“Las parábolas de la oración  propias del tercer Evangelio, contenidas en la ‘sección central’,
como paradigma de una auténtica relación con Dios”

Tesis doctoral por:

Dr. Juan López Vergara



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Introducción

 Realizaré la exposición de la investigación en los siguientes tres pasos: Primero,  expondré los motivos y objetivos que sustentaron mi investigación. Segundo, el proceso seguido. Y, tercero,  los resultados obtenidos.

 

  1. MOTIVOS Y OBJETIVOS DE LA INVESTIGACIÓN

 Centré mi estudio en tres parábolas comunmente conocidas como “El amigo importuno” (11, 5-8); “El juez y la viuda” (18, 1-8); y “El fariseo y el publicano” (18, 9-14), las cuales coinciden en una tríada de significativas coordenadas, que representan lo más peculiar del tercer evangelio, a saber: procedencia, el fondo especial; localización, la ‘sección central’; y tema, la oración.

 Con referencia a su procedencia, que implica el aspecto tradicional,  las tres parábolas pertenecen al material especial lucano (Sondergut), que contiene lo más característico del tercer evangelio al abarcar casi la mitad de su extensión, y cuyo  origen es difícil precisar, pues como acertadamente señala R. Riesner, la mayoría de los comentarios modernos se abstienen de dar una opinión sobre dicho aspecto.

 

Desde el punto de vista redaccional, las parábolas analizadas se localizan en la parte central del tercer evangelio, abarcando una buena extensión del mismo ya que comprende casi diez capítulos, apartado que comúnmente es conocido como ‘relato del viaje’ (Reisebericht).  Preferí, por mi parte, denominarlo ‘sección central’ por dos razones: 1) en el  tercer evangelio, Jesús, en realidad, se encuentra viajando desde el inicio de su ministerio público en Galilea (Cf. 4, 14*), y, 2) por ubicarse en el meollo mismo del evangelio de Lucas. Además, es la parte más original de su obra, pues es el segmento del evangelio en el que Lucas se aleja con mayor libertad del esquema de Marcos; y, también, por estar compuesta en su mayoría por material procedente del Documento Q y del material especial del propio Lucas.

Y, el talante teológico, porque el tercer evangelio muestra un decidido interés por el tema de la oración, ya que sobresale por presentar más veces a Jesús en oración que cualquier otro evangelio, pues lo hace en nueve ocasiones, y desde luego, por ser el libro de Hechos la narración neotestamentaria que relata mejor los hábitos de oración de la iglesia primitiva conteniendo cuarenta importantes referencias.

Ahora bien, me llamó poderosamente la atención que el tercer evangelio presentara treinta y tres parábolas, de las cuales veinticinco se encuentran en la aludida “sección central”, es decir, que sólo ocho están fuera de la misma. Suele reconocerse que seis de ellas tengan por fuente el evangelio de Marcos, diez el Documento Q, y diecisiete el fondo particular del tercer evangelista; siendo de sorprender  que de estas últimas diecisiete, nada más una esté fuera de la “sección central”; y que de las dieciséis que se localizan en dicha sección, tres correspondan a las parábolas objeto de investigación y hagan referencia a la oración (11,5-8; 18,1-8 y 18,9-14). Presento, pues, para una mejor visualización, una tabla de las parábolas del evangelio de Lucas y sus paralelos en los demás sinópticos:

 

                                                  LUCAS                     MARCOS                   MATEO
                  
1-El remiendo de tela nueva                5,36                        2,21                   9,16
2-El vino nuevo                                  5,37-39                  2,22                   9,17
3-Las dos casas                                 6,47-49                                   7,24-27
4-Los chiquillos en la plaza               7,31-35                                   11,16-19
5-Los dos deudores                            7,41-43                                                  
6-El sembrador                          8,5-8                       4,3-9                 13,3-9

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                                              “SECCIÓN CENTRAL”

