EFESIOS II, UN PROYECTO ECUMÉNICO

Edmundo de los Santos García

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SUMMARY:
Before the coming of Christ, humanity was divided in Jews and gentiles. The article shows that in Jesus Christ a new world begins, giving birth to a new ecumenical reality. Jesus Christ brings new peace because, in His cross, He reconciles Jews and gentiles into one body. The new humanity comes forth as a new person in Christ.


INTRODUCCIÓN

En el capítulo segundo de la carta a los Efesios encontramos un proceso de cambio, de una realidad pre-cristiana a una experiencia eclesial del cristianismo de la última parte del siglo primero. La situación anterior de los interlocutores (judíos y gentiles) y la nueva realidad de ambos en Cristo nos sirve de ejemplo para un proyecto ecuménico. El estudio de este texto será como una nueva aplicación de lo ya dicho en la conferencia anterior respecto a la iglesia, ahora ya no en términos objetivos o generales (Cristo y la iglesia), sino concretos, antropológicos y existenciales, refiriéndose directamente a la realidad de sus destinatarios.

Demos un vistazo al contexto

El capítulo segundo de Ef está articulado en dos secciones. La primera vv. 1-10. El autor presenta la salvación en Cristo como un don gratuito: 1Y a vosotros que estabais muertos en vuestros delitos y pecados,…3 entre ellos vivíamos también todos nosotros en otro tiempo… 4Pero Dios, rico en misericordia, por el grande amor con que nos amó, estando muertos a causa de nuestros delitos, nos vivificó juntamente con Cristo -por gracia habéis sido salvados- … 8Pues habéis sido salvados por la gracia mediante la fe; y esto no viene de vosotros, sino que es un don de Dios;… 10En efecto, hechura suya somos: creados en Cristo Jesús, en orden a las buenas obras que de antemano dispuso Dios que practicáramos. La segunda vv. 11-22 el redactor toca precisamente el punto ecuménico: judíos y gentiles reconciliados entre sí y con Dios en el Cuerpo de Cristo en Cruz.
Estas dos partes forman un paralelismo ascendente, unidas también por un esquema temporal: “entonces - ahora” (pote, & nuni,). En la primera sección, vv. 1-10, el tema es la misericordia de Dios, que separa un pasado de pecado vv. 1-3 de un presente de gracia 4-10. En la segunda sección, vv. 11-22, el punto de relación es la cruz de Cristo, en cuanto manifestación histórica de la misericordia de Dios.
La primera sección describe la salvación en términos generales como paso de la muerte a la vida: 5estando muertos a causa de nuestros delitos, nos vivificó juntamente con Cristo -por gracia habéis sido salvados; la segunda ve la salvación como reconciliación de los dos grupos religiosos del mundo antiguo: judíos y gentiles (vistos y llamados así desde el lente de los judeocristianos) - quienes con frecuencia vivían en una mutua actitud polémica. El dio/ (por lo cual, o así que) del v. 11 se refiere al concepto fundamental de la sección precedente; esto da un punto de unidad entre ambas partes, con lo que al mismo tiempo, continúa la reflexión en este sentido, haciendo patentes las consecuencias comunitarias de haber sido salvados, especialmente en relación a Israel.
Los versos 11-12 ponen el fundamento como contraste entre la situación pre-cristiana de los oyentes en relación con Israel y su presente cristiano: 11Así que, recordad cómo en otro tiempo (pote,) vosotros, los gentiles según la carne, llamados «incircuncisos» por la que se llama «circuncisión» -por una operación practicada en la carne-. Recuerda a los interlocutores gentiles (lejanos makra,n) los privilegios que han recibido al haber sido acercados por la muerte de Cristo: 12 estabais a la sazón lejos de Cristo, excluidos de la ciudadanía de Israel y extraños a las alianzas de la promesa, sin esperanza y sin Dios en el mundo. Al mismo tiempo, se descubre una correspondencia antitética con los vv. 19-22. En éstos se describe casi exactamente los contrastes. Erais extranjeros, ahora … ya no sois extraños ni  forasteros “Excluidos de la ciudadanía de Israel” (v. 12), ahora conciudadanos de los santos. “Lejos de Cristo... sin Dios en el mundo” (v. 12), ahora familiares de Dios (v. 19).
La parte central del texto lo forman los vv. 14-18 (ver el texto adelante), los cuales son introducidos en el v. 13 con los términos “lejanos - cercanos” (makra,n - evggu,j), que son una reminiscencia de Is 57,19: ¡Paz, paz al de lejos y al de cerca!, se está hablando de paz para dos grupos semejantes. Antes de introducir la cita de Isaías, prepara el camino para ese tipo de paz. Todo esto es posible por la intervención histórica y salvífica de lo realizado en Cristo, esto es, por la cruz. En el centro de la perícopa se encuentra una larga confesión (profesión) de fe de carácter cristológico, que fundamenta el resultado que describirá en las conclusiones de los vv. 19-22.
Gramaticalmente esta estructura está sugerida por dos elementos característicos: la adversativa nuni\ de/ (pero ahora, en Cristo) del v. 13, que separa los precedentes vv. 11-12, introduciendo al mismo tiempo la parte central: y la conclusiva a)/ra ou)=n (así pues) del v. 19, que también separa la última sección (vv. 19-22) de los precedentes vv. 14-18, pero simultáneamente recoge la idea de novedad vislumbrada ya en el v. 13, para presentar la antítesis de los primeros versos. El redactor finca la conclusión de esta sección (vv. 19-22) en una refinada digressio cristológica en los vv. 14-18.
La perícopa que interesa por el tema ecuménico es 14-18, está en la segunda parte del capítulo (11-22), que tiene tres partes. En su contexto se presenta de esta manera:

  1. vv. 11-13. La presentación pone a la luz la antítesis entre los gentiles y la comunidad de Israel. 11-12 presentan la primera parte del esquema temporal de entonces y ahora; el v. 13 expone la segunda parte de dicho esquema: “el ahora”, en el que los gentiles llegaron a ser cercanos en la sangre de Cristo.
  2. vv. 14-18. Al nombramiento de Cristo en el v. 13 se une la segunda parte con el porque él (au)to\j ga/r), la cual pone de manifiesto la importancia de Cristo para la unión de los dos grupos de la humanidad y la nueva situación de la salvación.
  3. vv. 19-22. Estos vv. son la antítesis de la primera parte y al mismo tiempo la conclusión de todo el capítulo. Presentan la situación eclesial de los destinatarios: ahora son conciudadanos de los santos y familiares de Dios

