INTRODUCCION
El ministerio pastoral de la Iglesia nace naturalmente de la Palabra de Dios, pero también brota del obrar pastoral de Jesús, que se entrega de lleno a revelar los misterios del Reino con su palabra y con su vida. Si la pastoral desea conservar su autenticidad tiene que mirar continuamente al pastoreo de Jesús para confrontarse permanentemente con Él y nunca perder su rumbo [1] .
La Sagrada Escritura “es como un espejo en el que la Iglesia peregrina en la tierra contempla a Dios” DV7, y, al conocerlo, aunque sea imperfectamente, aprende a conocerse y a comprender su propia vida a la luz del actuar de Dios. Es así como la Escritura nos brinda la clave interpretativa que nos abre el sentido de la propia vida y de la historia humana. Es como la representación del Gran Teatro del Mundo mirando con los ojos misericordiosos de Dios. Inclusive el A.T., pues, “aunque contenga también algunas cosas imperfectas y adaptadas a su tiempo, demuestra, sin embargo, la verdadera pedagogía divina..., expresa el sentimiento vivo de Dios y una sabiduría salvadora sobre la vida del hombre” DV 16.
Toda acción pastoral se realiza en un lugar y tiempo determinados, en beneficio de personas o respondiendo a situaciones particulares. Actualiza la salvación de Dios en el “hoy” de la historia. En este campo corresponde a la Pastoral Bíblica (PB), una responsabilidad particular ya que dispone de manera directa y privilegiada de la luz y de la fuerza de la Palabra de Dios.
En el AT tenemos la salvación realizada por Dios en favor de su pueblo; esta salvación llegó a su plenitud en Cristo y se continúa en la vida de la Iglesia. Esta continuidad de la salvación no se hace presente de modo espontáneo o automático, sino que requiere de la mediación humana en un lugar y tiempo determinados. Este modo de actuar de Dios crea en el pueblo una “mentalidad” propia, que generalmente recoge un “profeta” es hombre de Dios y, con esta experiencia, anuncia nuevos hechos salvadores. El éxodo del pueblo de Dios de Egipto sirvió al profeta Isaías para interpretar nuevos hechos salvadores de Dios y preparar el éxodo babilónico; ambos sirvieron a Jesucristo para anunciar su éxodo pascual, que en el modelo sobre el cual la Iglesia interpreta su peregrinar hacia el Padre.
Corresponde a la PB tener un ojo avizor y servir de advertencia al pueblo de Dios. Ese discernir con signos de los tiempos exige estar atentos a las embestidas del poder del mal, al mysterium iniquitahs, que aflora constantemente por doquier, para denunciarlo y combatirlo.
A diferencia de cualquier otra religión, la revelación bíblica está marcada y centrada en un hecho histórico concreto, una intervención gratuita de Dios en el acontecer humano, en una irrupción de Dios en la vida de una comunidad o de una persona que la marca de por vida. Israel será para siempre el Pueblo de Dios y Yahvé será el Dios de Israel. Los destinos se cruzan para siempre en la alianza.
El evangelio reclama según dones, no menos lectores o admiradores [2] .
La pastoral social, es una dimensión de la pastoral que trata de responder a los desafíos que provienen de la vida común, ordinaria de los ciudadanos o de los criterios. Es aquella que parte de la opción evangélica y preferencial por los pobres, actuando en varios frentes.
Esa inquietud social solo alcanza el objetivo de pastoral en la medida que tenga como fuente el evangelio y como parte integral la tarea evangelizadora de la Iglesia [3] .
El valor ético de la solidaridad se traduce en términos de fidelidad al mismo Dios y fundamenta la relación que existe entre evangelización y promoción humana.
El fundamento de la P. Social es la coherencia que debe existir entre la proclamación de fe y el estilo de vida cotidiana.
“La palabra se hizo carne”: Es aquí donde vemos la convergencia clara y precisa de la Palabra de Dios y la realidad humana.
Ni la Pastoral Bíblica ni la Pastoral Social son toda la vida de la Iglesia, pero deben estar como una dimensión en todas las actividades eclesiales. No pueden ser tarea de unos cuantos voluntarios de entre todos los comprometidos en la Iglesia [4] .
TEXTOS DEL NUEVO TESTAMENTO QUE FUNDAMENTAN LA PASTORAL SOCIAL (DE CARIDAD)
1.- Los evangelios sinópticos:
Jesús ha sintetizado su pensamiento respondiendo a la pregunta de un maestro de la ley acerca del mandamiento más grande. El episodio es narrado por Mt 22, 34-39, Marcos 12, 28-34, Lc. 10, 25-28.
