LA CARTA DE SAN PABLO A LOS ROMANOS
- Una hipótesis de lectura -

 
Pbro. Lic. Tomás Ríos Montejano



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INTRODUCCIÓN

 Es extraño que Pablo haya destinado la más extensa (¿y la última?) de sus cartas a una comunidad no fundada y ni siquiera conocida personalmente por él. Surge, pues, la pregunta espontánea acerca de la motivación que haya estimulado a Pablo para escribirla y también acerca de la finalidad o resultado que haya intentado lograr mediante esta singular carta dirigida a los cristianos de Roma (no se sabe con certeza el origen de esta comunidad; sólo hay conjeturas).

MOTIVACIÓN

A juzgar por las demás cartas de Pablo, fue siempre una situación concreta vivida por los destinatarios lo que provocó que Pablo les escribiera; era éste el medio habitual como Pablo, lejano, se hacía presente en sus comunidades para resolver problemas, corregir, enseñar, exhortar...

En el caso de la carta a los Romanos, son varias las opiniones sobre la realidad concreta que haya podido mover a Pablo para escribirla. Se piensa, por ejemplo, en tensiones internas, de mutuo desprecio, entre cristianos procedentes del judaísmo y cristianos de origen pagano; tensiones debidas al modo diferente de entender el Evangelio, la salvación. El caso de “los débiles” y “los fuertes” (14,1 – 15,13) sería una entre otras manifestaciones de la situación reinante. Se dice que Pablo, sabiendo de oídas lo que pasaba en Roma, les mandó esta carta con el objeto de poner a cada quien en su lugar.

Sin embargo, parece ir tomando mayor consistencia la opinión según la cual habría que buscar la motivación no precisamente en una situación presente en la comunidad cristiana de Roma, sino más bien en la situación vivida intensamente por Pablo mismo por los días en que

Rom 2

escribió la carta (¿hacia el final del año 57?); dicha situación habría que leerla “entre líneas” dentro de 15,14-33.

Efectivamente, en esa parte del capítulo 15 Pablo considera que ya nada tiene que hacer en Oriente; ahora piensa en dirigirse a Occidente (España) pasando por Roma: 15,19.23-24.28. Pero antes tiene que ir a Jerusalén a llevar personalmente el fruto de la colecta hecha por los cristianos de Macedonia y Acaya “a favor de los pobres de entre los santos de Jerusalén”: 15,25-26. En otras circunstancias no hubiera sido indispensable que Pablo fuera él personalmente a llevar una colecta a Jerusalén; ya antes se había dado el caso: 1 Cor 16,3.

Pero esta vez era urgente que él fuera, debido al especial significado simbólico con el que quería que en Jerusalén se recibiera esta colecta (15,31b), precisamente en el momento de la trascendental decisión para su futuro apostolado: quiere que esta colecta simbolice la unidad de pagano-cristianos (Macedonia – Acaya) y judeo-cristianos (Jerusalén) en una sola comunidad universal!

En otras palabras, quiere que antes de partir para Occidente, las autoridades cristianas de Jerusalén corroboren su Evangelio del universalismo de la salvación por la fe en Jesucristo, mismo que ha predicado en Oriente encontrando la permanente oposición sobre todo de parte de los judíos, pero también de parte de los judeo-cristianos.

Se repite una situación parecida a la que vivió cuando fue a Jerusalén 14 años después de su conversión, según narra él mismo en Gál 2. Que también esta vez abrigara Pablo la idea de un posible rechazo en Jerusalén, lo muestra la insistencia con que pide a los hermanos luchar juntamente con él mediante la oración para que todo salga bien: 15,30-32.

Así las cosas, Pablo expuso en la carta a los Romanos una síntesis madura de los principales puntos de “ su Evangelio”. En ella recoge con serenidad el fruto de muchas y acaloradas polémicas que por doquier había provocado su predicación.

 

Rom 3

FINALIDAD

Quizás en Roma (a donde llegará, camino de España), por lo que han oído de Pablo, tengan una imagen distorsionada de su persona y de su Evangelio. Es el momento de presentarles una exposición sistemática y ponderada. Lo hace en forma de carta dirigida materialmente a la comunidad de Roma, pero intencionalmente a Jerusalén (donde, dado el caso, podrá exponer su Evangelio más extensa y detalladamente en forma oral cuando lleve la colecta).

Por una parte, quiere que antes de su llegada a Roma se hayan disipado en esa ciudad los recelos contra él y contra su Evangelio, preparando de este modo una acogida de benevolencia y de ayuda para su viaje a España.

