TOBIT


UN ACERCAMIENTO POR LA ANTROPOLOGÍA CULTURAL

 

Javier Quezada del Río

 

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Introducción

A partir de la Encíclica Providentissimus, de León xiii, publicada en 1893, empezó una verdadera revolución en los estudios bíblicos católicos. Después de esa encíclica, otros factores dieron un gran impulso a la exegesis. Entre ellos, destacan las creaciones de la Pontificia Comisión Bíblica y del Pontificio Instituto Bíblico. La encíclica de Pío xii, destinada a conmemorar los 50 años de la Providentissimus, dio un paso muy importante al confirmar que los relatos bíblicos no necesariamente correspondían con la verdad histórica científica y al promover el estudio de los géneros literarios. Aunque el Concilio Vaticano ii no representó un gran avance con respecto al contenido de la encíclica Divino Afflante Spiritu, dejó en claro que la inerrancia bíblica no podía sostenerse y cambió el centro de interés a la verdad de la Biblia.

Juan Pablo ii pidió a la Pontificia Comisión Bíblica que emanara un documento para conmemorar los cien años de la Providentissimus y los cincuenta años de la Divino Afflante Spiritu. Esta comisión publicó, en 1993, el documento titulado La interpretación de la Biblia en la iglesia, en el que quedan plasmados progresos harto interesantes para el estudio e interpretación de la Biblia. Uno de ellos es que ve la Biblia como un conjunto de interpretaciones, a veces en tensión entre sí, y otro, ligado a este, es que considera que la Biblia es un ejemplo de hermenéutica que deber continuar en la actualidad. Este documento se detiene en la descripción y evaluación de los diferentes métodos y de algunos acercamientos.

Los acercamientos se determinan por la importancia que prestan al punto de vista del intérprete, sin que esto los limite a ser solo métodos hermenéuticos. Los acercamientos son puntos de vista parciales e interesados en determinados aspectos de los textos. Esto los pone en desventaja con los métodos, pero, en la medida en que los acercamientos son concientes de su parcialidad, pueden convertirse en instrumentos adicionales muy valiosos para los métodos.

La antropología cultural puede tomarse como un ejemplo paradigmático. Enfoca algunas realidades que estén en el trasfondo de los textos y pueden enriquecer el trabajo de la exegesis, pero, por sí mismos, no pueden pretender expresar todo el sentido de los textos. Y esto se debe, en buena medida, a que los autores no eran totalmente concientes de que estaban expresando elementos culturales que, en cierta forma, los determinaban a ellos mismos.

Si los métodos exegéticos tienen como objetivo poner a la luz lo que los autores quisieron decir y realmente dijeron, y lo que querían que sus lectores hicieran o aceptaran, lo que busca la antropología cultural, como otros acercamientos, está más allá, es algo que muchas veces no subió al plano conciente de los autores, pero que formaban el medio en el que estaban inmersos y que, en gran parte, aceptaron sin cuestionar.

El presente trabajo quiere responder al tema de nuestro congreso. La antropología cultural en el estudio de la Biblia. Me atreví a prepararlo porque me he dedicado al estudio de la Biblia, pero no tengo preparación en el campo de la antropología cultural. Por esto, podría calificarlo como un acercamiento al acercamiento por medio de la antropología cultural. Un análisis que pretende poner sobre la mesa algunos elementos de la antropología cultural, que tendrían que ser analizados sistemáticamente por esa ciencia, para poder enriquecer el sentido del texto.

La antropología cultural

 

Las diversas antropologías

 

La antropología se define como estudio científico del ser humano. Es una ciencia básicamente comparativa, que explora la diversidad humana en el tiempo y en el espacio. En este sentido, la antropología sería la suma de la biología, historia, psicología, sociología y demás ciencias que estudian al ántropos. Sin embargo, la antropología también estudia lo que el ser humano produce. Kant afirmaba que la antropología puede hacerse en sentido fisiológico o en sentido pragmático. En sentido fisiológico para investigar lo que la naturaleza hace del hombre; el sentido pragmático, para investigar lo que él produce.

Toda ciencia o se refiere al ser humano o es producto de su trabajo, por tanto, toda ciencia es una parte de la antropología. Esto es cierto, pero conviene hacer una acotación: la antropología estudia lo que es el ser humano y lo que él hace, pero todo en referencia al mismo ser humano. Es decir, la antropología estudia toda manifestación científica o cultural del hombre, preguntándose cómo es o era el hombre que produjo tal manifestación, o cómo tal manifestación repercute en el hombre mismo. De esta forma, existe, al lado de la lingüística, una antropología lingüística; al lado de la política, una antropología política, etc.

Algunos autores dividen la antropología en cuatro ramas: biológica o física, social, cultural, lingüística. Es común que los autores unan las antropologías social y cultural y de esta manera reconozcan solo tres tipos de antropología o que, incluso, unan la social, la cultural y la lingüística –pues todas son manifestaciones culturales– en la antropología cultural, reconociendo solo dos ramas a la antropología general. Es este el punto de vista que adopto en este trabajo.

La antropología biológica o física estudia la diversidad biológica humana en el tiempo y en el espacio. Se ocupa de la evolución de los homínidos y de los primates, la genética humana, el crecimiento y desarrollo humanos, y de la plasticidad biológica humana.

La antropología cultural consiste en el estudio de todas las manifestaciones culturales, en cuanto expresan y repercuten en el ser humano. Esta antropología está en estrecha relación con la biológica o física, pues es cada vez más claro que la evolución cultural influye mucho en las características biológicas; y viceversa, las características biológicas tienen un alto grado de injerencia en las manifestaciones culturales.

La antropología cultural se distingue de la etnología en cuanto que esta, cuando nació, se dedicaba solo al estudio de las comunidades primitivas. A partir de que Lévi-Strauss introdujo en el francés la palabra antropología, esta extendió sus fronteras para abarcar también a las sociedades contemporáneas.

Hagamos ahora una pequeña incursión en las ramas de la antropología cultural.

Los autores británicos privilegian la expresión antropología social –en lugar de antropología cultural– porque sus intereses coinciden con los de la sociología, al estudiar, sobre todo, las instituciones sociales. Se puede, pues, afirmar, que la antropología social y la antropología cultural se distinguen solo, en cuanto a su objeto de estudio, en que la social, como la sociología, estudia básicamente las instituciones y las formas de organización social, mientras que la antropología cultural estudia toda manifestación cultural. En cuanto a su metodología, la antropología privilegia la observación directa y la convivencia, mientras que la sociología, o antropología social, privilegia el estudio libresco y la encuesta. La interpretación de la Biblia en la iglesia dice sobre la relación entre la antropología cultural y la antropología social: “Mientras el acercamiento sociológico [de la antropología social] –acabamos de decirlo– estudia sobre todo los aspectos económicos e institucionales, el acercamiento antropológico [de la antropología cultural] se interesa por un vasto conjunto de otros aspectos que se reflejan en el lenguaje, el arte, y la religión, pero también en los vestidos, los ornamentos, las fiestas, las danzas, los mitos, las leyendas y todo lo que concierne a la etnografía”.

La antropología lingüística, por su parte, analiza la estructura del lenguaje y su uso, el cambio lingüístico, y las relaciones entre lenguaje, sociedad y cultura. Esta rama de la antropología admite intereses muy variados. Desde los que colindan con la antropología física –características universales del lenguaje y su relación con uniformidades del cerebro humano–, hasta los que estudian los usos del lenguaje en diversas capas sociales –sociolingüístas.

 

La antropología cultural y sus aplicaciones

 

Como hemos dicho, la antropología cultural puede fijarse diferentes objetos empíricos de estudio. Conviene tener en mente que no se trata de subdisciplinas, como si dichos objetos fueran independientes, sino de campos temáticos parciales, que analizan solo una faceta de la realidad.

La interpretación de la Biblia en la iglesia afirma que la antropología cultural define las características de las personas y de sus valores, poniendo atención “al modo como se ejerce el control social; a las ideas sobre la familia, la casa, la relación familiar, la situación de la mujer; a los binomios institucionales (patrón-cliente, propietario-arrendatario, benefactor-beneficiario, hombre libre-esclavo), sin olvidar el concepto de sagrado y profano, los tabúes, el ritual de pasaje de una situación a otra, la magia, el origen de los recursos, del poder, de la información, etc.”

Una de las áreas de la antropología cultural, que no fue mencionada por ese documento, pero que tiene mucha importancia en los estudios bíblicos, es la antropología urbana, que estudia los procesos y los problemas que acarrea la urbanización y la vida en las ciudades. Esta rama de la antropología es de gran utilidad para comprender mejor el libro Tobit, puesto que su acción se desarrolla en ciudades importantes de Mesopotamia y de Persia. Ciudades en las que había grandes colonias de judíos, en lucha por mantener su identidad y su cultura.

La antropología médica analiza cuestiones como: ¿qué enfermedades afectan a diferentes poblaciones?, ¿cómo se construyen socialmente las dolencias?, ¿cómo se trata la dolencia de forma efectiva y culturalmente adecuada? Según los antropólogos médicos, hay tres tipos de teoría sobre las causas de las dolencias: las personales, que culpan de la enfermedad a hechiceros, brujas, fantasmas, demonios, etc.; las naturales, que explican la enfermedad en términos impersonales: virus, bacterias, hongos, desequilibrio en las energías corporales, etc.; y las emocionales, que asumen que las experiencias emocionales causan la enfermedad. La enfermedad de Tobit tiene una causa impersonal y su curación se logra a partir de un medicamento; aunque dicha enfermedad se atribuye, en realidad, a Dios, tanto como su curación. El problema de Sara podría llamarse enfermedad solo en sentido amplio. Su causa es personal: un demonio que la ama. Su curación, en primera línea, se realiza por medios medicinales-naturales, pero en el trasfondo se advierte que es también Dios quien la “cura”.

En lo que sigue, trataremos de acercarnos al libro bíblico Tobit, a partir de algunas ramas de la antropología cultural. Este acercamiento no se llevará a cabo a partir de todas las ramas de la antropología cultural, así como tampoco describirá todos los aspectos relacionados con una de ellas. Trata, ante todo, de ejemplificar en qué consiste este acercamiento y de descubrir las ventajas que reporta para la mejor comprensión del libro Tobit. Sin embargo, conviene, antes de iniciar el estudio, recordar brevemente el argumento de ese libro.

 

 

 

 

Tobit

Tobit era oriundo de Neftalí –que se había asentado del lado occidental y al norte del lago de Galilea–, y mantenía allí una conducta ejemplar. Fue deportado a Nínive, en donde continuó con su estilo de vida según la ley, en la que se destaca su capacidad de dar limosnas, la sepultura de los judíos muertos, la justicia, y, en general, su obrar con verdad. Arriesgaba su vida por sepultar cadáveres de judíos. En cierta fiesta de Pentecostés, su hijo Tobías vio un cadáver en la ciudad; Tobit lo escondió primero y luego, durante la noche, lo sepultó. De regreso a su casa, durmió en el patio sin cubrirse la cara. Tuvo tan mala suerte que un pajarillo excretó sobre sus ojos y, a pesar de los cuidados, quedó ciego. Los primeros años veló por él un pariente: Ajicar, quien luego se trasladó a Elimaida, de modo que Ana, su esposa, tuvo que mirar por él.

