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SUMMARY:
This article try to call the attention of the Bible´s interpreters about the literary phenomenon of the antithesis and parallelism at Saint Paul´s letters, which could be very useful at the moment to interpret and translate some of the Saint Paul´s passages".
INTRODUCCIÓN
Lo original en Pablo
Antes de abordar la cuestión acerca de la antítesis y la oposición o el contraste y el paralelismo en el pensamiento de Pablo, lo cual tiene que ver con la personalidad del Apóstol, tenemos que observar un fenómeno que no podemos pasar por alto, antes de dar cualquier juicio acerca de su cultura y personalidad; y es que Pablo “pauliniza” los elementos culturales y literarios que tiene a mano. No se deja esclavizar por los recursos literarios y retóricos de su tiempo; los emplea para dar el mensaje que quiere; y como quiere. Su versatilidad se debe a su gran capacidad de adaptación apostólica (1 Cor 9,19b-23a; cf. Rom 1,14): él es ante todo un apóstol. Es difícil decir hasta qué punto “sufrió” el influjo de la cultura helenista, o la utilizó.
Pero una cosa sí podemos afirmar: que en Pablo el elemento helenista (griego) no es el definitivo para interpretar su personalidad. Pongamos un ejemplo: la forma con que Pablo emplea los modelos epistolares helenistas de su tiempo. En efecto, al analizar las cartas de Pablo se puede constatar un cierto formulario parecido al de la literatura grecorromana y del Medio Oriente de aquel entonces, el cual era bastante estereotipado y ligado a la tradición . El análisis de gran número de cartas griegas públicas y privadas de tres siglos antes a tres siglos después de Cristo muestra que ha permanecido bastante fijo un "formulario" que podríamos describir de la siguiente manera:
Parece que no hay serias dificultades en identificar, en mayor o menor grado, tal formulario en las Cartas de Pablo. Pero se nota una gran elasticidad en la forma de utilizarlo: los límites del "cuerpo" de las cartas no siempre están bien definidos; hay partes que pueden considerarse "de transición" (cf. Flm 7; Rom 16,14-20) o verdaderas "inserciones" (cf. Rom 16,17-20) dentro de alguna carta. Algunas de las secciones que se encuentran sólo insinuadas en las cartas griegas, como la acción de gracias o el final del "cuerpo" de la carta se encuentran desarrolladas notoriamente en Pablo. Gálatas no tiene “acción de gracias”. En vez de eso, Pablo los amonesta severamente, ya que está muy molesto por la influencia de los “judaizantes” en Galacia (Gal 1,6). Pero en Romanos y Filipenses, alarga la acción de gracias en una súplica. En Romanos se alarga en las despedidas y termina con una doxología, no con saludos y recomendaciones, como en otras cartas. Igual sucede en la 1 Corintios: se alarga en la despedida que incluye recomendaciones. Pero en Filipenses y en Filemón la despedida es muy breve.
En sus cartas hay además un gran influjo de la retórica griega . J. Gnilka, en su comentario a Filemón , hace notar, en un carta tan “privada”, la influencia de la retórica griega.
Pero, ¿qué constituye la esencia de la personalidad de Pablo, lo helenista o lo hebreo? Tendríamos que contestar que Pablo es más hebreo que griego. Era un hebreo de corte tradicionalista y radical, especialmente por su formación religiosa en familia. Podríamos hablar del “genio hebreo” de Pablo, entendiendo por “genio”, el “carácter propio y distintivo” o “índole”. Hablar del “genio hebreo” es hablar de elementos culturales que vienen con la familia, con la educación, con las costumbres, con la forma de practicar la religión.
El genio hebreo de Pablo
En cualquier buen manual de introducción a la obra de Pablo podríamos encontrar un eco de las discusiones acerca de su personalidad. ¿Era más helenista que hebreo, o al revés? Hubo quien afirmó que era más helenista que hebreo. Después, la balanza se inclinó hacia lo hebreo de Pablo. Actualmente se afirma que Pablo es fundamentalmente judío, influido, naturalmente, por el helenismo. Si consideramos las fuentes que tenemos a mano para detectar la personalidad de Pablo, hemos de hacer más caso a las expresiones de sus cartas que a los datos de los Hechos, ya que, por el método de la historia de la redacción se conoce ahora mejor la intención de la obra de San Lucas en los Hechos, que no es tanto la de "elaborar la primera historia de la Iglesia" sino hacer un primer esbozo de "teología de la historia de la salvación". Los elementos históricos no son juzgados por sí mismos, sino en función de su finalidad teológica.
En la personalidad de Pablo influyó necesariamente su lugar de origen: Tarso de Cilicia, punto de encuentro de culturas orientales y occidentales. Su helenismo se explica por su lugar de nacimiento. Era judío de la diáspora, persona que predominantemente cita la Escritura según los LXX. Su griego es bastante bueno, lo que demuestra que Pablo tuvo una buena preparación helenista. No parece haber en él aramaísmos. Pero las fuentes nos revelan un elemento más decisivo en su personalidad: su formación en el seno de una familia hebrea piadosa, estricta en el cumplimiento de sus deberes religiosos y de corte tradicionalista. Él es ante todo judío de tradición, cuyos elementos litúrgicos, hímnicos y parenéticos cita y reflexiona a cada paso.
Testimonio de las cartas y de los Hechos
Las cartas suyas lo hacen ver, ante todo y sobre todo, como judío, característica que se puede notar en Gal 1,13-14 (en defensa de su apostolado):
...Cómo sobrepasaba en el Judaísmo a muchos de mis compatriotas contemporáneos, superándoles en el celo por las tradiciones de mis padres...
También en Flp 3,4b-6 (contra los judaizantes):
...Circuncidado al octavo día; del linaje de Israel; de la tribu de Benjamín; hebreo e hijo de hebreos; en cuanto a la Ley, fariseo; en cuanto al celo, perseguidor de la Iglesia; en cuanto a la justicia de la Ley, intachable...
La expresión: hebraios ex hebraiôn de Filipensesindica una persona de cultura hebrea muy acendrada que correspondía a esas familias que en casa hablaban el arameo. Un eco de su personalidad se deja escuchar también en el libro de los Hechos: Act 22,3-5 (discurso de defensa ante la turba en Jerusalén):
Yo soy judío, nacido en Tarso de Cilicia, pero educado en esta ciudad, instruido a los pies de Gamaliel en la exacta observancia de la Ley de nuestros padres...
Pablo tenía también buenos conocimientos de la filosofía estoica y cínica; pero no es necesario afirmar que frecuentaba las escuelas de estos filósofos, ya que muchos elementos de la filosofía griega, sobre todo ligados a la ética, fueron difundidos ampliamente por “predicadores”, filósofos populares que iban de ciudad en ciudad proclamando una forma de vida basada en la moderación y en la virtud.
A pesar de su convivencia con los cristianos provenientes del paganismo, el Apóstol siguió siendo judío en su vida diaria. El libro de los Hechos nos dice que circuncidó a Timoteo (Hch 16,1) y que cumplió votos judíos de nazireato (Hch 21). Podemos pensar que normalmente no comía cosas impuras, aunque sabía que tenía libertad para hacerlo; oraba en el templo, hacía votos de acuerdo a la práctica judía; rezaba con los salmos, asistía a la lectura de la Biblia en la Sinagoga, etc. En efecto, para él no era fácil cambiar de estilo de vida, ya que la Ley de Moisés era, para un judío como él, el elemento fundamental para guiar su vida religiosa y civil. La ley era para un judío practicante ley religiosa y ley civil: era su “constitución política” y su “estatuto religioso”. Lo único que distinguía a Pablo de otro judío era su fe en Cristo Jesús. Y fue precisamente esta fe (entrega total) la que le hizo ver el peligro de la herejía de los judaizantes, que exigían la circuncisión y el cumplimiento de la ley a los que tenían que bautizarse. Es entonces cuando Pablo ve con claridad que la circuncisión y demás obras de la Ley no tienen valor salvífico: solo la fe en Cristo Jesús, entendida como una entrega total (Gal 2,15-21).
La finalidad del presente artículo
Aquí es donde se ubica la aportación de este trabajo, que tiene tres partes: 1. Ver, con variados ejemplos, las expresiones literario-psicológicas de la cultura hebrea. 2. Hacer ver cómo este fenómeno influye en la cultura de Pablo. 3. Tomar estos elementos literario-psicológicos de Pablo como una ayuda al interpretar y traducir algunos pasajes de sus cartas.
PRIMERA PARTE: LA ANTITESIS Y EL PARALELISMO EN LA LITERATURA HEBREA
En los salmos
Se sabe que un elemento esencial en la poesía hebrea es el paralelismo: a) Sinonímico. b) Antitético. c) Sintético. Sin paralelismo, no hay poesía hebrea. Era una especie de ritmo, de cadencia, de “forma de andar” en la literatura hebrea. En este trabajo nos interesan el paralelismo sinonímico y antitético El paralelismo sinonímico consiste en expresar una idea y a continuación su equivalente, con otras palabras. El paralelismo antitético, que consiste en expresar una idea y a continuación su contraria, con la intención de hacer ver la diferencia entre ambas situaciones. Pongamos algunos ejemplos:
El paralelismo y la antítesis la podemos ver en el salmo 1:
Dichoso el hombre que no sigue el consejo de los impíos,
Ni en la senda de los pecadores se detiene,
Ni en el banco de los burlones se sienta,
mas se complace en la ley de Yahveh,
su ley susurra día y noche...
Es como un árbol plantado junto a corrientes de agua...
No así los impíos, no así, que ellos son como paja que se lleva el viento...
