EL PROBLEMA DE LA AUTENTICIDAD DE COLOSENSES [34]
Pbro. Dr. César A. Mora Paz
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INTRODUCCION
El problema de la utenticidad de la carta a los Colosenses parece a primera vista irrelevante. Y lo es en algunos aspectos, por ejemplo por lo que toca a la inspiración bíblica de la misma. Pero es importante a la hora de interpretar el texto. Si se logra demostrar que es deuteropaulina, su exégesis se enfocará más a ver en ella la autonomía y la novedad de su contenido que la continuidad del pensamiento paulino. Indudablemente que hay muchos aspectos en los que Col está en continuidad con Pablo, pero en otros, su mensaje es nuevo, y se puede desentrañar mejor poniendo esta carta en relación con la apocalíptica judía y con conceptos manejados en el mundo judeo-helenista. Su contenido aparece como original cuando uno deja de relacionarlo con una situación problemática realmente existente en la comunidad de Colosas, o sea, con un grupo concreto de herejes; entonces la atención del intérprete se enfoca a descubrir el contenido como una exhortación doctrinal destinada a guiar la vida cristiana más bien que a combatir una determinada herejía. Así, este presupuesto facilita la actualización del mensaje de la Carta.
LA COMUNIDAD DE LA CIUDAD DE COLOSAS
Según la Carta a los Colosenses (1,21.27; 2,13) la comunidad estaba formada sobre todo de ex-paganos; pero supone la presencia de judíos, ya que sin ella sería imposible hablar de la circuncisión, del sábado, de los plenilunios, de la regularización de comidas y bebidas y, sobre todo, de que Cristo, con su muerte, libera a los creyentes de las cláusulas de la Ley (2,14). Hubo seguramente una fuerte influencia de los judíos y de la apocalíptica judía en Colosas. Los judíos sumaban alrededor de 10,000 en el valle del Lico (Cicerón, Pro Flacco, 28; Josefo, Ant. 12.3.4 ; 149-150). Lightfoot ()[1] calcula el número de 11,000 hombres en el distrito de Laodicea, sin contar las mujeres y los niños.
Parece que la comunidad fue fundada por Epafras (Col 1,7; 4,12), que posiblemente era de allí mismo ("que es para ustedes fiel servidor de Cristo": Col 1,7). En el caso de inautenticidad de Col, esta carta no refleja necesariamente la situación real de Colosas en la etapa tardía de la segunda mitad del siglo primero, y la situación descrita sería entonces parte integrante de la pseudonimia.
DIVERSAS POSTURAS POR LO QUE TOCA A LA AUTENTICIDAD
Esta carta se atribuye a Pablo en la carta misma (1,1), en el Canon Marcionita y en el Muratoriano; además en Ireneo ( Adv. Haer., 3.14.1). La autenticidad de la Carta fue negada sólo hasta 1838 por E. T. Mayerhoff ()[2].
La discusión se ha ido centrando en: a) El lenguaje. b) El estilo. c) En las ideas teológicas. d) Otras areas.
Dentro de las ideas teológicas cabe mencionar las pertenecientes a las áreas de:
- cristología
- escatología
- eclesiología
Algunos autores a favor de la autenticidad:
Aunque hay autores como Ernst ()[3] que dejan esta cuestión abierta, hay exégetas que defienden, de diversos modos, la autenticidad de Col.
Lohmeyer ()[4] se inclina a defender la autenticidad de Col, explicando que el estilo de Pablo es más patético, por la posibilidad de un cercano martirio. Moule ()[5] es también de esta opinión.
Kümmel ()[6], piensa que no hay razones fuertes de estilo, o de vocabulario para dudar de la autenticidad de Col. Los cambios de perspectiva teológica se explican por la situación de Colosas, por la herejía, en concreto.
Wikenhauser y Schmid ()[7] son partidarios de la autenticidad de Col. Explican las diferencias de léxico sobre todo como "préstamos" y las de estilo por la tradición en que se inspira la carta; los fenómenos de diferencia de estilo aparecen, dicen ellos, también, aunque en menor grado, en otras cartas de Pablo. No piensan que las diferencias en cuanto a la escatología y cristología con respecto a las cartas auténticas sean tan grandes que no puedan explicarse por una cierta evolución, creatividad y adaptación a la problemática.
Cerfaux ()[8] piensa que una evolución en la escatología de San Pablo es bien posible. Considera a Col auténtica.
Aletti ()[9], al fin de su comentario a la Carta, afirma que Col es muy probablemente de Pablo.