Composición de la disgressio cristológica vv. 14-18

Es una unidad, cuyo sujeto, del inicio al fin, es Cristo, separándose así de los vv. 13 Mas ahora, en Cristo Jesús, vosotros, los que en otro tiempo estabais lejos, y 19 Así pues, ya no sois extraños ni  forasteros, en donde el sujeto son los destinatarios. En cuanto a la composición el texto es tripartito.
La primera parte (14-15a), la cual regirá toda la perícopa, es una proposición cuyo sujeto es un au)to/j, (refiriéndose a Cristo, v. 14), colocado al inicio con particular consideración. Esta frase es tema general de todo el trozo: Porque él es nuestra paz, el que ha hecho de ambos una sola cosa, y ha derribado la barrera de muro divisorio, ha anulado en su carne la enemistad, 15 la ley hecha de preceptos y decretos,
La segunda parte (15b-16) está formada por una frase final en dos miembros relacionados por un kai//: 15bpara crear de los dos en sí mismo un solo hombre nuevo, haciendo la paz 16 y para reconciliar a ambos en un solo cuerpo con Dios por medio de la cruz, destruyendo en sí mismo la enemistad.
La tercera parte (17-18), usando un participio unido a un verbo finito, es el medio de comunicación para introducir, finalmente, la cita indirecta de Isaías, que había ya enunciado en el v. 13. Como en el v. 14, es Cristo el sujeto de la frase. 17 Y con su venida proclamó la buena noticia de la paz a vosotros los lejanos y de la paz a los cercanos, 18 porque por medio de él tenemos ambos el acceso en un solo espíritu al Padre. La cual presenta la consecuencia de la acción pacificadora de Cristo, se expresa en primera persona plural, haciendo la conclusión final más existencial. Como en la parte anterior, toma palabras de la precedente, para hacer un mejor contacto con ella; en este caso, corresponde e)n e(ni\ pneu/mati al e)n e(ni\ sw/mati del v. 16a, haciendo así marcada la consecuencia eclesiológica de toda la perícopa.
De esta manera se ve claro que el centro de la digressio cristológica lo forma la frase introducida con el i(/na final (vv. 15b-16) con sus dos miembros.

I. (14) Au)to\j ga/r e)stin h( ei)rh/nh h(mw=n,
o( poih/saj ta\ a)mfo/tera e(\n
kai\ to\ meso/toixon tou= fragmou= lu/saj,
th\n e)/xqran e)n tv= sarki\ au)tou=,
(15a) to\n no/mon tw=n e)ntolw=n e)n do/gmasin katargh/saj,

II.(15b) i(/na tou\j du/o kti/sv e)n au)t%= ei)j e(/na kaino\n a)/nqrwpon
  poiw=n ei)rh/nhn
(16) kai\ a)pokatalla/cv tou\j a)mfote/rouj e)n e(ni\ sw/mati t%= qe%= dia\ tou= staurou=,
  a)poktei/naj th\n e)/xqran e)n au)t%=.

III. (17) kai\ e)lqw\n
eu)hggeli/sato ei)rh/nhn u(mi=n toi=j makra\n kai\ ei)rh/nhn toi=j e)ggu/j:
(18) o(/ti di' au)tou= e)/xomen th\n prosagwgh\n oi( a)mfo/teroi e)n e(ni\ pneu/mati pro\j to\n pate/ra.

I. (14)  Porque él es nuestra paz,
el que ha hecho de ambos una sola cosa,
y ha derribado la barrera de muro divisorio,
ha anulado en su carne la enemistad,
(15a) la ley hecha de preceptos y decretos,

II. (15b) para crear de los dos en sí mismo un solo hombre nuevo,
haciendo la paz
(16) y para reconciliar a ambos en un solo cuerpo con Dios por medio de la cruz,
  destruyendo en sí mismo la enemistad.

III.  (17) Y con su venida
proclamó la buena noticia de la paz a vosotros los lejanos y de la paz a los cercanos,
(18) porque por medio de él tenemos ambos el acceso en un solo espíritu al Padre

El pensamiento central: Cristo nuestra paz, condujo, en su persona, por medio de la muerte en cruz, a los dos grupos de la humanidad que hasta ahora estaban divididos, judíos y gentiles, a una unidad indisoluble, destruyendo así la antigua enemistad, será siempre iluminado y profundizado con nuevas frases y explicaciones. En el centro del esquema sitúa a Cristo, quien en su carne produjo la paz, y a través de la cruz destruyó (mató) la enemistad en sí mismo. Con su hecho transformante, Cristo hace pasar a los cristianos de un estado al otro; así, como en un espiral de pensamiento, se van profundizando e iluminando las frases una con la otra.
Esta estructura se puede ver claramente en las dos primeras partes del texto (I-II); ambas están marcadas por la oposición paz y enemistad. Cristo, en su persona, en su carne (14c), a través de la cruz (16a) supero la enemistad y trajo la paz. Las dos partes de la humanidad las llevó Cristo a la unidad (14ba). Esto se ve también en la segunda parte: en su persona de los dos creó él un solo hombre nuevo (15ba), reconciliándolos en un solo cuerpo con Dios (16a). A través de la reconciliación con Dios destruyó (mató) la enemistad que existía entre ellos.

Del centro de la perícopa, la doble frase fina (vv. 15b-16): para crear en él un solo hombre nuevo y para reconciliar a ambos en un solo cuerpo con Dios por medio de la cruz, deduce la conclusión de los vv. 19-22: ya no sois extraños ni forasteros, sino conciudadanos de los santos y familiares de Dios. Inmediatamente después, en la proyección eclesiológica, dice: siendo la piedra angular Cristo mismo, con lo que hace relación a la obra realizada por Cristo en su cruz. Además, la imagen del templo santo como la edificación bien trabada se completa con la figura de en un solo cuerpo del v. 16.