También podemos ver el paralelismo y la antítesis en el salmo 3:
Yahveh, ¡cuán numerosos son mis adversarios,
cuántos los que se alzan contra mí!
¡Cuántos los que dicen de mi vida:
“No hay salvación para él en Dios”!
Mas tú Yahveh, escudo que me ciñes,
mi gloria, el que realza mi cabeza.
A voz en grito clamo hacia Yahveh,
y él me responde desde su santo monte.
Podríamos multiplicar en abundancia los ejemplos.
El paralelismo y la antítesis en la literatura sapiencial de Israel
Hijo mío, si das acogida a mis palabras,
y guardas en tu memoria mis mandatos,
prestando tu oído a la sabiduría,
inclinando tu corazón a la prudencia...
Porque los rectos habitarán la tierra,
Pero los malos serán cercenados de la tierra.
Los que abandonan la ley alaban al malo,
los que guardan la ley se irritan contra ellos.
Los hombres malos no entienden de equidad,
los que buscan a Yahveh lo entienden todo.
Mejor es el pobre que camina en su integridad,
que el de caminos tortuosos, por más que sea rico.
Con los arrogantes Yahveh es también arrogante,
otorga su favor a los pobres.
La gloria es patrimonio de los sabios
y los necios heredarán la ignominia.
Podríamos poner muchos ejemplos más.
La antítesis y el paralelismo en los sinópticos
En Marcos (2,15-17), Jesús define su situación y esclarece su pensamiento en base a la antítesis:
Jesús les dice: “No necesitan médico los que están fuertes,
sino los que están mal;
no he venido a llamar a justos,
sino a pecadores”.
Se ve claramente un doble fenómeno propio de la “retórica hebrea”: una oposición doble: fuertes / los que están mal; justos / pecadores. Pero, al mismo tiempo, un paralelismo sinonímico: fuertes = justos; los que están mal = pecadores.
La expresión de Jesús que mencionamos a continuación supone una regla del Reino, expresada en forma de paradoja: “Figura de pensamiento que consiste en emplear expresiones o frases que envuelven contradicción”. La renuncia que supone el Reino es expresada así por Jesús (Mc 9,24):
Quien quiera salvar su vida,
la perderá;
pero quien pierda su vida por mí,
ése la salvará.
Al exponer Jesús en Marcos la doctrina de la pureza, claramente contrapone paradójicamente lo interno y lo externo:
Nada hay fuera del hombre que, entrando en él, pueda contaminarle;
sino lo que sale del hombre, eso es lo que contamina al hombre.
Es clara la oposición paradójica del pensamiento de Jesús al hablar del servicio Mc 9,35):
Si uno quiere ser el primero,
que sea el último de todos y el servidor de todos.
En Lucas existen muchas estructuras de pensamiento que se basan en la oposición y el paralelismo, estudiados por Meynet.
En Lc 14,11 leemos:
Todo el que se ensalce, será humillado;
y el que se humille, será ensalzado.
En los capítulos 5 y 6 de Mateo, la antítesis constituye la espina dorsal del texto:
Habéis oído que se dijo a los antepasados: “No matarás”.
Pues yo os digo: Todo aquel que se encolerice contra su hermano, será reo ante el tribunal...
Habéis oído que se dijo: “No cometerás adulterio”.
Pues yo os digo: Todo el que mira a una mujer deseándola, ya cometió adulterio con ella en su corazón.
También se dijo: “El que repudie a su mujer, que le dé acta de divorcio”.
Pues yo os digo: Todo el que repudia a su mujer, excepto en el caso de unión ilegítima, la hace ser adúltera; y el que se case con una repudiada, comete adulterio. Etc.
En Mateo 6 tenemos la enseñanza de Jesús en base a antítesis y contrastes; pero al mismo tiempo se da el paralelismo en la estructura, por lo que toca a las tres obras buenas de un buen judío: la oración, la limosna y el ayuno:
Cuando oréis, no seáis como los hipócritas...
Tú, en cambio, cuando vayas a orar... etc..
Ahora quiero hacer alusión a un pasaje especial del evangelio de Marcos (4,10-12), que nos presenta el pensamiento de Jesús en base a la antítesis. Este pasaje de Jesús contiene palabras de difícil comprensión:
Cuando Jesús quedó a solas, los que le seguían a una con los Doce le preguntaban sobre las parábolas. Él les dijo: “A vosotros se os dado el misterio del reino de Dios, pero a los que están fuera se les presenta en parábolas, para que ‘por mucho que miren no vean, por mucho que oigan no entiendan, no sea que se conviertan y se les perdone’”.
Este pasaje ha sido una crux interpretum. La clave para interpretarlo, desde el punto de vista de la crítica de las tradiciones, es ir a Is 6,9-10, en donde Dios dice al profeta: “Ve y di a ese pueblo (Israel): ‘escuchad bien, pero no entendáis, ved bien, pero no comprendáis. Engorda el corazón de ese pueblo, hazle duro de oídos, y pégale los ojos’”. Es claro que se trata de un sarcasmo, de una ironía al cuadrado. En efecto, ningún profeta auténtico habló en el pasado para endurecer el corazón de los israelitas, sino para invitarlos a la conversión. La forma de hablar del Señor en el libro de Isaías tiene que ver con un antropomorfismo: se trata de la “desilusión” y “amargura” de un Dios al borde de la desesperación por la dureza del corazón de su pueblo, y que equivale a decir: “Voy viendo que es inútil predicarles: predicarles es endurecerlos. Hacerles ver es volverlos ciegos; hablarles es volverlos sordos”. Este sarcasmo se repite en Marcos, y no hay por qué tomarlo al pie de la letra, como si Jesús hablara para ocultar la verdad a los hombres y para volverlos duros ante la Palabra.
Pero, desde el punto de vista de la redacción, el contraste y la antítesis pueden arrojar una luz más en la interpretación de este pasaje. En efecto, Jesús en Marcos distingue claramente entre dos formas de ser, dos situaciones contrapuestas de los hombres con respecto a la verdad: los discípulos (a vosotros), por una parte, y los que no creen, los escribas, los fariseos (los que están afuera), por la otra. Precisamente, porque los discípulos son “los que están adentro”, “los que están afuera son los que no tienen la actitud de fe que tienen los discípulos. El resultado es fatal para “los que están afuera”: por mucho que miren, no verán; por mucho que oigan, no entenderán. Su actitud es semejante a los israelitas de los que se lamentaba Isaías (6,9-11); es una forma de equiparar a esta generación con aquella de dura cerviz. Su actitud los llevará a ver, pero no a mirar; a oír, pero no entender. Y no porque así lo quiera Dios, sino por la actitud de los hombres de frente a la verdad. A esto le llamó Jesús “pecado contra el Espíritu Santo”.
Lo que hemos visto en este pasaje tiene que ver también con una buena traducción. Algunas le han dado la vuelta al problema y han traducido de tal forma que se pierde esta fuerza del sarcasmo, de la “amargura de Dios” al conocer la inutilidad de sus palabras, cuando el hombre no quiere aceptarlas.
La antítesis se da en Juan sobre todo a nivel de símbolo: luz/tinieblas; carne/espíritu; de Dios/del Diablo; de arriba/de abajo; mundo/Dios; los que creen/los que no creen; los que reciben al Verbo/los que no lo reciben.
En Juan se da un fenómeno que es el que nos interesa: hay conceptos que sólo se pueden precisar a partir del fenómeno de la antítesis. Por ejemplo, el concepto “mundo” no es tan claro, si no es a partir de su antítesis. Lo mismo sucede con el concepto “carne”, por mencionar algo.
El paralelismo sinonímico aparece con frecuencia en los discursos de Jesús en Juan.
En Juan 4,10 aparecen ambos fenómenos, el sinonímico y el sintético:
Si conocieras el don de Dios,
y quién es el que te dice: “Dame de beber”,
tú le habrías pedido a él,
y él te habría dado agua viva.
Es notable el paralelismo de Jn 6,35:
El que venga a mí no tendrá hambre,
y el que crea en mí no tendrá nunca sed
La antítesis y el paralelismo en la carta a los Hebreos
La carta a los Hebreos es un documento en el que se ve claramente la influencia de la literatura y de la cultura hebrea en la manera de formular el pensamiento. Es ahí donde Albert Vanhoye detectó estructuras de pensamiento hebreo basadas en el paralelismo y la antítesis. Mencionemos algunas: entre el sacerdocio del Antiguo Testamento (en varios aspectos) y el sacerdocio del Nuevo; entre Abraham y Melquisedec, entre la Alianza antigua y la nueva; entre Jesús y los ángeles; y otras estructuras “de superficie” en el texto de la carta.
SEGUNDA PARTE: LA ANTITESIS Y EL PARALELISMO EN PABLO
No podemos tratar en este espacio las llamadas “estructuras de pensamiento” (en paralelo, concéntricas, chiasmos, inclusiones, etc.) que abundan en Pablo estudiadas ampliamente en la así llamada “retórica semítica”. Muchas de estas estructuras no podrían darse sin el influjo del paralelismo y la antítesis. Nos concentraremos directamente en el paralelismo sinonímico y sobre todo en el antitético en la obra de Pablo.
Ejemplos de paralelismo y antítesis en Pablo
Se pueden enumerar muchísimos ejemplos de Pablo, que reflejan la actitud del espíritu semítico, expresado en la oposición y la antítesis. Es la estructura de fondo del pensamiento de Pablo, y es importantísima para entenderlo; es “el alma de la dialéctica paulina”. Enumeremos algunos ejemplos: muerte/resurrección (vida); luz/tinieblas; letra/espíritu; carne/espíritu; pecado/gracia; ley (obras)/fe; hombre viejo/hombre nuevo; esclavo/libre; judío/griego (pagano); Adán (primero, terrestre) / Cristo (Adán segundo, celeste), etc. Veamos algunos ejemplos más concretos:
En la Carta a los Filipenses (2,6-11) Pablo hace ver el contraste entre la situación de un Jesús sufriente y un Jesús triunfante, exaltado:
Se humilló a sí mismo, obedeciendo hasta la muerte, y muerte de cruz.
