JESúS EN EL TALMUD

Por  J. Martín Lara Becerril

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 Al hablar de Jesús y su historia, siempre ha sido muy interesante, hay voces que dicen, que hablen de Jesús sus amigos hasta cierto punto es comprensible, ya que hablar del amigo, del maestro, del hombre a quien se admira es una manera muy normal de actuar del hombre, pero que hablen de Jesús aquellos que de una forma u otra han diferido de él sería mejor y más significativo, por eso en esta exposición quiero fijarme de un modo muy especial que piensan de Jesús aquellos hombres en cuya fe monoteísta Jesús nació, creció,  vivió y murió.  Es muy cierto que siempre oímos la voz de los grandes admiradores de Jesús, pero hoy  quiero abrir una ventana desde donde se oiga la voz de los grandes comentaristas del judaísmo, su pensamiento y su forma acerca de cómo captaron la historia de Jesús.

 Ante la falta de material y tiempo para la reflexión e investigación requeridas, presento íntegro el VI capítulo: Jesús en el Talmud,  del documento  EL TALMUD de Iser Guinzburg , con algunas observaciones finales que ayudan a la comprensión del Jesús histórico.
 

 1.- Un pensamiento hebreo sobre la historia de Jesús

Sobre Jesús, fundador del cristianismo, encuéntranse en el Talmud relativamente pocas noticias, y las que sí existen tienen un valor histórico muy escaso.

Y eso no tiene nada de extraño. Jesús no es una excepción en este sentido. Las referencias históricas del Talmud son, de un modo general, muy magras, y, además, no del todo exactas. El Talmud es, ante todo, un código que alude a hechos históricos solamente cuando hacen falta para fundamentar alguna ãhalajaä, una ley .

Por lo demás, no debe olvidarse que Jesús fue en vida una personalidad harto insignificante; desempeñó un papel reducido y ejerció una influencia muy pequeña en la vida de su pueblo. Agitadores y predicadores como él, empeñados cada cual a su modo en mejorar la inaguantable situación del pueblo, existieron en abundancia en Palestina en aquellos días turbulentos. Judas de Galilea y sus discípulos, Menahem el esenio y sus secuaces, los zelotas, Juan el Bautista y más tarde Jesús fueron todos productos de aquella época de transición. Como en todos los períodos en que la humanidad se encuentra en una encrucijada, surgieron toda clase de sectas y de partidos, algunos de los cuales tenían un carácter puramente político, mientras que otros, en cambio, representaban movimientos genuinamente éticos. El joven y entusiasta soñador del lejano villorrio de Nazareth no llamó, al parecer, mayormente la atención de sus coetáneos, siendo esta la causa por qué se habla de él tan poco en las fuentes antiguas .

El cristianismo empezó a propagarse y a convertirse en una potencia formidable mucho tiempo después de la muerte de su fundador, cuando sus discípulos, gracias a la influencia de San Pablo (Saúl de Tarsis), se pusieron a divulgar el Evangelio entre los pueblos circundantes, contrariando así los deseos primitivos del mismo Jesucristo, quien afirmó que había sido enviado únicamente a los hijos (es decir, a los judíos).  Sus discípulos recogieron todas las noticias que podían encontrar acerca de la vida y las actividades de su maestro, las adornaron con toda suerte de milagros y así nacieron los relatos que constituyen los Evangelios. Algunos de esos relatos eran también conocidos por los judíos, quienes los ornamentaron a su manera, explicando los susodichos milagros como obra de brujería y del Espíritu Maligno.

Los relatos sobre Jesús que contiene el Talmud, lo mismo que los que encierran los Evangelios, no fueron escritos por los contemporáneos de Jesús, sino mucho más tarde: los talmúdicos fueron compuestos alrededor del siglo III o IV y su finalidad fue polémica: combatir a los judeocristianos. Claro está que se debe confiar bien poco en esos relatos si se quiere emplearlos como material histórico, del mismo modo como tampoco se puede tener fe en las versiones demasiado favorables del Nuevo Testamento.

La historia relativa al nacimiento de Jesús es un invento posterior. Surgió cuando los cristianos empezaron a sostener que Jesús había nacido del Espíritu Santo. Contra esta divinización alzóse la leyenda judía acerca del nacimiento ilegal de Jesús. En el Talmud mismo, en todo caso, se encuentran escasas alusiones sobre el particular. Conviene observar aquí que los primeros cristianos, sobre todo los judeocristianos, jamás creyeron en el origen divino de Jesús; sólo veían en él al Mesías, al redentor tan largamente ansiado. Fueron los cristianos paganos los que dieron en considerarlo como Hijo de Dios.