Algunos autores en contra de la autenticidad:
Sanders ()[10] piensa que es un argumento en contra de la autenticidad el hecho de la dependencia literaria de Col con respecto a la literatura paulina. Se ve que el autor conoce ya y utiliza varias cartas de Pablo. Esto, sin embargo, podría discutirse aún ()[11].
Lohse ()[12], piensa que Col no es de Pablo. Fue escrita ciertamente antes de Ef y de las Pastorales. Por consiguiente antes del año 80. Posiblemente el lugar de composición fue Efeso, como centro de la tradición de la escuela paulina.
La Carta es deuteropaulina también en opinión de Gnilka ()[13], escrita alrededor del año 70, ya que el estilo "abiográfico y temático" deja suponer que el autor tiene ante sus ojos los últimos padecimientos del Apóstol y su martirio. El lugar de composición pudo haber sido Éfeso, por la misma razón de Lohse.
Marxen ()[14] no está de acuerdo con quienes afirman que el estilo de Col pueda ser del Apóstol. Ni comprende por qué se le atribuye dicho estilo a un Pablo que está envejeciendo y cuya fuerza creadora va disminuyendo, ya que posee una gran "fuerza de configuración".
Vielhauer ()[15] se inclina a pensar, por el estilo, que Col no es paulina. Le parece extraño que Col, siendo contemporánea de Flm (en el caso de que Col sea paulina), tenga un estilo tan desmañado a diferencia de aquella breve carta.
Cuestiones de lenguaje en contra de la autenticidad:
Colosenses tiene 34 hapax legomena en el N.T. Además, 28 palabras no aparecen en las cartas que seguramente son auténticas; 15 palabras aparecen sólo en Col y Ef, pero faltan en el resto del N.T.; 10 palabras aparecen en Col, Ef y en otras cartas, pero no en las reconocidas como paulinas. Es más, faltan algunos de los términos más usuales de Pablo como: dikaiosynê, dikaioô, hamartia, pisteuein, nomos, chauchasthai, koinônia, adêlphoi, adêlphoi mou (Rom 1,13; 1 Cor 1,10; 2 Cor 1,8; Gal 1,11); aunque no aparezcan todas esta palabras en todas las cartas paulinas, uno las puede reconocer como típicas suyas. Las referencias al Espíritu son poco frecuentes en la carta ( pneuma aparece sólo en 1,18). También faltan muchas otras palabras "conectivas" y partículas típicas en el lenguaje del Apóstol. Faltan en Col los pollô/posô / mallon; mê genoito y ara oun de las otras cartas. Abundan, por otra parte, los adjetivos, los sintagmas preposicionales (como en christô).
Se nota que el autor de Col conoce varias cartas paulinas y depende literariamente de ellas ()[16]. Si así son las cosas, esto argumentaría en contra de la autenticidad. Los términos típicos paulinos pueden explicarse por el conocimiento que el autor tiene del corpus paulinum existente.
Cuestiones de estilo y literarias en contra de la autenticidad:
En primer lugar hay que notar el estilo hímnico-litúrgico, en contraste con el estilo "de debate", retórico, de Rom y Gal. Es frecuente también en Col la coordinación de sinónimos (1,9.11.22.23.26; 2,7; 3,8.16; 4,12); cadenas de genitivos dependientes (1,5.12.13.20.24.27; 2,2.11.12); el uso de nombres con en (1,6.8.12.29); el uso especial del infinitivo para indicar resultado o finalidad (1,10.22.25; 4,3.6); sentencias largas con muchas frases subordinadas. Abundan en Col las aposiciones. Esto hace el estilo "redundante".
Por otra parte, son relativamente pocos los infinitivos (1,10.19.20.22.25.27; 2,1; 4,3.4.6) y nunca aparecen por pares o precedidos por una preposición y el artículo (ej., eis to einai: Rom 3,26).
Faltan en Col algunos tipos de razonamientos como la synkrisis de la retórica antigua (Rom 5,12-19; 2 Cor 3,5-11; Gal 4,21-31); la paradoja (Cf. Rom 2,21; 1 Cor 1,20-15; 2 Cor 5,14; Gal 2,19); la exageración ( auxesis); las diatribas y los midrashim de las cartas mayores ()[17].
