“La dimensión social del Evangelio”

P. Dr. Ralf Huning SVD, tercera ponencia:

La dimensión social de los lectores de la Biblia



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1           La cohesión interna de las tres ponencias

En la primera conferencia traté de aclarar la precomprensión que tiene la Iglesia católica de la Biblia como Sagrada Escritura. Subrayé que la Biblia no es idéntica con la Palabra de Dios y que se debe distinguir entre los cuatro evangelios y el Evangelio. La Biblia representa la Palabra de Dios encarnada en la historia humana. Los textos de la Biblia tienen por eso una doble referencia. Por un lado se refieren a la situación histórica en la que vivían el autor y los destinatarios y vienen determinados por la misma. Por otro lado tienen una referencia simbólica a la situación histórica en la que viven los lectores. Lo que une a las dos situaciones bien distintas es la Palabra de Dios o sea la presencia encarnada de Dios en la vida de los hombres. En la segunda ponencia hablé sobre la dimensión social de los textos bíblicos y de la importancia de los acercamientos por las ciencias sociales. En la conferencia de hoy quisiera hablar sobre la dimensión social del Evangelio en cuanto se refiere a los lectores de la Biblia.

 

2           Los tres espacios hermenéuticos de la interpretación de la Biblia en la Iglesia

2.1    Los tres elementos del triángulo hermenéutico de Carlos Mesters

El triángulo hermenéutico de Carlos Mesters está formado por los tres elementos principales que influyen en la lectura de la Biblia: La vida o sea el Pre-Texto, la fe y la comunidad que transmite la fe o sea el Con-Texto y el Texto. Una lectura de la Biblia como Sagrada Escritura debe tener en cuenta los tres elementos. La historia de la interpretación de la Biblia en la Iglesia muestra que hay una tendencia fuerte de absolutizar uno de los elementos mencionados. Durante mucho tiempo había en la Iglesia un dogmatismo del magisterio que negó la importancia de la investigación científica de la Biblia y también la importancia de las experiencias vitales de los lectores. En la actualidad muchos lectores de la Biblia en América Latina practican una lectura fundamentalista o subjetivista que absolutiza el Pre-Texto o sea que no toma en cuenta ni las referencias históricas y culturales del texto ni la tradición diacrónica y sincrónica de la Iglesia. Después de haber sido aceptado por el Magisterio, ahora es la ciencia bíblica la que corre peligro de una hipervaloración. La exégesis historico-crítica no se interesa ni por el Pre-texto, es decir la vida de hoy, ni por el Con-texto, es decir por la tradición diacrónica y sincrónica de la Iglesia. Si la exégesis quiere aportar algo para la interpretación de la Biblia que tiene como meta el escuchar la Palabra de Dios, debe relacionarse con otros miembros de la Iglesia que tienen carismas distintos en la interpretación de la Biblia como Sagrada Escritura.

 

2.2    La exégesis debe tomar en cuenta los tres elementos del triángulo hermenéutico

El triángulo hermenéutico ilumina no solamente el proceso de la interpretación de la Biblia sino también el proceso de la formación de los textos. Los textos nacen como un instrumento de mediación en un conflicto entre la fe y la realidad o sea entre el Con-Texto y el Pre-Texto. Una lectura fructífera del texto tiene como efecto un cambio en el Con-Texto, es decir una adaptación de la fe a los cambios históricos y culturales. Esta fe ayuda a descifrar nuevamente el Pre-Texto como lugar de la presencia de Dios. El texto tiene además una referencia al Pre-Texto, porque ofrece varios modelos de acción.
La exégesis tiene que considerar los tres elementos de la producción de los textos. Una exégesis unilateral se interesa solamente por un elemento y niega la importancia de los demás. Así el estructuralismo solamente se interesa por las estructuras del texto sin preguntar por sus referencias históricas y teológicas. Otro extremo es el dogmatismo que solamente se fija en la teología bíblica entendido como un sistema de verdades eternas. Otro extremo es un sociologismo reductor, que considera los textos solamente como productos condicionados por factores económicos, políticos, ideológicos y sociales. Hay que tomar en cuenta cada elemento sin despreciar la importancia de los demás. Sin embargo no basta tomar en cuenta los tres elementos mencionados en cuanto a la producción de los textos. Los mismos elementos aparecen nuevamente en el acto de la lectura. El Con-Texto y el Pre-Texto de hoy influyen mucho en el acto de la lectura. Por eso los exégetas no pueden dominar todo el proceso de la interpretación. Necesitan el diálogo con otros intérpretes de la Biblia.

