Salvador García Cuéllar
Haremos un estudio comparativo de los cuatro textos del Nuevo Testamento que prescriben (o narran) la Institución de la Eucaristía. Se trata de La Primera Carta a los Corintios, capítulo once, versículos del 23 al 26, y los Evangelios Sinópticos: el de San Mateo en el capítulo 26, versículos del 26 al 29; San Marcos en el capítulo 14, versículos del 22 al 25; y San Lucas, capítulo 22 versículos del 15 al 20.
Las pretensiones de este trabajo no son de tipo histórico, es decir, a diferencia de la mayoría de mis congéneres, no deseo establecer el texto más cercano a los hechos, pues creo que todos ellos son auténticos, válidos y verdaderos a pesar de sus diferencias, aun más, al final de este trabajo podremos convencernos de que las diferencias les añaden validez. Lo que pretendo es hacer una serie de sencillas reflexiones para vislumbrar el origen de los textos en cuanto a su situación propia.
En primer lugar expondremos brevemente la ceremonia de celebración de la pascua judía, para situar el fenómeno histórico de la aparición del rito eucarístico; luego examinaremos cada uno de los cuatro textos para responder a inquietudes antiguas generadas por los mismos relatos; y finalmente reflexionaremos sobre la novedad del rito, significante de la novedad de la Alianza presentada por Jesucristo.
La Pascua judía en tiempos de Jesús
En el Libro del Éxodo, Dios manda a su pueblo que recuerde la redención de la cautividad mediante un rito. Esta celebración ha evolucionado, y aún en la actualidad sigue cambiando, pues aunque se diga conservador, el hombre siempre ha estado impelido a modificarse a sí mismo y a su entorno, y los ritos no son la excepción. Así, el Éxodo manda que la pascua se celebre de pie, para significar que los comensales están a punto de salir de una cautividad ominosa, además no prescribe tomar vino. Por lo que conocemos, en los tiempos de Nuestro Señor el rito pascual ya no era el mismo que prescribía el Éxodo, pues la celebración se hacía en posición recostada, y además se ingería vino, costumbre tomada de los asirios y tal vez de los mismos cananeos.
Para darnos una idea de cómo era la celebración pascual en tiempos de Jesucristo, tomamos una versión del siglo II, la cual, aunque contiene materiales de siglos anteriores, refleja cercanamente lo que se hacía en el siglo primero. Este es el rito:
1. El padre de familia iniciaba la celebración con la bendición a Yahveh por la fiesta de la pascua y por el vino, que se tomaba en una primera copa a modo de aperitivo.
2. Después de purificar las manos, se traían las yerbas amargas y la salsa roja de frutas, se mezclaban las hierbas con la salsa y se comía una parte.
3. Se llenaba una segunda copa y se presentaba, pero todavía no se tomaba.
4. A continuación venía propiamente la liturgia pascual. Se iniciaba con la rememoración que hacía el padre, de la noche de la liberación de Egipto, explicando el simbolismo de los alimentos: el cordero recordaba la noche de la liberación; los ázimos, la prisa de la salida; y las hierbas amargas, la amargura de la estancia en Egipto. Se cantaba la primera parte de los himnos y se bebía la segunda copa.
5. De nuevo se lavaban las manos, El padre de familia toma el pan y dice la bendición, parte el pan y da un pedazo a cada uno de los presentes.
6. Se comían entonces el cordero con el pan ázimo y se lavaban de nuevo las manos.
7. Se servía la tercera copa, llamada copa de la bendición porque el padre recitaba la bendición sobre ella, y todos la bebían.
8. Se llega así a la cuarta copa y se recita la segunda parte de los himnos, se bebe esta copa y con ello se marca el final.
Si, en ocasión de la Institución de la Eucaristía, Jesús celebró una pascua Judía ortodoxa en el tiempo prescrito o no, es una cuestión que todavía se debate. En todo caso, podemos proponer tres hipótesis para resolver de algún modo esta pregunta:
1. Jesús celebró una pascua judía ortodoxa y completa, y entre los ritos prescritos dejó su propio memorial.
2. Jesús celebró parcialmente la pascua judía e incluyó lo que ahora se conoce como rito eucarístico.
3. Jesús no celebró la pascua judía, sólo el rito eucarístico.
No es fácil escoger la hipótesis correcta, pues todas dejan algunas preguntas sin respuesta satisfactoria, sobre todo en cuanto al tiempo exacto de la celebración.
El considerar si la celebración de la cena del Señor con los discípulos fue en el tiempo prescrito por la Ley, rebasa los límites del presente trabajo; lo cierto es que ha habido muchos intentos de conciliar las diferentes cronologías y parece que no se tiene un consenso absoluto. Sin embargo, sí podemos afirmar que los textos que comentamos presentan los hechos en un contexto pascual. Además, no podemos negar la semejanza del rito eucarístico contenido en el Nuevo Testamento con los números del 5 al 7 de la celebración pascual judía mencionada anteriormente.
Procedencia de los relatos
Nuestra postura es que Jesús celebró una pascua ortodoxa, con todas sus partes según lo prescribía el judaísmo de su tiempo, e incluyó ahí lo que ahora conocemos como el rito eucarístico. En un principio, la rememoración de la Cena del Señor se hacía dentro de la pascua judía, pero luego se fue apartando de ella hasta que se independizó completamente. A la distancia, las comunidades cristianas desarrollaron sus liturgias basadas en el rompimiento con las tradiciones judías. Los textos que hemos recibido sobre la institución de la Eucaristía proceden de los ritos que se celebraban en estas comunidades donde se escribieron los Evangelios sinópticos y en la comunidad donde San Pablo recibió la iniciación al cristianismo.
