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En el judaísmo rabínico, la Ley, la revelación divina dada a
Moisés tiene dos vertientes, la escrita (Torah she-bi -ktab) y la oral (Torah she-be-´al peh): son dos aspectos de la misma Ley, con el mismo
rango y dignidad. Maimónides (1135-1204) expone esta
doble fuente de la Torah como rasgo típico del
rabinismo, de esta manera: los
preceptos que dió Dios a Moisés, nuestro maestro,
fueron dados con su explicación y así los transmitió Moisés a Aarón , a los
hijos de Aarón e Itamar, a los 72 ancianos y al pueblo,
de modo que cada cual escuchó cuatro veces la Ley y su explicación.- Los jefes
de Israel enseñaron la Ley al pueblo con la explicación que había dado el Señor; luego escribieron la Ley en rollos y
recordaron la tradición en forma oral” (Introducción al Comentario del
primer orden (seder): Zeraim (semillas).
¿Cuál es el origen del judaísmo rabínico?- La tradición
judía y los estudios históricos lo hacen remontar a Esdras (ss
v-iv a.C.).- Esdras era un
sacerdote y un escriba, todavía no en el sentido de los escribas de los que
habla el Evangelio: era un especie
de secretario para asuntos judíos, que vivía en Babilonia y fue enviado a
Jerusalén, probablemente por el rey persa Artajerjes
II (404-359) hacia el año 398, para implantar la ley de Dios, la voluntad
divina revelada a los antepasados. Es conocida la política de los jerarcas
persas de permitir a los pueblos súbditos la observancia de sus tradiciones
religiosas, con sus cuadros de organización social y religiosa propios.
Esdras reunió a la comunidad, proclamó la Ley que estaba
escrita en un libro (probablemente un compendio de la historia contenida en el
Pentateuco, que correspondería a la tradición sacerdotal o P) y los escribas
que lo acompañaban comenzaron a explicarla al pueblo (Neh
8-9). Ese día nació el judaísmo. Esdras es en verdad el padre del judaísmo, con
sus tres ideas esenciales. La raza elegida, el Templo y la Ley.
Durante dos jornadas, al menos, se proclamó la Ley, y
terminaron con una celebración, en la fiesta de los Tabernáculos, el día 15 de
séptimo mes (Lev 23, 34s).
La Torah oral
La Torah oral es un complemento y
una consecuencia de la ley escrita dada a Moisés en el Sinaí.
El mismo Dios que dio la Ley, dió también las explicaciones
para su aplicación y la orden de transmitirlas como ley oral. Esto confirió
autoridad a la ley oral. Es obvio que la aplicación de una ley escrita requiere
un mínimo de tradición, una secuencia anterior de casos, rodeados de variadas
circunstancias, en los cuales hubo que interpretar el sentido de la ley. Los
juristas hablarían de la importancia de una jurisprudencia.
Es también claro que, aunque se remonte la ley oral hasta
Moisés en el Sinaí, no se pueden atribuir directamente
a él todas las normas y disposiciones que se fueron tomando para normar la vida
sedentaria de Israel (cfr la aparición de leyes
apodícticas y leyes casuísticas Ex 20-22; Lev 18-19; 24-25).
Los amoraítas (oradores,
intérpretes) sabían que la aplicación de normas sólo podía, en espíritu, remontarse
hasta Moisés. La misma práctica siguieron los Tanaítas
(tn´
repetir), rabinos anteriores a la Mishná.
Cada idea, cada palabra de una ley escrita, debe ser
transmitida a las próximas generaciones, y el lenguaje evoluciona y palabras
clave necesitan explicación y actualización para preservar el significado de
las expresiones y de las palabras:
Lev 23,40 habla de cortar ramas de árboles robustos para la fiesta de las
Tiendas, pero el rabino o el padre de familia debían explicar al alumno o hijo
que se trataba del árbol llamado mirto o arrayán; la tradición explica que cuando en el texto (Num
15,38) encuentras totafot
(filacterias), se refiere al mismo objeto que más adelante se llamo tefilin. Ex 20,10
prohibe el trabajo en sábado, y enumera algunos como
arar la tierra, levantar la cosecha, encender fuego, cocinar en el horno, pero
las nuevas generaciones conocen otras actividades no enumeradas allí, y se
preguntan qué es el trabajo. Lev 23,42 pide que se habite en cabañas durante 7
días, en la fiesta de las Tiendas, pero las jóvenes generaciones se preguntaban
qué debe entenderse por cabaña (sukkah) o tienda (´ohel).
