seguido desde la Dei Verbum hasta el Sínodo 2008.
La primera parte, titulada “La Palabra de Dios en la fe de la Iglesia” contiene de la proposición 3 a la 13. La segunda parte, “La Palabra de Dios en la Vida de la Iglesia”, contiene las proposiciones 14 a 37. La tercera parte, “La Palabra de Dios en la Misión de la Iglesia”, va de la proposición 38 a la 54. Para finalizar con la última proposición conclusiva dedicada a la Virgen María.

Comentarios sobre los textos definitivos
Las proposiciones finales representan, efectivamente, solamente uno de los momentos del Sínodo y están muy lejos de reflejar su riqueza total. La impresión que brota de la lectura es de una cierta desconexión entre una proposición y otra, a pesar de que están agrupadas en tres títulos comprehensivos. Las dos propuestas añadidas en la lista final hacen referencia a la lectura patrística de la Escritura (propositio 6) y a la relación entre Palabra de Dios y presbíteros (propositio 31). La Lectio Divina, nombrada de muchas maneras a lo largo de las discusiones, tomó el nombre de lectura orante en las proposiciones finales.
Algunos de los cambios entre el esquema presentado para enmiendas y el presentado para la votación final, reflejan las tendencias de los distintos grupos de padres sinodales. Pongamos algunos ejemplos. La proposición 4, que tiene como tema la revelación concebida como diálogo, sufrió un cambio. La añadidura está en negrilla: (filmina 23)
Il dialogo quando è riferito alla Rivelazione comporta il primato della Parola di Dio rivolta all’uomo. Nel suo grande amore, infatti, Dio ha voluto venire incontro all’umanità e ha preso l’iniziativa di parlare agli uomini chiamandoli a condividere la sua stessa vita. La specificità del cristianesimo si manifesta nell’evento Gesù Cristo, culmine della Rivelazione, compimento delle promesse di Dio e mediatore dell’incontro tra l’uomo e Dio. Egli “che ci ha rivelato Dio” (Gv 1, 18) è la Parola unica e definitiva consegnata all’umanità. Per accogliere la Rivelazione, l’uomo deve aprire la mente e il cuore all’azione dello Spirito Santo che gli fa capire la Parola di Dio presente nelle Sacre Scritture. A Dio l’uomo risponde in piena libertà con l’obbedienza della fede (cf. Rm 1, 5; 2 Cor 10, 5-6; DV 5).
Maria, Madre di Gesù, personifica questa obbedienza della fede in maniera esemplare, lei è anche l’archetipo della fede della Chiesa che ascolta e accoglie la Parola di Dio.
Esta es una de las proposiciones que resultaron más empobrecidas. La relatoría post disceptationes del cardenal Ouellet tenía muchos más matices que se perdieron. Quizá por eso, y por la insistencia de varios padres, se aumentó lo esencial: que el diálogo está movido por el amor de Dios y su deseo de encontrase con la humanidad. De todas formas, la frase añadida debió haber ido al principio… pero se prefirió dejar la primera frase que sólo expresa el miedo del círculo italiano.
Uno de los temas, especialmente querido por los agentes de pastoral bíblica de América Latina y África, es el de la Biblia y los pobres. La única mención, en la proposición 11, es bastante pobre. Hay también una ausencia grande en lo que toca a la participación de las mujeres en la pastoral bíblica y en la liturgia de la Palabra. Para muestra basta leer el número 17 y notar los añadidos:
I Padri sinodali riconoscono e incoraggiano il servizio dei laici nella trasmissione della fede. Le donne, in particolare, hanno su questo punto un ruolo indispensabile soprattutto nella famiglia e nella catechesi. Infatti, esse sanno suscitare l’ascolto della Parola, la relazione personale con Dio e comunicare il senso del perdono e della condivisione evangelica.
Si auspica che il ministero del lettorato sia aperto anche alle donne, in modo che nella comunità cristiana sia riconosciuto il loro ruolo di annunciatrici della Parola.
El resultado final de esta proposición, que parecerá pobre a cualquier lector avezado –sobre todo si es lectora– es lo más que se pudo lograr a partir de un texto que, increíblemente, era más pobre que el actual. Y nos consta que de muchas partes llegaron propuestas de revisión a este número, pero parece ser un tema que, desafortunadamente, no levanta interés entre muchos obispos. Sin embargo, en el número 30 hay una mención, añadida a instancia de varios padres sinodales, que sostiene:
Sotto la guida dei Pastori tutti i battezzati partecipano alla missione della Chiesa. I Padri sinodali desiderano esprimere la più viva stima e gratitudine nonché l’incoraggiamento per il servizio all’evangelizzazione che tanti laici, e in particolare le donne, offrono con generosità e impegno nelle comunità sparse per il mondo, sull’esempio di Maria di Magdala prima testimone della gioia pasquale.
En lo que toca a la Lectio Divina, citada numerosas veces en aportaciones de obispos y en los círculos de discusión, terminó en una proposición, la 22, que intenta no identificar lectura orante con una sola forma de Lectio Divina, lo cual no es negativo. No aparece, sin embargo, ni en esta versión ni en la original, ninguna alusión al método de los cuatro pasos de la lectio como tal ni a su original riqueza que no puede ponerse, así sea por simple cuestión de práctica secular, a la misma altura que los otros métodos orantes.
Otro tema en el que las proposiciones revelan gran pobreza es el tema de la relación entre revelación y culturas. Sólo se hace referencia a ella en el número 48. Siendo el único párrafo en que se hace referencia a las culturas –y que podría ser aplicado a nuestros movimientos de teologías indígenas–, sufrió ulteriores añadidos que lo dañaron irreversiblemente, porque están todos motivados por el miedo al sincretismo, o por el orgullo: la revelación como fuente de verdades que llegan de fuera hacia las culturas. No hay ningún reconocimiento de la verdad divina que existía ya en la cultura, y hasta la referencia a que Jesús asumió su cultura se suprimió. Ejemplo de lo mezquinos que puede hacernos el miedo.
El haber subrayado las carencias en las proposiciones, no significa que no haya afirmaciones sinodales de indudable valor. La importancia dada a la lectura patrística, ausente en la lista original de proposiciones, los matices insertados en el número 13 que habla de la relación entre la Biblia y la ley natural (uno de los debates más hondos en la cultura moderna) que evitaron que pasara una propuesta original que era un ejemplo vivo de fundamentalismo para dar paso a la acertada insistencia en el espíritu ético que anida en el corazón humano, la reiteración del mandato conciliar de que los Obispos sean los primeros escuchadores de la Palabra (No. 30), el llamado a que los seminaristas se unan a la lectura orante de las comunidades (No. 32), el reconocimiento de las consecuencias políticas y sociales de toda lectura bíblica fiel (No. 39), son algunos de los temas que ofrecen una aportación positiva a la reflexión y al trabajo bíblicos.
Aunque la revisión de la votación final puede ser interpretada de diversas maneras, vale la pena apuntar que el número 17, que trata sobre la participación de las mujeres, fue el número con mayor cantidad de votos en contra: De 241 votantes, 191 dieron su placet, 45 su non placet y 3 se abstuvieron. El segundo tema más rechazado fue el número 37, referido a la presencia de Su Santidad Bartolomé I, Patriarca Ecuménico de Constantinopla, con 41 votos en contra. Y el tercer tema menos votado fue el referido al leccionario (No. 16), en el que se recomienda una revisión del leccionario en uso.
El mensaje al pueblo de Dios, en cambio, tiene una belleza y mesura que se agradece. Se trata, como el mismo documento señala, de “un viaje espiritual que se desarrollará en cuatro etapas y desde lo eterno y lo infinito de Dios nos conducirá hasta nuestras casas y por las calles de nuestras ciudades”. Se trata de cuatro secciones nombradas como La Voz de la Palabra, el Rostro de la Palabra, la Casa de la Palabra y los Caminos de la Palabra, imágenes de honda raíz bíblica. Además de ser profundamente bíblicos, estos símbolos son muy populares y pueden ser asimilados por el pueblo sencillo con facilidad.
El primer apartado ofrece una teología de la Palabra. El segundo presenta a Jesucristo como la culminación de la revelación. El tercer apartado hace referencia a la iglesia como el espacio de conocimiento y profundización de la revelación, basándose en el resumen eclesiológico de Hech 2,42-47. Finalmente, en el cuarto apartado, el mensaje hace referencia a la misión: la pastoral bíblica, los medios modernos para la comunicación del evangelio, los retos actuales para el evangelizador (mundo de pobreza y sufrimiento, relación con las culturas, destacadamente el pueblo judío, relación con la ciencia y el arte). Hay que agradecer, no solamente la profundidad del mensaje al Pueblo de Dios, sino la belleza de su expresión poética. Ojalá que el documento post sinodal que el Papa ofrezca a la iglesia, tenga como referencia este mensaje tan afortunado.

