! He visto al Señor !

Pbro. Lic Jorge Manuel García Rivera



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Habiendo realizado en el primer capitulo de mi tesis un estudio sobre los presupuestos metodológicos de análisis lingüístico, en el que presento la dinámica del lenguaje, sus principales aspectos e implicaciones en la comunicación, y habiendo analizado cómo la pragmática pretende encontrar en estos aspectos lingüísticos la eficacia de la comunicación entre el lector y los textos del pasado, presento ahora algunos datos más relevantes que nos ayudaran a comprender mejor el desarrollo de esta presentación y del resultado obtenido en la tesis.

 

Presupuestos

 

El entendimiento de un texto bíblico presupone lo siguiente:

·   Un “horizonte” en que ocurre el proceso de leer-analizar-interpretar y entender. Tal horizonte está compuesto de 1) conocimientos previos: de qué se trata el texto; 2) conocimientos básicos de la fe; 3) el análisis  e interpretación del texto se da en un contexto marcado por la cultura, sociedad e historia; 4) en el exegeta influye la discusión científica actual y además, en el caso de los católicos, éste depende del Magisterio de la Iglesia; 5) conocimientos teológicos-dogmáticos; 6) la historia de los efectos del texto; 7) ciertas ideas del texto. Todo esto influye en el exegeta y en su interpretación, pero además 8) el interés o las expectativas de su investigación.[1]

·   Hay que tener en cuenta que nuestro texto es Palabra divina, lo cual supone, no una mera información divina atemporal, sino un proceso articulado de comunicación, de ahí que la palabra de Jesús no alcanza su objetivo con la proclamación de un cierto contenido, sino con el establecimiento de un proceso comunicativo que debe llevar a los protagonistas de la comunicación a una relación cada vez más estrecha.

·   Y precisamente por esto he querido aplicar al texto que presento el método Pragmalingüístico, que considero muy fecundo porque considera a la Palabra no como estática, sino como Palabra viva y actual que influye en la existencia presente del hombre: en su vida y en sus esperanzas, que interpela y llama, que juzga y salva, que cuestiona y consuela.

·   Nuestro texto trata una realidad de fe, es decir que para su entendimiento no podemos prescindir de su contexto religioso. La verdad, la autoridad, la realidad y la exigencia de un texto sólo valen, si el autor y el lector tienen el mismo contexto de fe. Y es que un texto bíblico tiene como fundamento una experiencia de fe y como finalidad iluminar toda experiencia humana vista desde la fe. Por eso es posible que el lector de hoy pueda entender textos del pasado, porque, aunque las circunstancias cambien, las experiencias humanas son las mismas. El lector de hoy puede identificarse con el personaje que el autor presenta en el texto y ser interpelado, confrontado, consolado, porque ambos tienen en común la misma experiencia de fe.

·   De ahí que la investigación bíblica, dice Cordula Langner, apunta no solamente, en el nivel metódico, al análisis y a la descripción del texto, sino que apunta también, en el nivel hermenéutico, al entendimiento de nuestro texto según su importancia y su significado para la fe en el mundo de hoy.[2]

·   Finalmente, ubico nuestro texto joánico en la estructura general del evangelio propuesta por Van Tilborg: tal estructura responde al criterio sobre el desarrollo dramático del relato, el cual presenta un crecendo cada vez más dinámico y penetrante de la revelación del Verbo encarnado, al que corresponden las reacciones humanas de acogida y rechazo, de fe e incredulidad.[3]

Dicho lo anterior, pasemos ahora a la presentación del análisis de nuestro texto.

 

INTRODUCCIÓN

 

La única cosa de la que un hombre puede vanagloriarse legítimamente es “entender  y conocer que yo soy el Señor”. (Cf. Jr 9,23). Conocer que Jesucristo es el Señor implica algo más que una mera aprehensión intelectual. Conocer que Jesús es el Señor o decir que “He visto al Señor”, frases con el mismo significado, implica haber experimentado su acción salvadora en la propia vida, que trae como fruto un conocimiento afectivo, fundamentado en la gratuidad divina.

 

Conocer a Jesucristo supone la experiencia de su resurrección percibida por el creyente en su propia experiencia de resurrección. Tal experiencia viene a capacitar al creyente para entender y conocer a Jesucristo que gradualmente se revela como su Señor.

En este texto del recuadro sintetizo el contenido del mensaje central de nuestro texto, subrayando los diferentes elementos tratados por el evangelista. Las palabras o frases claves son:

·   Conocimiento de Jesucristo: Este el objetivo de la obra de Dios: “Esta es la obra de Dios: que crean”; pero también este es el objetivo de todo el evangelio: “Esto ha sido escrito para que crean que Jesús es el Hijo de Dios…”, y este es desde luego el objetivo de nuestro texto: “He visto al Señor”. Conocimiento que hace referencia a la fe, un conocimiento existencial, práctico y afectivo, que permite entrar en la comunión con el Hijo, y a través de éste, con el Padre.[4]

·   Propia experiencia de resurrección, la cual hace referencia a una experiencia concreta de salvación en su doble dimensión: liberación y comunión. Liberación de la desesperanza, la tristeza y la muerte. Comunión: porque la resurrección de Jesucristo experimentada sitúa a los creyentes en las nuevas relaciones con Dios a nivel familiar: “Subo a mi Padre y vuestro Padre, a mi Dios y a vuestro Dios” (Jn 20,17). Este es el significado de la resurrección resaltado por el evangelista en este texto pascual. No es la resurrección como reasunción de Cristo a la gloria celestial la que necesita ser subrayada, sino la resurrección en cuanto renovación de las relaciones con los discípulos. Esta es la intención del evangelista en los relatos pascuales.

·   Capacitar al creyente, lo cual supone que la fe es don y la actitud de creyente es, así lo llamo, de una pasividad-activa. Y es que nuestro texto subraya la búsqueda limitada, angustiante y frustrante de los personajes por encontrar el cuerpo de Jesús, con la finalidad de enfatizar la acción milagrosa de la resurrección experimentada en los mismos personajes.

·   Gradualmente: la experiencia de resurrección presenta un proceso en el creyente para llegar a descubrir a Jesús como el Señor, tal proceso responde también a un proceso de revelación que va permitiendo un conocimiento in crecendo desde el Jesús histórico terreno hasta el Jesús Resucitado.

·   Se revela: llegar a conocer a Jesús es gracias a su revelación que permite al creyente comprender el significado salvífico de su resurrección, sin esta revelación es imposible tal conocimiento.

·   Señor: es el titulo de Jesucristo como resucitado; llamarlo así supone un proceso de maduración de la fe.

Todos estos aspectos han sido descubiertos mediante la aplicación del método pragmalingüístico en sus tres pasos que surgen precisamente de las dimensiones de cualquier texto. Estas dimensiones existen sólo en las relaciones signo-signo (sintáctica), signo-objeto (semántica) y signo-interprete (pragmática). Pasemos al primer análisis del método.