En cierta ocasión, los patrones de Ana le obsequiaron un cabrito. Ella lo llevó a casa. Cuando Tobit escuchó al animal, pensó que era robado. Inmediatamente conminó a su esposa a que lo regresara. Ella le insistía en que no era robado, pero él no le creyó. Ana le dijo algo que le hizo sentir muy mal, subió a una habitación, oró y se deseó la muerte.

Sara, una joven pariente de Tobit, vivía en Ecbátana de Media. Ella había sido entregada a siete hombres, pero todos habían muerto la noche de bodas. Esto se debía a que el demonio Asmodeo los mataba, pues estaba enamorado de ella. El mismo día en que Tobit mantuvo aquella discusión con Ana, Sara fue insultada por una de las criadas de su casa. La sirvienta le dijo que era ella quien mataba a sus maridos y le deseó que nunca tuviera hijos. Ese insulto le provocó tal malestar que decidió suicidarse. Hizo una oración, desistió de su idea inicial y decidió pedir a Dios que la librara de ese mal o que le diera él mismo la muerte.

El Señor escuchó ambas oraciones y envió a Rafael para curar a Tobit y para entregar a Sara como esposa de Tobías, el hijo de Tobit.

Tobit llamó a Tobías, le recordó las líneas principales de conducta que esperaba de él y le reveló que había dejado diez talentos de plata en casa de Gabael, en Ragués de Media. Le dijo que buscara a alguien que lo guiara hacia ella, a la vez que le explicó que tenía un documento que lo acreditaba como dueño de aquellos diez talentos.

Tobías salió en busca de quien lo guiaría y encontró inmediatamente a Rafael. Sin saber que era un ángel, le explicó su problemática y le preguntó si podía guiarlo a Ragués. Rafael asintió. Tobías le dijo que avisaría a su padre y que lo llamaría. Tobit llamó al ángel, le hizo un par de preguntas, le fijó un sueldo y lo aceptó como guía de su hijo, asegurándole que le daría un sobresueldo si todo salía bien. Ana no estuvo de acuerdo en el viaje de su hijo y mostró su temor a Tobit.

La primera noche acamparon los viajeros a orillas del río Tigris. Tobías descendió a él y un enorme pez quiso morderlo; él gritó asustado, pero Rafael le dijo que sujetara al pez y que lo arrastrara a la orilla. Acto seguido, Rafael le dijo que le extrajera el corazón, el hígado y la hiel, puesto que eran medicamentos útiles.

Cuando se acercaban a Media, el muchacho preguntó al ángel para qué servían las vísceras que había extraído del pez. Rafael le respondió que la hiel podía curar la ceguera si se untaba en los ojos; y que si se quemaban el corazón y el hígado del pez en presencia de una persona dominada por un demonio, este huiría al oler esas vísceras.

Cuando ya estaban cerca de Ecbátana, el ángel dijo a Tobías que se hospedarían aquella noche en casa de Ragüel, quien tenía una hija a quien convenía que él desposara. Tobías le replicó que ella había sido entregada a siete hombres quienes habían muerto la noche de bodas y que él temía morir como aquellos. Rafael le dijo que con el corazón y el hígado del pez podría curarla, que la muchacha era de su parentela, que era bella y prudente y que heredaría toda la hacienda de su padre, puesto que era unigénita. Tobías al escuchar esas palabras, se enamoró de Sara.

Cuando llegaron a casa de Ragüel y una vez sentados a la mesa, Tobías apuró a Rafael a que pidiera a Sara como su esposa. Ragüel escuchó a Tobías e intentó disuadirlo, sin embargo Tobías insistió de tal modo que Ragüel no tuvo más remedio que entregársela esa misma noche.

Cuando estuvieron en la habitación Tobías y Sara, él puso el corazón y el hígado en las brasas del incienso; el demonio salió de Sara, Rafael lo atrapó en vuelo, lo ató y lo confinó al alto Egipto. Tobías y Sara hicieron una breve oración. Ragüel, temiendo la muerte del muchacho y las consecuentes burlas y mofas de los vecinos, mandó cavar una tumba en medio de la oscuridad. Para cerciorarse de que Tobías había fallecido, pidió a Edna, su esposa, que mandara a una muchacha de servicio para que viera qué había pasado. La muchacha entró y encontró a Tobías y a Sara sanos y salvos. Ragüel mandó inmediatamente rellenar la tumba,  preparar una gran fiesta y al día siguiente hizo prometer a Tobías que se quedaría con él dos semanas, para la celebración.

Al poco tiempo, Tobías mandó a Rafael a Ragués para recoger el dinero y para invitar a Gabael a la boda. Rafael fue y regresó tanto con el dinero como con Gabael.

Mientras tanto, Tobit y Ana, desesperados, pensaban que Tobías había tenido algún contratiempo en Media, o que había sufrido algún mal. Ana estaba más angustiada que Tobit, pero no perdía la esperanza de ver regresar a su hijo por el mismo camino por el que había partido. Y así sucedió. Cuando lo vio regresar, avisó a Tobit y corrió a abrazar a su hijo. Tobías se dirigió a su padre, le untó la hiel en los ojos y lo curó. Tobit  abrazó a Tobías y bendijo a Dios. Después de esto, Tobías les explicó que se había casado y que Sara, su esposa, estaba por llegar a las puertas de Nínive. Tobit fue a recibirla con alegría desbordante y se organizó otra gran fiesta.

Una vez que habían pasado los siete días de la boda, Tobit dijo a Tobías que era hora de pagar el sueldo a Rafael, además de entregarle una gratificación extra porque todo había salido muy bien. Tobías le dijo que ni la mitad de todo lo que había traído de Media era recompensa suficiente por todos sus servicios. Tobit le dijo entonces que le entregara la mitad de todo lo que habían llevado consigo. Cuando Tobías quiso pagar a Rafael, este lo llamó aparte, junto con Tobit, encareció las buenas obras que había hecho Tobit durante toda su vida, les explicó que él era un ángel y que el Señor lo había enviado a curar a Tobit y a Sara y a lograr el matrimonio de esta con Tobías.

Tobit hizo una oración en la que agradeció a Dios por haberlo restablecido y en la que aseguraba que Dios haría regresar a Jerusalén a los hijos de Israel dispersos por el mundo.

Tobit murió en paz a la edad de ciento doce años, no sin antes recomendar a Tobías y a sus hijos que salieran de Nínive, puesto que sería destruida, según la voz de los profetas. Tobías lo sepultó y vio por su madre, hasta que también ella murió. La sepultó junto a su padre y partió con Sara y sus hijos a Ecbátana, en donde veló por sus suegros hasta que murieron. Heredó lo restante de la hacienda de Ragüel y Edna, hizo siempre el bien, siguiendo la conducta de su padre, vivió ciento diez y siete años y alcanzó a ver la ruina de Nínive.

 

Antropología de la religión

 

Levirato

 

El levirato es representado con el verbo ybm, que significa: cumplir las obligaciones de cuñado para con la viuda del hermano. Dicho verbo se usa solo en Gn 38,8 y Dt 25,5.7. El sustantivo yäbäm, cuñado, se usa solamente en Dt 25,5.7.

El levirato podría describirse de la siguiente manera, según Dt 25,5-10: Si un hombre moría sin hijos, su hermano debería tomar a su esposa para darle uno que, incluso, llevaría el nombre del difunto. Si ese segundo esposo moría también, otro hermano debía tomar a la cuñada con el mismo fin. Aunque esta ley no hable del interés por conservar las propiedades del difunto dentro de la familia, es muy probable este interés fuera parte principal en la motivación de la ley. Si el cuñado se sustraía de esa obligación, la viuda le escupía al rostro y le decía: “así se hace con el hombre que no dignifica la casa de su hermano”.

La costumbre de que incluso el suegro tenía que tomar a la mujer para dar descendencia a su hijo difunto, que pudiera aparecer en la historia de Judá y de Tamar (Gn 38,24-26), fue suavizada por la ley del Deuteronomio. Algunos exegetas han subrayado la condición del v.5 “Si unos hermanos viven juntos...”; lo cual restringiría el levirato a los hermanos que no estuvieran casados –por eso vivían juntos–, pero esa limitación no está clara en el Deuteronomio.

Tal parece que esta ley no se limitaba, en un principio, a los cuñados, sino que era una institución del clan. Se discute si el libro Rut trata o no sobre la institución del levirato, el argumento principal está en que, como ya indiqué, ni el verbo ~by ybm, ni el sustantivo ~by yäbäm, son utilizados en el libro Rut; además de que en ese libro se juntan dos intereses en el matrimonio de Rut y Booz: la perpetuación del nombre del difunto esposo y la conservación de las propiedades de este. Rut no tenía cuñados (Rut 1,11-12), y tenía que tomar otros parientes con cierto orden (Rut 2,20; 3,12); como en la historia de Judá y Tamar (Gn 38). Con ello se buscaba perpetuar el nombre del difunto (Rut 4,5.10). Por eso, el niño debía ser considerado verdadero hijo del marido fallecido (Rut 4,6.17). En esta narración se percibe claramente que el autor mezcló dos instituciones. Por un lado, la necesidad del rescate de la tierra para evitar la enajenación del patrimonio, tal como se manda en Lv 25,23-25. Y por otro lado, el levirato. Rut 4,10 dice: “y de que también he adquirido a Rut, la moabita, viuda de Majalón, para conservar el apellido junto con la propiedad del difunto y para que su nombre esté siempre presente entre sus hermanos cuando se reúnen a la entrada de la ciudad”. El autor del libro Rut, relaciona la actitud de esta con la que había tenido Tamar, la nuera de Judá (Rut 4,12).

Tobit exhortó a su hijo Tobías a que tomara mujer del linaje de sus padres (Tob 4,12), consejo que Rafael recordó a Tobías cuando le propuso que pidiera a Sara como esposa (Tob 6,16). Tobías no quería pedir a Sara, pues sabía que se le habían muerto siete maridos la noche de bodas (Tob 6,14). Sin embargo, gracias a las buenas noticias que de ella le dio Rafael, Tobías se decidió a reclamarla. Una vez en casa de Ragüel, el padre de Sara, Tobías le pidió a su hija como esposa, pero Ragüel trató de calmarlo afirmándole que no podía entregar a Sara más que a él, que era el pariente más cercano (Tob 7,10), que podría esperar hasta el día siguiente. Como Tobías insistiera, Ragüel le informó que los siete anteriores maridos habían muerto la primera noche de las bodas. Tobías, sin embargo, insistió y logró que esa misma noche se le entregara Sara. La acción de Tobías está de acuerdo con la ley del levirato y con lo mandado en Lv 25,23-25 y en Nu 36,2-9, sobre el rescate de la tierra y la posibilidad de que las mujeres unigénitas heredaran, pero con la necesidad de casarse con uno de la propia tribu. En este caso, como en el de Judá y Tamar, si bien el hombre podía rehuir el compromiso de tomar a una viuda como esposa, la mujer no podía elegir marido, este estaba determinado por el parentesco. Mientras aquel a quien tocaba fungir como levir no renunciara públicamente a su derecho, la mujer no podía casarse con otro. En Tobit, a diferencia de Rut, el interés del rescate y del levirato no está, en lo absoluto, en la perpetuación del nombre del difunto, además de que en el libro Rut, ella podía haberse negado al matrimonio con el levir (Rut 3,10), mientras que en el libro Tobit, Sara no podía negarse si el levir exigía su derecho.

