LA DEI VERBUM Y EL SÍNODO DEL 2008:

LA PALABRA DE DIOS EN LA VIDA Y EN LA MISIÓN DE LA IGLESIA

Análisis del cap. VI de la Dei Verbum. Lineamenta del Sínodo: Retos para hoy

Carlos Junco Garza

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SUMMARY:
The author presents the attitude of the Church in recent centuries toward the Scriptures, and analyzes the fundamental advances of chapter VI of DV.  He then refers to the upcoming Synod of 2008 on The Word of God in the Life and the Mission of the Church, describing the important points of the lineamenta, the accomplishments and challenges for today.


A nivel pastoral el capítulo VI de la Dei Verbum marca el punto culminante  de la Constitución Dogmática sobre la Divina Revelación. Los primeros cinco capítulos son muy importantes a nivel doctrinal, el sexto a nivel pastoral, apoyado en puntos doctrinales específicos y en la enseñanza presente en toda la Constitución. “Puede considerársele como una clave para la comprensión de toda la Constitución” .

1. ANTECEDENTES
Es también el punto de llegada de una evolución que, con sus altibajos, se dio a partir del Concilio de Trento, y que, de manera especial, desde finales del siglo XIX fue mostrando aspectos muy positivos .

1.1.     Aspectos negativos
He señalado altibajos, porque aunque el Concilio de Trento no fomentó la lectura privada de la Palabra de Dios, sí llamó a la lectura y explicación pública de las Escrituras (Super lecciones, 17 de junio de 1546, EB 65-72). Por desgracia no hubo seguimiento a esta exhortación, que quedó en la práctica  en letra muerta.  Es más, en la época del Concilio (1559) y poco después de él (1564), la Congregación del Índice, precursora de la del Santo Oficio, y ésta de la de la Doctrina de la fe, prohibió imprimir y poseer Biblias en lengua vulgar sin un permiso especial (cf. DH 1853-1854); aunque casi dos siglos después, en 1757, se levanta esa prohibición, quedó la mentalidad en muchos ambientes de que la Biblia era un libro protestante, o un libro que sólo algunos católicos lo podían leer.
Si a esto sumamos la condenación de Clemente XI (Unigenitus Dei Filius, 8 sept 1713; cf. DH 2479-2485) de algunas proposiciones de Quesnel, como por ejemplo: “En todo tiempo y lugar y para toda clase de personas es útil y necesario estudiar y conocer el espíritu, la piedad y los misterios de la Sagrada Escritura” (# 79). O “La lectura de la s. Escritura es para todos” (# 80), etc., nos damos cuenta del ambiente eclesial en torno a la Palabra de Dios.
Otros botones de muestra de esta actitud de recelo ante las Escrituras son los siguientes.
Pío VI en 1794 presentó como “falsa, temeraria, perturbadora de la tranquilidad de las almas y ya condenada en Quesnel, la siguiente proposición del sínodo de Pistoya; “La doctrina de que ‘sólo la verdadera imposibilidad’ excusa de la lectura de las Sagradas Escrituras y de que por sí mismo se delata el oscurecimiento que del descuido de este precepto ha caído sobre las verdades primarias de la religión” (DH 2667).
Pío VII en 1816 exigió la retractación del obispo Stanislas de Mogilev, quien había incurrido en la grave falta de recomendar a todos los fieles la lectura de la Biblia .
En el mismo siglo XIX, tanto Gregorio XVI (8 mayo de 1844; DH 2771; EB 74b-74l), como Pío IX (9 noviembre dc 1846; DH 2784; EB 74m) condenan y reprueban la difusión de las Biblias por las sociedades bíblicas.

