Habiendo realizado en el primer capitulo de mi
tesis un estudio sobre los presupuestos metodológicos de análisis lingüístico,
en el que presento la dinámica del lenguaje, sus principales aspectos e
implicaciones en la comunicación, y habiendo analizado cómo la pragmática pretende encontrar en estos aspectos lingüísticos la
eficacia de la comunicación entre el lector y los textos del pasado, presento
ahora algunos datos más relevantes que nos ayudaran a comprender mejor el
desarrollo de esta presentación y del resultado obtenido en la tesis.
Presupuestos
El entendimiento de un texto bíblico presupone lo
siguiente:
· Un “horizonte”
en que ocurre el proceso de
leer-analizar-interpretar y entender. Tal horizonte está compuesto
de 1) conocimientos previos: de qué se trata el texto; 2) conocimientos básicos
de la fe; 3) el análisis e
interpretación del texto se da en un contexto marcado por la cultura, sociedad
e historia; 4) en el exegeta influye la discusión científica actual y además,
en el caso de los católicos, éste depende del Magisterio de la Iglesia; 5)
conocimientos teológicos-dogmáticos; 6) la historia de los efectos del texto;
7) ciertas ideas del texto. Todo esto influye en el exegeta y en su interpretación,
pero además 8) el interés o las expectativas de su investigación.[1]
· Hay que tener en cuenta que nuestro texto es Palabra divina, lo cual supone, no una
mera información divina atemporal, sino un proceso articulado de comunicación, de ahí que la palabra de Jesús
no alcanza su objetivo con la proclamación de un cierto contenido, sino con el
establecimiento de un proceso comunicativo que debe llevar a los protagonistas
de la comunicación a una relación cada vez más estrecha.
· Y precisamente por esto he querido aplicar al texto
que presento el método Pragmalingüístico,
que considero muy fecundo porque considera a la Palabra no como estática, sino
como Palabra viva y actual que influye en la existencia presente
del hombre: en su vida y en sus esperanzas, que interpela y llama, que juzga y
salva, que cuestiona y consuela.
· Nuestro texto
trata una realidad de fe, es decir que para su entendimiento no
podemos prescindir de su contexto religioso. La verdad, la autoridad, la
realidad y la exigencia de un texto sólo valen, si el autor y el lector tienen
el mismo contexto de fe. Y es que un texto bíblico tiene como fundamento una
experiencia de fe y como finalidad iluminar toda experiencia humana vista desde
la fe. Por eso es posible que el lector de hoy pueda entender textos del
pasado, porque, aunque las circunstancias cambien, las experiencias humanas son
las mismas. El lector de hoy puede identificarse con el personaje que el autor
presenta en el texto y ser interpelado, confrontado, consolado, porque ambos
tienen en común la misma experiencia de fe.
· De ahí que la investigación bíblica, dice Cordula
Langner, apunta no solamente, en el nivel metódico, al análisis y a la
descripción del texto, sino que apunta también, en el nivel hermenéutico, al
entendimiento de nuestro texto según su importancia y su significado para la fe
en el mundo de hoy.[2]
· Finalmente, ubico nuestro texto joánico en la estructura general del
evangelio propuesta por Van Tilborg: tal estructura responde al
criterio sobre el desarrollo
dramático del relato, el cual presenta un crecendo cada vez más dinámico y penetrante de la revelación del
Verbo encarnado, al que corresponden las reacciones humanas de acogida y
rechazo, de fe e incredulidad.[3]
Dicho lo anterior, pasemos ahora a la presentación
del análisis de nuestro texto.
INTRODUCCIÓN
La única cosa de la que
un hombre puede vanagloriarse legítimamente es “entender y conocer que yo soy el
Señor”. (Cf. Jr 9,23). Conocer que Jesucristo es el Señor implica algo más que una mera
aprehensión intelectual. Conocer que Jesús es el Señor o decir que “He visto al
Señor”, frases con el mismo significado, implica haber experimentado su acción
salvadora en la propia vida, que trae como fruto un conocimiento afectivo,
fundamentado en la gratuidad divina.
Conocer a Jesucristo supone la experiencia de su resurrección percibida
por el creyente en su propia experiencia de resurrección. Tal
experiencia viene a capacitar al creyente para entender y conocer a
Jesucristo que gradualmente se revela como su Señor.
En este texto del recuadro sintetizo el contenido
del mensaje central de nuestro texto, subrayando los diferentes elementos
tratados por el evangelista. Las palabras o frases claves son:
· Conocimiento de Jesucristo: Este el objetivo de la obra de Dios: “Esta es la obra de Dios: que crean”; pero también este es el
objetivo de todo el evangelio: “Esto ha
sido escrito para que crean que Jesús es el Hijo de Dios…”, y este es desde
luego el objetivo de nuestro texto: “He
visto al Señor”. Conocimiento que hace referencia a la fe, un conocimiento
existencial, práctico y afectivo, que permite entrar en la comunión con el
Hijo, y a través de éste, con el Padre.[4]
· Propia experiencia de resurrección, la cual hace referencia a una experiencia
concreta de salvación en su doble dimensión: liberación y comunión. Liberación
de la desesperanza, la tristeza y la muerte. Comunión: porque la resurrección
de Jesucristo experimentada sitúa a los creyentes en las nuevas relaciones con
Dios a nivel familiar: “Subo a mi Padre y
vuestro Padre, a mi Dios y a vuestro Dios” (Jn 20,17). Este es el
significado de la resurrección resaltado por el evangelista en este texto
pascual. No es la resurrección como reasunción de Cristo a la gloria celestial
la que necesita ser subrayada, sino la resurrección en cuanto renovación de las
relaciones con los discípulos. Esta es la intención del evangelista en los
relatos pascuales.
· Capacitar al creyente, lo cual supone que la fe es don y la actitud de creyente es, así lo
llamo, de una pasividad-activa. Y es que nuestro texto subraya la búsqueda
limitada, angustiante y frustrante de los personajes por encontrar el cuerpo de
Jesús, con la finalidad de enfatizar la acción milagrosa de la resurrección
experimentada en los mismos personajes.
· Gradualmente: la
experiencia de resurrección presenta un proceso en el creyente para llegar a
descubrir a Jesús como el Señor, tal proceso responde también a un proceso de
revelación que va permitiendo un conocimiento in crecendo desde el Jesús histórico terreno hasta el Jesús Resucitado.
· Se revela: llegar
a conocer a Jesús es gracias a su revelación que permite al creyente comprender
el significado salvífico de su resurrección, sin esta revelación es imposible
tal conocimiento.
· Señor: es el
titulo de Jesucristo como resucitado; llamarlo así supone un proceso de
maduración de la fe.
Todos estos aspectos han sido descubiertos mediante
la aplicación del método pragmalingüístico en sus tres pasos que surgen
precisamente de las dimensiones de cualquier texto. Estas dimensiones existen
sólo en las relaciones signo-signo (sintáctica), signo-objeto (semántica) y
signo-interprete (pragmática). Pasemos al primer análisis del método.