Así pues, o las dos leyes independientes, una del levirato en Dt 25,5-10 y la otra del rescate de la tierra incluso por medio del matrimonio endogámico, de Nu 36,2-9 y Lv 25,23-25, terminaron por fundirse en una sola realidad en las historias de Rut y Tobías. O bien, el levirato tuvo siempre dos finalidades bien concretas: no enajenar los bienes familiares y perpetuar el nombre del difunto, aunque esas dos finalidades tuvieran legislaciones independientes. Lo más probable es que el levirato surgiera con ambas finalidades y que solo la legislación las hubiera separado, puesto que las historias que cuenta la Biblia a cerca del levirato, tienen también, entreverado, el tema de la no enajenación de los bienes.

Tb 6,10-16 dice:

10 Cuando entró en Media, ya cerca de Ecbátana, 11 dijo Rafael al muchacho: Hermano Tobías. Le respondió: Heme aquí. Le dijo Rafael: Es preciso que nos hospedemos en casa de Ragüel esta noche; él es pariente tuyo y tiene una hija que se llama Sara; 12 no tiene hijo varón ni otra hija, solamente a Sara; tú eres, entre todos los hombres, su pariente más cercano, así que puedes heredarla junto con la hacienda de su padre; lo indicado es que tú la heredes. La muchacha es sensata, valiente y muy hermosa; y su padre es bueno[1]. 13 Y añadió: Es justo que la tomes. Escúchame hermano, hablaré a su padre acerca de la muchacha esta noche, para que te la tomemos como prometida; cuando regresemos de Ragüel, celebraremos su boda. Estoy seguro de que Ragüel no puede negártela ni dársela a otro, pues se haría reo de muerte, según el mandato del libro de Moisés, pues sabe que te corresponde la herencia de tomar a su hija, antes que a cualquier otro hombre. Escúchame ahora, hablaremos de la muchacha esta noche y la desposaremos contigo, y cuando volvamos de Ragués, la tomaremos y la llevaremos con nosotros a tu casa. 14 Respondió Tobías a Rafael: Hermano Azarías, escuché que ya fue desposada con siete hombres y que murieron el día de su boda; la noche que se acercaban a ella, morían; también escuché que dicen que un demonio los mata. 15 Tengo miedo de ese demonio que la ama[2], porque no le hace daño a ella, pero si alguien se le quiere acercar lo mata; yo soy el unigénito de mi padre, no sea que muera y que por mi culpa bajen con tristeza a su sepulcro mi padre y mi madre; ellos no tienen otro hijo para que los sepulte. 16 Le dice: ¿No recuerdas las órdenes de tu padre, cuando te mandó tomar mujer de la casa de tu padre? Escúchame ahora, hermano, no tengas cuidado de ese demonio y tómala; sé bien que esta noche te la darán como esposa.

 

La sentencia del libro de Moisés que prescribía el matrimonio levirático como obligación no implicaba la pena de muerte en caso de que no se cumpliera, ni para la muchacha ni para el levir, mucho menos se podía aplicar al padre de la muchacha. Sin embargo, en el caso de Judá y Tamar, aunque tanto Judá como Sela no eran condenados por no desposar a Tamar, ella iba a ser quemada por no guardar fidelidad al muchacho que aún no le había sido entregado como esposo (Gn 38). Si la obligación del levirato estaba limitada al hermano del difunto, que vivía en casa de su padre, no obligaba ni a Tobías ni a Ragüel ni a Sara. Pero es muy posible que, al contrario, esa norma se extendiera a los parientes más cercanos, según un orden, como atestigua el libro Rut, pero que no está estipulado en la norma del Deuteronomio.

 

Es posible que Tobías no supiera que él era el pariente más cercano y que le tocaba recibir a Sara, pero sí sabía que un demonio mataba a los maridos de Sara la primera noche.

 

He aquí el texto Tb 7,9-13:

9 Una vez que se asearon, se lavaron y se reclinaron a comer, dijo Tobías a Rafael: Hermano Azarías, di a Ragüel que me dé por esposa a mi hermana Sara. 10 Escuchó Ragüel esas palabras y dijo al joven: Come, bebe y disfruta esta noche hermano, pues nadie puede tomar a mi hija Sara, fuera de ti; de modo que yo no tengo autoridad para darla a otro hombre, fuera de ti, que eres el pariente más cercano a mí. Pero te hablaré con toda la verdad muchacho: 11 ya la entregué como esposa a siete hombres de nuestros hermanos, y todos murieron la noche en que quisieron tener relaciones sexuales con ella. Por ahora, muchacho, come y bebe, y que sea lo que Dios quiera. 12Tobías dijo: No comeré ni beberé [3] hasta que resuelvas mis asuntos. Ragüel le dijo: Eso haré, ella te debe ser entregada según el mandato del libro de Moisés. El cielo ha sentenciado que a ti debe ser entregada. Recibe como esposa a tu hermana, desde ahora tú eres su hermano y ella tu hermana. Se te ha dado desde ahora y para siempre. Que el Señor del cielo los lleve con bien esta noche, hijo, y les dé misericordia y paz. 13 Llamó Ragüel a Sara, su hija, quien fue ante él. Tomó su mano  la entregó a Tobías y  le dijo:  Tómala como esposa, pues según la ley y según el mandato escrito en el libro de  Moisés se te da por mujer. Tómala y llévala con bien a tu padre. El Dios del cielo los lleve con paz por buen camino.

 

Ragüel afirma a Tobías que no puede entregar a su hija a otro hombre, pues sabe que él es el pariente más cercano, a quien, según la ley, corresponde decidir si cumple o no como levir. Tobías conocía el caso de Sara y seguramente también que a él correspondía tomarla como esposa. Sin embargo, él había resuelto no presentarse en Ecbátana para reclamarla por esposa, derecho que le otorgaba el mismo Deuteronomio. Ragüel, por su parte, o no podía exigirle ni ese cumplimiento ni su negativa, o no quería hacerlo, pues temía que también él muriera y la pena de su hija se hiciera todavía peor. Tobías tenía todo el derecho legal, según Dt 25,5-10, por eso Ragüel tuvo que acceder.

En Tobit, el levirato toma unas características que no tiene en el resto del Antiguo Testamento. En primer lugar, se olvida de la preservación del nombre del difunto, para centrarse en el matrimonio endogámico y en la preservación de los bienes dentro de la familia, siendo que ninguna de esas dos motivaciones están en la ley que lo estipula. En segundo lugar, el padre de la viuda se convierte en reo de muerte, en el caso de que no respete el orden de levires. En tercer lugar, el levir en turno no está obligado a renunciar públicamente a su derecho-obligación.

Esta práctica del levirato en la comunidad a la que se dirige el libro Tobit, refleja la necesidad de conservar los bienes familiares dentro de la tribu. La pena de muerte al padre que se niegue a respetar esa ley, que se esgrime como parte de la ley de Moisés, parece un resurso extremo para evitar que la comunidad judía o tribal, pierda sus propiedades. Tal necesidad condujo a las comunidades a poner adiciones ¡a la ley de Moisés!, además de a interpretarla, en este rubro, de manera bastante sesgada.

 

Diezmos

 

El mandato del diezmo propiamente dicho aparece solo tardíamente, con el Deuteronomio, con la característica de que se podía comer en Jerusalén (Dt 14,22-23.26-28). La tradición fue continuada por el sacerdotal y por el cronista, aunque indicando que se debía entregar a los levitas (Nu 18,21), a Dios (Lv 27,30-32) o a los sacerdotes y a los levitas (II Cro 31,4-6).

Solo dos textos, ambos posteriores, hablan de una décima parte del diezmo que los levitas debían entregar a los sacerdotes (Nu 18,25; y Ne 10,36-38)

Finalmente, solo tres textos hablan de un segundo diezmo, o de una modalidad que el diezmo debería tomar cada tres años[4]. Esa aportación se hacía solo de la cosecha y se debía dejar a las puertas, para que los levitas, forasteros, viudas y huérfanos lo comieran (Dt 26,12; 14,28). Debe notarse que si para el Deuteronomio se debía entregar el diezmo a los excluidos cada tercer año, las cosas no eran así para el sacerdotal y la legislación posterior. En este caso, como en el hecho de que el diezmo se podía cambiar por dinero y comer en Jerusalén, se trata de una legislación exclusivamente deuteronomista.

Tob 1,6-8 deja la impresión de que el diezmo de cada tres años, se trataba de un diezmo adicional, un segundo diezmo, que se debería añadir al que se entregaba cada año. He aquí el texto:

6 Muchas veces solo yo iba a Jerusalén en las fiestas, tal como está escrito para todo Israel por decreto eterno. Cuando tenía las primicias, los primeros frutos[5], los diezmos de los ganados[6] y los primeros esquileos de las ovejas[7], iba presuroso a Jerusalén[8]  7 y  lo entregaba[9] a los sacerdotes, hijos de Aarón, para el altar. Daba a los hijos de Leví, ministros en Jerusalén, el diezmo[10] del trigo, del vino, del olivo, de los granados, de los higos y de los otros árboles frutales. Tomaba el segundo diezmo en dinero, de los seis años[11], e iba y lo gastaba[12] en Jerusalén cada año[13]. 8 Cada tres años[14], entregaba ese diezmo a los huérfanos[15], las viudas, y los prosélitos que vivían con los hijos de Israel; y lo comíamos[16] según el decreto que está prescrito sobre eso en la ley de Moisés y conforme a los mandatos que me había ordenado Débora, madre de mi padre Ananiel, puesto que mi padre había muerto y me había quedado huérfano.

La precisión “de los seis años”, que solo está en S y en la Vetus Latina es de origen incierto. Pudiera ser que ese diezmo se acostumbrara entregar solo cada seis años, o por seis años, descansando el séptimo[17]. Puede ser que ese “segundo diezmo” anual se destinara, cada tres años, a los prosélitos y a los viajeros –pero solo las cosechas–, tal como se manda en Dt 14,28-29; 26,12. Sin embargo, Tobit dice que lo daba a los necesitados y a los prosélitos[18]. Este diezmo se compartía con ellos, no se entregaba, por ello dice Tobit: “lo comíamos”, lo que está de acuerdo con la legislación deuteronomística, pues la más tardía exigía que se entregara[19] (cf. Jud 11,13).

Adoptar la lectura de BA y de la Peshitta, al inicio del v.8 “Entregaba el tercero (diezmo)”, puede aclarar el sentido, si pensamos que eran tres diezmos. Aunque Tobit habla de un segundo diezmo, no es seguro que el Deuteronomio hable de él. El texto de Tobit  puede entenderse pensando en un solo diezmo. La ley de los diezmos a que se refiere Tobit no nos es suficientemente conocida, pero Josefo habla de tres[20].