7-El buen Samaritano                        10,30-37
8-El amigo importuno                        11,5-8
9-El retorno del espíritu inmundo        11,24-26                                        12,43-45
10-El rico necio                        12,16-21
11-Los sirvientes vigilantes                  12,36-38
12-El ladrón                                       12,39-40                                         24,43-44
13-El administrador de confianza       12,42-46                                        24,45-51
14-De camino hacia el juez               12,58-59                                          5,25-26
15-La higuera estéril                         13,6-9
16-El grano de mostaza                     13,18-19                 4,30-32             13,31-32
17-La levadura                         13,20-21                                          13,33
18-La puerta cerrada               13,24-30
19-El primer puesto en la mesa         14,8-11
20-La invitación al banquete               14,16-24                                        22,2-14
21-La edificación de la torre                14,28-30
22-El rey que marcha a la guerra        14,31-32
23-La oveja perdida                              15,4-7                                           18,12-14
24-La moneda perdida                      15,8-10
25-El Padre bondadoso                      15,11-32
26-El administrador astuto                16,1-8
27-El rico y Lázaro                             16,19-31
28-El siervo inútil                                  17,7-10
29-El juez inicuo y la viuda                  18,2-8
30-El fariseo y el publicano                 18,10-14


31-Las minas/ los talentos                 19,12-27                                            25,14-30

 

32-Los viñadores homicidas              20,9-18                 12,1-11                  21,33-44
33-La higuera                                      21,29-31               13,28-29                24,32-33

 

 Estimé que la propia selección del material particular realizada por el  evangelista se constituye en factor importante para conocer sus intenciones, pues es interesante constatar que en Marcos haya sólo ocho parábolas y  en el primer evangelio veinticuatro, mientras en Lucas treinta y tres; más aún en este último evangelio, que en los otros dos sinópticos juntos.

No obstante que el tema de las parábolas ya haya sido estudiado con amplitud, y sean asumidas como un reflejo auténtico de la manera de expresarse del Jesús histórico,  intuyo que el hecho mismo de que en la “sección central” se localicen veinticinco de ellas y únicamente haya cinco curaciones , es un dato que invita a estudiarlas en su propio contexto literario, teniendo siempre como horizonte de interpretación el tema de la oración en la obra lucana. Efectivamente, las parábolas por investigar se localizan en un contexto muy concreto, por lo que me preguntaré qué aporta, precisamente, su ubicación en la “sección central”  para su acertada interpretación. Dicha “sección central” muestra una tensión entre su contenido y su forma, lo cual ha llevado a las más variadas hipótesis con relación a la delimitación de su extensión, de su estructura y, por supuesto, de su mensaje teológico; pero todos los estudios concuerdan en la importancia de este mensaje para conocer la singular aportación lucana.

 Mediante este trabajo busqué, pues, a través del estudio científico de tres  textos, de género parabólico, cuyo tema es la oración, contenidos en la “sección central” y propios del fondo particular lucano dilucidar nuevas directrices sobre las perspectivas teológicas del tercer evangelio; ya que abrigué la esperanza de que mi investigación aportaría aunque fuera sólo un rayo de luz, sobre las actitudes debidas  para una saludable  relación con Dios; de ahí su intitulación: ‘Las parábolas de la oración propias del tercer evangelio, contenidas en la ‘sección central’, como paradigma de una auténtica relación con Dios’.

 

2.  EL PROCESO SEGUIDO

 En la búsqueda de una respuesta adecuada, en primera instancia me propuse hacer un repaso de la historia de la investigación. Tal revisión me llevó a constatar que la mayoría de los exegetas, si bien con ciertos matices, reconocen en el trabajo de Lucas el reflejo de una comunidad enfrentada a una nueva situación, en la que hace acto de presencia el descubrimiento más claro del factor tiempo, estimulante y preocupante a la vez, el cual, en definitiva, es el fenómeno que parece haberse manifestado inesperadamente.

Con el fin de alcanzar los objetivos trazados propuse la utilización del método  histórico-crítico. Dicho método, en realidad, como es harto conocido, se compone a su vez de varios métodos, como son: la crítica textual, la crítica literaria de las fuentes, la historia de la redacción y la historia de las formas .

