Análisis de DV 12
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SUMMARY:
The author makes a detailed analysis of DV 12 which, in order to interpret Scripture, establishes the principle of incarnation, word that is divine and human, using rational means and theological norms. He then presents the prominent approaches of the PCB document: The Interpretation of the Bible in the Church (1993), which complement DV 12.
El último escrito del NT, la segunda carta de Pedro, nos señala un principio fundamental de la interpretación bíblica: “Ante todo, tengan presente que ninguna profecía de la Escritura puede interpretarse por cuenta propia, porque nunca profecía alguna ha venido por voluntad humana, sino que hombres, movidos por el Espíritu Santo, han hablado de parte de Dios” (2 Ped 1,20-21). El mismo autor muestra además cómo en las cartas de Pablo, al igual que en las demás Escrituras, hay pasajes difíciles que los ignorantes y los débiles interpretan torcidamente (2 Ped 3,15-16). La Biblia da testimonio tanto de la búsqueda de sentido de las mismas Escrituras (cf. Dn 9,2; Hech 8,30-35) y de su investigación (cf. Jn 5,39), como de la manipulación o malinterpretación que se puede dar de ellas (cf. Mt 4,6; 15,6; 2 Ped 3,15-16).
El problema de la interpretación de la Biblia atraviesa todas las épocas.
1. DEI VERBUM 12
El capítulo 3º de la DV tiene como título: Inspiración divina e interpretación de la Sagrada Escritura. El número 11 aborda las realidades de la inspiración, canon y verdad de la Biblia. Da a los hagiógrafos el título de “verdaderos autores” que emplean de sus facultades y talentos para escribir todo y sólo lo que Dios quiere. Si a Dios le llama autor, debe ser en sentido analógico: Dios con su Espíritu es la causa, el origen de las Escrituras. La aclaración de la verdad en orden a nuestra salvación libera a la exégesis de un tinte apologético, que enfatizaba la inerrancia.
DV 12 se divide en tres párrafos: el primero establece el principio genérico de la interpretación; el segundo presenta algunas de las normas racionales para eso y el tercero las teológicas, hablando también de la función de los exegetas y del Magisterio .
El número 13 subraya la condescendencia divina, ofreciéndonos la analogía que hay entre la inspiración y la encarnación.
Me voy a detener en el número 12, en sus tres partes, dando primero la génesis del texto, luego su sentido.
1.1. DV 12/1; Principio general
Cum autem Deus in Sacra Scriptura per homines more hominum locutus sit, interpres Sacrae Scripturae, ut perspiciat, quid Ipse nobiscum communicare voluerit, attente investigare debet, quid hagiographi reapse significare intenderint et eorum verbis manifestare Deo placuerit. “Dios habla en la Escritura por medio de hombres y en lenguaje humano; por lo tanto el intérprete de la Escritura, para conocer lo que Dios quiso comunicarnos, debe estudiar con atención lo que los autores querían decir y Dios quería dar a conocer con dichas palabras”.
1.1.1. Cambios principales
Con respecto al texto conciliar, algunas anotaciones, que aparecen, sobre todo, en la tercera redacción; luego sólo hay ligeros retoques:
- Se pasó del Deus…scripserit al Deus…locutus sit, para no atribuirle a Dios la escritura del texto bíblico .
- Además al per homines se añadió more hominum, citando no textual, sino libremente a S. Agustín a lo que hace referencia la nota .
- Se cambió del hagiographus (en singular) a hagiographi (en plural), ya que por una parte se emplea el plural per homines, y por otra consta que en ocasiones hay varios autores en el interior de un mismo libro .
- Se añadieron a la interpretación meramente racional los principios teológicos (cf. parte tercera) para una exégesis cristiana-eclesial. De allí la adición final de este primer párrafo et eorum verbis manifestare Deo placuerit, aclarando que esta frase no dirime la cuestión del sentido pleno . Por eso en la cuarta y quinta redacción no se acepta poner et quid (quidque) eorum verbis…
1.1.2. Explicación
- Sentido de encarnación.
Este primer párrafo condensa lo que luego los otros dos van a ampliar. De alguna forma en el trasfondo de la primera frase “Dios habla en la Escritura por medio de hombres y en lenguaje humano” , está la relación que el número 13 establece entre el misterio de la inspiración – palabra divina expresada en palabras humanas- y el misterio de la encarnación del Verbo, la Palabra hecha hombre. Es la condescensio de Dios, como lo ilustra la cita de S. Juan Crisóstomo. La Escritura es palabra divina y palabra humana, por ser divina es perenne y viva, con valor para todas las generaciones; por ser humana es histórica, concreta, condicionada a una época y cultura. Al ser divina y viva, nos pide una actitud de fe, escucha, oración, proyección a la vida. Al ser humana hay que acercarnos con la ciencia, la razón, la atención al momento en que fue escrita, Nunca se puede olvidar el misterio de la encarnación en la realidad de la Escritura. No se puede caer en un monofisismo (reconociendo lo humano, y dejando a un lado lo divino o viceversa), ni en un docetismo (viendo sólo apariencias de humano) .
- Lo que Dios quiere decir y la intención - expresión del autor
El Concilio presenta una primera ecuación entre lo que Dios quiere decir y lo que los hagiógrafos quieren expresar, pero añade inmediatamente: “y Dios quería dar a conocer con dichas palabras”.
Con esa adición, por una parte queda claro que la investigación exegética tiene como objeto final “el contenido de la Palabra de Dios, y no tan sólo las coordenadas históricas y culturales en las que se manifiesta”
Por otra parte, dicha frase no es una tautología, sino que amplía el horizonte, no limitándolo a la intención del autor, sino también a su expresión, y mostrando cómo de esas palabras Dios se puede valer para comunicarnos algo .
Queda claro que en un primer momento tenemos que buscar, con los medios adecuados, la intención del autor, pues las palabras dichas en un contexto histórico determinado adquieren un valor propio. La Biblia no es una serie de afirmaciones atemporales, sino situadas en el tiempo y en el espacio. La revelación es histórica. Lograr situar el contexto concreto en que surgió un texto, indagar sobre sus destinatarios originales, sobre lo que el autor quiere provocar en ellos, será siempre una tarea de todo exegeta. Es el sentido del autor objetivado en un texto.
La intención es, podríamos señalarlo, el factor primario, pero no el exclusivo, para la determinación del sentido.