Sin embargo, el texto de Tobit se puede entender de la siguiente manera:

Cuando tenía las primicias, los primeros frutos, los diezmos de los ganados y los primeros esquileos de las ovejas, iba presuroso a Jerusalén y se lo entregaba a los sacerdotes[21], hijos de Aarón, para el altar. Daba a los hijos de Leví, ministros en Jerusalén, el diezmo del trigo, del vino, del olivo, de los granados, de los higos y de los otros árboles frutales. O bien, la segunda forma que tenía de entregar el diezmo, era que durante seis años –puesto que el séptimo descansaba la tierra y no se daba tal diezmo–, tomaba el diezmo e iba y lo gastaba en Jerusalén cada año. La tercera forma de entregar el diezmo era como se manda, que cada tres años lo entregaba a los huérfanos, viudas y prosélitos.

Gravar la producción de cualquier persona con el 30 o el 20% del fruto de sus tierras era demasiado, antes como ahora. Tal vez la palabra “diezmo” no signifique el diez por ciento de lo producido, sino una forma convencional para hablar de dones voluntarios: “Parece que el diezmo, cuya principal finalidad era el sostenimiento del templo, consistía en algo obligatorio y en algo voluntario. Solo el Deuteronomio desplazó el diezmo de su finalidad original y lo convirtió en una donación obligatoria para los desposeídos y los pobres”[22].

 

 

 

Acta de matrimonio

 

Solo un texto del Antiguo Testamento habla de acta de matrimonio, Tb 7,13: “14 Llamó a su madre y dijo que trajera el papiro, escribió el contrato que la da por mujer en el papiro matrimonial, según el mandato de la ley de Moisés, [y lo sellaron[23]]. Luego comenzaron a comer y beber”[24].

En el Deuteronomio 24,1-4, se habla de un libelo de repudio, y si existía este, seguramente existía un contrato matrimonial que, sin embargo, en ningún lado de la Biblia se menciona salvo en este pasaje de Tobit, cf. Is 50,1; Jer 3,8. Es también posible que este contrato fuera una exigencia de la legislación bajo la que vivían en la diáspora. La posterior halakah dice que el contrato debía ser escrito por el novio. Se ha planteado que por haber añadido este mandato a la ley, el libro fue excluido del canon hebreo, sin embargo, a ello habría que añadir su carácter fuertemente pro-sacerdotal.

 

Oración en dirección de Jerusalén

 

         En Tb 3,11 se habla de orar en dirección a Jerusalén:

11 En ese momento, extendiendo las manos hacia la ventana[25], oró así: Bendito seas, oh Dios misericordioso; bendito tu nombre[26] santo y temido para siempre. Que te bendigan todas tus obras por siempre. 12 Vuelvo ahora mi rostro[27] y mis ojos hacia ti.

 

         Sara volvió a Dios su rostro y sus ojos además de sus manos (3,12); estaba mirando seguramente en dirección a Jerusalén, según el mandato de Salomón en I Re 8,48-49: “si se vuelven a ti con todo su corazón y con toda su alma en el país de los enemigos que los deportaron, y te suplican vueltos hacia la tierra que tú diste a sus padres y hacia la ciudad que has elegido y hacia la Casa que he edificado a tu Nombre, escucha tú desde los cielos, lugar de tu morada”. También Dn 6,11; Sal 28,2; 134,2; y Sal 138,2 hablan de oración en dirección a Jerusalén (Dn) o al templo. Cf. también: Ex 9,33; Is 1,15; Job 11,13; y Sal 44,21, que hablan de levantar las manos hacia el Señor –o a dioses extranjeros. De la oración en dirección a Jerusalén se habla solo en I Re 8,48.49Tb 3,12 y Dn 6,11.

 

Ángeles y demonios

 

Rafael es presentado como uno de los siete ángeles del Señor (Tb 12,15). Es un enviado de Dios para sanar (a Tobit), liberar (a Sara), y guiar (a Tobías). Es el intercesor que lleva a Dios las oraciones de los seres humanos. Su función se extiende a inspirar la confianza en la misericordia de Dios. Rafael se presenta como un ser mucho más poderoso que el demonio Asmodeo. Es la mano providencial de Dios, que antes actuaba de manera invisible, en las mentes y en los corazones de los líderes de la comunidad.

Asmodeo solo es llamado así en 3,8 y 3,17, pero en ambos casos su nombre se complementa con: el demonio malvado. Se le llama demonio en 3,8.17;6,8.14.16.17; y 8,3. En 6,8 se le llama, además de demonio, espíritu malo. Asmodeo mata (a los esposos de Sara), la mantiene en esclavitud, e infunde miedo. Sin embargo, para Rafael, Asmodeo no representa un obstáculo o un enemigo peligroso. En absoluto, sorprende lo sencillo que es para él derrotarlo, encadenarlo y expulsarlo. Así como curar a Tobit.

Asmodeo puede representar las actitudes humanas que destruyen el matrimonio. En ese caso, Rafael representaría la ayuda divina en la superación de esas actitudes.

 

 

Antropología familiar

 

Familia, amor y mujer

 

En el libro Tobit se trata, básicamente, de tres familias. La primera, formada por Tobit, Ana y Tobías; la segunda, por Ragüel, Edna y Sara; y la tercera, por Tobías y Sara. Lo primero que llama la atención es que se trata de tres familias presentadas como modelos y que las tres son monogámicas y estables, a pesar de que la ley permitió siempre que los varones tuvieran varias esposas y el divorcio. Los libros sapienciales son testimonio de que el ideal monogámico y el rechazo del divorcio, se fueron haciendo comunes en el Israel precristiano. El profeta Malaquías se atrevió a afirmar, en contradicción flagrante con la ley, que Dios repudiaba el divorcio. Nos encontramos, pues, con unas familias que se corresponden con un ideal postexílico, y en cierta disonancia con las normas legales vigentes.

Quien lleva las riendas de las tres familias era el padre. Era él quien tomaba las decisiones. Tobit, por ejemplo, decidió enviar a su hijo Tobías, presuntamente un muchacho entre doce y trece años, a un viaje peligroso, sin consultarlo con su esposa Ana, quien después manifestó su oposición. Ragüel entregó a su hija Sara a Tobías, aunque era una obligación ante la ley, sin siquiera comentar algo a su esposa Edna. Tobías exigió que Sara le fuera entregada como esposa sin saber su opinión. Es claro que, en este sentido, el libro representa la cultura de la época.

Según la ley, solo los varones heredaban los bienes de sus padres. El primogénito recibía el doble que los demás hermanos. Las mujeres no heredaban, salvo el caso de que no tuvieran hermanos. En ese caso, debían casarse con un miembro de la familia, para que los bienes no quedaran enajenados.

Las familias, según parece, eran extendidas, es decir, formadas por más de dos generaciones, y viviendo juntos los hermanos con sus respectivas esposas. Tobías y Sara vivieron con los padres de Tobías, en Nínive, hasta que ellos murieron; luego fueron a vivir con los padres de Sara, también hasta que murieron. En la práctica, la familia de Tobit era nuclear, puesto que solo había tenido un hijo: Tobías. Lo mismo que la familia de Ragüel y Edna, puesto que solo habían tenido una hija.

El libro Tobit insiste mucho en el amor filial: Tobit y Ana amaban a Tobías, él era la luz de sus ojos. Por su parte, Tobías amaba a sus padres, no les falló, siguió sus enseñanzas y los sepultó con honores. Lo mismo puede decirse de Ragüel y Edna. Ellos amaban a Sara, pues les costó mucho desprenderse de ella una vez que se había casado. Sara amaba a sus padres, al grado que decidió, por ese amor, no suicidarse. Su relación con Edna era más estrecha, ambas lloraron juntas por la desgracia de Tobit, y de nuevo lloraron cuando Edna la llevó a la habitación en la que esperaría la llegada de su esposo Tobías. En esa ocasión, Edna le dirigió unas palabras de consuelo y de esperanza.

El tema del amor es muy sugestivo. Aparece solo dos veces. La primera referida al demonio Asmodeo, de quien se dice que ama a Sara. El texto es Tb 6,15: “Ahora yo temo a ese demonio que la ama[28], porque no le hace daño a ella, pero si alguien se le quiere acercar lo mata; yo soy el unigénito de mi padre, no sea que muera y que haga bajar a su sepulcro a mi padre y a mi madre con tristeza, por culpa mía; ellos no tienen otro hijo para que los sepulte”. El demonio, aunque demonio, ama.

El otro texto es 6,19, está justo después de que Rafael explicó a Tobías que Sara era prudente, hija única, que era su pariente y que él la podía “curar” del demonio que mataba a sus maridos. Dice: “Cuando Tobías escuchó las palabras de Rafael y que era su hermana, del linaje de la casa de su padre[29], se enamoró mucho (li,an hvga,phsen) de ella y se apegó[30] (evkollh,qh) su corazón a ella[31]”. Es evidente que no se trata de un enamoramiento de Sara, sino solo de lo ventajoso del matrimonio. Cabe destacar aquí, que la Vulgata, traducción de Jerónimo, omite mencionar estos dos amores.

De cualquier forma, está claro que Tobías no se casó con Sara porque la amara. Sin embargo, si ponemos atención a la situación de Sara, la realidad es todavía más cruda. Ella había sido entregada en matrimonio a siete varones. No se puede presumir que amara ni siquiera al primero, pues los padres hacían los arreglos de las bodas. Pero podríamos pensar que tenía ilusión de casarse. Es posible que todavía tuviera ilusión cuando se trataba del segundo. Pero el texto muestra claramente que ni ella ni sus padres deseaban otro matrimonio. Sara, además, se enteró en la tarde, que se casaría en la noche con una de las personas que apenas habían llegado (7,7). Ella no estaba en la mesa cuando su padre y Tobías hicieron los arreglos. Una vez que Tobías insistió en que Sara debía entregársele, Ragüel la llamó para entregarla a Tobías (7,12). Cuando se terminó la ceremonia del acta de matrimonio, Sara fue llevada al aposento al que llegaría luego Tobías, su esposo, para mantener la primera relación sexual, con un hombre al que había visto dos veces... esa misma tarde.

Por otro lado, me parece suficientemente claro en el texto, que Tobías era un muchacho, tal vez entre los doce y trece años. Creo esto, porque Tobit lo trata como a un niño hasta el momento del envío. Tobit dependía del trabajo de su esposa Ana, lo cual significa que Tobías no trabajaba aún. Rafael, de hecho debería ser su tutor tratándose del viaje y del matrimonio. Tobías le dijo que él hiciera el trámite con Ragüel para que Sara le fuera entregada. Rafael salió de la escena solo porque Ragüel escuchó la conversación entre Tobías y Rafael y se dirigió directamente a Tobías. Tengo la impresión de que el viaje, significó para Tobías algo así como un rito de tránsito de la niñez a la pubertad, puesto que durante el viaje, él asumió el mando –incluso mandó a Rafael a Ragués para recoger el dinero, motivo del viaje– y regresó con una actitud muy diferente a la que se tenía antes, y durante la primera parte del viaje. Por su parte, Sara debió ser una muchacha con más edad. Si había sido entregada en matrimonio, seguramente contaría ya con doce o trece años. Pero si lo había sido siete veces, seguramente que el lapso de tiempo entre una y otra boda, especialmente las últimas, no había sido corto. Por ello me atrevo a suponer que Sara no sería una muchacha menor de 15 años.