Anexo: el papel de los equipos de asesoría
Quiero terminar aclarando que una de las razones por las cuales me han invitado a esta exposición ha sido el hecho de que he tenido el honor y la fortuna de estar cerca del Sínodo en su realización en la ciudad de Roma. No lo he hecho en categoría de padre sinodal, desde luego, ni siquiera como miembro del grupo de expertos y/o auditores presentes en las asambleas.
He podido estar cerca del desarrollo del Sínodo extra muros gracias a que fui invitado para desarrollar un trabajo de asesoría dirigido a los obispos de América Latina. Por iniciativa de algunos obispos sudamericanos, el equipo teológico Amerindia se dio a la tarea de ofrecer un apoyo a los obispos solicitantes, que se extendió más tarde a otros obispos de habla hispana. Un equipo conformado por siete personas (cinco biblistas y dos coordinadores) trabajó en Roma ofreciendo a los obispos materiales que les fueran de utilidad en el curso de las discusiones.
No es ésta una iniciativa exclusiva de los obispos de Sudamérica. También los obispos africanos y asiáticos se procuran personas que los auxilien en el tratamiento de los temas a discutir. En el caso del equipo en el que me correspondió trabajar, ofrecimos consejo y asesoría a obispos de América Central, de Chile, Venezuela, Bolivia, Brasil y Ecuador. En algunas de nuestras reuniones participaron también miembros de la Federación Bíblica Católica (FEBIC) y miembros del Centro Bíblico para América Latina (CEBIPAL), organismo dependiente del CELAM.

 

 

 

 

 

 

Cfr. Juan Pablo II, Exhortación Apostólica postsinodal Pastores gregis (16 de octubre de 2003) AAS 96 (2004) 902-905

Cfr. Relación del Secretario General del Sínodo de los Obispos, S.E.R. Mons. Nikola Eterovic. Todos los documentos oficiales pueden encontrarse en la página especial de la Santa Sede reservada al Sínodo d elos Obispos.

Cfr. Introducción del Instrumentum Laboris

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