“Elementos básicos de la Biblia para la Pastoral Social en el marco de la Pastoral de conjunto”

Lic. Cirilo Olvera



 [Página principal ABM]    [Índice ponencias 2005]

 

INTRODUCCION


El ministerio pastoral de la Iglesia nace naturalmente de la Palabra de Dios, pero también brota del obrar pastoral de Jesús, que se entrega de lleno a revelar los misterios del Reino con su palabra y con su vida.  Si la pastoral desea conservar su autenticidad tiene que mirar continuamente al pastoreo de Jesús para confrontarse permanentemente con Él y nunca perder su rumbo [1]   .
La Sagrada Escritura “es como un espejo en el que la Iglesia peregrina en la tierra contempla a Dios”  DV7, y, al conocerlo, aunque sea imperfectamente, aprende a conocerse y a comprender su propia vida a la luz del actuar de Dios. Es así como la Escritura nos brinda la clave interpretativa que nos abre el sentido de la propia vida y de la historia humana. Es como la representación del Gran Teatro del Mundo mirando con los ojos misericordiosos de Dios. Inclusive el A.T., pues, “aunque contenga también algunas cosas imperfectas y adaptadas a su tiempo, demuestra, sin embargo, la verdadera pedagogía divina..., expresa el sentimiento vivo de Dios y una sabiduría salvadora sobre la vida del hombre”  DV 16.
Toda acción pastoral se realiza en un lugar y tiempo determinados, en beneficio de personas o respondiendo a situaciones particulares. Actualiza la salvación de Dios en el  “hoy”  de la historia.  En este campo corresponde a la Pastoral Bíblica (PB), una responsabilidad particular ya que dispone de manera directa y privilegiada de la luz y de la fuerza de la Palabra de Dios.
En el AT tenemos la salvación realizada por Dios en  favor de su pueblo; esta salvación llegó a su plenitud en Cristo y se continúa en la vida de la Iglesia.  Esta continuidad de la salvación no se hace presente de modo espontáneo o automático, sino que requiere de la mediación humana en un lugar y tiempo determinados.  Este modo de actuar de Dios crea en el pueblo una “mentalidad”  propia, que generalmente recoge un “profeta” es hombre de Dios y, con esta experiencia, anuncia nuevos hechos salvadores.  El éxodo del pueblo de Dios de Egipto sirvió al profeta Isaías para interpretar nuevos hechos salvadores de Dios y preparar el éxodo babilónico; ambos sirvieron a Jesucristo para anunciar su éxodo pascual, que en el modelo sobre el cual la Iglesia interpreta su peregrinar hacia el Padre.
 Corresponde a la PB tener un ojo avizor y servir de advertencia al pueblo de Dios.  Ese discernir con signos de los tiempos exige estar atentos a las embestidas del poder del mal, al mysterium iniquitahs, que aflora constantemente por doquier, para denunciarlo y combatirlo.
 A diferencia de cualquier otra religión, la revelación bíblica está marcada y centrada en un hecho histórico concreto, una intervención gratuita de Dios en el acontecer humano, en una irrupción de Dios en la vida de una comunidad o de una persona que la marca de por vida.  Israel será para siempre el Pueblo de Dios y Yahvé será el Dios de Israel. Los destinos se cruzan para siempre en la alianza.
El evangelio reclama según dones, no menos lectores o admiradores [2] .
La pastoral social, es una dimensión de la pastoral que trata de responder a los desafíos que provienen de la vida común, ordinaria de los ciudadanos o de los criterios. Es aquella que parte de la opción evangélica y preferencial por los pobres, actuando en varios frentes.
Esa inquietud social solo alcanza el objetivo de pastoral en la medida que tenga como fuente el evangelio y como parte integral la tarea evangelizadora de la Iglesia [3] .
El valor ético de la solidaridad se traduce en términos de fidelidad al mismo Dios y fundamenta la relación que existe entre evangelización y promoción humana.
El fundamento de la P. Social es la coherencia que debe existir entre la proclamación de fe y el estilo de vida cotidiana.
 “La palabra se hizo carne”:  Es aquí  donde vemos la convergencia clara y precisa de la Palabra de Dios y la realidad humana.
Ni la Pastoral  Bíblica  ni la Pastoral Social son toda la vida de la Iglesia, pero deben estar como una dimensión en todas las actividades eclesiales.  No pueden ser tarea de unos cuantos voluntarios de entre todos los comprometidos en la Iglesia [4] .
 TEXTOS DEL NUEVO TESTAMENTO QUE FUNDAMENTAN LA PASTORAL SOCIAL (DE CARIDAD)
1.-  Los evangelios sinópticos:
 Jesús ha sintetizado su pensamiento respondiendo a la pregunta de un maestro de la ley  acerca del mandamiento más grande.  El episodio es narrado por Mt 22, 34-39, Marcos 12, 28-34, Lc. 10, 25-28.