El matrimonio de Tobías y Sara no se hizo por amor y tampoco para que ambos llegaran a amarse. El matrimonio en el Antiguo Testamento no era una institución fundamentada en el amor o para que el amor se diera en ella. Seguramente muchos matrimonios llegaron a amarse, pero eso no era el asunto esencial. Tan no lo era que no tenemos ninguna noticia de algún matrimonio, en la que se diga que los esposos se amaran. A lo más, se dice que el varón “amaba” a la mujer. Lo que la mujer sintiera no era motivo de atención.

Otra pareja era la de Tobit y Ana, los padres de Tobías. Su relación era mucho más que espinosa. Ana mantenía a Tobit haciendo trabajos de mujeres. Sus patrones le obsequiaron un cabrito y, al escucharlo balar, Tobit pensó que era robado y, sin más, ordenó a Ana que lo regresara. Ana le explicó que era un obsequio. Pero él no le creyó, ordenó que el cabrito fuera regresado y se irritó con ella (Tb 2,14). Ana le dijo entonces algo que lo hizo sentirse muy mal. He aquí las palabras de Ana: “Es un regalo que me añadieron al sueldo. Pero no le creí  y le insistía[32] que lo regresara a los señores y estaba enfadado[33] por esto con ella. Entonces me replicó: ¿Dónde están tus limosnas?, ¿dónde están tus buenas obras? Esto es sabido por ti”[34]. Lo cual puede interpretarse en el sentido de que Tobit hacía muchas buenas obras a los de afuera, pero Ana le reclama que no es capaz de hacerlas con ella. O bien, pudiera entenderse en el sentido de que Tobit presumía de hacer buenas obras, pero la desgracia en la que vivía demostraba que no había tales. Es muy posible que esta segunda interpretación sea la correcta, puesto que Ana representa la ceguera, respecto de la voluntad y de la providencia de Dios; así como la esposa de Job se había puesto del lado de Satán. De hecho, incluso Jerónimo, en su traducción, incluye una comparación entre Ana y la esposa de Job. Ana no quería, por ejemplo, que Tobías fuera al viaje a Ragués, pero ese viaje estaba en la providencia de Dios, para curar a Tobit, “curar” a Sara, y lograr el matrimonio de Tobías con Sara. Esa queja de Ana se torna injusta y falsa, puesto que el libro inicia con una larga descripción de las buenas obras de Tobit. El insulto de Ana hace que Tobit se deprima y se desee la muerte.

La siguiente aparición de Ana es en 5,18-22, texto en el que aparecen sus diferencias con Tobit, en relación al viaje de Tobías. He aquí el texto:

18 Pero su madre lloraba, y dijo a Tobit: ¿Por qué envías a mi[35] hijo? ¿No es él el bastón de nuestra mano? ¿No va él y viene ante nosotros? 19 ¡Que no preceda el dinero al dinero! ¡Que sea el precio de nuestro hijo![36] 20 Con la vida que nos ha dado el Señor nos es suficiente. 21 Le dijo: No hables así, sano partirá nuestro[37] hijo y sano regresará a nosotros[38]. Con tus ojos lo verás, el día que regrese a ti sano. 22 No hables así, ni temas por ellos, hermana, pues[39] un ángel bueno lo acompañará, hará bueno su camino y lo devolverá sano.

 

Ana temía que su hijo muriera en el camino y recriminó a Tobit que estaba arriesgando la vida de su hijo por un dinero. Notemos cómo 4QTob197 subraya que Ana llama a Tobías “su” hijo, y que Tobit hace lo mismo. Yo pensaría, en la actualidad, que Ana tenía toda la razón de su parte, pero el autor del libro  pensaba diferente. Lo relevante para nuestro tema, es que la opinión de Ana no contó, en absoluto, para la decisión de Tobit. Ni siquiera la consultó. También es interesante, el hecho de que es la segunda vez que aparecen ambos en relación y la segunda vez que se agreden.

La tercera vez que aparece Ana en la narración es en 10,4-7:

4 y Ana su mujer, dice: Murió mi hijo, ya no está entre los vivos[40]. Comenzó a llorar y a lamentarse por su hijo diciendo: 5 Ay de mí, hijo, pues te dejé partir, luz de mis ojos. 6 Tobit le decía: Calla, hermana[41], no digas eso, está sano; una distracción fuerte les aconteció allá, el hombre que va con él es de confianza y es uno de nuestros hermanos. No te entristezcas por él, hermana, ya vendrá. 7 Le dijo: No me hables así, no me engañes, mi hijo ha muerto. Salía todos los días al camino[42] y miraba en torno el camino que había seguido su hijo y no creía a nadie. Cuando caía el sol  entraba en su casa, se lamentaba y lloraba toda la noche sin conciliar el sueño[43].

 

Ana pensaba que Tobías había muerto y estaba inconsolable. Tobit intentó hacerlo pero ella rechazó el consuelo recriminándole que intentaba engañarla. Aparentemente Ana se recrimina el no haber impedido el viaje, pero, por la narración correspondiente, se ve que ella no tenía autoridad para haberlo evitado. El hecho de que se pasara las noches gimiendo y llorando sin poder dormir, implica que la compañía de su esposo Tobit no le servía de ningún consuelo.

Finalmente, Ana aparece en escena cuando Tobías regresa. Ana lo miró primero e informó a Tobit que “su” hijo había regresado. Acto seguido, ella fue con Tobías, dejando que Tobit la siguiera a trompicones, a causa de su ceguera. El texto es 11,5-6.9:

51 Ana[44] estaba sentada mirando en torno del camino de su hijo. 6 Lo presintió llegando y dijo a su padre: Mira, tu hijo viene, junto con el hombre que fue con él. 9 Corrió Ana y se echó al cuello de su hijo y le dijo: te he visto hijo, ya puedo morir, y lloró[45].

 

Ana no muestra que la relación con su marido haya mejorado. Al advertir a su hijo, apenas da la noticia a su esposo y lo deja caminar solo, con su alegría, al encuentro de Tobías, mientras ella se adelanta a abrazarlo. La narración no reporta ninguna reacción de Tobías ante el abrazo de su madre. La deja y corre hacia su padre para curarlo.

Ana, pues, era una mujer que tenía muchas diferencias con su esposo y, a pesar de que se sometía a su autoridad, le hacía sentir su distancia. Ningún texto dice o muestra que ella lo amara, así como ningún texto muestra que Tobit la amara.

La tercera pareja que tiene algún papel en la narración es la formada por Ragüel y Edna. Cuando Regüel se encontró con Tobías y con Rafael, comentó a su esposa Edna que Tobías era muy parecido a Tobit (Tb 7,2). Entonces Edna les preguntó de dónde eran (7,3). Más adelante se dice que Edna y Sara lloraron por la desgracia que había caído sobre Tobit (7,7). Después de que Ragüel entregó a Sara como esposa a Tobías, llamó a Edna (7,13) y redactó el acta de matrimonio. Edna se retiró y, después de que comenzaron a cenar los varones, Ragüel la llamó para indicarle que llevara a Sara a una habitación. Ella hizo tal como Ragüel se lo había ordenado (7,15-16). Después de esto, solo se menciona a Edna para indicar que Ragüel le mandó cocer unos panes para la fiesta de boda. Finalmente, Edna se despidió de Tobías y de Sara, después de que lo había hecho Ragüel (10,13).

Los textos muestran que Edna era una mujer de su tiempo, sumisa. Ragüel no la llamó para comentarle de las intenciones de Tobías de casarse con ella, ni siquiera la llamó para hacer el matrimonio, solo lo hizo para redactar el acta. Después de ello, Edna se retiró de la cena y luego fue llamada para recibir órdenes respecto a la habitación en la que debería preparar a Sara. También recibió órdenes, y las cumplió, cuando se trataba de cocer unos panes. Edna es un buen reflejo de la situación de las mujeres en las familias de aquellas épocas. Su opinión no valía ni contaba en absoluto, incluso en las materias más importantes. Edna, a diferencia de Ana, tenía una relación fluida con Ragüel, había asumido su lugar. Entraba en la conversación cuando le era permitido, pero sin problematizarlo.

Tal vez entre Ragüel y Edna había amor y por ello Edna podía soportar que sus opiniones no contaran, sin embargo, nada se dice de eso; ni de sus sentimientos hacia Ragüel, ni de los sentimientos de él hacia ella.

El principal obstáculo para que hubiera amor en el matrimonio era, sin duda alguna, la situación de inferioridad en que vivía la mujer.

 

Amor y sexo

 

La relación entre amor y relaciones sexuales es muy escurridiza en todo el Antiguo Testamento. Si el matrimonio no se realizaba por amor –al menos no por amor mutuo–, el divorcio no implicaba, tampoco, al amor o su ausencia. La poligamia tampoco era una institución paralela al matrimonio principal o primero, que estuviera dirigida a la búsqueda del amor. Lo mismo puede decirse del concubinato y del levirato. Para un israelita varón, de los tiempos bíblicos había muchas oportunidades para mantener relaciones sexuales con mujeres. La prostitución, según parece, era aceptada y realmente poco criticada, a no ser la llamada prostitución sagrada. Muy poco se puede decir de la homosexualidad en relación con el amor. Para las mujeres, solo era legítimo mantener relaciones sexuales con sus respectivos maridos. Si mantenían relaciones con otra persona, eran adúlteras. Las solteras podían prostituirse, pero si no eran prostitutas, debían casarse con la persona con quien mantenían relaciones sexuales.

Analicemos ahora cuál era la situación de la relación amor-sexo en el libro Tobit.

Las tres parejas principales de la narración formaban matrimonios monogámicos y, con toda probabilidad, que mantenían relaciones sexuales, solo al interior del matrimonio. Ya hemos revisado los textos y ellos nos indican que en ellos no había, o no se dice que hubiera, amor.

De relaciones sexuales se habla solo en el caso de Tobías y Sara, pero eso se hace con una claridad meridiana. Tobías y Sara mantuvieron relaciones sexuales sin apenas conocerse, ya casados, y después de una breve oración. La esclava que entró a la habitación para ver lo que había pasado y cómo estaba la situación, tuvo que haber advertido que ambos estaban vivos y que realmente habían tenido relación sexual. El texto no oculta ese detalle ni parece tomar el acto sexual como algo impuro o que imposibilitase la relación con Dios o la oración. Muy diferente era la mentalidad con la que Jerónimo tradujo este libro unos setecientos años después.

Creo conveniente revisar la traducción que Jerónimo hizo de este libro, ya que en ella refleja una concepción de relación sexual muy diferente de la que contiene el mismo libro. Jerónimo, encontró el libro Tobit demasiado poco espiritual y muy carnal, por lo que hizo decir a Tobías, en una adición: “Levántate, hermana, oremos a Dios hoy, mañana y pasado mañana, porque pasaremos estas tres noches unidos a Dios y pasada la tercera haremos nuestro matrimonio” (Tb 8,4, Vulgata).