Por lo cual Dios le exaltó y le otorgó el Nombre que está sobre todo nombre...
En la 1 Cor 1,17-30, contrapone la sabiduría que él enseña con la sabiduría simplemente humana. Y lo hace con artificios literarios que se acercan mucho a lo que la preceptiva literaria llama “paradoja”. Repetimos su definición: “Figura de pensamiento que consiste en emplear expresiones o frases que envuelven contradicción”. Pablo emplea con gusto la paradoja y la antítesis:
Nosotros predicamos a un Cristo crucificado: escándalo para los judíos; necedad para los gentiles; mas para los llamados, lo mismo judíos que griegos, un Cristo, fuerza de Dios y sabiduría de Dios. Porque la necedad divina es más sabia que la sabiduría de los hombres, y la debilidad divina, más fuerte que la fuerza de los hombres.
En la Carta a los Romanos, la última obra que conocemos de el Apóstol, él emplea con mucha frecuencia el paralelismo y la la antítesis:
Si por el delito de uno solo murieron todos ¡cuánto más la gracia de Dios y el don otorgado por la gracia de un solo hombre, Jesucristo, se han desbordado sobre todos (Rom 5,15).
El salario del pecado es la muerte; pero el don gratuito de Dios, la vida eterna en Cristo Jesús (Rom 6,23).
Así pues, hermanos míos, también vosotros quedasteis muertos respecto de la ley por el cuerpo de Cristo para pertenecer a otro: a aquel que fue resucitado de entre los muertos, a fin de que fructificáramos para Dios (Rom 7,4).
Los que viven según la carne desean lo carnal; mas los que viven según el Espíritu, lo espiritual (Rom 8,5).
El paralelismo sinonímico es más difícil de encontrar en Romanos, pero lo hay.
En Rom 3,9ss, citando la Escritura, dice:
No hay quien sea justo, ni siquiera uno sólo.
No hay un sensato,
no hay quien busque a Dios.
En Rom 3,23, dice:
Todos pecaron,
y están privados de la gloria de Dios,
y son justificados por el don de su gracia,
en virtud de la redención realizada.
También en Rom 6,5, Pablo escribe:
Porque si nos hemos hecho una misma cosa con él por una muerte semejante a la suya,
también lo seremos por una resurrección semejante.
En Rom 2,12-13, como vamos a ver, se presentan varios paralelismos sinonímicos y antitéticos, que pueden ayudar a descifrar el pensamiento de Pablo.
Los ejemplos se podrían multiplicar. Baste decir lo siguiente: quien lee la Carta a los Romanos con cuidado se da cuenta de que ella marcha a base de antítesis entre la situación del hombre sin la obra de Cristo y la situación del cristiano; entre la vida según la carne y la vida según el Espíritu; entre la función de la Ley y la de la Fe; entre la validez de la Ley de Moisés y la de la fe.
“La justificación” en la Carta a los Romanos, interpretada a partir de la antítesis y el paralelismo
No podemos analizar toda la carta. Haremos anotaciones acerca de Rom 1,16-3,31.
En Rom 1,16-17, Pablo enuncia el tema de lo que va a tratar en los próximos capítulos. En Rom 1,18-3,20 nos hace ver el contraste que hay entre la situación del hombre, tanto del pagano como del hebreo, todos ellos sometidos al pecado (1,18-3,8) y la situación del hombre que tiene la justificación por la fe en Cristo Jesús (3,9-20).
Por lo que toca al pasaje de Rom 3,21-31, sabemos que ha sido llamado: "idea madre" o "pasaje clave", "compendio" de la teología paulina. El versículo central de este pasaje sería el v. 24:
Y son justificados por el don de su gracia, en virtud de la redención realizada en Cristo Jesús.
Es muy probable que en 3,21 tengamos una nueva “propositio” con respecto a una segunda parte de su argumentación que se extendería hasta 4,25. Pero no se puede negar el papel de síntesis que tiene el pasaje de los vv. 3,21-31. Sintetizan y proponen.
Aletti comenta, acerca del v. 21, que en ese versículo se puede ver lo nuevo de Pablo, con relación a las opiniones mencionadas anteriormente, que reproducen a veces textualmente las posiciones judías. Si el judío piadoso pecaba, dice Aletti, “confiaba indefectiblemente en que Dios le manifestase su misericordia. Dios, justo juez, debería hacerle justo para que pudiese practicar la justicia y la equidad, observando las ordenanzas de la ley. ¿Qué significado tendría una ley divina impracticable, sino la injusticia o la impotencia del Legislador? La ley tenía incluso sus procedimientos de ‘blanqueo’, su sistema cultual, sus requisitos expiatorios: con tal de que reconociese su pecado, el judío piadoso sabía que, mediante los sacrificios por el pecado y mediante el rito de la expiación, obtendría el perdón. Para él, el justo juez no era sólo el que examina las conductas y los corazones, el que sanciona equitativamente, sino también y sobre todo el que promueve la justicia perdonando y suscitando en el corazón de los fieles el amor por su ley”.
En los documentos de Qumran (4Q 398 14-17) se lee, acerca del cumplimiento de las obras de la ley: “Y se te contará como justicia...”. En esos documentos se encuentran afirmaciones muy cercanas a las de Pablo en Rom 3,26, pero la impostación es diferente, es netamente judía: “Si yo vacilo, las gracias de Dios son mi salvación para siempre; y si tropiezo por la iniquidad de la carne, mi justificación está en la justicia de Dios, que subsiste eternamente, y si desencadena sobre mí la angustia, de la fosa sacará mi alma y afirmará mis pasos al caminar. Por su misericordia me ha hecho acercarme, y con sus gracias llevará a cabo mi justificación; con su verdadera justicia me ha justificado, y con su inmensa bondad perdonará todas mis iniquidades”. Creo que esta aportación acerca de los documentos de Qumran es un buen trasfondo cultural que nos permite interpretar a Pablo.
Las dificultades de la fe para la conciencia judía
Aletti es muy preciso al plantear el problema de conciencia para un judío, al que Pablo tiene que responder:
“Al declarar que nadie es justificado por las obras de la ley (Rom 3,20), el apóstol separa justicia divina y ley (cf. 3,21), separación que plantea una enorme dificultad y es insostenible para un judío: ¿cómo puede Dios manifestar su justicia sin la ley, que ayuda a conocer correctamente su voluntad? ¿Sería (o se habría vuelto) injusta la ley mosaica para que Dios dispusiera otro medio de juicio y de retribución? Al sostener que Dios siempre ha justificado por la sola fe, Rom 4 no hace más que multiplicar la extrañeza del judío: ¿para qué ha revelado Dios entonces su ley y ha exigido que se practique? ¿Sólo para que el hombre tenga por ella conciencia de su injusticia y de su pecado (3,20b)? Pablo no va a tener más remedio que explicarse ante esta objeción (cf. Rom 7,7-25). Y va a demostrar que su doctrina de la justificación por la sola fe está en conformidad con la palabra de Dios”.
Efectivamente, Pablo tiene dificultades para solucionar estas objeciones de la conciencia judía. Y, ¿cómo va a responder a estas objeciones?
Primero
Demostrando que la justificación por la fe está de acuerdo a la Palabra de Dios; a eso alude la cita de Habacuc (2,4) en Rom 1,17: “El justo vivirá por la fe”. Su argumentación sería: aún cuando hubiese hombres justos, éstos no habrían recibido la justificación por las obras de la ley, sino por la fe. Pablo ya había expresado esta idea en Gal 3,11: “Y que la ley no justifica a nadie ante Dios es cosa evidente, pues el justo vivirá por la fe”. Esta argumentación se fundamenta en el ejemplo de Abraham en Rom 4,2-5, haciendo alusión a Gen 15,6: “Si Abraham obtuvo la justicia por las obras, tiene de qué gloriarse, mas no delante de Dios. En efecto, ¿qué dice la Escritura? Creyó Abraham en Dios y le fue reputado como justicia. Al que trabaja no se le cuenta el salario como favor, sino como deuda; en cambio, al que sin trabajar cree en aquel que justifica al impío, su fe se le reputa como justicia”. Más adelante, en Rom 4,9-12, Pablo hace alusión a que Abraham era incircunciso cuando fue justificado: “Decimos, en efecto, que la fe de Abraham le fue reputada como justicia. Y ¿cómo le fue reputada? ¿siendo él circunciso, o antes de serlo? No siendo circunciso...”. El argumento es claro: ni las obras (sin la fe) ni la circuncisión contaron, en el caso de Abraham, para su justificación.
Pablo aduce también pruebas a partir del caso de David: “También David proclama bienaventurado al hombre a quien Dios imputa la justicia independientemente de las obras: Bienaventurados aquellos cuyas maldades fueron perdonadas, y cubiertos sus pecados. Dichoso el hombre a quien el Señor no imputa culpa alguna.” (Rom 4,6-8). Pablo está citando el Sal 32,1-2.