Al igual que el rito pascual en el judaísmo, el eucarístico evolucionó dentro de las primeras comunidades cristianas. Un desarrollo como éste suele tener un proceso de cambios casi imperceptibles en las palabras y los gestos prescritos; pero las variaciones, además de sutiles, deben aclarar el sentido y perfeccionar el rito sin añadir ni quitar nada de lo que originalmente se tenía por cierto, de modo que cuando se introduce una innovación, nadie proteste, al contrario, sea aceptada como un no-cambio, es decir, debe significar una continuidad absoluta. Indudablemente hubo quienes trataron de introducir modificaciones más burdas, tanto de gestos y de palabras como de sentido, dentro del mismo proceso evolutivo, pero esas variantes sí fueron percibidas como peligrosas o como la introducción de una mentira dentro del rito, lo que lo haría heterodoxo, de modo que tales innovaciones se tomaron como espurias y muy pronto fueron desterradas y olvidadas.
El texto de 1 Cor 11, 23-26
11 23 o[ti o` ku,rioj VIhsou/j evn th/| nukti. h-| paredi,deto e;laben a;rton
24kai. euvcaristh,saj e;klasen kai. ei=pen( Tou/to, mou, evstin to. sw/ma to. u`pe.r u`mw/n\ tou/to poiei/te eivj th.n evmh.n avna,mnhsinÅ
25w`sau,twj kai. to. poth,rion meta. to. deipnh/sai le,gwn( Tou/to to. poth,rion h` kainh. diaqh,kh evsti.n evn tw/| evmw/| ai[mati\ tou/to poiei/te, o`sa,kij eva.n pi,nhte( eivj th.n evmh.n avna,mnhsinÅ
26o`sa,kij ga.r eva.n evsqi,hte to.n a;r ton tou/ton kai. to. poth,rion pi,nhte( to.n qa,naton tou/ kuri,ou katagge,llete a;crij ou- e;lqh|Å
De los cuatro textos que hemos recibido de la Institución de la Eucaristía, éste es el más antiguo, pues fue escrito en el año 57, apenas unos cinco lustros después de los hechos históricos.
Análisis lingüístico
Podemos apreciar dos aspectos funcionales del texto: el prescriptivo y el narrativo. También se nota con cierta claridad que el aspecto narrativo está subordinado al prescriptivo, pues lo que está refiriendo como hechos, en realidad tiene la función de decir lo que se ha de hacer. Estamos, pues, ante un texto donde lo central es un mandato, y el contenido de esa prescripción es una ceremonia litúrgica perfectamente identificada, con todas sus partes distinguibles. El mandato del verso 24 (tou/to poiei/te) se reitera en el 25, y después, en el 26 el narrador reafirma la orden mediante la legitimación de la ceremonia: 26 o`sa,kij ga.r eva.n evsqi,hte to.n a;rton tou/ton kai. to. poth,rion pi,nhte( to.n qa,naton tou/ kuri,ou katagge,llete a;crij ou- e;lqh|. El contenido de la prescripción está narrado con claridad, de modo que se puedan repetir los pasos ceremoniales ordenadamente y sin confusiones.
El memorial (th.n evmh.n avna,mnhsin) es una tercera función, también supeditada al mandato, pues se prescribe su repetición para recordar al actante. Cada ceremonia que se ejecute no tiene valor por sí misma ni por quienes la ejecutan, sino por aquél a quien se recuerda.
Al leer este relato de la Cena del Señor, nos encontramos con un lenguaje con ciertos indicios de arcaísmo. Se nota la falta de un verbo en el versículo 24, y tan es así que algunos copistas hicieron diferentes añadidos, cada uno respondiendo a sus usos litúrgicos. Por otra parte, pocos traductores siguen el «texto más seguro» consignado por Kurt Aland, y traducen (o más bien añaden) el verbo según criterios diversos.
Otro elemento arcaizante, esta vez de fondo, es la alusión directa a la muerte, de la que carecen los textos evangélicos. En el texto de San Pablo, se anuncia la muerte del Señor: to.n qa,naton tou/ kuri,ou katagge,llete, y este anuncio está prefigurado desde el inicio de la perícopa, en el verso 23: o` ku,rioj VIhsou/j evn th/| nukti. h-| paredi,deto. Y la mención escatológica es mínima, sólo consta de tres palabras: a;crij ou- e;lqh|Å Lo que puede significar que para el año 57 en las comunidades paulinas aún no se desarrollaba la mención escatológica como la contienen los relatos posteriores, y la muerte del Señor era lo más importante, pues es precisamente lo que se anuncia mediante este rito.
El texto a los corintios no antepone filtro alguno para expresar lo sucedido. Podría ser considerado como el que alcanza el mayor grado de objetividad, por la ausencia de expresiones suavizadoras de lo narrado.