1. ANALISIS LINGUISTICO SINTÁCTICO
Mediante un estudio detallado de:
+ Vocabulario + Términos
de enlace
+ Tiempos + Estilo propio del autor
+ Articulación + Estructura del texto,
presento la índole lingüística del texto y los elementos lingüísticos
que lo estructuran, las palabras y sus combinaciones relacionales que han
producido el texto final, ya que estos obedecen a determinados proyectos
comunicativos. En ellos podemos encontrar ya ciertos indicios de significación
del texto y pautas para la reflexión semántica. Las más relevantes son las
siguientes:
· En cuanto a los personajes, podemos descubrir tres
importantes: el personaje principal es Jesús. Le sigue el Otro Discípulo (el
Discípulo amado) que a nivel sintáctico podemos pensar que está por debajo de
María Magdalena, sin embargo, como veremos luego semánticamente su función
tiene mayor relevancia. Y María Magdalena, la cual realiza más acciones, está
presente en los diálogos, aparece en seis ocasiones como objeto indirecto del
verbo decir, lo cual significa posiblemente que ella es receptora de
información tal vez importante, especialmente de Jesús.
· Hay elementos sintéticos que enfatizan la ignorancia de María
Magdalena y de los discípulos que visitan el sepulcro: el adverbio de negación ouvk siempre aparece en relación con el verbo saber (oi/da no sabemos, no sé dónde lo han
puesto), también la
conjunción kai., (v. 14), la cual tiene la función de presentar la
segunda oración con mayor relieve que la primera: qewrei/ to.n VIhsou/n e`stw/ta
kai. ouvk h;|dei o[ti VIhsou/j evstin, resaltando con
ello la incapacidad de María Magdalena para descubrir al que está mirando. El
adverbio ouvde,pw
(v.9), el cual califica al verbo h;|deisan, subrayando la
ignorancia de los discípulos acerca de que (Jesús) debía resucitar de entre los
muertos. Además este último verbo aparece en pluscuamperfecto, lo cual indica
duración de la acción en su efecto[5].
Finalmente en el v. 10, donde se describe que los discípulos volvieron de nuevo
a donde estaban, el lector percibe derrota e incomprensión.
· Otro
punto importante que puede percibirse sintácticamente y que va relacionado con
la ignorancia de los personajes es la situación existencial de
tristeza, de prontitud
y desesperación, de derrota, de búsqueda de Jesús.
La conjunción ou=n
en los vv. 2.3 y 11 enfatiza la prontitud, la desesperación y el llanto[6]; las frases: h=ran
to.n ku,rion evk tou/ mnhmei,ou kai. ouvk oi;damen pou/ e;qhkan auvto,n, gu,nai( ti, klai,eijÈ ti,na
zhtei/jÈ, también lo podemos percibir en el tiempo presente
en que están los verbos ver (Ble,pei y qewrei/), señalando un progreso o
estado de persistencia de los personajes que buscan a Jesús[7]. Y posiblemente la acción de llorar de María
simultanea al inclinarse hacia el sepulcro, dramatice más este último como
tratando de encontrar al que no se tiene.
· En el apartado del estilo he encontrado algunas figuras literarias, entre las que
sobresalen: una estructura paralelística del texto y un paralelismo antitético,
los cuales manifiestan un proceso
dinámico de esclarecimiento en los personajes, respecto de la
persona de Jesús.
Tengamos
en cuenta
que lo importante en estos paralelismos no es la forma sino la intencionalidad
comunicativa.
A Mari,a
h` Magdalhnh. e;rcetai…eivj to. mnhmei/on kai. ble,pei
to.n li,qon…evk tou/ mnhmei,ou. (v.1)
B Mari,a de. ei`sth,kei pro.j tw/|
mnhmei,w| e;xw klai,ousaÅ (v.11)
C gu,nai(
ti, klai,eijÈ (v.13)
C’ gu,nai(
ti, klai,eijÈ ti,na zhtei/jÈ (v.15)
B’ Maria,mÅ
strafei/sa evkei,nh le,gei auvtw/| ~Ebrai?sti,\ rabbouni, (v.16)
A’ e;rcetai Maria.m h` Magdalhnh.
avgge,llousa toi/j maqhtai/j o[ti e`w,raka to.n ku,rion (v.18)
En el primer caso (A) María Magdalena va
(e;rcetai)
al sepulcro y ve
(ble,pei)
la piedra
quitada; en su correspondiente (A’) María Magdalena va (e;rcetai)
a donde los
discípulos y les anuncia que ha visto (e`w,raka)
al Señor, por lo
que hay una idea de desplazamiento a un lugar, aparecen los verbos de visión y
el objeto visto. En el primero comienza la trama (v.1), y otro da reposo a la
narración y el final (v.18).
En el segundo caso (B) María está de
pie junto al sepulcro llorando (v.11); en su correspondiente (B’) María se
voltea y le dice: Maestro (v.16). En la primera María está en una situación de
sufrimiento por no hallar al Maestro, en su correspondiente María vive ahora
una situación de encuentro, por tanto ya no de sufrimiento, sino de alegría.
Y finalmente en el tercer caso (C) María es
interrogada por los ángeles acerca de por qué llora, en su correspondiente (C’)
María es interrogada por Jesús sobre lo mismo, pero ahora con una pregunta más ti,na zhtei/jÈ.
En esta estructura podemos ver que
no sólo aparecen los nombres relacionados unos con otros paralelamente
(pantalla), sino también los contenidos que aparecen con los nombres. En la
semántica analizaremos el significado comunicativo de este paralelismo.
· Encontramos otro paralelismo antitético en los vv.
2 y 18.
|
1.
(María) e;rcetai pro.j Si,mwna Pe,tron kai.
pro.j to.n a;Ion maqhth.n… |
|
1. e;rcetai
Maria.m h` Magdalhnh. |
|
2. kai.
le,gei auvtoi/j\ |
|
2.
avgge,llousa toi/j maqhtai/j |
|
3. h=ran
to.n ku,rion kai.
ouvk oi=da pou/ e;qhkan auvto,nÅ (v.2) |
|
3. o[ti
e`w,raka to.n ku,rion (v.18) |
El segundo paralelismo subraya la situación
existencial inicial y final de María Magdalena, oponiéndose radicalmente. En el
número 1 de lado izquierdo, María va a donde estaba Simón Pedro y el otro
Discípulo; en su correspondiente, María va ya no sólo a Simón Pedro y al otro
Discípulo, sino a todos los discípulos. En el número 2 María simplemente dice
(le,gei),
en su
correspondiente, ya no dice, sino que anuncia
(avgge,llousa).
Y en el número 3
se dice que se han llevado al Señor y no sabemos dónde lo han puesto, mientras
que en el v.18 se dice que ha visto al Señor, es decir, lo ha encontrado, lo
cual supone un proceso de esclarecimiento.
2. ANÁLISIS SEMÁNTICO
Al pretender encontrar qué es lo que quiere decir
el texto, qué es lo que quiere dar a entender con determinadas expresiones y
frases utilizadas, podemos establecer categorías de elementos sintácticos que
se corresponden por su significado. En este punto encontré cinco campos
semánticos:
Campo de
sepulcro:
presenta el siguiente vocabulario: oscuridad,
sepulcro, piedra, lienzos, sudario, muertos y cuerpo,
haciendo
referencia a un tema importante dentro de este relato pascual: el sepulcro de
Jesús.