Segundo
Otra parte de la argumentación, muy fuerte en los primeros capítulos de Romanos, es aquella que consiste en constatar que todos, paganos y judíos, están bajo la ira de Dios porque todos están bajo el dominio del pecado. Esta argumentación tiene dos partes:
a) Admitir que en teoría, quien cumpliere la ley en su totalidad podría ser justificado, aunque el Apóstol no precise más el sentido de esta justificación. Esto lo afirma Pablo en Rom 2,13: “Que no son justos delante de Dios los que oyen la ley, sino los que la cumplen: esos serán justificados”. El futuro del verbo empleado en esta expresión (“serán justificados”) puede muy bien manifestar la convicción de Pablo de que hasta ese momento no ha habido judío que haya cumplido en su totalidad la ley y que, por consiguiente, todos están bajo el pecado y todos están necesitados de la justificación por la fe en Cristo Jesús. La misma idea se repite en Rom 10,5: “En efecto, Moisés escribe acerca de la justicia que nace de la ley: Quien la cumpla, vivirá por ella.” Este es el presupuesto en Gal 3,10ss: “Pero la ley no procede de la fe, sino que quien practique sus preceptos vivirá por ellos.”
b) Pero en seguida Pablo constata que los judíos, igual que los griegos están todos bajo el pecado porque no hay quien haya cumplido en su totalidad con la ley (Rom 2,1-3,8). En Romanos 3,9ss., el Apóstol resume así su pensamiento: “Entonces ¿qué?, ¿Llevamos ventaja (los judíos)? ¡De ningún modo! Pues ya demostramos que tanto judíos como griegos están todos bajo el pecado”. Y encuentra una fundamentación en el Sal 14,1-3: “Como dice la Escritura: No hay quien sea justo, ni siquiera uno sólo...” (Rom 3,10). Este es el presupuesto en Gal 3,10: “Porque todos los que viven de las obras de la ley incurren en maldición. Pues dice la escritura: Maldito todo el que no se mantenga en la práctica de todos los preceptos escritos en el libro de la Ley...”A todo judío la ley le ha dado sólo el conocimiento del pecado, pero no le ha ayudado a liberarse de él: “Ya que nadie será justificado ante él por las obras de la ley, pues la ley no da sino el conocimiento del pecado” (Rom 3,20). Por consiguiente, todo judío está bajo el pecado y necesitado de la gracia de Dios que da la justificación por la fe en Cristo Jesús.
Al considerar la argumentación tan fuerte y hasta aparentemente escandalosa de Pablo, que parece negar que entre los judíos alguien haya cumplido alguna vez la ley en su totalidad como para poder ser declarado justo, uno se pregunta: ¿Qué acto lingüístico está realizando Pablo en Rom 1,16-3,31? ¿Quiere verdaderamente negar que haya habido en la historia de Israel verdaderos cumplidores de la ley, hombres virtuosos, probos y santos hasta el heroísmo? Parece que no. Lo que quiere es hacer ver cómo la Ley de Moisés no puede hacer justos a los hombres, “Ya que nadie será justificado ante él por las obras de la ley, pues la ley no da sino el conocimiento del pecado” (Rom 3,20). Su intención no está tanto en negar los logros de la ley, sino en hacer ver sus deficiencias en cuanto a la salvación de los hombres. Para ello, Pablo fuerza al máximo el argumento del cumplimiento íntegro de la ley para ser justo: nadie puede decir que cumplió la ley perfecta e íntegramente, pues esa persona tendría una perfección semejante a la de Dios. Al contrario, “que toda boca enmudezca, y el mundo entero se reconozca reo ante Dios” (Rom 3,19). De ahí la importancia del argumento escriturístico que hemos mencionado: “Dios tiene que ser veraz y todo hombre mentiroso, como dice la Escritura: Para que seas justificado en tus palabras y triunfes al ser juzgado.” (Rom 3,4). Para ser justificado, el hombre tiene que reconocer su miseria. Es el caso del publicano y el fariseo en la parábola del evangelio de Lucas (Lc 18,9-14)
Sería atrevido decir que Pablo, con lo que dice en los tres primeros capítulos de Romanos quiera negar la virtud de los grandes hombres de la historia de Israel. Efectivamente, él conocía las tradiciones que presentaban a hombres verdaderamente “justos”. De Noé se dice: “Noé fue el hombre más justo y cabal de su tiempo. Noé andaba con Dios” (Gen 6,9). De David dice el Libro de los Reyes (3,6): “Tú has tenido gran amor a tu siervo David mi padre, porque él ha caminado en tu presencia con fidelidad, con justicia y rectitud de corazón contigo”. Dice Ezequiel (3,20): “Cuando el justo se aparte de su justicia... Yo pondré un obstáculo ante él y morirá”. Pablo conocía sin duda el elogio de los antepasados en el Eclesiástico (cc. 44-50). De Enoc dice que “agradó al Señor”. De Noé dice que fue “perfectamente justo”. De Abraham dice que “en la prueba fue hallado fiel”. De Moisés se dice que “en fidelidad y mansedumbre (Dios) le santificó”. A Aarón le llama “santo”, etc. Esa tradición de “justicia y santidad” se continúa en el Nuevo Testamento. Mateo dice de José que era “justo” (1,19). De Simeón se dice que era “justo y piadoso” (Lc 2,25), etc.
Pablo conocía todas estas tradiciones y reconocía sin duda que había hombres “justos” en el Antiguo Testamento, en la época del intertestamento y en el Nuevo Testamento. La novedad del pensamiento de Pablo, por lo que toca a la “justicia” está tal vez en que, a partir de la riqueza que él descubre en el poder de la fe en Cristo Jesús, amenazada por los embates de los judaizantes, descubre que también en el caso de los justos del Antiguo Testamento, su justicia y su justificación les vino, no tanto por el cumplimiento de la ley, en el que todos los judíos son deficientes (porque no hay nadie perfecto ante Dios), sino por su fe, una actitud de entrega anterior a las obras. Sin esa actitud, lo que queda es pura obra humana, pura vanidad engañosa que prescinde de Dios. Esta fe indispensable se haya en el caso de Abraham, y es el caso de todo justo; de ahí la importancia que para Pablo tiene Habacuc (2,4), citado en Rom 1,17 y Gal 3,11.
Y es aquí precisamente en donde observamos que Pablo es de un temperamento totalitario, dado a captar la globalidad de las cosas y que su genio semítico lo lleva a captar las cosas en sus lineamientos generales, evidenciando después sus eventuales oposiciones. Nos damos cuenta entonces que dos términos antitéticos, en la cultura judía, no tienen siempre el mismo valor: a veces uno es el que se quiere poner de relieve y el otro es más bien para iluminar al primero; por ejemplo, en Col y Ef, el primado absoluto de Cristo; en Gal y Rom, la relevancia de la fe. Este fenómeno se ve con claridad en el genio hebreo de Mateo (11,11): “En verdad en verdad os digo que no ha surgido entre los nacidos de mujer uno mayor que Juan el Bautista; sin embargo el más pequeño en el Reino de los cielos es mayor que él”. Es claro que no se trata aquí de oscurecer la figura de Juan, sino solamente de exaltar la pertenencia al Reino. En la argumentación de Pablo en Rom 1,16-3,31, no se trataría de negar que en el AT muchos miembros del Pueblo de Dios cumplieron heroicamente con los preceptos de la ley: fueron justos y santos. De lo que se trata es de hacer resaltar la imposibilidad práctica de cumplir en forma perfecta la ley de Moisés. En realidad, nadie lo ha hecho en forma perfecta. Pero, aún cuando alguien lo hubiere hecho en esa forma heroica, no esto es lo que contó ante Dios, sino la actitud de fe que precedió a las obras buenas y que hace que las buenas obras de esos justos den el resultado de su fe. Es el caso de Abraham, y de David (Rom c. 4).
Tercero
En estos versículos que estamos tratando de explicar (3,21-31), otro elemento a resaltar es el de la gratuidad de la justificación. “Todos pecaron” y ahora “son justificados por el don de su gracia, en virtud de la redención realizada en Cristo Jesús”. Los hombres, dice Pablo, son justificados gratuitamente, es decir, sin que precedan méritos humanos, por la sola gracia de Dios, que influye en los hombres en virtud de la "redención" operada por Jesucristo, que es su causa meritoria. Ella se ofrece a todos, judíos y gentiles (vv. 22.29). Pero para que se haga eficaz en cada uno se nos exige la fe en Jesucristo (vv. 22.25.26.28.30).
Cuarto
Pablo da a la fe un poder que no tiene la ley. Pero, ¿por qué atribuye Pablo a la fe tanto poder? Por lo que él entiende por “fe”, que es un don total del alma a Dios y entrega total del hombre, con su inteligencia, con su voluntad y todas sus facultades y no se puede concebir sin las obras. Es aceptar a Jesús como dueño y señor de la vida del creyente. Para el creyente ya no son obras de la Ley las que él hace, sino obras de la fe, que son las que cuentan. Por eso Pablo va a hablar de “ley de las obras” y de la “ley de la fe” (Rom 3, 27). La fe supone en el hombre amor, conversión, confianza y esperanza; o sea, una entrega total a Dios. La fe aplica al pecador los méritos de Cristo y le purifica; no sólo le declara “justo”, sino que de verdad lo hace “justo”. Por Gal 2,15-21 sabemos qué entiende Pablo por fe; es la presencia eficaz de Cristo en la vida del creyente: “Vivo, pero ya no soy yo el que vivo, sino que es Cristo el que vive en mí” (cf. Rom 3,21-27). Es la aceptación de Jesús, como Señor y Rey, en la persona del creyente.