Lo que de lo anterior resulta es un estilo con frecuencia pesado y ampuloso en Col, de lo cual uno se da cuenta al compararlo con el estilo ágil y vivo de Pablo. Tenemos en esta carta largas frases (p. ej., 1,3-8.9-12.21-29), que están lejos de tener la construcción bien hecha de los períodos clásicos del Apóstol. Los períodos se van hilando a base de oraciones de relativo (muy abundantes, son 42, a veces precedidos de un artículo), construcciones de participio (que son abundantísimos, son 73) y de infinitivo (1,5.13.24-27). Esto vuelve a veces ambiguo el sentido (como en hô de 2,12). Es frecuente el asíndeton (se cuentan 107 kai). El autor gusta de hilar términos de la misma raíz ( en pasê dynamei dynamoumenoi: 1,11; cf. 1,29; 2,11.19) ()[18].
Una observación muy importante en cuanto a estilo, es la desaparición en Col de las "oposiciones" clásicas en Pablo ( men / de; men / gar/oun, etc.). Col utiliza una sola vez men (2,23) y son más numerosos los de adversativos.
El material da la impresión de ser reelaboración conscienzuda de un estilo anterior; o el resultado de la acumulación del producto de la tradición viva ()[19].
Wikenhauser / Schmid ()[20], mencionan a N. A. Sanders, en el sentido de que este autor encuentra como una prueba de inautenticidad el hecho de que el autor de Col conozca ya y utilice varias cartas de Pablo y que, por lo tanto, dependa literariamente del mismo.
Otro rasgo que diferencia a Col es el incremento de la 2a. persona del plural, si se compara con las otras cartas de Pablo. Ollrog ()[21] piensa que este fenómeno se explica si los temas de la carta se ventilaron en un círculo de discípulos, uno de los cuales, Timoteo, pudo bien haber redactado la carta.
Otros autores encuentran como signo de inautenticidad la falta de pruebas a partir de la Escritura, al estilo paulino. Aletti ()[22] piensa que se debe a la temática manejada por la Carta: el mysterion ("Misterio escondido desde siglos y generaciones..."). Es discutible su opinión porque en la carta se suponen herejes u oponentes judíos, ya que, como hemos ya dicho, sin ellos sería imposible hablar de la circuncisión, del sábado, de los plenilunios, de la regularización de comidas y bebidas y, sobre todo, de que Cristo, con su muerte, libera a los creyentes de las cláusulas de la Ley (2,14). En 3,16 se mencionan elementos de la liturgia judía: "salmos, himnos y cánticos inspirados". O sea que, las pruebas de la Escritura al estilo paulino les hubieran sentado muy bien.
Marxen ()[23] no ve cómo un estilo tan diverso pueda ser del Apóstol. Por otra parte, no comprende por qué se le atribuye este estilo a un Pablo que está envejeciendo y cuya fuerza creadora va disminuyendo; en efecto, lo que se ve en el autor de Col es todo lo contrario: un autor que ha caminado por la terminología de los herejes y que posee una gran "fuerza de configuración". El autor de Col tiene una gran capacidad para reelaborar, sobre los rieles de unas afirmaciones con olor a herejía, una atractiva teología sobre el primado de Cristo. Hablando de la cristología de Col dice Marxen:
El interés que subyace a esta concepción no es desarrollar de nuevo primariamente unas afirmaciones cosmológico-especulativas sobre la Iglesia; más bien es al contrario: se presuponen precisamente las afirmaciones cosmológicas. Están dadas de antemano; y la redacción afirma ahora que Cristo es también la cabeza de esta trabazón cósmica... Así, al tener en cuenta el trabajo redaccional, se muestra la corriente de estas afirmaciones con su intención subyacente.
Esto quiere decir que el autor de Col concibe una especie de "argumento ad hominem", que consiste en aceptar aparentemente los presupuestos del adversario (los supuestos herejes) para, con los mismos argumentos, demostrarles una verdad superior. Un fenómeno literario parecido se puede apreciar en el Génesis, libro que aprovecha narraciones literarias no judías como recurso pedagógico para inculcar en el pueblo de Dios las grandes verdades de la fe judeocristiana (cf. Gen 1-2; 6,1-4; 6,5-8,22).
Así queda claro que esta carta no pudo haber sido escrita por un Pablo decrépito o débil por el encarcelamiento, sino por una persona lúcida y capaz de utilizar los presupuestos de los herejes para probar el primado de Cristo.