Campo de
situación existencial de tristeza – ignorancia y búsqueda frustrada: contiene las siguientes
frases y verbos: se han llevado al Señor,
no sabemos dónde lo han puesto, por qué lloras, no habían entendido aún, no
sabía que era Jesús, a quién buscas, pensaba que era el jardinero, los
cuales expresan dramáticamente la tristeza, la desesperación, la incapacidad y
la búsqueda angustiante de los discípulos de Jesús, especialmente de María
Magdalena. No encontrar el cuerpo del Maestro en el sepulcro y no saber dónde
lo han puesto genera tristeza y dolor expresado por el llorar, y cuando María
se encuentra con Jesús y no puede reconocerlo provoca literariamente mayor
dramatismo ya que los lectores sí saben que es Jesús, y esto crea una mayor
expectativa por el desenlace.[8]
Campo de
resurrección y presencia de Jesús: la piedra quitada, los lienzos
tirados por el suelo, el sudario doblado, los ángeles (que nos habla del
sepulcro vacío), resucitar, la Escritura,
Jesús puesto de píe, Jesús dice, Señor y que le dijo estas cosas. Estas
frases y palabras expresan otro tema importante de nuestra perícopa: la
resurrección de Jesús y su presencia. La
piedra quitada, los lienzos tirados, el sudario doblado y los ángeles
constituyen los signos evidentes que llevaran al Discípulo amado y a María a
creer que la ausencia del cuerpo de Jesús no es porque se lo hayan llevado[9], sino porque ha resucitado.
Por su parte las frases: Jesús puesto de píe, Jesús dice, Señor y que le había dicho estas cosas,
indican que el
Maestro no sólo ha resucitado, sino que se hace presente a María Magdalena. Su
presencia y su palabra llevan a María de la tristeza y el dolor al gozo de
verlo (e`w,raka to.n ku,rion)
y posteriormente
a anunciar su mensaje (avgge,llousa…
tau/ta ei=pen auvth/|
v.18).
Campo de la fe: palabras de significado semejante: ver, mirar detenidamente, contemplar,
creer y anunciar. A este grupo lo he
llamado campo semántico de la fe porque claramente percibimos cómo, tanto el
Discípulo amado como María Magdalena, presentan un proceso gradual en el ver
hasta llegar a creer: del otro Discípulo se dice explícitamente que creyó
(evpi,steusen)[10],
y María
Magdalena afirma: “que ha visto al Señor” (e`w,raka to.n ku,rion).
Campo de verbos
de movimiento: venir, correr, salir, correr adelante, inclinarse,
entrar, regresar, voltearse, buscar, tocar, ir
y subir. Estas acciones de los discípulos y de María,
denotan una idea de movimiento, de búsqueda, de apresuramiento, y podemos
decir, también, de cambios constantes no sólo en campo físico sino psicológico
y espiritual de los discípulos, ya que en ese venir y regresar, entrar y salir,
etc., se va dando un proceso de cambio, especialmente en la fe. Este aspecto
dinámico de movimiento físico es reflejo de ese movimiento más profundo que se
está haciendo en el interior de los discípulos y de María Magdalena.
Ahora bien, estableciendo oposiciones entre estos
campos para ver los cambios que se establecen en el texto[11], podemos descubrir dos campos englobantes que nos
llevarán a encontrar ahora sí el significado del texto y que lo plasmo luego en
un cuadro semiótico.
Los campos englobantes son los siguientes:
|
skoti,aj mnhmei/on li,qon ovqo,nia souda,rion
sw/ma (Ausencia
y silencio
de Jesús) 1 |
avnasth/nai li,qon
hvrme,non kei,mena
ta. ovqo,nia souda,rion
entetuligme,non grafh.n du,o
avgge,louj VIhsou/n
e`stw/ta le,gei
VIhsou/j\ rabbouni avnabai,nw tau/ta
ei=pen auvth/| 2 |
|
h=ran to.n ku,rion
ti, klai,eij ouvde,pw ga.r h;|deisan ouvk h;|dei o[ti VIhsou/j evstin ti,na zhtei/j dokou/sa o[ti o` khpouro,j evstin 3 |
ble,pei qewrei/ ei=den evpi,steusen e`w,raka to.n ku,rion avgge,llousa 4 |
|
avph/lqon
VExh/lqen paraku,yaj e;keito
5 |
e;rcetai a[ptou avrw/ eivsh/lqen avnabai,nw poreu,ou 6 |
Mediante estos
enlistados de los seis cuadros anteriores, podemos fácilmente ver los cambios
que hay en el texto y con ello percibir su significado.
El cuadro número uno presenta vocabulario con
elementos que hacen referencia a la realidad de muerte, de oscuridad y de
ausencia de Jesús. Esto se opone totalmente a otra realidad, cuadro número dos,
donde se nos habla de signos de resurrección, que adquieren significado por la
Escritura y que luego son confirmados por la presencia misma del Resucitado que
se manifiesta como el Señor victorioso (puesto de pie) que se comunica.
Entonces hay un cambio de signos de muerte y ausencia - a signos de
resurrección y presencia del Resucitado.
En el tercer cuadro encontramos frases que denotan
una situación existencial de queja, de tristeza, de ignorancia, de confusión y
de impotencia que se opone radicalmente al cuadro 4: “ver al Señor y creer en
él”, “anunciarlo”. Por lo que, el cambio se da en los personajes: de un no ver
ni creer en el Resucitado por su aparente ausencia con sus consecuencias en el
estado de ánimo, a un ver y creer en él y la consecuencia de anunciarlo.
En los cuadros cinco y seis encontramos verbos de
movimiento que se oponen entre sí. Los del cuadro cinco expresan un movimiento
de derrota e incapacidad, los cuales se oponen a los del cuadro seis que
expresan un movimiento dinámico, de apropiación, de disposición y de
obediencia. Por tanto, el cambio es perceptible en los personajes: de un
comportamiento de derrota y pesimista a un comportamiento positivo y optimista.
Podemos ver, entonces, que hay dos líneas
englobantes de sentido en el texto: la primera expresa signos de muerte y de
ausencia con sus consecuencias desastrosas en el estado de ánimo y en el
comportamiento de los discípulos y de María Magdalena. Y la segunda expresa
signos de resurrección, de presencia del Resucitado con sus consecuencias en
los personajes: de apropiación, de fe, de obediencia y de anuncio.
Cuadro
semiótico
Por tanto, en base a lo
descubierto anteriormente, presento ahora un cuadro semiótico donde se ven
representadas las relaciones entre los elementos de significado y que en
definitiva nos permite ver con certeza el mensaje del texto.

![]()
Presuposición
Contradicción Contrariedad
Este cuadro semiótico
representa las relaciones principales que se dan en el texto para producir el
significado del mismo.[12]
Ver y creer en el Señor Resucitado es fruto de la acción divina
que el Discípulo amado descubre en los lienzos tirados y en el sudario, que al
verlos cree (eiden
kai apisteusen), y María, por su parte, la descubre en el sepulcro
vacío, en los ángeles y finalmente en la presencia y la palabra del Resucitado.
