EL PENSAMIENTO ECLESIOLÓGICO DE SAN PABLO

La Iglesia plenitud del que lo llena todo en todo

Edmundo de los Santos García

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SUMMARY:
This article presents the way Paul develops his theology of the church. The foundation for Paul’s interpretation of Jesús’ life, as well as his view of the church as the entity that carries on Jesus’ work, is rooted in Paul’s own faith and religious experience as a Jew. The Author presents the way in which Paul connects the theology of the people of Israel in the Old Testament with the theology of the new people of God, which is the church. The article also presents Christians as the heirs of the God of Abraham. The author closes with a reference of Paul’s letter to the Ephesians in which Jesus is presented as the head of the Church, which is His body:  the fullness of him who fills the universe in all its parts (Eph. 2, 23).


Las escuelas exegéticas francesa y alemana de mediados y fines del siglo pasado al estudiar el pensamiento paulino, especialmente en lo referente a eclesiología, se concentraron en estudiar el paso del AT al NT y descubrieron que ahí se encuentra el fundamento del concepto de iglesia para Pablo .
Pablo no hizo caso omiso de la vivencia religiosa de Israel, su teología se adaptaba bien a la síntesis cristiana, por lo que la asimiló conscientemente.
Así pues, en la base de la eclesiología paulina encontraron ellos la teología del pueblo de Dios. Pablo miraba el judaísmo a través de una fórmula teológica: los judíos forman el pueblo elegido —ideal divino— enriquecido por Dios con múltiples privilegios: testamento, promesas, constitución teocrática (según el neologismo de Josefo), adopción divina, gloria. Su historia nace en los Patriarcas, origen de su elección, y muere en Cristo, la meta que Dios le había prefijado.
Pablo plenamente enraizado en su fe judía y con su experiencia de sentirse miembro del Pueblo de Dios, habiéndose sentido llamado por Cristo, descubre en la iglesia las características del verdadero pueblo de Dios, beneficiaria de sus promesas divinas. Por tanto, para él, una vez venido Cristo, los privilegios pasan automáticamente a ser patrimonio de la comunidad cristiana.
Pablo, en sus reflexiones sobre el Pueblo de Dios, proyecta los tres momentos importantes de su historia: Abraham, Moisés y el Templo. Esto le permite elaborar su concepto de iglesia como nuevo Pueblo de Dios, trasponiéndole a ella los privilegios de aquel.
Al nombre de Abraham y al testamento por él evocado, se asocia el tema de la fe. Por ella el padre del linaje escogido recibió el testamento, la adopción y la herencia de los bienes divinos. Todas estas prerrogativas gravitan ahora sobre la cabeza de Cristo y sobre el pueblo cristiano. Los herederos de los bienes de Dios son los cristianos.
Pablo encontró en la iglesia de Jerusalén la expresión “la iglesia de Dios”, con la que se designaba a la asamblea de los hebreos, reunidos en torno a Moisés, y que luego fue aplicada a la comunidad mesiánica que prefiguraba. Idéntica historia presentan las expresiones arcaicas “los santos” y “los elegidos”. De las tres fórmulas, saca partido el Apóstol en su teología del pueblo de Dios.
Para los cristianos el Templo material no tiene ya ninguna razón de ser pues ellos constituyen un pueblo enteramente espiritual. La misma comunidad es el nuevo templo (Ef 2,19-22), los cristianos ofrecen a Dios un culto espiritual, del cual son sacerdotes.
Este sustrato veterotestamentario del pensamiento de Pablo, centrado en la idea del pueblo elegido, será el fundamento de su eclesiología, que por lo tanto comienza con la teología del “pueblo de Dios”.
El pueblo del Antiguo Testamento
Es interesante descubrir bajo que aspectos ve Pablo a Israel como pueblo de Dios, pueblo del AT. Qué es lo característico del pueblo de Dios en la teología paulina. Por demás significativos en el pensamiento paulino son los capítulos 9-11 de su carta a los Romanos. En esos tres capítulos presenta la situación de Israel en relación con la iglesia. No haré ninguna afirmación sobre el futuro de Israel, no es el tema por el momento, el mismo H. Schlier intitula estos tres capítulos El misterio de Israel (Das Mysterium Israels). El tema de estos capítulos de la carta a los Romanos es Israel y su suerte. Pero esto, precisamente nos hace ver el concepto que Pablo tenía del Pueblo del AT, o del Pueblo de Dios, y cómo llega él al proceso de presentar a los creyentes en Cristo, esto es, la iglesia como el “verdadero Pueblo de Dios”. Los versos 9,4-5 son esenciales para comprender el desarrollo del pensamiento paulino sobre este punto: Son israelitas; de ellos es la adopción filial, la gloria, las alianzas, la legislación, el culto, las promesas, y los patriarcas; de ellos también procede Cristo según la carne, el cual está por encima de todas las cosas, Dios bendito por los siglos. Amén. Veremos que la noción religiosa expresada por la frase “pueblo de Dios” está a punto de disociarse del judaísmo concreto. De este modo se prepara la teología del “pueblo cristiano”. Anotaré aquí algo sobre los puntos que el mismo Pablo resalta en el texto, característicos a Israel, pero en una manera inacabada y que por lo tanto, según su pensamiento, llegan a su cumplimiento en Cristo y en los que por la fe en Él entran a formar parte de la Promesa.
1. El testamento y las promesas
¿En qué piensa Pablo cuando habla del testamento otorgado a Israel?
Notemos, primero, en la carta a los Gálatas, el sentido técnico muy caracterizado en el contexto de Gá 3,16-17 : Pues bien, las promesas fueron dirigidas a Abraham y a su descendencia. No dice: “y a los descendientes”, como si fueran muchos, sino a uno solo, a tu descendencia, es decir, a Cristo. Y digo yo: Un testamento ya hecho por Dios en debida forma, no puede ser anulado por la ley, que llega cuatrocientos treinta años más tarde, de tal modo que la promesa quede anulada. El sentido aquí es de “disposición” (decisión) tomada por Dios en favor de Abraham: Pablo se refiere explícitamente a los capítulos 15 y 17 del Génesis y sigue fielmente la tradición veterotamentaria, en la que el “testamento” jurado a Abraham se aduce insistentemente (cf. Sal 105,8; 2Mac 1,2). Este testamento de Abraham es concretamente idéntico a la “promesa” de herencia hecha al patriarca y a su descendencia. Esta promesa hecha gratuitamente por Dios, no puede ser cambiada por una alianza bilateral.
Por lo tanto, las promesas transcendían el pueblo histórico nacido de Abraham y se proyectaban más allá; sobre Cristo y sobre el pueblo que nacería de Él. Su contenido, el objeto de la herencia, eran los bienes espirituales futuros. Israel continuará siendo eternamente el pueblo de las promesas y del testamento; de tal manera que la iglesia cristiana, aun después de la entrada de los gentiles, seguirá siendo el Israel de Dios, el eterno Israel, y los gentiles convertidos tendrán por padre a Abraham.
2. La legislación
El pueblo del AT tuvo por legislador al mismo Dios; su constitución es divina. Sin duda, Pablo escogió calculadamente, con preferencia a la palabra “ley”, el término “legislación”, más jurídico, pero también más rebuscado. En las cartas a los Romanos y Gálatas, la “ley” parece más bien ser el sistema religioso que los fariseos han levantado sobre la legislación, deformando el plan divino por su teoría en las obras que originan una “justicia” y mérito humanos. La legislación divina de Pablo será una sabiduría, una educación, una ascesis, la formulación misma del conocimiento religioso y de la verdad (Rm 2,17-20).
3. La Gloria, do,xa, Shekinah
Ha tomado carta de ciudadanía entre los exegetas identificar la do,xa neotestamentaria con la Shekinah del rabinismo. Presencia visible de Dios entre su pueblo, “manifestación sensible de la presencia de Dios en el tabernáculo y en el Templo”. Los historiadores de las religiones (la escuela alemana) han tenido, ciertamente, motivos para insistir en el carácter realista de la gloria, que es luz y fluido inmaterial, y, en este sentido, todo lo que se diga de la Kabod Yahveh está expresado en la do,xa de los Setenta y del Nuevo Testamento; Pablo siendo un judío piadoso, observante y plenamente religioso le dará a esta palabra un sentido profundamente teológico y cargado de esa presencia de Dios, incomprensible para un pagano.