Por eso la intención del autor no agota el significado de un texto, que tiene una autonomía con relación a su autor: hay que captar las insinuaciones, las alusiones, la ironía, el tono con que se dijo, los silencios, etc. El autor al escribir no sólo plasma lo que intencionalmente quiere, sino también deja traslucir sus fantasías, sus ilusiones, sus intuiciones, su emotividad, su entusiasmo, su pasión, su ira, su subconsciente, etc. Todo esto rebasa la intención consciente del autor a la que nosotros podemos acceder con cierta probabilidad.
En el diálogo ordinario queda esto insinuado, cuando a alguien le decimos: lo que pasa es que tú estás obsesionado por el dinero, el sexo, el poder, etc. El interlocutor no nos lo dice, y quizá no lo pretende comunicar conscientemente, somos nosotros los que intuimos por la frecuencia de la temática, por sus énfasis, sus repeticiones, etc,
En la conversación es quizá más fácil percibir, además de los contenidos materiales, la “inlocución”, es decir, la manera y la finalidad con la que se expresa algo, ya que esto puede cambiar el sentido de los contenidos materiales. No es lo mismo informar algo que testimoniar lo mismo ante un juez. No tiene idéntico sentido una frase con el mismo contenido material, que tiene un fin laudatorio, que la misma expresada de forma irónica. Por eso, cuando la palabra está escrita, hay que ver el contexto para darnos cuenta de qué se trata.
En efecto, sabemos que hay una distancia entre el autor y su obra. La obra adquiere una autonomía e independencia de su autor. La obra puede decir más de lo que el autor quiso conscientemente expresar. No basta la simple intención del autor que en algunas ocasiones quizá nos resulte desconocida; en realidad nosotros partimos del texto que es el vehículo comunicador. La obra -expressio auctoris- y el lector también son factores importantes para la interpretación de un texto.
Como lo señalaban Alonso Schökel y Bravo ya desde 1994: “Si quisiéramos caracterizar el último giro hermenéutico de forma esquemática, emplearíamos una simple oposición: hermenéutica de autor-hermenéutica de texto” .
Croatto señala: “En el texto desaparece el emisor original. El autor (si hablamos de la escritura) “muere” en el acto mismo de codificar su mensaje. La inscripción del sentido en un relato o texto cualquiera es un acto creativo en el cual se deja la vida, por decirlo simbólicamente” . Muere el autor, desaparece el interlocutor primero, se desvanece el horizonte del discurso primitivo. Los nuevos lectores van produciendo nuevos sentidos, apoyados en lo que el texto dice, Hay una reserva de sentido .
Con esto entramos al tema del lector. El lector llega al texto con sus precomprensiones, sus horizontes, sus inquietudes, sus cuestionamientos. El texto le ayuda a confrontarlos, a corregirlos, a ratificarlos, a ensancharlos. Así se da lo que se ha llamado el círculo hermenéutico o la espiral hermenéutica. Es la interrelación entre autor que ha plasmado el texto y el receptor o lector que trata de comprender. Hay un diálogo fructífero que se realiza de alguna forma entre el texto y el lector. La interpretación es un diálogo interactivo entre el autor y el lector a través del texto. El texto ¿qué cuestiona e ilumina de nuestra vida e historia? La historia y la vida ¿qué preguntas le plantea al texto?
El texto limita y ensancha. Limita, porque no puede alterarse ni manipularse; podríamos aplicarle lo que dice Ap. 22,19-20, ni se puede añadir, ni se puede quitar nada. Pero, a la vez, el texto ensancha la visión del lector, porque abre nuevas perspectivas, plantea otros criterios, ayuda a percibir nuevos horizontes. El lector descubre no significados extrínsecos, sino significados nuevos que están implícitos. Así se cumple la frase de Gregorio Magno: Divina eloquia cum legente crescunt .
El significado de un texto no es una propiedad invariable del puro texto. El sentido del texto va creciendo y se va precisando: ninguna interpretación es absoluta, la única válida, sino que cada generación y cada Iglesia ayuda a la interpretación de la Biblia estudiando bien el texto, estudiando bien la realidad. La interpretación es interdisciplinar y se realiza en un ámbito eclesial .
Todo lector e intérprete tenemos una serie de condicionamientos sociales, económicos, culturales, religiosos, etc. que afectan la comprensión de un texto. Por eso siempre será necesario preguntarnos: ¿desde qué situación leemos la Palabra de Dios?, ¿desde qué compromiso existencial nos acercamos a la lectura?
1.2. DV 12/2: Normas “racionales”
El segundo párrafo del núm. 12 nos ofrece algunos de los medios que nos ayudan para entender la intención – expresión del autor plasmada en el texto. Para entender en su contexto histórico este segundo párrafo, hemos de recordar que en los años del concilio prevalecían los métodos histórico-críticos, los métodos diacrónicos. No estaban en boga los nuevos métodos sincrónicos como el semiótico, el narrativo, el retórico, el pragmalingüístico, etc.
1.2.1. “Inter alia…”, los géneros literarios
El Concilio abre la perspectiva cuando alude a uno de los muchos medios que ayudan: inter alia etiam genera litteraria respicienda sunt. Los géneros literarios , aunque desde la perspectiva de la inerrancia, ya los había tomado en cuenta la encíclica Divino Afflante Spiritu de Pío XII en 1943 , lo mismo que la carta de la PCB al Card, Suhard de Paris en 1948 sobre la fuentes del Pentateuco y el valor histórico de los primeros once capítulos del Génesis . Y ya, en otro contexto, en tiempos de Concilio, aplicados al NT, aparecían en la Instrucción Sancta Mater Ecclesia, del 21 de abril de 1964, que trata sobre la verdad histórica de los Evangelios, aunque llama la atención sobre algunos de los presupuestos, filosóficos y teológicos, en que se basan quienes han aplicado la historia de las formas a los evangelios. .
El Concilio hace una enumeración ejemplificativa de los géneros literarios, siguiendo en parte la clasificación de los LXX: históricos, proféticos, poéticos. Con relación a los históricos, señala in textibus vario modo historicis, “obras de diversa índole histórica”, dando cabida así a una noción muy amplia de los géneros históricos o narrativos . De esta forma se rompe una visión rígida de la historia como una supuesta visión objetiva de los hechos. No hay que olvidar que en la Escritura los hechos son interpretados y vistos dentro del conjunto de la historia de la salvación. Hay diversidad de narraciones con variedad de formas que reflejan la historia.
1.2.2. Otros aspectos
Luego el Concilio enumera otros cuatro aspectos fundamentales a tenerse en cuenta: 1) la situación histórica del hagiógrafo, 2) la cultura que lo caracteriza; 3) los modos de pensar, de expresarse y de narrar que se usaban en tiempos del hagiógrafo, y 4) las expresiones en la conversación ordinaria.