Aspecto litúrgico
En el contexto de la carta, los corintios ya celebraban una liturgia, que al parecer no era muy correcta, y cuando San Pablo trata de corregirla, les prescribe la verdadera Cena del Señor. Se trata de una tradición litúrgica propia, que repite las palabras y los gestos de Jesús de una manera concisa y lapidaria, como un rito ya definitivo que se ha celebrado durante un tiempo lo suficientemente largo como para tenerlo prescrito con todas sus partes. El relato de San Pablo tiene estos elementos:
1. La mención de la noche en que fue traicionado (o` ku,rioj VIhsou/j evn th/| nukti. h-| paredi,deto)
2. El tomar el pan (e;laben a;rton)
3. Dar gracias y fraccionarlo (24 kai. euvcaristh,saj e;klasen)
4. La mención de que el pan fraccionado es Su propio cuerpo (Tou/to, mou, evstin to. sw/ma to. u`pe.r u`mw/n).
5. El mandato de celebrar el memorial (tou/to poiei/te eivj th.n evmh.n avna,mnhsin).
6. El tomar la copa (25w`sau,twj kai. to. poth,rion meta. to. deipnh/sai)
7. La mención de que la copa es la Nueva Alianza en Su sangre (Tou/to to. poth,rion h` kainh. diaqh,kh evsti.n evn tw/| evmw/| ai[mati\)
8. El hecho de que quienes repitan este rito, anuncian la muerte del Señor (tou/to poiei/te( o`sa,kij eva.n pi,nhte( eivj th.n evmh.n avna,mnhsinÅ 26o`sa,kij ga.r eva.n evsqi,hte to.n a;rton tou/ton kai. to. poth,rion pi,nhte( to.n qa,naton tou/ kuri,ou katagge,llete )
9. La pequeña referencia escatológica (a;crij ou- e;lqh)
El texto manifiesta una liturgia evolucionada, y por su antigüedad y contenido, nos enteramos que rebasa las tradiciones protocristianas y procede de los mismos hechos. También manifiesta una continuidad con la cena pascual: los numerales 2 y 3 de la liturgia paulina corresponden al 5 de la pascua judía; el 4 de la liturgia paulina corresponde al 6 de la pascua judía; y el 6 de la liturgia paulina corresponde al 7 de la pascua judía.
En el momento en que San Pablo escribe, la comunidad donde él recibió la iniciación y sus propias comunidades ya celebraban el rito eucarístico tal y como lo muestra el Apóstol en su carta. Lo que diferencia a este rito de los sinópticos es la referencia directa a la muerte, sin eufemismos ni rodeos; además, nada dice de un banquete nuevo en el futuro Reino de Dios Padre. Pablo añade a su narración-prescripción la mención de que quien repita la ceremonia anuncia la Muerte del Señor, es decir, explica el sentido sacramental de la celebración: Cada vez que alguien repite estos gestos y estas palabras, está reiterando la muerte de Cristo. De la misma manera, cuando la cena pascual con los discípulos se dio como un hecho histórico, ésta no tenía valor por sí misma, era una prefiguración de la muerte real en la cruz; de hecho, el partir el pan es un símbolo del cuerpo lacerado en la pasión. Los cristianos recuerdan con esta ceremonia lo que Jesús prefiguró con Su cena.
A pesar de que el texto paulino se escribió muy tempranamente, ya expone una liturgia muy evolucionada, con las excepciones apuntadas en los párrafos anteriores. Esta evolución sólo se pudo haber dado en una serie de comunidades con una relación intensa y con la repetición frecuente del rito, de modo que poco a poco fuera perfeccionándose sin apartarse de la historia ni del dogma.
Algunos autores señalan que San Pablo sigue la tradición antioquena, pero ¿no será más razonable afirmar que los antioquenos incorporaron la tradición paulina?
La cena del Señor en el evangelio según San Marcos
Desde el punto de vista cronológico, el segundo texto es el de Marcos, que fue escrito entre los años 64 y 70. Dice así:
14 22 Kai. evsqio,ntwn auvtw/n labwn a;rton euvlogh,saj e;klasen kai. e;dwken auvtoi/j kai. ei=pen( La,bete( tou/to, evstin to. sw/ma, mouÅ
23 kai. labw.n poth,rion euvcaristh,saj e;dwken auvtoi/j( kai. e;pion evx auvtou/ pa,ntejÅ
24 kai. ei=pen auvtoi/j( Tou/to, evstin to. ai-ma, mou th/j diaqh,khj to. evkcunno,menon u`pe.r pollw/nÅ
25 avmh.n le,gw u`mi/n o[ti ouvke,ti ouv mh. pi,w evk tou/ genh,matoj th/j avmpe,lou e[wj th/j h`me,raj evkei,nhj o[tan auvto. pi,nw kaino.n evn th/| basilei,a| tou/ qeou/Å
Sobre el Segundo Evangelio, se ha dicho muchas veces que se trata de un texto con una redacción torpe y primitiva, pero esas mismas características le imprimen frescura al escrito, y lo hacen que manifieste una mayor cercanía a los hechos históricos y a los sentimientos del Maestro. Este lugar común se confirma en el relato de la Cena del Señor.
Análisis lingüístico
El texto tiene tres partes perfectamente distinguibles: la primera en el versículo 22, la segunda en el 23 y 24, y la tercera en el 25.
Estamos ante una narración que contiene una sola prescripción, la referente al pan: La,bete( tou/to, evstin to. sw/ma, mouÅ Luego sigue el tono narrativo con fuerte dosis de doctrina: Tou/to, evstin to. ai-ma, mou th/j diaqh,khj to. evkcunno,menon u`pe.r pollw/n, y en el momento en que toma la copa, da gracias (en modo indicativo), la reparte y todos beben de ella (también en modo indicativo, no en imperativo). Luego termina con una expresión de añoranza que enmarca la mención del banquete escatológico (vers. 24); se trata de un eufemismo encubridor de la muerte del Señor, y da un salto hacia adelante en el tiempo hasta la eternidad, cuando llegue la celebración del banquete escatológico.
A diferencia del texto paulino, éste no entraña la repetición del acto; se trata de una simple diégesis, una serie de detalles que componen un hecho sin constituir un memorial que ha de repetirse con un propósito determinado.