4. La adopción
El origen de este tema ha de buscarse en la elección del pueblo a la salida de Egipto (Ex 4,22 Israel es mi hijo primogénito. Cf. Sa 18,13), manifestación de las relaciones particulares de Dios con su pueblo. Por parte de Dios predilección, protección, interés educativo, y como respuesta del pueblo obediencia y culto (Dt 8,5; 14,1). Esta noción, como las de gloria y santidad, se proyecta hacia el futuro, llamando al pueblo a una mayor intimidad con Dios. Todo esto alcanzará, según Pablo, su plena madurez en la conciencia cristiana de filiación (Gá 3,29; Rm 8,17.48ss)
5. El culto
El núcleo de la cuestión está en saber qué lugar ocupaban en la mente de Pablo los sacrificios; hay razones para creer que, en este punto, compartía las ideas avanzadas de su coetáneo Esteban (Hch 7,42.48ss.), y de los círculos judíos helenistas, no apegados totalmente al Templo como construcción material. Cuando usa el término latrei,a en Rm 12,1 está en un contexto de culto interior: Os exhorto, pues, hermanos, por la misericordia de Dios, a que os ofrezcáis a vosotros mismos como un sacrificio vivo, santo, agradable a Dios: tal será vuestro culto espiritual.

 

6. El pueblo de los patriarcas y de Cristo
Pablo comenzó su argumentación con el testamento y las promesas, en donde Abraham no es sólo el primero de la serie, sino que, es el antepasado por excelencia, es el padre de todos los israelitas, y en la fe el tipo de los cristianos, el primogénito y el modelo de todos los que han recibido la justificación por la fe. De Abraham da un brinco a Cristo, no había ya más que esperar sino a Cristo, pues las promesas habían sido hechas a él y a su descendencia, esto es, a Cristo. La historia del “pueblo de Dios” consistirá en prepararse para la venida de Cristo; la Ley es un episodio de la espera. Con todo esto, Pablo manifiesta que la grandeza del judaísmo está en haber sido elegido por Dios en Abraham, al mismo tiempo revela el papel secundario y el carácter transitorio y temporal de sus privilegios. En el tiempo que va de Abraham a la era cristiana, el único motivo de la existencia de Israel es Cristo, y todos sus privilegios le vienen de Abraham. Lo dice el mismo Pablo más adelante: en cuanto a la elección, amados en atención a sus padres (Rm 11,28).
Conclusión
De esta visión rápida sobre las características que Pablo da al Israel histórico puedo concluir que, en Rm 9,5, ha querido poner el punto de partida de la iglesia como “nuevo pueblo de Dios” en algo absoluto y divino, en la aparición de Cristo sobre la tierra , por eso después de evx w-n o` Cristo.j (de los cuales también procede Cristo) dice to. kata. sa,rka (según la carne) ya que Cristo no se puede identificar de ningún modo con el Mesías temporal. Cristo es la manifestación de Dios, antes bien, el mismo Dios bendito por los siglos, que trasciende infinitamente los privilegios de Israel. De quien parte “el nuevo pueblo de Dios”. En un paralelismo inusitado: por designio bondadoso de Dios, en Abraham partió la elección del pueblo de Dios, Israel, así de una manera completamente superior, en Cristo inicia la elección también bondadosa de Dios, de su nuevo pueblo.
Para Pablo el privilegio de Israel consistió esencialmente en habérsele confiado la misión de esperar al heredero prometido a Abraham. Unas prerrogativas, como las promesas y el testamento, sólo alcanzarían su plena realidad por Cristo; otras, comunicaron a la vida religiosa de Israel tal profundidad y valor que hacían de este pueblo, de hecho y de derecho, un pueblo elegido, la porción y heredad de Dios. Todo esto cobraba su verdadera dimensión en su camino hacia Cristo, la Promesa por excelencia.
Según Pablo estos títulos y privilegios convienen a un pueblo. Pero, sobre todo, a un pueblo “ideal”, que sólo lo es, cuando realiza los designios divinos. Las denominaciones más religiosas: Israel, linaje de Abraham, elegidos, llamados, amados, tienden a desligarse de la nación concreta. Del mismo modo, los privilegios no pertenecen al Israel histórico, sino al Israel de Dios, tal como Dios lo había predestinado para preparar los tiempos futuros.
En tal concepción no es de extrañar que lo religioso tenga preferencia sobre lo político. El pueblo, sin dejar de ser pueblo, se conduce como “institución religiosa”, esencialmente consagrada al servicio de Dios.
Además, la noción “de pueblo ideal” va incluida en el movimiento mesiánico y escatológico. Sólo en los tiempos mesiánicos, o al fin de los siglos, realizará plenamente el pueblo de Dios los designios que Dios le ha prefijado. Entonces sus privilegios, la gloria, el culto, la adopción, recibirán su último perfeccionamiento y las promesas y el testamento producirán sus efectos jurídicos. Estos privilegios eran, pues, el pórtico abierto a los tiempos mesiánicos.
¿En qué plano del judaísmo se coloca Pablo con tal doctrina?