Para Jerónimo, según lo que podemos colegir por su traducción del libro Tobit, el matrimonio perfecto no podía aceptar el deseo sexual. Esta era una perspectiva de Jerónimo ajena al contenido del libro, pero que revela otra antropología del sexo[46]. Para reforzar esa idea Jerónimo añadió varios comentarios al texto que tradujo y omitió otros que le parecían en contra de sus convicciones. Añadió, por ejemplo, que Sara había conservado su alma “limpia” de todo deseo de hombre (Tb 3,16 Vulgata). Debemos pensar, entonces, que se casó por indicación de su padre las siete veces, sin desear realmente a sus maridos. Que el matrimonio perfecto debía excluir el deseo, se ve también en otra adición, en Tb 3,17-22 Vulgata, en donde Sara confirma que aceptó tomar varón por temor de Dios y no por libídine. A esta adición se corresponde otra; la que en Tb 6,16-17, Vulgata, nos aclara que los anteriores maridos no fueron dignos porque no la habían mirado con recta intención, sobre ellos había prevalecido el demonio Asmodeo; pues querían excluir de su vida a Dios y entregarse a su pasión, como el caballo y el mulo. El deseo sexual era, para Jerónimo, la pasión. La exclusión de Dios era equivalente a la exclusión de los hijos, pues en Tb 6,22, Vulgata, dice que el tercer día se unirá a su mujer, guiado más por el deseo de los hijos que por la libídine: “Pasada la tercera noche recibirás a la doncella en el temor del Señor, con amor de los hijos, conducido más por el amor de los hijos que por la libídine; para que consigas, en los hijos, la bendición propia de los hijos de Abraham”.

 En Tb 8, 9b, Vulgata, que es otra adición, dice que Tobías y Sara se deben unir solo por el amor de la posteridad: “9b sino solo por amor de la posteridad en la que sea bendecido tu nombre por los siglos de los siglos”.

 Así, incluir a Dios en el matrimonio es excluir el deseo y la pasión y buscar solo la procreación. A este respecto es interesante la omisión de Tb 5,16-18, Sinaítico, que es la exhortación al matrimonio que hace Rafael a Tobías, junto con las indicaciones para echar al demonio, que hagan oración y el vaticinio de que tendrá hijos que serán para él como hermanos. Al parecer, para Jerónimo, no había posibilidad de tener pasión y deseo sexual y a la vez deseo de la prole. Finalmente, Jerónimo omitió uno de los pasajes más bonitos del libro, me refiero a Tb 8,6, Sinaítico: “... y de los dos nació la semilla de los hombres. Tú dijiste: No es bueno para el hombre estar solo, hagamos para él una ayuda semejante a él”, en donde Tobías alude a Gn 2,18-24, texto en el que se exalta el amor unitivo de los esposos y se soslaya la finalidad procreativa.

 

Antropología lingüística

 

Para ilustrar la riqueza que la antropología lingüística aporta en el esclarecimiento del sentido del libro Tobit, tomo solo un ejemplo, que sirve, además, para ilustrar lo que he estado diciendo sobre la antropología de la familia y del sexo.

Una palabra para hablar de las mujeres

 

La palabra gunh, es usada, en el libro Tobit, treinta veces.

Referida a Ana está 5 veces. Cuatro veces es la mujer “de” Tobit. Una vez se dice que Tobit “tomó” esposa.

Referida a Edna está 6 veces. Cinco veces es la mujer “de” Ragüel. Una vez no hay posesivo, pero la Peshitta lo añade.

Referida a Sara está 16 veces. 8 veces es la mujer “de” Tobías. 7 veces es la mujer que “tomó” Tobías o que “fue entregada” a él. Una vez es la mujer que no tiene a quien ser entregada como esposa.

Referida a Eva 1 vez. Una vez Eva es la mujer “de” Adán.

Referida a las mujeres, en general 2 veces. Los esposos eran muertos cuando querían estar con Sara como se está con las mujeres. El corazón y el hígado... si un varón o una mujer atormentados por un demonio...

Si excluimos las veces que se habla de las mujeres en general, tenemos que la palabra se usa 28 veces, de las cuales 18 veces son la mujer “de”, 9 veces son las mujeres “tomadas por”, o “dadas en matrimonio a”, y solo una vez se usa sin un adjetivo posesivo (3,8), en donde Ragüel manda a la mujer que cueza unos panes. En todos los casos la palabra gunh,  puede ser traducida por esposa, excepto en 6,8, en donde Rafael explica a Tobías qué y cómo puede curar la hiel del pez: a un varón o a una mujer.

Hablando de las mujeres, el autor hace 29 de 30 veces, alusión a que ella es posesión –esposa de, es tomada por, es entregada a– de un varón. El estudio de esta palabra constituye una confirmación sobre lo que hemos dicho de la situación de la mujer en el libro.

 

Antropología médica

 
La relación de Dios con la salud-enfermedad-curación
 
El libro Tobit representa un adelanto, respecto del Antiguo Testamento, en cuanto a la comprensión de la enfermedad y su curación. En el caso de Tobit, hay toda una explicación sobre la causa de su ceguera. Ciertamente que es muy difícil demostrar científicamente que un poco de excremento en los ojos pueda causar la ceguera, pero hay un esfuerzo notorio al dejar de atribuirla solo a la voluntad de Dios. Además, hay un esfuerzo por descalificar a médicos y a medicinas profesionales-impersonales. En Tb 2,10, Tobit dice que fue con médicos y que cuanto más le untaron medicinas más perdía la vista. Sin embargo, precisamente el hecho de que se haya debido a un factor tan sencillo y a que su curación sea también sumamente fácil, nos retiene en la idea de que es Dios quien causa la enfermedad y quien la cura. Como de hecho, el mismo Tobit dice al final. Es él quien hace descender al hades y él quien hace salir de él. La enfermedad y la curación tienen una dimensión social y teológica, son signo de la complacencia o de la reprobación divina. De esta forma, ver y estar ciego, en Tobit, son dos formas de expresar si se experimente o no la misericordia divina.

El caso de Sara es diferente. Ella no estaba enferma, al menos, su situación no se atribuye a un elemento impersonal, sino al demonio. En el trasfondo, también su situación es atribuida a la voluntad de Dios, por las mismas palabras de Tobit. Su curación se debe a unos elementos naturales –el corazón y el hígado del pez–, pero que no entran en contacto con ella.  Esa enfermedad tiene, como la de Tobit, una dimensión social y teológica. Pues son signo de castigo de Dios y, por tanto, de exclusión social. Por otro lado, en su curación definitiva juega un papel importante el hecho de que Azarías apresara al demonio, lo encadenara y lo llevara a Egipto. Es decir, la curación no dependía solamente de los factores medicinales. Además de esto, hay que notar que en el libro se quiere demostrar que el poder de Dios no se ve retado por el poder del demonio, cualquiera que este fuera. Ni Dios ni el ángel dudan de la victoria y tampoco existe batalla entre el demonio y el ángel. La victoria de Dios era aplastantemente clara y sencilla. Sin embargo, había que recurrir también a elementos medicinales. En Sara, como en Tobit, el estar bajo el dominio del demonio es la enfermedad del pueblo que no experimenta el amor de Dios.

Aunque la medicina es más racional, impersonal y positiva, no hay una negación de la providencia de Dios que actúa en toda la historia. De Dios proceden, en última instancia, tanto la enfermedad como la curación. Aunque el libro no refleje ninguna problematización acerca de si la enfermedad y la curación proceden de causas naturales y explicables científicamente y sin embargo, Dios sea la última causa, es posible que el problema se hubiera planteado con mucha seriedad en tiempos del autor. La respuesta es doble, porque la enfermedad de Sara no se debe a elementos naturales, así como tampoco su curación, pero así es en el caso de Tobit. Tal vez con ello se quiera insistir, a una comunidad que está perdiendo la fe en un Dios que se ocupa de la historia y que es providente, en que Dios sigue actuando en la historia. Tal vez los judíos de la diáspora estaban perdiendo esa fe a causa del adelanto de la medicina y del ambiente hostil en el que vivían. La respuesta sigue siendo de fe, y, como ahora, tal vez levante más preguntas de las que intenta responder.

 

Corazón, hígado y hiel del pez

 

El pez del que Tobías extrajo el corazón, el hígado y la hiel, quería morderlo. Es un animal que se presenta como agresivo para él. El ángel le dijo que le impidiera regresar al agua y luego le dio instrucciones de separar el corazón, el hígado y la hiel.

En el libro Tobit, la palabra corazón se usa, como en todo el Antiguo Testamento, para significar lo más íntimo y personal del ser humano, además de para señalar el órgano del pez. El hígado y la hiel solo se usan para indicar las partes del pez.

Además de que se trata de partes de un animal que agredió a Tobías, son precisamente sus entrañas las que curan.

 

Antropología urbana

 

Es muy difícil reconstruir la vida urbana de unas culturas tan antiguas, sin poseer una metodología de análisis especializada. Mi esfuerzo, en este campo, se justifica solamente por mi especialización en el conocimiento de la Biblia. No quise, sin embargo, dejar de lado unas reflexiones en torno a la antropología urbana en el libro Tobit, porque me parecieron iluminadoras. Lo más importante, desde mi punto de vista, en este campo, es que las ciudades no son descritas en su funcionamiento o en sí mismas, ellas son como símbolos, mucho más que realidades empíricas.

 

Tibé en Neftalí

 

Tibé es una ciudad que no ha sido identificada. El autor la ubica en Neftalí, al sur de Cadés y al norte de Fogor y de Jasor (Tb 1,1). Fogor tampoco ha sido identificada, de hecho, ese dato está omitido en BA, la Peshitta, el arameo y Fagius; mientras que la Vetus Latina dice: Raphaim; y la Vulgata: Sefat.

Tibé, según Tb 1,4, se apartó masivamente de Jerusalén y ofrecía sacrificios al becerro de oro que Jeroboam había instalado en Dan. Esto queda recalcado por la noticia de que muchas veces era él el único que iba de Tibé a Jerusalén, para llevar sus diezmos y primicias al templo y a sus servidores. De este modo, Tibé es un símbolo de idolatría y de abandono de la religión oficial, ligada a Jerusalén.

Que Tobit no era el único neftalimita que se mantenía fiel al templo de Jerusalén queda manifiesto porque afirma que “muchas veces” él era el único que iba a Jerusalén para dejar diezmos y primicias, pero también porque allá se casó con Ana y había recibido las enseñanzas de Débora, la madre de su padre, es decir, su abuela[47]. En Tibé, Tobit quedó huérfano antes de casarse, por lo que se supone que vivió con Débora, su abuela. Débora debió ser esposa de Aduel, quien, por Tb 1,1, sabemos que era el padre de Ananiel. Ahora bien, como no dice que al quedar huérfano quedara a merced de Aduel, su abuelo, sino de Débora, supongo que también su abuelo había muerto. La familia con la que vivió Tobit era una familia extendida, pero no sabemos quién tenía la autoridad en ella. Seguramente estaba en manos de alguno de sus tíos y Débora, su abuela se encargó de su educación.

 

Jerusalén

 

Aunque ni Tobit ni Tobías vivieron en Jerusalén. Tobit acostumbraba ir allá para entregar el diezmo y para otras cosas. En Jerusalén estaban los sacerdotes y los levitas, a quienes Tobit entregaba los diezmos y las primicias correspondientes. Es la ciudad anhelada, precisamente porque en ella estaba el templo de Dios y ahí estaban los levitas y los sacerdotes. No se habla de otras características que hagan atractiva a la ciudad de Jerusalén.

Viviendo en Tibé, Tobit aceptaba que la mayoría de sus compatriotas estaban en el error al sacrificar en el templo que Jeroboam había mandado construir en Dan. Jerusalén es símbolo de ortodoxia y Tibé es signo de idolatría.