Los rabinos en el judaísmo rabínico cobraron una importancia
capital. Debieron desarrollar ingenio y habilidad, a base de exégesis y
deducción, para descubrir nuevos aspectos de la revelación, nuevas actualizaciones
válidas. Hay casos en los que incluso determinan un cambio en la manera de observar
un precepto bíblico.
¿Qué hace Dios en ese caso? Responden los rabinos: en la academia de los cielos Dios
toma nota de los nuevos hallazgos de los rabinos y ajusta su conducta a la
nueva forma de enfocar la Torah!
Esta capacidad de encontrar aplicaciones y explicaciones de
la Torah ha dado al judaísmo una dinamicidad
de la que carecen otras religiones reveladas. Manteniendo su carácter de
tradición mosaica y su vinculación a la tradición del Sinaí,
han podido abandonar normas o leyes antiguas, cambiar su signo o su contenido
e incorporar normas de actualidad.
Esdras se rodeó de una especie de Gran Asamblea, cuya
actividad se prolonga hasta el siglo II antes de la era cristiana. Su cometido era enseñar la observancia
de la Torah escrita y las tradiciones paternas,
estableciendo nuevas disposiciones e incluso innovaciones en la doctrina,
siempre en el espíritu de Moisés y del Sinaí. Así
nació la institución de los escribas, cuya misión era el estudio de la Torah y las tradiciones paternas y su aplicación a la vida.
El libro del Eclesiástico (Eclo 38,25-39,15) traza el
ideal del escriba, que estudia las tradiciones, aclara sentencias oscuras y, contra los helenizantes, coloca en la
Torah de Moisés la sabiduría verdadera. Toda la
escritura se resume en Ley, sabiduría y profecías.
Los fariseos aparecen como grupo desde el siglo II antes de
nuestra era. Enseñaban la
observancia estricta de las doctrinas de los escribas. Así se creó una relación
estrecha entre ambos: la mayoría de
los escribas era adicta al grupo de los fariseos.
Con esa alianza inició un proceso de recopilación de todas
las normas legales (halakot)
y otros tipos de enseñanza (agadot) que venían de las generaciones pasadas. Estas
tradiciones paternas se transmitían mediante una exégesis (midrash) del texto bíblico.
Cuando el tema eran normas legales se llamaba midrash halakah.
Los sabios se encargaban de buscar en la Escritura el
sustento bíblico de las normas, lo cual alargaba la exposición y dificultaba la
concisión. Además, los saduceos exigían que sólo la Torah
fuese la única norma de conducta, sin conceder campo a las tradiciones
posteriores. Por ello, las halakot (normas legales) se fueron transmitiendo en forma escueta,
sin citar el apoyo bíblico correspondiente. Este fue el origen de la Mishná, que se
aplica a las colecciones haláquicas
no midrásicas.
Personajes del Judaísmo
Desde el siglo I de nuestra era aparecen personajes encargados
de transmitir la ley oral. Tienen ya lo que hoy llamaríamos una estructura
organizativa. Se llamaron Tanaítas, voz aramea que significa maestro, enseñante: equivale
a ‘repetidor’ pues la base del proceso de enseñanza-aprendizaje es
la repetición. El equivalente hebreo del arameo taná (enseñar) es shaná (repetir). La Mishná es pues la colección de
enseñanzas tradicionales de la Torah transmitidas y
aprendidas por repetición. Los Tanaítas perduran
hasta por el año 200 de nuestra era, cuando aparece ya una redacción de la Mishná hecha por Judá (Yehuda) el
patriarca (nasí).
En ese ambiente surgen escuelas o corrientes de pensamiento
que difieren acerca del contenido de la tradición. Conocidas son las personas y
las disputas entre Hillel y Shamay.
Hasta antes del año 70 d.C. los fariseos sostenían un
radicalismo en la observancia de la Torah, especialmente
en materia de pureza.
Los saduceos, con su sistema inflexible de interpretación,
fijado para siempre en el código del Pentateuco, estaban destinados a morir.
Los Fariseos, con el recurso de la Ley oral, que podía adaptarse a las nuevas
condiciones de vida, tomaron la supremacía religiosa. Así es como pudo subsistir
la religión del pueblo judío.
Aún dentro del fariseísmo había corrientes de pensamiento
encontradas. Hillel creó una escuela de tannaim, al igual
que su contemporáneo Shammay.. En el siglo I de nuestra era,
hasta el año 70, el pensamiento imperante en los círculos fariseos era la
enseñanza de estos maestros: Hillel interpretaba la Ley con más, Shammay
con más rigor. La fama que corría era.:
Hillel permite, Shamay prohíbe. El Talmud
cuenta más de 300 puntos controvertidos entre ambos.