Los primeros judeocristianos  se diferenciaban en general muy poco de los judíos genuinos. Cumplían todos los preceptos casi tan celosamente como los mismos fariseos, y en algunos sentidos eran más piadosos aún, practicando las costumbres de los esenios, a quienes les unía un parentesco estrecho. El mismo Jesús enseñaba que no había venido para modificar la Ley, sino para robustecerla. Ordenó a sus discípulos que fuesen más piadosos que los fariseos (Mt 5, 20).

Durante mucho tiempo se produjeron disidencias entre los judeocristianos y sus correligionarios paganos. Los primeros se circuncidaban y no comían alimentos ritualmente  impuros, mientras que los segundos, encabezados por el antiguo fariseo San Pablo, abolieron todos los preceptos religiosos. Acerca de estas contiendas pueden encontrarse huella en el mismo Nuevo Testamento, como por ejemplo, en ãLos Hechos de los Apóstolesä, capítulo 11 .

El hermano de Jesús, Santiago, vivía entre los judíos y era  muy piadoso. Según Josefo, los fariseos protestaron vehementemente cuando fue sentenciado a muerte por un Gran Sacerdote saduceo. En síntesis, en un cominazo las relaciones entre los judíos y los judeocristianos fueron más o menos cordiales.

Más tarde, cuando triunfó el elemento pagano y el cristianismo se disgregó totalmente del judaísmo, cuando los judeocristianos desdeñaron del todo la Ley judaica y la nacionalidad judía y se mezclaron con los extraños, empezó a cundir el odio, que se vigorizó más aún cuando los cristianos se pusieron a perseguir a sus antiguos hermanos, los judíos.

La lucha contra Jesús y los cismáticos sólo empezó al adquirir la supremacía el elemento pagano, gracias a la actividad de San Pablo, quien rechazó los preceptos de orden práctico, separándose de este amanera definitivamente del judaísmo. Al mismo tiempo nació la creencia en l divinidad de la persona de Jesús (concepto puramente pagano) . Los talmudistas vieron en eso, y con razón; un peligro para la religión judía. Emprendieron por ello una lucha contra estos dos puntos, implantando nuevas disposiciones y prohibiciones que tendían a alejar al pueblo de los heréticos y de sus maestros.

Establecióse la prohibición de mantener relaciones con los judeocristianos, de emparentarse con ellos, de comer de su ãschjitaä (matanza ritual), de emplear su pan, su vino y aceite. Un rollo de la Ley escrito por un cismático debía ser quemado, en parte porque se sospechaba de que lo hubiese adulterado. Implantáronse muchas costumbres nuevas, aboliéndose algunas antiguas, a fin de que los cristianos no tuvieran pruebas para afianzar sus opiniones.

Toda insinuación sobre la ãdoble divinidadä era perseguida rigurosamente. De la lucha entre el monoteísmo judío y el politeísmo pagano surgió entre los primeros judeocristianos el gnosticismo, análogo por muchos conceptos a la cábala teórica. De este modo se intentaba explicar la trinidad y la divinidad de Jesús. Esta tendencia dentro de la filosofía, que bebía su savia de la escuela alejandrina, fue muy combatida. El odio contra la ãsabiduría helénicaä tornó a revivir.

La ãmischnaä en el Tratado Berojoth, 33, que reza: ãEl que dice (en sus oraciones): ãTe apiadaste del nido de un pájaroä, o ãque tu nombre sea recordado para bienä, o ãagradecemos, agradecemos, y se le hace callarä, esta ãmischnaä está dirigida contra los cismáticos, los cuales sostenían que los atributos de Dios son solamente la bondad y el amor, y por consiguiente, no eran partidarios de los demás preceptos prácticos. Los talmudistas, en cambio, para quienes todos los preceptos eran igualmente importantes, aseguraban que los atributos de Dios son inexplicables y que todas las prohibiciones eran imposiciones. El decir, por otra parte, dos veces ãagradecemosä, originaba la sospecha de que el que lo decía, creía en una divinidad doble.

A causa de los cismáticos se estableció también que inmediatamente después de decir ãOye, Israel, Dios nuestro Dios es únicoä, se dijera asimismo ãbendito sea Su nombre para la eternidadä, lo que significaba que El no ha tenido ni tendrá otro igual a sí.