 

Un proyecto ecuménico en Cristo, vv. 14-18

Los vv. 11-12, sirven como una introducción, presentan la situación de los gentilcristianos antes de convertirse al cristianismo, en contraste con la situación de los judíos. El v. 13 muestra el cambio positivo que se ha realizado en Cristo; y los vv. 14-18 definirán en qué consiste este cambio positivo.

La realidad pre-cristiana, vv. 11-13

El redactor presenta a sus lectores cristianos venidos del paganismo, la magnitud de su llamado en el “ahora” en que se encuentran (nuni/ ahora v. 13). Lo hace desde un punto de vista eclesiológico; por lo tanto, también comunitario. Les hace recordar su pasado, 11 Así que, recordad cómo en otro tiempo (dio\ mnhmoneu/ete o(/ti pote/ v. 11), la realidad histórica anterior, no subjetiva ni concretamente; es decir, no hace un recuerdo de los pecados personales, sino simplemente de la situación histórica general. Los gentiles no formaban parte del pueblo de Dios y, por lo tanto, no tomaban parte en la salvación. Entonces había circuncisión e in circuncisión. Con la forma en que él usa el término, por la llamada circuncisión hecha en la carne por manos humanas (u(po\ th=j legome/nhj peritomh=j e)n sarki\ xeiropoih/tou), hace palpable que tanto una como la otra, es decir, circuncisión e in circuncisión, son categorías humanas que en el hoy del cristianismo no tienen ya significado alguno y, por lo mismo, no pueden dar ninguna garantía o ventaja para uno u otro grupo. De todos modos, el redactor, al ver la realidad en retrospectiva, desde el punto de vista de la iglesia - la cual, basada en el hecho salvífico de Cristo, la contempla como la realización del Pueblo de Dios -, habla de estos dos términos como categorías cerradas en sí mismas y que sirven de frontera entre dos campos básicamente distintos. Véase simplemente como presenta la frase: vosotros los gentiles en la carne,... estabais en aquel tiempo separados de Cristo (u(mei=j ta\ e)/qnh e)n sarki/,... h)=te t%= kair%= e)kei/n% xwri\j Xristou=). Los gentiles estaban, por lo tanto, lejos y separados de Cristo; los judíos, no. Es decir, el grupo enmarcado en la circuncisión vivía en el “Israel”, eran conscientes de ser llamados a formar parte del pueblo de Dios. Los gentiles, por el contrario, estaban separados de la comunidad de Israel (a)phllotriwme/noi th=j politei/aj tou= )Israh/l: v. 12), extraños por lo tanto, a las disposiciones de la promesa (ce/noi tw=n diaqhkw=n th=j e)paggeli/aj). Aquí es importante hacer notar la ausencia total, en este texto y en toda la carta, de la palabra lao/j. Cuando el autor hace la oposición entre estos dos grupos de pueblos, o mejor dicho, entre Israel y los demás pueblos, es decir, entre Israel y los gentiles, usa para éstos la palabra ta\ e)/qnh y significativamente le aumenta la especificación e)n sarki/, y, para definir la oposición o la diferencia entre estos dos grupos, utiliza los términos totalmente característicos del judaísmo: in circuncisión y circuncisión (a)krobusti/a y peritomh=j ),los cuales tienen directamente relación con la carne, con la separación de unos y otros y precisamente con la concepción que Israel tenía de sí mismo como pueblo, separado de los demás basándose solamente en la alianza marcada en la carne (aquí señalada peyorativamente e)n sarki\ xeiropoih/tou) y no en la promesa, como se verá más adelante. Es, por esto, significativa la ausencia de este término lao/j en toda la carta, lo que refuerza, en cambio la presencia del término sw=ma, como expresión de esta nueva realidad, de la cual el autor quiere hacer conscientes a sus interlocutores.
En resumen, según la forma de ver del escritor, había una diferencia profunda entre estos dos grupos de gente. En el v. 12 presenta esta diferencia en cinco puntos característicos :
- Los gentiles no tienen Mesías
- Privados de la “politeía”, la ciudadanía de Israel.
- No tienen la promesa, el compromiso que Dios ha tomado por su pueblo.
- No tienen la esperanza, en la plena revelación de la salvación en la historia.
- Sin Dios en el mundo, están separados de la vida de Dios (Ef 4,8).
El v. 13 hace un cambio en el pensamiento, presentando la antítesis, sea en el campo temporal, como en el campo del contenido. Expresa en forma de tesis este cambio, diciendo dos cosas: lo que ha sucedido, esto es, el acercamiento de los que en otro tiempo eran gentiles; y el cómo ha sucedido, “en Cristo Jesús”.
Pero ahora en Cristo Jesús (nuni\ de\ e)n Xrist%= )Ihsou=) tiene un efecto similar a pero Dios (o( de\ Qeo/j) de 2,4, con lo que se anuncia el cambio dramático en la situación de los gentiles. También este en Cristo Jesús indica la situación opuesta al xwri\j Xristou=, separados de Cristo del v. 12, haciendo claro que el cambio se ha realizado en base a lo que Dios ha hecho en Cristo y a los creyentes que están incluidos en él. La afirmación del v. 13 se podría plasmar, en una forma preñada, de esta manera: “ahora estáis vosotros en Cristo Jesús: vosotros, los que una vez estabais lejos, os habéis acercado en la sangre de Cristo”. Así se manifiesta el llamado de Dios, como promesa (e)paggeli/a) que se ha realizado en Cristo. Para los judíos, en su campo, dada su tendencia viva, esto es, su esperanza (los gentiles no tenían ésta: e)lpi/da mh\ e)/xontej); esta esperanza y tendencia se ha manifestado, se ha cristalizado en la iglesia; además, en la esperanza de salir de la situación de pecado en la que vivían (2,3). Para los gentiles, en cambio, la situación era totalmente diversa. En su campo, no brillaba la luz de la promesa ni el ser parte del “Israel”. Estaban abandonados a las fuerzas de este mundo, sin Dios y, por lo tanto, sin esperanza. Hechos conscientes de este callejón sin salida en que se encontraban, ahora pueden entender, los entonces llamados gentiles, lo que significa haber sido acercados a Dios en Cristo, vosotros los que en otro tiempo estabais lejos, habéis llegado a estar cerca en la sangre de Cristo (u(mei=j oi(/ pote o)/ntej makra\n e)genh/qhte e)ggu\j e)n t%= ai(/mati tou= Xristou=) . Este texto supone una mentalidad judeo-rabínica, pero reinterpretada cristianamente, esto es, eclesiológicamente, ya que el redactor no quiere decir que los que eran gentiles ahora son judíos. Sólo en Cristo se realiza este verdadero cambio de “lejanos a cercanos”. Además, habrá que notar que los judíos no simplemente por ser judíos eran “cercanos”, o los gentiles sólo por serlo eran “lejanos”. Los judíos eran “cercanos” en la medida en que vivían en la esperanza en la “promesa”. Por esto, puede decir el autor que los gentiles ahora se convirtieron en “cercanos”, porque ahora en Cristo (e)n Xrist%=) forman parte de la iglesia. Ellos están ahora en una comunidad, en la que la esperanza, esto es, la “promesa” ya se ha realizado.