 

2.3    La teoría de los espacios hermenéuticos

La interpretación de la Biblia en la Iglesia se hace en tres espacios hermenéuticos, afirma el biblista chileno, Pablo Richard, basándose en el triángulo hermenéutico de Carlos Mesters. Define el espacio hermenéutico como “un lugar institucional, donde se identifica un sujeto intérprete específico, que hace una interpretación determinada de la Biblia, que es propia de ese lugar y diferente de la que se hace en otros lugares hermenéuticos.” Existen dos espacios hermenéuticos ya tradicionales, que son plenamente legítimos y aceptados. Son el espacio litúrgico-magisterial y el espacio académico. A pesar de la aceptación del espacio académico por el Magisterio, aún hay tensiones entre los dos. Desde los comienzos del siglo veinte está naciendo un nuevo espacio hermenéutico en la Iglesia católica que aún no está totalmente aceptado por los sujetos de los demás espacios hermenéuticos: el espacio comunitario. También puede ser llamado el espacio popular o pastoral. Mientras en el espacio litúrgico-magisterial los sujetos principales de la interpretación son el Magisterio, los teólogos y el clero, en el espacio académico lo son los biblistas. En el espacio comunitario los sujetos principales son los lectores populares de la Biblia y entre ellos sobre todo los pobres. Uno de los argumentos centrales de mi tesis doctoral es que la interpretación de la Biblia en la Iglesia se debe hacer en un proceso dialógico que pasa seguidamente por los tres espacios hermenéuticos. Los teólogos y el magisterio, los biblistas y los lectores populares son sujetos principales cada uno sólo en uno de los tres espacios, cada uno en el suyo. Es ahí donde cada uno puede enseñar algo a los otros. En los demás espacios han de escuchar y aprender. En cada espacio hermenéutico se hace un intento de determinar el sentido de los textos leídos. Dentro de un determinado espacio hermenéutico, el sentido hallado parece objetivo y unívoco. Sin embargo no lo es. Cada reconstrucción de un presunto sentido original está influenciado por los intereses y los esquemas mentales del intérprete y de la metodología empleada en la búsqueda de tal sentido. Mencioné ayer cinco obstáculos que impiden una determinación del sentido espiritual de los textos bíblicos. La verdad de los textos o sea su sentido podemos determinarlo solamente como un consensus relativo, que se debe hallar en un diálogo entre los sujetos de los tres espacios hermenéuticos de la interpretación de la Biblia en la Iglesia católica. Como la historia nunca se detiene, se necesita un diálogo permanente. Conoceremos el sentido definitivo de la historia y de los textos solamente en el eschaton.

 

2.4    La historia de la venida de la Palabra de Dios

Antes de profundizar la teoría de los espacios hermenéuticos, quisiera ilustrar el problema de la interpretación de la Biblia en la Iglesia con una historia. El autor de esta historia, Fridolin Stier, fue uno de los más importantes biblistas alemanes del siglo pasado. Fue muy conocido como profesor del Antiguo Testamento en Tubinga, como autor de una traducción extraordinaria del Nuevo Testamento y como fundador de la revista “Internationale Zeitschriftenschau für Bibelwissenschaft und Grenzgebiete” que desde el año 2001 tiene el título “Internacional Review of Biblical Studies”. Su diario, que fue publicado unas semanas antes de su muerte en el año 1981, ha impresionado a mucha gente por su búsqueda honesta de Dios. El 14 de diciembre de 1968 delineó una historia. Esta historia es como un examen de conciencia de un biblista. Stier le dio el título: “La Palabra de Dios vino a la ciudad”:

De repente un rumor apareció por ahí, corrió por la ciudad y no se dejó callar. Las revistas eclesiales previnieron: ¡Que nadie se deje engañar! La Palabra de Dios no puede “venir”, ha llegado ya, mucho antes había llegado. La poseemos en nuestros libros sagrados, disponemos de buenos “expertos” que saben interpretarla para los “laicos”, preparándola para ellos y acomodándola al gusto de ellos.
No obstante, la Palabra de Dios vino a la ciudad. Llamó a la puerta de una mujer cuyo marido era un borracho. La puerta se abre.
“¿Qué quiere Usted?” dijo la mujer, “¡apenas pasó por aquí la asistencia para los alcohólicos! ¿Dime por fin lo que quiere de mi? ¿Quién es Usted?”
La Palabra de Dios: “Me han anunciado, ¿no lo sabe? Soy la Palabra de Dios.”
Mujer: “¡Vaya! ¡Es Usted! Todos vienen a decir algo, palabras, palabras, ¡nada más que palabras! ¡Pero hechos! Nadie los hace.”
La Palabra de Dios: “Pero déjeme entrar, tengo que decirle una palabra muy personal, una palabra que soy yo mismo, en persona. Cuando me escuche a mí, algo pasará  con Usted misma...”

(Continuación: ¿Qué sucedió? Luego visitó a un político cristiano, a un gerente de una empresa, a un médico ... Por fin se la invita a una iglesia.)