1.2.     Aspectos positivos
Junto a estos puntos negros en la historia de nuestra Iglesia con relación al acercamiento a la Biblia, empiezan paulatinamente nuevos aires en las últimas décadas del siglo XIX. Tanto las encíclicas Providentissimus Deus de León XIII (18 de noviembre de 1893), Spiritus Paraclitus de Benedicto XV (15 de septiembre de 1920), y Divino Afflante Spiritu de Pío XII (30 de septiembre de 1943), como los movimientos bíblico, litúrgico y ecuménico fueron despertando el ansia de la Palabra de Dios. A nivel científico la creación del L’Ecole Biblique de Jérusalem por el P. Joseph-Marie Lagrange, o.p, el 15 de noviembre de 1890 y casi 20 años después, el 7 de mayo de 1909, la del Pontificio Instituto Bíblico de Roma por decisión de S. Pío X (Vinea electa), fueron un impulso muy significativo para los estudios de especialización entre los católicos. Pocos años antes de la fundación del Bíblico de Roma, el 30 de octubre de 1902, León XIII había creado la Pontifica Comisión Bíblica (Vigilantiae) y luego S. Pío X le permitió conferir los grados académicos en Sagrada Escritura (Scripturae Sanctae, 23 de febrero de 1904).
Todo este conjunto de hechos se vio coronado por el Concilio Vaticano II. El primer documento aprobado el 4 de diciembre de 1963, la Sacrosanctum Concilium, Constitución de S. Liturgia, abría las puertas a las lenguas vernáculas en la liturgia (SC 36. 54. 63. 101)  y mostraba la importancia fundamental de la Palabra y de las Escrituras en ella (SC 7. 24. 35. 51. 56. 92a). El 7 de marzo de 1965, primer domingo de Cuaresma, se empezó a hacer efectiva en toda la Iglesia la proclamación de la Palabra de Dios en las lenguas vernáculas (cf. Inter Oecumenici 40-43; 57-59; 26-9-64). La aprobación de la Dei Verbum culminaba estos hechos y se convertía, a la vez, en punto de partida para la evolución posterior.
Sin duda alguna, al menos en nuestra patria, la proclamación de las lecturas bíblicas en nuestro idioma marcó el paulatino acercamiento de los fieles practicantes a la Palabra de Dios.
La convocatoria del próximo Sínodo, del 5 al 26 de octubre del 2008, será también una oportunidad singular para hacer un alto en el camino, revisar la influencia de La Palabra de Dios en la vida y en la misión de la Iglesia, y buscar nuevos derroteros que ayuden a que la Palabra encuentre más presencia y eco en la evangelización, en la celebración, en la profundización, en la interpretación, y sobre todo en la vivencia hecha koinonía y diakonía, Convertir a la Iglesia en una comunidad dispuesta a la escucha atenta y proclamación valiente de la Palabra.

2. EL CAPÍTULO VI DE LA DEI VERBUM
La mirada que les propongo quiere partir de la reflexión del capítulo VI de la DV para llegar a las propuestas del Sínodo.

2.1.     Contenido
El contenido del capítulo se puede resumir así: La Iglesia venera las Escrituras al igual que el Cuerpo de Cristo. Las considera regla de su fe, alimento para su misión de predicar, y poder, fuerza y sostén de sus fieles, que en ellas escuchan la voz del Padre que conversa con ellos (DV 21). Por eso todos los fieles han de tener acceso fácil a las Escrituras; valiéndose de traducciones adaptadas, si es posible ecuménicas (DV 22). La comprensión profunda de las Escrituras es tarea de la Iglesia entera que  se vale de la ayuda de loe exégetas que investigan las Escrituras y las explican, de modo que se aumente el número de ministros de la Palabra que las expongan a los demás (DV 23), La teología y el ministerio de la Palabra encuentran en las Escrituras, que son Palabra de Dios, su fundamento y alimento (DV 24). De allí surge la necesidad de que clérigos, religiosos y demás fieles lean la Biblia en un clima de oración; los obispos deben procurar que se promuevan textos con notas apropiadas (DV 25). De esta forma, con la lectura y estudio de las Escrituras hay que esperar un nuevo impulso de la vida cristiana basada en la Palabra perenne de Dios (DV 26).