El mandamiento principal:

Mas los fariseos, al enterarse que había tapado la boca a los saduceos, se reunieron en   grupo,   y uno de ellos le preguntó con ánimo de ponerle a prueba:  “Maestro, ¿cuál es el mandamiento mayor de la Ley?”  Él le dijo: “Amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma y con toda tu mente.  Este es el mayor y el primer mandamiento.  El segundo es semejante a éste: Amarás a tu próximo como a ti mismo.

Conocemos todas las respuestas de Jesús: el mandamiento más grande es amar a Dios y amar al próximo. Con estas palabras Jesús recuerda algunos pasajes del A. T.  Leemos por ejemplo, en el libro del Deuteronomio (6, 4-5):
Escucha, Israel: Yahvé nuestro Dios es el único Yahvé.  Amarás a Yahvé tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma y con todas tus fuerzas.
 Y en el Levítico (19, 17-18):
No odies en tu corazón a tu hermano, pero corrige a tu próximo, para que no te cargues con un pecado por su causa.  No te vengarás ni guardarás a los hijos de tu pueblo. Amarás a tu próximo. Yo, Yahvé.
 Mientras recuerda la ley antigua, Jesús, introduce dos importantes novedades:
 La primera es la unión de los mandamientos.  Para Jesús la caridad es un hecho complejo y articulado.  Hunde sus raíces en una dedicación sin reservas a Dios, al proyecto de amor que Él tiene sobre los hombres.  La manifestación visible y dinámica de esta confianza es la dedicación a todo hombre, considerado como hermano, prójimo, otro sí mismo. Separar o simplificar los diversos aspectos del evento unitario que es la caridad, significa hacer valer nuestra perspectiva estrecha contra los inmensos horizontes abiertos por la mirada de Jesús.
La segunda novedad  es la sorprendente y revolucionaria concepción del prójimo. Solo el evangelista Lucas pone sobre los labios del maestro de la ley la segunda pregunta ¿quien es mi próximo? Jesús responde narrando la parábola del buen samaritano.  El prójimo no existe antes. Prójimo se llaga a ser. Prójimo no es quien tiene conmigo desde antes relaciones de sangre, de raza, de negocios, de afinidad psicológica. Prójimo llego a ser  yo mismo en el acto en el que, delante de un hombre, incluso forastero o enemigo, decido dar un paso que me hace cercano, que me aproxima.
Es importante notar la relación entre las dos novedades introducidas por Jesús. El amor por el hombre nace de la dedicación a Dios, manifiesta la confianza en la voluntad de Dios.  Pero Dios es el Padre de todos, por esto, quien está enraizado en el amor de Dios mira y se acerca a todo hombre, creando vínculos nuevos de proximidad y supera las barreras de la raza, de la clase social, de la mentalidad diversa, de la diversa pertenencia religiosa.
Una concreta ejemplificación de esta novedad se puede encontrar en el llamado  Sermón de la Montaña  (Mateo 5-7) que describe la vida del discípulo que, precisamente porque ha encontrado el reino de los cielos, es decir, la bondad, la misericordia del Padre de Jesús, vive una vida de caridad, que cumple y supera la antigua ley.  El modelo de discípulo es el amor mismo del Padre: “Sean perfectos, así  como vuestro Padre celestial es perfecto” (Mt 5, 48).
En el corazón del sermón de la montaña está el Padre Nuestro, la oración de los hijos de Dios (Mt 6, 9-13).  De aquí toda una gama de gestos concretos y de actitudes de amor que se describen con abundante y estimulante ejemplificación.  Son ejemplo de amor intenso hacia todos, incluso hacia los enemigos, que conmueven incluso a quienes no creen en Jesús como hijo de Dios, pero lo consideran un gran maestro de humanidad.