 

1.   ANALISIS LINGUISTICO SINTÁCTICO

 

Mediante un estudio detallado de:

+ Vocabulario          + Términos de enlace

+ Tiempos              +  Estilo propio del autor

+ Articulación          +  Estructura del texto,

presento la índole lingüística del texto y los elementos lingüísticos que lo estructuran, las palabras y sus combinaciones relacionales que han producido el texto final, ya que estos obedecen a determinados proyectos comunicativos. En ellos podemos encontrar ya ciertos indicios de significación del texto y pautas para la reflexión semántica. Las más relevantes son las siguientes:

·   En cuanto a los personajes, podemos descubrir tres importantes: el personaje principal es Jesús. Le sigue el Otro Discípulo (el Discípulo amado) que a nivel sintáctico podemos pensar que está por debajo de María Magdalena, sin embargo, como veremos luego semánticamente su función tiene mayor relevancia. Y María Magdalena, la cual realiza más acciones, está presente en los diálogos, aparece en seis ocasiones como objeto indirecto del verbo decir, lo cual significa posiblemente que ella es receptora de información tal vez importante, especialmente de Jesús.

·   Hay elementos sintéticos que enfatizan la ignorancia de María Magdalena y de los discípulos que visitan el sepulcro: el adverbio de negación ouvk siempre aparece en relación con el verbo saber (oi/da no sabemos, no sé dónde lo han puesto), también la conjunción kai., (v. 14), la cual tiene la función de presentar la segunda oración con mayor relieve que la primera: qewrei/ to.n VIhsou/n e`stw/ta kai. ouvk h;|dei o[ti VIhsou/j evstin, resaltando con ello la incapacidad de María Magdalena para descubrir al que está mirando. El adverbio ouvde,pw (v.9), el cual califica al verbo h;|deisan, subrayando la ignorancia de los discípulos acerca de que (Jesús) debía resucitar de entre los muertos. Además este último verbo aparece en pluscuamperfecto, lo cual indica duración de la acción en su efecto[5]. Finalmente en el v. 10, donde se describe que los discípulos volvieron de nuevo a donde estaban, el lector percibe derrota e incomprensión.

·   Otro punto importante que puede percibirse sintácticamente y que va relacionado con la ignorancia de los personajes es la situación existencial de tristeza, de prontitud y desesperación, de derrota, de búsqueda de Jesús. La conjunción ou=n en los vv. 2.3 y 11 enfatiza la prontitud, la desesperación y el llanto[6]; las frases: h=ran to.n ku,rion evk tou/ mnhmei,ou kai. ouvk oi;damen pou/ e;qhkan auvto,n,  gu,nai( ti, klai,eijÈ ti,na zhtei/jÈ, también lo podemos percibir en el tiempo presente en que están los verbos ver (Ble,pei y qewrei/), señalando un progreso o estado de persistencia de los personajes que buscan a Jesús[7]. Y posiblemente la acción de llorar de María simultanea al inclinarse hacia el sepulcro, dramatice más este último como tratando de encontrar al que no se tiene.

·   En el apartado del estilo he encontrado algunas figuras literarias, entre las que sobresalen: una estructura paralelística del texto y un paralelismo antitético, los cuales manifiestan un proceso dinámico de esclarecimiento en los personajes, respecto de la persona de Jesús.

Tengamos en cuenta que lo importante en estos paralelismos no es la forma sino la intencionalidad comunicativa.

A  Mari,a h` Magdalhnh. e;rcetaieivj to. mnhmei/on kai. ble,pei to.n li,qonevk tou/ mnhmei,ou. (v.1)

       B  Mari,a de. ei`sth,kei pro.j tw/| mnhmei,w| e;xw klai,ousaÅ (v.11)

               C   gu,nai( ti, klai,eijÈ (v.13)

               C’  gu,nai( ti, klai,eijÈ ti,na zhtei/jÈ  (v.15)

    B’ Maria,mÅ strafei/sa evkei,nh le,gei auvtw/| ~Ebrai?sti,\ rabbouni,  (v.16)

A’ e;rcetai Maria.m h` Magdalhnh. avgge,llousa toi/j maqhtai/j o[ti e`w,raka to.n ku,rion  (v.18)

En el primer caso (A) María Magdalena va (e;rcetai) al sepulcro y ve (ble,pei) la piedra quitada; en su correspondiente (A’) María Magdalena va (e;rcetai) a donde los discípulos y les anuncia que ha visto (e`w,raka) al Señor, por lo que hay una idea de desplazamiento a un lugar, aparecen los verbos de visión y el objeto visto. En el primero comienza la trama (v.1), y otro da reposo a la narración y el final (v.18).

En el segundo caso (B) María está de pie junto al sepulcro llorando (v.11); en su correspondiente (B’) María se voltea y le dice: Maestro (v.16). En la primera María está en una situación de sufrimiento por no hallar al Maestro, en su correspondiente María vive ahora una situación de encuentro, por tanto ya no de sufrimiento, sino de alegría.

Y finalmente en el tercer caso (C) María es interrogada por los ángeles acerca de por qué llora, en su correspondiente (C’) María es interrogada por Jesús sobre lo mismo, pero ahora con una pregunta más ti,na zhtei/jÈ.

En esta estructura podemos ver que no sólo aparecen los nombres relacionados unos con otros paralelamente (pantalla), sino también los contenidos que aparecen con los nombres. En la semántica analizaremos el significado comunicativo de este paralelismo.

·   Encontramos otro paralelismo antitético en los vv. 2 y 18.


1.    (María) e;rcetai pro.j Si,mwna Pe,tron kai. pro.j to.n a;Ion maqhth.n

 

1. e;rcetai Maria.m h` Magdalhnh.

2. kai. le,gei auvtoi/j\

 

2. avgge,llousa toi/j maqhtai/j

3. h=ran to.n ku,rion  kai. ouvk oi=da pou/ e;qhkan auvto,nÅ  (v.2)

 

3. o[ti e`w,raka to.n ku,rion (v.18)


El segundo paralelismo subraya la situación existencial inicial y final de María Magdalena, oponiéndose radicalmente. En el número 1 de lado izquierdo, María va a donde estaba Simón Pedro y el otro Discípulo; en su correspondiente, María va ya no sólo a Simón Pedro y al otro Discípulo, sino a todos los discípulos. En el número 2 María simplemente dice (le,gei), en su correspondiente, ya no dice, sino que anuncia (avgge,llousa). Y en el número 3 se dice que se han llevado al Señor y no sabemos dónde lo han puesto, mientras que en el v.18 se dice que ha visto al Señor, es decir, lo ha encontrado, lo cual supone un proceso de esclarecimiento.

 

2. ANÁLISIS SEMÁNTICO

 

Al pretender encontrar qué es lo que quiere decir el texto, qué es lo que quiere dar a entender con determinadas expresiones y frases utilizadas, podemos establecer categorías de elementos sintácticos que se corresponden por su significado. En este punto encontré cinco campos semánticos:

Campo de sepulcro: presenta el siguiente vocabulario: oscuridad, sepulcro, piedra, lienzos, sudario, muertos y cuerpo, haciendo referencia a un tema importante dentro de este relato pascual: el sepulcro de Jesús.