El punto de arranque de esta corriente de pensamiento es el profetismo. Como las infidelidades del desierto y de Canaán y los castigos del destierro se han interpuesto entre el ideal de Dios y el pueblo real, el disfrute de los privilegios por Israel se ha diferido hasta los tiempos mesiánicos y escatológicos. En esta atmósfera se mueve Pablo. Tendría una característica nacionalista más amortiguada, con una connotación parecida al fariseísmo primitivo, y a la escatológica que se preocupa del porvenir del pueblo, tanto o más que de la salvación de los individuos, esperando de la intervención de Dios, la realización de un ideal de santidad, en adelante, inaccesible.
Esta tensión entre lo ideal y lo real, que caracteriza la doctrina paulina, se da también en el profetismo, fariseísmo primitivo y literatura apocalíptica. Lo que nos hace ver que Pablo como judío observante conocía esta doctrina, y vivía inmerso en este tipo de religiosidad y fe. Posiblemente al contacto con la fe cristiana y su proceso personal de encuentro (revelación) con Jesús-Mesías vivió un proceso de maduración.
El Pueblo del Nuevo Testamento
Habiendo resaltado los seis puntos anteriores tomados de Rm 9−11 intentaré ahora manifestar cómo Pablo ve a la iglesia de Jesucristo como la continuadora de los, así llamados, privilegios del pueblo judío. Esto mismo lo ve Pablo en estrecha relación con la aparición de los cristianos como pueblo de Dios. En estos capítulos el pensamiento de Pablo todavía es un poco fluctuante, al comparar los privilegios de los cristianos con los del pueblo que le precede.
Es claro que Dios ha permanecido fiel a sus promesas: No es que haya fallado la palabra de Dios. Pues no todos los descendientes de Israel son Israel (9,6). Dios no ha rechazado a su pueblo: Dios no ha rechazado a su pueblo, a quien conoció de antemano. ¿O es que ignoráis lo que dice la Escritura acerca de Elías, cómo se queja ante Dios contra Israel? (11,2). Debido a esta estabilidad de la voluntad divina, los cristianos tienen que injertarse en el pueblo antiguo, para hacerse participantes de sus privilegios. La misma comunidad es conciente de que forma un pueblo y se comporta como tal (1Pe 2,9). No se considera como una nueva organización, sino como prolongación del pueblo de Dios, basta ver el discurso de Pedro después de Pentecostés: …es lo que dijo el profeta: Sucederá en los últimos días, dice Dios: Derramaré mi espíritu sobre toda carne, y profetizarán sus hijos… (Hch 2,16-17) Es verdad, en ese momento toda la comunidad de creyentes estaba formada por judíos. En tiempos de Pablo, especialmente en el contexto de Rm ya la mayoría de las comunidades estaban formadas por gentil-cristianos. Pero se ve claramente como las primeras comunidades cristianas se consideraban continuadoras de la historia y las promesas de Israel.
Pablo considera que Dios ha seguido siempre una misma trayectoria en su conducta, cuyos puntos importantes son: la elección, la promesa, la salvación del resto, la vocación libre y gratuita. Lo que Pablo quiere hacer ver a los cristianos de Roma es, que su llamamiento es simplemente una nueva aplicación del principio de la libre disposición de Dios. Esto es, la elección que Dios ha hecho de ellos, a la que ellos respondieron con la fe en Jesucristo, va siempre encaminada a constituir el mismo pueblo privilegiado.
En su carta Pablo traza una línea Abraham, Isaac, Jacob, Moisés la cual tendrá su continuación en el resto de Israel y en los gentiles. Para que esta línea no se interrumpa, es preciso que los gentiles acepten ser la continuación del resto de Israel, no los de la carne, sino de la promesa y de la fe (Rm 9,8). Pablo no hace sino proyectar el pensamiento de Isaías 55: Mira que a un pueblo que no conocías has de convocar, y quienes no te conocían a ti correrán por amor a Yahvé tu Dios. Pablo está pensando en una comunidad de gentiles que por la fe aceptan entrar en la promesa y la alianza de Dios con Israel, siendo así los continuadores del pueblo de la promesa.
Con dos comparaciones (11,16-24) fija Pablo las relaciones entre judíos y gentiles. La primera nos habla de la preferencia que Dios ha mostrado por el pueblo judío: Y si las primicias son santas, también la masa; y si la raíz es santa también las ramas. Que si algunas ramas fueron desgajadas, mientras tú -olivo silvestre- fuiste injertado en su lugar, hecho partícipe con ellas de la raíz y de la savia del olivo, no te engrías contra las ramas (11,16-17). De él proceden las primicias de la salvación. Sólo él ha sido hallado digno de suministrar la porción santa.
Pero no hay división, ni inferioridad o superioridad, quienes fueron elegidos primero, no serán más santos por ello. La alegoría del olivo le sirve para expresar la realidad del nuevo pueblo de Dios. Asigna a los judíos y gentiles el lugar que les corresponde. Sólo hay un organismo de salvación, un único pueblo de institución divina, Israel, de quien es figura el olivo y cuya raíz santa son los Patriarcas. Los judíos pertenecen por nacimiento (kata. fu,sin 11,21) al sagrado árbol, su árbol (v. 24), los gentiles proceden de un olivo silvestre, para dar fruto, tienen que injertarse en el olivo cultivado ya por Dios desde la elección libre en Abraham.