Por otra parte, quiere emprender una nueva etapa de actividad apostólica (Occidente) en comunión con la Iglesia-madre de Jerusalén, muy en coherencia con el anhelo de su vida de apóstol: la unidad. Escribe, pues, a los Romanos; pero tiene la mira puesta en Jerusalén.

Por la motivación y finalidad, y por haber sido la última de las cartas de las que nadie discute su autenticidad paulina, esta carta resultó ser, de hecho, “ el testamento doctrinal de Pablo”.

CONTENIDO

Por lo dicho hasta aquí, bien puede afirmarse que el contenido de la carta a los Romanos es una síntesis de los grandes temas de la predicación paulina, de lo que él llama “ su Evangelio”.

No menos de cuatro veces ofrece en esta carta una definición o descripción somera de lo que él entiende por “ Evangelio”: 1,1-7 (sobre todo los versos 3-4); 1,16-17; 3,21-31; 10,3-13. Los conceptos vertidos en esos textos son la base de los desarrollos contenidos en todo el escrito.

Rom 4

Es muy común la afirmación de que Pablo divide los contenidos de sus cartas en dos grandes mitades: una doctrinal o dogmática y otra exhortativa o de aplicación práctica; ambas mitades enmarcadas entre una introducción y un epílogo o conclusión.

En tal caso, la introducción de la carta a los Romanos estaría en 1,1-15; la parte dogmática correría desde 1,16 hasta el final del capítulo 11; la parte exhortativa vendría desde 12,1 hasta 15,13 y el epílogo desde 15,14 hasta el final de la carta.

Esta división no es del todo exacta para la carta a los Romanos, ya que en la parte dogmática vienen también exhortaciones y en la parte exhortativa hay párrafos doctrinales. Sin embargo, resulta práctico mantener esta distribución a grandes rasgos, sobre todo por lo que ve a la introducción, a la parte exhortativa y a la conclusión.

Lo decisivo para entender la carta a los Romanos está en captar la estructura u organización interna (si es que la hay) de los desarrollos que integran la parte llamada dogmática: 1,16 – 11,35.

ESTRUCTURA

Sobre esta cuestión son varias las opiniones. Hay desde quienes se resisten a ver una coherencia interna entre los temas expuestos en la carta, hasta quienes descubren una trama muy bien estructurada. Pero no hay consenso en la identificación de dicha trama. En un intento de simplificación, podemos decir que las divergencias giran fundamentalmente en torno a dos puntos:

a) El papel que juega el capítulo 5.

b) La relación de los capítulos 9 – 11 con toda la exposición que les antecede.

 

Rom 5

Comencemos por lo segundo. Tradicionalmente los capítulos 9 – 11 venían siendo considerados como simple añadidura, sin conexión alguna con los capítulos 1 – 8. Estudios recientes llegan a la conclusión de que sí tienen relación estrecha con lo que antecede, aunque se difiera en el modo de entender dicha relación: algunos la ven en la continuidad de la dialéctica “judíos – paganos” que aparece desde el comienzo de la carta y que es central en los capítulos 9-11; otros relacionan 9- 11 a lo que antecede, en forma análoga a como 6-8 se relacionan con 1-5, es decir, como explicación complementaria de una cuestión dejada en suspenso. Esto último se entenderá mejor en seguida, al hablar sobre el capítulo 5.

En cuanto al capítulo 5, unos lo conectan con lo que antecede considerándolo como la conclusión lógica de la sección abierta en 1,18; otros lo conectan con lo que sigue, interpretándolo como el comienzo del desarrollo que concluye en 8,39; un terecer grupo lo entiende como unidad completa en sí misma pero integrada por dos elementos: 5,1-11 es el enunciado de algo nuevo respecto de los capítulos anteriores, mientras que 5,12-21 es la demostración de eso nuevo.

La pista señalada por los del tercer grupo parece la más acertada. Según ella, el capítulo 5 en su conjunto expone el tema enunciado en 1,16 y se corresponde (en paralelismo) con 3,21 – 4,25 que también forma unidad como desarrollo del tema enunciado en 1,17; ambas exposiciones desembocan en una iluminación escriturística: la primera, en base a Abraham, cap 4; la segunda, en base a Adán en 5,12ss. Con lo que corre de 1,18 a 3,20 se monta el telón de fondo oscuro que sirve de contraste para dar mayor realce al contenido de los desarrollos siguientes (3,21 – 4,25 y cap. 5) expuestos en orden inverso al de los enunciados 1,16 y 1,17.