2.- El evangelio de Juan:
Otras profundizaciones se encuentran en le evangelio de Juan.  Este nos recuerda las preguntas del maestro de la ley y sus respuestas. Pero en   Jn 13, 31-35 consigna el mandamiento nuevo dado por Jesús a sus discípulos durante la ultima cena. Cuando salió Judas, dice Jesús:
Ahora ha sido glorificado el Hijo del hombre y Dios ha sido glorificado en él. Si Dios ha sido glorificado en él, Dios también le glorificará en sí mismo. Y le glorificará pronto.
Hijos míos, ya poco tiempo voy a estar con vosotros. Vosotros me buscaréis, y, lo mismo que les dije a los judíos, que a donde yo voy vosotros no podéis venir, os digo también ahora a vosotros.
Os doy un mandamiento nuevo: que os améis los unos a los otros. Que, como yo os he amado, así os améis también vosotros los unos a los otros.
En esto conocerán todos que sois discípulos míos: si os tenéis amor los unos a los otros.
Notamos sobre todo la ejemplaridad de los discípulos.  Todos los hombres son amados y son invitados a entrar en la comunidad de quienes creen en el amor del Padre y de Jesús, pero, para que sea anunciada y se realice esta universalidad del amor, es necesario que los que ya creen, los discípulos, se quieran entre sí, ofreciendo un ejemplo y una profecía de la caridad. Jesús confirma esta intuición en la oración con la que concluyen los discursos de la última cena  (17, 20-21).
Con un lenguaje sintético y un poco técnico, podemos decir que Juan, sobre el fondo teológico de la caridad (el amor del prójimo se funda en el amor de Dios) y sobre el fondo antropológico (el prójimo es todo hombre) que ya nos han recordado los evangelios sinópticos, precisan la dimensión cristológica  (los discípulos debe amarse “como” Jesús ha amado),  eclesiológica  (el amor de los discípulos dentro la comunidad llega a ser profecía para el mundo) y trinitaria  (la unidad del Padre y del Hijo, es fundamente y modelo de la unidad de los discípulos).
 El Nuevo Testamento ilustra la inagotable riqueza de la palabra de Jesús, mostrando como ella llega a ser fuente de vida nueva en la historia concreta de las primeras comunidades cristianas.
3.- El libro de los Hechos. La  comunidad primitiva:
 Considerando la vida de los primeros cristianos desde el punto de vista de la caridad, viene a la mente el hecho notable de la comunión de bienes practicada por la comunidad de Jerusalén.
 Este hecho se valora en su inmediata y realista relevancia sociológica, es decir en su capacidad de cambiar las cosas, de resolver los problemas de la pobreza, de prefigurar una sociedad nueva.  Comporta sin embargo, otros aspectos que le dan una interpretación más profunda.
 Notamos, ante todo, que este gesto de caridad se presenta junto con otros dones del Señor, u otras forma de presencia de Jesús en la comunidad.  En dos párrafos del libro de los Hechos de los Apóstoles en los que describe la comunión de bienes (2, 42-47;  4, 33-37) la caridad está relacionada con la oración, con la escucha de la palabra de los apóstoles, con la fracción del pan, con los milagros, con el gozo.  Esta no es simple iniciativa social, sino don de Dios, presencia de Jesús, expresión de la fe en el resucitado.