2.2.     Cambios y avances
Si nos fijamos en los principales puntos donde se mostró un avance, podemos señalar los siguientes:  
- El título cambió: 1er esquema) De la S. Escritura en la Iglesia a 2º) Del uso de la S. Escritura en la Iglesia para llegar 3º-5º) De la Sagrada Escritura en la vida de la Iglesia .
- Aunque varios Obispos querían que se hablara de la Tradición y Escritura, las respuestas de la Comisión se mantuvieron firmes. De la Tradición en la vida eclesial se trata en el # 8, capítulo segundo. Este capítulo VI quiere fijarse solamente en la Escritura. Por supuesto es una Escritura leída en la Tradición de la Iglesia; no hay el peligro de que sea el principio de la sola Scriptura de los reformadores .
- En el núm 21 se pasó de los cuidados de la Iglesia ante la Escritura, a la veneración de la Escritura en la Iglesia. Mientras los dos primeros esquemas afirmaban que la Iglesia nunca había dejado de abrir el tesoro de las Escrituras, los Obispos de Indonesia, entre otros, pidieron más modestia en la afirmación, pues los hechos contradecían eso . Por eso del numquam se pasó al non desinat: no cesa… (en varias ediciones, la traducción no es exacta, pareciera que traducen los dos primeros esquemas, al decir: “nunca ha cesado”).
- Algunos Obispos expresaron su temor por la comparación entre las Escrituras divinas y el cuerpo del Señor, en la única mesa de la Palabra y del Cuerpo de Cristo (DV 21). La comisión mostró que esa comparación tiene su fundamento desde Jn 6, donde tanto las Palabra de Jesús (Jn 6,32-50; cf. Jn 3,11), como su carne y su sangre (Jn 6,51-59) los presenta como alimento. Los Santos Padres expresaron esta comparación, también los hizo la Imitación de Cristo . Es cierto que en el mismo Concilio varía la terminología, en PO habla de dos mesas, SC señala por separado las dos mesas; en cambio, en este texto y en PC 6 se menciona una sola mesa con ese doble alimento ,
- No todos estaban de acuerdo en que se presentara a la Escritura como la norma suprema de la fe de la Iglesia (DV 21). La Comisión subraya que esa es la doctrina que se quiere inculcar entendiendo no la sola Scriptura, sino una cum Traditione.
- También hubo voces que expresaron sus temores al recomendar la lectura de la Escritura por todos los fieles (DV 22); ellos querían que se insistiera en las dificultades que hay para eso, tal como lo hacía el primer esquema Se mostró que la recomendación de la lectura asidua de la Escritura era ya la doctrina tradicional de las últimas encíclicas . En torno al acceso fácil a las Escrituras se pasó del deseo expresado en el 2º esquema (late pateat) a la necesidad subrayada a partir del 3er esquema (late pateat oportet).
- Sobre las traducciones (DV 22). A la Vulgata no se le dio el único reconocimiento, sino también a los LXX y a las demás versiones latinas. Además al hablar de las traducciones que han de realizarse se pasó de un tímido etiam ex primigeniis sacrorum librorum textibus, a un praesertim ex…. Las traducciones se hacen, no también de los textos originales, sino sobre todo a partir de ellos.  El hecho de permitir las traducciones ecuménicas de la Biblia , aunque algunos pusieron reparos ,  fue abrir el paso a un  camino que irá allanando los pasos en la tarea de la unidad de todos los creyentes en Cristo.
- Recuerdo también lo expuesto ayer: la alabanza a los exégetas y el señalar que su tarea no es sub ductu Magisterii”, sino sub vigilantia sacri Magisterii . La comprensión de las Escrituras por parte de los investigadores debe tener en cuenta a los Santos Padres, orientales y occidentales, lo mismo que a las diversas liturgias (DV 23) [en las traducciones se menciona a veces equivocadamente: la liturgia en singular].
- Subrayar el papel de la Escritura en la teología y en todo el ministerio de la predicación fue fundamental (DV 24).
- También es significativa la adición de que a la lectura de la Biblia debe estar unida la oración (DV 25), algo que se añadió a partir del 4º esquema (DV 25) .

2.3.  Puesto central de la Escritura y actitud ante ella
Con estos elementos advertimos el puesto privilegiado que se le da a la Escritura en la Iglesia. No se trata de una bibliolatría, sino de descubrir en la Biblia una mediación para el encuentro con Dios: con el Padre, el Hijo y el Espíritu.
Así lo señala DV 21: “En los libros sagrados, el Padre que está en el cielo, sale amorosamente al encuentro de sus hijos para conversar con ellos”.
El # 7 de la SC nos recuerda: “[Cristo] está presente en su palabra, pues cuando se lee en la Iglesia la Sagrada Escritura, es Él quien habla”.
La DV en el número 8, al hablar de la Tradición que “da a conocer el canon y de los Libros sagrados y hace que los comprenda cada vez mejor y los mantenga siempre activos”, añade: “Así Dios, que habló en otros tiempos, sigue conversando siempre con la Esposa de su Hijo amado; así el Espíritu Santo, por quien la voz viva del Evangelio resuena en la Iglesia, y por ella en el mundo entero, va introduciendo a los fieles en  la verdad plena y hace que habite en ellos intensamente la palabra de Cristo (cf. Col. 3,16)”.
La presencia de la voz del Padre, del Hijo y del Espíritu que siguen conversando con nosotros exige ante todo una actitud que programáticamente se ha expresado ya desde el comienzo de la Constitución: La Palabra de Dios la escucha con devoción y la proclama con valentía el Santo Concilio (Dei Verbum religiose audiens et fidenter proclamans Sacrosancta Synodus …). Esta frase fue añadida en el quinto y definitivo esquema . Expresa una tarea permanente de los Obispos, y de toda la Iglesia. Nadie está por encima de la Palabra de Dios (cf. DV 10), sino que la actitud de todos nosotros es la escucha permanente de la voz del Espíritu: “El que tenga oídos, oiga lo que el Espíritu dice a las Iglesias” (Ap. 2,7.11.17.29; 3,6.13.22).