Es cierto que muchos de los términos exclusivos de Colosenses aparecen en el Himno (1,15-20) y en la sección polémica (2,6-23), que utiliza en gran parte el vocabulario de los oponentes de la carta y que se trataría, en cierta forma, de "préstamos". También es cierto que el cambio de vocabulario y estilo se podría deber a la utilización de material antiguo de hechura hímnica (1,12-20; 2,13-15) ()[24]. A esto se podría deber también el estilo "cuasi-litúrgico" de la Carta. Pero, cambiar tanto el vocabulario y el estilo de una carta a otra sería en este caso una cosa excepcional en Pablo, ya que cuando Pablo utiliza un himno, como en Filipenses, o una narración litúrgica, como en 1 Cor 11 (la Cena del Señor), el Apóstol regresa inmediatamente a su estilo y vocabulario; no es su costumbre cambiar tanto su vocabulario y su estilo.
Cuestiones de cristología en contra de la autenticidad:
Hay en Col algunos puntos cristológicos que no tienen paralelo en los lugares indiscutiblemente paulinos; al menos, la formulación es bastante diferente. Por ejemplo, algunos autores ([25]) han señalado en Col y Ef la insistencia en llamar, con ciertos matices, "misterio" ( mysterion) al evangelio de Cristo: Cristo es el misterio de Dios (1,27; 2,2-3) ([26]); que Cristo es superior a los principados y potestades (2,15); es "su cabeza" (2,10) "Y, una vez despojados los Principados y las Potestades, los exhibió públicamente, incorporándolos a su cortejo triunfal" (2,15; cf. 2,18; comparar con Gal 3,19 y paralelos en las cartas paulinas).
Ya más en concreto, a la cristología de Col se le ha llamado "cristología cósmica": Cristo es primogénito de toda criatura; en Él y para Él fueron creadas todas las cosas, y en Él se mantienen. Él es la cabeza de todos los poderes y potestades del mundo entero ( hos estin hê kephalê pasês archês kai exousias: 2,9). Col da la impresión de afirmar que Cristo glorificado es, en cierto modo, la cabeza del cosmos y que el cosmos es su cuerpo. Posiblemente el autor tomó esta cristología del himno que inserta en la carta, pero la modificó dándole el sentido de que ese cuerpo es la Iglesia ( kai autos estin hê kephalê tou sômatos tês ekklêsias: 1,18). En 1 Cor 12-14, Cristo es descrito como sôma (cuerpo); pero aquí es descrito como "cabeza" del cuerpo, que es la Iglesia (Col 1,18; 2,18-19). Como ya dijimos al analizar el estilo, no es la costumbre de Pablo depender tanto de los himnos o textos litúrgico que cita de memoria hasta el grado de cambiar el estilo y el vocabulario en sus cartas. Él acostumbra regresar inmediatamente a su estilo y a su típica argumentación basada en la Escritura. Más bien que en Pablo, podemos pensar en una autor que, además de tener otro vocabulario y estilo, matiza de otra forma la cristología, basándose en el himno que conoce y en la teología del Bautismo y abandona la típica cristología de Pablo, fundamentada en la Escritura.
Peculiaridad de la Carta a los Colosenses es el uso de plêroma en 1,19 y 2,9, al que se acerca la Carta a los Efesios. No se encuentra este uso en las cartas paulinas.
Algunas ideas, aunque no completamente extrañas a la teología de las cartas paulinas, están desarrolladas de otra forma: han sido redimensionadas; algunos elementos se han explicitado. Por ejemplo, "el Primogénito de toda la creación" (comparar 1,15 con Rom 8,29); "Él existe con anterioridad a todo" (comparar 1,17 con 1 Cor 8,6; Flp 2,6); "todo fue creado por Él y para Él" (comparar 1,16 con 1 Cor 8,6); "... y reconciliar por Él y para Él todas las cosas" (comparar 1,20 con Rom 5,10; 2 Cor 5,18-19); "Él es también la Cabeza del cuerpo de la Iglesia" (comparar 1,18.24 con Rom 12,4-5; 1 Cor 12,12-29); "... con Él también habéis resucitado. Dios... os vivificó juntamente con él..." (comparar 2,12-13 con Rom 1,4; 6,4; 8,11); "... Nos trasladado al Reino del Hijo de su amor, en quien tenemos la redención, el perdón de los pecados" (comparar 1,13-14 con Rom 3,24); Cristo, que libera de la Ley con su muerte (2,14; comparar con Gal 4,4).
A propósito de la cristología de Col, Marxen comenta ([27]):
A Cristo se le cualifica como el "Hijo del amor de Dios" (v. 13) que trae la redención y el perdón de los pecados. Él es la imagen ( eikôn) del Dios invisible, el primogénito de la creación... El todo tiene en él su consistencia (v. 17)... Es significativo que el que reelabora el himno no niega la existencia de los poderes cósmicos; tan sólo cristianiza esta concepción. Desde hace mucho ha habido que esforzarse para encontrar en Pablo tales pensamientos. Ciertamente se pueden indicar aquí y allá resonancias; sin embargo, el todo en esta composición es único.