Conocemos todas las respuestas de Jesús: el mandamiento más grande es amar a Dios y amar al próximo. Con estas palabras Jesús recuerda algunos pasajes del A. T. Leemos por ejemplo, en el libro del Deuteronomio (6, 4-5):
Escucha, Israel: Yahvé nuestro Dios es el único Yahvé. Amarás a Yahvé tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma y con todas tus fuerzas.
Y en el Levítico (19, 17-18):
No odies en tu corazón a tu hermano, pero corrige a tu próximo, para que no te cargues con un pecado por su causa. No te vengarás ni guardarás a los hijos de tu pueblo. Amarás a tu próximo. Yo, Yahvé.
Mientras recuerda la ley antigua, Jesús, introduce dos importantes novedades:
La primera es la unión de los mandamientos. Para Jesús la caridad es un hecho complejo y articulado. Hunde sus raíces en una dedicación sin reservas a Dios, al proyecto de amor que Él tiene sobre los hombres. La manifestación visible y dinámica de esta confianza es la dedicación a todo hombre, considerado como hermano, prójimo, otro sí mismo. Separar o simplificar los diversos aspectos del evento unitario que es la caridad, significa hacer valer nuestra perspectiva estrecha contra los inmensos horizontes abiertos por la mirada de Jesús.
La segunda novedad es la sorprendente y revolucionaria concepción del prójimo. Solo el evangelista Lucas pone sobre los labios del maestro de la ley la segunda pregunta ¿quien es mi próximo? Jesús responde narrando la parábola del buen samaritano. El prójimo no existe antes. Prójimo se llaga a ser. Prójimo no es quien tiene conmigo desde antes relaciones de sangre, de raza, de negocios, de afinidad psicológica. Prójimo llego a ser yo mismo en el acto en el que, delante de un hombre, incluso forastero o enemigo, decido dar un paso que me hace cercano, que me aproxima.
Es importante notar la relación entre las dos novedades introducidas por Jesús. El amor por el hombre nace de la dedicación a Dios, manifiesta la confianza en la voluntad de Dios. Pero Dios es el Padre de todos, por esto, quien está enraizado en el amor de Dios mira y se acerca a todo hombre, creando vínculos nuevos de proximidad y supera las barreras de la raza, de la clase social, de la mentalidad diversa, de la diversa pertenencia religiosa.
Una concreta ejemplificación de esta novedad se puede encontrar en el llamado Sermón de la Montaña (Mateo 5-7) que describe la vida del discípulo que, precisamente porque ha encontrado el reino de los cielos, es decir, la bondad, la misericordia del Padre de Jesús, vive una vida de caridad, que cumple y supera la antigua ley. El modelo de discípulo es el amor mismo del Padre: “Sean perfectos, así como vuestro Padre celestial es perfecto” (Mt 5, 48).
En el corazón del sermón de la montaña está el Padre Nuestro, la oración de los hijos de Dios (Mt 6, 9-13). De aquí toda una gama de gestos concretos y de actitudes de amor que se describen con abundante y estimulante ejemplificación. Son ejemplo de amor intenso hacia todos, incluso hacia los enemigos, que conmueven incluso a quienes no creen en Jesús como hijo de Dios, pero lo consideran un gran maestro de humanidad.
2.- El evangelio de Juan:
Otras profundizaciones se encuentran en le evangelio de Juan. Este nos recuerda las preguntas del maestro de la ley y sus respuestas. Pero en Jn 13, 31-35 consigna el mandamiento nuevo dado por Jesús a sus discípulos durante la ultima cena. Cuando salió Judas, dice Jesús:
Ahora ha sido glorificado el Hijo del hombre y Dios ha sido glorificado en él. Si Dios ha sido glorificado en él, Dios también le glorificará en sí mismo. Y le glorificará pronto.
Hijos míos, ya poco tiempo voy a estar con vosotros. Vosotros me buscaréis, y, lo mismo que les dije a los judíos, que a donde yo voy vosotros no podéis venir, os digo también ahora a vosotros.
Os doy un mandamiento nuevo: que os améis los unos a los otros. Que, como yo os he amado, así os améis también vosotros los unos a los otros.
En esto conocerán todos que sois discípulos míos: si os tenéis amor los unos a los otros.