3.   EL SÍNODO DEL 2008: LA PALABRA DE DIOS EN LA VIDA Y EN LA MISIÓN DE LA IGLESIA
En este contexto doy ahora un  salto al inicio del ministerio petrino de Benedicto XVI, cuando en su homilía dijo: “¡Queridos amigos! En este momento no necesito presentar un programa de gobierno. Algún rasgo de lo que considero mi tarea, la he podido exponer ya en mi mensaje del miércoles, 20 de abril; no faltarán otras ocasiones para hacerlo. Mi verdadero programa de gobierno es no hacer mi voluntad, no seguir mis propias ideas, sino de ponerme, junto con toda la Iglesia, a la escucha de la palabra y de la voluntad del Señor y dejarme conducir por Él, de tal modo que sea él mismo quien conduzca a la Iglesia en esta hora de nuestra historia” (24 de abril del 2005).
Una Iglesia a la escucha de la palabra y de la voluntad del Señor. La Palabra de Dios en la vida y en la misión de la Iglesia. Este es el tema del próximo Sínodo a celebrarse del 5 al 26 de octubre de este año. Varios factores influyeron a elegir esta temática. La declaración de Benedicto XVI sobre su programa de gobierno: una Iglesia a la escucha de la Palabra. El primer Sínodo que presidió él y que había sido convocado por Juan Pablo II., con la temática de la Eucaristía, que exige la relación a la Palabra. Las peticiones que se dieron para tener un Sínodo en torno a la Palabra, sobre todo en el contexto del cuadragésimo aniversario de la promulgación de la Dei Verbum (18 nov. 1965-2005). Quizá estos han sido algunos de los motivos para convocar el próximo Sínodo.

3.1. Los Lineamenta
Desde finales de marzo del 2007 aparecieron los Lineamenta . Con la respuestas que se entregaron en noviembre, ya se ha preparado el Instrumentum laboris, que fue presentado a los encargados del Sínodo en la reunión tenida los días 21 y 22 de enero de este 2008. Con las aportaciones recabadas en esa ocasión se están dando ya los retoques finales al Instrumentum laboris, que debe ser publicado ya en estos días.
La estructura de los Lineamenta  es la siguiente:
Introducción: ¿Por qué un Sínodo sobre la Palabra de Dios? (# 1-5).
Capítulo I: Revelación, Palabra de Dios, Iglesia (# 6-17).
Capítulo II: La Palabra de Dios en la vida de la Iglesia (# 18-25).
Capítulo III: La Palabra de Dios en la misión de la Iglesia (# 26-33).
Conclusión (#34).
La introducción y cada uno de los tres capítulos vienen acompañados de preguntas que fueron la base de las respuestas aportadas por las distintas iglesias del mundo entero.
Creo que el material que presentan los Lineamenta es un punto de arranque en esta reflexión, que seguramente se habrá visto enriquecida con los aportes de las distintas Iglesia y se reflejará pronto en el Instrumentum laboris.

3.1.1.  Algunos puntos claves
Señalo algunos de los muchos puntos que merecen la atención, por ejemplo:
- La Revelación como comunicación interpersonal, gratuita y salvífica que nos lleva al encuentro con Dios y con los hermanos (# 6, pp. 15-16). Diversas funciones de la Palabra como comunicación interpersonal: informativa, expresiva, vocacional (# 10, p. 23).
- Primado de la Palabra (# 11, p. 24); centralidad de ella en la vida de la Iglesia (# 19, p. 39). La Palabra de Dios como sinfonía de varias voces que se condensan en una sola voz, la de Cristo (# 10, pp. 21-23). Esa palabra se hace historia humana (# 8, p. 18). No queda encerrada en lo escrito, sino que despliega su fuerza también en la predicación viva (#  10, p. 22); tampoco es un depósito inerte, sino que va creciendo en la Iglesia (# 13, p. 26).
- La Iglesia que es engendrada y convocada por la Palabra  (# 18, p. 37). Debe escucharla, leerla, predicarla, profundizarla, celebrarla y hacerla vida (cf. cap. II). María, virgen oyente y practicante de la Palabra, modelo para todos los creyentes (# 12, pp. 24-25).
- La interpretación se enfrenta ante riesgos, como el fundamentalismo, o la lectura ideológica de la Biblia. La interpretación debe hacerse, bajo la guía de la fe, con criterios filosóficos y teológicos (# 15-16  pp. 29-31). El Espíritu nos ayuda a lograr  la interpretación cristiana de las Escrituras (#20. 24 pp. 39.46). Por eso la auténtica lectura espiritual no es algo extrínseco a la Biblia, sino una profundización de su sentido (# 16, p. 32).
- El pan de vida ofrecido en la mesa de la Palabra y del Cuerpo de Cristo (# 4, pp. 11-12).
3.1.2.  Puntos débiles
Entre algunos de los silencios o temas tocados sólo de pasada en el documento, advierto la poca proyección social de la escucha y vivencia de la Palabra. Algo aparece en el # 25, p. 48, en el párrafo que comienza: “Sobre todo la Palabra debe ser encontrada con alma de pobre…, donde al final cita al documento de La Interpretación de la Biblia en la Iglesia, cuando se alegra de la gente sencilla y pobre que toma en sus manos la Biblia y aporta una interpretación penetrante, desde el punto de vista existencial y espiritual., Lo mismo puede decirse en algunas alusiones, cuando se habla de la vida que surge de la escucha de la Palabra (# 21, p.41), y del Reino y la justicia en el # 26,  pp. 53-55. Entre las preguntas, me parece que sólo dos, de las que aparecen en el # 6, del cap. segundo (cf. p. 52), tienen algo de esto.
También creo que falta un énfasis mayor en la dimensión profética de la Palabra; sólo en una ocasión se habla de la Escritura como realidad litúrgica y profética , sin sacar las consecuencias que eso implica para la vida de la Iglesia, sobre todo quizá en el contexto latinoamericano.