Antiguamente, junto con la oración de ãkriath schmáä se recitaba también el Decálogo, pero luego éste fue suprimido, para que los cismáticos no infirieran de ello que los Diez Mandamientos eran lo esencial del judaísmo.

Aquí resta agregar que esta lucha estuvo dirigida tan sólo contra los primeros cristianos, quienes se consideraban más o menos judíos y vivían en medio de éstos. En cuanto a los cristianos paganos, los judíos no tenían con ellos trato, ni veían en ellos un peligro especial para la existencia de su credo.
 

 2.- Jesús en el Talmud

La actitud del Talmud con respecto a Jesús no es muy amistosa, naturalmente, pero tampoco es tan hostil como podría esperarse. En las leyendas más antiguas hasta se nota una inclinación más o menos simpática hacia el fundador del cristianismo.

En el tratado Guitin 57, se refiere que un sujeto, valiéndose de la hechicería, hizo salir desde su fosa a Balaam para preguntarle quiénes eran, en el mundo de ultratumba, los hombres más descollantes y si valía la pena convertirse al judaísmo. Contestóle Balaam que los más destacados eran allí los judíos, pero sin embrago le aconsejó no tener ninguna relación amistosa con los hebreos. Entonces hizo acudir desde su tumba a Jesús, planteándole las mismas preguntas, a lo que contestó: ãLos judíos son los más distinguidos; empéñate en hacerles el bien y cuídate de causarles mal, porque el que se mete contra ellos juega con fuegoä. El Talmud termina el relato con esta advertencia: ã¡Mira la diferencia entre un judío y un profeta de las otras naciones!ä Aquí Jesús es considerado como judío (es verdad, como judío pecaminoso, digno de pena) que ama a su pueblo.

En el tratado Ioma  66, hasta figura una pregunta que se le formuló a Rabí Eliézer el grande: ãFulano ¿disfruta de la vida de ultratumba?ä (es opinión de los investigadores modernos que con la palabra ãFulanoä se alude a Jesús). Rabí Eliézer se escurre sin dar una respuesta directa, pero el hecho de que se haya producido tal pregunta, basta por sí solo. En aquel entonces la ãvida de ultratumbaä era un artículo estimadísimo, nada despreciable. El propio Jesús era en este sentido bastante reservado, pues prometía la vida de ultratumba únicamente a los que creían en él.

Todas las noticias que se encuentran en el Talmud acerca de la personalidad, nacimiento, vida y muerte de Jesús, son muy oscuras. De muchos pasajes se infiere que los talmudistas habían confundido a dos personas en una sola: su Jesús es una especie de personalidad compuesta, lo que, por otra parte, se nota también en los Evangelios.

En el Talmud se menciona el nombre de Jesús de Nazareth o Ischu, a quien se llama asimismo ãBar Pandiraä o ãPantiraä; cítase además a cierto ãBar Sotedaä, al cual los amoraim ulteriores identificaron con Jesús, explicándolo como ãBar Sotesdaä, que significa: ãhijo de la pecadoraä (Tratado Sanedrín,  67).

Aquí parece haber un error. Ese ãBar Sotedaä fue en realidad otra persona. Fue, probablemente, el profeta que vaticinó la caída de los muros de Jerusalén. Había venido de Egipto y llevaba consigo una compañía de cuatro mil acólitos. Herodes Filipo aniquiló su batallón. Es posible que luego fuese aprehendido y apedreado en Lud, conforme lo relata el Talmud (Sanedrín, 67). Jesús, empero, fue crucificado (y no apedreado) en las cercanías de Jerusalén (y no en Lud).

También el Nuevo Testamento menciona a este profeta de Egipto. Su nombre esa Teudas (Hech 5, 36), y en otro pasaje (Hech 21, 38) un capitán griego acusa a San Pablo de ser ãaquel egipcio que levantó una sedición antes de estos días y sacó al desierto cuatro mil hombres salteadoresä. La leyenda judía, y en parte también la cristiana confundió la huída y el regreso de Teudas o ãBar Sotedaä de Egipto con la persona de Jesús, el cual, a su vez, habría huido de Egipto:

Cierto relato del Talmud (Tratado Sota, 47) comienza con esta moraleja: ãRechaza siempre con la mano izquierda y acerca con la derecha. No como Elischa, que rechazó de sí a Guejazia con las dos manos, ni como Josué ben Perajia, que rechazó a Jesús de Nazaret con ambas manosä. ãCuando el rey Janeo ö empieza el relato ö asesinó a los sabios, Josué ben Perajia y Jesús Nazareno, su discípulo, huyeron a Egipto, a Alejandría. Restablecida la paz, Simeón ben Schetaj escribió una carta: ãDe mí, Jerusalén, ciudad santa, a ti, Alejandría, hermana mía. Mi esposo se encuentra en ti y yo soy una triste abandonadaä. A su regreso entraron en una posada, donde fueron recibidos cordialmente. Josué ben Perajia alabó la posada; a Jesús Nazareno gustóle más la dueña, y dijo: ãRabí, ella tiene ojos hermososä. Josué ben Perajia se encolerizó y exclamó: ã¡Malvado!ä ¿De esto te ocupas?,,,  Y lo excomulgó. Jesús volvió varias veces, deseoso de arrepentirse, pero Josué ben Perajia no quiso recibirlo. Un día, Jesús llegó en el momento en que su maestro estaba rezando. Hízole seña con una mano para que esperara. Jesús, empero, creyendo que volvía a rechazarlo, salió a la calle, colocó un ladrillo y empezó a adorarloä.

Todo este relato carece del más mínimo valor histórico. Lo único interesante es que Jesús de Nazareth es considerado como discípulo de Josué ben Perajia, quien vivió justamente un siglo antes de la era vulgar. Habría huido de Egipto no por causa de Herodes, que quería ultimarlo como futuro Mesías, según lo refiere el Evangelio, sino por causa del rey Janeo, que quería asesinar a todos los fariseos, y entre ellos a Josué ben Perajia y a su discípulo Jesús de Nazareth.

En otro pasaje del Talmud (Sanedrín 43), en el que se habla de la muerte de Jesús, se dice que era un allegado el trono, una figura destacada en los círculos gubernamentales. Es evidente que esto no podía afirmarse respecto del Jesús Nazareno histórico, quien, por el contrario, era perseguido por las autoridades.

Acerca de su muerte se aduce en varios pasajes que Jesús fue lapidado (muerte genuinamente judía).

Como se ve, la cuestión es compleja y confusa. Una sola cosa es segura: los contemporáneos de Jesús no dejaron noticias a su respecto. Los talmudistas ulteriores, que sí escribieron sobre él, no sabían nada a ciencia cierta y confundieron, al parecer, diversas épocas y distintas personas.
 

 3.- La doctrina de Jesús y el Talmud

Contra las doctrinas de Jesús Nazareno nada podían objetar los talmudistas, por cuanto casi todas las enseñanzas morales y las parábolas que figuran en los Evangelios, particularmente en el célebre ãSermón de la montañaä, encuéntranse también dispersas en distintos lugares del Talmud, no sólo en su contenido, sino frecuentemente con las mismas expresiones e idénticos ejemplos. No quiere decir esto que los talmudistas las tomaron de los Evangelios o viceversa. Eran más bien enseñanzas y máximas generalmente conocidas y comúnmente admitidas. El orador de la Montaña las empleó en sus discursos del mismo modo como las empleaban los oradores talmúdicos.

No es éste el lugar para extendernos sobre esta cuestión ni para traer las enseñanzas paralelas que se encuentran en el Talmud y en los Evangelios. Sólo mencionaremos algunos casos, por vía de ejemplo.

Jesús decía: (Mt 6, 26): ãMirad las aves del cielo, que no siembran, ni siegan, ni allegan en alfolíes; y vuestro Padre celestial los alimenta. ¿No sois vosotros mucho mejores que ellas?ä

Rabí Simeón ben Eliézer (Tratado Kiduschin,  83): ã¿Has visto alguna vez animal o ave que tenga oficio? Y sin embargo, son alimentados sin dolor; y eso que han sido creados para servirme. Yo, que he sido creado para servir a mi creador, debo, con más razón, ser alimentado sin dolorä.

Jesús Nazareno dice (Mt 6, 19 - 20): ãNo os hagáis tesoros en la tierra, donde la polilla y el orín corrompe y donde ladrones minan y hurtan; más hacéos tesoros en el cielo, donde ni polilla ni orín corrompe y donde ladrones no minan ni hurtanä.

El Talmud refiere (Tratado Baba Batra, 11): ãsucedió que el rey Munbaz invirtió en un año de hambre todos los tesoros y todos los caudales de sus padres a favor de los hambrientos. Su familia empezó a hacerle reproches, y él replicó: Mis padres han ocultado abajo, y yo he ocultado arriba... Mis padres han escondido allí donde puede llegar la manos del hombre; yo, donde la mano del hombre no puede llegar... Ellos han ocultado algo que no trae frutos; yo, una cosa que trae frutos... Ellos han ocultado para otros; yo, para míä...