Además, para que el hombre sea justificado tiene que reconocer su realidad de pecador. Para probar esto, Pablo encuentra un apoyo en los salmos 116,11 y 51,6 : “Dios tiene que ser veraz y todo hombre mentiroso, como dice la Escritura: Para que seas justificado en tus palabras y triunfes al ser juzgado.” (Rom 3,4). Este reconocimiento del estado de injusticia está presente en Rom 3,20: “Para que toda boca enmudezca y el mundo entero se reconozca reo ante Dios”. Este mismo pensamiento está ya presente en el Sal 143,2, que Pablo cita en Rom 3,20: “No entres en juicio con tu siervo; pues, en tu presencia, ningún viviente está justificado”. Esta actitud de humildad y de reconocimiento del estado de pecado es, según esto, condición indispensable para el que tiene fe.
Quinto
Otro elemento que enfatiza Pablo en la economía de la fe en contraposición a la economía de la ley es que la primera está ligada al don del la vida y al don del Espíritu Santo.
Es cierto que el don de la vida se menciona con respecto al cumplimiento de la ley; y Pablo mismo lo dice: en Rom 10,5: “En efecto, Moisés escribe acerca de la justicia que nace de la ley: Quien la cumpla, vivirá por ella.” También en Gal 3,10ss: “Pero la ley no procede de la fe, sino que quien practique sus preceptos vivirá por ellos.” Pero el Apóstol es muy claro al mencionar que todos los que viven de las obras de la ley incurren en maldición. Pues dice la Escritura: Maldito todo el que no se mantenga en la práctica de todos los preceptos escritos en el libro de la Ley...”A todo judío la ley le ha dado sólo el conocimiento del pecado, pero no le ha ayudado a liberarse de él: “Ya que nadie será justificado ante él por las obras de la ley, pues la ley no da sino el conocimiento del pecado” (Rom 3,20). Por consiguiente, todo judío está bajo el pecado y necesitado de la gracia de Dios que da la justificación por la fe en Cristo Jesús. Y si alguien ha sido virtuoso hasta el heroísmo, como es el caso de Abraham, incluso en ese caso la justicia (el ser agradable a los ojos de Dios) no le viene por el cumplimiento de las obras, sino por una actitud anterior, la de la fe (cf. Rom 1,17; y cap. 4).
Pero hay que recalcar, y Pablo lo hace, que en esta nueva economía, la de la fe, se manifiesta el don de la vida en plenitud y el don del Espíritu Santo como causante. Eso lo hace Pablo en diferentes momentos. Pablo resalta la situación de muerte en la economía de la ley: “Porque el pecado, tomando ocasión por medio del precepto, me sedujo, y por él me mató”. Pablo reconoce dos tipos de justicia: una, la que podría dar la vida y que vendría de la ley; esa es imposible de adquirir, ya que nadie la ha cumplido a la perfección. Además, la ley es incapaz de vivificar: “Si de hecho se nos hubiera otorgado una ley capaz de vivificar, en ese caso la justicia (dikaiosynê) vendría realmente de la ley” (Gal 3,21). La otra, la de la fe en Cristo Jesús (Flp 3,9). Esta fe trae consigo la vida: “Así pues, como el delito de uno solo atrajo sobre todos los hombres la condenación, así también la obra de justicia de uno solo procura toda la justificación que da la vida” (Rom 5,18). En unión con la vida de esta nueva economía está el don del Espíritu Santo que había anunciado Joel (3,1-5). En efecto, el Espíritu es el que vivifica (2 Cor 3,6); el Espíritu es el que vivificará nuestros cuerpos mortales (Rom 8,11). Ya Juan lo había dicho: “El Espíritu es el que vivifica” (Jn 6,63).
La “justicia de Dios”
El sentido de la expresión “justicia de Dios” (dikaiosynê tou theou), que se halla en san Pablo ha suscitado controversias. Por ejemplo: se ha preguntado si Pablo quería evocar un atributo divino (iustitia qua Deus iustus est) (cf. Rom 3,26) , o bien un don hecho al hombre (iustitia qua Deus nos iustos facit) (cf. Rom 3,26); o también si el Apóstol pensaba en la justicia con que Dios castiga a los pecadores, más exactamente condena a los réprobos (iustitia vindicativa, o mere vindicativa), acepción de dikaiosynê que está prácticamente ausente de las cartas protopaulinas, aunque la raíz dik esté presente en Rom 2,5 en este sentido (dikaiokrisia). Mas bien, en las cartas paulinas la justicia (dikaiosynê) es un atributo divino con el que Dios salva a su pueblo (iustitia salvifica). Esta acepción toma varios matices a la luz de la antítesis y del paralelismo. Por ejemplo, en los capítulos 1-3 de de Romanos Pablo contrapone la justicia de Dios al estado de pecado del hombre, al “estar bajo la ira de Dios”, tanto griegos como hebreos. En Rom 3,5, la injusticia del hombre está contrapuesta a la justicia de Dios: la hacer resaltar. Se viene hablando, en los versículos anteriores, de la fidelidad de Dios. Parece ser que lo que se contraponen son la infidelidad de los hombres al cumplimiento de la voluntad de Dios y la fidelidad de Dios a sus promesas de salvación. Entonces, se está hablando de una justicia que no es vindicativa, sino misericordiosa; equivaldría a “fidelidad” o a “misericordia”. En Rom 4,5 la oposición es: "el que trabaja" (sin fe) y "el que cree sin trabajar" (según la Ley). Se trata de una “justicia”, de parte de Dios, opuesta a su ira; por consiguiente se trata de una obra salvadora, misericordiosa y fiel a sus promesas. Sólo se podrá saber el sentido preciso cuando cada término se considere en su contexto próximo: (quién se lo dice a quién, en qué circunstancia, con que fin, etc.). A nuestro parecer, la respuesta a estas cuestiones y a otras semejantes se impondrá por sí misma si se procura situar cada fórmula paulina en su contexto.
Es aquí en donde nos puede ayudar el fenómeno de la antítesis en Pablo; también el del paralelismo sinonímico. En varios lugares de Romanos, se trata de la misma justicia que invocaba el salmista, citado en Rom 3,20s, justicia que, por añadidura, está atestiguada por la ley y los profetas, como afirma el Apóstol. En el salmo 143,1-2, el sentido es completamente claro: la justicia invocada, opuesta al juicio de condenación (v. 2), no puede confundirse con lo que se llama la justicia puramente vindicativa (qua Deus punit peccatores), misma que en la Bibia es llamada “ira de Dios”. Ni con la justicia distributiva, en virtud de la cual Dios recompensa o castiga las obras de cada uno, sino de una justicia que se podría denominar salvífica, por la que Dios justifica al hombre en virtud de las promesas que él mismo tiene hechas. En el Sal 143,1-2, el salmista, reconociéndose culpable delante de Dios y renunciando, por consiguiente, a apelar al juicio de Dios, invocaba lo que él llamaba la “fidelidad” de Dios y que en su paralelo llamaba “su justicia” (v. 1):
Yahveh, escucha mi oración,
oye mi súplica en tu fidelidad;
respóndeme en tu justicia.
No entres en juicio con tu siervo;
pues, en tu presencia,
ningún viviente está justificado.
La Carta a los Romanos varias veces pone la justificación en directa relación con la justicia de Dios, con la actividad salvífica que consiste en actuar fielmente sus promesas (Rom1,17; 3,21-26). De ahí el paralelismo tan frecuente en Romanos entre justicia de Dios y fidelidad de Dios, aunque no parece ser exclusivo. En efecto, como ya he insinuado, en el Antiguo Testamento aparece este uso de “justicia divina” en antítesis con la “ira de Dios”. Pongamos algunos ejemplos: “Pronto va a llegar mi salvación y va a revelarse mi justicia (LXX: "mi misericordia")” (Is 56,1); “Yahveh ha dado a conocer su salvación, a los ojos de los paganos ha revelado su justicia, acordándose de su amor y de su fidelidad con la casa de Israel” (Sal 98,2-3), etc. Pablo se apodera de este término (“justicia” = dikaiosynê), dándole un contenido nuevo. Se trata de un gesto de gratuita benevolencia en favor de gente que no posee alguna justicia y está bajo el dominio del pecado; un acto con el cual Dios establece, prescindiendo de los méritos, al hombre pecador e impío en un estado de justicia, que es un nuevo estado de vida en el que se agrada a Dios (ver Rom 4,5: logizetai hê pistis autou eis dikaiosynê) y de él hace una nueva criatura (cf. Gal 6,15).
Hay un versículo difícil en Pablo, Rom 3,28, en cuyo caso la antítesis puede ayudarnos a discernir su sentido: "Porque pensamos que el hombre es justificado por la fe, sin las obras de la ley" (logizometha gar dikaiousthai pistei anthrôpon chôris ergon nomou). La Biblia de Jerusalén traduce: “Por la fe, sin las obras de la ley”. Se trataría de una “economía de la fe”, en antítesis con una “economía de la ley” (cf. Gal 3,23-25; 4,1-5). No se trata de aislar las obras, de la fe. En realidad justificación significa vida de obras buenas (Gal 2,16-20); significa recibir el Espíritu Santo (cf. Gal 3,2-5); significa vivir la filiación divina (Gal 3,24-28; 4,4-7). En efecto la fe, necesaria para la “justificación”, es la donación total del hombre a Dios y a Cristo bajo el impulso divino (cf. Gal 2,15-21; Ef 2,8ss; Act 3,16); y no “obras", significando la actividad y el esfuerzo del hombre que prescinde de la fe y de la gracia. Este versículo no es para negar la necesidad de las buenas obras (cf. Rom 7,4ss). También sería inaceptable si por "fe" entendiéramos un simple asentimiento intelectual a las verdades reveladas, inaceptable en Pablo mismo y en la Carta de Santiago (2,18-26).
Aquí podemos ver el gran alejamiento que hay entre el concepto “justicia” en nuestra cultura hispana y el significado del mismo concepto en las culturas originales de la Biblia. En Pablo, la “justicia de Dios” es, básicamente contraria a la de la “ira de Dios”.