Campo de situación existencial de tristeza – ignorancia y búsqueda frustrada: contiene las siguientes frases y verbos: se han llevado al Señor, no sabemos dónde lo han puesto, por qué lloras, no habían entendido aún, no sabía que era Jesús, a quién buscas, pensaba que era el jardinero, los cuales expresan dramáticamente la tristeza, la desesperación, la incapacidad y la búsqueda angustiante de los discípulos de Jesús, especialmente de María Magdalena. No encontrar el cuerpo del Maestro en el sepulcro y no saber dónde lo han puesto genera tristeza y dolor expresado por el llorar, y cuando María se encuentra con Jesús y no puede reconocerlo provoca literariamente mayor dramatismo ya que los lectores sí saben que es Jesús, y esto crea una mayor expectativa por el desenlace.[8]

Campo de resurrección y presencia de Jesús: la piedra quitada, los lienzos tirados por el suelo, el sudario doblado, los ángeles (que nos habla del sepulcro vacío), resucitar, la Escritura, Jesús puesto de píe, Jesús dice, Señor y que le dijo estas cosas. Estas frases y palabras expresan otro tema importante de nuestra perícopa: la resurrección de Jesús  y su presencia. La piedra quitada, los lienzos tirados, el sudario doblado y los ángeles constituyen los signos evidentes que llevaran al Discípulo amado y a María a creer que la ausencia del cuerpo de Jesús no es porque se lo hayan llevado[9], sino porque ha resucitado.

Por su parte las frases: Jesús puesto de píe, Jesús dice, Señor y que le había dicho estas cosas, indican que el Maestro no sólo ha resucitado, sino que se hace presente a María Magdalena. Su presencia y su palabra llevan a María de la tristeza y el dolor al gozo de verlo (e`w,raka to.n ku,rion) y posteriormente a anunciar su mensaje (avgge,llousa tau/ta ei=pen auvth/|  v.18).

Campo de la fe: palabras de significado semejante: ver, mirar detenidamente, contemplar, creer  y anunciar. A este grupo lo he llamado campo semántico de la fe porque claramente percibimos cómo, tanto el Discípulo amado como María Magdalena, presentan un proceso gradual en el ver hasta llegar a creer: del otro Discípulo se dice explícitamente que creyó (evpi,steusen)[10], y María Magdalena afirma: “que ha visto al Señor” (e`w,raka to.n ku,rion).

Campo de verbos de movimiento: venir, correr, salir, correr adelante, inclinarse, entrar, regresar, voltearse, buscar, tocar, ir  y subir.  Estas acciones de los discípulos y de María, denotan una idea de movimiento, de búsqueda, de apresuramiento, y podemos decir, también, de cambios constantes no sólo en campo físico sino psicológico y espiritual de los discípulos, ya que en ese venir y regresar, entrar y salir, etc., se va dando un proceso de cambio, especialmente en la fe. Este aspecto dinámico de movimiento físico es reflejo de ese movimiento más profundo que se está haciendo en el interior de los discípulos y de María Magdalena.

 

Ahora bien, estableciendo oposiciones entre estos campos para ver los cambios que se establecen en el texto[11], podemos descubrir dos campos englobantes que nos llevarán a encontrar ahora sí el significado del texto y que lo plasmo luego en un cuadro semiótico.

Los campos englobantes son los siguientes:

 

 

 

skoti,aj

mnhmei/on

li,qon

ovqo,nia

souda,rion

nekrw/n

sw/ma

(Ausencia y

silencio de Jesús)  1

avnasth/nai

li,qon hvrme,non

kei,mena ta. ovqo,nia

souda,rion entetuligme,non

grafh.n

du,o avgge,louj

VIhsou/n e`stw/ta

le,gei VIhsou/j\

rabbouni

avnabai,nw                 

tau/ta ei=pen auvth/|      2

h=ran to.n ku,rion

ouvk oi=da pou/ e;qhkan auvto,n

ti, klai,eij

ouvde,pw ga.r h;|deisan

ouvk h;|dei o[ti VIhsou/j evstin

ti,na zhtei/j

dokou/sa o[ti o` khpouro,j evstin                  3

ble,pei

qewrei/

ei=den

evpi,steusen

e`w,raka to.n ku,rion

avgge,llousa                            4

avph/lqon

h=ran          

VExh/lqen     

paraku,yaj    

e;keito                  5                     

e;rcetai   a[ptou

avrw/

eivsh/lqen       

avnabai,nw

poreu,ou              6               

Mediante estos enlistados de los seis cuadros anteriores, podemos fácilmente ver los cambios que hay en el texto y con ello percibir su significado.

El cuadro número uno presenta vocabulario con elementos que hacen referencia a la realidad de muerte, de oscuridad y de ausencia de Jesús. Esto se opone totalmente a otra realidad, cuadro número dos, donde se nos habla de signos de resurrección, que adquieren significado por la Escritura y que luego son confirmados por la presencia misma del Resucitado que se manifiesta como el Señor victorioso (puesto de pie) que se comunica. Entonces hay un cambio de signos de muerte y ausencia - a signos de resurrección y presencia del Resucitado.

En el tercer cuadro encontramos frases que denotan una situación existencial de queja, de tristeza, de ignorancia, de confusión y de impotencia que se opone radicalmente al cuadro 4: “ver al Señor y creer en él”, “anunciarlo”. Por lo que, el cambio se da en los personajes: de un no ver ni creer en el Resucitado por su aparente ausencia con sus consecuencias en el estado de ánimo, a un ver y creer en él y la consecuencia de anunciarlo.

En los cuadros cinco y seis encontramos verbos de movimiento que se oponen entre sí. Los del cuadro cinco expresan un movimiento de derrota e incapacidad, los cuales se oponen a los del cuadro seis que expresan un movimiento dinámico, de apropiación, de disposición y de obediencia. Por tanto, el cambio es perceptible en los personajes: de un comportamiento de derrota y pesimista a un comportamiento positivo y optimista.

Podemos ver, entonces, que hay dos líneas englobantes de sentido en el texto: la primera expresa signos de muerte y de ausencia con sus consecuencias desastrosas en el estado de ánimo y en el comportamiento de los discípulos y de María Magdalena. Y la segunda expresa signos de resurrección, de presencia del Resucitado con sus consecuencias en los personajes: de apropiación, de fe, de obediencia y de anuncio.

Cuadro semiótico

 

Por tanto, en base a lo descubierto anteriormente, presento ahora un cuadro semiótico donde se ven representadas las relaciones entre los elementos de significado y que en definitiva nos permite ver con certeza el mensaje del texto.

 

 

 


 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 


                       Presuposición                        

 

  Contradicción                       Contrariedad

 

Este cuadro semiótico representa las relaciones principales que se dan en el texto para producir el significado del mismo.[12]

Ver y creer en el Señor Resucitado es fruto de la acción divina que el Discípulo amado descubre en los lienzos tirados y en el sudario, que al verlos cree (eiden kai apisteusen), y María, por su parte, la descubre en el sepulcro vacío, en los ángeles y finalmente en la presencia y la palabra del Resucitado. Situación que la llevará a apropiarse de él para luego, obedeciendo, anunciarlo.