Hillel ejerció un influjo capital
en la formación del rabinismo. Su magisterio se caracteriza por la humildad: está en la línea de Mt 23, 11:
“quien se enaltece será humillado, y quien se humilla será enaltecido”.
Hillel extrajo 7 reglas exegéticas de la tradición
anterior y determinó un orden de materias para la enseñanza. Al final,
prevaleció la enseñanza de Hillel: sus escritos fueron como una primera edición de la Mishná.
Continuó esta obra su discípulo Yojanán
ben Zakay, que transmitió
la enseñanza de su maestro a las nuevas generaciones. Al desaparecer, en el año
70, el Templo y el culto, se inició la dispersión de los judíos. Yojanán acudió al general Vespasiano para pedirle la
localidad de Yavná (en griego Yamnia),
en la costa sur de Palestina: era
una ciudad filistea citada en 2Cron 26,6.
Allí estableció Yojanán el centro del pensamiento y
de la vida judía. Allí se determinó que la halaka (la norma práctica) es
“según la escuela de Hillel”. Las tradiciones
de los fariseos y de los escribas se funden en una unidad y dan origen a una
nueva forma de judaísmo, el judaísmo rabínico, en el Concilio de Yavné, hacia el año 94 d.C.
Yojanán ben
Zakay fué el principal
artífice del nuevo judaísmo. El sentía que había sido creado para estudiar la Torah. Solía decir a los discípulos: “si estudiaste mucha Torah no te
lo tomes como mérito, porque para eso fuiste creado” (Av 2,8). Ante la destrucción del Templo y la desaparición de los sacrificios
decía a un discípulo acongojado:
“no te lamentes de ello, porque todavía nos queda un medio de expiación,
equiparable a los sacrificios: el ejercicio de las buenas obras, ya que está
escrito: misericordia quiero y no sacrificios (Os 6,6) (Av 4). De allí parte la
afirmación del rabinismo de que el estudio de la Torah
tiene el valor del sacrificio.
Al comienzo del siglo II d.C. aparece en escena Aqiva ben Joseph, que murió
martirizado por los romanos en el año 132.
Fue un genio exegético, que dio la significación precisa al texto de la Escritura
y supo articular las normas legales derivadas de la Torah
en la tradición anterior. El fue el arquitecto que diseñó el plan de la Mishná, que tuvo luego como constructor a Yehuda el Príncipe (nasí = príncipe, patriarca), el cual fue presidente del
Tribunal. Vivió del año 135 al año 220 y por más de 50 años fue el jefe oficial
de la comunidad judía. El coleccionó, seleccionó y ordenó un material ya preexistente
desde Rabí Aquiva y otros,como
Me´ir, Nehemías y Simeón,
todos ellos rabinos y maestros.
Yehudá realizó su labor de
colección de material en la segunda mitad del siglo II d.C. y quizá en la primera
década del siglo III. La Mishná de Yehuda fue pronto adoptada como libro de texto en las escuelas
palestinas y babilónicas. Los maestros llamados amoraítas (amoraim, oradores, intérpretes),
trabajaron palabra por palabra el texto mísnico,
discutiendo, dilucidando y aportando nuevo material, haláquico
o agádico, que no estaba en la obra de Rabí Yehudá. Estos comentarios a la Mishná
constituyen la Guemará,
palabra de origen arameo. Mishná y Guemará formarán el Talmud, la Torah
oral con sus comentarios.
Mishna, Tosefta,
Talmud, Gemara, Midrash
1. Mishná, de la raíz shanah, repetir,
es en nuestro caso “repetir una enseñanza recibida de la tradición”.
Mishná es ante todo la enseñanza oral de los Maestros
fariseos del siglo I y II. Esos
maestros eran los tannaítas (el arameo tn´ es el equivalente del hebreo shnh). La Mishná fué una
“repetición” oral, antes de que fuera puesta por escrito. Aún después de haber tomado una forma
literaria, la Mishná es un resumen pedagógico de la Torah oral.
Por ello la Mishná queda abierta a
la discusión y admite variedad de opiniones contrastantes. No es ante todo un
código legal definitivo. La primera Mishná aparece cuando los sabios se reunieron en “la
viña de Yavné”: allí prevaleció la opinión de
que toda halaka (norma de conducta) es siempre conforme
a las decisiones de Hillel.
Más adelante hubo la Mishná de
Rabí Aqiva, que no es lo que enseñaba él, sino lo que
él repetía de la boca de sus maestros.
Aqiva ordenó sistemáticamente los halakot,
los haggadot y los midrashim. Otros discípulos continuaron esta
labor, como Rabí Meír, y luego su discípulo Rabí Yehudá-ha-Nasí. La Mishná
consta de 63 tratados (massektot)
agrupados en 6 órdenes (sedarim).