3.1.3.  Las preguntas y las respuestas
Las preguntas son muy numerosas y creo que se pueden prestar a la dispersión de temas. Tengo a mi alcance las aportaciones de la Iglesia Mexicana y de la Iglesia Argentina. Las de México me parece que, en muchos de los casos, no llegan a ser una síntesis elaborada de las respuestas de las Iglesias particulares, sino un vaciado de ellas, de dispar contenido y alcance. Diversa es la forma de presentación de la Iglesia de Argentina, donde sí parece tratarse de una síntesis elaborada de forma más coherente.

3.2.     Avances dados
Señalo rápidamente algunos de los muchos avances que se han logrado .
Ciertamente ha habido una presencia mayor de la Palabra en medio de nuestro pueblo y un acercamiento a ella. Aunque es una minoría la que participa habitualmente en la Eucaristía dominical, esa pequeña comunidad  está en contacto semanal con la Palabra; para muchos de ellos ésa es la única oportunidad de escuchar las Escrituras.
Hay otros que pueden y quieren formarse, prepararse y capacitarse  a través de cursos, centros de estudio, escuelas e institutos bíblicos.
La lectio divina ha comenzado, desde hace tiempo a practicarse entre los diversos miembros de la Iglesia.
También en la formación académica y espiritual en los seminarios e institutos religiosos, las Escrituras han tomado en general un lugar importante. Algo similar se puede decir de algunos cursos de formación permanente para los presbíteros.
Nuestra Asociación de Biblistas mexicanos (ABM) es una respuesta positiva a la necesidad de mutuo conocimiento, de intercambio, de publicación y de aliento en nuestra labor.
Se han multiplicado los libros sobre la Biblia. Hay materiales didácticos muy útiles. Existe intercambio de programas de estudio, materiales, experiencias y vivencias. A nivel latinoamericano hay ya un Comentario Bíblico. Se prepara también una traducción hecha por latinoamericanos: La Biblia de la Iglesia en América (BIA).
Por supuesto que todas estas realidades no han llegado a la meta deseada, pero será importante que nosotros dinamicemos su espíritu.

    1. Algunos de los retos que enfrentamos

 

3.3.1.  Mayor formación bíblica
Es necesario que todas estas experiencias de formación, capacitación y preparación se vean enriquecidas de forma mayor en cantidad y calidad. Que sea mayor el número de quienes puedan tener acceso a centros de formación, a grupos que estudian la Biblia, a gente que hace de la lectio divina su alimento ordinario. También que en los centros de formación se revisen programas, contenidos y proyección de los estudios.
No hay que perder de vista el triple objetivo señalado para los grupos que se reúnen a reflexionar sobre la Palabra de Dios: 1) conocer la Biblia; 2) construir la comunidad; 3) servir al pueblo (cf. IBI, IV.C.3, p. 116). El acercamiento a las Escrituras debe tener una proyección en la edificación de la comunidad por medio de la koinonía, el amor afectivo y efectivo; debe tener también un impulso de diakonia, de servicio a todos, especialmente a los más necesitados.

3.3.2.  La Escritura en las celebraciones litúrgicas
Al constatar que para muchos de los cristianos “practicantes” el único contacto con la Palabra de Dios se da prácticamente a través de las celebraciones litúrgicas, tenemos que poner mucho empeño para que en ellas se puedan realmente nutrir del pan de vida en la mesa de la Palabra y del Cuerpo de Cristo.
Tendremos que poner más atención a una proclamación clara de la Palabra por lectores realmente preparados y capacitados para este ministerio litúrgico; no podemos seguir improvisando, llamado a cualquiera a que proclame la Escritura. Hemos de tener cuidado en la acústica de nuestros templos. También en la liturgia hay que darle su realce al ambiente y clima de silencio, de escucha de la Palabra, de asimilación. Los silencios antes o después de las lecturas y homilía son claves para crear un clima de escucha orante.
El ministerio de la homilía como servicio a la Palabra, al pueblo congregado, y a la celebración que se realiza, debe ser preparado a plena conciencia y con los medios adecuados que nos pongan en contacto orante con la Palabra que hemos de explicar y actualizar. Hay diversas experiencias en algunas partes, como la preparación en conjunto con otros presbíteros y/o con laicos de la comunidad que podrán aportar su ciencia, reflexión, experiencia y vivencia de la Palabra,