Pablo acepta el privilegio de Israel y la obra divina realizada en él, para la salvación en Cristo de toda la humanidad. Esta perspectiva en la que la conversión de los gentiles es sólo la continuación de la relación de Dios con su pueblo, y que pone de relieve la unidad del Israel de siempre, del Israel de Dios, Pablo ha comprendido más claramente el plan divino. Podemos ver una continuidad de la obra paulina en Ef2,11-22. El autor de la carta habla de la unidad entre judíos y gentiles en Cristo. Continuando el pensamiento de Pablo, aplicándolo a la realidad de las iglesias de la segunda generación, en las que la presencia de judeo-cristianos era casi mínima, afirma que Dios no ha desposeído a Israel de sus privilegios, gracias a la cruz de Cristo ha hecho que los comparta con todos los pueblos, implantando en el mundo la unidad y la paz religiosa. El autor de Efesios teniendo otra finalidad en su carta utiliza la imagen de la construcción teniendo semejante aplicación: Así pues, ya no sois extraños ni  forasteros, sino conciudadanos de los santos y familiares de Dios, edificados sobre el cimiento de los apóstoles y profetas, siendo la piedra angular Cristo mismo, en quien toda edificación bien trabada se eleva hasta formar un templo santo en el Señor, en quien también vosotros con ellos estáis siendo edificados, para ser morada de Dios en el Espíritu (Ef 2,19-22).
Los cristianos forman el “pueblo nuevo”. Pablo está participando a una renovación de la vida de la iglesia y a un nuevo influjo del Espíritu en el mundo. La realidad cristiana se está convirtiendo en un tertium genus que hace resplandecer el cuadro teológico de la continuidad de Israel. Pablo descubre que se está constituyendo una nueva realidad, no son ni judíos ni gentiles, sino única y simplemente cristianos.
Los profetas habían atribuido al pueblo mesiánico la nota de novedad. Isaías predica un nombre nuevo: Verán las naciones tu justicia, todos los reyes tu gloria, y te llamarán con un nombre nuevo que la boca de Yahvé declarará (62,2). Jeremías habla de una alianza eterna que transformará a Israel para siempre: Pactaré con ellos una alianza eterna —que no revocaré después de ellos— les haré el bien y pondré mi temor en sus corazones, de modo que no se aparten de junto a mí (32,40). Dios dará a Israel una religión interior y completamente espiritual. Pablo interpreta esto en su momento histórico y a la luz de la obra salvadora de Cristo. De ahora en adelante, los cristianos serán el verdadero pueblo de Dios.
Los seguidores de los apóstoles, algunas generaciones después, así lo interpretan. Justino escribe: “Nosotros somos el verdadero linaje de Israel, el linaje espiritual la descendencia de Judá, de Jacob, Isaac y Abraham” . Las comunidades cristianas esparcidas por el mundo romano sienten que se les han transmitido los privilegios del pueblo antiguo. Pareciese que el autor de la carta a Bernabé parafrasease a Pedro (1Pe 2,9s): “Dios nos ha elegido como a un pueblo de su herencia” . Es este mismo autor quien acuña por primera vez la expresión “el pueblo nuevo” . También se llega a poner ambos pueblos en contraposición . Esta oposición con frecuencia se recalca con fórmulas de la Biblia Griega, sobre todo en la liturgia cristiana .
Los cristianos herederos de Dios en Abraham
En la historia y en la religión, el pueblo de Dios tenía un doble origen: había nacido de Abraham y Dios le había elegido como primogénito a la salida de Egipto. Pablo se fijará sobre todo en la cualidad de hijos de Abraham. Sobre el privilegio de ser del linaje de Abraham se injerta el de ser heredero de Dios. A estas ventajas viene a añadirse la adopción divina.
El pueblo de Israel tiene un pensamiento unánime al afirmar este principio: Abraham es el más grande de todos los Patriarcas. La misma Escritura lo dice y lo canta de esta manera:
Abraham fue padre insigne de una multitud de naciones, no se halló quien le igualara en su gloria. Él guardó la ley del Altísimo, y con él estableció una alianza. En su carne selló esta alianza, y en la prueba fue hallado fiel. Por eso Dios le prometió con juramento bendecir a las naciones por su descendencia, multiplicarle como el polvo de la tierra, exaltar su estirpe como las estrellas, y darle una herencia de mar a mar, desde el Río hasta los confines de la tierra. (Sir 44,19-21).
También en este punto Pablo es deudor de su calidad de Israelita observante. Él sabe bien la importancia de Abraham para el Judaísmo, ya que en virtud de su mismo nombre, es el padre del pueblo elegido y de las demás naciones. El punto de partida de la historia del pueblo es la fe de Abraham, pues por haber creído, Dios le hizo heredero de sus bienes. Este aspecto de la fe es el punto de partida también del cristianismo, según veré más adelante. Pablo, en su tesis de la justificación basada en la fe, según la presenta en Gal, saca de esta doctrina del judaísmo el punto de partida para la herencia de Dios en Abraham.