Situación que la llevará a apropiarse de él para luego, obedeciendo,
anunciarlo.
Ambos personajes presentan un
proceso para llegar a la fe. Un proceso que, en el caso concreto de María,
parte precisamente de la experiencia de incapacidad, de tristeza, de búsqueda
frustrada, de imposibilidad, de queja impotente, de llanto. Pero con la
presencia de signos y finalmente de Jesús mismo, a quien ve detenidamente y
escucha su palabra: Maria,m, ve y di a mis hermanos…
experimenta una transformación que la lleva finalmente a la fe: “¡He visto al Señor!”, y a anunciar lo
que él le ha dicho.
En el caso del Discípulo
amado: dirigirse a…, correr más rápido que…, llegar primero, inclinarse, ver,
entrar al sepulcro y finalmente contemplar (ei=den) son acciones que nos hablan
de un proceso de cambio que precisamente mediante los signos: los lienzos y el
sudario y el recordar las palabras del Jesús prepascual lo llevan a creer (evpi,steusen).
En este punto del proceso de la fe, especialmente
respecto del personaje de María Magdalena, podemos ahora presentar brevemente
el significado de la estructura en paralelo que analizamos anteriormente (pág.
4). En esta estructura se puede constatar un progreso in crecendo conforme pasa la narración: en el v.1 se abre la trama
al descubrir María Magdalena la piedra quitada del sepulcro y corre a avisar a
los discípulos, este correr (tre,cei) está enfatizado por la conjunción ou=n para resaltar un correr tal vez desesperado por
parte de María. En el v.11 María aparece junto al sepulcro, pero su sufrimiento
es ahora mayor que el anterior porque ahora está llorando (el autor pone dos
veces el verbo klaien para subrayar la situación
lastimera de María). Luego en el v.13 aparece la pregunta sobre el por qué
llora. Esta pregunta es dicha por los ángeles. En el v.15 aparece la misma
pregunta a la que se incluye una segunda ti,na zhtei/jÈ que acentúa el motivo del llorar de María. En el
v.16 se realiza el encuentro (rabbouni) llegando a un clímax la narración para terminar
en el desenlace y el descanso de la trama en el v.18 con el anuncio de la buena
nueva (avgge,llousa) de María Magdalena que ha
visto al Señor y que le había dicho tales cosas.[13]
Si María es capaz de declarar que ella ha visto al
Señor (e`w,raka
to.n ku,rion) es
porque, entre su primer reconocimiento del Rabí, que supuso parte del proceso
de esclarecimiento, y esta declaración, le ha hablado el Señor: “No me retengas, que todavía no he subido al
Padre, sino ve donde mis hermanos y diles que subo a mi Padre que es vuestro
Padre, a mi Dios que es vuestro Dios” (v.17). Este versículo entonces nos
introduce en la última etapa del camino de fe de María: tiene que superar la
adhesión a lo sensible, al Jesús terreno (no me retengas), para colocarse en el
plano de la fe e intuir de este modo el misterio de Cristo glorioso.[14]
María comienza a asimilar su última etapa en este
proceso de la fe, y esta frase anterior la llevará a dar definitivamente el
paso para conocer al Jesús resucitado que ahora se presenta en su vida de una
nueva manera: “… voy a reunirme con aquel
que es mi Padre y vuestro Padre, mi Dios y vuestro Dios.” Jesús le revela que entre Dios y los hombres
hay una nueva relación. Entonces ahora ella puede, junto con su comunidad,
volver a creer lo que el Señor les enseñó de Dios: que en verdad Dios es su
Padre y está junto a ellos, que de nuevo le pertenecen y que de nuevo quiere
ser su Dios. Ella que estaba en lo más
profundo de las tinieblas, de la tristeza y la desesperación, posee ahora un
conocimiento pleno de Jesús resucitado, gracias a la experiencia de gratuidad,
a la experiencia de las nuevas
relaciones con Dios.[15]
Considero que este punto al cual hemos llegado es
el más importante de todo el relato, porque podemos encontrar aquí dos aspectos
claves que el autor ha ido manejando literaria y teológicamente y que han
llegado finalmente a un culmen pretendido. Estos aspectos claves son los
siguientes:
Primero, el proceso de reconocimiento de María Magdalena
llega a su fin con el “e`w,raka
to.n ku,rion”, un
proceso que ha implicado tristeza, impotencia, queja, lágrimas, etc. Pero si María, segundo aspecto, ha podido reconocer al
Maestro y finalmente al Señor resucitado, ha sido posible por la revelación del
mismo Señor, la cual también se ha dado paulatinamente respetando el proceso de
María, indirectamente a través de la piedra quitada y los ángeles, y
directamente por la presencia del Resucitado, que con su palabra: gu,nai( ti, klai,eijÈ ti,na zhtei/jÈ, Maria,m, fue transformando a María Magdalena de la desesperación a
la alegría de haber encontrado al Maestro.
Pero Jesús todavía no había dicho la última palabra. El mensaje central que llevaría a María al
conocimiento pleno de Jesús resucitado y la transformaría definitivamente es la
frase: “Ve y di a mis hermanos que voy a reunirme con aquel
que es mi Padre y vuestro Padre, mi Dios y vuestro Dios”. Esta sorprendente formulación, que suena tan
solemne y con tintes de alianza[16], con todo lo que esto significa en al persona de
Jesús, nos habla del mensaje salvífico de la resurrección. Este mensaje que
María debe transmitir debía recordar a los discípulos aquellas otras palabras
de Jesús dichas en el discurso de despedida y que encontramos concretamente en
14,1-3, sólo ahí se encuentra el sorprendente: “¡Creed en Dios!”, siguiendo luego la palabra acerca de las moradas
en la casa del Padre.[17] Jesús se va a preparar un lugar para sus
discípulos, para sus “hermanos”, junto al Padre, lo cual significará la
comunión con Dios (cf. 14,21.23.28).
Por tanto, el proceso de fe y el proceso revelador
tienen su culmen, el primero en la fe plena: ¡He visto al Señor!, el segundo en
el mensaje central: “Subo a mi Padre que
es vuestro Padre, a mi Dios que es vuestro Dios”. Este último hace posible
el primero: la fe. Por lo que corroboramos la validez del cuadro semiótico
antes presentado.
Por tanto, desde el punto de
vista semántico, nuestro texto fundamentalmente trata el tema de la fe en el
Resucitado (ei=den
kai. evpi,steusen y
e`w,raka to.n ku,rion) y del cómo se llega ha ella (los signos y la Palabra
que transforman la vida de los seguidores de Jesús). Y desde el punto de vista
histórico-crítico, esto lo he confirmado tanto por el estudio de las
tradiciones que subyacen en nuestro texto, como del proceso de fe de la
comunidad del Discípulo amado.[18] Por este estudio sincrónico,
complementado por el diacrónico, descubrimos que el texto tiene la finalidad de
suscitar la fe en el Resucitado y en su significado salvífico, confirmar y
fortalecer la fe de los que ya creen en orden a la misión, responder a la
exigencia interna de la obra: presentar cómo los discípulos se apropiaron de lo
que Jesús les prometió luego de su ida al Padre, y dar información importante a
los futuros creyentes: la nueva relación entre éstos y el Padre.