3.3.3.  La lectio divina
Creo que todos estamos llamados a seguir practicando y promoviendo la lectio divina, la lectura espiritual o lectura orante de la Palabra de Dios , para así realizar el diálogo con el Señor, conforme a la frase de S. Ambrosio: “A Dios hablamos cuando oramos, a Dios escuchamos cuando leemos sus palabras” (DV 25).
El Card. Martíni, pastor y exegeta, que en nuestro tiempo ha sido pionero e impulsor de esta práctica antiquísima, acercando así a muchos de sus fieles a la Palabra de Dios, propone que se busquen métodos sencillos. El sugiere los tres pasos claves: lectio, meditatio, oratio o contemplatio . Otros autores separan la contemplatio como un cuarto paso, y en él incluyen la actio o compromiso.
El Card. Kasper señala: “La lectura y la interpretación espiritual de la Escritura es, pues, la respuesta sea al « malaise » ecuménico, sea al « malaise » exegético” .
Para una sociedad que cada día se hace más plural en religión, cultura, etnia, política, etc, un fruto importante de la lectio divina, en palabras del Card. Martini, es la  siguiente: “La familiaridad orante con la Biblia nos ayuda, además, a afrontar uno de los retos más grandes de nuestro tiempo, que es el de vivir juntos como personas diferentes no sólo en la etnia sino también en la cultura, sin destruirnos mutuamente y también sin ignorarnos, respetándonos y estimulándonos recíprocamente para una mayor autenticidad de vida” .
Para nosotros la lectio no podrá olvidar nuestro contexto latinoamericano, para que sea una mutua iluminación: de nuestra realidad a la lectura espiritual, y de la Escritura a la realidad específica nuestra. No puede quedarse en algo meramente individual e intimista, sino que deberá proyectarse a una dimensión social comprometida.

3.3.4.  La interpretación de las Escrituras
Cada día se ve más urgente la mutua colaboración de pastores, estudiosos y demás fieles en la koinonía del Cuerpo de Cristo, que se esfuerzan por interpretar las Escrituras.
Pienso que pastores y especialistas necesitamos aprender de las comunidades y grupos que se acercan a la Palabra y, con la ayuda de Dios, alcanzan a penetrar más profundamente el sentido existencial y espiritual de las Escrituras, y nos pueden abrir los ojos para no quedarnos con una interpretación meramente científica o etérea.
De allí también surge la encomienda de nosotros exégetas en no contentarnos con alcanzar el sentido primitivo que tenían los textos, o el dar una respuesta satisfactoria, en mayor o menor escala, sólo a problemas filológicos, literarios e históricos, sino además abrirnos a la inteligencia espiritual de las Escrituras, no como dos campos irreconciliables, sino como dos aspectos complementarios de la misma tarea.
Esto podrá ser quizá un interrogante para nuestra misma enseñanza: nuestra exégesis ¿se queda sólo en un análisis científico-crítico, sólo tomando en cuenta las normas “racionales” de la exégesis o se esfuerza por llegar a la comprensión de la Escritura con el mismo Espíritu con que fue escrita?
¿En qué medida, directa o indirectamente, ayudamos en la vida eclesial a que se multipliquen los ministros de la Palabra capaces de ofrecer ese alimento a los demás fieles? Creo que en nuestras manos está ayudar a una mejor capacitación y formación de los agentes de pastoral y de preparar materiales que sirvan para la difusión y comprensión de las Escrituras.

3.3.5.  De una pastoral bíblica a una pastoral continuamente animada por la Biblia
Así lo piden los Lineamenta (# 21, p. 41; cf. # 27, p. 55). Así también lo entendió el documento de Aparecida # 248. Sólo enuncio este dato, su reflexión queda más en otros ámbitos.