El texto a los Corintios narra lo que hizo Jesús en la Última Cena, y consiguientemente lo que debe hacer quien anuncia la muerte del Señor, como si algún «celebrante» lo tuviera que repetir ante un público, o bien, como si cada quien lo debiera hacer por su cuenta, solo o en comunidad. En cambio en la narración marcana Jesús interactúa con los discípulos, quienes no son sólo espectadores atónitos, como sucede en el texto paulino, pues reciben el pan: e;dwken auvtoi/j y beben todos de la copa: kai. e;pion evx auvtou/ pa,ntej. Se nota, pues, una participación más activa en los hechos narrados y un mayor acercamiento afectivo hacia el Protagonista. Pablo es objetivo, conciso y lapidario, Marcos es cálido y sencillo. Según Pablo, Jesús toma el pan y la copa, luego ordena que los discípulos repitan el gesto; en cambio en San Marcos Jesús se entrega a sí mismo: reparte su cuerpo y da a beber a todos la copa de su sangre. La actitud es de paternal generosidad, pues no da órdenes estrictas, más bien hace lo que debe y espera que sus discípulos actúen en consecuencia. El gesto es digno de imitarse, aunque no se prescriba.
A continuación, Marcos expresa el carácter expiatorio del derramamiento de la sangre de Cristo (to. evkcunno,menon u`pe.r pollwn/). Esto convierte al relato, y al rito que de él sale, en sacramento, es decir, en signo, significado y significante, pues el contenido de la copa es su sangre que se derrama por muchos.
La perícopa termina con la mención escatológica enmarcada en un monólogo de añoranza. Los discípulos no anuncian la muerte del Señor, sino un banquete futuro, prefigurado por la ceremonia eucarística, que el Resucitado celebrará en el Reino de Dios, definitivo y eterno.
Aspecto litúrgico
El presente texto da la impresión de que está a la mitad del camino entre el rito escueto y la narración cálida, que asume los hechos y los desarrolla en una muy incipiente liturgia. También es posible que Marcos haya conocido los acontecimientos a través de una celebración, pero prefirió el estilo diegético para expresar con más propiedad la generosidad de Cristo. Cualquiera que sea la situación, en este texto no parece haber una ceremonia desarrollada y prescrita de manera definitiva, más bien parece una narración de la que puede salir un rito.
La liturgia marcana se puede dividir en las siguientes partes:
1. El tomar el pan (Kai. evsqio,ntwn auvtw/n labw.n a;rton)
2. Bendecirlo y partirlo (euvlogh,saj e;klasen)
3. Darlo a los discípulos (e;dwken auvtoi/j)
4. El mandato de que lo coman (La,bete)
5. La mención de que es Su cuerpo (tou/to, evstin to. sw/ma, mou)
6. El tomar la copa (kai. labw.n poth,rion)
7. Dar gracias (euvcaristh,saj)
8. Darla a los discípulos (e;dwken auvtoi/j)
9. El hecho de que todos bebieron de ella (kai. e;pion evx auvtou/ pa,ntej)
10. La mención de que es la sangre de la Alianza y el sacrificio (Tou/to, evstin to. ai-ma, mou th/j diaqh,khj to. evkcunno,menon u`pe.r pollw/n)
11. La mención escatológica (v. 25)
Si admitimos que este texto fue escrito antes de la destrucción de Jerusalén (la fecha más temprana que se ha propuesto es el año 64), podemos asumir que la comunidad donde se escribió el segundo Evangelio no tenía completamente desarrollado un rito eucarístico. Celebraban la Cena del Señor, pero de una manera muy libre, sin elementos bien definidos. La narración marcana de la Institución de la Eucaristía difícilmente pudo haber servido de ritual.
San Marcos trae un elemento añadido a la narración, y por consiguiente a la liturgia: la mención escatológica, probablemente presente en el rito eucarístico que él conocía. Al parecer esta mención sustituye a la muerte aciaga del Maestro por un momento más feliz, ya posterior a la resurrección. Probablemente las comunidades cristianas, en un tiempo posterior a la liturgia paulina, le encontraron sentido escatológico a la ceremonia de la Cena del Señor y le hicieron este añadido, tal vez porque consideraron que daba una mejor explicación de lo que estaban haciendo, y esta innovación ya la consigna San Marcos. Según San Pablo, los discípulos continuarán anunciando la muerte del Señor hasta la parusía; según Marcos, El Señor celebrará el Banquete Eucarístico después de la parusía.
La institución de la eucaristía según san Mateo
El consenso general sitúa la producción de este texto entre los años 70 al 75, en Palestina, donde, para ese entonces, el Evangelio Según San Marcos circulaba en varias comunidades cristianas. Esto es lo que dice:
26 26 VEsqio,ntwn de. auvtw/n labw.n o` VIhsou/j a;rton kai. euvlogh,saj e;klasen kai. dou.j toi/j maqhtai/j ei=pen( La,bete fa,gete( tou/to, evstin to. sw/ma, mouÅ
27 kai. labw.n poth,rion kai. euvcaristh,saj e;dwken auvtoi/j le,gwn( Pi,ete evx auvtou/ pa,ntej(
28 tou/to ga,r evstin to. ai-ma, mou th/j diaqh,khj to. peri. pollw/n evkcunno,menon eivj a;fesin a`martiw/nÅ
29 le,gw de. u`mi/n( ouv mh. pi,w avpV a;rti evk tou,tou tou/ genh,matoj th/j avmpe,lou e[wj th/j h`me,raj evkei,nhj o[tan auvto. pi,nw meqV u`mw/n kaino.n evn th/| basilei,a| tou/ patro,j mouÅ
Análisis lingüístico
Nos encontramos con un texto narrativo que contiene varias prescripciones. A diferencia de Marcos, Mateo pone tres verbos en modo imperativo dentro de una diégesis coherente y estructurada. Es la narración de una serie de mandatos.