Finalmente podríamos poner objeciones a la argumentación de Aletti ([28]) al decir: "a qué serviría desarrollar en Col los temas de la justificación, la filiación o la herencia de los creyentes, si Cristo, inferior a los seres celestiales (como parece suponer la "herejía" de Colosas), no ha podido obtener para todos la plenitud, en el conocimiento de Dios y de su voluntad? En realidad, el problema es acerca de la mediación total de Cristo, tal que nos haga prescindir de cualquier otra `potencia' mediadora". Y el autor de Col parece más bien no dominar estos temas, como la hacía Pablo, que bien le hubieran servido para fundamentar la excelencia de la mediación de Cristo.
Cuestiones de escatología en contra de la autenticidad:
Como ya mencionábamos anteriormente, la escatología de Col ha sido catalogada como "realizada". En Col 2,12 y 3,1-4 (cf. Ef 2,6) se consideran como ya conseguidas realidades como son la resurrección y el triunfo celestes de los cristianos. En Col se hallan en conexión íntima en christô y syn christô: por eso se puede hablar de "escatología realizada". Comparar con Rom 6,3-11; 8,11.17s (verbos en futuro). Para Rom, por el contrario, la resurrección es un acontecimiento escatológico. Se puede decir también que, mientras en Rom 6,1-4 el bautismo está orientado hacia el futuro, en Col 2,12, el bautismo parece estar orientado hacia una salvación ya realizada: Col da la impresión de que lo de ser resucitado ha tenido ya lugar en el bautismo.
Es cierto que no deja de estar presente la expectación escatológica en la carta (3,4) y que la vida que con ello se comunica permanece aún "oculta con Cristo en Dios" (3,3), y no se manifestará sino en la parusía (3,4). O sea, que el pensamiento escatológico no ha cambiado radicalmente. Pero la formulación y la acentuación es completamente diferente, como la diferencia que encontramos entre la escatología realizada de Juan y la de los sinópticos.
Se podría pensar que el cambio entre Rom y Col en cuanto a la parusía sea simplemente un desarrollo ulterior del pensamiento de Pablo, en relación íntima con la polémica contra los herejes. Pero es que lo que se niega no es el desarrollo ulterior de algunas ideas paulinas, sino que éstas tomaron otro rumbo, en cuanto vocabulario, estilo, contenido y forma. Definitivamente, es otra persona la que está escribiendo.
Por lo que toca a la esperanza, aparentemente no hay diferencia con respecto a las cartas paulinas; pero Col 1,3-4.23 presenta la esperanza en sentido predominantemente objetivo ("lo que se espera"), aunque es cierto también que este sentido aparece ya en Rom 8,24.
Una cosa que sí es real, es que hay en Col una disminución de la expectación escatológica (Col 3,4); ya no se espera la segunda venida en un futuro próximo como en 1 Tes 4,15; 5,23; 1 Cor 7,26.
Cuestiones de eclesiología en contra de la autenticidad:
La eclesiología está conectada en Col con la cristología. La Iglesia es el cuerpo de la cabeza, que es Cristo. No es la misma idea de 1 Cor 12; tampoco la de Rom 12. En estos lugares no se menciona a Cristo como cabeza del cuerpo (1,18).
En Pablo, ekklêsia designa normalmente la iglesia local. Pero en Col designa predominantemente la Iglesia universal, el cuerpo del cual Cristo es la cabeza 1,18.24; 2,19; 3,15. Los creyentes deben mantenerse fieles a la cabeza y amonestarse los unos a los otros, permaneciendo fieles a la oración de acción de gracias por medio de Cristo (3,16). Cristo es la Cabeza, "de la cual todo el cuerpo, por medio de junturas y ligamentos, recibe nutrición y cohesión, para realizar su crecimiento en Dios" (Col 2,19). ¿En dónde se podría encontrar esta forma de concebir la Iglesia en Pablo?
Ministro ( diakonos) de la Iglesia es Pablo, que tiene que completar en su carne "lo que falta a las tribulaciones de Cristo" (1,24-25). Este pensamiento no es recalcado en Col, sino el de la sucesión apostólica en la persona de Epafras, lo cual argumenta en contra de la autenticidad, como veremos en la última parte.