Cuando Tobit fue desterrado a Nínive, Jerusalén se volvió un anhelo espiritual. Hacia ella dirigía sus oraciones, seguramente tres veces al día (Tb 3,1.11; cf. Dn 6,11). Su esperanza era volver a ella y poder participar en el culto del templo. En su oración final, deja ver que Jerusalén había sido destruida y que guarda la esperanza de que algún día sería reconstruida (Tb 13,9). Si los destarrados lo habían sido porque habían pecado (Tb 13,3-5), si se vuelven a Dios, podrán celebrarlo en Jerusalén (Tb 13,8). Pero también Jerusalén había sido castigada por sus malas obras (Tb 13,9) y tenía necesidad de reconocer su iniquidad y volverse de sus caminos, para ser reconstruida. De este modo, Jerusalén, que al principio del libro era como el paradigma de la fidelidad a Dios, cuando fue destruida se convirtió en un motivo de tropiezo para la fe de muchos. La esperanza del autor es que Jerusalén sería reconstruida si se vuelve a Dios. En ese sentido, la experiencia de Tobit es signo de lo que puede pasar a Jerusalén: ha sido destruida, pero si permanece en el cumplimiento de la ley, será reconstruida. Jerusalén es la ley, volver a ella es volver a Dios y es la única forma que hay para que se disfrute de la misericordia de Dios. De esta forma, Jerusalén es una ciudad simbólica, representa la fe de Israel.

 

Nínive

 

Nínive representa lo contrario de Jerusalén. En ella, todos los deportados “comían los manjares de los paganos”, es decir, abandonaron la ley. La fidelidad de Tobit fue premiada por Dios, pero no en Nínive, sino en Ragués de Media. Bajo el reinado de Senaquerib, Tobit volvió a Nínive, y, como los caminos se volvieron inseguros, no pudo volver a Media. Cuando Senaquerib volvió a Nínive, después del intento frustrado de tomar Jerusalén, mató a muchos judíos que ahí vivían y prohibió darles sepultura. De esta manera, Nínive se convierte en el símbolo de la impiedad y del castigo de Dios a causa de la infidelidad a la ley. Tobit tuvo que huír porque el rey supo que sepultaba a los muertos (Tb 1,19). Poco después, Senaquerib fue asesinado por dos de sus hijos y fue sucedido por Asaradón, quien favoreció a Ajicar y este, a su vez, a Tobit, quien pudo regresar a Nínive. Sin embargo, la historia se repitió en Nínive: volvió a sepultar a los judíos muertos. En esta ocasión, debido a que buscaba a algún indigente judío que se acordara del Señor. Pero esta vez, la desgracia de Tobit no fue provocada por el rey, sino por Dios (Tb 3,3-5; 13,2.5.6). Tobit quedó ciego y tuvo que depender del trabajo de su esposa. Ese trabajo era realizado en casa y con lo que le pagaban a Ana “tenían suficiente” (Tb 5,20), por lo que nos damos cuenta de que Nínive era una ciudad grande y con oferta de empleos. Tobit y Ana vivían dentro de las murallas de Nínive (Tb 11,16). El libro termina con la noticia de la alegría de Tobías y sus bendiciones a Dios, por la caída de Nínive y la deportación de sus habitantes a Media.

Nínive era el principal símbolo de impiedad, idolatría, traición de los propios judíos. Ciudad en la que eran vejados impunemente. El principal signo de la lejanía de Dios y de la prueba. Por eso su destrucción había sido una jubilosa esperanza para Tobit y fue una alegría para Tobías (Tb 14,15).

 

 

 

Ecbátana

 

Una ciudad importante, en la que había una colonia judía considerable, pues Ragüel había encontrado siete maridos para su hija. Y es válido pensar que los últimos habían sido unos verdaderos héroes.

De Ecbátana no se dice nada directamente, sin embargo, tenía amplia comunicación con Nínive y con otras ciudades, pues Tobías conocía la situación de Sara y seguramente no habían pasado más que algunos meses de la última boda de ella.

 

Ragués

 

Ragués es presentada como una ciudad en la que el tiempo no pasa. Gabael había recibido en custodia, veinte años atrás, unos costales con dinero. Gabael no había exigido un pago por guardar el dinero, y tampoco había ofrecido intereses por retenerlo. No parece que se hubiera devaluado ese dinero, pero tampoco que Gabael hubiera tenido necesidad de utilizarlo, pues los sacos estaban tal y como Tobit los había dejado (Tb 9,5). Y lo que es más, Gabael decidió entregarlo a un hombre desconocido que se presentó en su casa, veinte años después, diciendo que tenía el documento que autorizaba a Tobit como propietario, que iba como enviado de Tobías, el hijo de Tobit, y que pedía que se le entregara el dinero. Desde luego que en la narración se pretende demostrar que algunos judíos eran piadosos y honrados, pero, de paso, se muestra cómo en aquella gran ciudad las cosas parecían no moverse. Gabael entrega el dinero como si hubiera sido el mismo Tobit quien se lo hubiera pedido un mes después de habérselo dejado en custodia.

Ragués es, además un signo de la misericordia de Dios, pues fue en ella en donde Tobit había hecho fortuna (no en Nínive). Nínive, además, fue destruida, con gran alegría para los judíos, pero Ragués no lo fue y ahí, al parecer, los judíos vivían más tranquilos, sin las persecuciones de los reyes aririos.

 

Antropología de los negocios

 

Las finanzas de Tobit

 

El análisis de las finanzas de Tobit revela una ideología del autor: la teoría de la retribución. Debido a su fidelidad a la ley, Dios hizo que se le nombrara administrador de Salmanasar (Tb 1,12-13). Ana, al discutirle el envío de su hijo, le dijo que Dios les daba lo suficiente para vivir (Tb 5,20). La situación de pobreza de los desterrados y la pobreza misma de Tobit, procedían de Dios (Tb 3,4).

El viaje de Tobías está lleno de signos de la benevolencia de Dios para Tobit. Destaca el hecho de que Gabael entregó los sacos de dinero “con los sellos intactos”, a un extraño; el mismo viaje tan largo y peligroso para su pequeño hijo, todo bajo la guía de Rafael, está plagado de buenas casualidades.

Tobit había cumplido con los diezmos y las entregas de primicias de los ganados. Si Tobit entregaba tres tipos de diezmos diferentes y ellos eran verdaderamente un décimo de sus ganancias, entonces era una persona con muchos bienes y muy bendecida por Dios.

Su misma fidelidad hizo que sus bienes fueran confiscados (Tb 1,20). Pero al final, todo se resuelve como una enseñanza para que los judíos se decidan a cumplir la ley, a pesar de las desgracias que pudieran sufrir (Tb 11,15-16). La confiscación de sus bienes y la ceguera fueron producto de su cumplimiento de la ley y se corresponden con la prueba y la enseñanza final del libro. Durante su desgracia, primero la confiscación y el destierro voluntario y luego también la ceguera, Tobit fue ayudado económicamente por Ajicar y por el trabajo de su esposa Ana.

Fuera de la prueba, Tobit era rico. Estando en Tibé, entregaba una cantidad enorme de bienes al templo y a sus servidores y era activo en la ayuda a los más necesitados. Estando en Nínive ayudaba a muchos y tenía un gran puesto en el gobierno. Finalmente, cuando recuperó la vista, tenía a la mano la mitad de la herencia que correspondía a su nuera Sara, con lo que pudo continuar haciendo limosnas.

La principal enseñanza que dejan las finanzas de Tobit, es que la riqueza es parte de la bendición de Dios para los que cumplen sus leyes.

 

Las finanzas de Ragüel

 

Tal vez Ragüel tenía muchos bienes, pues tenía esclavas (Tb 3,7) y una buena cantidad de criados, ganado, plata y utensilios (Tb 10,10). Nunca se dice cuál había sido el origen de esos bienes, pero siguiendo la ideología del autor con respecto a la situación de Tobit, se puede conjeturar que se debía a que Dios lo bendecía por ser bueno (Tb 6,12). La ley del levirato exigía que la viuda sin hijos se casara con el pariente más cercano del difunto esposo. Según parece, al menos en la época y lugar en los que se escribió este libro, esa norma estaba destinada a no enajenar los bienes familiares. Ahora bien, si Sara se había casado con siete varones, es muy posible que los bienes de los siete hubieran llegado a formar parte de su patrimonio. Desde luego que es posible que algunos de esos levires no hayan sido solteros y que, por ello, sus bienes no hubieran pasado a Sara. Aunque eso no es más que suponer algo que tal vez nunca lleguemos a saber, es posible afirmar que parte de la riqueza de Ragüel pudo deberse a los siete matrimonios de su hija. Empero, la riqueza mencionada era de Ragüel, y nunca se habla de la riqueza que hubiera tenido, en ese caso, Sara.

Aunque Ragüel no se presente como un gran dador de limosnas, fue un padre ciertamente generoso con su hija y con Tobías. Tal vez la generosidad de adelantar la mitad de la herencia a su hija, se debió a que quiso aliviar la pobreza de Tobit.

 

Conclusiones

 

El acercamiento por medio de la antropología cultural nos permite considerar con detenimiento algunos aspectos de los textos que, de otra manera, quedarían solo como datos un tanto desorganizados, y con el peligro de ser interpretados solo desde nuestra perspectiva. El análisis que hemos realizado, nos permite poner en claro una serie de elementos de la antropología cultural que tendríamos que analizar bajo la guía de esa ciencia para llegar a generalizaciones más seguras, y de esta manera, postular una interpretación más contextualizada.

Como estudiosos de la Biblia, seguramente estamos familiarizados con los estudios de la antropología de la religión. Cualquier diccionario de la Biblia tiene una entrada correspondiente al levirato, a diezmos, a oración o a ángeles y demonios. Tal vez lo novedoso del enfoque antropológico sea el  tratar de pensar cómo eran las culturas o las personas que aceptaban y vivían con esas normas y creencias, y caer en la cuenta de que las formas de vivir y de entender las cosas no eran iguales en los tiempos bíblicos que en la actualidad.

El acercamiento de la teología feminista nos ha familiarizado con lo referente a la familia, el amor y el sexo. Recientemente, algo que podría llamarse acercamiento homosexual, nos ha ayudado a situar las afirmaciones bíblicas sobre ese tema y a ser más cuidadosos en la exegesis correspondiente. La antropología de la familia nos ayuda a ser más sensibles respecto de la situación cultural en que estas vivían. Desde luego que una comparación con la traducción de Jerónimo y, entre líneas, con la antropología familiar de nuestra época, nos permite establecer parámetros culturales de comparación, y con ello, de una mejor comprensión del sentido de los textos y de su posible actualización.

La antropología lingüística nos es mucho más familiar en su metodología, en sus objetivos y resultados. En este trabajo puse, por ello, solo un ejemplo, que, a su vez, es complementario de la antropología de la familia.

Las antropologías médica y urbana son dos especialidades que requieren, prácticamente, el manejo de dos ciencias independientes y  con métodos de investigación propios: la medicina y la sociología. Sin embargo, en el análisis de las ciudades en que se realizan las acciones de este libro, nos damos cuenta de que hay un peligro en querer considerarlas como entes reales. El autor las maneja prácticamente, solo de manera simbólica.