De esta reflexión Pablo desarrolla su pensamiento sobre la herencia del pueblo de Dios en Abraham. Esto es, la herencia que el pueblo judío tenía por ser descendencia de Abraham, ha pasado al pueblo cristiano. Ciertamente la herencia y la adopción en calidad de hijos, enriquecen individualmente a los cristianos, pero como este tema se identifica con el del testamento otorgado a Abraham en favor del pueblo que de él nacería, si los cristianos constituyen el pueblo del Nuevo Testamento, esta herencia y adopción de parte de Dios en calidad de hijos se proyecta por la fe en el pueblo cristiano. Pablo no hablará de los cristianos como “hijos de Abraham” o “linaje de Abraham”, pues ese título estrictamente, y en la carne, sólo convenía al Israel de la carne, esta centralidad en la carne es uno de las deficiencias que Pablo en Rm 9−11 les achaca, él mismo hace extensiva la paternidad de Abraham a los cristianos de la gentilidad cuando en Rm 4,11 dice: [Abraham] recibió la señal de la circuncisión como sello de la justicia de la fe que poseía siendo incircunciso. Así se convertía en padre de todos los creyentes incircuncisos, a fin de que la justicia les fuera igualmente imputada. De esto deduce el mismo Pablo que la paternidad de Abraham hacia los judíos es según la carne, sólo a los cristianos venidos de la gentilidad corresponde según el espíritu.
Deudor de un método rabínico judío Pablo demuestra que la justificación se obtiene mediante la fe, que Abraham es el modelo, el prototipo y el padre de todos los que han alcanzado de este modo su justificación; que él es el padre de los cristianos procedentes de la gentilidad . En los razonamientos de Pablo, la paternidad de Abraham la vemos empleada unas veces como premisa (Rm4,17) y otras como conclusión (Rm 4,12) . Hace eco de la argumentación basada en la solemne frase del Gén17,8: Yo te daré la tierra a ti y a tu linaje. El linaje, heredero de Dios por dicha promesa no es, el pueblo antiguo que se apoya en la Ley, sino solamente los que se confían a la fe, los cristianos (Rm4,13-16) , con mayor precisión —pues el texto está en singular: Y a tu descendencia— la promesa se refería a Cristo y atodos los que en él constituyen un pueblo nuevo (Gá3,16).
Si queremos volver a la argumentación de Gá3,16.19 podemos llegar a la conclusión de dos maneras. La cláusula del testamento decía: Y a su descendencia; este singular se refiere a Cristo y por él, a los cristianos. Por consiguiente, la Ley es sólo un episodio, que tiene lugar cuatrocientos años después del testamento, para que se tenga paciencia en esperar a la posteridad que ha recibido la promesa (v. 19). Por lo tanto ahora y siempre, los cristianos son los herederos de Dios.
Sin embargo, tampoco deriva Pablo de la prerrogativa de descendientes de Abraham o herederos de Dios la noción de filiación. Esto nos daría una filiación jurídica, pero él tiene conciencia de una verdadera filiación, que transforma nuestra naturaleza y que proviene de nuestra unión con Cristo. La adopción de los cristianos se realiza en un plano completamente nuevo, la nueva creación en Cristo. He ahí su origen. Todo lo más que se puede hacer es traer aquí, valga o no, la filiación mística y el tema jurídico de la adopción.
Los judíos eran hijos de Dios en Abraham y, por este título, sus herederos, aunque menores de edad; los paganos todavía no eran más que esclavos. No se puede ser al mismo tiempo esclavo e hijo. De manera que los gentiles todo se lo deben a Cristo. Los judíos ya poseían cierta excelencia, por naturaleza, en lo tocante a la adopción y a la herencia.
Cristo y la iglesia en Ef 1,20-23
Como introducción a una concepción más avanzada de iglesia en los escritos hoy llamados post-paulinos (antilegomena) tomaré el texto de Ef 1,20-23, que me servirá también como preparación e introducción a las siguientes conferencias, en las que tocaré directamente textos de esta carta.
La Carta a los Efesios, como las demás atribuidas a Pablo o sus discípulos, se abre con el saludo inicial o praescriptum epistolar (vv. 1-2), y de improviso es interrumpido para abrir paso al exordio (vv. 3-23). Este exordio esta formado de dos partes. La primera es una alabanza o bendición (vv. 3-14), que por iniciar con eu)loghto\j o( qeo/j es llamada eulogía. Al terminar esta alabanza, según es común en las cartas “paulinas”, el autor hace luego una notificación de oración de acción de gracias y de petición por la comunidad de creyentes receptora de la carta (vv. 15-23). En Ef esta oración tiene características especiales. Es mucho más larga que en otras cartas y concluye con una expresión hímnica: 1,20-23, este es el texto que presentaré.
El material de este reporte de oración se va convirtiendo poco a poco en afirmaciones doctrinales que, tienen como substrato un posible “credo” que era repetido en la liturgia y en la catequesis, lo que explicaría su fuerte contenido parenético y al mismo tiempo su elegante construcción literaria.