 La primera comunidad cristiana (Hch. 2, 42-47) se mantenían constantes en la enseñanza de los apóstoles, en la comunión, en la fracción del pan y en las oraciones. Pero el temor se apodera de todos, pues los apóstoles realizan muchos prodigios y signos.
Todos los creyentes vivían unidos  y tenían todo en común;  vendían sus posesiones y sus bienes y lo repartían entre todos, según la necesidad de cada uno.
Acudían  al Templo todos los días con perseverancia y con un mismo espíritu, partían el pan en las casas y tomaban el alimento con alegría y sencillez de corazón, alabando a Dios y gozando de la simpatía de todo el pueblo.  El Señor agregaba al grupo a los que se habían de salvar.
(Hch. 4, 33-37):
La multitud de los creyentes tenía un solo corazón y una sola alma.  Nadie consideraba sus bienes como propios, sino que todo lo tenían ellos en común.
 Los apóstoles daban testimonio de la resurrección del Señor Jesús con gran poder. Y gozaban todos de gran simpatía.
 No había entre ellos ningún necesitado, porque todos los que poseían campos o casas los vendían, traían el importe de las ventas, y lo ponían a los pies de los apóstoles, y se repartía a cada uno según su necesidad.
 Además es un gesto libre.  Nadie está obligado a hacerlo.  Lo sostiene incluso Pedro a Ananías que había vendido un campo, pero había mentido al entregar a los apóstoles lo recabado (Hech. 5, 3-4).
Pedro le dijo:  “Ananías, ¿cómo es que Satanás se adueñó de tu corazón para mentir al Espíritu Santo  y quedarte con parte del precio del campo?  ¿Es que no era tuyo mientras lo tenías, y, una vez vendido, no podías disponer del precio?  ¿Por qué determinaste en tu corazón hacer esto? No has mentido a los hombres, sino a Dios”.
Todo esto nos lleva a establecer una relación dinámica entre la caridad y el gesto de la comunión de bienes.  La caridad es más grande que cualquier gesto, es obediencia al Señor es celebración del Resucitado en la Palabra y en la Eucaristía, y gozo por la perenne presencia de Jesús en medio de los suyos.
4.-  San Pablo:
Pero la caridad tiende también a lo concreto, buscar hacer todo lo que es posible de vez en vez, para manifestar también en el campo social  la vida nueva de los creyentes,  y el gesto de  la  comunión  de bienes,  es  precisamente  un  signo concreto,  manifestación  profética  y  libre  de las  riquezas  de la  caridad.