Los demás temas de eclesiología que compaginan con la de Pablo, se explican por el conocimiento que el autor pueda tener de un "corpus paulinum", que desde muy pronto se empezó a tener en las iglesias del Asia Menor. De eso queda constancia en las mismas cartas paulinas.
Otros argumentos en contra de la autenticidad:
En primer lugar la "ética" paulina. Tomamos "ética" en un sentido amplio, como comportamiento a partir de criterios y presupuestos; en este caso, a partir del Evangelio. En ningún pasaje de las cartas paulinas aparece una "haustafeln" (código de virtudes domésticas) como la de Col 3,18-4,1. Esto no favorece un juicio positivo sobre la autenticidad de la carta.
Especial relevancia tiene aquí el tema de los esclavos y que nos hace pensar en la no autenticidad de Col.
En efecto, ninguna carta paulina encontramos las recomendaciones a los esclavos y a los amos, como si fuera para Pablo la manera concreta de hacer aterrizar el Evangelio en este delicado punto de la vida familiar ("Liebespatriarchalismus": Troeltsch). Lo que más se le asemeja es la recomendación de 1 Cor 7, 17-24: "¿Eras esclavo cuando fuiste llamado? No te preocupes... permanezca cada cual ante Dios en el estado en que fue llamado". Pero esto no es una "Haustafeln" (código de virtudes domésticas), sino una recomendación para no exigir un cambio de estado por el hecho de bautizarse: el estado social es, según Pablo, irrelevante para la salvación. La 1 Cor es una carta "circunstancial"; o sea, responde a problemas concretos de entusiasmo en la comunidad de Corinto ([29]). El verdadero pensamiento del Apóstol acerca de la esclavitud está en Flm (cf. vv. 15-21). Pablo es más sensible al problema de la esclavitud que muchos pastores del Cristianismo primitivo ([30]).
Se ha pensado que al cambiar las circunstancias, haya cambiado también la postura de Pablo a este respecto; de ahí que recomiende a amos y esclavos una convivencia en el Señor, sin cuestionar la esclavitud misma. A esto respondemos que no se conocen en el siglo primero cambios tan radicales del fenómeno de la esclavitud que hubieran movido a Pablo a expresarse de otra forma con respecto a ella. Más bien vemos cómo el evangelio de Jesús, que ampara a los indefensos y desheredados y que fortalece la idea de igualdad entre los hombres se fue abriendo camino con dificultades en el corazón y en la conciencia de los hombres. Tenemos que esperar al tiempo de los padres capadocios y del Crisóstomo para ecuchar voces fuertes en contra de la esclavitud. En este sentido, Pablo fue pionero.
Otro argumento en contra de la autenticidad de la carta es el hecho de que, a pesar de que, como la carta misma afirma (1,3-8), Pablo no fundó dicha comunidad, ni la ha visitado o conocido, el Apóstol reclame la dirección de la comunidad mediante Epafras. No se puede hablar de un caso parecido en las cartas ni en la vida de Pablo. Pablo lucha contra una herejía mediante la acentuación del apostolado y de la sucesión apostólica. El modelo pudo haber sido tomado de Gal 1-2 y de 2 Cor. Este argumento, aunque no es decisivo, pesa mucho al agregarse a los otros. Hablando de esta carta y de las pastorales (Tim y Tito), Marxen comenta:
Aquellas se dirigen a Timoteo y Tito; ésta la lleva consigo Epafras (al menos así se imagina); pero también aquí su autoridad debe ser apoyada mediante la Carta. La intención es la misma tanto aquí como allí: se recurre a la autoridad de Pablo para legitimación de otros hombres. Con ello aparece germinalmente un problema que ya desde muy pronto deberá ser superado en la época postapostólica: ¿cómo se puede mantener la autoridad apostólica si el Apóstol ya no vive? ¿Basta apelar al evangelio o hay que apoyar personalmente la autoridad? ¿En quién se da la "sucesión" de los apóstoles?... En este punto debiera estar la objeción más fuerte contra la autoría paulina de Col.
Finalmente, lo que aparentemente es un hecho real, la "herejía" de Colosas, la cual es atacada en Col., viene a ser de hecho un argumento en contra de la utenticidad de la carta. En efecto, por más que se ha tratado de reconstruir una sola herejía en Colosas, esto no se ha podido hacer satisfactoriamente. Y es que los elementos parecen no pertenecer a una sola herejía, sino a elementos heréticos dispersos en las diversas comunidades del Asia Menor. Esta hipótesis parece solucionar el problema de las creencias y prácticas mencionadas en Col; y entonces esta carta, en vez de ser una carta circunstancial (verdadera carta), sería una especie de carta circular (epístola), dirigida a varias comunidades con problemas parecidos.