Empecé dividiendo mi estudio en dos partes:

En la primera me dediqué a indagar lo que se conoce de las principales características  de las coordenadas en que  coinciden los textos por investigar, ya que juzgué constituyen el marco referencial de la investigación y en la segunda  hice una aplicación pormenorizada del método histórico-crítico a las tres parábolas.
Desarrollo de la primera fase:

En primer término, estudié el aspecto tradicional, para contactar con las tradiciones que están detrás del tercer evangelio; me pregunté cómo obtuvo, tan prolijo autor, sus materiales, lo que me introdujo en el problema sinóptico. Para ello me sujeté a la postura dominante de la exégesis moderna que postula la ‘Teoría de los dos documentos’, la cual no puse a discusión, sino que la asumí como punto de partida. La forma específica como abordé este tema fue mediante la identificación del material tradicional exclusivo de Lucas y su clasificación conforme a la historia de las formas; así como averiguar el posible origen de dicho material, en particular el concerniente a las parábolas, apoyado en el método de la crítica literaria de las fuentes, con el fin de cuestionar qué aporta este hecho, en particular, a la adecuada interpretación de las parábolas objeto de esta investigación.

En segundo término, analicé la perspectiva redaccional de la ‘sección central’, fundamentado en la crítica redaccional, para conocer el marco literario en el que se encuentran situadas las parábolas, con el fin de tratar de desentrañar qué aporta, para su certera interpretación, el hecho donde se hallan ubicadas. En este caso comencé delimitando las peculiaridades de la ‘sección central’ en relación con el conjunto del tercer evangelio. Acto seguido exploré la labor del tercer evangelista, a fin de contactar con la posible estructura que vertebra tal sección central, para terminar elucidando los elementos teológicos destacados en ésta.

Y, en tercer término, abordé el enfoque teológico, sobre todo aplicando el método de la historia de la redacción que abre extraordinarios horizontes para la comprensión de las relaciones entre la tradición y la redacción. Sustenté este apartado sobre el estudio del tema de la oración en el tercer evangelio y en el libro de los Hechos. Dado que Lucas y Hechos forman una unidad, los lineamientos teológicos han de explicarse como integrantes de un mismo conjunto. De ahí, la  importancia de estudiar el tema de forma unitaria. Lucas quiere narrar la realización de un proyecto divino, que todavía sigue actuando en el presente del lector y camina hacia su plena realización en el futuro. El lector, debe insertarse en esa historia, asumiendo sus propias responsabilidades en su generación, al igual que hizo la primera en la suya.

De modo que, referente a la primera parte del escrito, lo hice bajo tres aspectos: Jesús como modelo, quien en los momentos primordiales de su existencia ora a su Padre;  la instrucción  directa que Jesús da a sus discípulos, contenida en todo el evangelio, pero de forma más explícita en la ‘sección central’; y, Jesús como intercesor único ante el Padre. Y, con respecto a la segunda parte, lo estudié desde la perspectiva siguiente: la recepción del Espíritu y la oración; las correspondencias entre la oración de la vida de Jesús y las primeras comunidades cristianas; y, la oración como medio de capacitación de la Iglesia primitiva para cumplir su misión.

 

Desarrollo de la segunda fase:

 Primeramente efectué el análisis sincrónico de las parábolas, con objeto de delimitar su contexto literario, buscando identificar los vínculos a través de los cuales su autor las relaciona con la trama  general de su obra.

Después, hice el análisis diacrónico de las parábolas, intentando describir su  proceso histórico, apoyado  tanto en el método crítico de  la historia de las formas, como en la historia de la redacción.  Tomé conciencia de la dificultad del empleo del método, especialmente en esta parte del proceso de la investigación, pues al  pertenecer los textos  al fondo particular del evangelio lucano, se carece de elementos para cotejar con los otros sinópticos. De ahí la importancia  de la adecuada aplicación de la crítica redaccional en este preciso estadio del escrudiñamiento, que me llevó a la búsqueda de los componentes redaccionales característicos del tercer evangelista, es decir, los factores morfológicos, sintácticos y estilísticos que me permitieran descubrir lo que es propio de Lucas, o sea, lo que él desea acentuar, por lo que en el estudio de cada parábola analice la intervención redaccional lucana desde dos enfoques, que no obstante ser diferentes son complementarios:

 En primer lugar, la manera como Lucas introdujo el texto, ya que es razonable pensar que él hubiera intervenido con mayor libertad en los márgenes de la unidad tradicional; así como también el conjunto de retoques redaccionales, por cuyo medio reelaboró la tradición recibida, sobre todo cuando parece intervenir personalmente a través de expresiones, modificaciones y relieves significativos, ya que pueden tener un alcance decisivo para conocer las intenciones particulares del evangelista. Se reconoce que en general el tercer evangelista suele respetar el contenido y orden interno de los materiales que le ofrece su fuente, pero reelabora ampliamente las introducciones, a las que  dedica aproximadamente el 15% de su texto, y las conclusiones de las perícopas, con las que las une estrechamente al contexto y da relieve a los oyentes y a los testigos.