El tono del texto en su totalidad es de un ceremonial bien organizado, donde mandato y narración guardan perfecto equilibrio.
Mateo es el único hagiógrafo que incluye el verbo fagei/n como prescripción. Esto le da un tinte muy terreno a su relato. No se trata de una ceremonia celestial en la que suceden cosas etéreas. En los otros tres relatos Jesús toma el pan entre sus manos (labw.n a;rton o e;laben a;rton ) y los escritores ocultan, mediante una elipsis literaria, lo que hizo con él; en cambio en San Mateo Jesús ordena comer el pan, que lo ingieran físicamente, masticándolo, hasta que la materia pierda su forma y se incorpore al cuerpo del comensal. Se trata de un realismo somático hasta ahora inédito, agregado por la comunidad mateana.
Una novedad más en el texto de San Mateo es la expresión de la finalidad que tiene el derramamiento de la Sangre de la Alianza: el perdón de los pecados (eivj a;fesin a`martiw/n). Esta concepción teológica incorporada al texto le añade un cariz reflexivo. Según San Mateo, la Cruz y la Cena, su prefiguración, tienen un significado salvífico, un sentido no solamente sacrificial, como en San Marcos, sino para perdón de los pecados. San Mateo une la Cena a la Redención; aquí la Cena es una síntesis de la encarnación, vida, pasión, muerte y resurrección de Cristo, no sólo de la muerte, como en San Pablo.
Aspecto litúrgico
Nos encontramos ante una liturgia muy bien esquematizada, con todas sus partes perfectamente distinguibles. Podemos expresar así un análisis de los elementos:
1. Jesús toma el pan y lo bendice (labw.n o` VIhsou/j a;rton kai. euvlogh,saj )
2. Lo parte y lo da a sus discípulos (e;klasen kai. dou.j toi/j maqhtai/j)
3. Ordena que lo tomen y lo coman (ei=pen( La,bete fa,gete)
4. Hace la mención de que ese pan es Su cuerpo (tou/to, evstin to. sw/ma, mou.)
5. Toma una copa y da gracias (kai. labw.n poth,rion kai. euvcaristh,saj)
6. La da a sus discípulos (e;dwken auvtoi/j)
7. Ordena que todos beban de ella (le,gwn( Pi,ete evx auvtou/ pa,ntej)
8. Dice que se trata de Su sangre de la Alianza (tou/to ga,r evstin to. ai-ma, mou th/j diaqh,khj)
9. Afirma que es para perdón de los pecados (menon eivj a;fesin a`martiw/n)
10. Hace la mención escatológica (vers. 29)
Probablemente Mateo sigue de cerca el texto de Marcos, probablemente se trata casi de una transcripción teniendo el texto del Segundo Evangelio a la vista y dándole unos toques redaccionales. Esto se manifiesta si vemos punto por punto la estructura de la narración marcana y la comparamos con la mateana. Sin embargo, una lectura más atenta nos pone a la vista que las diferencias son también significativas.
En San Mateo está propuesto un nuevo esquema, muy propio: Jesús ejecuta los primeros cuatro pasos con el pan, y luego los repite, referidos a la copa (cfr. esquema anterior). Por consiguiente, esta liturgia tiene un equilibrio bien planeado, pues le da tanta importancia al primer elemento como al segundo.
Es posible que las diferencias estuvieran en el rito celebrado por los palestinenses integrantes de la comunidad de San Mateo, que todos estos perfeccionamientos se dieran no en el papel, cuando el Evangelista escribía, sino en la mesa de la celebración litúrgica, cuando recordaban la Cena del Señor, y es en ese preciso momento cuando San Mateo escribe su Evangelio.
El relato de Lucas
El más tardío de los textos que refieren la Institución de la Eucaristía es el escrito por San Lucas, entre los años 75 y 80, probablemente en Antioquía.
El texto de San Lucas
22 15 kai. ei=pen pro.j auvtou,j( VEpiqumi,a| evpequ,mhsa tou/to to. pa,sca fagei/n meqV u`mw/n pro. tou/ me paqei/n\
16 le,gw ga.r u`mi/n( o[ti ouv mh. fa,gw auvto. e[wj o[tou plhrwqh/| evn th/| basilei,a| tou/ qeou/Å
17 kai. dexa,menoj poth,rion euvcaristh,saj ei=pen( La,bete tou/to kai. diameri,sate eivj e`autou,j\
18 le,gw ga.r u`mi/n Îo[ti? ouv mh. pi,w avpo. tou/ nu/n avpo. tou/ genh,matoj th/j avmpe,lou e[wj ou- h` basilei,a tou/ qeou/ e;lqh|Å
19 kai. labw.n a;rton euvcaristh,saj e;klasen kai. e;dwken auvtoi/j le,gwn( Tou/to, evstin to. sw/ma, mou to. u`pe.r u`mw/n dido,menon\ tou/to poiei/te eivj th.n evmh.n avna,mnhsinÅ
20 kai. to. poth,rion w`sau,twj meta. to. deipnh/sai( le,gwn( Tou/to to. poth,rion h` kainh. diaqh,kh evn tw/| ai[mati, mou to. u`pe.r u`mw/n evkcunno,menonÅ
Análisis lingüístico
El análisis de este texto entraña varias dificultades, en primer lugar porque algunos exegetas suponen que los versículos 19b y 20 fueron añadidos posteriormente, otros amplían la añadidura desde el verso 17. Si analizamos solamente los versículos restantes, el resultado sería diferente a si analizamos el texto completo.