Notamos sobre todo la ejemplaridad de los discípulos. Todos los hombres son amados y son invitados a entrar en la comunidad de quienes creen en el amor del Padre y de Jesús, pero, para que sea anunciada y se realice esta universalidad del amor, es necesario que los que ya creen, los discípulos, se quieran entre sí, ofreciendo un ejemplo y una profecía de la caridad. Jesús confirma esta intuición en la oración con la que concluyen los discursos de la última cena (17, 20-21).
Con un lenguaje sintético y un poco técnico, podemos decir que Juan, sobre el fondo teológico de la caridad (el amor del prójimo se funda en el amor de Dios) y sobre el fondo antropológico (el prójimo es todo hombre) que ya nos han recordado los evangelios sinópticos, precisan la dimensión cristológica (los discípulos debe amarse “como” Jesús ha amado), eclesiológica (el amor de los discípulos dentro la comunidad llega a ser profecía para el mundo) y trinitaria (la unidad del Padre y del Hijo, es fundamente y modelo de la unidad de los discípulos).
El Nuevo Testamento ilustra la inagotable riqueza de la palabra de Jesús, mostrando como ella llega a ser fuente de vida nueva en la historia concreta de las primeras comunidades cristianas.
3.- El libro de los Hechos. La comunidad primitiva:
Considerando la vida de los primeros cristianos desde el punto de vista de la caridad, viene a la mente el hecho notable de la comunión de bienes practicada por la comunidad de Jerusalén.
Este hecho se valora en su inmediata y realista relevancia sociológica, es decir en su capacidad de cambiar las cosas, de resolver los problemas de la pobreza, de prefigurar una sociedad nueva. Comporta sin embargo, otros aspectos que le dan una interpretación más profunda.
Notamos, ante todo, que este gesto de caridad se presenta junto con otros dones del Señor, u otras forma de presencia de Jesús en la comunidad. En dos párrafos del libro de los Hechos de los Apóstoles en los que describe la comunión de bienes (2, 42-47; 4, 33-37) la caridad está relacionada con la oración, con la escucha de la palabra de los apóstoles, con la fracción del pan, con los milagros, con el gozo. Esta no es simple iniciativa social, sino don de Dios, presencia de Jesús, expresión de la fe en el resucitado.
La primera comunidad cristiana (Hch. 2, 42-47) se mantenían constantes en la enseñanza de los apóstoles, en la comunión, en la fracción del pan y en las oraciones. Pero el temor se apodera de todos, pues los apóstoles realizan muchos prodigios y signos.
Todos los creyentes vivían unidos y tenían todo en común; vendían sus posesiones y sus bienes y lo repartían entre todos, según la necesidad de cada uno.
Acudían al Templo todos los días con perseverancia y con un mismo espíritu, partían el pan en las casas y tomaban el alimento con alegría y sencillez de corazón, alabando a Dios y gozando de la simpatía de todo el pueblo. El Señor agregaba al grupo a los que se habían de salvar.
(Hch. 4, 33-37):
La multitud de los creyentes tenía un solo corazón y una sola alma. Nadie consideraba sus bienes como propios, sino que todo lo tenían ellos en común.
Los apóstoles daban testimonio de la resurrección del Señor Jesús con gran poder. Y gozaban todos de gran simpatía.
No había entre ellos ningún necesitado, porque todos los que poseían campos o casas los vendían, traían el importe de las ventas, y lo ponían a los pies de los apóstoles, y se repartía a cada uno según su necesidad.
Además es un gesto libre. Nadie está obligado a hacerlo. Lo sostiene incluso Pedro a Ananías que había vendido un campo, pero había mentido al entregar a los apóstoles lo recabado (Hech. 5, 3-4).
Pedro le dijo: “Ananías, ¿cómo es que Satanás se adueñó de tu corazón para mentir al Espíritu Santo y quedarte con parte del precio del campo? ¿Es que no era tuyo mientras lo tenías, y, una vez vendido, no podías disponer del precio? ¿Por qué determinaste en tu corazón hacer esto? No has mentido a los hombres, sino a Dios”.
Todo esto nos lleva a establecer una relación dinámica entre la caridad y el gesto de la comunión de bienes. La caridad es más grande que cualquier gesto, es obediencia al Señor es celebración del Resucitado en la Palabra y en la Eucaristía, y gozo por la perenne presencia de Jesús en medio de los suyos.
4.- San Pablo:
Pero la caridad tiende también a lo concreto, buscar hacer todo lo que es posible de vez en vez, para manifestar también en el campo social la vida nueva de los creyentes, y el gesto de la comunión de bienes, es precisamente un signo concreto, manifestación profética y libre de las riquezas de la caridad.