El presupuesto ecuménico 14-15a

Cristo está en el centro del discurso: en el v. 14: “Cristo es nuestra paz” y, al final, en el v. 18: “en él tenemos libre acceso al Padre”; la paz entre los anteriores enemigos vendrá juntamente con su ser reconciliados ambos con Dios (v. 16). El saludo a los cristianos de la gentilidad fue iniciado en v. 11 y continuado en v. 17, pero sólo hasta el v. 19 llegará a su cumplimiento. Aquí está precisamente el objetivo ecuménico del texto. El autor juega sobre esta diversidad de orígenes, para decir que ahora en Cristo toda diversidad ha sido superada bajo todos los puntos de vista, es decir, histórico, cultural y religioso. Quiere hacer conocer a sus lectores venidos del paganismo que su salvación no ha sucedido en un vacío histórico, sino que tiene un lugar en la historia. Es decir, ellos han entrado a la heredad de Israel.

Él es nuestra paz

La paz está irremisiblemente unida a él. La paz de la que se hablará no es un sistema, ni una teoría filosófica, sino que está impregnada de la persona de Cristo, aún más, se identifica con él. La frase “Cristo es nuestra paz”, desde el punto de vista formal, reclama otras semejantes, como: Col 1,27: h( e)lpi\j th=j do/chj, o la de Col 3,4: él es h( zwh\ h(mw=n (cf. 1Cor 1,30). Desde el punto de vista del contenido, esta solemne definición de apertura recuerda algunos textos mesiánicos, como: “Y es llamado... príncipe de la paz” (Is 9,5), “y él será la paz” (Mi 5,4). Este “nuestra paz” tiene paralelos en la tradición rabínica, en donde la paz es aplicada al Mesías. Según estos indicios, se está hablando de la paz en el sentido hebraico, como el {Olff$, el cual significa una situación general de realización y bienestar que es sinónimo de salvación.
Pero ese reunirse de dos grupos “antagónicos” (en la iglesia) representa el punto inicial de una realidad o situación que trascenderá; la frase 14 Porque él es nuestra paz tiene en si incoativamente la afirmación: 17 Vino a anunciar la paz: paz a vosotros que estabais lejos, y paz a los que estaban cerca. Esta “paz” supone la reconciliación con Dios. En el fondo, son dos caras de una misma moneda. Según la construcción lógica del texto, ofrece en la primera parte el tema de “Cristo paz” entre judíos y gentiles, para luego dar el salto a la segunda parte: “Cristo paz” para judíos y gentiles con Dios.

Cristo ha derribado la barrera del muro divisorio

La unificación de las dos esferas en una sola ha sucedido, porque Cristo ha destruido la barrera del muro divisorio.

El muro como una metáfora de la ley

El muro divisorio es una metáfora de la ley mosaica, relacionado con ha anulado en su carne la enemistad, 15 la ley hecha de preceptos y decretos. Dada la realidad de Israel en relación con los gentiles sería una cosa muy común el ver la ley como un muro o cerca, que impone, a los judíos, por un lado, una separación de los otros pueblos, viéndolos como manchados o impuros . A los gentiles, por otro lado, les impide formar parte de ese grupo “de elegidos” y, por eso, los hace sentirse rechazados. Este muro impenetrable y cerca férrea, con la que Moisés separó a los judíos de los gentiles, es según este tipo de figuras, la ley (o( no/moj), con todos sus cláusulas y mandamientos . Esto explicaría por qué la ley está tomada como un factor de enemistad.

Cristo ha anulado en su carne la enemistad, la ley hecha de preceptos y decretos.

Manifiesta inmediatamente, en forma de aposición la enemistad (th\n e)/xqran), que esto que divide se manifiesta como enemistad, y así es experimentado por ambos grupos judíos y gentiles.
¿En qué medida o de qué manera pondrá Cristo fuera de función la ley? Lo hace ver con en su carne, e)n t$= sarki\ au)tou=. En esta construcción la preposición e)n tiene un significado instrumental. Se trata de la misma acción salvífica retomada más adelante: 16y para reconciliar a ambos en un solo cuerpo con Dios por medio de la cruz,( dia\ tou= staurou=), se descubre aquí el movimiento del pensamiento, que va dando explicación a lo presentado en el 13… por la sangre de Cristo (e)n t%= ai(/mati tou= Xristou=). Estos términos recuerdan el texto de Col 1,22: en su cuerpo de carne, mediante su muerte. Estas referencias confirman que está hablando del sacrificio de Cristo en la cruz. Además, en la literatura paulina se usan ocasionalmente como sinónimos intercambiables “sangre - cuerpo - carne”, como también combinaciones de éstos: “sangre y cuerpo” o “sangre y carne”, como designación del sacrificio de Cristo. Difícilmente podría referirse a toda la vida de Cristo.
Así también Cristo, con su carne, es decir, con su muerte en cruz rompe esa división y hace de los dos campos (grupos) uno solo, en un solo cuerpo (v. 16), ante lo cual la ley con sus mandamientos no tiene ya nada que hacer. Por esto, Cristo, a través de su muerte en cruz hace que la ley pierda su poder. Los dos campos divididos por la ley ya no tienen ninguna cosa en que oponerse; ahora existe solo un campo (e(ni/).
Ahora bien, visto desde la eclesiología de Ef, especialmente en este texto, lo específicamente judío de la ley, esto es, su manifestación ritualístico - cultual produce dos campos, dos esferas en la humanidad: circuncisos e incircuncisos (v. 11). Con lo cual los gentiles, a causa de “esa ley” (específicamente judía, “hecha de preceptos y decretos”, especialmente la circuncisión y demás prescripciones rituales) quedan excluidos de la promesa, 12… extraños a las alianzas de la promesa (ce/noi tw=n diaqhkw=n th=j e)paggeli/aj). Por eso, según esta concepción, Cristo tenía que destruir esta ley, para crear de ambos uno solo. Con esto queda claro que Cristo no destruye la ley en cuanto tal, sino en cuanto que causa de división y, por lo tanto, es obstáculo para la promesa.