3.
Análisis Pragmático
En este apartado se busca
observar la función dinámica de nuestro texto, es decir, la instrucción para la
acción y la orientación del lector, descubrir las ideas y valores que inducen
al lector a participar de la reflexión escrita y a cambiar o modificar su
pensamiento y conducta. Y es que el texto bíblico interactúa con el lector
proponiendo, escuchando, orientando, suscitando sentimientos, pensamientos,
conductas que lo construyen.
Si la finalidad y la función
de nuestro texto es suscitar la fe en la persona de Jesús y en su significado
salvífico, confirmar y fortalecer la fe de los ya creyentes en orden al
testimonio, dar información importante a los futuros creyentes sobre el
significado de la resurrección y responder a la exigencia interna de la obra,
se trata ahora de analizar cómo lo hace, qué medios usa para que finalmente los
lectores capten su intención, haya realmente comunicación, y de esta manera
llevarlos a aceptar su oferta, con todo lo que esto significa: suscitar
sentimientos, preguntas, pensamientos y finalmente cambiar comportamientos.
Medios para dirigir al lector
Nuestro texto presenta esta
función y finalidad del texto a través de una estrategia narrativa que provee
la posibilidad de una experiencia para el lector, especialmente en los
personajes que juegan un papel importante en este proceso narrativo. Ellos
creen, y sus historias ayudan al lector a creer mejor.
Esta estrategia narrativa
tiene como punto principal partir de la incomprensión de los personajes acerca
de la persona de Jesús para llegar, mediante un proceso de esclarecimiento, a
conocer y creer en él.[19] Las incomprensiones son la clave principal en
todos aquellos que se encuentran con Jesús y tratan de entenderlo, pero
necesariamente lo entienden de acuerdo a sus categorías que conocen. Jesús
interactúa con ellos para que ellos cambien su camino, ilumina el mundo
interior de toda persona, para que ella misma se defina y cree el espacio para
su revelación. Este proceso es llamado: fórmula literaria de esclarecimiento a
través de una inicial incomprensión. Así, el evangelista presenta personajes en
crisis a través de la incomprensión, pero que persisten en tratar de entender,
ver la luz y creer.[20]
Pero es importante señalar que
esta estrategia del autor no sólo lo aplica presentando personajes en el
Evangelio sino también para sus lectores, es decir, las incomprensiones entre
el texto y el lector son una estrategia narrativa deliberada, donde el autor
usa desuniones en el texto para comunicar al lector que Jesús es
incomprensible, que él es un enigma, de esta manera el lector experimenta la
misma confusión que los interlocutores de Jesús. Así, mientras que las
incomprensiones presentan al Jesús joánico como un enigma a los lectores, ellas
tienen también otra función: enseñar a los lectores a corregir su forma de ver
las cosas. Como los personajes del evangelio, los lectores deben aprender de
sus errores y revalorar ambos: Jesús y el mundo. Todo esto con la finalidad de
que el lector llegue a creer que Jesús es el Cristo, el Hijo de Dios, y creer
es aceptar a Jesús y estar dispuesto a permanecer con él no obstante las
dificultades de todo tipo, incluyendo incertidumbres acerca de qué es lo que Jesús precisamente
está revelando.[21] Por tanto, aceptar a Jesús no implica
necesariamente entenderlo.
A través de esta estrategia
narrativa de incomprensión, de esclarecimiento, de conocimiento, el evangelista
va interactuando con los lectores, suscitando también la incomprensión, la
duda, la crisis, pero también los va llevando al esclarecimiento y conocimiento
para aceptar la persona de Jesús, creer en él y lo que esto implica.
Identificación con los personajes
Que los lectores se
identifiquen con los personajes es una de las herramientas más fuertes de la
narrativa. Los lectores generalmente se identifican con quienes ellos tienen
algo en común. El lector de nuestro texto experimenta confusión, incertidumbre
e incomprensión. Él aprende también de sus errores y cambia sus estrategias de
interpretación.[22]
De esta manera, el lector
aprende de estos personajes y viene a profundizar en el entendimiento de la
identidad de Jesús y de su proyecto y finalmente lo acepta en la fe. Por tanto,
en la identificación con estos personajes, el lector es inducido a aceptar a
Jesús en una fe más plena. Esta identificación es posible porque los textos
bíblicos fueron escritos en la fe, a base de las experiencias propias de fe y
para la fe, para creyentes, con la intención que ellos profundicen su fe y
puedan experimentar la comunión con Dios.[23] De esta manera, podemos analizar las
experiencias de fe de los personajes de nuestro texto, concretamente de María
Magdalena y del Discípulo amado, en quienes recae, por lo visto anteriormente,
toda esta estrategia narrativa que el autor presenta y de esta manera ver cómo
el autor va construyendo al lector progresivamente, cuyo acceso le indica el
texto.
A) María Magdalena
Nosotros los lectores sabemos
que Jesús se apareció a María y que ésta llegó a creer en él, pero lo que
queremos saber es cómo llegó ella a creer en él. Para saber esto, podemos ver
primeramente que hay un proceso de incomprensión y esclarecimiento en la
narración. Este proceso parte de la experiencia de incapacidad, de tristeza,
luego de búsqueda frustrada, es decir, de incomprensión que, con la presencia
de los signos y finalmente de Jesús mismo, experimenta entonces una
trasformación radical de no ver ni creer, a ver y creer en el Resucitado como
su Señor.
En este proceso de fe y de
conocimiento de María, los lectores podemos descubrir que la posibilidad de
salir de las consecuencias de tristeza y sufrimiento que los signos de muerte y
la ausencia de Jesús provocan y llegar a la fe es gracias a la intervención
divina. Pero, aunque es verdad que la fe es, en definitiva, fruto de la acción
divina que se va profundizando y fortaleciendo, también es cierto que ésta sólo
pueden profundizarla[24] aquellos que entran en esa
dinámica de búsqueda, de crisis, de confrontación, es decir, aquellos ya
creyentes que se ven constantemente impulsados a recorrer un camino hacia una
fe más plena, a interpretar las experiencias de su propia historia que desde la
fe adquieren un valor salvífico. En definitiva, esta narración dramática lleva
al lector gradualmente con creciente certeza a la plena autorevelación de Jesús
y manifestación de su gloria en su propia historia.
El lector debe aprender que,
mientras otros se van a casa (Simón Pedro y el otro Discípulo), María Magdalena
permanece de pie en la tumba, llorando, y no está dispuesta a abandonar el
sepulcro hasta recobrar el cuerpo de su amado, por tanto, por su persistencia
es recompensada luego con la primera aparición de la resurrección. Por su persistencia será finalmente llevada,
y llevado el lector, de la incomprensión al entendimiento.