Ambos personajes presentan un proceso para llegar a la fe. Un proceso que, en el caso concreto de María, parte precisamente de la experiencia de incapacidad, de tristeza, de búsqueda frustrada, de imposibilidad, de queja impotente, de llanto. Pero con la presencia de signos y finalmente de Jesús mismo, a quien ve detenidamente y escucha su palabra: Maria,m, ve y di a mis hermanos… experimenta una transformación que la lleva finalmente a la fe: “¡He visto al Señor!”, y a anunciar lo que él le ha dicho.

En el caso del Discípulo amado: dirigirse a…, correr más rápido que…, llegar primero, inclinarse, ver, entrar al sepulcro y finalmente contemplar (ei=den) son acciones que nos hablan de un proceso de cambio que precisamente mediante los signos: los lienzos y el sudario y el recordar las palabras del Jesús prepascual lo llevan a creer (evpi,steusen). 

En este punto del proceso de la fe, especialmente respecto del personaje de María Magdalena, podemos ahora presentar brevemente el significado de la estructura en paralelo que analizamos anteriormente (pág. 4). En esta estructura se puede constatar un progreso in crecendo conforme pasa la narración: en el v.1 se abre la trama al descubrir María Magdalena la piedra quitada del sepulcro y corre a avisar a los discípulos, este correr (tre,cei) está enfatizado por la conjunción ou=n para resaltar un correr tal vez desesperado por parte de María. En el v.11 María aparece junto al sepulcro, pero su sufrimiento es ahora mayor que el anterior porque ahora está llorando (el autor pone dos veces el verbo klaien para subrayar la situación lastimera de María). Luego en el v.13 aparece la pregunta sobre el por qué llora. Esta pregunta es dicha por los ángeles. En el v.15 aparece la misma pregunta a la que se incluye una segunda ti,na zhtei/jÈ que acentúa el motivo del llorar de María. En el v.16 se realiza el encuentro (rabbouni) llegando a un clímax la narración para terminar en el desenlace y el descanso de la trama en el v.18 con el anuncio de la buena nueva (avgge,llousa) de María Magdalena que ha visto al Señor y que le había dicho tales cosas.[13]

Si María es capaz de declarar que ella ha visto al Señor (e`w,raka to.n ku,rion) es porque, entre su primer reconocimiento del Rabí, que supuso parte del proceso de esclarecimiento, y esta declaración, le ha hablado el Señor: “No me retengas, que todavía no he subido al Padre, sino ve donde mis hermanos y diles que subo a mi Padre que es vuestro Padre, a mi Dios que es vuestro Dios” (v.17). Este versículo entonces nos introduce en la última etapa del camino de fe de María: tiene que superar la adhesión a lo sensible, al Jesús terreno (no me retengas), para colocarse en el plano de la fe e intuir de este modo el misterio de Cristo glorioso.[14]

María comienza a asimilar su última etapa en este proceso de la fe, y esta frase anterior la llevará a dar definitivamente el paso para conocer al Jesús resucitado que ahora se presenta en su vida de una nueva manera: “… voy a reunirme con aquel que es mi Padre y vuestro Padre, mi Dios y vuestro Dios.”  Jesús le revela que entre Dios y los hombres hay una nueva relación. Entonces ahora ella puede, junto con su comunidad, volver a creer lo que el Señor les enseñó de Dios: que en verdad Dios es su Padre y está junto a ellos, que de nuevo le pertenecen y que de nuevo quiere ser su Dios.  Ella que estaba en lo más profundo de las tinieblas, de la tristeza y la desesperación, posee ahora un conocimiento pleno de Jesús resucitado, gracias a la experiencia de gratuidad, a  la experiencia de las nuevas relaciones con Dios.[15]

Considero que este punto al cual hemos llegado es el más importante de todo el relato, porque podemos encontrar aquí dos aspectos claves que el autor ha ido manejando literaria y teológicamente y que han llegado finalmente a un culmen pretendido. Estos aspectos claves son los siguientes:

Primero, el proceso de reconocimiento de María Magdalena llega a su fin con el “e`w,raka to.n ku,rion”, un proceso que ha implicado tristeza, impotencia, queja,  lágrimas, etc. Pero si María, segundo aspecto, ha podido reconocer al Maestro y finalmente al Señor resucitado, ha sido posible por la revelación del mismo Señor, la cual también se ha dado paulatinamente respetando el proceso de María, indirectamente a través de la piedra quitada y los ángeles, y directamente por la presencia del Resucitado, que con su palabra:  gu,nai( ti, klai,eijÈ ti,na zhtei/jÈ, Maria,m, fue transformando a María Magdalena de la desesperación a la alegría de haber encontrado al Maestro.  Pero Jesús todavía no había dicho la última palabra. El mensaje central que llevaría a María al conocimiento pleno de Jesús resucitado y la transformaría definitivamente es la frase: “Ve y di a mis hermanos que voy a reunirme con aquel que es mi Padre y vuestro Padre, mi Dios y vuestro Dios”. Esta sorprendente formulación, que suena tan solemne y con tintes de alianza[16], con todo lo que esto significa en al persona de Jesús, nos habla del mensaje salvífico de la resurrección. Este mensaje que María debe transmitir debía recordar a los discípulos aquellas otras palabras de Jesús dichas en el discurso de despedida y que encontramos concretamente en 14,1-3, sólo ahí se encuentra el sorprendente: “¡Creed en Dios!”, siguiendo luego la palabra acerca de las moradas en la casa del Padre.[17] Jesús se va a preparar un lugar para sus discípulos, para sus “hermanos”, junto al Padre, lo cual significará la comunión con Dios (cf. 14,21.23.28).

Por tanto, el proceso de fe y el proceso revelador tienen su culmen, el primero en la fe plena: ¡He visto al Señor!, el segundo en el mensaje central: “Subo a mi Padre que es vuestro Padre, a mi Dios que es vuestro Dios”. Este último hace posible el primero: la fe. Por lo que corroboramos la validez del cuadro semiótico antes presentado.

Por tanto, desde el punto de vista semántico, nuestro texto fundamentalmente trata el tema de la fe en el Resucitado (ei=den kai. evpi,steusen y e`w,raka to.n ku,rion) y del cómo se llega ha ella (los signos y la Palabra que transforman la vida de los seguidores de Jesús). Y desde el punto de vista histórico-crítico, esto lo he confirmado tanto por el estudio de las tradiciones que subyacen en nuestro texto, como del proceso de fe de la comunidad del Discípulo amado.[18] Por este estudio sincrónico, complementado por el diacrónico, descubrimos que el texto tiene la finalidad de suscitar la fe en el Resucitado y en su significado salvífico, confirmar y fortalecer la fe de los que ya creen en orden a la misión, responder a la exigencia interna de la obra: presentar cómo los discípulos se apropiaron de lo que Jesús les prometió luego de su ida al Padre, y dar información importante a los futuros creyentes: la nueva relación entre éstos y el Padre.