Cristo centro de todo proyecto ecuménico 15b-16

Con la descripción objetiva de la cruz de Cristo, en esta parte central, definirá su finalidad
Se nota una oscilación del “uno” cristológico al “uno” eclesiológico, lo cual se expresa con el sobreponerse de lo individual y lo social, del “ambos” y del “uno”. Esto es una relación intrínseca entre Cristo y la iglesia: en él se descubre a ella, y cuando se ve a ella, se encuentra a Él.

Para crear de los dos en sí mismo un solo hombre nuevo

Vuelve al tema de la unidad de los dos “campos” (judíos y gentiles). Le da una profundidad mayor, ya que usa tres términos que le imprimen una característica peculiar: el término crear (kti/zw); y especifica: “en sí mismo” (e)n au)t%=), marca el papel central que Cristo juega en esta acción, misma que perdura en Él; esta realidad (unidad) la define como un hombre nuevo (kaino\n a)/nqrwpon); se hubiera esperado, más bien, “pueblo”, ya que se ha venido hablando de dos grupos de gentes (ta\ e)/qnh, circuncisos e incircuncisos, los cercanos y los lejanos).
Lo central es que de la acción de crear resulta algo totalmente nuevo, que va más allá del ser solamente gentil o judío. El texto define la acción como una “creación” atribuida a Cristo. Esta comunidad no es sólo una continuación o desarrollo de Israel, sino, de acuerdo al pensamiento del autor, es una nueva creación la que se produce. El resultado es una nueva persona, que reemplaza en Él mismo las dos entidades antiguas, judíos y gentiles (vv. 11-13).
A esto mismo lo llamará en 3,6: la revelación del misterio, esto es, el llamado a los gentiles a ser coherederos (sugklhrono/ma) miembros del mismo cuerpo (su/sswma) y copartícipes (summe/toxa) de la misma promesa en Cristo por medio del evangelio . Por lo que el contenido central del misterio será la participación de los gentiles a la promesa, formando una sola iglesia de judíos y gentiles en Cristo .
Por lo tanto, los componentes del musth/rion son:

  1. Las naciones (los gentiles) son los destinatarios de este anuncio, esto es, la impenetrable riqueza de Cristo.
  2.  La extensión máxima del musth/rion es toda la economía del plan de Dios, esto es una relectura de lo que Dios ha hecho por nosotros.
  3. El musth/rion ha sido revelado para ser dado a conocer: 10 para que la multiforme sabiduría de Dios sea ahora manifestada (gnwrisq$=) a los principados y a las potestades en los cielos, mediante la Iglesia.
  4. El contenido propio del musth/rion: que por medio del evangelio, los gentiles junto con los judíos se convirtieron en coherederos, miembros de un mismo cuerpo, coparticipes de la promesa en Cristo . Todo esto sucede por medio de la cruz, según Ef 2,16.

Con la expresión en sí mismo (e)n au)t%=) , que luego se verá reflejada en un solo hombre nuevo (ei)j e(/na kaino\n a)/nqrwpon ), afirma que Cristo crea de los dos grupos (que ahora han dejado de tener razón de ser) un solo hombre en sí mismo. Sería como él mismo con una nueva dimensión.
Este hombre nuevo es Cristo, ya que él se hace presente en la iglesia y la realiza. Cristo la ha creado en sí mismo. Cristo y la iglesia no serán por esto idénticos; la iglesia es fundada en él y debe crecer hacia él (Ef 2,21; 4,13.15), esto lo tocaré en la siguiente conferencia. Cristo como cabeza del cuerpo (Ef 1,22; 4,15; 5,23) permanece su fuente y base (Ef 2,20).
El término a)/nqrwpoj es usado, porque el autor, con el uso del verbo kti/zw, seguramente pensó en el acto creador que produjo al primer hombre (Gn 1,26s), con el cual apareció en el universo algo totalmente nuevo, la humanidad. Lo cual es confirmado por el uso del kaino/j, que indica una criatura absolutamente nueva (kainh\ kti/sij 2Cor 5,17; Gá 6,15), término que tiene connotación escatológica. Así kaino/j se convierte en la palabra de reconocimiento de la realidad de la salvación efectuada ya en Cristo.
Lo que en Col es presentado como un universo compuesto de dos esferas (“lo que está en los cielos y lo que está en la tierra” 1,16; cf. 1,20) lo interpreta el autor de Ef de forma eclesiológica, aplicándolo a judíos y gentiles.

Para reconciliar a ambos en un solo cuerpo con Dios por medio de la cruz

Cristo no sólo ha unido en sí mismo en el único hombre nuevo los dos grupos de la humanidad, judíos y gentiles, sino que los ha reconciliado con Dios, como seres unidos a él. Todo esto ha sucedido en un único hecho, “por medio de la cruz”. El factor cristológico del ciclo anterior e)n au)t%=, será ahora concretizado con el dia\ tou= staurou=. Precisamente esta donación amorosa en la cruz produce la reconciliación expresada de forma casi única con el reconciliar (a)pokatalla/cv). Esta reconciliación actúa la nueva creación, “porque el amor recíproco es fecundo de vida”. Ahora el hombre nuevo es expresado con el e)n e(ni\ sw/mati, esto es, en el mismo cuerpo de Cristo, que se amplía en la iglesia, formada indivisiblemente en Cristo por ambos (tou\j a)mfote/rouj); se realiza la reconciliación, matando (habiendo matado) en sí mismo la enemistad.