3.3.6.  La dimensión profética de la Palabra
La fuerza y dimensión profética que debe tener la Palabra de Dios escuchada y proclamada.
El Card. Kasper hablando del mismo Concilio dice: “Lamentablemente el Concilio no logró tratar ampliamente, en modo concreto, la función crítica de la Palabra de Dios, sino que se limitó a mencionarla con cautela, casi de paso, describiendo la Escritura como un espejo en el que se advierte ya desde ahora el Dios escondido (cf. DV, 7), en el que, sin embargo – se podría añadir – podemos y tenemos que vernos a nosotros mismos en modo siempre crítico. El Concilio no presenta criterios concretos que permitan distinguir cuándo en la Iglesia la palabra escuchada es Palabra de Dios o palabra meramente humana, o incluso palabra contraria a Dios. Joseph Ratzinger justamente ha observado que el Concilio perdió de esta manera una ocasión ecuménica . Como veremos a continuación, en la última parte de la Constitución, de carácter pastoral y espiritual, el documento sugiere en qué dirección hay que buscar la respuesta .
La función crítica de la Palabra nos sitúa, al interior de la comunidad cristiana, ante una Ecclesia semper purificanda (LG 8). Una Iglesia que tenga como norma suprema de su fe la Escritura, unida a la Tradición. Una Iglesia que escuche lo que el Espíritu le dice en todo momento (cf. (Ap 2,7.11.17.29; 3,6.13.22). Una Iglesia que esté abierta al reconocimiento de sus errores y de sus pecados, porque sabe confiar en la gracia misericordiosa de su Señor. Una Iglesia que esté llamada constantemente a evangelizarse a sí misma, para dejar a un lado los ídolos que surgen en cada momento y quieren ocupar el lugar que sólo a Dios corresponde (cf. EN 15). Una Iglesia en la que todos sus miembros nos esforcemos porque sea realidad la petición de la plegaria eucarística Vb: “Que tu Iglesia, Señor, sea un recinto de verdad y de amor, de libertad, de justicia y de paz, para que todos encuentren en ella un motivo para seguir esperando”
Es cierto que la función crítica es molesta e incómoda; corre riesgos, como los sufridos por muchos de los profetas bíblicos, y por Jesús mismo.
“Los profetas siempre fueron incómodos para el pueblo, y especialmente para los poderosos. Fueron el azote o ruina de Israel (cf.1 Re 18,17). Dios hizo trizas a su pueblo con la palabra de los profetas (cf. Os 6,5). La palabra profética cala y hiere.
En el fondo está que nos gusta vivir en la mentira, en la falsa ilusión. Suenan actuales las palabras de Isaías, denunciando a su pueblo: “Que es un pueblo terco, criaturas hipócritas, hijos que no aceptan escuchar la instrucción de Yahvé; que han dicho a sus videntes: “no vean” y a los visionarios: “No vean para nosotros visiones verdaderas; háblenos cosas halagüeñas, contemplen ilusiones. Apártense del camino, desvíense de la ruta, déjennos en paz del Santo de Israel” (Is 30,9-11).
Quizá en esta época de la Iglesia nos hacen falta, dentro de la misma comunidad cristiana, los grandes profetas que surgieron en la época del Vaticano II, de Medellín, de los años sesentas a los ochentas. Profetas con un espíritu audaz y valiente, libres de ataduras, cercanos al pueblo, solidarios con los suyos. Personas que nos vengan a recordar el plan salvífico de Dios con todas sus implicaciones en nuestra vida personal y social. Profetas que nos ayuden a discernir la historia, a descubrir lo que Dios pide de nosotros en este momento, a desenmascarar nuestra falsa visión de Dios y de la fe. Personas que nos muevan el tapete de nuestra falsa seguridad y estabilidad. Profetas que defiendan a los pobres y oprimidos, que no sólo salgan en defensa de la vida y luchen contra el aborto y la eutanasia, sino que también luchen con todas sus fuerzas en contra de la explotación, en contra de la muerte lenta que causa la injusticia personal y estructural, en contra del sistema económico que hace víctimas que van perdiendo lentamente la vida por falta de oportunidades dignas de trabajo, de un salario no simplemente legal, sino justo” .
También esa función crítica pide a todos los miembros de la Iglesia discernir los signos de los tiempos, leer la Palabra del Señor en la historia y en la vida concreta, ser la voz de los sin voz, ser defensora de quienes ven conculcados sus derechos elementales a la vida, al trabajo, al salario justo, a la libertad, a la paz.
Recurriendo a la plegaria eucarística Vc nos toca implorar: “Que todos los miembros de la Iglesia sepamos discernir los signos de los tiempos y crezcamos en la fidelidad al Evangelio; que nos preocupemos de compartir en la caridad las angustias y las tristezas, las alegrías y las esperanzas de los hombres, y así les mostremos el camino de la salvación”.

 

 

 

 

 

R. SCHUTZ – M. THURIAN, La palabra viva del Concilio. Texto y comentarios de la constitución sobre la Revelación (Studium, Madrid 1967)  133.

Cf. C. M. MARTINI, “La Sacra Scrittura nella vita della Chiesa. Capitolo VI della «Dei Verbum»”, C. M. MARTINI, La Parola di Dios alle origini della Chiesa (PUG, Roma 1980) 3-33, 4-5.

Cf. J. B. MALOU, La lecture de la Sainte Bible en langue vulgaire.  II (Louvain 1946) 531. 523. 526, citado por S. LYONNET “La elaboración de los capítulos IV y VI de la «Dei Verbum»”, R. LATOURELLE, ed. Vaticano II. Balance y Perspectivas (VeI 109; Sígueme, Salamanca 1990) 117-149, 137 n. 21).

“(A) Loco «De usu S. Scripturae» ponitur «De S. Scriptura in vita Ecclesiae», quia «usus» S. Scripturae est dictio non bene sonans, Insuper in «vita» Ecclesiae includitur eriam idea de apostolatu et de missionibus, quam ideam exhibendam postulavit E/245”. ActaSyn III/3 106. Cf. 170

Cf. ActaSyn III/3, 122;  IV/1, 375 [A,1]; IV/5, 728-729 [Modus 4].

Cf. ActaSyn III/3, 917.

Así se aceptó a partir de la tercera redacción: “E/458 verba textus prioris, linn- 4-5, numquam intermisit, tamquam sententiam vix sinceram considerabat. Verba illa in nova redactione non amplius occurrunt”. ActaSyn III/3, 106. cf. 122.