Las razones de la antítesis y del paralelismo en Pablo son
Por lo que toca a la antítesis: a) Sabemos que Pablo es de un temperamento totalitario, dado a captar la globalidad de las cosas. b) Además, su genio semítico lo lleva a captar las cosas en sus lineamientos generales, evidenciando después sus eventuales oposiciones. c) Por lo que toca a la antítesis y al paralelismo, existen también en Pablo razones culturales: se trata del influjo de la literatura semítica en él. Se enumeran hasta 232 citas del A.T en la literatura paulina, entre las citas implícitas y las explícitas (alrededor de 118), aunque las alusiones sean muchísimo más. Su dominio se manifiesta sobre todo en el salterio en la Ley y los profetas. Tiene una fuerte influencia de la religiosidad litúrgica, profética y deuteronómica. Sabemos que un buen judío oraba con los salmos. Eran un elemento necesario para la liturgia pascual y para la oración sabatina. Un buen judío sabía muchos salmos de memoria, por varias razones: 1. Porque en gran parte no sabían leer (aunque este no es el caso de Pablo) y tenían que aprender las oraciones de memoria. 2. Por no haber muchos ejemplares de la Biblia en ese entonces; por eso los salmos no se leían, sino que se repetían de memoria. 3. Además, consultarlos resultaba ser muy difícil. Uno de los pergaminos de Isaías encontrados en Qumran medía 28 metros, sin división de capítulos ni de versículos (división que viene de la Edad Media). Ni siquiera había en él división entre palabra y palabra. Y aunque hubiera división entre salmo y salmo, ¿cómo podría uno encontrar un salmo en un pergamino tan largo y tan delicado para ser manejado? Podemos concluir que Pablo sabía los salmos de memoria, como Jesús. Y lo mismo se puede decir de otros libros del AT. No es difícil deducir el influjo de este tipo de literatura en la elaboración literaria de su pensamiento. Ya los lingüistas habían notado el influjo de la lengua materna a la hora de que cada quien formula su pensamiento: naturalmente que va a ser de acuerdo a formulaciones y expresiones, a veces estereotipadas, de la lengua, o sea, del código lingüístico. Pero no parece que este fenómeno se detenga en la lengua, sino que la rebasa y se extiende al lenguaje (uso concreto de la lengua) en cada grupo humano que la utiliza. Las formulaciones del pensamiento de cada persona se van a dar de acuerdo a como se usa la lengua en la cultura o en una rama de la cultura (por ejemplo en la liturgia y en la formulación del mensaje religioso).
TERCERA PARTE: CONSECUENCIAS PARA LA HERMENÉUTICA Y LA TRADUCCION DE PABLO
Consecuencias para la hermenéutica
1. Dos términos antitéticos, en la cultura judía, no tienen siempre el mismo valor: a veces uno es el que se quiere poner de relieve y el otro es más bien para iluminar el primero; por ejemplo, en Col y Ef, el primado absoluto de Cristo; en Gal y Rom, la relevancia de la fe. Este fenómeno se ve con claridad en Mt 11,11: “En verdad en verdad os digo que no ha surgido entre los nacidos de mujer uno mayor que Juan el Bautista; sin embargo el más pequeño en el Reino de los cielos es mayor que él”. Es claro que no se trata aquí de oscurecer la figura de Juan, sino solamente de exaltar la pertenencia al Reino.
2. Los términos de la antítesis adquieren su pleno significado sólo por la oposición a su contrario. Aquí podemos enmarcar el uso de la expresión "justicia de Dios" en Pablo. Está en varios casos abiertamente en relación antitética con el tema de la "ira de Dios" y en paralelo con la gracia de Dios. Por consiguiente, "justicia de Dios" no tiene un significado jurídico o filosófico, ni siquiera socio-religioso en Pablo, sino salvífico.
3. El desarrollo del pensamiento paulino se capta sólo cuando se descubren los términos antitéticos sobre los cuales se articula. El carácter antitético de algunos pasajes paulinos contribuyen así a iluminar las dudas sobre la expresión "justicia de Dios" y otras. Los judaizantes ponen a Pablo ante una disyuntiva: a) Aceptar la circuncisión y las “obras de la Ley” como condición para el Bautismo y la “justificación”; o bien: b) Aceptar la fe en Cristo Jesús como la única vía de salvación, sin atribuir a las “obras de la Ley” un valor salvífico. Naturalmente él, como también las autoridades de la Iglesia en Jerusalén (Hch 15, 5ss) dan la preferencia a la fe en Jesucristo. En Pablo deberá afirmarse siempre el absoluto primado de Dios y de su gracia en Jesús.
Consecuencias para la traducción de las cartas de Pablo
Dado que en san Pablo se deja sentir el influjo de la antítesis y el paralelismo al exponer sus ideas, pensamos que este fenómeno podría ayudar a traducir mejor los términos ligados al concepto “justicia” (dikê, dikaiosynê, dikaioô, dikaios, dikaiôma, dikaiôsis, dikaiokrisia), en algunos pasajes de la literatura paulina, aunque esta búsqueda podría extenderse a más libros. Pondremos de relieve los lugares de la literatura paulina en los que el contraste y la antítesis ayuden a precisar el concepto “justicia” que se está manejando en cada caso, a fin de no traducir por “justicia”, “justo”, “justificar”, etc. los términos grosso modo equivalentes de dikaiosynê, dikaios, dikaioô, etc. que, como vimos, etimológicamente están muy alejados del concepto “justicia” en español.
Ha habido discusiones acerca de si la palabra dikaiosynê tiene que traducirse en las Biblias en español simplemente por “justicia”, como de hecho se ha dado en algunas biblias para España y A.L. En biblias de estudio, como la Biblia de Jerusalén, es aceptable este tipo de traducción, ya que se caracterizan por un cierto literalismo, bastante aceptable por su cercanía con el texto griego y el hebreo. Su finalidad justifica este literalismo. Pero no es aceptable en biblias para el pueblo, sobre todo en aquellas destinadas a la lectura grupal y litúrgica. En este caso, la buena traducción depende de una buena interpretación del texto original. En efecto, no se puede hacer una traducción sin una interpretación. Primero es entender, comprender; luego traducir. Por lo que toca a la “justificación”, yo propondría otras alternativas de traducción, por haber un doble alejamiento entre la “justicia”, el “justificar” o “ser justificado” en español (concepto influido etimológicamente por el latín iustitia, con su trasfondo jurídico del derecho romano) y sus correspondientes términos griegos: dikaioô, dikaiosynê, y sus antepasados hebreos, tan variados. Se ha querido reducir el concepto “justicia” en Pablo con la raíz hebrea sedeq, sêdeqa (norma recta, acción ordenada y justa). Esto no se debe hacer, ya que, acerca del término “justicia” el vocabulario jurídico hebreo es muy variado; nada hay en él que recuerde la precisión de términos y fórmulas del derecho romano. Nuestro término “justicia” en español está ligado, en una gama de sentidos, a la iustitia latina, a los conceptos krima, krisis, dikaiosyn, dikê, dikaiôma griegos y a los conceptos hebreos de sedeq, sêdekah, hésed, hôq, huqqâh.
¿Qué es lo que va a definir su sentido? El contexto. Y aquí hay que distinguir entre “significado” (lo da la gramática, lo dan los diccionarios) y “sentido” (es el significado particular y único que da el contexto próximo, la situación comunicativa). Entonces se ve la necesidad de hablar de lo que los lingüistas han llamado el “el acto lingüístico”, básico en la consideración del sentido de un texto. La oposición, el contraste y la antítesis podrían constituir en algunos casos, parte del acto lingüístico. Los diccionarios mismos se niegan muchas veces a hacer una traducción indiscriminada, por ejemplo, de dikaiosyn por “justicia”. El de Jorge Fitch McKibben señala expresamente su significado en base a la antítesis: “Justicia... opuesta a hamartia (Rom 8,10); a anomia (2 Cor 6,14); a adikia (Rom 3,5)”; y señala a continuación algunas raíces quer podrían ser equivalentes: dikaiôma, dikaiokrisia, dikê, eleêmosynê, pistis. Pienso que la traducción de Pablo puede mejorar cuando se toma en cuenta la oposición, el contraste, la antítesis y el paralelismo, como elementos constitutivos del acto lingüístico.
Vamos a ir considerando, uno a uno estos conceptos en Rom 1,16-3,31, con alusiones a otros lugares de la literatura paulina, y haciendo ver dónde la antítesis y el paralelismo podrían ayudar a precisar su sentido de dichos conceptos, y a traducirlos por algo más cercano a su sentido en la lengua receptora:
Dikaiosynê (“justicia”) / dikaioô (“hago justo, justifico”) / dikaios: (“justo”, “agradable a Dios”). Partimos de una traducción inicial (literalista) de la Biblia de Jerusalén
En Rom 1,17, Pablo está hablando del Evangelio,
...que es una fuerza de Dios para la salvación de todo el que cree: del judío primeramente y también del griego. Porque en él (en el Evangelio) se revela la justicia de Dios, de fe en fe, como dice la Escritura: “El justo vivirá por la fe”.
Aquí, el evangelio creído (= “fe”) es “salvación” para griegos y hebreos. ¿Por qué? Porque en él (en el evangelio creído) hay una “manifestación” de la “justicia de Dios”. Aquí, “la justicia” es algo que “se revela”, se pone de manifiesto. Esta revelación (apokalyptetai) de “la justicia de Dios” está en contraste y en antítesis con “la cólera de Dios que se revela (apokalyptetai) desde el cielo contra toda impiedad” (1,18). La “revelación de la justicia de Dios” (ya que se revela lo que estaba oculto), puede hacer aquí alusión al cumplimiento de las promesas de Dios, al “misterio oculto y revelado” (Rom 16,25). Es una especie de efecto jurídico de las promesas y de la herencia.