  1. a)  Para reconciliar a ambos

La acción de Cristo no reconcilia a dos partidos en lucha, sino que conduce a los que necesitan esta reconciliación hacia alguien que está sobre toda discordia y, por lo tanto, que no necesita ser reconciliado; son los dos (tou\j a)mfote/rouj) los que necesitan ésta. Se debe notar que aquí no se habla de la reconciliación entre ambos, sino de la reconciliación de ambos con Dios , lo cual sucede a través de la cruz de Cristo. La única acción de la que habla este texto es el hecho cristológico de la cruz: en su sangre” de v. 13 y en su carne del v. 14.

  1. b)  En un solo cuerpo

En un solo cuerpo reconcilió Cristo la humanidad dividida con Dios. En esta expresión en un solo cuerpo habrá que descubrir una tensión temática entre la unidad y la multiplicidad, esto es, entre el cuerpo de Cristo individual que al mismo tiempo es el cuerpo de Cristo eclesial, que abarca la pluralidad, sea de los dos grupos en nuestro texto que de toda la humanidad en general, y, al mismo tiempo, cada individuo en sí. Así podría decir, con H. Schlier , que “no se puede ignorar que en el cuerpo de Cristo en la Cruz, que ha asumido en si judíos y gentiles y los ha reconciliado con Dios, está presente virtual y potencialmente la iglesia” y con R. Schnackenburg : “la unión de la iglesia con Cristo es tan profunda y fuerte, que ella está ya presente en la cruz como nueva creación, como la única humanidad redimida”.
Esta nueva creación que brota de la cruz de Cristo es la iglesia, por lo que él no es solo mediador de la iglesia sino creador de ella misma por su donación en cruz.
Por esto, puedo concluir, al final de este apartado, que la afirmación: en un solo cuerpo (e)n e(ni\ sw/mati) es mejor entenderla como una tensión temática entre Uno (Cristo) y muchos. “El cuerpo es el de Cristo en la cruz y juntamente con el de la comunidad cristiana ”. Esto abraza y expresa los dos temas tratados en esta perícopa: la paz en el único cuerpo de Cristo y la reconciliación. De esta manera en forma de espiral se manifiesta la profundidad del misterio de la iglesia, la cual depende totalmente de su asociación e identificación con Cristo.

 

  1. c)  Dando muerte en sí mismo a la enemistad

Con esta frase participial concluye la afirmación cristológica: dando muerte en sí mismo a la enemistad (avpoktei,naj th.n e;cqran evn auvtw/|), al mismo tiempo que evoca la primera afirmación sobre Cristo: poiw=n ei)rh/nhn, con la que termina el v. 15. La primera afirmación recuerda a él es nuestra paz (v. 14), y la actual refleja: destruyendo en su carne la enemistad (vv. 14d-15a). Con esto se hace bien claro el tema que preocupa al autor: la unidad entre judíos y gentiles, haciendo la paz en Cristo mismo, destruyendo la enemistad.
Esta, por así decir, doble enemistad fue superada. La enemistad entre la humanidad misma será superada en la conjunta paz con Dios. Con esto, la frase del tema central: “Cristo es nuestra paz” toma su plenitud. La paz entre los hombres es sellada con la paz con Dios .
Esto significa que no se puede reconciliar con Dios, si no se reconcilia también con los hombres (cf. Mt 5,23-24), y viceversa, la reconciliación entre los hombres nos lleva siempre más cerca de Dios. Así expresa el autor que en Cristo es superada toda barrera de orden religioso, racial o cultural.
La donación de Cristo en la cruz tiene, por lo tanto, dos consecuencias: una destructiva, esto es, la superación de la antigua ley en su carne, y una creativa, el crear la única nueva humanidad.

Por Cristo todos tenemos el acceso en el Espíritu al Padre 17-18

Unidos los dos en Cristo, tienen ambos el acceso en el Espíritu al Padre. Esto es, la paz entre ambos lleva consigo la paz con Dios y, como consecuencia, ambos tienen en Cristo el camino abierto hacia el Padre .

Con su venida, proclamó la buena noticia de la paz a vosotros los lejanos y paz a los cercanos

El autor presenta una interpretación cristológica de Is 57,19. Él no anuncia que el reino de Dios esta por venir, sino que lo proclama, lo exulta como efectivamente presente.
Se debe pensar, dada la relación del contexto con el por medio de la cruz (dia\ tou= staurou=) del v. 16, en la acción única de la cruz de Cristo. Cristo muriente en la cruz no sólo proclama la paz, la realiza.
El mensajero que “vino” de Dios y que existe “en la carne” se manifiesta ahora como el mensajero escatológico, que, en el asumir la “carne” hasta sus últimas consecuencias, se convierte él mismo en realidad escatológica creadora y proclamadora de “la paz”.
El redactor piensa aquí, en primera línea, en la “paz” que, a través de Cristo, existe entre Dios y la humanidad. Entre Dios y los entonces judíos y gentiles.

Porque por medio de él tenemos ambos el acceso en un solo espíritu al Padre

El término prosagwgh (entrada, comunicación, paso) es usado en el campo religioso para indicar el ofrecimiento de los dones. De esto se deduce que la imagen del acceso al Padre es de origen litúrgico. Toda la existencia cristiana se desarrolla frente a Dios y es como un culto dado a él a lo largo de la común identidad humana y eclesial, en donde las diferencias y barreras no juegan ya ningún papel.
La situación anterior: los dos grupos, “la enemistad”, ya no cuenta; ahora hay una sola realidad: “nosotros”, los unidos por Cristo; “ambos” tenemos un solo camino al Padre, en un mismo espíritu. Esta es la visión central del cristianismo, que Pablo predicó (cf. Gá 3,28; 1Cor 12,13; Rm 3,21-24; 10,12), la cual se recibió en la iglesia primitiva y se desarrolló (Col 3,11; Tt 2,14; 1Pe 2,4-10). Cristo nos toma en su sw=ma en la cruz, y en él en un mismo espíritu nos mantiene abierto el paso hacia el Padre.