Pasó en un domingo. La Palabra de Dios llegó  a la iglesia de la ciudad. El clero le ofreció una acogida solemne. Se le había preparado un trono y la Palabra de Dios se sentó. Se quemó incienso. Después el predicador tomó la palabra alabándola; y agregó, que la Palabra de Dios había hablado en un lenguaje antiguo y que se había valido de la  lengua de los predicadores para hacerse entender por todos. Y así habló sobre la Palabra de Dios, pero la Palabra de Dios misma no tuvo la ocasión de hablar. La gente se dio cuenta, el discurso del predicador les pareció insípido y comenzaron a gritar por la Palabra. ¡La Palabra!, gritaron, ¡la Palabra!
Pero la Palabra de Dios ya no estuvo más en la Iglesia. Había seguido su camino. En el trono se quedó un libro viejo...
Se había dirigido a un doctor de la Palabra de Dios. “Ah, ahí está”, dijo el teólogo. “Le estaba esperando porque tengo que preguntarle algo.”
“Pregunte, no más”, dijo la Palabra de Dios. “Me alegro, pues desde que estoy aquí, es Usted el primero que me quiere hacer una pregunta; los demás hablaron de mi, sobre mi.” “Le pregunto entonces”, dijo el experto de Dios, “¿qué tiene que buscar en mi casa; justamente en mi casa, por ser yo el que le conoce de cabo a rabo? Debo suponer que Usted conoce el tratado que escribí sobre Usted; ¿falta algo?” “Sólo falta algo, lo más importante: ¡Yo! Yo mismo falto. Usted ha investigado sobre mí y ha descubierto una multitud de cosas sobre mí; pero nunca me ha buscado a mí. Usted ha hecho investigaciones detrás de mí, nunca dejó de abordar con valentía los problemas que le presento a Usted y a sus colegas siempre de nuevo y que algunos de ellos los han solucionado prudentemente. Pero siempre que le escucho hablar a Ud. y a sus colegas acerca de mí, acerca de mi origen, de mis formas, de la historia de mi caminar y de la historia de mis efectos, me veo a mí mismo como a un extraño.” - “Extraño, dice, ¿por qué? –“Mire, Usted no me ha 'conocido a mí como yo quiero que se me conozca. No pertenezco a tal clase de cosas de las cuales se puede hablar sin destruirlas con palabras.” –“¿Acaso yo la he destruido con palabras? He buscado la verdad sobre Usted y, como Usted acaba de admitir muy atinadamente,  no le entiendo.” -“Eso es: entiendo que Usted no me entiende, ¡no lo puede! ¡Es que siempre me tiene a mí a tres pasos de distancia! Me convierte en un objeto, me usa a placer; se goza en vencerme con verdades acerca de mí. Pero no me deja acercarme a Usted. Y es eso precisamente lo que quiero yo. Sí, quiero acosarle y a gente como Usted. Usted habla sobre mí, pero yo, la Palabra de Dios, hablo a Usted, hablo dentro de Usted, para eso he venido. Me pregunta qué tendría que buscar en su casa; ahora lo sabe: ¡A Usted! ¡Le busco a Usted! Y si quiere saber más: quiero hablar por medio de Usted.” -“Pero eso sería profecía”, se defendió el hombre, “¿dónde se queda entonces la teología?”  -“Eso es cosa de Usted”, dijo la Palabra de Dios; lo dijo y salió.

En la historia, la Palabra de Dios camina por los tres espacios hermenéuticos. Primero llega al espacio comunitario o espacio popular. Este espacio puede convertirse en un lugar de la lectura bíblica de la gente sencilla. En la historia sin embargo todavía no lo es. La mujer cuyo marido es un borracho rechaza la Palabra de Dios porque piensa que le podría ofrecer meramente palabras. Ella espera a alguien que le ofrezca hechos. Rechaza la Palabra de Dios por un malentendido. Quien ha descubierto que la Palabra de Dios es dabar, es decir Palabra y acción, luz y fuerza, la va a acoger con mucho gusto. La Palabra de Dios va al encuentro de nuestros deseos más profundos. Hay que leer la Biblia no para entender sus palabras extrañas sino para poder descubrir la fuerza de la Palabra de Dios en medio de nuestra vida.
En la narración, la Palabra de Dios entra luego en el espacio litúrgico-institucional. Allí le dan una acogida solemne; un predicador hace una interpretación oficial de la Palabra de Dios. No obstante, ahí no se le deja hablar a la Palabra de Dios. La liturgia y la catequesis reemplazan a la Palabra de Dios. Por eso la gente comienza a quejarse y a gritar por la Palabra. Ellos buscan algo vivo, no sólo una enseñanza sobre verdades eternas.
Por fin la Palabra de Dios entra en el espacio académico. También aquí escuchamos una crítica devastadora. El biblista había investigado muchísimo sobre la forma exterior de la Palabra sin haberse dejado tocar por la Palabra en su interior. Por haber tratado a la Palabra de Dios como un objeto muerto no logró conocer la Palabra en el sentido bíblico.
Vamos a contemplar ahora más de cerca los tres espacios hermenéuticos.

 