CONCLUSIONES
Concluyendo, quiero decir mi apreciación acerca de la autenticidad de Col: pienso que los argumentos a favor de la autenticidad Col son más débiles que los que están en contra.
Como premisa pienso, con Wikenhauser y Schmid ([31]) que sería evasión ponerse a hablar de "estilo de persona ya anciana" en el caso del autor de Col; o aducir como razón de su cambio de estilo el largo encarcelamiento (decrepitud) de Pablo. También consideramos evasión la hipótesis de que el Apóstol no dictó personalmente esta carta, sino que confió su redacción a un secretario. Ambas "evasiones" nos llevan a un callejón sin salida. Debemos buscar otra explicación más convincente.
Por otra parte, debemos tener en cuenta las observaciones de Aletti acerca de las proporciones: la presencia de diez palabras en Rom (con 7000 palabras), no tendrá el mismo significado que en Col (con 1575 palabras), etc. ([32]). No toda palabra que falta o se añade a Col es indicativo de autenticidad o inautenticidad. Acepto la apreciación de Aletti, pero no creo que rebase el peso de los argumentos que he mencionado en contra de la autenticidad de Col. El argumento de las proporciones tiene sus límites. El cambio de estilo en Col es un argumento muy fuerte en contra de su autenticidad. El cambio de estilo de una persona no puede ser tan grande que suponga un fenómeno especial en la historia de la redacción de documentos por la misma persona (el cual tendría que probarse). "El estilo hace al hombre", dicen los críticos literarios. Pablo podrá ser un genio, pero también los genios tienen sus límites y guardan cierta homogeneidad, por ejemplo, en cuanto al estilo: éste no puede ser tan diferente de un momento a otro en la misma persona, ya que "la naturaleza no da saltos" ("natura non facit saltus"). En efecto, ¿podrá cambiar tanto el estilo de una persona bajo presiones de las circunstancias, hasta el punto de hacerse radicalmente diverso? Nos parece imposible, sobre todo cuando la persona es genial, como Pablo, y el estilo en vez de mejorar, empeora, como en Col. En efecto, como vimos, el estilo del autor de Col es más pesado y redundante, y menos elegante que el las cartas auténticas de Pablo. A no ser que esto se atribuya a un Pablo anciano y decrépito, lo cual tampoco es aceptable, ya que resulta extraño atribuir esta carta a un Pablo que está envejeciendo y a los sufrimientos de su cautiverio, ya que entonces su fuerza creadora iría disminuyendo; y es todo lo contrario: lo que en realidad se refleja en Col es un autor con una creatividad admirable. El autor conoce la terminología de los herejes y la sabe usar: posee una gran "fuerza de configuración" ([33]). Es muy difícil probar que el mismo fenómeno (de diferencias tan radicales) puede darse entre dos cartas provenientes con seguridad de Pablo ( Homologoumena).
Si estas diferencias de estilo se deben a que Pablo utilizó un "secretario" al cual encomendó la redacción, es algo que nunca podrá constatarse. Además, pensar en esto poco ayuda: a lo más se podrá llegar, como hasta hoy, sólo a hipótesis. Lo que sí podemos decir es que, dado lo que conocemos y nos es permitido conocer de Col y de las cartas seguramente paulinas, estos escritos no pueden proceder de la misma persona.
A esto hay que agregar las diferencias conceptuales y teológicas (no solamente de acentuación) en Col. Especial importancia revisten los argumentos de "ética", sobre todo el tema de la esclavitud.
Concluimos que, a pesar de los argumentos a favor de la autenticidad de Col, hay tantas diferencias entre las cartas paulinas y esta carta, que ellas permiten afirmar que es deuteropaulina. Muchos de los actuales especialistas son de este parecer, aunque desde diferentes perspectivas, como hemos visto.
[1] . Cf. LIGHTFOOT, Commentary, 20.
[2] . MAYERHOFF, E., Der Brief an die Kolosser, mit vornehmlicher Berücksichtigung der drei Pastoralbrife kritisch geprüft (Berlin 1838).
[3] . Cf. ERNST, L., Die Briefe an die Philipper, an Philemon, an die Kolosser, an die Epheser (RNT; Regensburg: Pustet 1974) 148ss.
[4] . Cf. LOHMEYER, E., Die Briefe, 13-14.