Jesús enseñaba (Mt 7, 1): ãNo juzguéis, para que no seáis juzgados. Porque con el juicio con que juzgáis, seréis juzgadosä. Lo mismo se encuentra muchas veces en el Talmud: ãConforme juzga el hombre a otros, así lo juzgan a élä.

La expresión: ¿äPor qué miras la mota que está en el ojo de tu hermano, y no echas de ver la viga que está en tu ojoä? (Mt 7), se encuentra asimismo un par de veces en el Talmud: ãEl le dice: Saca la mota de tus ojosä. En el Talmud aparece otro giro similar: ãPrimero adórnate a ti y luego adornarás a los demásä. La tesis de que no hay que contestar las injurias se encuentra también en el Talmud: ãLos que son ofendidos y no ofenden, y oyen cómo se les injuria y no contestan, brillarán siete veces más que el solä.

Jesús enseñaba: ãY el que diga al prójimo ãinfameä, caerá en el fuego del infiernoä. El Talmud enseña (Tratado Baba Metzia, 58): ãQuien difama a su compañero no sale del infiernoä. En lo tocante a ofender y agraviar al prójimo, el Talmud es mucho más severo que Jesús (Baba Metzia, 58, 59).
 

4.- El Testimonium Flavianum

4.1 La Historia Eclesiástica de Eusebio de Cesarea (265-340) y la tradición manuscrita directa (en griego).

En aquel tiempo, apareció Jesús, hombre sabio, en tanto en cuanto conviene decirle hombre. En efecto, fue el autor de obras prodigiosas, el maestro de los hombres que reciben con alegría la verdad. Arrastró tras de sí a muchos judíos y también a muchos griegos. Era el Cristo. Pilato le condenó a la cruz, por la denuncia de nuestros jefes que no le habían amado antes, ni le amaron después. Pero se les apareció al tercer día, vivo de nuevo. Los divinos profetas habían dicho ya estas cosas y otras diez mil maravilla sobre él. Hasta el momento, el grupo de cristianos, así llamados a causa de su nombre, no ha desaparecido.
 

4.2 De Viris illistribus de San Jerónimo (342-420, en latín).

En la misma época existió Jesús, hombre sabio, en tanto en cuanto conviene decirle hombre. En efecto, fue el autor de hechos asombrosos y el maestro de todos aquellos que reciben  libremente le verdad. Además, muchos, tanto judíos como griegos, se hicieron sus discípulos y se creía que él era el Cristo. Pilato le puso en una cruz por los celos de nuestros jefes, y los que le habían amado al principio perseveraron a pesar de todo en la fe. En efecto, se les pareció vivo al tercer día, pues los cánticos de los profetas habían predicho estas maravillas y otras muchas todavía. Hasta el momento, la raza de los cristianos cuyo nombre les viene de él, no ha cesado.

4.3 La Historia Universal del árabe Agapios (obispo de melquita de Hierápolis, siglo X, en árabe).

En aquella época, hubo un hombre sabio llamado Jesús, cuyo comportamiento fue bueno; sus virtudes fueron reconocidas. Y muchos judíos y de otras naciones se hicieron sus discípulos. Pilato le condenó a ser crucificado y a morir. Pero aquellos que se habían hecho sus discípulos, predicaron su doctrina. Contaron que se les había aparecido tres días después de la crucifixión y que estaba vivo. Quizá fuera el Mesías de quien los profetas habían dicho prodigios.

4.4 La Crónica siríaca de Miguel el Sirio (patriarca jacobita de Antioquia, en el siglo XII, en siríaco).

En aquella época, hubo un hombre sabio llamado Jesús, en tanto en cuanto conviene llamarle hombre. En efecto, fue el autor de obras extraordinarias y maestro de verdad. Muchos judíos y de otras naciones se hicieron sus discípulos. Se pensaba que era el Mesías.  Pero no según el testimonio de los jefes de nuestro pueblo. Por eso Pilato lo entregó al castigo de la cruz y murió. Y los que le habían amado, no dejaron de amarlo. Se les apareció al cabo de tres días, vivo. En efecto, los profetas de Dios habían dicho de él todas estas maravillas. Y hasta ahora no ha cesado el pueblo cristiano cuyo nombre le viene de él.