Por otra parte, la queja
repetida de María, suscita en el lector una sensación de esperanza
desencantada, de soledad profunda, de total dependencia y fidelidad. También el
llorar de María es signo de su adhesión a Jesús. Pero podemos percibir que esta
adhesión es demasiado sensible hacia el Jesús terreno, tiene que abandonar la
voluntad de poseerlo de esa manera. Por eso, cuando no tiene absolutamente
nada, cuando pareciera que todo está perdido, sólo en ese punto supremo de
desesperación es cuando es capaz de volverse, y ahí es cuando Jesús se presenta
de píe, es decir, victorioso sobre la muerte, habla y cuestiona para que ésta y
el lector se liberen de su tristeza y sufrimiento. Pero, aunque se le escuche,
si no hay fe, Jesús es irreconocible. Para María, como para el lector creyente,
pues también éste más de alguna vez ha vivido esta situación, Cristo sigue
muerto. Por tanto, impulsada María a esta situación límite, cuando ya no hay
esperanza y ha caído toda seguridad, cuando está ya dispuesta a abandonarse por
completo, es entonces cuando se realiza el milagro: Dios ilumina el mundo
interior del creyente para que cree un espacio en el que Él, teniendo un lugar,
se revele como Salvador, como el Dios de la vida. Ese milagro se realiza cuando Jesús se revela
y su palabra creadora hace surgir la vida desde la nada: Mariam. Podemos decir
que esa voz suave reactiva de nuevo su “sensibilidad” espiritual acostumbrada a
él, de momento el tiempo se detiene, lo perdido se encuentra, la tristeza y la
desesperación desaparecen dando lugar al gozo inenarrable; el corazón, antes
marchito, se ensancha y se inunda de alegría desvaneciéndose por todo el
cuerpo, como si ella misma estuviera resucitando. Entonces María, y con ella también el lector,
constata que Jesucristo está vivo, porque así lo experimenta, así lo descubre,
no sólo porque venció Cristo su muerte sino también porque venció la suya. De
ahí que, la resurrección se explica desde la experiencia de salvación.
Pero María cree ver al Jesús
prepascual y quiere abrazarlo, poseerlo, no lo ve como ahora se presenta
glorioso y resucitado. En el Cuarto Evangelio estas equivocaciones son parte
necesaria para el proceso de abandonar este mundo y venir a la fe. Por eso, al final,
luego de las palabras de Jesús resucitado, María es la primera en declarar la
gozosa confesión de la pascua: “He visto al Señor”. Aquí es importante señalar que en este
proceso hacia la fe, el reclamo de Jesús a María tiene mucho que ver:
“Suéltame, porque no he subido a mi Padre… ve a mis hermanos…” El lector sabe
que él probablemente podría haber caído en el mismo error si él estuviera en su
lugar. Y si el Señor le está reclamando al personaje, también lo está haciendo
a él.
Pero viene el mensaje más
importante del que María es receptora: “Ve y di a mis hermanos que subo a mi
Padre y a vuestro Padre, a mi Dios y a vuestro Dios”. Este mensaje que expresa
las nuevas relaciones entre los hombres y el Padre, la lleva a percibir el
cumplimiento de lo que Jesús ya había prometido, el lector puede percibir
también en esta frase con tono de Alianza, que en Jesús la Alianza llega a
plenitud, con sus características de gratuidad, de relaciones familiares entre
Dios y el ahora su pueblo, en la que Jesús dará a su Espíritu sin cesar y hará
que el Padre habite en él. María experimenta en este mensaje confianza, certeza
y puede ahora con fe plena y conocimiento experiencial de salvación llamar a
Jesús, ya no sólo Maestro, sino su Señor.
María ha entendido, y el lector
quiere esa experiencia-conocimiento, aunque de antemano sabe, por su mismo
proceso de fe, que esto sólo es posible únicamente por al acción del
Resucitado; lo que hace entonces es esperar, porque lo anhela y quiere
entender-experimentar una relación de mutua inhabitación entre Dios y él.
Finalmente, María ha recorrido
un camino de discipulado y de testigo cualificado, ha experimentado en su
historia personal la acción salvadora del Resucitado, donde lo ha descubierto
como su Señor, por eso ahora puede anunciarlo. El lector, por tanto, sabe que
ser testigo implica saber lo que dice y por qué lo dice, y esto es posible sólo
por la experiencia.
B) El Discípulo amado
Respecto al Discípulo amado,
cuando éste corre a la tumba y llega primero, el narrador invita al lector a
identificarse con su entusiasmo. Luego el discípulo quiere saber qué ha pasado;
lo mismo el lector. (Claro que el lector del Cuarto Evangelio sabe el resultado
final, que Jesús ha resucitado; pero el suspenso está, no en qué ha pasado, sino
en cómo a pasado). El lector y el Discípulo amado participan de una urgencia
común. El deseo del lector permanece insatisfecho cuando el Discípulo amado se
para afuera de la tumba y no entra (20,5). Luego el lector encontrándose afuera
con el Discípulo amado ve los lienzos en la tumba, pero no adquirirá una
descripción satisfecha hasta que Pedro llegue y entre (20,6-7). Finalmente, el Discípulo amado entra a la
tumba, ve y cree (20,8). La atención del lector se torna hacia el discípulo en
ardiente expectación. El lector sabe que la fe auténtica es la finalidad, y le
dice al discípulo: “dime”, y pregunta: “¿Qué crees? ¿Qué has visto para
entender? Yo también quiero entender”. Pero el siguiente verso se lee: “porque
aún ellos no entendían la Escritura, que él debía resucitar de entre los
muertos” (20,9). Viene entonces una doble duda. No sólo está el lector
desprovisto de lo que llevó al Discípulo amado a creer, sino cosa peor, él se
maravilla de qué tipo de captación es. El Discípulo amado no entiende las Escrituras
de que Jesús debía de resucitar de entre los muertos. ¿Esto significa que no
creía que Jesús resucitó? De nuevo el lector quiere una respuesta.
El siguiente verso dice:
“Entonces los discípulos se regresan a casa” (20,10). Las preguntas del lector
están sin responder. Y la dificultad aumenta con el siguiente verso: “Pero
María Magdalena estaba de pie llorando afuera de la tumba” (20,11). El
discípulo amado cree, pero ello no viene a nada. María Magdalena, Pedro, y el
lector permanecen como siempre en la oscuridad.
La respuesta del Discípulo
amado no es del todo auténtica del discipulado, sino es creer y dar testimonio.
El Discípulo amado cree algo, pero no da testimonio. Pero su silencio no es
único en el Evangelio. También lo encontramos en la escena de la última cena
(13,22-29), cuando Pedro le pide que pregunte al Maestro para saber quién es el
que lo va a traicionar, Juan sabe pero no lo comunica. Este testimonio no es parte de la historia
narrada, es un preanuncio de algo que viene, algo que completará más tarde. El
Discípulo amado permanece en silencio hasta el capítulo 21. Él no asume el
testimonio de alguien en la narrativa; no confiesa su fe. El Discípulo amado es generalmente pasivo;
sólo en el capítulo 21 se rompe este silencio. Ahí señala que el que va por la
playa es el Señor. Sólo al final del capítulo (21,24) es mostrado al lector el
testimonio más significante del Discípulo amado. El autor demuestra que el Discípulo amado ha
comenzado a ser un auténtico discípulo.
Pero el autor también ha demostrado que, para el Discípulo amado como
para otros, el auténtico discipulado no es fácil. El discipulado implica errores, vencer la
oscuridad de este mundo, la ceguera. Llegar a ser un auténtico discípulo
implica un proceso del que nadie ni el Discípulo amado está exento.