 

3. Análisis Pragmático

 

En este apartado se busca observar la función dinámica de nuestro texto, es decir, la instrucción para la acción y la orientación del lector, descubrir las ideas y valores que inducen al lector a participar de la reflexión escrita y a cambiar o modificar su pensamiento y conducta. Y es que el texto bíblico interactúa con el lector proponiendo, escuchando, orientando, suscitando sentimientos, pensamientos, conductas que lo construyen.

Si la finalidad y la función de nuestro texto es suscitar la fe en la persona de Jesús y en su significado salvífico, confirmar y fortalecer la fe de los ya creyentes en orden al testimonio, dar información importante a los futuros creyentes sobre el significado de la resurrección y responder a la exigencia interna de la obra, se trata ahora de analizar cómo lo hace, qué medios usa para que finalmente los lectores capten su intención, haya realmente comunicación, y de esta manera llevarlos a aceptar su oferta, con todo lo que esto significa: suscitar sentimientos, preguntas, pensamientos y finalmente cambiar comportamientos.

 

Medios para dirigir al lector

 

Nuestro texto presenta esta función y finalidad del texto a través de una estrategia narrativa que provee la posibilidad de una experiencia para el lector, especialmente en los personajes que juegan un papel importante en este proceso narrativo. Ellos creen, y sus historias ayudan al lector a creer mejor.

Esta estrategia narrativa tiene como punto principal partir de la incomprensión de los personajes acerca de la persona de Jesús para llegar, mediante un proceso de esclarecimiento, a conocer y creer en él.[19]  Las incomprensiones son la clave principal en todos aquellos que se encuentran con Jesús y tratan de entenderlo, pero necesariamente lo entienden de acuerdo a sus categorías que conocen. Jesús interactúa con ellos para que ellos cambien su camino, ilumina el mundo interior de toda persona, para que ella misma se defina y cree el espacio para su revelación. Este proceso es llamado: fórmula literaria de esclarecimiento a través de una inicial incomprensión. Así, el evangelista presenta personajes en crisis a través de la incomprensión, pero que persisten en tratar de entender, ver la luz y creer.[20]

Pero es importante señalar que esta estrategia del autor no sólo lo aplica presentando personajes en el Evangelio sino también para sus lectores, es decir, las incomprensiones entre el texto y el lector son una estrategia narrativa deliberada, donde el autor usa desuniones en el texto para comunicar al lector que Jesús es incomprensible, que él es un enigma, de esta manera el lector experimenta la misma confusión que los interlocutores de Jesús. Así, mientras que las incomprensiones presentan al Jesús joánico como un enigma a los lectores, ellas tienen también otra función: enseñar a los lectores a corregir su forma de ver las cosas. Como los personajes del evangelio, los lectores deben aprender de sus errores y revalorar ambos: Jesús y el mundo. Todo esto con la finalidad de que el lector llegue a creer que Jesús es el Cristo, el Hijo de Dios, y creer es aceptar a Jesús y estar dispuesto a permanecer con él no obstante las dificultades de todo tipo, incluyendo incertidumbres  acerca de qué es lo que Jesús precisamente está revelando.[21]  Por tanto, aceptar a Jesús no implica necesariamente entenderlo.

A través de esta estrategia narrativa de incomprensión, de esclarecimiento, de conocimiento, el evangelista va interactuando con los lectores, suscitando también la incomprensión, la duda, la crisis, pero también los va llevando al esclarecimiento y conocimiento para aceptar la persona de Jesús, creer en él y lo que esto implica.

 

Identificación con los personajes

 

Que los lectores se identifiquen con los personajes es una de las herramientas más fuertes de la narrativa. Los lectores generalmente se identifican con quienes ellos tienen algo en común. El lector de nuestro texto experimenta confusión, incertidumbre e incomprensión. Él aprende también de sus errores y cambia sus estrategias de interpretación.[22]

De esta manera, el lector aprende de estos personajes y viene a profundizar en el entendimiento de la identidad de Jesús y de su proyecto y finalmente lo acepta en la fe. Por tanto, en la identificación con estos personajes, el lector es inducido a aceptar a Jesús en una fe más plena. Esta identificación es posible porque los textos bíblicos fueron escritos en la fe, a base de las experiencias propias de fe y para la fe, para creyentes, con la intención que ellos profundicen su fe y puedan experimentar la comunión con Dios.[23]  De esta manera, podemos analizar las experiencias de fe de los personajes de nuestro texto, concretamente de María Magdalena y del Discípulo amado, en quienes recae, por lo visto anteriormente, toda esta estrategia narrativa que el autor presenta y de esta manera ver cómo el autor va construyendo al lector progresivamente, cuyo acceso le indica el texto.

A) María Magdalena

 

Nosotros los lectores sabemos que Jesús se apareció a María y que ésta llegó a creer en él, pero lo que queremos saber es cómo llegó ella a creer en él. Para saber esto, podemos ver primeramente que hay un proceso de incomprensión y esclarecimiento en la narración. Este proceso parte de la experiencia de incapacidad, de tristeza, luego de búsqueda frustrada, es decir, de incomprensión que, con la presencia de los signos y finalmente de Jesús mismo, experimenta entonces una trasformación radical de no ver ni creer, a ver y creer en el Resucitado como su Señor.

En este proceso de fe y de conocimiento de María, los lectores podemos descubrir que la posibilidad de salir de las consecuencias de tristeza y sufrimiento que los signos de muerte y la ausencia de Jesús provocan y llegar a la fe es gracias a la intervención divina. Pero, aunque es verdad que la fe es, en definitiva, fruto de la acción divina que se va profundizando y fortaleciendo, también es cierto que ésta sólo pueden profundizarla[24] aquellos que entran en esa dinámica de búsqueda, de crisis, de confrontación, es decir, aquellos ya creyentes que se ven constantemente impulsados a recorrer un camino hacia una fe más plena, a interpretar las experiencias de su propia historia que desde la fe adquieren un valor salvífico. En definitiva, esta narración dramática lleva al lector gradualmente con creciente certeza a la plena autorevelación de Jesús y manifestación de su gloria en su propia historia.

El lector debe aprender que, mientras otros se van a casa (Simón Pedro y el otro Discípulo), María Magdalena permanece de pie en la tumba, llorando, y no está dispuesta a abandonar el sepulcro hasta recobrar el cuerpo de su amado, por tanto, por su persistencia es recompensada luego con la primera aparición de la resurrección.  Por su persistencia será finalmente llevada, y llevado el lector, de la incomprensión al entendimiento.