Gran parte de los manuscritos antiguos, excepto D, incluyen 19b-20. Tal vez quien hizo la copia D omitió esta porción en un intento de conformar el relato lucano con los otros sinópticos y San Pablo; aun más, con la liturgia que estaba en uso en las iglesias de su tiempo, que no incluía más de una copa. Lo más seguro es que Lucas haya escrito el relato completo, tal como lo presentan el P75, el Sinaítico, el Vaticano, el Alejandrino y muchos otros manuscritos antiguos.
En el texto lucano que propone Kurt Aland en las ediciones más recientes, encontramos un relato combinado con mandatos. A diferencia de los otros dos sinópticos, San Lucas sitúa al principio la mención escatológica, y dentro de ella entrevera una primera copa, que hace repartir entre los discípulos; luego describe a Jesús que da gracias, toma el pan, lo parte y lo da a los discípulos, dice que es su cuerpo y ordena que se repita este gesto en su memoria, pero esta orden no la da con respecto a la copa, con la que hace lo mismo después de cenar y dice que es la Nueva Alianza en su sangre, y que es derramada por los discípulos.
El relato no parece responder a un esquema equilibrado, como sucede en el texto de San Mateo. Dos copas son más que un pan, y sólo en el pan se da el mandato; además, la segunda copa no se reparte.
En contraste con lo otros tres textos, nos encontramos con un relato ecléctico: amalgama la celebración individual de San Pablo con la distribución del pan que hace Marcos; reparte la primera copa, con lo que involucra a los discípulos como actores, no como simples espectadores; luego menciona que su sangre es derramada por los discípulos (to. u`pe.r u`mw/n evkcunno,menon), ingrediente que no viene en Corintios y sí aparece en Marcos y en Mateo, y añade la mención escatológica, otro elemento marcomateano del que carece San Pablo.
Aspecto litúrgico
Un análisis litúrgico del texto lucano se puede presentar de la siguiente manera:
1. Inicia con la mención escatológica, referida a la pascua (v. 15 y 16)
2. Recibe una copa ( kai. dexa,menoj poth,rion )
3. Da gracias (euvcaristh,saj)
4. Ordena que la tomen y la repartan entre los discípulos (ei=pen( La,bete tou/to kai. diameri,sate eivj e`autou,j)
5. Hace otra mención escatológica, ahora referida a la copa (V. 18)
6. Toma pan ( kai. labw.n a;rton)
7. Da gracias (euvcaristh,saj)
8. Lo parte y lo da a los discípulos (e;klasen kai. e;dwken auvtoi/j)
9. Dice que el pan es su cuerpo y que se entrega por ellos (le,gwn( Tou/to, evstin to. sw/ma, mou to. u`pe.r u`mw/n dido,menon)
10. Ordena que hagan eso en su memoria (tou/to poiei/te eivj th.n evmh.n avna,mnhsin)
11. Después de cenar, toma la segunda copa (kai. to. poth,rion w`sau,twj meta. to. deipnh/sai)
12. Dice que esa es la copa de la Nueva alianza en Su sangre (le,gwn( Tou/to to. poth,rion h` kainh. diaqh,kh evn tw/| ai[mati, mou)
13. Añade que es derramada por ellos (to. u`pe.r u`mw/n evkcunno,menon.)
En este caso nos encontramos con un rito ecléctico, producto de una comunidad cosmopolita: Junta lo arcaico con lo nuevo; el rito de Jerusalén con el de Pella; los efectos dramáticos de San Pablo con la narración cálida de San Marcos.
Encontramos la parte arcaica de esta liturgia en las dos copas. Si Jesús siguió el rito tradicional de la Pascua Judía e incluyó en la celebración el memorial eucarístico, y esa celebración tenía más de una copa, entonces los primerísimos cristianos celebraban la Cena del Señor repitiendo los pasos de la Pascua Judía y después fueron quitado elementos. Todavía no quitaban esta primera copa, cuando el rito se desprendió (¿de Jerusalén?) a Antioquía y así lo conservaron hasta el momento en que Lucas escribió su Evangelio. En parte, los antioquenos eran conservadores.
Otro elemento arcaico es el hecho de que Jesús diga que la sangre es derramada por ellos (to. u`pe.r u`mw/n evkcunno,menon) y no por muchos (redención universal. to. peri. pwllw/n evkcunno,menon o to. evkcunno,menon u`pe.r pwllw/n).
Lo nuevo de este rito lo encontramos en el hecho de que Jesús da el pan a los discípulos y no los deja como espectadores pasivos.
Lo paulino de San Lucas salta a la vista, lo marcano está intercalado.
Este texto revela una liturgia mezclada, que equilibra importancia no a los elementos del rito, sino a los ritos diferentes que se celebraban por ese tiempo en las distintas comunidades cristianas.
Procedencia litúrgica de los textos
Para darnos una idea de la procedencia de estos cuatro textos, debemos imaginarnos cómo eran las liturgias que los originaron.
Los ritos de la Eucaristía relatados o prescritos en el Nuevo Testamento tienen un trasfondo histórico; las semejanzas nos hacen concluir que repiten las palabras y los gestos de Jesús en la celebración histórica de la Última Cena. Pero también debemos admitir que estos relatos rebasan la celebración histórica, concreta, y desarrollan una liturgia que rompe con la fiesta judía de la Pascua.