Y, en segundo lugar, examiné la labor composicional, esto es, el  contexto preciso en el que Lucas decidió colocar cada parábola, con las relaciones de interpretación que ello implica. Fui consciente de que la labor composicional, particualrmente cuando deja entrever zonas amplias y asume caracteres de excepcionalidad comparado con los otros sinópticos, hace suponer intenciones muy precisas.

 Ahora bien, simultáneamente hice un exámen de tipo contextual, pues una adecuada interpretación a partir de su literalidad ha de tener en cuenta también  el aspecto social, económico y político en el cual se originaron, por lo que me apoyé en las aportaciones que las ciencias sociales ofrecen al respecto. Hoy por hoy en la investigación rige la interdisciplinariedad. Son frecuentes las posturas eclécticas, que intentan conciliar diversos puntos de vista.

Por último, fundamentado en los datos obtenidos a través de la aplicación pormenorizada del método histórico-crítico, me aboqué al análisis teológico, con el fin de conocer  la contribución específica al tema de la oración descrito por  Lucas en las tres parábolas. De manera especial me pregunté los motivos que lo indujeron a dar tan singular relevancia  al tema.

Realice, pues, el análisis sincrónico, diacrónico, y contextual, con el objeto de conocer las posibles relaciones y repercusión dentro del mensaje teológico del tema de la oración en la obra lucana, ya que uno de los mayores retos para ingresar en el imaginario social que compartían Jesús y sus discípulos es que resulta difícil acceder al contexto original en que fueron dichas las parábolas, lo cual implica que ahora sólo podemos conocerlas como texto; por ello conforme a la metodología elegida, la importancia tanto del estudio sincrónico  a partir de cada una de las parábolas, tal y como han llegado a nosotros, cuanto del estudio diacrónico, con el fin de plantear una  posible reconstrucción de las mismas al nivel tradicional, y, de este modo, establecer la  distinción del enfoque que actualmente tienen en el contexto del tercer evangelio, con respecto del quehubieran podido tener en la tradición, lo cual me condujo a contactar con los intereses propios del redactor final.

De modo, pues, que estructuré la tesis en dos partes bien definidas. En la primera, mostré como marco referencial las principales características  de los ejes en que  coinciden las parábolas por  investigar. Y, en la segunda, la aplicación del método histórico-crítico pormenorizado, desde las perspectivas ya mencionadas, con respecto a cada una de las parábolas materia de este estudio.

 

3.  RESULTADOS OBTENIDOS

 

Procedo ahora a exponer las conclusiones a las que llegué, a partir de situar los frutos de este análisis en el horizonte de la historia de la investigación hasta señalar lo que juzgo constituye su aportación específica.

La contribución del presente trabajo se vino perfilando en dos fases, que corresponden a las dos partes de la tesis. En la primera se proporciona el marco referencial de las parábolas materia de observación, resultante de la intersección de los tres ejes que constituyen lo distintivo de la labor del evangelista; mientras que, en la segunda, se descubren los aspectos típicamente lucanos de dichas parábolas.

Respecto a los resultados de la primera fase, parto del hecho incontrovertible de que la oración en la obra de Lucas ocupa un destacado lugar, lo cual se evidencia por la amplia serie de términos empleados por el evangelista, por su singular presentación, por su particular estilo literario y, sobre todo, por el sitio cardinal que otorga a tal temática en la composición tanto del evangelio como del libro de los Hechos. De lo anterior deduzco que la oración, lejos de ser asumida por Lucas como una comparsa más en su relato, es considerada parte sustancial del mismo. De aquí el obligado planteamiento acerca de las razones que motivaron al redactor final a conformar tan notable atmósfera de oración: ¿Acaso la comunidad del evangelista debido a la dilación de la parusía estaría confusa respecto de su vocación y por ende dejaría mucho que desear en su compromiso? Preciso que esta interrogante se infiere, además, por aquello que el propio Lucas dijera en el prólogo de su obra a Teófilo, cuando confiesa que escribe para que conozca, justo, la asfaleia de la enseñanza en que ha sido instruido (Lc 1, 4).