Por otra parte, la queja repetida de María, suscita en el lector una sensación de esperanza desencantada, de soledad profunda, de total dependencia y fidelidad. También el llorar de María es signo de su adhesión a Jesús. Pero podemos percibir que esta adhesión es demasiado sensible hacia el Jesús terreno, tiene que abandonar la voluntad de poseerlo de esa manera. Por eso, cuando no tiene absolutamente nada, cuando pareciera que todo está perdido, sólo en ese punto supremo de desesperación es cuando es capaz de volverse, y ahí es cuando Jesús se presenta de píe, es decir, victorioso sobre la muerte, habla y cuestiona para que ésta y el lector se liberen de su tristeza y sufrimiento. Pero, aunque se le escuche, si no hay fe, Jesús es irreconocible. Para María, como para el lector creyente, pues también éste más de alguna vez ha vivido esta situación, Cristo sigue muerto. Por tanto, impulsada María a esta situación límite, cuando ya no hay esperanza y ha caído toda seguridad, cuando está ya dispuesta a abandonarse por completo, es entonces cuando se realiza el milagro: Dios ilumina el mundo interior del creyente para que cree un espacio en el que Él, teniendo un lugar, se revele como Salvador, como el Dios de la vida.  Ese milagro se realiza cuando Jesús se revela y su palabra creadora hace surgir la vida desde la nada: Mariam. Podemos decir que esa voz suave reactiva de nuevo su “sensibilidad” espiritual acostumbrada a él, de momento el tiempo se detiene, lo perdido se encuentra, la tristeza y la desesperación desaparecen dando lugar al gozo inenarrable; el corazón, antes marchito, se ensancha y se inunda de alegría desvaneciéndose por todo el cuerpo, como si ella misma estuviera resucitando.  Entonces María, y con ella también el lector, constata que Jesucristo está vivo, porque así lo experimenta, así lo descubre, no sólo porque venció Cristo su muerte sino también porque venció la suya. De ahí que, la resurrección se explica desde la experiencia de salvación.

Pero María cree ver al Jesús prepascual y quiere abrazarlo, poseerlo, no lo ve como ahora se presenta glorioso y resucitado. En el Cuarto Evangelio estas equivocaciones son parte necesaria para el proceso de abandonar este mundo y venir a la fe. Por eso, al final, luego de las palabras de Jesús resucitado, María es la primera en declarar la gozosa confesión de la pascua: “He visto al Señor”.  Aquí es importante señalar que en este proceso hacia la fe, el reclamo de Jesús a María tiene mucho que ver: “Suéltame, porque no he subido a mi Padre… ve a mis hermanos…” El lector sabe que él probablemente podría haber caído en el mismo error si él estuviera en su lugar. Y si el Señor le está reclamando al personaje, también lo está haciendo a él.

Pero viene el mensaje más importante del que María es receptora: “Ve y di a mis hermanos que subo a mi Padre y a vuestro Padre, a mi Dios y a vuestro Dios”. Este mensaje que expresa las nuevas relaciones entre los hombres y el Padre, la lleva a percibir el cumplimiento de lo que Jesús ya había prometido, el lector puede percibir también en esta frase con tono de Alianza, que en Jesús la Alianza llega a plenitud, con sus características de gratuidad, de relaciones familiares entre Dios y el ahora su pueblo, en la que Jesús dará a su Espíritu sin cesar y hará que el Padre habite en él. María experimenta en este mensaje confianza, certeza y puede ahora con fe plena y conocimiento experiencial de salvación llamar a Jesús, ya no sólo Maestro, sino su Señor.

María ha entendido, y el lector quiere esa experiencia-conocimiento, aunque de antemano sabe, por su mismo proceso de fe, que esto sólo es posible únicamente por al acción del Resucitado; lo que hace entonces es esperar, porque lo anhela y quiere entender-experimentar una relación de mutua inhabitación entre Dios y él.

Finalmente, María ha recorrido un camino de discipulado y de testigo cualificado, ha experimentado en su historia personal la acción salvadora del Resucitado, donde lo ha descubierto como su Señor, por eso ahora puede anunciarlo. El lector, por tanto, sabe que ser testigo implica saber lo que dice y por qué lo dice, y esto es posible sólo por la experiencia.

 

B) El Discípulo amado

 

Respecto al Discípulo amado, cuando éste corre a la tumba y llega primero, el narrador invita al lector a identificarse con su entusiasmo. Luego el discípulo quiere saber qué ha pasado; lo mismo el lector. (Claro que el lector del Cuarto Evangelio sabe el resultado final, que Jesús ha resucitado; pero el suspenso está, no en qué ha pasado, sino en cómo a pasado). El lector y el Discípulo amado participan de una urgencia común. El deseo del lector permanece insatisfecho cuando el Discípulo amado se para afuera de la tumba y no entra (20,5). Luego el lector encontrándose afuera con el Discípulo amado ve los lienzos en la tumba, pero no adquirirá una descripción satisfecha hasta que Pedro llegue y entre (20,6-7).  Finalmente, el Discípulo amado entra a la tumba, ve y cree (20,8). La atención del lector se torna hacia el discípulo en ardiente expectación. El lector sabe que la fe auténtica es la finalidad, y le dice al discípulo: “dime”, y pregunta: “¿Qué crees? ¿Qué has visto para entender? Yo también quiero entender”. Pero el siguiente verso se lee: “porque aún ellos no entendían la Escritura, que él debía resucitar de entre los muertos” (20,9). Viene entonces una doble duda. No sólo está el lector desprovisto de lo que llevó al Discípulo amado a creer, sino cosa peor, él se maravilla de qué tipo de captación es. El Discípulo amado no entiende las Escrituras de que Jesús debía de resucitar de entre los muertos. ¿Esto significa que no creía que Jesús resucitó? De nuevo el lector quiere una respuesta.

El siguiente verso dice: “Entonces los discípulos se regresan a casa” (20,10). Las preguntas del lector están sin responder. Y la dificultad aumenta con el siguiente verso: “Pero María Magdalena estaba de pie llorando afuera de la tumba” (20,11). El discípulo amado cree, pero ello no viene a nada. María Magdalena, Pedro, y el lector permanecen como siempre en la oscuridad.

La respuesta del Discípulo amado no es del todo auténtica del discipulado, sino es creer y dar testimonio. El Discípulo amado cree algo, pero no da testimonio. Pero su silencio no es único en el Evangelio. También lo encontramos en la escena de la última cena (13,22-29), cuando Pedro le pide que pregunte al Maestro para saber quién es el que lo va a traicionar, Juan sabe pero no lo comunica.  Este testimonio no es parte de la historia narrada, es un preanuncio de algo que viene, algo que completará más tarde. El Discípulo amado permanece en silencio hasta el capítulo 21. Él no asume el testimonio de alguien en la narrativa; no confiesa su fe.  El Discípulo amado es generalmente pasivo; sólo en el capítulo 21 se rompe este silencio. Ahí señala que el que va por la playa es el Señor. Sólo al final del capítulo (21,24) es mostrado al lector el testimonio más significante del Discípulo amado.  El autor demuestra que el Discípulo amado ha comenzado a ser un auténtico discípulo.  Pero el autor también ha demostrado que, para el Discípulo amado como para otros, el auténtico discipulado no es fácil.  El discipulado implica errores, vencer la oscuridad de este mundo, la ceguera. Llegar a ser un auténtico discípulo implica un proceso del que nadie ni el Discípulo amado está exento. Desvalorizando al discípulo amado, aceptar sus errores permite al lector identificarse con él. Él no es un personaje casi fuera de este mundo, sino como el lector, él también tiene flaquezas. Cuando el lector se identifica con él, experimenta su tipo de flaqueza y es estimulado no sólo a creer sino a ser un testimonio mejor.[25] 

Concluyendo, podemos decir que los lectores se ven invitados, a través de estos personajes, a profundizar en su camino como creyentes este conocimiento de fe, conocimiento que es existencial, práctico y afectivo, es decir, un conocimiento que se da través de la vida, de la comunión y la relación afectiva con Jesús.