Desvalorizando al discípulo amado, aceptar sus errores permite al lector
identificarse con él. Él no es un personaje casi fuera de este mundo, sino como
el lector, él también tiene flaquezas. Cuando el lector se identifica con él,
experimenta su tipo de flaqueza y es estimulado no sólo a creer sino a ser un
testimonio mejor.[25]
Concluyendo, podemos decir que
los lectores se ven invitados, a través de estos personajes, a profundizar en
su camino como creyentes este conocimiento de fe, conocimiento que es
existencial, práctico y afectivo, es decir, un conocimiento que se da través de
la vida, de la comunión y la relación afectiva con Jesús.
María Magdalena, Testigo y Apóstol
Finalmente quiero tratar brevemente el punto de
María Magdalena como apóstol y testigo cualificada, en orden a resaltar el
papel importante de la mujer en la comunidad del discípulo amado.
María Magdalena subió a Jerusalén con Jesús y el
resto del grupo para celebrar la Pascua. Aquellos días en los que sucedió dicha
Pascua, junto a lo que había vivido en Galilea, hicieron de ella una testigo
cualificada. Ella, junto con las otras mujeres del grupo, siguió a Jesús camino
del calvario y permaneció en el lugar de
la ejecución, confundida entre la gente, quizá disimulando su rabia, su
impotencia y su profundo dolor. Ella
asistió a las últimas horas agónicas de Jesús; testigo silenciosa, junto a las
demás, en ausencia de los discípulos varones que habían optado por alejarse del
lugar, permaneció hasta el final, continuando el seguimiento que había iniciado
en Galilea. Cuando Jesús expiró, no
abandonó el lugar hasta saber qué pasaba con el cuerpo del Maestro. Se convirtió así en el testigo de la muerte y
sepultura de Jesús. Irónicamente, las
mujeres, que no podían ser testigos en la sociedad, se convertían en las únicas
con que podía contar la comunidad para recordar las últimas horas de la vida de
Jesús.
Pero algo más importante y trascendental le
esperaba: el encuentro con el Resucitado, donde María Magdalena sería receptora
de un saber y de una misión; este saber era comprender, gracias a la
experiencia tenida, lo que había pasado con Jesús. Y la misión a la que se siente enviada por el
Resucitado es anunciarlo: “Ve y di…”,
aspecto éste que le valió el título de apóstol de los apóstoles.[26]
En este punto de considerar a María como apóstol,
es imprescindible relacionarla por qué no, con personajes narrados tanto en el Antiguo como en el Nuevo
Testamento que tuvieron visiones y encuentros con Dios, y que tales experiencias
son narradas como historias de vocación o llamamiento. Es el caso de Abraham,
Moisés, los jueces, los profetas, de Pablo, etc.[27] Para María ver al Señor resucitado, haberse
encontrado con él, haber escuchado su palabra que la transformó plenamente es
al mismo tiempo una especie de envío, una especie de presión interna a
anunciarlo. Por tanto, ella, habiendo sido discípula y testigo cualificada
ahora se convierte en apóstol.
Pero ¿María es realmente apóstol? R. Brown nos dice que en la mente de
San Pablo, esenciales para el apostolado eran dos componentes: el haber visto
al Jesús resucitado y el haber sido enviado para proclamarle. La clave de
importancia de Pedro en el apostolado fue la tradición de que él había sido el
primero que vio a Jesús resucitado (1 Cor 15,5; Lc 24,34), pero en el evangelio
de Juan: Pedro y el discípulo amado no ven a Jesús. Es a una mujer, a María
Magdalena, a quien Jesús se aparece primero, instruyéndola para que vaya a
instruir a sus hermanos: Jesús la envía y el mensaje que ella proclama es nada
menos que el anuncio apostólico de la resurrección: “He visto al Señor”.
Magdalena está muy cerca de cumplir las exigencias básicas paulinas del
apóstol; y es ella, no Pedro, la primera
en ver a Jesús. Ella se convertía en testigo más destacado de la enseñanza del
resucitado.[28] De echo, en la tradición de la iglesia occidental,
nos dice Jungmann, ella recibió el honor de ser la única mujer (aparte de la
madre de Dios) en cuya fiesta se recitaba el credo, precisamente porque ella era
considerada como un apóstol: “la apóstol de los apóstoles”.[29]
[1] Cf. LANGNER, CORDULA, El estudio de los métodos, Apuntes de
clase UPM, México 2005, pp.1-6.
[2] Ibid 6-12.
[3] Cf. VAN TILBORG, S., Comentario al Evangelio de Juan,
Verbo Divino, Navarra 2005, p. 9.
[4] Para profundizar acerca del conocimiento
bíblicamente hablando véase: Cf. DODD, C. H., Interpretación del cuarto Evangelio, pp. 180-201. BAEZ, SILVIO, J.,
Cuarto domingo de pascua, en: http://www.debarim.it/pascua4_es.htm.
[5] Cf. ZERWCIK, M., El griego del Nuevo Testamento,
Verbo Divino, Navarra 1997, p. 130.
[6] La conjunción ou=n
tiene un sentido hilativo de las diferentes oraciones, pero también es usada a
veces para expresar un sentido enfático como es nuestro caso. Cf. SERRAIMA, C. E., Gramática Griega, Apoyos
didácticos UPM No. 6, México 2003, p. 120.
[7] Estos matices de presente no sólo son para resaltar la viveza de la
narración, sino para señalar un progreso o estado de persistencia de los personajes
que buscan a Jesús, especialmente se puede aplicar esto a estos verbos de
visión. Cf.
DANA, H.E., MANTEY, J., Gramática Griega
del Nuevo Testamento, Segundo Año Casa Bautista de Publicaciones, El Paso
Texas 1975, pp. 174-179.
[8] Puede verse el estudio que presenta
MARGUERAT, D. / BOURQUIN, Y., en su obra: Cómo
leer los relatos bíblicos, Sal Terrae, Santander 2000, en las pp. 116-125,
donde presenta las posiciones del lector ante un texto y su interacción con los
personajes del relato.
[9] Concretamente los
lienzos y el sudario son los evidentes signos del previamente Sepultado. Su
ausencia del sepulcro no se debía pues a un robo, cuyo autor “no habría empezado por despojarlo de sus
envolturas ni se habría molestado en quitarle el sudario, enrollarlo y
colocarlo aparte” Cf. BALAGUÉ, M., La
prueba de la resurrección (Jn 20,6-7) en: EstBibl. 25 (1966), pp. 169-192.
[10] En el v. 8 sintácticamente descubrimos un aspecto importante en los verbos
aplicados al Discípulo amado: ei=den kai. evpi,steusen: el creer
es determinación del ver, por lo que se puede considerar a la conjunción kai. como una endiadis, en cuanto que éste une dos
verbos: ei=den
kai. evpi,steusen, el segundo de los cuales es una determinación del primero. Creer es una
determinación del ver. Cf. ZERWICK, M., El
griego del Nuevo Testamento, p. 187.
[11] Cf. EGGER, W., Lecturas del Nuevo Testamento,
Verbo Divino, Navarra 1990, p. 120.