No obstante ser de la opinión dominante que acepta la vocación escatológica de la oración como respuesta a la demora de la segunda venida del Señor considero, y en esto radica lo específico de mi aportación, que Lucas con intuición y audacia insólitas interpretó el reto de la distancia escatológica como un compromiso con la historia, por lo que propone a su comunidad redescubrir su singular identidad, precisamente a través de la oración. Tal aseveración la soporto en los siguientes argumentos:

 En primer término, porque se torna patente la voluntad del evangelista de hacer mención explícita de la oración en el texto de 5, 33 que describe la praxis de dos de las comunidades judías más representativas en su escrito, como son la del Bautista y la de los fariseos, lo cual se puede comprobar al ser compararado con sus paralelos en Mc 2, 18 y Mt 9, 14. Este retoque redaccional muestra que para Lucas la oración es elemento definitivo de identidad comunitaria. De modo semejante, en el tercer evangelio son los discípulos quienes piden a Jesús les enseñe a orar como Juan el bautista hiciera con sus seguidores (11,1c). Siendo Lucas el único evangelista que recuerda al precursor del Señor en su faceta de maestro de oración se ratifica la importancia que para él representa la oración como signo de identidad comunitaria. Ello se confirma aún más en la descripción que hace de la prístina comunidad cristiana, de manera especialmente significativa en el final de la primera parte de su trabajo y en el principio de la segunda, donde la identifica, justamente, como una comunidad orante (Cf. Lc 24, 53; Hch 1, 14).

 En segundo término,  porque a pesar de que insinuara en 9, 49 que los seguidores de Jesús se reconocían como comunidad, Lucas sugiere que fue la radiante vitalidad de la vida de oración de Jesús, causante de tan profunda impresión en sus discípulos, la razón para   solicitar a su Maestro que así como el Bautista instruyera a los suyos, les enseñara un modo de orar que correspondiera a su mensaje y a su obra, o sea, que les diera identidad propia (Cf. Lc 11,1-2a).

 Por lo anterior considero que el avance resultante de la primera fase de la investigación reside en afirmar que, desde el singular enfoque del evangelista, la comunidad redescubre su identidad por la oración, lo cual se denota, principalmente, por la original composición de la unidad literaria (Lc 11, 1-13) que Lucas situó, justo, en los inicios de la ‘sección central’ de su obra, y en  la cual redactó una introducción que muestra a uno de los discípulos deseoso por aprender un modo de orar que fuera distintivo de  la nueva comunidad emanada del seguimiento de Jesús (Lc 9, 57-62).

A continuación me daré a la tarea de explicitar las conclusiones de la segunda fase, derivadas del análisis histórico-literario de las parábolas estudiadas en la segunda parte de la investigación, cuya fuente, como se vio en el capítulo primero, por ser selección exclusiva de Lucas representa un importante factor para conocer sus propósitos.

En primer lugar, comprobé que las parábolas experimentaron notables modificaciones en el proceso de transmisión por el que llegaron a formar parte del tercer evangelio, lo cual me llevó a suponer que dichas reformas responden a intenciones muy precisas del redactor final.

 En segundo lugar,  verifiqué que el evangelista se circunscribe a una clara constante en su manera de trabajar, pues aunque modifica el sentido que las parábolas tenían en la tradición, sirviéndose de recursos tanto de índole composicional como redaccional, lo hace sin  prescindir de tal sentido, sino  más bien ampliándolo.

En efecto, como se ha confirmado Lucas añadió a las parábolas las aplicaciones que consideró oportunas con el objeto de complementarlas, es decir, en la de los amigos, la insistencia hasta la anaideia, y en la de la viuda y el juez, la confianza mediante la comparación de menor a mayor. Subrayo que la forma de redactar del evangelista coincide en el par de las aludidas parábolas, ya que si el núcleo básico en la parábola de los amigos  centraba su atención en la confianza, con la adición del verso 8, Lucas vuelve la mirada hacia el ‘amigo A’, acentuando que conseguirá lo que necesita por su persistencia. Por el contrario, al cambiar la orientación de la actitud de la viuda, que insistía en el valor de la perseverancia hacia el juez, guía al lector a la enseñanza en la confianza. De este modo el tercer evangelista complementa en ambas parábolas los dos aspectos que  considera básicos en la vida de oración cristiana, esto es, la confianza y la insistencia.