 

María Magdalena, Testigo y Apóstol

 

Finalmente quiero tratar brevemente el punto de María Magdalena como apóstol y testigo cualificada, en orden a resaltar el papel importante de la mujer en la comunidad del discípulo amado.

María Magdalena subió a Jerusalén con Jesús y el resto del grupo para celebrar la Pascua. Aquellos días en los que sucedió dicha Pascua, junto a lo que había vivido en Galilea, hicieron de ella una testigo cualificada. Ella, junto con las otras mujeres del grupo, siguió a Jesús camino del  calvario y permaneció en el lugar de la ejecución, confundida entre la gente, quizá disimulando su rabia, su impotencia y su profundo dolor.  Ella asistió a las últimas horas agónicas de Jesús; testigo silenciosa, junto a las demás, en ausencia de los discípulos varones que habían optado por alejarse del lugar, permaneció hasta el final, continuando el seguimiento que había iniciado en Galilea.  Cuando Jesús expiró, no abandonó el lugar hasta saber qué pasaba con el cuerpo del Maestro.  Se convirtió así en el testigo de la muerte y sepultura de Jesús.  Irónicamente, las mujeres, que no podían ser testigos en la sociedad, se convertían en las únicas con que podía contar la comunidad para recordar las últimas horas de la vida de Jesús.

Pero algo más importante y trascendental le esperaba: el encuentro con el Resucitado, donde María Magdalena sería receptora de un saber y de una misión; este saber era comprender, gracias a la experiencia tenida, lo que había pasado con Jesús.  Y la misión a la que se siente enviada por el Resucitado es anunciarlo: “Ve y di…”, aspecto éste que le valió el título de apóstol de los apóstoles.[26]

En este punto de considerar a María como apóstol, es imprescindible relacionarla por qué no, con personajes  narrados tanto en el Antiguo como en el Nuevo Testamento que tuvieron visiones y encuentros con Dios, y que tales experiencias son narradas como historias de vocación o llamamiento. Es el caso de Abraham, Moisés, los jueces, los profetas, de Pablo, etc.[27] Para María ver al Señor resucitado, haberse encontrado con él, haber escuchado su palabra que la transformó plenamente es al mismo tiempo una especie de envío, una especie de presión interna a anunciarlo. Por tanto, ella, habiendo sido discípula y testigo cualificada ahora se convierte en apóstol.

Pero ¿María es realmente apóstol? R. Brown nos dice que en la mente de San Pablo, esenciales para el apostolado eran dos componentes: el haber visto al Jesús resucitado y el haber sido enviado para proclamarle. La clave de importancia de Pedro en el apostolado fue la tradición de que él había sido el primero que vio a Jesús resucitado (1 Cor 15,5; Lc 24,34), pero en el evangelio de Juan: Pedro y el discípulo amado no ven a Jesús. Es a una mujer, a María Magdalena, a quien Jesús se aparece primero, instruyéndola para que vaya a instruir a sus hermanos: Jesús la envía y el mensaje que ella proclama es nada menos que el anuncio apostólico de la resurrección: “He visto al Señor”. Magdalena está muy cerca de cumplir las exigencias básicas paulinas del apóstol;  y es ella, no Pedro, la primera en ver a Jesús. Ella se convertía en testigo más destacado de la enseñanza del resucitado.[28] De echo, en la tradición de la iglesia occidental, nos dice Jungmann, ella recibió el honor de ser la única mujer (aparte de la madre de Dios) en cuya fiesta se recitaba el credo, precisamente porque ella era considerada como un apóstol: “la apóstol de los apóstoles”.[29]

 



[1] Cf. LANGNER, CORDULA, El estudio de los métodos, Apuntes de clase UPM, México 2005, pp.1-6.

[2] Ibid 6-12.

[3] Cf. VAN TILBORG, S., Comentario al Evangelio de Juan, Verbo Divino, Navarra 2005, p. 9.

[4] Para profundizar acerca del conocimiento bíblicamente hablando véase: Cf. DODD, C. H., Interpretación del cuarto Evangelio, pp. 180-201. BAEZ, SILVIO, J., Cuarto domingo de pascua, en: http://www.debarim.it/pascua4_es.htm.

[5] Cf. ZERWCIK, M., El griego del Nuevo Testamento, Verbo Divino, Navarra 1997, p. 130.

[6] La conjunción ou=n tiene un sentido hilativo de las diferentes oraciones, pero también es usada a veces para expresar un sentido enfático como es nuestro caso. Cf. SERRAIMA, C. E., Gramática Griega, Apoyos didácticos UPM No. 6, México 2003,  p. 120.

[7] Estos matices de presente no sólo son para resaltar la viveza de la narración, sino para señalar un progreso o estado de persistencia de los personajes que buscan a Jesús, especialmente se puede aplicar esto a estos verbos de visión. Cf. DANA, H.E., MANTEY, J., Gramática Griega del Nuevo Testamento, Segundo Año Casa Bautista de Publicaciones, El Paso Texas 1975, pp. 174-179.

 

[8] Puede verse el estudio que presenta MARGUERAT, D. / BOURQUIN, Y., en su obra: Cómo leer los relatos bíblicos, Sal Terrae, Santander 2000, en las pp. 116-125, donde presenta las posiciones del lector ante un texto y su interacción con los personajes del relato.

 

[9] Concretamente los lienzos y el sudario son los evidentes signos del previamente Sepultado. Su ausencia del sepulcro no se debía pues a un robo, cuyo autor “no habría empezado por despojarlo de sus envolturas ni se habría molestado en quitarle el sudario, enrollarlo y colocarlo aparte” Cf. BALAGUÉ, M., La prueba de la resurrección (Jn 20,6-7) en: EstBibl. 25 (1966), pp. 169-192.

[10] En el v. 8 sintácticamente descubrimos un aspecto importante en los verbos aplicados al Discípulo amado: ei=den kai. evpi,steusen: el creer es determinación del ver, por lo que se puede considerar a la conjunción kai. como una endiadis, en cuanto que éste une dos verbos: ei=den kai. evpi,steusen, el segundo de los cuales es una determinación del primero. Creer es una determinación del ver. Cf. ZERWICK, M., El griego del Nuevo Testamento,  p. 187.

[11] Cf. EGGER, W., Lecturas del Nuevo Testamento, Verbo Divino, Navarra 1990, p. 120.