Sabemos, en efecto, que “el lenguaje, como cauce de las relaciones humanas, se basa en ciertos convencionalismos que varían con la evolución de las sociedades y de las culturas” .
Se da importancia de la dimensión literaria de la Biblia, pero situada en el tiempo, espacio y cultura de los diversos hagiógrafos. Sólo así tendremos algunos elementos para descubrir la intención -expresión del autor, plasmada en el texto- y alcanzar así, en la medida de lo posible, la verdad que el autor quiera expresar. Todo esto es bien visto por el Concilio, pues siempre es necesario tomar en cuenta los condicionamientos de la Palabra de Dios expresada en palabras humanas.
Es cierto que el Concilio no menciona directamente la crítica histórica, pero implícitamente está su referencia en el tenor del texto al aludir al género histórico, “obras de diversa índole histórica”, y al mencionar la atención que hay que prestar al tiempo y la cultura de los hagiógrafos. Para conocer esto hay que servirnos de la crítica histórica.
Todo esto, como veremos, se amplía en el documento de La Interpretación de la Biblia en la Iglesia (IBI), al abordar los diversos métodos y acercamientos que anos ayudan a interpretar las Sagradas Escrituras.
1.3. DV 12/3 Normas teológicas
La tarea del exegeta católico no termina cuando alguien sabe lo que el autor humano quiso comunicar en su tiempo a sus lectores, ni cuando logramos presentar el origen y la evolución de un texto, sino cuando captamos lo que el Señor nos quiere comunicar, cuando logramos la lectura de la Escritura guiada por el Espíritu, cuando actualizamos la Palabra de Dios .
Con el inicio de un sed adversativo, el Concilio nos muestra que no bastan las normas derivadas de la dimensión literaria e histórica de la Escritura; se necesitan también unas normas teológicas. Tres apartados comprende este párrafo: las normas teológicas de interpretación, la labor de los exegetas y el papel del Magisterio.
1.3.1. Normas teológicas: DV 12/3a
- Evolución de los esquemas
El Concilio a partir del tercer esquema añadió las normas teológicas propias de la interpretación católica de la Escritura: su contenido, la tradición viva de la Iglesia y la analogía de la fe .
En el cuarto esquema: además del contenido de la Escritura, se añadió: unidad
Es sólo en el quinto esquema cuando, por una parte la expresión: tradición viva de la Iglesia se especificó: Tradición viva de toda la Iglesia, poniendo con mayúscula la palabra Tradición y subrayando que es de toda la Iglesia, incluyendo así los santos Padres, el Magisterio y el sensus fidelium .
Además, y esto es importante, se añadió la primera frase: “La Escritura se ha de leer e interpretar con el mismo Espíritu con que fue escrita” .
-Análisis
1) Eodem Spiritu
“La Escritura se ha de leer e interpretar con el mismo Espíritu con que fue escrita”, Esta frase sirve de conexión entre el tema de la inspiración abordado en el núm 11 y el tema de la interpretación. Pero no sólo es conexión de temas, sino de realidades. El mismo Espíritu que inspiró la escritura de los libros sagrados, es el que ahora ayuda a los lectores, o al lector primordial, el Pueblo de Dios, a leer e interpretar la Escritura donde está presente el mismo Espíritu. No se trata únicamente de tener la misma fe, sino de abrirnos a la acción del Espíritu que ha de dirigir la labor de lectura e interpretación de la Escritura. “Esta acción del Espíritu Santo ha de traducirse en la práctica en un deseo sincero de incorporarse al movimiento de la Tradición viviente, convencidos de que la Iglesia goza constantemente de la asistencia del Espíritu que le prometió Cristo”
Esta frase añadida en el quinto y definitivo esquema se debe, en gran parte, a la intervención de Mons. Neóphytos Edelby , en la tercera etapa conciliar, el 5 de octubre de 1964, con ocasión de la discusión del tercer esquema conciliar.
Mons. Edelby quiere que se tome en cuenta la tradición de las Iglesias de Oriente, tradición aceptada por los ortodoxos. Habla, entre otras cosas, de la timidez de este nuevo párrafo que presenta las normas teológicas, timidez debida a los prejuicios con las Iglesias de la Reforma. “Ciertamente los reformadores han opuesto la Escritura a la Iglesia, pero la razón de este hecho es que la Iglesia latina, en la que habían nacido, había dejado atrofiarse el sentido auténtico de la Tradición, que habían vivido juntos Oriente y Occidente durante el primer milenio. Al separarse de sus fuentes orientales, la Iglesia latina ha desembocado en la esterilidad del siglo XVI y en los falsos problemas que nos agobian, en particular acerca de la interpretación de la Iglesia”. Ve en todo esto una mentalidad jurídica y nominalista, de la que hay que salir, donde se oponen, por ejemplo, consagración y epíclesis, primado y colegialidad, Escritura y Tradición como realidades separadas.
Para salir de este atolladero propone cinco principios fundamentales que resumo: 1º. “No se puede separar la misión del Espíritu de la de la Palabra hecha carne…El fin principal de la exégesis cristiana es la inteligencia espiritual de la Escritura a la luz de Cristo Resucitado…”. 2º. La Escritura más que una norma, es una realidad litúrgica y profética; más que un libro es una proclamación, el testimonio del Espíritu sobre Cristo. Es la consagración de la historia de la salvación bajo las especies de palabra humana, inseparables de la consagración eucarística. 3º. “La Tradición es la epíclesis de la historia de la salvación, la teofanía del Espíritu Santo, sin la cual la historia es incomprensible y la Escritura es letra muerta”. 4º. Hay que “interpretar la Escritura en la totalidad de la historia de la salvación” con sus tres etapas: el AT, el NT y la tercera que “es la economía del Espíritu o la Tradición en la era de la Iglesia”. 5º. “El sentido del misterio. El Dios que se revela es el «Dios escondido»…El Oriente dice que la revelación es, ante todo, apofática, es decir, vivida en el misterio antes de ser expresada en palabras”.