Por lo tanto, la tesis de la carta enunciada en dos partes en 1,16-17 queda suficientemente redondeada en los capítulos 1 - 5. Aquí podría ya seguir la parte exhortativa que comienza en el capítulo 12. ¿A qué vienen, entonces, los capítulos 6 - 11 que se interponen?

 

Rom 6

 

La respuesta es sencilla: contienen explicaciones complementarias a preguntas dejadas abiertas por no habérseles dado satisfacción completa en el momento de plantearse, con el fin de no distraer la atención sobre el hilo central de la exposición. Concretamente:

1. Al mostrar en el capítulo 5 que los cristianos, una vez justificados, deben estar seguros de ser salvos, surge la interrogante planteada en 6,1 (“¿Qué diremos, pues? ¿Que debemos permanecer en el pecado para que la gracia se multiplique?...”), repetida en 6,15 y que ya había aflorado en 3,8 y a su modo también en 5,15.17.20.

En 6,2 – 7,6 Pablo responde mostrando con tres argumentos que el cristiano ya no puede pecar: El primer argumento es dogmático: 6,3-14; el segundo es social: 6,15-23; el tercero es jurídico: 7,1-6.

2. Ahora bien, el rol asignado a la Ley en 7,1-6 provoca la pregunta de 7,7 (“¿Qué decir, entonces? ¿qué la ley es pecado?...”), repetida en 7,13. Pablo responde en 7,7-25 haciendo la defensa de la Ley judía como santa y justa y buena: 7,12. Por lo tanto, si de hecho produce la muerte, no es ella la responsable sino el pecado: 7,13. Para ejemplificar todo esto, Pablo recurre a la experiencia del pecador: 7,16.22.25.

3. En cuanto al capítulo 8, conecta como contraparte de lo expuesto en 7,7-25. En efecto, Pablo no podía terminar su exposición dejando un sabor de pesimismo al describir la condición trágica del pecador bajo el régimen de la ley. Era necesario contraponer la condición del cristiano bajo el régimen del Espíritu. Lo hace en el capítulo 8.

4. En los capítulos 9 – 11 Pablo desarrolla más ampliamente el problema del rechazo de Israel por parte de Dios, rechazo que se venía preparando ya desde el capítulo 2 al considerar a los judíos tan pecadores y reos de la ira divina como los paganos, y aun se había planteado más directamente en 3,1-18: ¿Han fallado las promesas divinas? (v.3, comparar con 9,6); ¿Dios ha sido injusto? (v.v. 5-6, comparar con 9,14); ¿El pecador no es responsable? (v.v. 7-8, comparar con 9,19).

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COMPOSICIÓN

Pablo nos ofrece en sus cartas su propia y original interpretación del Evangelio de Jesucristo. Ello no significa total independencia respecto de la tradición cristiana formada en buena parte ya antes de que él se convirtiera, y formulada sobre todo en “ confesiones de fe” y en “ himnos”. En varios lugares Pablo recuerda expresamente que “ ha recibido” lo que a su vez transmite (baste mencionar 1 Cor 11,23 y sobre todo 15,1-11).

Nota . Es tarea de los especialistas en la materia el identificar posibles materiales de la tradición pre-paulina integrados por Pablo en sus cartas sin la expresa indicación de haberlos recibido; es el caso, por ejemplo, de la “ confesión de fe” en Rom 1,3-5, o del “ himno cristológico” de Filip 2,6-11.

Cada vez Pablo matizó con su propia perspectiva el material recibido de la tradición. Es que la fidelidad al Evangelio no consiste en el simple hecho de recibir y repetir tal cual. Exige interpretar y adaptar.

Precisamente, la carta a los Romanos está compuesta por una gran variedad de unidades literarias de género diferente; algunas, recibidas de la tradición y “releídas” por Pablo; otras, compuestas por Pablo mismo.

Como ilustración de dicha variedad baste mencionar tres famosos himnos: uno de ellos es la doxología final en 16, 25-27; otros dos, que sirven de conclusión a sendos desarrollos de ideas, son: 8,31-39 y 11,33-36.

También hay unidades que son como esquemas de homilía ya sea sobre el bautismo (6,1-23) o sobre la vida cristiana (12,1-12).

Igualmente son numerosas las argumentaciones a partir de textos del Antiguo Testamento interpretados con bastante libertad y aun caprichosamente, muy de acuerdo al proceder de los rabinos de ese tiempo, por ejemplo: 3,1-20; 4,1-25; 9,6 – 11,10; 12,14-21; etc.

 

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UNA ADVERTENCIA

Aquí termina la expisición de la hipótesis, propiamente dicha, sobre una posible lectura de la carta de San Pablo a los Romanos, según se ha anunciado en el programa para esta Asamblea.