[12] Este cuadro semiótico representa las relaciones principales (presuposición, contradicción y contrariedad) que se dan en el texto para poder producir las significaciones del mismo; a estas relaciones se someten necesariamente las unidades de significación para poder generar un universo semántico susceptible de ser manifestado. Para mayores detalles veáse  PINTO LEÓN, A., El cuadro semiótico de Éxodo 3, en: ABM Vol 2, No. 2 (1993), pp. 20-25.

[13] R. Schnackemburg señala que en la estructura del evangelio de Jn hay un factor dramático que, diversamente de lo que sucede en los Sinópticos, da lugar a un desarrollo y un enredo, en un crescendo que acaba en una agravación extrema del acontecimiento.  Este arte de la exposición se manifiesta también en las unidades narrativas de cierta extensión, cuyos ejemplos más claros son: el relato de Samaría (4,1-42), la curación del ciego de nacimiento (cap. 9) y la resurrección de Lázaro (cap. 11). Aquí pueden incluirse también desarrollos más extensos, como el complejo narrativo introducido con la multiplicación de los panes en el capítulo 6, y los relatos pascuales del capítulo 20.  Estos textos conducen gradualmente al lector, con creciente certeza, a la plena autorrevelación de Jesús o a la manifestación de su gloria.  Estos relatos de la resurrección, concretamente, están dispuestos de tal forma que el lector, a través de los dos discípulos que corren al sepulcro, María Magdalena, y luego también los Doce y finalmente Tomás, en un principio escéptico, pero luego subyugado por el Resucitado y arrastrado a una magna confesión, alcanza cada vez mayor certeza de fe o se ve inducido a la fe propiamente dicha. Cf. SCHNACKEMBURG, R. El evangelio según san Juan, Tomo III, Herder, Barcelona 1980, p. 144.

[14] Cf. LEON-DUFOUR, X., Resurrección de Jesús y mensaje pascual, Vol. IV, Sígueme, Salamanca 1998, p. 247; ZEVINI, GIORGIO, Evangelio según san Juan, Sígueme, Salamanca 1995,  p. 485.

[15] Cf. DREWERMANN, E., El mensaje de las mujeres. La ciencia del amor, Herder, Barcelona 1996, pp. 219-222.

[16] Este tema tan medular en el Antiguo Testamento, en Jesucristo adquiere sentido total, porque en él Dios ha dado el paso último y extremo en su fidelidad al pacto con su pueblo; en la persona de Jesús, Dios mismo ha llegado admirablemente a ser parte del pueblo. En Jesús hace visible lo que significa fidelidad y misericordia.

En torno a Jesús se ha reunido un grupo de personas que han visto en él la gloria de Dios.  Ellos han podido y han sido capaces de ver en ese hombre caduco cómo Dios mismo se ha unido al mundo y con qué bondad Dios se ha mantenido firme al pacto que ha sellado con su pueblo. Y Jesús, en el reconocimiento de su procedencia celeste, les ha mostrado a Dios como su propio Padre y les ha otorgado a ese Dios-Padre como su determinación.  Cf. VAN TILBORG, S., Comentario al evangelio de Juan, pp. 32.36.

[17] SCHNACKEMBURG, R., El evangelio según san Juan, Tomo III, pp. 392-395. Y en esta misma línea URBIETA BERNABÉ, C., Trasnfondo Darásico de Jn 20, en: Estudios Bíblicos 49 (1991), p. 227.

[18] Este estudio diacrónico lo presento detalladamente en mi tesis: GARCIA RIVERA, J.M., ¡He visto al Señor! Análisis Pragmalingüístico acerca de la aparición del Resucitado en Jn 20,1-18, México 2006 en el apartado de la estructura oracional del texto, pp. 46-52 y en el apartado del texto en su contexto histórico, pp. 68-74.

[19] KELLI S. O’BREIN, Written That You May Believe : John 20 and Narrative Rhetoric, en : The Catholic Biblical Quaterly  67.

[20] Para profundizar sobre esta estrategia vease el capítulo 2 sobre la dimensión literaria, especialmente acerca de los diálogos y controversias que presenta TUñÍ, JOSEPH-ORIOL – ALEGRE, XAVIER, Escritos joánicos y cartas católicas, Verbo Divino, Navarra 2000, pp. 43-60.

[21] Cf. KELLI S. O’BREIN, Written That You May Believe : John 20 and Narrative Rhetoric, pp. 284-291.

[22] Cuanto más se parezcan los personajes a los seres reales, es decir, cuanto más coincida su vida con la del lector, más atracción ejercerán dichos personajes sobre el lector. El poderío del personaje es un efecto de la lectura, lo cual quiere decir que nace entre el texto y el lector; es el lector quien adopta tal figura del relato o pone en ella una expectativa, una esperanza, un interrogante. Cf. MARGUERAT, D. / BOURQUIN, Y., Cómo leer los relatos bíblicos, p. 108.

[23] Cf. LANGNER, CORDULA, El empleo de métodos, pp. 6-13.

[24] Recordemos que el objetivo del evangelista es comunicar su mensaje no tanto con una perspectiva misionera, sino más bien en orden a una confirmación y fortalecimiento de la fe de los creyentes, para que ésta sea más sólida y profunda, que luego sea capaz de testimoniarse.

[25] Cf. KELLI S. O’BREIN, Written That You May Believe..., pp. 296-299.

[26] Cf. URBIETA BERNABÉ, C., María Magdalena, de  discípula y apóstol a  prostituta, en: Reseña BÍBLICA  No. 36, 2002, pp. 23-24.   También LUGO RODRÍGUEZ /  MACIEL DEL RIO, C., Mujeres de la Biblia, Mujeres para hoy, Estudios Bíblicos Mexicanos, México 2004, pp. 225-226.

[27] De la experiencia de encuentro con Dios que llama surge la misión: consúltese BROWN, R., El evangelio según Juan, Tomo II, Cristiandad, Madrid 2000, p. 1395; también PIKAZA, XABIER, Dios judío, Dios cristiano, Verbo Divino, Navarra 1996, pp. 44-65 y 143-160. También DE LORENZI, L., Vocación, en: Nuevo Diccionario de Teología Bíblica, San Pablo, Madrid 2001, pp. 1961-1968; JUNCO GARZA, C., Palabra sin fronteras, San Pablo, México 20033, pp. 55-56;  RODRÍGUEZ, RUIZ, M., Vocación, en: Diccionario del mundo joánico, pp. 1030-1034.

[28] Cf. BROWN, R., La comunidad del Discípulo amado, Sígueme, Salamanca 1999, p. 184-185.

[29] Rábano Mauro escribe en el s. IX: Jesús hizo de ella la apóstol de los apóstoles y ella no tardó en ejercitar el ministerio del apostolado con el que había sido honrada; evangelizó a sus compañeros apóstoles con la buena nueva de la resurrección del Mesías; fue elevada al honor del apostolado e instituida evangelista de la resurrección. Citado por JUNGMANN, J. A., The mass of the roman rite, New Cork 1950, n. 55.