2.5    El espacio académico

Los sujetos principales en este espacio hermenéutico son los biblistas. Aquí la Biblia es interpretada científicamente según las reglas de la comunidad científica. La legitimidad de una interpretación se basa en el uso correcto de los instrumentos científicos y en la autoridad de los autores citados. La investigación tiene como primer objetivo la reconstrucción del texto de la Biblia. Otro objetivo es la traducción del texto al lenguaje de hoy. Se toma en serio que los textos surgieron en un mundo distinto del mundo de hoy. Referente a los contextos históricos y culturales de los destinatarios originales y de los lectores de hoy hay un gran abismo. La ciencia bíblica trata de superar este abismo.
El espacio académico es absolutamente necesario para la interpretación de la Biblia en la Iglesia. Los sujetos en los demás espacios, es decir el clero y los teólogos y los lectores populares dependen de la ayuda de la ciencia bíblica. Carlos Mesters comparó el trabajo de los exégetas con el trabajo de técnicos que producen aparatos domésticos. Los últimos tratan de producir aparatos cada vez más complicados y al mismo tiempo tratan de simplificar su uso. Los que usan electrodomésticos normalmente no necesitan entender cómo funcionan. Basta conocer las reglas principales del uso de la máquina. Por eso los técnicos tienen una gran responsabilidad por los efectos causados por sus productos. Análogamente los exégetas tienen que preparar traducciones y comentarios cada vez más refinados que simplifican al mismo tiempo la lectura de la Biblia como Sagrada Escritura. Los lectores populares deben conocer algunos puntos básicos sobre el uso de la Biblia como Sagrada Escritura, pero no necesitan saber leer los textos originales. Sin embargo una traducción no es una transferencia neutral de contenidos. Las estructuras textuales de una traducción hacen posibles unas interpretaciones que no son posibles desde el texto original y al revés impiden ciertas interpretaciones. Por eso los biblistas tenemos una gran responsabilidad por los productos producidos por nosotros. No son solamente las ciencias técnicas las que necesitan una ética científica.
La comparación con la producción de electrodomésticos nos puede enseñar otra cosa importante. Para poder preparar un producto que sea al gusto de los consumidores, se investigan las costumbres de la gente, sus necesidades y deseos y sus experiencias en el uso de electrodomésticos. La exégesis normalmente no se interesa mucho por los receptores de sus productos. Por eso produce un gran conocimiento que se queda en la comunidad científica. Para que su trabajo sea fructífero para la interpretación de la Biblia en la Iglesia, los exégetas deben participar en los demás espacios hermenéuticos o sea en el espacio litúrgico-magisterial y en el espacio comunitario. Los acercamientos por las ciencias sociales no sólo son útiles para conocer el mundo donde nacieron los textos bíblicos, también sirven para la investigación de la vida de los lectores de hoy. No es necesario que los exégetas mismos hagan tales investigaciones. Es la tarea de la teología práctica. Sin embargo los exégetas deberían conocer estas investigaciones. El tener una idea más clara de la vida de los hombres de hoy ayuda mucho para poder percibir más detalladamente la vida de los hombres en la antigüedad. Los biblistas somos gente estudiada que vive una vida bastante tranquila. Mesters sostiene que por eso los biblistas muchas veces producen mapas de la vida con caminos bien rectos. Solamente en la convivencia con los pobres y marginados que caminan por las subidas y bajadas de los senderos de la vida y que conocen las quebradas y las calles sin salida, los biblistas podrían darse cuenta cuan superfluos son las mapas que han bosquejado de la vida.
Los exégetas se entienden a si mismos como defensores de los textos. Su tarea no es tanto descubrir EL sentido histórico de los textos como se había pensado antes. Como expliqué ayer, un descubrimiento objetivo de un presunto sentido original no es posible. Tampoco son ellos los que pueden determinar el sentido actual de los textos. Con la investigación de las estructuras de los textos y de sus referencias históricas y culturales pueden indicar más bien la dirección y los limites de la interpretación. Muchas interpretaciones son posibles, pero no todas son válidas.

 

2.6    El espacio litúrgico-magisterial

Aquí se interpreta la Biblia según las normas litúrgicas y la enseñanza magisterial. Las interpretaciones de la Biblia en la historia de la Iglesia o sea la tradición diacrónica y las interpretaciones que se hacen hoy en las varias iglesias locales o sea la tradición sincrónica forman el primer comentario al texto de la Biblia. Después de la canonización de los textos ya no se inscriben las relecturas en los textos como se hacía durante muchos siglos. Pero tampoco se pierden. Las tradiciones diacrónicas y sincrónicas constituyen la memoria viva de muchas relecturas de los textos. Estas relecturas muestran cómo los textos bíblicos ayudaron a descifrar distintas situaciones históricas y culturales y cómo ayudaron a adaptar la fe a los cambios históricos. Así la tradición de la Iglesia nos enseña las muchas posibilidades de la actualización de los textos canónicos. De la misma manera muestra los límites del uso de la Biblia. La historia de la interpretación de la Biblia es también una historia del abuso de la Biblia por los intereses personales de los lectores. Se ha usado la Biblia para legitimar guerras, la matanza de judíos, lo opresión de indígenas, mujeres o pobres, para mencionar solamente algunos abusos horribles. La lectura de la Biblia en el espacio litúrgico-magisterial es muy necesaria para mostrar los límites de la interpretación de la Biblia. El juicio de la Iglesia es el marco referencial que impide el uso arbitrario de la Biblia. En este contexto es importante notar que Dei Verbum habla en el número 12 sobre “el juicio de la Iglesia” y no sobre el juicio del Magisterio como se puede leer en los borradores o como en la carta enciclica Providentissimus Deus. El Magisterio no es el sujeto del juicio, sino que tiene la tarea de expresar este juicio. El Magisterio tampoco debe cumplir con esta tarea de una manera arbitraria. Tiene que tomar en cuenta las tradiciones diacrónicas y sincrónicas como también las interpretaciones que se hacen en el espacio académico y en el espacio comunitario.
En el espacio litúrgico la Biblia no sólo es interpretada, sino también anunciada. Ayer hablé sobre los obstáculos que impiden que cada Lectio Divina tenga como efecto el escuchar la Palabra de Dios. El primer obstáculo es la libertad de Dios. La Biblia no nos transmite de una manera mágica la Palabra de Dios. Dios queda libre para revelarse a quién, dónde y cuándo quiera. Esto debe hacer patente el uso de la Biblia como Sagrada Escritura en el espacio litúrgico. No se puede dominar  la Palabra de Dios, hay que recibirla como un don. La Palabra de Dios se recibe mediante el servicio de la Iglesia en la mesa de la Palabra de la misma manera como se recibe la Eucaristía en la mesa eucarística. Así se puede experimentar que la Palabra de Dios se encuentra más allá de nuestra subjetividad. Dios está extra nos dijeron los reformadores protestantes.
Es conocido el gran peligro de tener por absoluto el espacio litúrgico-magisterial. La liturgia puede convertirse en un ritualismo y un formalismo muertos. La enseñanza del Magisterio puede convertirse en un dogmatismo ciego. Por eso se debe relacionar el espacio litúrgico-magisterial con los demás espacios hermenéuticos. El Magisterio ha pasado por dos siglos antes de a aceptar la necesidad del espacio académico. Vivimos hoy el proceso de la aceptación del espacio comunitario. En la Dei Verbum y sobre todo en el documento de la Pontificia Comisión Bíblica se han hecho importantes pasos en esta dirección, no obstante hay que aclarar todavía muchos aspectos. Estoy convencido de que las experiencias de Carlos Mesters en las Comunidades Eclesiales de Base en Brasil pueden ayudar bastante en la realización de tal objetivo.