Estas liturgias se desarrollaron en el medio cristiano primitivo y dieron como resultado la celebración eucarística tal como nos la presenta el Nuevo Testamento. Las tradiciones litúrgicas son fieles a los hechos históricos, y así se nota por las grandes semejanzas en los cuatro ritos distintos, descritos por cada uno de los hagiógrafos, pero también la liturgia se desarrolla conforme pasa la tradición de una iglesia a otra, y conforme pasa el tiempo dentro de una iglesia determinada.
Es posible seguir un poco la pista de estas liturgias para ver de dónde proceden los textos que las refieren, y también en qué etapa del desarrollo litúrgico fueron escritos los textos.
La liturgia que prefiere san Pablo
Saulo fue discípulo de Gamaliel en su formación como perfecto judío. Y si leemos el capítulo 9 de Los Hechos, nos damos cuenta de que recibió su iniciación como cristiano primeramente en Damasco (v. 6) y en Jerusalén (v. 26), aunque después lo llevaron a Cesárea y luego lo mandaron a Tarso (v. 30). En cambio si leemos el capítulo primero de la Carta a los Gálatas, vemos que, efectivamente, se inició en los misterios cristianos en Damasco, pero luego se fue a Arabia, y regresó a Damasco; después de tres años subió a Jerusalén y posteriormente estuvo en Siria y en Cilicia. En las comunidades de Damasco y Jerusalén Pablo se inició en los misterios cristianos, y por consecuencia, ahí asistió en las veces primeras a la Fracción del Pan. El sitio primigenio donde se empezó a desarrollar una liturgia de la Cena del Señor debió haber sido Jerusalén, en primer lugar porque ahí precisamente se dieron los hechos históricos que la fundamentan, y en segundo lugar porque ahí se desarrolló la primera comunidad de creyentes. Por eso ya en el año 57 estaba la liturgia tan desarrollada, tal y como Pablo la presenta a los corintios. Veinticuatro años fueron suficientes para que se estructurara un culto con todos sus elementos prescriptivos y narrativos; es por eso que el rito entregado a los corintios está tan avanzado.
Origen de la liturgia marcana
Es difícil rastrear la liturgia que propone San Marcos. Si el Evangelio se escribió en Roma, podemos asumir que en los tiempos en que el evangelista vivió ahí, el rito de la Eucaristía apenas se estaba estableciendo en cuanto a su forma, es decir, ya existía, pero con palabras y gestos no muy bien definidos, aunque ya tenía los elementos principales, los que aparecen en el texto del Segundo Evangelio. En cuanto al fondo, tiene todas las características de la liturgia, aunque omite el mandato de tomar la copa. Sin embargo, no basta considerar dónde se escribió esta obra, pues de hecho el hagiógrafo pudo haber recibido la tradición litúrgica en otra parte y luego llevarla, así incipiente, a Roma, o a cualquier lugar donde se haya escrito el Segundo Evangelio. Una primera respuesta sería negar que San Marcos viniera de Jerusalén a Roma, pues si en la Ciudad Santa ya había una liturgia desarrollada, así se debió haber transmitido a la Urbe de los Césares. Esta solución es muy simplista, pues solamente considera el espacio y no tiene en cuenta el tiempo. En cambio, si nos atenemos a la teoría de que Marcos era Jerosolimitano, podemos asumir que abandonó su lugar de origen en un tiempo muy temprano, aun antes de que en Jerusalén se hubiera desarrollado el rito hasta el punto en que San Pablo lo presenta, y llegó a Roma cuando había entre los cristianos una costumbre de celebrar la Cena del Señor, sin que todavía se estructurara el rito con todas sus partes. Esta situación duró por lo menos hasta el tiempo en que San Marcos escribió su Evangelio.
La liturgia en la comunidad de san Mateo
Menos difícil de otear es este rito. Si asumimos que la Comunidad mateana se estableció en Pella, al este del Jordán, o en Galilea; y que para después del año 70 estaban incluidos en esa colectividad personas provenientes del judaísmo ortodoxo no oficial y esenios, y que había enfrentamiento con el judaísmo oficial jerosolimitano, entonces podemos proponer que San Mateo participaba en una liturgia que muy pronto se desarrolló, principalmente porque la comunidad estaba relativamente cerca a donde se dieron los hechos históricos, además, la integración de esenios a esa comunidad nos hace pensar que ellos contribuyeron al establecimiento de este rito dándole un perfecto equilibrio. El rito de Pella (o de Galilea) tiene su fuente principal en tradiciones litúrgicas propias, desarrolladas por los integrantes sabios de la comunidad.
Cuando esta liturgia estaba aun en cierne, el Evangelio Según Marcos empezó a circular en las comunidades cercanas a Jerusalén y en Galilea, y desde el principio gozó de un gran prestigio. Los cristianos respetaban ese texto y lo tenían como las mismísimas palabras del Señor. El relato marcano de la Cena no debió ser muy diferente de las palabras y los gestos de Cristo que imitaban los integrantes de la comunidad mateana cuando celebraban la Eucaristía; tal vez sólo haría falta suprimir algunos elementos que ya no traía el Segundo Evangelio; así, no tuvieron dificultad en incorporar a su liturgia el texto de Marcos, dándole algunos toques para equilibrarlo, y así lo hicieron, a la manera de los esenios y los fariseos, tan estrictos y tan inclinados al orden y a la simetría. En poco tiempo, el rito estaba completo, con todas sus partes identificables. Esa liturgia es la que consigna San Mateo en su texto evangélico.