Encontramos  una  relación dinámica  entre  la caridad  y  los  gestos  de  amor  fraterno  en  el  epistolario  de  Pablo   y  San  Juan.
En las  cartas de  Pablo  es  frecuente  la  descripción  de la  vida   cristiana  como  concreta vida  de  caridad.  Es  interesante  notar  que,  para  designar  la  vida de caridad,  Pablo  usa  la  palabra  “ofrenda”,  “sacrificio”  y  otras, es  decir,  las  palabras del  lenguaje cultual.  Basten  dos  ejemplos:
En la  carta  a los  Romanos  (12, 1-2):
Os  exhorto, pues  hermanos,  por  la  misericordia  de  Dio, que   os  ofrezcáis  a vosotros  mismos  como  un  sacrificio  vivo, santo,  agradable  a Dios:  tal  será vuestro  culto espiritual   y  no  os acomodéis  al  mundo  presente, antes  bien trasformaos  mediante   la  renovación  de   vuestra  mente, de  forma  que  podáis  distinguir  cual  es  la  voluntad  de  Dios:  lo  bueno,  lo agradable, lo perfecto.
Pablo  comienza  a  describir   la  vida  cristiana  como  respuesta  a  la   iniciativa  de  Dios   presentada  en los  capítulos  precedentes a  la  carta. Así  escribe.  “Dios  ha  manifestado  su  misericordia  hacia  nosotros.  Los  exhorto,  por lo  tanto  a  ofrecerse  ustedes  mismos  a Dios  como  sacrificio  viviente,   delicado  y  agradable.  Este  es  el verdadero  culto   que  le deben.  No se acomoden a  la  mentalidad del  mundo, sino  déjense  transformar  por  Dios,  con  un  cambio  completo de  vuestra   mente. Serán  así  capaces  de  entender  cual es  la  voluntad de  Dios,  es  decir,  lo  que  es  agradable  a  él,  lo perfecto”.  Pablo, después,  continúa   dando   indicaciones   concretas, puntuales, sobre el  modo  de  ejercer  la  caridad  fraterna.
En  la  carta  a los  Efesios, Pablo dedica  los   primeros  tres  capítulos  a  anunciar el lugar  central de  Cristo  en el diseño del amor  que  Dios  tiene  sobre  la  humildad.  Con   el capítulo el apóstol presenta la  vida cristiana  como adhesión a Cristo y  al diseño de Dios.
Os  exhorto, pues, yo, prisionero del Señor, a  que  viváis  de  una  manera  digna  de  la  vocación con que  habéis  sido llamados, con  toda  humanidad, mansedumbre  y  paciencia soportándoos  unos  con otros  por  amor, poniendo empeño  en conservar  la  unidad  del espíritu  con el   vínculo de  la  paz.  (Ef 4, 1-3).
Pablo  continua   después  describiendo  la   vida de  los creyentes  en Cristo y las  formas  concretas del ejercicio de  la  caridad. En  medio de la  descripción dice:
Sed  amables  entre  vosotros, compasivos, perdonándoos  mutuamente     como  os  perdono  Dios en  Cristo... Sed,  pues, imitadores  de  Dios, como  hijos  queridos,  y  vivid  en  el amor  como Cristo os  amó  y se  entregó por  nosotros como oblación y victima  de  suave  aroma (Ef 4, 32-5,2).
Por  lo tanto, la vida de  Cristo,  gastada  en el amor, y la  vida de  los cristianos, hecha  como la de Cristo, son el  verdadero culto agradable.
Esto  significa sobre  todo  que  el culto  es  tarea  de  toda  la  vida  y  que  son  importantes  las  concretas  obras  de  caridad,   realizadas   en  la  existencia   cotidiana.  Significa  también  que   la  vida  es  un culto:  las  obras  concretas de  caridad   se  enmarcan  en  un camino  de   obediencia  a Dios,   de  escucha  de  la  Palabra,  de  búsqueda   de  su  voluntad, de  adhesión  a  Cristo  que   ha  revelado  y  realizado  plenamente  las  voluntad del Padre.
Esta   versión de caridad  inspira  el  famoso  himno  de  la caridad  en  el  capítulo  13  de  la  primera  Carta  a  los  Corintios. Este  se   compone  de  tres estrofas:
HIMNO A LA CARIDAD 
Primera estrofa (vv. 1-3):
¡Aspirad a  los  carismas  superiores! Y  aun  os  voy a  mostrar  un  camino más excelente.
Aunque   hable  las  lenguas  de  los  hombres  y  de  los  ángeles, si  no tengo  caridad, soy  como  bronce que  suena  o  címbalo  que  retiñe. Aunque  tenga  el don de  la profecía  y  conozca  todos   los  misterios  y toda  la  ciencia; aunque tenga  la  plenitud  de  la  fe  para  trasladar  montañas, si no tengo  caridad, nada, soy. Aunque  reparta  todos  mis  bienes, y  entregue  mi cuerpo  a  las  llamas,  si  no  tengo  cardad,  nada   me  aprovecha.
Segunda estrofa (vv. 4-7):
La  caridad  es  paciente, es  amable;  la  caridad  no  es  envidiosa,  no  es  jactanciosa,  no  se  engríe;  es  decorosa;  no  busca   su   interés;  no  se  irrita;  no  toma  en cuenta el  mal;  no se  alegra de la  injusticia; se  alegra  con  la  verdad. Todo  lo  excusa, todo  lo  cree, todo  lo  espera, todo lo soporta.
Tercera estrofa (vv. 8-13):
La  caridad  no  acaba  nunca. Desaparecerán las  profecías, Cesarán  las  lenguas. Desaparecerá  la  ciencia.  Porque parcial es   nuestra  ciencia  y parcial es  nuestra profecía.  Cuando  venga  lo perfecto  desaparecerá  lo  parcial.  Cuando  yo era  niño  hablaba  como  niño,  pensaba  como   niño,  razonaba  como  niño, al  hacerme  hombre,  deje  todas  las  cosas   de  niño. Ahora  vemos  en  un espejo, en una   enigma,  pero  entonces   conoceré  como soy  conocido.Ahora   subsisten  la  fe, la  esperanza  y la   caridad, estas  tres  pero la mayor  de  ellas es la  caridad.