Es la explicación en la cuarta redacción: “(C)Aliquibus Patribus non placet comparatio inter Verbum divinum et s. Eucharistiam (E 3256; E/ 2670; E/3251; E/2667). Resp. Haec comparatio, in ipsa S. Scriptura (Io 6) fundata, in Traditione quoque consueta est. Cf. etiam «Imitatio Christi»”. ActaSyn IV/1, 375. Modus 2, cf. ActaSyn IV/5, 728-729.

PO 18: “ex duplici mensa Sacrae Scripturae et Eucharistiae”; SC habla por separado de las dos mesas, 48: “mensa Corporis Christi reficiantur”; 51: “Quo ditior mensa verbi Dei paretur fidelibus”.  En cambio en DV 21: “ex mensa tam verbi Dei quam Corporis Christi” y en PC 6: “Ita in mensa divinae Legis et sacri altaris refecti”.

Cf. ActaSyn III/3 122; IV/1, 375; IV/5, 728-730 [Modi 1 et 4]. Sobre la expresión « una cum Traditione », Schutz y Thurian, observadores de Taizé, señalan el valor de superar la tendencia reformadora y la teología postridentina católica: “Esta regla suprema no es ni sólo la Escritura, aislada [cf. Reforma], ni la Escritura y la Tradición, yuxtapuestas [cf. teología católica postridentina], sino la Escritura, juntamente con la Tradición, comprendida, interpretada, explicitada, confirmada por la Tradición que transmite fielmente la Palabra de Dios en la Iglesia” SCHUTZ - THURIAN, La Palabra viva, 136, ver 137-140.

Cf. ActaSyn III/3, 122.

Cf. ActaSyn IV/5, 731 [Modus 13].

“Propositio E/327, de communi labore cum fratribus separatis, placuit, quia fini oecumenico huius Concilii correspondet.” ActaSyn III/3, 107.

Cf. ActaSyn IV/5, 731 [Modus 16].

Sobre la alabanza y reconocimiento a la labor exegética, cf. ActaSyn III/3, 120; 913. Sobre el cambio de “sub ductu” a “sub vigilantia”, cf ActaSyn III/3, 120; 311; 850;  IV/1, 376; IV/5, 732-733.

Cf. ActaSyn IV/1, 377. 381.

Modus 1: …Plures Patres petunt aliud « incipit », quod non coincideret cum aliis Constitutionibius, et contentum huius Constitutionis iam indicaret. R/. …Scribatur in initio : « Dei verbum religiose audiens et fidenter proclamans, Sacrosancta Synodus… ». ActaSyn V/5, 682.

LINEAMENTA. La Palabra de Dios en la vida y en la misión de la Iglesia. XII Asamblea general del Sínodo de los Obispos (Documentos Pontificios III, CEM, México s.f. [2007]).

Se toma en cuenta, casi literalmente, el segundo principio de interpretación aportado por Mons Edelby. Cf. ActaSyn III/3 306-309 Traducción española y comentario en: “Discurso de Mgr. Neophiytos Edelby (con breve comentario de Luis Alonso Schökel”, L. ALONSO SCHÖKEL ed., Comentarios a la Constitución Dei Verbum sobre la divina revelación (BAC 284; La Editorial Católica, Madrid 1969)  481-487, 482.

Cf. C. JUNCO GARZA, “La Sagrada Escritura en la vida de la Iglesia”, ABM 10 (2001) 49-64. C. MENDOZA, “Logros y tareas. A Cuarenta años de la promulgación de la Constitución Dogmática sobre la Divina Revelación”, Sociedad Argentina de Teología (SAT), ed.,  A cuarenta años del Concilio Vaticano II. Recepción y actualidad (S. Benito, Buenos Aires 2006) 125-137.

Cf. F. CONTRERAS MOLINA, Leer la Biblia como Palabra de Dios. Claves teológico-pastorales de la lectio divina en la Iglesia (Verbo Divino, Estella-Navarra 2007).

Cf. C. M. MARTINI, “La centralidad de la Palabra de Dios en la vida de la iglesia – la animación bíblica de toda la pastoral”, 6. http://www.deiverbum2005.org/Paper/martini_s.pdf

W. KASPER, “Dei Verbum audiens et proclamans. Escuchar la Palabra de Dios con devoción y proclamarla con valentía. La Constitución dogmática Dei Verbum sobre la revelación”, 11. http://www.deiverbum2005.org/Paper/kasper_s.pdf

MARTINI ; « La centralidad », 5.

Cita de Kasper: J. RATZINGER, Kommentar zur Dogmatischen Konstitution über die göttliche Offenbarung, en: LThK Vat. II, Vol.2 (1967), 519-523.

KASPER, “Eclessia audiens”, 8.

C. JUNCO GARZA, “La Palabra como fuente de vida. Retos para la Iglesia en  México”, conferencia en el Congreso Nacional de Pastoral Bíblica en Torreón, octubre del 2007.

 

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