 4.5 Antigüedades de los Judíos

<<Por aquel tiempo existió un hombre sabio, llamado Jesús, si es lícito llamarlo hombre, porque realizó grandes milagros y fue maestro de aquellos hombres que aceptan con placer la verdad. Atrajo a muchos judíos y muchos gentiles. Era el Cristo. Delatado por los principales de los judíos, Pilatos lo condenó a la crucifixión. Aquellos que antes lo habían amado no dejaron de hacerlo, porque se les apareció al tercer día resucitado; los profetas habían anunciado éste y mil otros hechos maravillosos acerca de él. Desde entonces hasta la actualidad existe la agrupación de los cristianos>> .
 

 5.- Conclusiones

 Presento ahora, algunas conclusiones que pueden ser útiles referente a lo expuesto anteriormente.

5.1 El Talmud y Jesús

 Con lo que respecta a capítulo VI del Talmud podemos hacer las siguientes comentarios que a primera vista nos llaman la atención y que dan luces sobre la historia de Jesús:
 Son sus adversarios los que comentan algo respecto de Jesús.  Esto es muy significativo porque no son los amigos los que hablan, sino los adversarios. Esto quiere decir que de alguna manera se tiene en cuenta la persona, y no tiene caso iniciar un debate sobre una persona que se  sabe jamás ha existido.  Al hacer pues un debate, un comentario supone pues la existencia de Jesús.

 Por otra parte, Jesús no solo habló a sus amigos después de la resurrección, se manifestó vivo a uno de sus mayores opositores como lo fue Pablo de Tarso (Hech 9,1-19), él en varias ocasiones dio testimonio de este encuentro con Jesús en el camino de Damasco ( Ga 1,11-17 ).

En este comentario de Iser se deja ver con toda claridad que él no tiene ninguna duda acerca de que Jesús ha existido históricamente, aunque el modo de interpretar los hechos que el Nuevo Testamento narra no coincida en su interpretación con el cristianismo, como en el caso de su concepción y divinización.

 Los calificativos que en este comentario le dan a Jesús son: que es un hombre judío y originario de Nazareth, además, que su persona corresponde a las expectativas mesiánicas del Antiguo Testamento desde la mentalidad judía, según los primeros judeocristianos, pero que en nada es comparable con Dios, que no hay una tal divinización. También aparece el título de Jesucristo, este atributo nos hace pensar en el Jesús hombre histórico unido a la idea mesiánica.

 Es de hacer notar además, que al presentar una semejanza de doctrina entre Jesús y el Talmud, hace de Jesús un hombre de su tiempo, de su cultura, de su historia, de su pensamiento religioso.

 Con todo esto se puede concluir que Jesús, según el Talmud es un personaje histórico, ya que el modo de hablar sobre él claramente lo acepta como tal, y de ningún modo contradice su existencia.

5.2 Jesús y el Testimonio Flavianum

 André Paul  afirma que el texto considerado como oficial es el de Eusebio, corresponde directamente al de la tradición manuscrita directa, igualmente cristiana. Sin embargo, este documento ha sido puesto en juicio acerca de su autenticidad, ya desde el siglo XVI. Aquí este texto, dentro de la obra de Eusebio, encontró un lugar vivo para él y una forma que le dio significación y posibilidad de vivir, dado que Eusebio se considera como la base de los otros documentos posteriores cristianos.

 Acerca del texto escrito en las Antigüedades de Josefo, se hace el siguiente comentario: se trata de un texto interpolado, por un lector cristiano que añadió al texto original una nota marginal incorporada luego al texto, se afirma lo siguiente dado que el pasaje interrumpe el relato, que prosigue en el párrafo siguiente , además, es imposible que un judío como Flavio después de la catástrofe nacional del año 70 considerara a Jesús como Mesías. A esto se añade el testimonio de Orígenes (185-255), que había leído las obras de Josefo, dice que éste no creía en que Jesús fuera el Cristo, además es difícil concebir que un historiador judío pudiera decir, hablando de Jesús: <<En tanto cuanto se le puede llamar hombre>> y <<era el Cristo>> .

 Hay también otros testimonios antiguos donde hacen alusión a Jesús y su movimiento cristiano: Nerón acusa a los cristianos de haber quemado Roma.  En una carta de Plinio  Trajano nos dice: Solían reunirse en días determinados antes de la aurora para cantar himnos a Cristo como Dios. Adriano le da instrucciones a Minucio Fortino de cómo controlar a los cristianos.  En la carta de Mara, padre de Cerapión: Así como los cristianos tuvieron a un Sócrates, los judíos tuvieron a un Jesús.
 
 

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