Por consiguiente, en este pasaje (Rom 1,17), propongo que “justicia” (dikaiosynê) se traduzca como “salvación” o “fidelidad” de Dios. El pasaje quedaría así:
Porque en el evangelio se revela la salvación de Dios, por la fe, de principio a fin.
Y, ¿cómo se podría traducir la cita de Habacuc (2,4)? Si uno va a la cita de Habacuc en el AT, se da uno cuenta de que la antítesis allí es entre el hombre que no es recto, el malvado, y el “justo”. De manera que el “hombre justo” es el hombre recto, el probo. La traducción podría quedar así:
Porque el hombre recto (o probo) vivirá por la fe..
Hay que notar que en este pasaje (Rom 1,17), Pablo está anunciando el tema que va a tratar en los cc. 1-3: que todos, tanto los griegos (1,18-32) como los judíos (2,1-3,20) están bajo la “cólera” o “ira” de Dios (1,18), y no escaparán al juicio de Dios (2,3), precisamente por estar todos bajo el dominio del pecado. Esta sección se retomará en Rom 3,21-31 diciendo que, en este aspecto del pecado, no hay diferencia entre griego y hebreo. Incluso, la cita de Habacuc 2,4, citado según los LXX (ho de dikaios ex pisteôs mou zêsetai) en Rom 1,17 (sin el mou): “El justo vivirá por la fe”, puede estar preparando su afirmación sobre la justificación de Abraham por la fe y no por las obras (sin la fe: cf. Rom 4).
La sección 3,10-20 es un resumen de la argumentación anterior:
Ya demostramos que tanto judíos como griegos están todos bajo el pecado... (v. 10) y que el mundo entero se reconozca reo ante Dios, ya que nadie será justificado ante él por las obras de la ley... (v. 20).
El pecado en estos capítulos (1-3) toma diversos nombres y aspectos: se le llama hamartia, asebeia, adikia, pornêia, pleonexia, kakia, sklêrotês, etc. En Rom 3,10, Pablo dice que “todos están bajo el pecado” (desagradan a Dios, desobedecen a Dios, están bajo la cólera de Dios). Entonces, la antítesis en este lugar es estar bajo el pecado / ser justificado. De tal manera que la traducción de Rom 3,10 y de 3,20 (final de esa sección) podría quedar así:
Ya demostramos que tanto judíos como griegos están todos bajo el poder del pecado... (v. 10)
Y que el mundo entero se reconozca reo ante Dios, ya que nadie es agradable a Dios por las obras de la ley... (v. 20).
Pablo cierra esta parte de su argumentación (Rom 1,16-3,31) con el pasaje 3,21-31. Vamos a ver cómo podría traducirse dikaiosynê en este pasaje tan importante. Transcribimos la traducción de la Biblia de Jerusalén y haremos una propuesta de traducción para los conceptos de “justicia” y anexos. Anotamos los versículos, para ser más prácticos:
21 Pero ahora, independientemente de la ley, la justicia de Dios se ha manifestado, atestiguada por la ley y los profetas, 22 justicia de Dios por la fe en Jesucristo, para todos los que creen —pues no hay diferencia alguna; 23 todos pecaron y están privados de la gloria de Dios— 24 y son justificados por el don de su gracia, en virtud de la redención realizada en Cristo Jesús, 25 a quien exhibió Dios como instrumento de propiciación por su propia sangre, mediante la fe, para mostrar su justicia, habiendo pasado por alto los pecados cometidos anteriormente, 26 en el tiempo de la paciencia de Dios; en orden a mostrar su justicia en el tiempo presente, para ser él justo y justificador del que cree en Jesús.
27 ¿Dónde está, entonces, el derecho a gloriarse? Queda eliminado. ¿Por qué ley? ¿Por la de las obras? No. Por la ley de la fe. 28 Porque pensamos que el hombre es justificado por la fe, sin las obras de la ley. 29 ¿Acaso Dios lo es únicamente de los judíos y no también de los gentiles? ¡Sí, por cierto!, también de los gentiles; 30 porque no hay más que un solo Dios, que justificará a los circuncisos en virtud de la fe y a los incircuncisos por medio de la fe. 31 Entonces ¿por la fe privamos a la ley de su valor? ¡De ningún modo! Más bien, la consolidamos.
En el versículo 21 repite el pensamiento y la antítesis de Rom 1,17-18 entre pecado y justificación, aunque con otro verbo (pephanerôtai): “Pero ahora, independientemente de la ley, la justicia de Dios se ha manifestado, atestiguada por la ley y los profetas”. Se trata, por consiguiente, de un plan salvador y misericordioso, anunciado por la ley y los profetas y manifestado en la persona y obra de Jesús. Por eso, igual que en Rom 1,17, la traducción del versículo 3,21 podría quedar así:
Pero ahora, independientemente de la ley, la salvación de Dios se ha manifestado, atestiguada por la ley y los profetas.
El resto de esta sección (vv. 22-31) está condicionado en gran parte por el sentido de “justicia” (dikaiosynê) en el v. 21. Propongo a continuación un primer intento de traducción. Lo que me interesa es tratar de traducir “justicia” y anexos en una forma más clara para la cultura receptora, tomando en cuenta la ley de la antítesis. De tal manera que la traducción de toda esta sección, por lo que toca a estos términos, podría quedar así:
21 Pero ahora, independientemente de la ley, la salvación de Dios se ha manifestado, atestiguada por la ley y los profetas, 22 salvación de Dios por la fe en Jesucristo, para todos los que creen. No hay diferencia alguna; 23 todos pecaron y están privados de la gloria de Dios y 24 Él los salva gratuitamente por su bondad, en virtud de la redención realizada en Cristo Jesús, 25 a quien hizo Dios instrumento de perdón al derramar su sangre , mediante la fe. Ha dado así a conocer su salvación pasando por alto los pecados cometidos anteriormente, porque es paciente; pero es ahora cuando pone de manifiesto su salvación; así resulta ser Él salvador, que salva al que cree en Jesús.
27 ¿Dónde está, entonces, el derecho a gloriarse? Queda eliminado. ¿Por qué ley? ¿Por la de las obras? No. Por la ley de la fe. 28 Porque pensamos que el hombre obtiene la salvación por la fe, y no por el cumplimiento de la ley . 29 ¿Acaso Dios lo es únicamente de los judíos y no también de los gentiles? ¡Sí, por cierto!, también de los gentiles; 30 porque no hay más que un solo Dios, que salvará a los circuncisos en virtud de la fe y a los incircuncisos por medio de la fe. 31 Entonces ¿por la fe privamos a la ley de su valor? ¡De ningún modo! Más bien estamos confirmando el valor de la ley.
Voy ahora a analizar brevemente algunos pasajes de esta sección (1,16-3,31) en los que aparecen los conceptos: dikaiosynê, dikaioô, dikaios:
En Rom 2,12-13, existen paralelismos y antítesis que nos ayudan a precisar el contenido. En primer lugar, hay en el v. 12 una antítesis entre el que peca sin ley y perecerá, por una parte; por la otra, quien peca bajo el régimen de la ley y bajo este régimen será juzgado; “ser juzgado” bajo la ley es equivalente a “ser condenado”, por el paralelismo que se da en la segunda parte de la antítesis. En el v. 13, cambia el contexto, ya que aquí la antítesis es: ser justo delante de Dios / ser injusto delante de Dios. ¿De que depende esta justicia o injusticia? No en conocer, sino en cumplir la ley. De tal manera que si se cumple la ley, se es agradable a Dios; si no se cumple, uno le desagrada.
Por eso, estos versículos podrían traducirse más o menos así:
Todos los que hayan pecado sin estar bajo el régimen de la ley, perecerán sin ser juzgados por la ley; y todos los que hayan pecado estando bajo el régimen de la ley, por la ley serán juzgados. Pues no son agradables a Dios los que solamente oyen la ley, sino los que la obedecen.
En Rom 3,5, se da una importante antítesis: justicia/injusticia (dikaiosynê/ adikia). La “justicia” de Dios se contrapone a la “injusticia” humana. Se trata de de la antítesis entre el estado de pecado o maldad humana y la clemencia, la fidelidad de Dios a sus promesas. En el paralelo del v. 7 se contraponen, en el mismo sentido la verdad (fidelidad) de Dios y la mentira (falsedad) humana (alêtheia/pseysma). Por lo que el v. 5 se podría traducir así:
Pero nuestra maldad sirve para demostrar la salvación (o la fidelidad) de Dios, ¿qué diremos? ¿Que Dios es injusto al descargar su cólera? (Hablo según criterios humanos). ¡Claro que no! Porque si Dios fuera injusto, ¿cómo podría juzgar al mundo?
Conclusión
Después de haber examinado el fenómeno de la antítesis y del paralelismo en varios lugares de la Biblia y en Pablo, nos damos cuenta de su importancia para interpretarlo y traducirlo.
La razón es obvia: estos elementos son parte del “aquí y ahora” del texto. Son parte de su contexto próximo, necesario para conocer el sentido y la finalidad de un texto. Es parte del “acto lingüístico” considerado en la lingüística pragmática.
Al considerar estos elementos d la literatura paulina estamos contribuyendo a una mejor intelección, apreciación y traducción del gran Apóstol.