Conclusión

De este texto se pueden sacar muchas consecuencias y aplicaciones, sea de tipo exegético sobre la idea del cuerpo como metáfora aplicada a Cristo y a la iglesia, que de tipo teológico sobre la concepción de la iglesia y su relación con Cristo y, como consecuencia, una eclesiología ecuménica de la unidad en el cuerpo de Cristo en cruz, glorificado y en un solo Espíritu.
1. El autor habla del evento Cristo, pero no aislado, sino en cuanto fecundo de unidad eclesial. Presenta una “doble tensión” entre dos dimensiones. Por un lado de la pluralidad (ta\ a)mfo/tera, tou\j du/o) a la unidad (ei)j e(/na kaino\n a)/nqrwpon... e)n e(ni\ sw/mati); de la pluralidad, división y antagonismo entre ta\ e)/qnh (los pueblos v. 11) e I)srah/l (v. 13) se pasa a la unidad de formar un solo cuerpo, un solo hombre, una humanidad nueva en Cristo, esto es, en su cuerpo. Aquí aparece la otra tensión, ahora de la esfera individual (Cristo) a la social (la iglesia). Esta tensión que va del Uno a la pluralidad de la iglesia. Del v. 15b: “en él crea un solo hombre nuevo” pasa al v. 16a: “en un solo cuerpo”. Esta expresión que está cargada de significado metafórico y, por lo tanto, también teológico no se puede referir, ni solamente a la iglesia como unidad y pluralidad a la vez, ni solamente a Cristo. Existe, por lo tanto, una tensión temática, de Cristo a la iglesia, de la unidad a la pluralidad y, al mismo tiempo, de la pluralidad a la unidad, de la pluralidad, las naciones (ta\ e)/qnh) e Israel a la unidad en un solo cuerpo. La frase magistral de H. Schlier puede resumir esta doble tensión “en el cuerpo crucificado de Cristo que asumió a judíos y gentiles está presente virtual y potencialmente la Iglesia” .
2. También el esquema temporal del entonces (pote/) y el ahora (nuni/) realiza su función en la consecución del objetivo del redactor. La realidad anterior de los gentiles se ha convertido en algo totalmente nuevo. Los gentiles no tenían ninguna esperanza en la promesa, estaban sin Dios en el mundo. En cambio, ahora es todo diverso. Solo existe una humanidad en Cristo, la cual en un solo Espíritu tiene el mismo acceso al Padre. Esto es, la época de Cristo no es una época semejante a la anterior. Ya no hay Israel y gentiles; ahora somos todos uno en él. Por lo tanto, existe sólo una historia universal; el dualismo se terminó. Ahora los lejanos y los cercanos han recibido la paz y tienen el acceso al Padre en Cristo.
3. Se desprende de estos versos un aspecto teológico de la iglesia. Ella ha sido fundada sobre el cuerpo crucificado de Cristo. Por consecuencia, emerge la característica relación misteriosa entre Cristo y la iglesia. Especialmente en este tiempo, es importante afirmar la dimensión transfenomenológica de la comunidad cristiana. Una iglesia sin Cristo aun a nivel sociológico, histórico, institucional y político es demasiado pobre. Cristo es el que constituye esta iglesia. En él ella es la única nueva humanidad, reconciliada con Dios.
4. Lo que el autor quiere expresar es que toda la vida de la iglesia acontece “en Cristo”; él es a la vez origen y meta. Ahora, en ella reina la paz y la unidad, porque existe e)n e(ni\ sw/mati, en el cuerpo de Cristo, y con la unidad de un mismo espíritu (e)n e(ni\ pneu/mati). Pero esta nueva realidad, este “nuevo histórico” no es de carácter político-social, sino que tiene una trascendencia metahistórica. No es una idea o un ideal, no reposa sobre la unanimidad de sus miembros. Existe desde su fundación, porque nació en él mismo. El ser parte de la iglesia los une a todos en el mismo Cristo (judíos y gentiles); ninguno de los dos debe o puede dejar su ser, sino que en Cristo mismo logra cada uno trascender su propio particularismo; en él se encuentra con el otro en un plan de igualdad, siendo el mismo Cristo para ellos el ara pacis viviente. Por lo que no es simplemente una unidad perceptible, a la manera propia de una organización oprimente o la de unos ritos y unas concepciones unitarias. La unidad se da en que la iglesia tiene un Señor. Los creyentes se deben esforzar en vivirla, para manifestarla de forma perceptible.
5. La paz de la que se ha tratado en esta perícopa tiene una dimensión actual y una futura. El acento está sobre la dimensión actual. La cual se presenta en tres niveles.
Nivel antropológico: la paz es ya un hecho en el hombre, con la destrucción de la ley en su carne y con la creación del hombre nuevo en su cuerpo.
Nivel cosmológico: ya se ha realizado entre el universo y Dios, por la cruz de Cristo, en la nueva creación, según Col 1,20.
Nivel ecuménico: ésta tiene su valor entre judíos y gentiles, por la misma mediación de la muerte (cruz) de Cristo.
La relación con Cristo, “nuestra paz”, debe ayudar a superar las dificultades en las comunidades cristianas. La paz, traída por Cristo y corporificada en él, no debe ser una cosa abstracta y gigantesca, sino que se debe concretizar históricamente y así compenetrar toda la vida social.

La frase se asemeja a LXX Is 57,19. En este texto, los “lejanos” son los judíos que se encontraban aún en exilio y los “cercanos” los que ya habían regresado de él. Cf. J.L. Mckenzie, Second Isaiah, 161-162. Los rabinos reinterpretaron estos términos aplicándolos a judíos y gentiles (Mid. Nm Rab. 8 [149d]; Mid. Est 3,9 [96a]; ver también H.L. Strack - P. Billerbeck, Kommentar, III, 586). En el rabinismo, al igual que en Qumrán, “Acercar” (brq) era expresión para unir algún gentil a la comunidad de Israel (1QS 6,16.22; 8,18; 9,15s; 1QH 14,14). P. Stuhlmacher (“Er ist unser Friede”. 353) habla de una interpretación de Is 57,19 en el v. 13 y de Is 9,5s en el v. 14, que caminan sobre el puente de una interpretación cristológica de Is 52,7 en el v. 17; esto es: que hermosos los pies del mensajero que anuncia la paz.