[1] Y su padre la ama 4QTob197 ([hl]mxr hwbaw) y la Vetus Latina. S dice: su padre la ama, pero el interés por la ascendencia es muy marcado en todo el libro: 5,9.11.14; 7,6; 9,6.

[2] Temo a ese demonio que la ama, según 4QTob196 (hl ~[x]r [nd adv nm hna lxd]). S dice: Ahora yo temo.

[3] “No comeré ni beberé” (ouv mh. fa,gw evnteu/qen ouvde. mh. pi,w), según S. Un fragmento arameo, 4QTob199,   dice: [ htv a]lw lwka al yd hyb[wj rmaw]: [Dijo To]bías no comeré aquí, y n[o beberé], cercano también a la Vulgata y a la Peshitta (12a1), y un poco alejado de BA. BA y la Peshitta (8f1) dicen: “no gustaré nada así”.

[4] El diccionario de la Anchor Bible asume que se trataba de una modalidad que tomaba la entrega de los diezmos cada tercer año: “La familia debe usar sus diezmos para comida sacrificial por dos años consecutivos, dejando aparte el del tercero. Cada tercer año, el diezmo debe quedarse en el pueblo y ser entregado a los levitas, forasteros, huérfanos y viudas, porque ellos no poseen tierra”.

[5] Vetus Latina, Münster y Fagius omiten: kai. ta. prwtogenh,mata. BA lo cambia r: ta.j deka,taj tw/n genhma,twn.

[5] BA omiten: ta.j deka,taj tw/n kthnw/n. El texto de 8f1 dice: “primeros tesoros” () por: ta.j deka,taj tw/n genhma,twn.

[6] BA omiten: ta.j deka,taj tw/n kthnw/n. El texto de 8f1 dice: “primeros tesoros” ()z08g), la corrección por “carneros” ()z881(), con un plural irregular se basa en 12a1. En 12d2 dice: )N(8, rebaño.

[7] BA, arameo, Münster y Fagius omiten: tw/n proba,twn.

[8] BA, la Peshitta, la Vetus Latina y Münster suprimen: avpe,trecon eivj Ieroso,luma.

[9] Münster omite: kai. evdi,doun.

[10] BA y la Peshitta suprimen: kai. th.n deka,thn tou/ si,tou kai. tou/ oi;nou kai. evlai,ou kai. r`ow/n kai. tw/n su,kwn kai. tw/n loipw/n avkrodru,wn toi/j ui`oi/j Leui toi/j qerapeu,ousin evn Ierousalhm seguramente porque luego siguen palabras iguales al inicio de los suprimido: kai. th.n deka,thn. Fagius omite: kai. tou/ oi;nou kai. evlai,ou kai. r`ow/n kai. tw/n su,kwn kai. tw/n loipw/n avkrodru,wn.

[11] BA, la Peshitta y Fagius omiten: avrguri,w| tw/n e]x evtw/n.

[12] En lugar de: “iba y lo consumía en Jerusalén”, la Peshitta dice: “Iba y regresaba de Jerusalén...” (de la raíz: QPN). La mayoría de los manuscritos dicen: “y lo disfrutaba” (de la raíz: QNP).

[13] La Vetus Latina dice: “El segundo diezmo, de los seis años, lo cambiaba por dinero, iba y lo consumía en Jerusalén cada año, en el lugar santo”. (Cod. Monac. omite: en Jerusalén).

[14] BA dicen: kai. th.n tri,thn. La Vetus Latina dice: et tertii ad decimationem.

[15] BA y la Peshitta omiten: kai. tai/j ch,raij kai. proshlu,toij toi/j proskeime,noij toi/j ui`oi/j Israhl eivse,feron kai. evdi,doun auvtoi/j evn tw/| tri,tw| e;tei[15] kai. hvsqi,omen auvta. kata. to. pro,stagma to. prostetagme,non peri. auvtw/n evn tw/| no,mw| Mwsh/. BA ponen, en su lugar: oi-j kaqh,kei. La Peshitta pone: qdzd.

[16] La Vetus latina omite: kai. hvsqi,omen.

[17] Carey, 105 traduce: “Also, except for the sabbatical year…”, que es coherente, puesto que cada seis años se dejaba descansar la tierra y no había posibilidad de pagar ningún diezmo. Literalmente dice: “de los seis años” y se pudiera entender como por seis años, descansando uno (cf. Lv 25,4-7).

[18] Beda (673-735 d.C.), dice que lo daba también a extranjeros (Connolly, S., Bede, on Tobit and on the Canticle of Habakkuk, Four Courts Press, Dublín 1997, 39.

[19] Paradójicamente, como nota Carey, 114, el libro de los Jubileos, que parece escrito en el siglo II a.C. habla del diezmo que se entrega al sacerdote y seguidamente de que está mandado que se coma en Jerusalén: Jub 31,9-15.

[20] Nowell, 21, dice que Josefo pensaba que se trataba de tres diezmos y cita, sin dar la referencia: “Además de los dos diezmos que ya te he mandado pagar cada año, uno para los levitas y el otro para los banquetes, debes entregar uno tercero cada tercer año para que sea distribuido a los viudas y a los niños huérfanos”.

[21] Tobit entregaba este diezmo directamente a los sacerdotes cuando la ley mandaba que se entregara a los levitas y que ellos entregarían el 10 % a los sacerdotes. Por otra parte, Tobit entregaba el diezmo del ganado a los sacerdotes y el diezmo de la sementera y de los frutales a los levitas, división que no está ordenada en ninguna ley.

[22] Wischnitzer, M., Enciclopedia Judaica, 15, 1158.

[23] “Y lo sellaron” está tomado de B. También la Vetus Latina y la Peshitta (wMtXw) lo tienen en plural. 4QTob196 [        ]~txw [     ]. A lo tiene en singular (y selló).

[24] Los fragmentos de Qumrán, contienen muy poco de esta perícopa el 4QTob199: [Dijo To]bías no comeré aquí, y n[o beberé], y el 4QTob196: lo selló. Por la única palabra que tenemos de QTob196, se puede decir que BA están más cercanos a ese códice, que S. La Peshitta 12a1, S y la Vulgata concuerdan con 4QTob199 en las palabras: “ni beberé”. En general, en esta perícopa, la Peshitta 8f1 está más cercana a BA que a S; la Peshitta 12a1 está mas cercana S que a BA. La Vulgata omite los vv.9-11 y dice que la intercesión de Rafael fue definitiva para que Ragüel se decidera a entregar a su hija a Tobit. Añade, en efecto: el ángel le dijo: no temas dársela, porque a este que teme a Dios se debe dar a tu hija por mujer.

[25] La Peshitta omite: pro.j th.n quri,da. El arameo dice: ante Dios, ahla ~dq.

[26] 4QTob196 dice: aryq[yw] avydq $mv [  $yrbw]: [y bendito] tu nombre santo y honorable, que respalda la lectura de BA y de la Peshitta.

[27] La Vetus Latina, Cod. Reg. y Germ., añade: levo. El Cod. Monac. añade: converto.

[28] Temo a ese demonio que la ama, según 4QTob196. AB dicen: temo morir, como los primeros, pues un demonio la ama. La Peshitta dice: temo no regresar y morir como los primeros, pues un demonio la ama. También la Vetus Latina dice que el demonio amaba a Sara.

[29] BA y la Peshittta omiten: las palabras de Rafael y que era su hermana, del linaje de la casa de su padre, y en su lugar ponen solo: esto.

[30] La Vetus Latina dice: haesit cordi eius.

[31]  El arameo omite: y se apegó su corazón a ella.

[32] La Vetus Latina, Cod. Reg. y Germ., añade: furtivus est.

[33] La Vetus Latina, Cod. Vat. y Cod. Reg. y Germ., dice: contentebam. El Cod. Reg. y Germ. añade: et erubescebam. El Cod. Monac. dice: ne erubescam coram illis. Todos los manuscritos de la Peshitta, excepto 8f1 y 12d2 dicen que estuvo enojado, los demás dicen que estuvo avergonzado. Este cambio ($tKtMw en lugar del texto de 8f1: dXKtMw) puede aclarar el sentido de estar sonrojado (proshruqri,wn). El arameo dice:        hym[ acnw. Münster dice: estabamos enfadados  dxy ~yjjwqtm wnyyhw. Fagius lo omite.

[34] La Vetus Latina dice, en lugar de ivde. tau/ta meta. sou/ gnwsta, evstin, ecce quae pateris omnibus nota sunt. El arameo y Münster dicen: tu vergüenza es patente para todos, alwkl ylgta $nlqw. Münster antepone: que no te benefician en el tiempo de tu desgracia, $yrc y[b $l wly[wy alv. Esta última frase es diferente en los manuscritos y es difícil precisar su sentido. Zimmermann propone que hubo una lectura errónea de un original hebreo: tu vergüenza es conocida, t[dwn $tmlk, por: todo por ti es conocido t[dwn $ta lk, del que está más cercano BA que S.

[35] BA y la Peshitta dicen: nuestro.

[36] 4QTob197 dice: mi hijo.

[37] 4QTob197 dice: mi hijo: yrb vhy ~lvb ylxdt la hl rma [w ], le dijo, no temas, en paz partirá mi hijo.

[38] BA y la Peshitta omiten: sano partirá nuestro hijo y sano regresará a nosotros.

[39] BA y la Peshitta omiten: No hables así, ni temas por ellos, hermana, pues.

[40] BA y la Peshitta omiten: ya no está entre los vivos. BA y la Peshitta 8f1 añaden: pues ya pasó el tiempo. La Peshita 12a1 dice: ya no se levanta.

[41] BA y la Peshitta 8f1 omiten: hermana.

[42] BA añaden: para ver qué día regresaba.

[43] BA omiten: y miraba en torno el camino que había seguido su hijo y no creía a nadie. Cuando caía el sol  entraba en su casa, se lamentaba y lloraba toda la noche sin conciliar el sueño. Luego añaden: sin comer pan y por las noches no cesaba de llorar a Tobías, su hijo. La Peshitta omite: se lamentaba y lloraba toda la noche sin conciliar el sueño. Luego añade: sin comer pan. 12a1 añade: pero no lo veía. 8f1 añade, como BA: y por las noches no cesaba de llorar a Tobías, su hijo.

[44] Los minúsculos 44, 106 y 107 omiten los vv.5-6. Ana es una adición de Fritzsche, aceptada por Rahlfs.

[45] BA y la Peshitta 8f1 dicen: y lloraron ambos. La Peshitta 12a1 lo omite, y luego añade: se dirigió a Tobit, su padre.

[46] En el artículo: Quezada, J., El matrimonio y el sexo según las adiciones y las omisiones de san Jerónimo al libro de Tobías, Qol xiv,29(2002), concluyo que 1) La mujer es fuente de tentación para el justo. 2) El matrimonio perfecto no acepta el deseo sexual. 3) La relación sexual causa impureza. 4) El matrimonio es indisoluble y fiel. El punto segundo, especialmente, es una perspectiva de Jerónimo ajena al contenido del libro.

 

[47] El S dice que Tobit era hijo de Tobiel, y que este, a su vez, era hijo de Ananiel. Si Débora era madre de Ananiel, entonces era bisabuela de Tobit. BA omiten “de Tobiel”, con lo que Débora sí resulta ser la abuela de Tobit.