En el caso de la parábola del fariseo y el publicano Lucas muestra de nuevo su peculiar forma de proceder, pues no prescindió del sentido primario de la parábola, o sea, la aceptación incondicional de Dios fundamentado en su misericordia, sino que lo complementó a partir del marco temático que compuso por medio de la introducción (v. 9) y el logion final (v. 14b), con el cual hace notar a su comunidad el indebido modo de acercarse a Dios en la oración, durante el tiempo escatológico, tipificado en la actitud del fariseo.

 Así, la particularidad de la aportación lucana consiste en haber sabido penetrar la compleja y paradójica dialéctica de la vida de oración, que implica, por una parte, la confianza en Dios y no en los propios méritos, y por otra,  la persistencia en pedir lo que se necesita, hasta que se haya conseguido, de manera que la comunidad lejos de desanimarse por el  retraso del retorno del Hijo del hombre, debe esperar orando con la decisión de la viuda y la confianza del publicano en la misericordia de Dios.

La comprobación anterior se  corresponde con los resultados obtenidos en la primera fase de la investigación, en que se corroboró la significativa constante que el evangelista desarrolló en el empleo de sus tradiciones, las que con el mayor respeto asume, aunque a la vez complementa, al enriquecerlas y reinterpretarlas teológicamente, ya que, de un modo, mantiene el meollo de la tradición que presentaba a Jesús como persona de oración (Cf. Mc 14, 35; Mt 11, 25-27), si bien lo enaltece como paradigma para su comunidad y, mejor aún, al dar vida a una catequesis sobre la oración; y, de otro, conservó la parte esencial de la tradición del viaje único a Jerusalén (Cf. Mc 10,32), pero enriqueciéndolo sustancialmente.

Al extremo que a dicha tradición la dotó de una trascendencia particular, al componer una nueva sección, en la cual  Lucas  muestra a Jesús como un caminante que se encuentra entre los hombres como el enviado de Dios que cumple su designio de hacer presente la salvación, pero asumida como propuesta a sus discípulos para seguirlo, de modo que el aspecto del viaje y el camino se centran en la cristología de Lucas, que compromete también a los discípulos. De aquí intuyo que desde tan singular perspectiva, el viaje de Jesús se convierte en un programa para la comunidad, ya que para el evangelista el cristianismo es vía o camino, por lo cual estimo que el viaje como motivo cristológico de la redacción lucana describe el desarrollo y cumplimiento del plan divino, a grado tal que Lucas ha dejado claro testimonio de que la propuesta iniciada por Jesús sería más tarde conocida, precisamente, como o hodos (Cf. Hch 9,2; 18,25-26; 19,9.23; 22,4; 24,14.22).

 A partir, pues, de la interesante constatación tanto del hábito redaccional del evangelista, quien transforma conservando; como de la peculiar composición de la ‘sección central’, en la que colocó las parábolas estudiadas, me pregunté acerca de los motivos por los cuales seleccionó parábolas que en su etapa tradicional llevaban el mensaje de la solidaridad, la persistencia en la búsqueda de la justicia y la confianza en la inefable misericordia de Dios, con el fin de transformarlas en parábolas de oración. Asimismo, me pregunté: ¿Por qué el evangelista situó la triada de aludidas parábolas exactamente en la ‘sección central’ de su obra, que sabemos constituye lo más original de su trabajo, al esbozar un programa de vida para la comunidad?

Considero que la respuesta, desde la óptica de Lucas, radica en su convicción de que la comunidad sólo sería leal a su reencontrada identidad cristiana en la oración, por medio de la solidaridad, la búsqueda de la justicia y la confianza plena en la misericordia de Dios. Ello lo deduzco, primero,  por el hecho de que estos sean los temas que ostentan las parábolas seleccionadas por el evangelista en su etapa tradicional con base, por supuesto, en la referida constante redaccional que Lucas muestra en el manejo de las tradiciones, las cuales asume respetuosamente a la vez de enriquecerlas;  segundo, por el lugar específico  en que ha colocado las parábolas materia de estudio, esto es, en la ‘sección central’ de su obra, donde el evangelista perfila, precisamente, su programa para la vida de la comunidad surgida del seguimiento de Jesús (Lc 9, 57-62); y tercero, porque para Lucas la oración es el medio por el cual la comunidad redescubre lo que la hace única, como aparece en el verso redaccional que presenta a uno de los discípulos interesado en aprender una forma de orar, justo, que fuera acorde al mensaje de Jesús (Cf. Lc 11, 1-2a).
 