NOTAS
. DOTY, W. G., Letters in Primitive Christianity (Philadelphia, Pensylvania: Fortress 1973) 12-13; ROLLER, O., Das Formular der Paulinischen Briefe (Stuttgart: Kohlhammer 1933) 56.68; DRIVER, G. R. Aramaic Documents of the Fifth Century B. C. (Oxford: Clarendon 1957) 8-10.36-37.
. Cf. WIKENHAUSER, A. / SCHMID, J., Einleitung in das Neue Testament (Freiburg/Basel/Wien 1973) 380-385. Más detalles en DOTY, Letters, 27.47ss. El tema es tratado con cierta abundancia de ejemplos en WHITE, J. L., "The Structural Analysis of Philemon: A point of Departure in the Formal Analysis of the Pauline Letter", en: SBL, 107th Meeting. Seminar Papers [28-31. Oct. 1971] (Atlanta, Ga., 1971).
. Cf. CERFAUX, L., Le Christ dans la théologie de Saint Paul (Lectio Divina 6; Paris 1954, 2a. ed.) 29-38; LYONNET, S., "L'étude du milieu littéraire et l'exégèse du N.T. A propos de quelques publications récentes", BIB 35 (1954) 480-502; BIB 36 (1955) 202-212; BIB 37 (1956) 1-38; DALBESIO, A., "Paolo di Tarso: la personalità e l'opera", en: Il Messaggio della Salvezza VII (Torino/Leumann: Elle Di Ci 1976) 15-85.
. Cf. RIGAUX, B., Paulus und seine Briefe (München: Kösel 1964) 23-29.52ss.62-114 ; CAMBIER, J., "La vida y la obra de San Pablo", en: ROBERT, A., / FEUILLET, A. (eds.) Introducción a la Biblia II (Barcelona, Herder 1970) 356; Id., "Paul", DBS VII (1962) 279-387.
. Pablo en su defensa arguye con su origen palestino, que tiene que ver con la lengua aramea. Cf. GUTBROD, W., Hebraios, TDNT III, 390.
. MEYNET, R., Quelle est donc cette Parole ? Lecture “ rhettorique” de L´Évangile de Luc (1-9; 22-24) (Paris: Cerf 1979).
. Cf. MACIEL DEL RIO, C., “El análisis retórico”, en: MORA PAZ. C. A., Para comprender el mensaje de Dios (México D. F.: Comisión Episcopal de Pastoral Bíblica 1997) 63-74. C. Maciel menciona en su análisis de “la retórica semítica” a: MEYNET, R., Quelle est donc cette Parole? Lecture “rhétorique” de l’évangile de Luc (1-9, 22-24) (Lectio Divina 99; Paris: Cerf 1979).
. Por ejemplo laS estructuraS "concéntricaS": A/B/A'; A/B/C/B'/A'. Se dan también en Pablo estructuras "chiásticas": A/B/B'/A', o "en paralelo": A/B/C // A'/B'/C'. LUND, N. W., Chiasmus in the New Testament (North Carolina 1942); JEREMIAS, J., "Chiasmus in den Paulusbriefen", ZNW 49 (1958) 145-156.
. Cf. BRUNOT, A., Le génie littéraire de Saint Paul (Lectio Divina 15; Paris 1955) 28-41; NELIS, J., "Les anthitèses littéraires dans les épîtres de Saint Paul", NRT 70 (1948) 360-387.
. KERTELGE, K., Carta a los Romanos (Barcelona: Herder 1973) 36-72; MORA PAZ, C. A., Op cit., 424-426.
. Cf. ALETTI, J.-N., “Romanos”, en: FARMER, W. R. / LEVORATTI, A. J., Comentario bíblico internacional (Estella, Navarra: Verbo Divino 2005) 1416-1458.
. "...Pablo asume la realidad que piensa, en su globalidad. El no es distintivo, sino comprensivo; no separa, sino que condensa. Y esto, porque no efectúa un proceso de abstracción, llevando las cosas a sí (mentalidad occidental), sino que va él mismo con toda su persona a la realidad concreta que encuentra sobre su camino (mentalidad semítica)". Cf. DALBESIO, Op. cit., 42. Es el caso del genitivus generalis en 1 Cor 9,12: "el evangelio de Cristo". Con esto se significa que Cristo lo predicó; que Cristo es el objeto de esta predicación; que se predica en Christô, "Christo iubente", etc. Cf. ZERWICK, M., Graecitas Biblica (Roma: PIB 1966) 12-14.
. Cf. BOCCACCIO, P., "I termini contrari come espressioni della totalità in ebraico", Bib 33 (1952) 173-190.
. Cf. TURRADO, L., Biblia Comentada VI. Hechos de los Apóstoles y Epístolas paulinas (Madrid: Editorial Católica 1965) 277-278; VALENTINI, A., “La giustizia di Dio” (Rom 3,21-31), en: SACCHI, A. (e.a.), Lettere paoline ed altre lettere (Leumann, Torino: Elle Di Ci 1995) 443-462.
. Ver más detalles en la obra bastante original de AGUILAR CHIEU, J. E., La justificación y el Espíritu en Pablo (Frankfurt a.M.: Peter Lang 2003).
. Cf. LYONNET, S., "De justitia Dei in Epistula ad Romanos", VD 25 (1947) 23-34.118-121. 129-144; Id., "De notione ‘justitiae Dei’ apud S. Paulum", VD 42 (1964) 121-152; Id. Cf. LYONNET, S., “La soteriología paulina”, en: ROBERT, A. / FEUILLET, A., Introducción a la Biblia II (Barcelona : Herder 1970) 756-761.
. Cf. RAMAZZOTTI, B, "La Lettera ai Romani", en: Il Messaggio della salvezza VII (Torino/Leumann: Elle Di Ci 1976) 360ss. 456-458.
. Cf. DALBESIO, Op. cit., 45s, citando a LYONNET, "Saint Paul et l'exégèse juive de son temps. `A propos de Rom 10,6-8’", en: Mélanges bibliques A. Robert (Paris 1956) 494-506; Le DÉAUT, R., "Traditions targumiques dans le Corpus paulinien?", Bib 42 (1961) 28-48.
. Cf. SCHMIDT, S. J., Teoría del texto (Madrid: Cátedra 1978); DILLMANN, R., “Consideraciones en torno a la pragmática”, en: MORA PAZ, C. / GRILLI, M. / DILLMANN, R., Lectura pragmalingüística de la Biblia (Estella, Navarra: Verbo Divino 1999) 59-76.
. Léxico griego-español del Nuevo Testamento (El Paso, Texas: Casa Bautista de Publicaciones1963) 81.
.Ver Rom 3,21: “Pero ahora, independientemente de la Ley, la justicia de Dios se ha manifestado, atestiguada por la ley y los profetas”.
. Así traduce la Biblia de Estudio ecuménica de las SBU. Literalmente se podría traducir: “de fe en fe”, pero no tiene sentido para nosotros.
. La Biblia de América da una traducción aproximada: “Porque nadie recibirá de Dios la salvación por el cumplimiento de la ley”. La Biblia de estudio de las SBU no deja de ser dependiente del término “justificar”, además de que hace una especie de paráfrasis: “porque nadie podrá decir que ha cumplido la ley y que Dios debe reconocerlo como justo...”. El término “justo” en la lengua receptora se aleja mucho de lo que dikaios podría significar en este lugar de Pablo.
. Aletti piensa que desde 3,21 empieza la siguiente sección (3,21-4,25). La propositio estaría en el v. 21. Cf. ALETTI, J.-N., Romanos, 1416-1458. Sin contradecir al Profr. Aletti, pienso que los vv. 21-31, resumen y proponen.
. Lo que he traducido como “instrumento de perdón”, en realidad es una adaptación a la lectura popular de la Biblia. Estoy traduciendo el término hilastêrion, que viene del verbo hilaskomai (“aplacar”, “hacer propicio”) y que puede significar el sacrificio de propiciación, o el “propiciatorio”, tapa del arca que el sumo sacerdote rociaba con sangre en el día de la expiación (cf. Hch 27,9; Hb 9,5). Pienso que la figura que se utiliza para indicar la obra de Cristo es la del propiciatorio. En el AT es bañado con la sangre de los sacrificios; en el NT este “propiciatorio” que es Jesús, es bañado con su propia sangre.
. En la palabra “ley” están comprendidos preceptos que hay que cumplir. Para un cristiano son bajo la fe en Cristo. Puede incluso tratarse, como en el caso de Pedro y Pablo, de preceptos de la ley de Moisés, pero cumplidos a la luz de la fe cristiana. Para un judío no creyente, se trata de preceptos que salvan por sí mismos, que hacen que el hombre agrade a Dios, sin la fe en Cristo Jesús. Así entendido el término “ley”, podría traducirse así el v. 27: “¿Dónde está, entonces, el derecho a gloriarse? Queda eliminado. ¿Por qué razón? No por haber cumplido la ley de Moisés sino por haber creído en Cristo”.
. El texto griego dice en este lugar: choris ergôn nomou. Se podría traducir al pie de la letra: “sin las obras de la ley”. Pero hemos anotado en la traducción el sentido basado en la antítesis. En efecto, la oposición no es entre fe y obras, sino: entre fe (en Cristo) con obras, y obras (de la ley) sin fe (en Cristo). Se trata de dos economías diferentes.
. Cf. v. 21: “Salvación atestiguada por la ley y los profetas”. Pablo dice: Entonces ¿por la fe privamos a la ley de su valor? ¡De ningún modo! Más bien estamos confirmando el valor de la ley. Esto no es un juego de palabras, sino que el Apóstol está confirmando algo que ya había observado en el caso de Abraham: que las obras valen para la justificación, siempre y cuando estén precedidas por una actitud radical de humildad y entrega a Dios mediante la fe.