[12] Este cuadro semiótico representa las
relaciones principales (presuposición, contradicción y contrariedad) que se dan
en el texto para poder producir las significaciones del mismo; a estas
relaciones se someten necesariamente las unidades de significación para poder
generar un universo semántico susceptible de ser manifestado. Para mayores
detalles veáse PINTO LEÓN, A., El cuadro semiótico de Éxodo 3, en: ABM Vol 2, No. 2 (1993), pp. 20-25.
[13] R. Schnackemburg
señala que en la estructura del evangelio de Jn hay un factor dramático que,
diversamente de lo que sucede en los Sinópticos, da lugar a un desarrollo y un
enredo, en un crescendo que acaba en
una agravación extrema del acontecimiento.
Este arte de la exposición se manifiesta también en las unidades
narrativas de cierta extensión, cuyos ejemplos más claros son: el relato de
Samaría (4,1-42), la curación del ciego de nacimiento (cap. 9) y la
resurrección de Lázaro (cap. 11). Aquí pueden incluirse también desarrollos más
extensos, como el complejo narrativo introducido con la multiplicación de los
panes en el capítulo 6, y los relatos pascuales del capítulo 20. Estos textos conducen gradualmente al lector,
con creciente certeza, a la plena autorrevelación de Jesús o a la manifestación
de su gloria. Estos relatos de la
resurrección, concretamente, están dispuestos de tal forma que el lector, a
través de los dos discípulos que corren al sepulcro, María Magdalena, y luego
también los Doce y finalmente Tomás, en un principio escéptico, pero luego
subyugado por el Resucitado y arrastrado a una magna confesión, alcanza cada
vez mayor certeza de fe o se ve inducido a la fe propiamente dicha. Cf.
SCHNACKEMBURG, R. El evangelio según san
Juan, Tomo III, Herder, Barcelona 1980, p. 144.
[14] Cf. LEON-DUFOUR, X., Resurrección de Jesús y mensaje pascual, Vol. IV, Sígueme,
Salamanca 1998, p. 247; ZEVINI, GIORGIO, Evangelio
según san Juan, Sígueme,
Salamanca 1995, p. 485.
[15] Cf. DREWERMANN, E., El mensaje de las mujeres. La
ciencia del amor, Herder, Barcelona 1996, pp. 219-222.
[16] Este tema tan
medular en el Antiguo Testamento, en Jesucristo adquiere sentido total, porque
en él Dios ha dado el paso último y extremo en su fidelidad al pacto con su
pueblo; en la persona de Jesús, Dios mismo ha llegado admirablemente a ser
parte del pueblo. En Jesús hace visible lo que significa fidelidad y
misericordia.
En torno a Jesús se ha
reunido un grupo de personas que han visto en él la gloria de Dios. Ellos han podido y han sido capaces de ver en
ese hombre caduco cómo Dios mismo se ha unido al mundo y con qué bondad Dios se
ha mantenido firme al pacto que ha sellado con su pueblo. Y Jesús, en el
reconocimiento de su procedencia celeste, les ha mostrado a Dios como su propio
Padre y les ha otorgado a ese Dios-Padre como su determinación. Cf. VAN TILBORG, S., Comentario al evangelio de Juan, pp. 32.36.
[17] SCHNACKEMBURG, R., El evangelio según san Juan, Tomo III, pp. 392-395. Y en esta misma
línea URBIETA BERNABÉ, C., Trasnfondo
Darásico de Jn 20, en: Estudios
Bíblicos 49 (1991), p. 227.
[18] Este estudio diacrónico lo presento
detalladamente en mi tesis: GARCIA RIVERA, J.M., ¡He visto al Señor! Análisis
Pragmalingüístico acerca de la aparición del Resucitado en Jn 20,1-18,
México 2006 en el apartado de la estructura oracional del texto, pp. 46-52 y en
el apartado del texto en su contexto histórico, pp. 68-74.
[19] KELLI S. O’BREIN, Written That You May Believe : John 20
and Narrative Rhetoric, en : The
Catholic Biblical Quaterly 67.
[20] Para profundizar sobre esta estrategia
vease el capítulo 2 sobre la dimensión literaria, especialmente acerca de los
diálogos y controversias que presenta TUñÍ, JOSEPH-ORIOL – ALEGRE, XAVIER,
Escritos joánicos y cartas católicas, Verbo Divino, Navarra 2000, pp. 43-60.
[21] Cf. KELLI S. O’BREIN, Written That
You May Believe : John 20 and Narrative Rhetoric, pp. 284-291.
[22] Cuanto más se parezcan los personajes a
los seres reales, es decir, cuanto más coincida su vida con la del lector, más
atracción ejercerán dichos personajes sobre el lector. El poderío del personaje
es un efecto de la lectura, lo cual quiere decir que nace entre el texto y el
lector; es el lector quien adopta tal figura del relato o pone en ella una
expectativa, una esperanza, un interrogante. Cf. MARGUERAT, D. / BOURQUIN, Y.,
Cómo leer los relatos bíblicos, p. 108.
[23] Cf. LANGNER, CORDULA, El empleo de
métodos, pp. 6-13.
[24] Recordemos que el objetivo del evangelista
es comunicar su mensaje no tanto con una perspectiva misionera, sino más bien
en orden a una confirmación y fortalecimiento de la fe de los creyentes, para
que ésta sea más sólida y profunda, que luego sea capaz de testimoniarse.
[25] Cf. KELLI S. O’BREIN, Written That
You May Believe..., pp. 296-299.
[26] Cf. URBIETA BERNABÉ, C., María Magdalena,
de discípula y apóstol a prostituta, en: Reseña BÍBLICA No. 36, 2002, pp. 23-24. También LUGO RODRÍGUEZ / MACIEL DEL RIO, C., Mujeres de la Biblia,
Mujeres para hoy, Estudios Bíblicos Mexicanos, México 2004, pp. 225-226.
[27] De la experiencia de encuentro con Dios
que llama surge la misión: consúltese BROWN, R., El evangelio según Juan, Tomo
II, Cristiandad, Madrid 2000, p. 1395; también PIKAZA, XABIER, Dios judío, Dios
cristiano, Verbo Divino, Navarra 1996, pp. 44-65 y 143-160. También DE LORENZI,
L., Vocación, en: Nuevo Diccionario de Teología Bíblica, San Pablo, Madrid
2001, pp. 1961-1968; JUNCO GARZA, C., Palabra sin fronteras, San Pablo, México
20033, pp. 55-56; RODRÍGUEZ, RUIZ, M.,
Vocación, en: Diccionario del mundo joánico, pp. 1030-1034.
[28] Cf. BROWN, R., La comunidad del Discípulo
amado, Sígueme, Salamanca 1999, p. 184-185.
[29] Rábano Mauro escribe en el s. IX: Jesús
hizo de ella la apóstol de los apóstoles y ella no tardó en ejercitar el
ministerio del apostolado con el que había sido honrada; evangelizó a sus
compañeros apóstoles con la buena nueva de la resurrección del Mesías; fue
elevada al honor del apostolado e instituida evangelista de la resurrección.
Citado por JUNGMANN, J. A., The mass of the roman rite, New Cork 1950, n. 55.