Encontramos una relación dinámica entre la caridad y los gestos de amor fraterno en el epistolario de Pablo y San Juan.
En las cartas de Pablo es frecuente la descripción de la vida cristiana como concreta vida de caridad. Es interesante notar que, para designar la vida de caridad, Pablo usa la palabra “ofrenda”, “sacrificio” y otras, es decir, las palabras del lenguaje cultual. Basten dos ejemplos:
En la carta a los Romanos (12, 1-2):
Os exhorto, pues hermanos, por la misericordia de Dio, que os ofrezcáis a vosotros mismos como un sacrificio vivo, santo, agradable a Dios: tal será vuestro culto espiritual y no os acomodéis al mundo presente, antes bien trasformaos mediante la renovación de vuestra mente, de forma que podáis distinguir cual es la voluntad de Dios: lo bueno, lo agradable, lo perfecto.
Pablo comienza a describir la vida cristiana como respuesta a la iniciativa de Dios presentada en los capítulos precedentes a la carta. Así escribe. “Dios ha manifestado su misericordia hacia nosotros. Los exhorto, por lo tanto a ofrecerse ustedes mismos a Dios como sacrificio viviente, delicado y agradable. Este es el verdadero culto que le deben. No se acomoden a la mentalidad del mundo, sino déjense transformar por Dios, con un cambio completo de vuestra mente. Serán así capaces de entender cual es la voluntad de Dios, es decir, lo que es agradable a él, lo perfecto”. Pablo, después, continúa dando indicaciones concretas, puntuales, sobre el modo de ejercer la caridad fraterna.
En la carta a los Efesios, Pablo dedica los primeros tres capítulos a anunciar el lugar central de Cristo en el diseño del amor que Dios tiene sobre la humildad. Con el capítulo el apóstol presenta la vida cristiana como adhesión a Cristo y al diseño de Dios.
Os exhorto, pues, yo, prisionero del Señor, a que viváis de una manera digna de la vocación con que habéis sido llamados, con toda humanidad, mansedumbre y paciencia soportándoos unos con otros por amor, poniendo empeño en conservar la unidad del espíritu con el vínculo de la paz. (Ef 4, 1-3).
Pablo continua después describiendo la vida de los creyentes en Cristo y las formas concretas del ejercicio de la caridad. En medio de la descripción dice:
Sed amables entre vosotros, compasivos, perdonándoos mutuamente como os perdono Dios en Cristo... Sed, pues, imitadores de Dios, como hijos queridos, y vivid en el amor como Cristo os amó y se entregó por nosotros como oblación y victima de suave aroma (Ef 4, 32-5,2).
Por lo tanto, la vida de Cristo, gastada en el amor, y la vida de los cristianos, hecha como la de Cristo, son el verdadero culto agradable.
Esto significa sobre todo que el culto es tarea de toda la vida y que son importantes las concretas obras de caridad, realizadas en la existencia cotidiana. Significa también que la vida es un culto: las obras concretas de caridad se enmarcan en un camino de obediencia a Dios, de escucha de la Palabra, de búsqueda de su voluntad, de adhesión a Cristo que ha revelado y realizado plenamente las voluntad del Padre.
Esta versión de caridad inspira el famoso himno de la caridad en el capítulo 13 de la primera Carta a los Corintios. Este se compone de tres estrofas:
HIMNO A LA CARIDAD
Primera estrofa (vv. 1-3):
¡Aspirad a los carismas superiores! Y aun os voy a mostrar un camino más excelente.
Aunque hable las lenguas de los hombres y de los ángeles, si no tengo caridad, soy como bronce que suena o címbalo que retiñe. Aunque tenga el don de la profecía y conozca todos los misterios y toda la ciencia; aunque tenga la plenitud de la fe para trasladar montañas, si no tengo caridad, nada, soy. Aunque reparta todos mis bienes, y entregue mi cuerpo a las llamas, si no tengo cardad, nada me aprovecha.
Segunda estrofa (vv. 4-7):
La caridad es paciente, es amable; la caridad no es envidiosa, no es jactanciosa, no se engríe; es decorosa; no busca su interés; no se irrita; no toma en cuenta el mal; no se alegra de la injusticia; se alegra con la verdad. Todo lo excusa, todo lo cree, todo lo espera, todo lo soporta.