[5] . Cf. MOULE, C. F. D., The Epistles, 13-14.
[6] . Cf. KÜMMEL, Introduction, 340ss.
[7] . Cf. WIKENHAUSER, A. / SCHMID, J., Introducción, 702-710.
[8] . Cf. CERFAUX, L., Le Christ dans la théologie de Saint Paul (LD 6; Paris 1954) 314.
[9]. Cf. Commentaire, 280.
[10] . Cf. SANDERS, E. P., Dependence, 28-45.
[11] . Cf. WIKENHAUSER / SCHMID, Introducción, 709 de hecho lo discuten.
[12]. Cf. LOHSE, E., Colossians, 182.
[13]. GNILKA, J., Der Kolosserbrief, 19-23.
[14]. Cf. MARXEN, Introducción, 191-192.
[15]. VIELHAUER, Historia, 207-218.
[16]. Cf. SANDERS, E. P., Dependence, 28-45.
[17]. Cf. ALETTI, Commentaire, 23.
[18]. Aunque este fenómeno no falta en Pablo; p. ej. eis to einai auton dikaion kai dikaiounta ton ek pisteos Iêsou: Rom 3,26.
[19]. Cf. BUJARD, W., Untersuchungen; LOHSE, E., Colossians, 84-91.
[20]. Introducción, 709.
[21]. Cf. OLLROG, Mitarbeiter, 226.
[22]. Commentaire, 279.
[23]. Cf. MARXEN, Introducción, 191-192.
[24]. Cf. ALETTI, Commentaire, 28, citando a CANNON, G. E., The Use of Traditional Materials in Colossians (Macon 1983).
[25]. Como Wikenhauser / Schmid, Aletti, etc.
[26]. Aunque esta idea no es completamente ausente en las otras cartas paulinas. En Rom 16,25 dice: kata to euaggelion mou kai to kêrigma Iêsou Christou, kata apokalypsin mystêriou chronois aiôniois sesigêmenou.
[27]. Introducción, 186.
[28]. Cf. ALETTI, Commentaire, 278s.
[29]. Cf. BARTCHY, S., Mallon Chresai: First Century Slavery and the Interpretation of I Corinthians 7,21 (Misoula: SBL 1973) 130-159; MERKLEIN, H., Studien zu Jesus und Paulus (Tübingen: Mohr 1987) 396; LYONNET, S., Annotationes in Priorem Epistulam ad Corinthios (Roma P.I.B. 1965/1966) 134-135.
[30]. Cf. MORA PAZ, C., Dimensión socio-religiosa de la Carta a Filemón. Su función comunicativa y su contenido (Roma: P.I.B. 1988) 127-134.
[31]. Introducción, 706.
[32]. Cf. ALETTI, Commentaire, 22s.
[33]. Cf. MARXEN, Introducción, 192.
[34]. SCHWEIZER, A., La Carta a los Colosenses (Salamanca: Sígueme 1987) 21-32; LOHMEYER, E., Die Briefe an die Philipper, Kolosser und an Philemon (Göttingen: Vandenhoeck 1953) 1-15; MOULE, C. F. D., The Epistles of Paul the Apostle to the Colossians and to Philemon (Cambridge: The University Press 1957) 13-35; WIKENHAUSER, A. / SCHMID, J., Introducción al Nuevo Testamento (Barcelona: Herder 1978) 695-712; LOHSE, E., Colossians and Philemon (Philadelphia: Fortress 1982) 2-11; 84-91; 127-131; 175-183; GNILKA, J., Der Kolosserbrief (Freiburg / Basel / Wien: Herder 1991, 2a edic.) 1-26; BUJARD, W., Stilanalytische Untersuchungen zum Kolosserbrief als Beitrag zur Methodik von Sprachvergleichen (StUNT 11; Göttingen 1973); SANDERS, E. P., "Literary Dependence in Colossians", JBL 85 (1966) 28-45; ALETTI, J.-N., Saint Paul, Épitre aux Colossiens (Paris: Gabalda 1993) 7-42; MARXEN, W., Introducción al Nuevo Testamento (Salamanca: Sígueme 1983) 183-193; KÜMMEL, W. G., Introduction to the New Testament (London: SCM 1982, 5a ed.) 335-350; LIGHTFOOT, J. B., Saint Paul's Epistles to the Colossians and to Philemon (London: Macmillan 1879) 1-127; VIELHAUER, P., Historia de la literatura cristiana primitiva (Salamanca: Sígueme 1991) 207-218.