   20 h(\n e)nh/rghken e)n t%= Xrist%=
e)gei/raj au)to\n e)k nekrw=n
kai\ kaqi/saj e)n deci#= au)tou= e)n toi=j e)pourani/oij

   21 u(pera/nw pa/shj a)rxh=j kai\ e)cousi/aj
kai\ duna/mewj     kai\ kurio/thtoj
kai\ panto\j o)no/matoj o)nomazome/nou,
ou) mo/non e)n t%= ai)w=ni tou/t%
a)lla\ kai\ e)n t%= me/llonti:

   22 kai\ pa/nta u(pe/tacen u(po\ tou\j po/daj au)tou=
kai\ au)to\n e)/dwken kefalh\n u(pe\r pa/nta tv= e)kklhsi/#,

   23 h(/tij e)sti\n to\ sw=ma au)tou=,
to\ plh/rwma tou= ta\ pa/nta e)n pa=sin plhroume/nou.

 

   20) Con la que él ha actuado en Cristo,
   resucitándolo de los muertos
y  “sentándolo  a su derecha” en los cielos,

 

   21) sobre todo principado  y  potestad
y   potencia   y  señorío;
  y   todo nombre que pueda ser invocado,
no sólo en este mundo
sino también en el venidero.

 

  1. Y “todo puso bajo sus pies”,

y lo    dio  como cabeza sobre todo a la iglesia,

   23)  la cual  es su  cuerpo,
la plenitud  del que todo llena en todo
(llena totalmente el universo)

El texto cobra características dogmáticas, y expresamente cristológicas. Esta podría ser una visión esquemática de conjunto:


 

20)

 

[la fuerza] Con la que él ha actuado en Cristo

 

Dios que ha actuado en Cristo

 

resucitándolo de los muertos
y sentándolo a su derecha en los cielos

Cristo que es Dios

21)

sobre todo principado y potestad
y potencia y señorío
y todo nombre que pueda ser invocado

Cristo sobre las Potencias

 

no sólo en este mundo sino también en el venidero

Dominio espacio – temporal

 

22)

 

Y todo lo puso baso sus pies

Explicitación del poder universal
Cristo sobre todo lo creado

 

Y lo dio como cabeza sobre todo a la iglesia

Cristo, cabeza de la iglesia

23)

la cual es su cuerpo
plenitud del que llena todo en todo.

 


4.1. El verso 20
En el v. 20 el autor comienza presentándonos lo que determina la comunidad cristiana, es decir, la acción salvadora de Dios en Cristo. Introduciéndolo con la expresión con la que él ha actuado en Cristo. Toma el hecho salvador del pasado, que, en continuidad con el lenguaje del reporte de la oración, será descrito con la palabra e)nh/rghken, para manifestar que precisamente esa acción poderosa de Dios en Cristo (la cual es al mismo tiempo dirigida hacia nosotros o a su atención por nosotros) fundamenta e ilumina al creyente.
La expresión de la fe cristológica se articula en dos momentos: la resurrección y la exaltación. La resurrección de Cristo de los muertos es uno de los elementos más antiguos de la fe cristiana:
4.2. Verso 21
La finalidad de la victoria, que Dios ha dado a Cristo exaltándolo, se hace clara con la enumeración de los poderes cósmicos dominados. Cristo, como en una imagen simbólica, señorea desde su resurrección “sobre” todo dominio y potestad. La enumeración de las potencias es un tema que existe en los otros textos paulinos (Col 1,16; 2,10.15; Ef, 6,12; Flp 2,9.11; 1Cor 15,24; Rm 8,38). Tiene la finalidad de elevar la posición del señorío de Cristo, y de hacer ver que no hay nada que se le iguale. El que se mantiene en él se mantiene en el “Cosmocrator” (el que domina el cosmos).
La enumeración de estas cuatro potencias o poderes tiene la intención de aumentar el área de triunfo de Cristo; esto quiere decir que él sobrepasa con mucho toda grandeza en cualquier lugar que ésta se encuentre.
Podría resumirse así: Aquel que será en el futuro el eón manifiesto está ya escondido en la realidad presente. Se ve claramente que el tema central del v. 21 es la universalidad de la superioridad de Cristo.
4.3. Verso 22
Cuando Pablo habla de la omnipotencia dada a Cristo, frecuentemente cita los salmos 110,1 y 8,7, separados o juntos, y hace alusión a pasajes sapienciales (como Pr 8,22-31; Sb 7,22-8,1); estas citas pueden contener algunas analogías con la idea del reinado divino. Dado que el Sal 8,7 dice que Dios ha hecho que el hijo del hombre domine sobre la obra de sus manos y puso todas las cosas bajo sus pies; que la sabiduría (Pr 8,22-31; Sb 9,9; Sir 24,3-5.9) ha participado en la creación, aunque, en sentido estricto, la creación sucede (Gn 1,1) por medio de la palabra, de aquí se puede dar el paso a la doctrina neotestamentaria de Cristo como dominador del universo o primogénito de la creación.
Sobre el verbo di/dwmi podría hacerse una reflexión. Algunos exégetas se resisten a tomar este verbo en forma semítica, reflejando el hebreo }tn (nãtan), que puede tener el sentido de “fijar, nombrar, señalar”. Esto se entiende de forma helénica, es decir, el recibir a Cristo como cabeza sobre todo es un don para la iglesia.
Habrá que notar que el sentido de cabeza no es aquí el fisiológico de principio vital, porque no es puesto, en relación con la iglesia (como en 4,15; Col 2,19), sino que es en su sentido político de Señor al que le está todo sometido (cf. Ef 1,10.20b-22a; Col 1,18; 2,10); ya que está puesto en relación con el cosmos, esta atribución de Cristo es semejante a la de pantokrator. Además, se afirma que precisamente con esta cualidad suya de soberano universal lo dio Dios a la iglesia. Se podría hacer notar que, estrictamente hablando, en esta frase el autor no quiere hacer una afirmación explícita sobre el ser Cristo cabeza de la iglesia.
4.4. Verso 23
Ya se vislumbraba que la dinámica del pensamiento se movía del dominio universal de Cristo sobre las potencias y el cosmos hacia la afirmación sobre la iglesia. Precisamente la preeminencia cósmica de Cristo ha conducido al autor a darle el título de kefalh/ de la iglesia. Partiendo ahora de este título, el centro de la reflexión será eclesiológico, es decir, nos dará la aplicación eclesiológica de la afirmación cristológica de los versos anteriores.
Se dicen de la iglesia dos cosas diversas pero que tienen algo en común:

  1. La iglesia es el cuerpo de Cristo (dicho en una frase relativa).
  2. Ella es la plenitud de quien todo lleva a plenitud.

A la afirmación metafórica: Cristo cabeza de la iglesia ahora el autor le aumenta la afirmación iglesia cuerpo de Cristo. Esta es la primera vez en la carta a los Efesios en donde se usa la metáfora de la cabeza y del cuerpo con toda la capacidad semántica y retórica que ella tiene. Desde el punto de vista de P. Ricoeur: “la metáfora es más que una simple figura que afecta el estilo; en cuanto contiene una innovación semántica, la metáfora incluye una dimensión denotativa o referencial, esto es, ésta tiene el poder de redefinir la realidad”.

  1. El contexto

Si bien en los vv. 20-21 el centro de la oración de tipo hímnico está centrada en Cristo como exaltado sobre todas las potencias, al aparecer en el v. 22 el tema de la iglesia, se nota un cambió en la temática; o posiblemente, como ya lo he notado, el autor quiere llegar a la conclusión de sus reflexiones cristológicas y aplicarlas a la iglesia, ya que será el tema central de la carta. De hecho en el v. 22 le da a Cristo el predicado de Cabeza del universo y como tal lo da a la iglesia. Esto le da pie para llamarla su cuerpo. Estos son los constitutivos de la concepción eclesiológica que el autor desarrollará en el cuerpo de la carta (cf. 4,15; 2,23). La carta a los Colosenses pone el acento en el aspecto de que Cristo es plenificado por Dios; en cambio, Ef lo pone en que la iglesia es plenificada por Cristo, pero ninguna de las dos cartas excluye lo que la otra enfatiza.
Lo que al autor preocupa es la reunificación de toda la humanidad en la misma salvación de Cristo. Es decir, le interesa el tema de la unidad de los Judíos y los gentiles en la única salvación (2,14-22). De donde se ve la importancia que adquiere el tema del cuerpo de Cristo que es la iglesia (1,23; 5,22-32) y la insistencia en la unidad (2,16; 4,4.7-16). El acento pasa de la imagen de Cristo soberano y dominador del universo, al de Cristo cabeza de la iglesia (1,22; 4,15-16; 5,23). Llega a una especie de identificación entre el Pléroma y el cuerpo - iglesia.
En este verso se llamará a la iglesia cuerpo de Cristo y será entendida como el pléroma del que lleva a plenitud el universo. Esa expresión por el momento extraña a nuestros oídos debe ser tomada como aposición a “su cuerpo”, de manera que cuerpo y plenitud son vistas como dos definiciones de la iglesia y el significado sería: así como Cristo es plenificado por Dios así la iglesia es plenificada por Cristo. De las dos expresiones que son empleadas en esta frase, cuerpo de Cristo y plenitud, la segunda es mucho más precisa, ya que la yuxtapone a la primera como explicación.
Se pude observar que lo que se dice en Col 2,9, aun en un sentido muy abstracto, sobre la plenitud de la divinidad, en Ef se habla muy concretamente de la plenitud de Dios o de Cristo, y a través de Cristo en su iglesia.
4.5. Conclusión
El autor pasa de la bendición (1,3-14) al júbilo y a la acción de gracias y luego a la intercesión, pidiendo inspiración, conocimiento y esperanza (1,16-19); continúa con la descripción del poder de Dios desplegado en la resurrección de Cristo, y, finalmente, define el poder de Cristo sobre todas las potencias, como un presupuesto de su función de dominio y dirección sobre la iglesia por el amor.
En la segunda parte del texto hace propiamente la presentación de los temas que tocará en la carta, es decir:
El poder dominador de Cristo, exaltado por Dios sobre todas las potencias, dado como cabeza sobre todo a la iglesia. La realidad de la iglesia, la cual es definida como su cuerpo y plenitud de él, quien llena todo el universo.
La plenitud de Dios se ha establecido en Cristo con toda magnitud y poder. Él es puesto como cabeza de la iglesia, su cuerpo, por lo que le comunica de su plenitud. Así como la iglesia, siendo el cuerpo de Cristo, crece hacia él, su cabeza (4,15s), así también tiende ella hacia la total plenitud de Cristo (4,13). Es, por lo tanto, un proceso dinámico: en esa plenitud son envueltos los cristianos como miembros de la iglesia, es decir, del cuerpo de Cristo. Esto significa, en su contexto, que los cristianos, como consecuencia de su unidad vital con Cristo, toman parte también de la plenitud divina de Cristo, la toman en si y, con esto, se convierten ellos también en plenos. La iglesia y sus miembros son portadores de la plenitud de Dios y de Cristo, la cual, como fuerza viva, actúa y trabaja en ellos. Ellos no son sólo objetos, sino también auténticos actores y cooperadores con esa fuerza viva. Ellos tienen una relación real con esa fuerza, como la relación de Cristo con el pneu=ma (cf. Gá 5,16ss.25; Rm 5,5) y con la xa/rij (cf. 1Cor 3,10; 15,10).
Visto de esta manera, la iglesia es ese lugar que llenará Cristo, en el que actuarán con toda potencia sus fuerzas santificadoras, ese lugar en donde “se ha posado y está presente la plenitud de Cristo”. La relación de la iglesia con el cosmos no será seguramente un simple estar junto a otro sin ninguna interrelación, ya que la iglesia está en el mundo y en él lucha con las potencias enemigas de Dios (6,12) y crece hacia Cristo su cabeza (4,15). La frontera entre cosmos e iglesia no es fija e inmóvil sino dinámica. La iglesia se debe extender cada vez más y tomar en posesión el cosmos, más intensivamente que extensivamente , ya que su crecimiento sucede en reforzamiento interior, especialmente en el amor (4,15) y en el servicio , el cual es el principio de la acción divina contra las potencias del mal. Su acción en el mundo es encarnar la presencia del Dios amor .