Ep. Arist., 142, hablando de la ley, dada o impuesta por Moisés como una cerca de separación con los otros pueblos:”para que no nos manchemos con la compañía de otros, y con la relación con malos nos maleemos, nos puso una barrera en torno, h(ma=j perie/fracen, hacia todas las direcciones con leyes de pureza en la comida, la bebida y el contacto...”.

Este término fue usado también en forma metafórica por Eratóstenes de Cirene (junto a Atenas), 7, 14 (citado por C. Schneider, “meso/toixon”, 629 [165-166]), to\n th=j h(donh=j kai\ a)reth=j meso/toixon, “la pared divisoria entre el placer y la virtud”. También en el rollo de la Secta, X, 25, la “sabia inteligencia” del pío es expresada como un “firme muro divisorio”. ver H.L. Strack - P. Billerbeck, Kommentar, I, 359-363; III, 588-591. Especialmente el excursus de IV, I 352-414 (“La posición de las Sinagogas antiguas ante el mundo no judío”). San Pablo documenta ambos sentimientos de odio en 1Ts 2,15; Gá l2,15, y habla de ambos, bajo el aspecto del pecado, en Rm 3,9. Cf. R. Penna, “La proiezione”, 165, n. 3. Este nivel de hostilidad mutua fue uno de los elementos más negativos y nefastos del mundo grecorromano. Cf. A. Lincoln, Ephesians, 142.

Textos en los que la circuncisión es vista como mandamiento y como parte de la Torá se encuentran en H.L. Strack - P. Billerbeck, Kommentar, IV,1, 23ss: “La circuncisión fue mandada por Dios (Gn 17) a Abraham y su descendencia. La ley mosaica coloca la circuncisión como una antigua tradición y la nombra con frecuencia (Lv 12,3). Aun más, algunos Rabinos han encontrado el mandamiento de la circuncisión en Ex 19,5 o en Ex 20,10” (23). A tal grado es central el mandato de la circuncisión, que ésta debería ser puntualmente realizada al octavo día del nacimiento (contando el día del nacimiento como el primero). Si este octavo día era un sábado, la santificación del sábado pasaba a segundo plano frente a la circuncisión (cf. 23-24). Textos sobre la enemistad a causa de la circuncisión en él mismo, p. 36. Sobre la observancia del Shabbat y los días santos Cf. H.L. Strack - P. Billerbeck, Kommentar, III, 590.

R. Schnackenburg, Epheser, 115: “En el horizonte de Efesios la ley judía (solamente aquí es nombrada) fue revocada como muro divisorio  entre judíos y gentiles; pero esta función la perdió por Cristo; los mandamientos expresados en cláusulas, son todas las prescripciones que separan… las cuales fueron superadas con la muerte de Cristo”.

H. Merklein, “Paulinische Theologie”, 29: “El Mysterium está en que, los gentiles junto con los judíos se convirtieron en: co-herederos, con-cuerpo, co-partícipes de la Promesa en Cristo Jesús, por medio del Evangelio, del cual  yo (Pablo) llegué a ser servidor”.

M. Gielen, Haustafelethik, 287: “El contenido central del concepto musth/rion en Efesios es una Iglesia formada por judíos y Gentiles en Cristo Jesús”. Cf. H. Schlier, “Die Kirche”, 301-302.

Convendrá anotar aquí también la diferencia que hay entre Col y Ef respecto al musth/rion, según la diferente temática de cada carta: para Col será (sin afán de una mayor profundización) según 1,23 que el evangelio “ha sido proclamado a toda criatura bajo el cielo”, esto es, se refiere a la proclamación de Cristo entre los gentiles. (1,27: que es Cristo entre vosotros, la esperanza de la gloria”), en el fondo, no es otra cosa que la extensión de la iglesia en todo el mundo, por la predicación de Pablo (1,23: “del que yo Pablo, he llegado a ser ministro”). En Ef, según esta perícopa y 3,3-9, el musth/rion es la iglesia nacida en la cruz de Cristo formada por judíos y gentiles. En ambas, se descubre la predicación apostólica como intermediaria del conocimiento del musth/rion. Col se concentra en la extensión de la iglesia en todo el mundo y Ef ve más bien el contenido, esto es, el nacimiento mismo de la iglesia de judíos y gentiles.

Cf. V. Warnach, Die Kirche, 58, n. 50: Este giro griego, del pronombre personal con la preposición e)n, no se debe entender como di )au)tou= (Crisóstomo y Ecumenio) o aplicarlo a sa/rc, como lo hace Estius, sino que se debe entender con toda su fuerza: en la persona de Cristo, somos creados, para ser una nueva humanidad (“in der Person Christi sind wir zu einem neuen Menschen geschaffen worden”). Ya T. Schmidt (Der Leib, 151-152) había hecho esta aclaración: “en la persona de Cristo los cristianos llegan a ser una personalidad completa”.

M. Dibelius (An die Epheser, 84) ve un cierto doble significado. Cf. H. Merklein, Christus, 44-45.

H. Schlier, Epheser,135. L. Cerfaux, (La iglesia, 268, n. 10) hace esta afirmación: “Cristo Jesús reconcilia a los dos hombres (judío y gentil) “en un cuerpo único, por la cruz” y aplíquese e)n e(ni\ sw/mati al cuerpo crucificado”, aclarándola luego en la nota: “Por otra parte, la expresión e)n e(ni/ nos demuestra que el Apóstol piensa en nuestra identificación con ese cuerpo”.

R. Schnackenburg, Epheser, 117.

Aquí se unen dos textos de Col 1,22 “pero ahora os ha reconciliado en el cuerpo de su carne” y 3,15 “la paz de Cristo reine en vuestros corazones, porque a ella habéis sido llamados en un solo cuerpo” R. Penna, Efesini, 144.

Cf. R. Schnackenburg, Epheser, 118; H. Merklein, Christus, 55.

H. Merklein, Christus, 57.

H. Schlier, Epheser,135.

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