Todo esto y las peticiones de otros Padres Conciliares avalan la frase añadida de la interpretación con el mismo Espíritu con que fue escrita. Si es el Espíritu Santo el que está en la base de la creación y composición de los libros sagrados, es también el mismo Espíritu el que puede ayudar a todos nosotros, lectores de la Escritura, a comprenderla e interpretarla con la auténtica inteligencia espiritual. Jesús dijo en la última Cena: “Cuando venga él, el Espíritu de verdad, los guiará hasta la verdad completa, pues no hablará por su cuenta, sino que hablará lo que oiga y les explicará lo que ha de venir” (Jn 16,13; cf. 14,25-26; 2 Cor 3.12-18) . Es la misma inteligencia que da el Resucitado a sus discípulos (cf. Lc 24,25-27.32. 44-49),
El P. Ignace de la Potterie presenta un estudio amplio de los fundamentos patrísticos de esta concepción del Espíritu . La Constitución se refiere a una cita de Benedicto XV en la encíclica Spiritus Paraclitus, que a su vez cita a S. Jerónimo. Pero éste confiesa haberse basado en Orígenes, quien sostenía que además del sentido obvio de las Escrituras, hay uno más profundo que se debe a la acción del Espíritu Santo.
Atendiendo al texto conciliar analizado por el P. De la Potterie, aparece que la verdadera interpretación comienza con la perspectiva pneumatológica. El sujeto de esta frase es la Sagrada Escritura, los verbos están en pasiva: scripta est, legenda et interpretanda. Para presentar la función del Espíritu (Santo) se emplea un ablativo instrumental que indica la causa. Esto insinúa que el escritor, lector e intérprete de la Escritura no son los sujetos activos de esas realidades, aunque esto no les quita su labor humana y responsable; ellos deben estar abiertos a la acción del Espíritu Santo, en una actitud de obediencia, de aceptación, de disponibilidad . Lo mismo sucede con la Escritura, está sometida a la acción del Espíritu,
Leer e interpretar la Escritura con el mismo Espíritu, es hacerlo bajo la luz de la fe, sub lumine fidei , esa fe es la que une a personas tan distantes en el tiempo como son los hagiógrafos y lectores-intérpretes. Pero la acción del Espíritu recae también sobre el texto de la Escritura, por eso se le llamará “Texto sagrado” o “Sagrada Escritura”, poseedora de un valor religioso singular: la revelación, la verdad que Dios hizo consignar en esos libros para nuestra salvación. El Espíritu Santo está presente en la letra misma de la Escritura que ha sido inspirada por él. El lector e intérprete, con la ayuda del mismo Espíritu, busca un sentido profundo e interior en la Escritura, esta verdad de salvación, que tiene su plenitud en Cristo Jesús. El estribillo de las cartas del Apocalipsis nos invita: “El que tenga oídos, oiga lo que el Espíritu dice a las Iglesias” (Ap 2,7.11.17.29; 3,6.13.22).
2) Los tres medios concretos para leer la Escritura con el mismo Espíritu
Los tres primeros enunciados están tomados de este número 12 de DV. A estos añado otros dos medios.
a) Contenido y unidad de toda la Escritura
Aun cuando lo primero que salta a nuestra consideración en la Escritura es la variedad de libros, épocas, autores, visiones teológicas, enfoques, perspectivas, etc., nosotros estamos llamados a descubrir en su contenido la unidad del misterio revelado que alcanza su plenitud en Cristo Jesús.
Hugo de S. Víctor lo expresa: Omnis Scriptura divina unus liber est, et ille liber unus Christus est. S. Agustín señala: In Vetere Novum latet et in Novo Vetus patet (DV 16, citando a S. Agustín). Hay una mutua relación e iluminación entre ambos Testamentos. En ocasiones aparecerá la continuidad, en otras se mostrará la ruptura y aparecerá la superioridad.
Todos los hagiógrafos, siendo o no plenamente conscientes de su misión, son ministros de la Palabra de Dios que tiene una unidad más allá de sus propias visiones, de una época o etapa concreta de la historia de la salvación, cuya plenitud resplandece en Cristo Jesús.
Esto nos conduce a una lectura integral de la Escritura, una lectura cristológica (cf. Hech 8,35; 2 Tim 3,15) -para nosotros-. No podemos parcializar la Escritura, ni seleccionar lo que nos parece. Hemos de verla en su totalidad Hay que leerla completa, buscando la unidad en medio de la diversidad, y de las mismas tensiones. La revelación no son simples piezas fragmentarias, sino realidad unitaria dentro de una variedad y pluralismo de voces y escritos. De alguna forma refleja la intertextualidad, un texto dice referencia a otro, y se pasa a la intratextualidad: todo está dentro de un solo gran texto .
b) La Tradición viva de toda la Iglesia
Hay que estar muy atentos a los dos adjetivos, lo mismo al hecho de que se haya puesto Tradición con mayúscula.
Al hablar de Tradición viva incluye no sólo la predicación, los escritos, sino también el sentido de fe, la liturgia, la praxis, el testimonio. Es de toda la Iglesia: fieles y pastores que juntos componemos el Pueblo de Dios. Incluye el testimonio de los Padres, el Magisterio de la Iglesia, la labor de los exegetas, el sentido de fe del pueblo de Dios (cf. LG 12).
Esta Tradición viva y dinámica, a la que pertenecemos, hace posible la lectura y la comprensión. No accedemos al texto neutralmente, sino nos acercamos a él como creyentes, no como sólo científicos, arqueólogos, historiadores, etc. La Escritura se lee in medio Ecclesiae , en el seno de una Tradición viviente de la comunidad eclesial, sabiendo que la Iglesia nace de la Palabra y la Palabra nace de la Iglesia .
La auténtica Tradición no puede sur un factor negativo, ni un obstáculo para la comprensión de la Palabra de Dios, ni una prohibición para su auténtico progreso. Por el contrario, debe ser una fuerza dinámica que avanza en su comprensión (cf. DV 8), que busca la fidelidad al núcleo sustancial de la verdad expresada en la Biblia, pero que lo mantiene vivo para todas las generaciones, buscando siempre progresar en su comprensión. Conservación y progreso son los dos polos de la Tradición: integridad, estabilidad por una parte; progreso, adaptación, actualización, inculturación por otra. Mirada al pasado: identidad, continuidad; pero también mirada al futuro: tendencia y tensión en la dinamicidad. Quien dinamiza la comprensión, la misma Tradición, es el Espíritu Santo (cf. Jn 16,13).
La Tradición nos coloca en una visión diacrónica, al contemplar el pasado de tanta gente que comprendió y vivió la Palabra de Dios, y también en una visión sincrónica, con la Iglesia del presente.
c) la analogía de la fe
La expresión está tomada de Rom 12,6, donde de alguna forma se insiste que el don de la profecía debe practicarse en armonía con toda la fe cristiana o con la medida personal de la propia fe.