2. Se escribió, en el mismo orden y con el mismo estilo, un
suplemento, un comentario “añadido” a la Mishná.
Es la Tosefta, que reúne halakot
dispersas y comentarios de Yehuda ha-Nasi y otros. Con esta obra se cierra el período de los tannaítas, a mediados del siglo II d. C.
3. y 4. Desde mediados del siglo II el centro del hebraísmo
se traslada a Galilea, a ciudades como Bet She’arim y Séforis. Algunos
rabinos se quedaron en Cesarea y Tiberiades.
En esa zona, en el curso del siglo III y IV, se fue formando el Talmud (estudio, enseñanza, aprendizaje).
El Talmud consta de Mishná, escrita en un hebreo no literario y de Gemarah, complemento, escrito en arameo. El Talmud es la “Summa”
del hebraismo rabínico.
Existe un Talmud palestinenese o de Jerusalén y un Talmud
de Babilonia. El primero se formó en el siglo III y IV d.C. en Tiberíades o en Cesarea marítima. El segundo data del siglo IV-V, es
tres veces más extenso que el de Jerusalén y se extendió luego a los países
dominados por el Islam, desde Bagdad y Egipto hasta el norte de Africa y España.
4. El Talmud es el compendio de la
Ley oral, abarca siglos de sabiduría judía.
Comprende leyes, leyendas y filosofía, historia y ciencia, en un marco ordenado
y lógico, todo en torno a la Torah (Talmud Torah). Es
una obra sugestiva y su lectura es provocativa: el lector es requerido para que formule preguntas, tiende a crear
conocimiento y sabiduría. Almacena el saber del pueblo judío hasta los albores
de la Edad Media.
Fue hasta 1492 cuando se hizo la primera edición del Talmud y de la Mishná, en
Nápoles, publicada por Soncino. Luego apareció la edición
típica hecha por un impresor Justiniano, en Venecia, en 1546. Hay actualmente
ediciones en latín alemán, inglés, italiano, francés. Una edición del Talmud de Babilonia y de la Mishná
en español, está en curso de publicación desde 1968 en Buenos Aires.
5. El Midrash (darásh = buscar, investigar) es
un uso peculiar del AT entre los rabinos, sin paralelo en otras literaturas
vecinas. Es un estudio del texto sagrado para buscar una respuesta de Dios. No
es una investigación del sentido literal de un texto sino una forma de actualizarlo
en una lectura edificante. Es una meditación. Es una reconstrucción
imaginativa.
Una norma legal puede ser reestablecida, un episodio puede
ser narrado de nuevo no en su contexto histórico sino actualizándolo, para que
proyecte su luz en el presente. Es
un modo de buscar a Dios y su rostro (Salmo 24,6:27,8; Amós 5,5-6).
Hay dos tipos de midrash, el haláquico y el haggádico, según
se refieran a la conducta o a la narración de hechos (haggadah). La haggada
desentraña el sentido edificante de los relatos especialmente del Pentateuco
(el Génesis es todo haggadah).
En el AT hay numerosos ejemplos de Midrash
en la tradición sacerdotal: Salmos
78 y 105; Eclesiástico 44-50; Sabiduría 16-19; la alegoría de la historia de Israel
en Ezequiel 16,23; la relectura que de Isaías 40-55 hace Isaías 60-62, así como
el Eclesiástico 24 relee Proverbios 1,20-33; 8,22-9,6.
Varias narraciones de Daniel, Jonás, Tobías, Esther toman
normas de conducta establecidas en la Ley y las enmarcan en narraciones
ficticias, con fines didácticos o de edificación.
En el NT tenemos ejemplos de midrash
haggádico en los historias de la infancia de Mt y de Lc. Mt 27,3-10 narra la muerte de Judas en
términos de Zacarías 11.12 y Jeremías 32,6-15; 18,2 s; 19,1s.
En el NT son pocos los ejemplos de Midrash
haláquico.
Uno de ellos es el caso de divorcio en Mt 5,32 y 19,
9 en donde se deriva de la Ley una norma de conducta.
San Pablo emplea el midrash en Gal 3-4 (Abraham-Sara-Agar), en Rom 4 (la fe de Abraham), Rom
9-10 (la incredulidad de los judíos), 1Cor 10 (las tradiciones del éxodo y el
desierto).
El empleo del midrash en la Carta
a los Hebreos es una constante significativa, especialmente Hb
11 (los relatos sobre los gigantes de la fe en Israel).
Sirvan estos datos y estas reflexiones para adentrarnos en
la mentalidad hebrea y en sus fascinantes procedimientos de interpretación.
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