 

2.7    El espacio comunitario

2.7.1 El descubrimiento del espacio comunitario en el tercer mundo

En las primeras décadas del siglo veinte surgió en Alemania y Austria un movimiento litúrgico y bíblico que influyó mucho en la Iglesia universal. Hay que mencionar a teólogos como Romano Guardini y Pius Parsch. Las grandes instituciones de la pastoral bíblica como el Katholisches Bibelwerk de Stuttgart y el Österreichisches Katholisches Bibelwerk de Klosterneuburg tienen ahí sus raíces. Sin embargo el espacio comunitario no fue descubierto en Europa, sino en el tercer mundo. Esto tiene dos causas principales. En primer lugar hay que ver la fuerte influencia del Renacimiento y de la Ilustración en la cultura europea. La manera de vivir de los europeos está marcada por la ciencia. La razón se convirtió en la fuente principal del conocimiento. El movimiento bíblico tenía por eso un impulso educativo al querer difundir los conocimientos de la ciencia bíblica. Sin embargo la razón no es el único camino de acercarse a la realidad y, más aún, es imposible que todo el pueblo se conviertan en eruditos. Después de un primer entusiasmo la gente se enteró de su incompetencia. En vez de llevar a la gente a la Biblia por medio de la pastoral bíblica y de la enseñanza de conocimientos bíblicos en los colegios, se consiguió que muchos abandonaran la Biblia convencidos que sólo gente con estudios podría entender este libro tan complicado. Se tardó mucho en descubrir otros acercamientos a la realidad y a la Biblia que incluyen el sentir y la experiencia. La situación en el tercer mundo era distinta. Los pobres ya conscientes de su falta de educación nunca quisieron imitar a los eruditos. Así como interpretan su vida, así también se acercan a la Biblia. Es un acercamiento por la experiencia, por los sentimientos, por la corporalidad y por los símbolos. Tiene mucha semejanza con la sabiduría antigua del pueblo de Israel. Así los pobres descubrieron un acceso a la Biblia que se había olvidado en los países marcados por el pensamiento científico. En Alemania estamos ahora redescubriendo este acceso.
Una segunda causa tiene que ver con la cultura individualista de muchos países de Europa. En los países del tercer mundo como son por ejemplo los países latinoamericanos se tiene una cultura más bien colectivista. Es más fácil para los latinos reunirse y intercambiar experiencias que para muchos europeos.

 

2.7.2 Una explicación teológica de la razón de ser del espacio comunitario:
El sensus fidelium

El concilio Vaticano Segundo ha redescubierto la importancia del sensus fidelium como locus theologicus. En la Lumen Gentium leemos:
“Con ese sentido de la fe que el Espíritu Santo mueve y sostiene, el Pueblo de Dios, bajo la dirección del Magisterio, al que sigue fidelísimamente, recibe no ya la palabra de los hombres, sino la verdadera palabra de Dios (cf. 1 Tes 2,13), se adhiere indefectiblemente a la fe dada de una vez para siempre a los santos (cf. Jds 3), penetra profundamente con rectitud de juicio y la aplica más íntegramente en la vida.” (LG 12)
Hay que leer este texto juntamente con las afirmaciones de Dei Verbum sobre la revelación de Dios. Podemos comprender el sensus fidelium como un don de Dios a los fieles que los hace capaces de participar activamente en la búsqueda por la verdad de la fe y en la tarea de ponerla en práctica. Carlos Mesters piensa, que entre los argumentos teológicos, el sensus fidelium es uno de los más importantes y también de los más difíciles y problemáticos. Se expresa sobre todo en la recepción de las enseñanzas teológicas por el pueblo:
“El pueblo puede no conocer las cosas de la fe; pero puede reconocerlas, y sabe hacerlo, mucho mejor tal vez que nosotros, que las enseñamos al pueblo. Esto es algo misterioso, pero verdadero, que se verifica no sólo a nivel de fe, sino también a nivel de vida. El pueblo tiene una especie de sexto sentido, por el cual reconoce si las cosas que recibe de otros son suyas o no. La intuición de su fe hace que él acepte o rechace ciertas doctrinas o novedades que se propagan; hace que acepte aquello en que reconoce una verbalización o hasta una corrección de la fe que posee.”
Este juicio del pueblo es lento y moroso. El pueblo usa otras fuentes del conocimiento que la exégesis y la teología. El sensus fidelium no se basa en la razón y la voluntad, sino más bien en la intuición. Se expresa en la práctica de la vida de la gente.