En el lenguaje teológico supone la unidad de contenido de la revelación salvífica y se aplica a la coherencia y mutua iluminación que hay entre los diversos elementos de la fe, aquí, de la Escritura, de manera, por ejemplo, que los pasajes difíciles de la Escritura se han de interpretar a la luz de pasajes fáciles y sencillos. Podríamos pensar también en lo que UR 11 habla de la jerarquía de verdades. También en la Escritura hay una jerarquía de acontecimientos, de hechos salvíficos, de contenidos en la Escritura, de importancia de libros, etc.
d) Lectura litúrgica
Aunque la DV en este número no lo señala explícitamente, no podemos perder de vista que la lectura litúrgica constituye el ambiente fundamental para la lectura de la Palabra de Dios (cf. DV 25). Cristo está presente en su Palabra cuando ésta se proclama en la celebración litúrgica (SC 7). De allí se deriva la importancia de la Escritura en la celebración litúrgica (cf. SC 24. 35. 51. 56. 92a). Por eso Mons. Edelby recordaba el carácter litúrgico y profético de la Escritura.
e) Carácter mistérico
También siguiendo a Mons. Edelby debemos estar atentos al carácter mistérico de la Palabra de Dios, de la revelación. El Dios que se revela es el mismo Dios que permanece oculto (cf. Is 45,15), que es inefable, que no puede ser expresado en nuestras débiles categorías, ni siquiera en las de la S. Escritura.
Todos estos medios nos ayudan a entrar en la profundidad de la Escritura.
1.3.2. Los exégetas DV 12/3b
Este tercer párrafo incluye en seguida unas palabras sobre el papel de los exégetas. “A los exégetas toca aplicar estas normas en su trabajo, para ir penetrando y exponiendo el sentido de la Sagrada Escritura, de modo que con dicho estudio pueda madurar el juicio de la Iglesia” (DV 12).
Dentro de la diversidad de carismas y de intérpretes en la Iglesia, la labor de los exegetas es presentada como una función peculiar dentro del Cuerpo que es la Iglesia. A ellos les corresponde, de manera privilegiada, mas no exclusiva, la aplicación de esas normas de interpretación, unas surgidas del estudio crítico, literario-histórico, de la Escritura, y otras, derivadas de las normas teológicas. De esta forma se va comprendiendo y exponiendo mejor el sentido de la Escritura, y así el juicio de toda la Iglesia, pastores y fieles, va madurando.
Estas palabras aunadas a las dichas en el # 23, que explícitamente son un reconocimiento y aliento a la labor exegética , subrayan ese doble papel de la exégesis: la comprensión mayor de las Escrituras y la dimensión pastoral al exponer las Escrituras y al ayudar a crecer el número de ministros de la Palabra que comuniquen las riquezas de la Escritura al Pueblo de Dios.
Al considerar la doble tarea del exégeta, sin duda alguna surge inmediatamente dos cuestionamientos en nuestra labor como biblistas: 1) nuestra exégesis ¿se queda sólo en un análisis científico-crítico, sólo tomando en cuenta las normas “racionales” de la exégesis o se esfuerza por llegar a la comprensión de la Escritura con el mismo Espíritu con que fue escrita? 2) ¿De qué forma, directa o indirectamente, ayudamos en la vida eclesial?
De los exégetas se dice que deben realizar su labor sub vigilantia sacri Magisterii. Esta expresión que aparece ya en el 4º esquema [sin el sacri, que se añadió en el 5º] sustituye a la de sub ductu Magisterii . Al Magisterio no le compete como tarea propia la labor científica. El Magisterio no guía la investigación exegética, pues ésta suele ir adelante y sirve para que el juicio de la Iglesia madure. El Magisterio sólo tiene la función de vigilar que no se pierda el conjunto del misterio siempre vivo y proclamado por todos. A veces llama la atención para poner atención a que algo no quede relegado en el olvido.
Por otra parte hay que ver que las palabras de aliento a la labor exegética cobran un valor singular en el contexto histórico del Concilio Vaticano II. Poco antes del Concilio habían surgido, dentro de la misma Iglesia, diversos ataques contra la ciencia bíblica y contra el Pontificio Instituto Bíblico de Roma. Se trataba de “una feroz polémica que algunos sectores romanos habían desencadenado contra el Pontificio Instituto Bíblico” .
1.3.3. La Iglesia ¿El Magisterio? DV 12/3c
La última parte de este tercer párrafo nos habla de la función de la Iglesia, aparentemente del Magisterio, en la interpretación de la Sagrada Escritura: “Todo lo dicho sobre la interpretación de la Escritura queda sometido al juicio definitivo de ka Iglesia, que recibió de Dios el encargo y el oficio de conservar e interpretar la palabra de Dios”.
Es clara la ambigüedad del término “Iglesia” ¿es todo el pueblo de Dios o es sólo el Magisterio? La sola palabra nos conduce a considerar a toda la Iglesia. Sin embargo el contenido parece llevarnos a lo del Magisterio. Por la cita del Vaticano I (DH 3007), por lo que afirma y por las actas del Concilio se refiere al Magisterio, que, como queda claro en este número y en los 1 y 10, lo mismo que en las Actas, no está por encima de la Palabra de Dios, sino a su servicio. Tampoco está desligado del resto del Pueblo de Dios: teólogos-exégetas, demás fieles.
Al Magisterio le corresponde en esta tarea mantener dentro de los cauces correctos la interpretación. Es cierto que a veces surgen tensiones en el ejercicio de estas funciones correspondientes. Hay que resolverlas con espíritu de comunión, de búsqueda de la verdad y de humildad.
2. LA INTERPRETACIÓN DE LA BIBLIA EN LA IGLESIA (PCB 1993).
Después de este análisis del # 12 de DV, unas cuantas palabras sobre el documento de la Pontificia Comisión Bíblica acerca de La Interpretación de la Biblia en la Iglesia , que coincide con el centenario de la encíclica Providentissimus Deus (1893) y el cincuentenario de la Divino Afflante Spiritu (1943), surgidas hasta cierto punto en momentos polémicos. Ante la posibilidad de ver en la crítica bíblica un peligro para la fe, la Providentissimus Deus señala su necesidad. Ante el riego de refugiarse en una lectura espiritualista de la Escritura, la Divino Afflante Spiritu subraya la necesidad de la crítica bíblica, de descubrir el sentido literal, del cual se va a desprender el espiritual.
El documento tiene también como telón de fondo la Dei Verbum, sobre todo los núm 12-13, donde se nos presentan los grandes principios que han de regir cualquier interpretación de la Biblia en la Iglesia.