  De aquí se puede inferir que para Lucas la solidaridad emana de la unión con Dios, por cuyo motivo convirtió la parábola de los amigos en una parábola de oración, que en efecto muestra, debido al particular marco literario admirablemente creado por él mismo, que la solidaridad  nace de la comunión fundada en el misterio de Dios, pues sólo desde la unión íntima con Dios se puede alcanzar la profunda unión con los demás (Cf. Lc 11,1-13). Solidaridad o interés real por nuestros semejantes, al existir la conciencia de que todos los hombres  comparten el mismo destino, lo cual recalca el evangelista de manera expresa en la parábola de los amigos, al descubrir que lo que se hace por cualquier amigo, en realidad, se hace para edificación de la comunidad (Cf. Lc 11,5-8).

   No obstante que la solidaridad se manifieste con primacía en la distribución de bienes como lo ejemplifica la parábola de los amigos,  desde la perspectiva del evangelista supone, asimismo, el esfuerzo a favor de un orden social más justo, en el que las tensiones de la comunidad pudieran ser resueltas, puesto que la solidaridad es constructora de justicia. Esto es hábilmente descrito por Lucas también en un contexto de oración, en la segunda parábola objeto de esta investigación, la del juez y la viuda, donde se patentiza que la solidaridad propuesta no es una solidaridad de clase, o de partido, sino solidaridad universal, que incluye a todos, hasta los miembros más vulnerables de la comunidad, como el caso de la viuda.

En efecto, el evangelista alegóricamente identifica a la mujer viuda con la comunidad de eklektoi, ávida de justicia. En la obra lucana la figura de la viuda es muy destacada. Las viudas simbolizan la impotencia, por ser víctimas de cruel explotación. La viuda es un ejemplo más de esos desclasados a los que Jesús dirige su mensaje cuando se decide ir a Jerusalén. La parábola se puede clasificar desde la perspectiva de la proclamación del Reino con su inversión de valores. La inversión de valores se fundamenta en la imagen del Dios que anuncia Jesús tan diferente a los parámetros humanos. El Dios que liberó a Israel de Egipto se muestra a favor de los más desprotegidos, específicamente los extranjeros, los huérfanos y las viudas (Cf. Lv 19,9-10; 23,22; Dt 14,28-29; 24,19-22; 26,12). El tercer evangelista presenta a la viuda como paradigma de los elegidos de Dios, quien ante un juez que simplemente la había ignorado, al igual que el rico de la parábola ignoró al pobre que yacía ante su portal (Lc 16, 19-20), no se dio por vencida. En efecto, la viuda, mujer de despierta inteligencia, pues conocía tan bien sus límites que supo aprovecharse de ellos, y así, en un mundo adverso, sorprendentemente, doblegó al poderoso.

Ahora bien, la parábola contiene un claro trasfondo veterotestamentario, pero no sin su deslumbrante novedad. El texto de fondo aparece en Si 35,12-24, si bien presenta una serie de significativas diferencias, entre las que destacan: Primero, el hecho de que en la parábola la viuda no pida venganza, sólo pida que se le haga justicia (18,3b), lo cual, coincide con el texto programático de Lc 4,16-30, en la exégesis que realiza de Isaías (61,1-2), donde también está ausente el deseo de venganza; y segundo, porque una mujer es presentada como ejemplo de fe activa, mientras que Ben Sirah comienza con una mujer, aunque después cambia a la figura masculina.

El evangelista, pues, concibe que el reconocimiento del otro es una exigencia que le plantea su momento histórico, como se describe en la parábola del fariseo y el publicano, pues la aceptación de la alteridad permitirá comprender a su comunidad que aquello que parece contradictorio o sospechoso surge como real y prometedor en un contexto de solidaridad, puesto que, inesperadamente, será el publicano quien mostrará la puerta de acceso al Dios de la misericordia (Cf. Lc 18,14). La parábola lleva el mensaje de que el seguidor de Jesús debe saber acoger y no juzgar y sobre todo escuchar la presencia del otro,  por lo cual Lucas la colocó, justo, en una atmósfera de oración para indicar que la aceptación del otro es fruto de oración y requisito para una sólida formación de la comunidad, pues nada hay más obstaculizante que el fanatismo cargado de prejuicios como el ejemplificado por el fariseo.