1ª.  La   estrofa (vv 1-3):  distingue  la  caridad  de  los  gestos   realizados  en servicio  de   los  demás: los  dones   de   lenguas, de  profecías,  de ciencia, de  milagros,  sin  la  caridad  no  valen  nada.  Distribuir  los  propios  bienes   a  los  pobres,  y  entregar  el  propio  cuerpo a   las  llamas,  sin  caridad  no  son  nada.   La  caridad es   más   grande   que   todo   esto.  No   consiste   en  la   simple   ejecución de  un  gesto,  aunque   sea  espléndido  y  costoso.
2ª. Estrofa (4-7) describe  las   multiformes  manifestaciones  de  la  caridad.   Esta   sobrepasa   cualquier  gesto  y  actitud,   tiende  a  suscitar  una  siempre  nueva  variedad  de  actitudes   y  gestos.  Pablo  insiste  particularmente  sobre    algunas  orientaciones  fundamentales  que  ponen a  toda   la  persona   en estado de  acogida,  de  disponibilidad, de  perdón, de  paciencia,   de   atención   premorosa  y  activa,  de   comprensión , de  confianza,  de  esperanza.  La   caridad   no es  un  camino  unidireccional,  sino  un  interior  sentido de  la  orientación,  que  permite  de vez  en vez  tomar  la  dirección  justa.
 3ª. Estrofa (vv.8-13)  intenta  decir  lo  indecible: la  caridad  es  vivir  sobre  esta  tierra, donde  todo es  parcial  huidizo,  el  bien  pleno e  insuperable  que  es  el  amor  de Dios,  el  verlo  cara  a cara,   el  conocerlo  como él  nos  conoce.  La  caridad es  la   suprema, sorprendente, renovación  de  nuestra  humanidad   y  de  la  humanidad  de   todo  hermano,  fruto  de  nuestro  abandono  en  los  brazos  paternos  de  Dios.
5.-  Cartas  de  San  Juan
La  primera   carta  de  Juan  quiere   responder  a  la  pregunta: ¿quién  es  el  verdadero  cristiano?  Se  presentan algunas   señales   distintivas   del  cristiano  que  se  sintetizan  en  la   caridad,  pero ¿qué  es  la caridad? Es  más  grande  que  nosotros.  Nos  precede  siempre.  Es  iniciativa  de   Dios  que  nos  ha  amado   y  continúa a amarnos  primero,  mandándonos  a  Jesús,  el  Unigénito, y  dándonos  al  Espíritu Santo .  La  caridad es Dios  mismo. Por  otro   lado   la  caridad  exige   llegar  a  ser  concreta   en  le   amor   a  los  hermanos.
1 Jn 3, 16-18:
En  esto  hemos  conocido  lo  que  es  el amor: en  que  él  dio  su  vida  por  nosotros. También    nosotros  debemos  dar  la  vida  por  los  hermanos. Si  alguno  que  posee  bienes  del  mundo, ve  a  su  hermano  que  esta  necesitado  y  le  cierra  sus  entrañas, ¿cómo   puede  permanecer  en  el  amor  de Dios? Hijos  míos, No  amemos de  palabra   ni con la boca, sino  con  las  obras  y  según   la  verdad.
 1 Jn  4,10-12.19-20:
 En  esto  consiste  el  amor: no  en  que  nosotros  hayamos  amado a  Dios, sino  en  que  él  nos  amó  y  nos  envió a  su  Hijo como  víctima   de  expiación  por  nuestros  pecados. Queridos, si  Dios  nos  ha  amado de  esta  manera, también  nosotros  debemos   amarnos  unos  a  otros.
A  Dios  nadie   le  ha visto nunca. Si  nos  amos  unos  a otros, Dios  mora  en  nosotros y  su  amor  ha  llegado en  nosotros  a  la   perfección.
Nosotros  amamos, porque  él  nos  amó primero.
Si  alguno  dice:  “ Yo  amo  a Dios”, y  odia  a   su  hermano, es un mentiroso; pues  quien  no ama  a  su  hermano,  a  quien ve, no  puede  amar  a Dios  a  quien  no  ve.
1 Jn  5 ,1-2:
Todo  el  que  cree  que  Jesús  es  el Cristo ha  nacido de Dios; y  todo el  que ama  a  aquél   que  da  el ser amará  también al  que  a  nacido  del  él: en  esto  conocemos  que  amamos a  los  hijos  de  Dios: si  amamos a  Dios y  cumplimos  sus  mandamientos .

La  caridad  se  extiende  entre  el  misterio  de  Dios   y  la  historia  de  los  hombres.  Hunde   sus  raíces  en  el  misterio  y  produce   frutos    siempre   nuevos  en la  historia.


[1] Merlos A. Francisco,  “Pastoral del Futuro”, Palabra Ediciones, México 2001,  pp. 57
[2] Mons. De Gasperín Gasperín Mario “La Pastoral Bíblica en la Pastoral de Conjunto”, Comisión Episcopal Bíblica, México, D. F.
[3] Cardenal Mons. Rodríguez Maradiaga Oscar, “El compromiso socio – político de las Comunidades Eclesiales”, Arquidiócesis de Panamá, Semana de Pastoral 2003, pp. 80-84. 100

[4] P. González Alarcón Pablo Héctor, M.S.P.S., “Sembrar la fe en al vida”, Ediciones DABAR, México julio 1998