 

2.7.3 La conaturalidad

Mesters descubrió que la cognición del pueblo no se da como un conocer sino como un reconocer las cosas de la fe. La fuente principal del sensus fidelium es la conaturalidad. Este término se usaba en el Platonismo y en la Escolástica para designar una afinidad natural entre el sujeto y el objeto de la cognición. Mesters ve en la conaturalidad la causa de un privilegio epistemológico de los pobres. La conaturalidad se refiere sobre todo al sufrimiento y la debilidad como lugares de la experiencia de Dios. La dura realidad que vive el pueblo le da una llave para entrar en el mundo de la Biblia. De la conaturalidad surge cierta familiaridad con la Biblia, a pesar de tantas diferencias culturales e históricas. El pueblo se acerca a la Biblia de la misma manera como trata de entender su propia vida.
“Para el pueblo, el símbolo es una dimensión real de su vida. Por una intuición no refleja, él percibe el valor simbólico de los hechos narrados por los textos.”
La interpretación de la Biblia la hace el pueblo en un proceso integral que abarca no sólo el pensamiento y el razonar sino también las oraciones, las celebraciones, los juegos y los cantos. El pueblo no expresa sus interpretaciones por escrito sino mediante la transmisión oral. La práctica de la vida es la expresión más importante.
“Las palabras de la Biblia son como la semilla: sólo revelan el sentido que tienen para nosotros cuando han calado en el terreno de la vida. Allí es donde la vida va cambiando y aparece la flor. ¡Por la flor se percibe el valor y el sentido de la semilla!”
Para evitar el subjetivismo es muy importante el intercambio comunitario. Las interpretaciones de los demás ayudan a ampliar el horizonte y a relativizar las ideas personales.

 

2.7.4 Los limites del espacio comunitario

Sin embargo no basta el diálogo en la comunidad. También una comunidad local puede tener ideas preferidas y puede usar inconscientemente unas gafas ideológicas para interpretar la Biblia. Se necesita la corrección mediante el diálogo con otras comunidades y con la tradición diacrónica de la Iglesia. Por eso es muy importante que el espacio litúrgico-magisterial esté presente en la vida de los pobres. Sin embargo por la falta de sacerdotes en muchos países, el espacio comunitario es en muchos casos el único lugar, donde los pobres tienen contacto con la Iglesia. La presencia del espacio litúrgico-magisterial en la vida de todos los cristianos es un gran reto para la Iglesia. Por eso es urgente la formación de muchos ministros de la Palabra.
También es importante la presencia del espacio académico. El apostolado bíblico tiene que organizar talleres de formación bíblica y ofrecer informaciones sobre el mundo de la Biblia en un lenguaje accesible. Sin embargo el espacio académico no debe dominar sobre el espacio comunitario. La voz de los pobres es como una flor sin defensa, dice Carlos Mesters. Es muy fácil hacerlos callar. Los biblistas deberían participar en el espacio comunitario primeramente para escuchar y aprender. La convivencia tiene además para ellos una importancia heurística. El biblista puede encontrar allí las preguntas que deben guiar sus investigaciones. Debe aprender cómo preparar traducciones y explicaciones de la Biblia que facilitan el acercamiento a la Biblia.

 

3           La responsabilidad del biblista católico

Con los cambios que hubo en la autocomprensión de las ciencias en las últimas décadas, se inició una intensiva discusión sobre la responsabilidad de los científicos. Hay que distinguir entre dos tipos de la ética. Muy conocida es la ética al interior de una ciencia. Un científico tiene que cumplir con las normas de la ciencia para que se acepte el conocimiento producido por él. Tiene que informar por ejemplo sobre sus fuentes y no debe manipular sus datos. Para otros debe ser posible controlar su trabajo y repetir sus experimentos. Un científico debe tratar de liberarse de sus prejuicios y afectos y tiene que separar las afirmaciones descriptivas de las afirmaciones normativas etc.
En las últimas décadas se ha descubierto la importancia de la responsabilidad hacia fuera de los científicos. Ellos son responsables de los problemas en la producción del conocimiento; aquí entra por ejemplo la cuestión de si se puede justificar los experimentos con animales o con seres humanos. Además tienen una responsabilidad por los daños que causa el uso de su producto. El juicio sobre los objetivos y los límites de las ciencias no es meramente una tarea de los científicos sino exige una discusión de la sociedad entera.
Mientras en la ciencias naturales y técnicas se habla mucho sobre la responsabilidad de los científicos, no se suele hacerlo en las ciencias filosóficas y teológicas. Se trata de un punto ciego. Sin embargo el trabajo de los biblistas no es un asunto neutral. Quisiera citar al Papa Juan Pablo II:
“El modo de interpretar los textos bíblicos para los hombres y las mujeres de nuestro tiempo tiene consecuencias directas para su relación personal y comunitaria con Dios, y también está ligado estrechamente a la misión de la Iglesia.”
Los biblistas como primeros sujetos del espacio académico y como autores de las traducciones que son la base para la interpretación de la Biblia en los demás espacios hermenéuticos tienen una responsabilidad grande por los efectos del conocimiento producido por ellos. En el documento de la Pontificia Comisión Bíblica se habla sobre normas éticas de la interpretación sólo en aquel párrafo que trata de la actualización. La causa es que aún se distingue entre una exégesis objetiva y una actualización subjetiva. Sin embargo la objetividad de la investigación exegética es relativa. La exégesis se hace dentro de un marco de fijaciones convencionales; además, el exégeta no se puede liberar de sus esquemas mentales formados por su cultura. Por eso hay que aplicar las normas éticas que da la Pontificia Comisión Bíblica para la actualización también a la investigación exegética.