 

 

 

 

 

 

 



K. L. Schmidt, Die Kirche, 270ss, y A. Wikenhauser, Die Kirche, 4.

H. Schlier, Der Römerbrief, 282.

La mejor traducción de diaqh,kh, sería “disposition of property by will”, (Lidell – Scott). Ofrece la ventaja de evidenciar el carácter absoluto de la voluntad divina, que siempre hay que mantener: la palabra alianza y la idea que traduce no se han de tomar según su alcance ordinario. Alianza, sí, pero más bien impuesta por Dios a su pueblo, más que ofrecida.

w-n oi` pate,rej kai. evx w-n o` Cristo.j to. kata. sa,rka( o` w'n evpi. pa,ntwn qeo.j euvloghto.j eivj tou.j aivw/naj( avmh,nÅ A quienes pertenecen los patriarcas; de los cuales también procede Cristo según la carne, el cual está por encima de todas las cosas, Dios bendito por los siglos. Amén. (Rm 9,5)

Justino, Dial 11,5.

Bern., 14,4

Bern., 5,7; 7,5 To,n lao,n to,n kaino,n.

Cipriano, Test., 1,19: Quod duo populi praedicti sint, maior et minor.

Cf. Hermas, Sim., 5,5,2s; 1Clem., 59,4; 64.

Aquí y allá, algunas apostillas correctivas mantienen en estado de preeminencia a los judíos. Los gentiles, sólo por un ensanchamiento de la generosidad divina, participan de los privilegios de Israel. Cf. Rm4,16: la promesa se hizo no sólo a los que viven según la Ley, sino a todos los descendientes de Abraham. Recuérdese también la expresión prw/ton (Rm 1,16; 2,9ss) y la fórmula kata. fu,sw aplicada a tos judíos en la descripción del orden de la salvación, al hablar de la alegoría del olivo (Rm11,21-24; cf. Ef2,3).

Abraham fue justificado cuando todavía era incircunciso (Rm4,10); la circuncisión sólo fue ci sello impreso como señal de la justicia adquirida antes por la fe (4,11). Consiguientemente, Abraham es padre de los que creen siendo todavía incircuncisos, de los gentiles (4,11), “padre en circuncisión (espiritual) de los que caminan tras las huellas de la fe en la incircuncisión de nuestro padre Abraham (4,12).

El Apóstol sólo se contenta con reivindicar la herencia de Abraham, cuando podía haber generalizado el argumento y abarcar todas las promesas hechas a los Patriarcas. En Rm17,8, al hablar de las promesas de los patriarcas, su pensamiento se circunscribe a los judío-cristianos: Cristo predice a los judíos, en cumplimiento de las promesas hechas a los Patriarcas. En 1Cor10,1, los “Padres” de quienes los cristianos pueden proclamarse descendientes, no son los Patriarcas, sino la generación del desierto.

R. Schnackenburg, “Gestalt”, 118: “Según 4,15s el acento está más bien en el reforzamiento interno, producido por el dominio de Cristo, su cabeza, sobre la iglesia, la autoconstrucción de ella en el amor. Cf. J. Ernst, Pléroma, 152-154; 169-172.

Cf. Ef 2,7; 3,10; 6,10-20. El papel cósmico en 4,12 se llevará a cabo con el servicio, anota M. Barth, Ephesians, 209, quien, en su n. 335, da este ejemplo: “ella no es obviamente, un globo de hule metido en un tanque de agua e inflado suficientemente hasta sacar toda el agua del tanque”

Cf. Y. Congar, Jésus - Christ, 152: “Ella es en todo momento ta panta, quien después de Dios por Cristo y después de Cristo por la Iglesia, puede llegar a ser la totalidad habitada por la presencia de Dios, esto es, re-existir según Dios, filialmente”.

 

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