2.1. Las grandes partes
El documento, después de la introducción, está dividido en cuatro partes o capítulos: 1) Métodos y acercamientos para la interpretación; 2) Cuestiones de hermenéutica; 3) Dimensiones características de la interpretación católica; 4) Interpretación de la Biblia en la vida de la Iglesia. Terminacon una conclusión.
2.2. Algunas de sus líneas fundamentales
Trato de presentar algunas líneas fundamentales que aparecen en el documento:
A modo de conclusión
Cada lector -individuo o comunidad-,como creyente en Cristo y dentro de la Tradición de la Iglesia, asume su horizonte histórico (familiar, cultural, socio-económico, religioso, ideológico…).Desde allí interpreta las Escrituras, dejándose interpelar por ellas, sin manipularlas ni alterarlas .
Nuestra labor de oyentes e intérpretes de la Palabra, de alguna forma, la condensa S., Agustín diciendo:
…Óptimo servidor tuyo es el que no atiende a oír de ti lo que él quisiera, cuanto a querer de ti aquello que de ti escuchare .
“(A) E/223 desideravit allusionem ad S. Augustinum, Civ. Dei XVII, 6, 2, quam verbotenus dedimus addendo verba “in S. Scriptura”, ut connexio cum sequentibus servaretur. Cf. etiam E/2230”. ActaSyn III/3, 92.
“(C)Quia existunt libri S. Scripturae, ad quos plures auctores contulerunt, accepta est suggestio E/2230, de adhibendo numero plurali: ´hagiographi’”. ActaSyn III/3 92; cf. 812ss.
“(D)Ïure desiderabatur ab E/223; E/2166; E/313, ut praeter hermeneuticam mere rationalem locutio fiat etiam de principiis theologicis hermeneuticae (sensus a Deo intentus, analogia fidei, traditio). Quod factum est in fine paragraphi. Abstrahitur autem a solvenda quaestiones de ‘sensu pleniore’”, ActaSyn III/3,92. cf. 120.
“(Modus) 15.- Pag. 22, lin 2 : Tredecim Patres petunt ut, loco et, scribatiur quidque, ut appareat quaestionem de sensu pleniore non dirimi. R/. Omnes concordant de non dirimenda hac quaestione. Si scribitur quidque quaestio in sensum positivum dirimeretur. Expressio et est neutralis”. ActaSyn IV/5 710.
Otros cambios: en el 4º esquema: “(A)Loco ‘quamnam veritatem” dicitur ´´quid’ secundum E/3667”. ActaSyn IV/1, 359. En el 5º, por cuestión de latinidad, se pasa del “quid Ipse nobis” al “quid Ipse nobiscum”. Cf. ActaSyn IV/5, 710.
Alonso Schökel se duele de que se haya omitido la última parte de la frase completa de Agustín, que en el original latino dice: “Deus per homines, more humano loquitur (quia sic loquendo nos quaerit)”. . ALONSO SCHÖKEL, “Interpretación”, 421-422.
E. MANICARDI, “Ispirazione e interpretazione della Scrittura. Rilettura e recezione delle affermazioni di «Dei Verbum» 11-12”, Credere oggi 82 (4/1994) 40-57, 48.
Como ya lo señalé, el Concilio no quiere abordar ni dirimir la cuestión del sentido pleno. Cf. ActaSyn III/3, 92. 97; IV/1, 359.; IV/5, 710. Aun cuando en español el núm 16 habla de plenitud de sentido del AT a la luz del NT, el texto latino dice: “…libri tamen Veteris Testamenti integri in praeconio evangelico assumpti, in Novo Testamento significationem suam completan acquirunt et ostendunt” (DV 16), evitando hablar del “sensus plenior”. En el segundo esquema hablaba de sensum, a partir del tercero de significationem. En la relación se dice: “(E)…Loco sensum ponitur significationem, ne Concilium controversiam de sensu pleniore Scripturarum dirimere videatur…” ActaSyn III/3, 97.
Cf. C. MACIEL DEL RÍO, “El texto es uno, las interpretaciones son múltiples”, DEPARTAMENTO EPISCOPAL DE PASTORAL BÍBLICA, Implicaciones pastorales de la Dei Verbum (Cuadernos de Reflexión Bíblica 3; México s.f. ¿1990 ó 1991?) 13-19, 16-18.
Algunos Obispos, como Ruffini y Gasbarri, en el Aula Conciliar expresaron su temor de abusos de parte de los exegetas con relación al uso de los géneros literarios. Cf. ActaSyn III/3 274; 297-298.
Cf. EB 577-581. Las formas literarias, que difieren de los géneros literarios greco-latinos o modernos, las trata en el 581.
En las enmiendas que se hacen del segundo al tercer esquema se dice: “(E) E/391, 2 (Animadv. dact., p 101); E/414; E/458 putant difficultatibus hodiernae exegeseos in textu priori nos satisfieri. Non videtur bonum omnia genera litteraria enumerare. Propterea pauca tantum nominantur et additur « et aliis dicendi generibus », secundum E/2396, et in genere litterario historico additur « vario modo historicis », ne fiat regressus ad statum ante encycl. Divino afflante et Humani generis datum”. ActaSyn III/3, 92-93.
“La fonction herméneutique enfin, qui depuis environ une décennie s’estimposée en s’adjoignant à l’exégèse historico-littéraire, n’invite-t-elle pas l’exégète à dépasser la recherche du «pur texteprimitif» et à se souvenir que c’est l’Eglise, communauté vivante, qui en «actualise» le message pour l’homme contemporain? … Votre travail ne consiste donc pas simplement à expliquer des textes anciens, à rapporter des faits de manière critique ou à remonter à la forme primitive et originelle d’un texte ou d’une page sacrée. C’estle devoir primordial de l’exégète de présenter au peuple de Dieu le message de la révélation, d’exposer la signification de la Parole de Dieu en elle-même et par rapport à l’homme contemporain, de donner accès à la Parole, au-delà de l’enveloppe des signes sémantiques et des synthèses culturelles, parfois éloignés de la culture et des problèmes de notre temps. Quelle grande mission vous incombe vis-à-vis de 1’Eglise comme de toute l’humanité! Quelle contribution à l’évangélisation du monde contemporain! ” (Pablo VI a la Pontificia Comisión Bíblica, 14-3-74, AAS 66 (1974) 235-241, 236-237)
“(K) «Et unitatem» inseritur secundum E/3667, qui tamen putat omittendum esse «contentum». Ponitur utrumque, quia «unitas utriusque Testamenti» habet momentum theologicum proprium, sicut etiam «contentum»”. ActaSyn IV/1, 359.