Tercera estrofa (vv. 8-13):
La caridad no acaba nunca. Desaparecerán las profecías, Cesarán las lenguas. Desaparecerá la ciencia. Porque parcial es nuestra ciencia y parcial es nuestra profecía. Cuando venga lo perfecto desaparecerá lo parcial. Cuando yo era niño hablaba como niño, pensaba como niño, razonaba como niño, al hacerme hombre, deje todas las cosas de niño. Ahora vemos en un espejo, en una enigma, pero entonces conoceré como soy conocido.Ahora subsisten la fe, la esperanza y la caridad, estas tres pero la mayor de ellas es la caridad.
1ª. La estrofa (vv 1-3): distingue la caridad de los gestos realizados en servicio de los demás: los dones de lenguas, de profecías, de ciencia, de milagros, sin la caridad no valen nada. Distribuir los propios bienes a los pobres, y entregar el propio cuerpo a las llamas, sin caridad no son nada. La caridad es más grande que todo esto. No consiste en la simple ejecución de un gesto, aunque sea espléndido y costoso.
2ª. Estrofa (4-7) describe las multiformes manifestaciones de la caridad. Esta sobrepasa cualquier gesto y actitud, tiende a suscitar una siempre nueva variedad de actitudes y gestos. Pablo insiste particularmente sobre algunas orientaciones fundamentales que ponen a toda la persona en estado de acogida, de disponibilidad, de perdón, de paciencia, de atención premorosa y activa, de comprensión , de confianza, de esperanza. La caridad no es un camino unidireccional, sino un interior sentido de la orientación, que permite de vez en vez tomar la dirección justa.
3ª. Estrofa (vv.8-13) intenta decir lo indecible: la caridad es vivir sobre esta tierra, donde todo es parcial huidizo, el bien pleno e insuperable que es el amor de Dios, el verlo cara a cara, el conocerlo como él nos conoce. La caridad es la suprema, sorprendente, renovación de nuestra humanidad y de la humanidad de todo hermano, fruto de nuestro abandono en los brazos paternos de Dios.
5.- Cartas de San Juan
La primera carta de Juan quiere responder a la pregunta: ¿quién es el verdadero cristiano? Se presentan algunas señales distintivas del cristiano que se sintetizan en la caridad, pero ¿qué es la caridad? Es más grande que nosotros. Nos precede siempre. Es iniciativa de Dios que nos ha amado y continúa a amarnos primero, mandándonos a Jesús, el Unigénito, y dándonos al Espíritu Santo . La caridad es Dios mismo. Por otro lado la caridad exige llegar a ser concreta en le amor a los hermanos.
1 Jn 3, 16-18:
En esto hemos conocido lo que es el amor: en que él dio su vida por nosotros. También nosotros debemos dar la vida por los hermanos. Si alguno que posee bienes del mundo, ve a su hermano que esta necesitado y le cierra sus entrañas, ¿cómo puede permanecer en el amor de Dios? Hijos míos, No amemos de palabra ni con la boca, sino con las obras y según la verdad.
1 Jn 4,10-12.19-20:
En esto consiste el amor: no en que nosotros hayamos amado a Dios, sino en que él nos amó y nos envió a su Hijo como víctima de expiación por nuestros pecados. Queridos, si Dios nos ha amado de esta manera, también nosotros debemos amarnos unos a otros.
A Dios nadie le ha visto nunca. Si nos amos unos a otros, Dios mora en nosotros y su amor ha llegado en nosotros a la perfección.
Nosotros amamos, porque él nos amó primero.
Si alguno dice: “ Yo amo a Dios”, y odia a su hermano, es un mentiroso; pues quien no ama a su hermano, a quien ve, no puede amar a Dios a quien no ve.
1 Jn 5 ,1-2:
Todo el que cree que Jesús es el Cristo ha nacido de Dios; y todo el que ama a aquél que da el ser amará también al que a nacido del él: en esto conocemos que amamos a los hijos de Dios: si amamos a Dios y cumplimos sus mandamientos .
La caridad se extiende entre el misterio de Dios y la historia de los hombres. Hunde sus raíces en el misterio y produce frutos siempre nuevos en la historia.
[1] Merlos A. Francisco, “Pastoral del Futuro”, Palabra Ediciones, México 2001, pp. 57
[2] Mons. De Gasperín Gasperín Mario “La Pastoral Bíblica en la Pastoral de Conjunto”, Comisión Episcopal Bíblica, México, D. F.
[3] Cardenal Mons. Rodríguez Maradiaga Oscar, “El compromiso socio – político de las Comunidades Eclesiales”, Arquidiócesis de Panamá, Semana de Pastoral 2003, pp. 80-84. 100
[4] P. González Alarcón Pablo Héctor, M.S.P.S., “Sembrar la fe en al vida”, Ediciones DABAR, México julio 1998