El criterio central que da la Pontificia Comisión Bíblica es el siguiente:
“Es necesario proscribir también, evidentemente, toda actualización orientada en un sentido contrario a la justicia y a la caridad evangélicas, como las que querrían apoyar sobre textos bíblicos la segregación racial, el antisemitismo o el sexismo, masculino o femenino.”
Quiero destacar cuatro puntos esenciales de una ética de la ciencia bíblica :
a) El exégeta tiene la responsabilidad de impedir el abuso de la Biblia para legitimar la opresión de los pobres. Por eso debe tomar conciencia de su lugar hermenéutico. Si no refleja sobre su lugar está en peligro de justificar inconscientemente el status quo. La exégesis socio-kerygmática y la exégesis liberacionista han aportado mucho para esta reflexión necesaria. No obstante, ellos tampoco son libres de prejuicios ideológicos. La opción por los pobres es muy importante, pero no debe convertirse en un prejuicio dogmático. Se debe abrir también al diálogo.
b) El exégeta tiene la responsabilidad de impedir el abuso de la Biblia para legitimar la opresión de las mujeres. Hay que subrayar lo que había dicho la Pontificia Comisión Bíblica: es muy importante para la Iglesia que las mujeres participan en el espacio académico.
“La sensibilidad femenina lleva a entrever y corregir ciertas interpretaciones corrientes tendenciosas, que intentaban justificar la dominación del varón sobre la mujer.”
c) El exégeta tiene la responsabilidad de impedir el abuso de la Biblia para la legitimación de las muchas formas de opresión, como son las opresiones por causas culturales, étnicas o religiosas. En los últimos quince años, en el movimiento bíblico latinoamericano se ha discutido mucho sobre las nuevas hermenéuticas como son la hermenéutica negra, la hermenéutica indígena, la hermenéutica infantil, la hermenéutica campesina y otras. Se trata de acercarse a la Biblia desde un determinado punto de vista. Estas hermenéuticas ayudan mucho a ampliar el horizonte y a cuestionar interpretaciones corrientes.
d) Un punto que se discute poco en América Latina es el de la responsabilidad de impedir el abuso antisemita de la Biblia. La Pontificia Comisión Bíblica escribió en el documento “La interpretación de la Biblia en la Iglesia”:
“Una atención especial es necesaria, según el espíritu del Concilio Vaticano II (Nostra Aetate, 4), para evitar absolutamente actualizar algunos textos del Nuevo Testamento en un sentido que podría provocar o reforzar actitudes desfavorables hacia los judíos. Los acontecimientos trágicos del pasado, al contrario, deben ayudar a recordar sin cesar que, según el Nuevo Testamento, los judíos siguen siendo 'amados' por Dios, 'ya que los dones y la llamada de Dios son sin arrepentimiento” (Rm 11,28-29).”
Una vez más quiero destacar que eso no se debe aplicar solamente a la actualización, sino también a la exégesis. Los alemanes tenemos que confesar que nuestra exégesis objetiva y neutra transmitió en muchos casos prejuicios antisemitas y ha fallado en su responsabilidad de impedir la legitimación del antijudaísmo con la Biblia.
El último documento de la Pontificia Comisión Bíblica es muy importante en este aspecto: “El pueblo judío y sus Escrituras Sagradas en la Biblia cristiana” (publicado el 24 de mayo de 2001).

 

4           Resumen: La dimensión social de los lectores

Un biblista puede cumplir con su responsabilidad si acepta que él no debe dominar la interpretación de la Biblia como Sagrada Escritura y por eso necesita el diálogo con los demás espacios hermenéuticos. El exégeta tiene que dar un aporte importante, que solamente dará sus frutos si nace en relación con todos los miembros de la Iglesia. La interpretación se debe hacer en un constante diálogo no solamente con los colegas de la comunidad científica sino también con los lectores en la historia de la Iglesia o sea la tradición diacrónica y el diálogo con los lectores de hoy que forman la tradición sincrónica. La interpretación de la Biblia en la Iglesia tiene por eso una importante dimensión social. Es necesario que todos los miembros de la Iglesia aporten algo con sus dones recibidos por Dios.