“[Modus] 30.- Pag 22, linn. 28-29: 13 Patres petunt ut scribatur Traditio cum maiuscula quian non agitur tantum de traditionibus ecclesiasticis. Insuper addere volunt Magisterium et sensun fidei Populi Dei. Alius vult citari Patres ecclesiae. Unus denique Pater proponit longiorem additionem de normis quae imperant exegesi ut disciplinae theologicae. R/- Scribatur «vivae totius Ecclesia Traditionis et analogiae fidei». Ita in totius Ecclesiae Traditione iam cointelliguntur Patres et sensus fidei. Linea autem 34 servetur «Ecclesiae iudicio». Longior additio, cum normis technicis, hic non est necessaria. Ceterum iam addita est, in Modo 27, incisa de Spiritu exegeseos. De Patribus, cf. etiam infra dicenda sub n. 23. Ita omnibus provisum est”. ActaSyn IV/5 712.
“[Modus] 27.- Pag 22. lin. 25: Octo Patres proponunt additionem hoc modo: «Sed, cum S. Scriptura eodem Spiritu quo scripta es etiam legenda et interpretanda sit, ad recte…». R/- Admittitur, addita referentia in Nota: cf. Benedictus XV, Enc. Spiritus Paraclitus, 15 sept 1920, EB 469. S. Hyeronimus, In Gal. 5, 19-31: PL 26, 417A”
Cf. ActaSyn III/3 306-309 Traducción española y comentario en: “Discurso de Mgr. Neophiytos Edelby (con breve comentario de Luis Alonso Schökel”, L. ALONSO SCHÖKEL ed., Comentarios a la Constitución Dei Verbum sobre la divina revelación (BAC 284; La Editorial Católica, Madrid 1969) 481-487.
El discurso de Mons. Edelby, lo mismo que la petición de otros Padres, al igual que uno de los 4 “modi” del capítulo III, presentados por el Pontificio Instituto Bíblico a inicios de 1965 y entregados a algunas conferencias episcopales y a varios Obispos, todos estos factores influyen en la nueva frase que se añade en el quinto y definitivo esquema. Cf. I. DE LA POTTERIE, “La interpretación de la Sagrada Escritura con el mismo Espíritu con que fue escrita (DV 12, 3)”, R. LATOURELLE ed., Vaticano II. Balance y Perspectivas (Verdad e Imagen 109; Sígueme, Salamanca 1990) 159-186, p. 174, nota 67. Ver otros Obispos que proponen: ActaSyn IV/2, 983 y 996.
No he podido tener acceso una tesis presentada en el Bíblico hace ya más de 20 años (1985) de un panameño que ahora es Obispo en Quiché, Guatemala., La interpretación de la Escritura en el Espíritu. Estudio histórico y teológico de un principio hermenéutico de la Dei Verbum (Burgos 1987).
Cf. I. DE LA POTTERIE, “La interpretación”, 159-186 (el trasfondo patrístico, pp. 161-169; el texto conciliar pp 169-185).
“Itaque cum sibi ipse [Hieronymus] conscius esset “semper in exponendis Scripturis sanctus Spiritus Dei indigere nos adventu” et non aliter Scripturam esse legendam et intellegendam “quam sensus Spiritu Sancti flagitat, quo conscripto est”, sanctissimus vir Dei opem et Paracliti lumina, amicis quoque deprecatoribus usus, suppliciter implorat…”.EB 469.
El hagiógrafo, el lector y el intérprete de la Escritura “están sometidos a la acción del Espíritu, por lo que los tres verbos están en pasiva”. DE LA POTTERIE, “La interpretación”, 175.
[Plures Patres Conciliares] : “Opportunum est mentionem facere de Spiritu Sancto etiam relate ad interpretationem S. Scripturae, nam facienda est sub lumine fidei” ActaSyn IV/2, 996.
“Cette connexion essentielle entre la Bible et 1’Eglise ou, si vous préférez, cette lecture de la Sainte Ecriture in medio Ecclesiae, confère aux exégètes de l’Ecriture Sainte, et tout particulièrement à vous, Membres qualifiés de la Commission biblique pontificale, une fonction importante au service de la Parole de Dieu. Aussi Nous sentons-nous encouragé à regarder avec sympathie, bien plus, à soutenir et à donner vigueur à ce caractère ecclésial de l’exégèse contemporaine.”. Pablo VI a la Pontificia Comisión Bíblica, 14-3-74, AAS 66 (1974) 235.
“Il est donc juste de dire que, si la Parole de Dieu a convoqué et engendré l’Eglise, c’est aussi l’Eglise qui a été en quelque sorte la matrice des Saintes Ecritures, cette Eglise qui a exprimé ou reconnu en elles, pour toutes les générations futures, sa foi, son espérance, sa règle de vie en ce monde.” Pablo VI a la Pontificia Comisión Bíblica, 14-3-74. AAS 66 (1974) 237.
Los Obispos de habla alemana y los de la Conferencia Episcopal Escandinava proponen unas palabras de alabanza. Cf. ActaSyn III/3, 913; ver 120.
Entre las enmiendas del tercero al cuarto esquema aparece: “(L) Multi Patres volebant ut mutaretur «sub ductu» in «sub vigilantia», et ut addantur verba «aptis subsidiis» scientiae (E/3223)”. ActaSyn IV/1, 376; cf. 120. El primer cambio correspondía a la petición del Obispo Schick, que intervenía en nombre de muchos obispos de habla alemana y escandinava: “quia magisterii non est imprimis in investigationibus exegeticis ducere, sed eis invigilare”. ActaSyn III/3, 311. Petición similar la hace el Obispo McEleney, cf. ActaSyn III/3, 850. Entre los modi que resultaron del 4º esquema, antes del definitivo, está: “[Modus] 20- Ibidem [num 23, linn. 27-28]: Quidam Patres petunt minora: Unus ut, loco « sub vigilantia Magisterii », denuo ponatur: « sub ductu Magisterii »; alius ut dicatur: « aptis scientiae subsidiis », ne cogitetur de pecuniis; tertius ut deleatur fructuose, utpote superfluum. R/. Commissio consulto scripsit « vigilantia », quia agitur de labore proprie scientifico. Etiam aliae propositiones non videntur opportunae. Scribatur autem: « sacri Magisterii ». ActaSyn IV/5, 732-733.