 En síntesis, los resultados de mi investigación en su conjunto, los cuales parten del análisis de las parábolas materia de observación, contempladas desde el marco referencial estudiado, que abraza lo más peculiar del tercer evangelio, me llevan a enunciar que la aportación original del estudio, la cual constituye mi tesis está en el aserto de que Lucas seleccionó y ubicó en la ‘sección central’ de su evangelio las aludidas parábolas, para esbozar con fina nitidez las características básicas que identifican a la comunidad de seguidores de Jesús, y que son la solidaridad, la justicia y la fraternidad como reflejo de la misericordia divina; lo cual fundamento en las siguientes afirmaciones:

Primera. Lucas considera la oración como elemento definitorio de identidad comunitaria, lo cual se infiere, principalmente, por el retoque que hace a la tradición de Mc 2,18, referente a la praxis de las comunidades judías más representativas en su relato, subrayando el tema de la oración (Cf. Lc 5,33); además, por ser el único evangelista que recuerda al Bautista en su faceta de maestro de oración (11, 1c), pero, sobre todo, por la introducción redaccional de 11, 1-2a, en la que claramente denota su intéres por señalar a la oración como pieza esencial de identidad comunitaria, justo, cuando muestra a uno de los discípulos de Jesús solicitándole que les enseñe un modo de orar acorde con su mensaje y su obra, o sea, que les diera identidad propia. 

 Segunda. El evangelista colocó, precisamente en la ‘sección central’, las referidas parábolas porque en ella desarrolla una pedagogía muy particular que muestra a Jesús como paradigma de la vida cristiana. Es así como en esta sección se exhibe una dinámica cristológica cuyo desenvolvimiento se halla cercanamente relacionado con los discípulos, al establecer un vínculo entre el camino que hará Jesús y la enseñanza que prodigará, ya que es indudable que para el evangelista, Jesús, en contraste con los rabinos de la época, no buscaba crear una escuela de interpretación bíblica, sino una comunidad de vida en torno a él. En tal sentido  Lucas  presenta en el meollo mismo de su obra, esto es, en la ‘sección central’, a Jesús enseñando sobre todo un camino, o sea, una nueva forma de vida, pues conforme al enfoque lucano ser cristiano significa realizar la experiencia que Jesús propone, pero en una comunidad cimentada en la novedad del evangelio, que es revelado, primordialmente, en parábolas.

Tercera. Estimo que mediante dicha composición el evangelista perfila un modelo de lo que con posterioridad debería dar identidad a la comunidad de los seguidores de Jesús; de ahí que la ‘sección central’ contenga un significativo conjunto de tradiciones recopiladas sólo por Lucas que en realidad permiten conocer su propia aportación, pues es notable que el tercer evangelista presente en ella dieciséis de las diecisiete parábolas,  procedentes  de su fondo particular, entre las cuales destacan las parábolas objeto de estudio, que en su etapa tradicional se centraban en la solidaridad, la justicia y la misericordia divina.

 Cuarta, y última. El evangelista enriqueció dichas parábolas, de acuerdo con sus hábitos redaccionales, al transformarlas en parábolas de oración, con el fin de responder al desafío derivado de su peculiar momento histórico, puesto que si su comunidad experimentaba semejante carga de desesperanza se debía a que se había olvidado de desear con el deseo de Dios y ya no estaba a la altura de las promesas divinas. Por tanto para Lucas la fidelidad a la oración es una cuestión esencial, pues era consciente de que su comunidad, sin oración, no sobreviviría, ya que en la oración la comunidad surgida del seguimiento de Jesús (Cf. Lc 9,57-62) reencuentra su identidad, que se caracteriza, desde la genial perspectiva lucana, justo, por la solidaridad, la justicia y la misericordia dispensada entre sus miembros.


  Cf. (11,14-22;) (13,10-17) (14,1-6) (17,11-19) (18,35-43).

   La Pontificia Comisión Bíblica en el documento “La Interpretación de la Biblia en la Iglesia”, del año de 1993, enseña que: “El método histórico-crítico es el método indispensable para el estudio científico de los textos antiguos” (I.A.30). Subrayo que no sólo lo recomienda, sino que lo califica de indispensable.