Cf. Mesters, Carlos, Flor sem defesa. Uma explicação da Bíblia a partir do povo, Petrópolis: Vozes 1983, pp. 140-154.

Richard, Pablo, Un nuevo espacio y un nuevo sujeto para interpretar la Palabra de Dios, en: Alternativas (Managua) 5, 11/12 (1998), pp. 131-154, aquí: pp. 140-154; id., Hermenéutica: camino de encuentro con la Palabra de Dios (Diez principios teóricos sobre la Lectura Comunitaria de la Biblia), en: Hansen, Guillermo (ed.), Los caminos inexhauribles de la palabra (Homenaje a J. Severino Croatto), Buenos Aires: Lumen/ISEDET 2000, pp. 531-551.

Richard, Pablo, Un nuevo espacio, p. 140.

Cf. Huning, Ralf, Bibelwissenschaft im Dienste popularer Bibellektüre. Bausteine einer Theorie der Bibellektüre aus dem Werk von Carlos Mesters (SBB 54), Stuttgart: Verlag Katholisches Bibelwerk 2005 (en preparación), pp. 94-97 y 306-319.

Stier, Fridolin, Vielleicht ist irgendwo Tag. Aufzeichnungen, Freiburg; Heidelberg: Kerle 61991 (11981), pp. 26s (traducción: Ralf Huning/Hermann Puhl).

Cf. Huning, Bibelwissenschaft, pp. 310-319.

Cf. Mesters, Carlos, Por detrás de las palabras. Estudio sobre la puerta de entrada al mundo de la Biblia, México D. F.: Palabra Ediciones 21993, p. 92 (Original en portugués: 1974).

Cf. Mesters, Flor sem defesa, p. 80.

Por eso no estoy de acuerdo con la interpretación de DV 12 que hace Junco Garza, Carlos, La Sagrada Escritura en la Vida de la Iglesia, en: ABM 10 (2001), pp. 49-64, aquí: p. 60; cf. Huning, Bibelwissenschaft, pp. 71s.

En el Documento de la Pontificia Comisión Bíblica se subraya la necesidad de consultar a los teólogos y a los exégetas, o sea a los sujetos de los espacios litúrgico y académico. Falta mencionar todavía la necesidad de consultar a los sujetos del espacio comunitario; cf. Huning, Bibelwissenschaft, pp. 69s.

Cf. Scheuchenpflug, Peter, Art. Bibelbewegung, en: LThK3 Vol. 2 (1994), pp. 402s.

Cf. Mittelstraß, Jürgen, Wissenschaft als Lebensform (stw 376), Francfort del Meno: Suhrkamp 1982.

Para ver más en detalle las diferencias culturales y la influencia en el acercamiento a la Biblia cf. Huning, Bibelwissenschaft, pp. 352-376.

Cf. Koch, Günter, Glaubenssinn – Wahrheitsfindung im Miteinander. Theologische Grundlagen – pastorale Konsequenzen, in: id. (Ed.), Mitsprache im Glauben? Vom Glaubenssinn der Gläubigen, Würzburg: Echter 1993, pp. 99-114, aquí: pp. 99s.

Mesters, Por detras, p. 37.

Cf. Berning, Vincent, Das Prinzip der Konnaturalität der Erkenntnis bei Thomas von Aquin, en: ThGl 72 (1982), pp. 291-310, aquí: p. 293.

Cf. Mesters, Flor sem defesa, pp. 36s.

Mesters, Flor sem defesa, p.35 (Traducción: Ralf Huning).

Cf. Mesters, Carlos, „Como a água do rio que carrega o barquinho das comunidades“ – Sobre o uso da Bíblia no VI Encontro Intereclesial das Comunidades de Base, in: REB 46 (1986), pp. 569-577, aquí: pp. 569-571.

Mesters, Carlos, Lecturas bíblicas. Guías de trabajo para un curso bíblico, Estella (Navarra): Verbo Divino 51993, p. 14 (Original en portugués: 1973).

Cf. Thurnherr, Urs, Angewandte Ethik zur Einführung (Zur Einführung; 222), Hamburg: Junius 2000, pp. 117s.

Juan Pablo II., Discurso sobre la Interpretación de la Biblia en la Iglesia, 23.04.1993, No. 1.

PCB, La interpretación, IV.A.3d.

Cf. Huning, Bibelwissenschaft, pp. 89-93. 273-286. 377-394.

Cf. Huning, Bibelwissenschaft, pp. 295-306; Oeming, Manfred, Biblische Hermeneutik. Eine Einführung, Darmstadt: Wissenschaftliche Buchgesellschaft 1998, pp. 50s.

PCB, La interpretación, I.E.2.i.

Cf. Huning, Bibelwissenschaft, pp. 255-266.

PCB, La interpretación IV.A.3d.

Cf. Zenger, Erich, Thesen zu einer Hermeneutik des Ersten Testaments nach Auschwitz, en: Dohmen, Christoph/Söding, Thomas (Ed.), Eine Bibel – zwei Testamente. Positionen Biblischer Theologie (UTB 1893), Paderborn: Schöningh 1995, pp. 143-158, aquí: p. 143.