G. RUGGIERI, “El primer conflicto doctrinal”, G. ALBERIGO, Dir., Historia del Concilio Vaticano II, Vol. II (Peeters-Sígueme, Leuven-Salamanca 2002) 225-254, 244. Sobre esta polémica, ver J. KOMONCHAK, “La lucha por el Concilio durante la preparación”, G. ALBERIGO, Dir., Historia del Concilio Vaticano II, Vol. I (Peeters – Sígueme, Leuven-Salamanca 1999) 155-330, 259-262. Antes del Concilio, a finales del curso escolar 1961-62, dos de sus grandes maestros, los PP. Lyonnet y Zerwick, fueron suspendidos de la enseñanza. Los ataques comenzados en 1960 por Mons. A. Romeo, profesor de la Universidad Lateranense [A. ROMEO, “L’Enciclica «Divino Afflante Spiritu» et «le opiniones novae»”, Divinitas 4 (1960) 385-456. La respuesta del Bíblico: PIB, “Pontificium Institutum Biblicum et recens libellus R.mi. D.ni. A. Romeo”; VD 39 (1961) 3-17] avalados, por lo menos indirectamente, por el Card. Ruffini en 1961 [E. RUFFINI, “Generi Letterari e ipotesi di lavoro nei recenti studi biblici”, L’Osservatore Romano (24 agosto 1961). Una comparación entre lo que refuta el Card. Ruffini en ese artículo y lo que había señalado la Divino Afflante Spiritu, se puede ver en P. GRELOT, La Biblia, Palabra de Dios (BHSSE 60; Herder, Barcelona 1968) 445-446, nota 138], fueron continuados por otro profesor de la Lateranense F. Spadafora en 1962, con el folleto publicado: Razionalismo, esegesi cattolica e Magistero “destinata soltanto ai RR. Padri del Concilio Ecumenico e ad essi strettamente riservata”, que en realidad reproducía artículos ya antes publicados La respuesta del Bíblico en Un nuevo ataque contra le exégesis católica y contra el Pontificio Instituto Bíblico, -s.f- quizá 1962 ó 1963 ]. Bajo el pontificado de Pablo VI pronto se restituyó en sus cátedras a los profesores del Bíblico y él mismo en su discurso a la Universidad Lateranense el 31 de octubre de 1963, pidió enérgicamente poner fin a las polémicas, llamándola a la mutua colaboración con otros centros eclesiásticos de estudio, al reconocimiento sincero, emulación leal, mutua reverencia y concordia amigable: “E i Nostri voti sono tanto più vivi in quanto, da un lato, auspicano che una perfetta regolarità di funzionamento, una rigorosa serietà di studio, un perseverante sforzo di miglioramento impegni tutti, Maestri ed Alunni, a dare a questa Università virtù e meriti pari all’eccellenza del suo nome; e, dall’altro, che la sua affermazione nel concerto dei grandi, celebri e benemeriti istituti romani di alta cultura ecclesiastica sia quella della sincera riconoscenza, della fraterna collaborazione, della leale emulazione, della mutua riverenza e dell’amica concordia, non mai d’una gelosa concorrenza, o d’una fastidiosa polemica; non mai!”, http://www.vatican.va/holy_father/paul_vi/speeches/1963/documents/hf_pvi_spe_19631031_universita-lateranense_it.html.
En el tercer esquema se añade la frase: “quae verbi Dei servandi et interpretandi divino fungitur mandato et ministerio”. La razón está indicada en la relación: “(K) Cedimus desiderio E/285; E/ 414; E/ 2396, addendo quaedam verba de munere hierarchici magisterii. ActaSyn III/3 93. Esa era la petición del Obispo de Paderborn, L. Jäger, quien ofrecía la motivación: “Ratio: ut iterum reiiciatur obiectio protestantium, Ecclesiam dominationem arbitrariam sibi usurpari in verbum Dei”, ActaSyn III/3, 843. La misma razón, con las mismas palabras, ofrecida por Los Obispos de habla alemana y los de la Conferencia Episcopal escandinava ActaSyn III/3, 911. Y luego también por el Card., Raúl Silva Henríquez : “ne Ecclesia appareat ut arbitraria dominatrix Scripturae” ActaSyn III/3 799.
Sobre las intervenciones de la Pontificia Comisión Bíblica ver J. LOZA, “La Constitución Dei Verbum y la Pontificia Comisión Bíblica en la vida de la Iglesia”, EfMex 25 (2007), Vol. especial 1: El Concilio Vaticano II. Cuarenta años después. Evento, recepción y proyección. Coord. M. GONZÁLEZ CRUZ, 67-91.
PONTIFICIA COMISIÓN BÍBLICA, La Interpretación de la Biblia en la Iglesia (Traducción española de H. SIMIAN-YOFRE. Col. Documentos Vaticanos; Libreria Editrice Vaticana, Città del Vaticano 1993). Hay diversos comentarios sobre este documento. En orden de aparición, señalo los siguientes: J. A. Fitzmyer, The Biblical Commission’s Document: “The Interpretation of the Bible in the Church” (SB 18; PIB, Roma 1995). C. MORA PAZ, ed., Para comprender el mensaje de Dios. Comentarios al documento de la Pontificia Comisión Bíblica sobre la Interpretación de la Biblia en la Iglesia (Com. Epis. de Pastoral Bíblica , México s.f. [1997]). G. GHIBERTI e F. MOSETTO, dir., Interpretazione della Bibbia nella Chiesa (Elle di Ci, Torino 1999). AA. VV. L’Interpretazione della Bibbia nella Chiesa. Atti del Simposio promosso dalla Congregazione per la Dottrina della Fede (Editirce Vaticana, Vaticano 2001). P. S. WILLIAMSON, Catholic Principles for Interpreting Scripture. A Study of the Pontifical Biblical Commission’s The Interpretation of the Bible in the Church (SB 22; PIB, Roma 2001). P. S. WILLIAMSON, “Catholic Principles for Interpreting Scrpture”, CBQ 65 (2003) 327-349; resumido en Selecciones de Teología 43 (2004) 39-53.
Como apéndice gráfico, presenté en mi exposición de Powerpoint tres triángulos que reflejan la exposición mía (Biblia: palabra humana, divina, actual), la de Carlos Mesters (Biblia: texto, con-texto y pre-texto) y la de Ralf Huning (lectura: texto, vida y fe). Cf. R. HUNING, Aprendiendo de Carlos Mesters: hacia una teoría de lectura bíblica (Verbo Divino, Estella-Navarra 2007) 229-252. 353-364..
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