Es una solución muy común el decir que Mateo tomó
el Evangelio de Marcos y mejoró su redacción mediante algunos
toques estilísticos. Esto se puede confirmar, aparentemente, en
la perícopa que nos ocupa. Sin embargo, bien podemos afirmar que
la comunidad mateana fue la que mejoró, en la mesa de la celebración,
el rito marcano, y luego San Mateo consigna en su Evangelio, así
como se celebraba, la liturgia de su comunidad.
La liturgia de san Lucas
Del tercer evangelista sabemos que escribió su obra en Antioquía; probablemente fue un antioqueno de la segunda o tercera generación después de Jesucristo; era un cristiano de origen pagano descendiente de judíos, acompañó a San Pablo en algunos de sus viajes, se desplazó por varias comunidades cristianas en alguna etapa de su vida, y escribió su Evangelio sin haber conocido los escritos paulinos ni el Evangelio de San Mateo; del Nuevo Testamento sólo conocía el Evangelio de San Marcos.
De Antioquía sabemos que en este lugar había varias comunidades cristianas; era una ciudad cosmopolita; un gran número de judíos llegó a vivir ahí con motivo de la destrucción de Jerusalén; había en esa ciudad, desde muchos años antes, Judíos de la diáspora; y no pocos antioquenos provenientes del paganismo decidieron seguir el Camino y se integraron a las comunidades de creyentes.
Lo anterior nos hace pensar en unas iglesias abiertas a cualquier etnia y cultura. Eran varias comunidades cristianas que interactuaban entre ellas en un saludable y constante flujo, gente que aceptaba lo proveniente de Jerusalén, Patmos o Galilea, personas que veían cómo unos cristianos de la misma ciudad celebraban el rito de la Eucaristía de un modo determinado, y otros lo realizaban con algunas variantes de forma. Todo esto contribuyó a que se llegara a celebrar una liturgia caracterizada por un eclecticismo tardío, que San Lucas refiere, completo, en su Evangelio.
Podemos imaginarnos que los primerísimos cristianos celebraban la Pascua sin diferencias con los judíos. Poco a poco, dentro de la celebración pascual, fueron recordando a Nuestro Señor, e incluían la Eucaristía en el rito pascual. Luego, con los acontecimientos de Jamnia, llegó el rompimiento y celebraron la Pascua más frecuentemente, aumentando el énfasis en el rito eucarístico. Posteriormente, cuando ya sintieron que la Eucaristía era independiente, empezaron a quitar elementos de la pascua ortodoxa. Una vez que habían suprimido la manducación del cordero (porque éste representa a Cristo que se inmola), las yerbas amargas y algunas copas, es decir, cuando sólo quedaba dos copas y el pan ázimo, el rito se llevó a alguna comunidad de Antioquía y así se siguió celebrando en esta ciudad. En otros tiempos llegaron formas un poco diferentes de celebrar la Cena del Señor, pero llegó un momento en el que no se podían realizar liturgias distintas en comunidades que profesaban una misma fe y aceptaban al mismo Redentor. Es por eso que se fue amalgamando un rito ecléctico. Las dos copas; provenían de los más conservadores; el reparto del pan por Jesús provenía de otra tradición... y así sucesivamente hasta llegar al rito tal y como lo narra San Lucas en su Evangelio.
El rito eucarístico, ruptura con la tradición judía
Previamente al rito eucarístico, los evangelistas narran el anuncio de la traición de que Jesús sería objeto; a su vez San Pablo lo incluye en la misma perícopa. Es digno de apreciarse la intención de abrir la narración con la denuncia; esto da un preámbulo para establecer una atmósfera determinada en lo que sería la reunión con los discípulos, y se establece de manera contundente: Jesús llegó ya como un convicto, como un condenado y con toda la iniquidad de la ley a reunirse con los suyos. Este inicio de los textos nos dice de manera relevante lo que más importancia tenía para los cuatro narradores.
Una vez establecido el ambiente que habría reinado en ese momento, ambiente de profunda tristeza y de dolor, viene un contraste determinado por la actitud de Jesús, el Condenado, de ruptura con las antiguas normas; en lugar de buscar la absolución, asume el momento como propicio para consolidar la nueva doctrina con una concreción, el cuerpo y la sangre, es decir, encuentra el símbolo eterno donde se resumirán las enseñanzas y, sobre todo, emergerá el perdón como diferencia y ruptura con la tradición judía:
«Tomó pan, lo partió, lo dio sus discípulos y dijo: Esto es mi cuerpo, que se entrega por vosotros, tómenlo y cómanlo. Hagan esto en mi memoria».
Este pan se convertiría, para los tiempos venideros, en el cuerpo vivo del Verbo Encarnado; sería la perpetuación de varios conceptos al mismo tiempo. En primer término, la asunción total de su naturaleza humana a punto de concluirse; en segundo, la ausencia de rencores como el punto de partida. El carácter necesario de fincar el amor como nueva piedra angular sobre la que edificaría su Iglesia. Y va más allá del símbolo al consignar la corporeidad real siempre que se repitiere el rito en su memoria.
La supresión del cordero evidencia que ya no es necesaria una víctima proveniente del reino animal, porque quien se inmola es el mismo Cristo, víctima propicia y propiciatoria, cordero eterno, íntegro e inmaculado.
El vino, primero símbolo y luego la Verdadera Sangre de Cristo, ya no fue servido en tres copas ni en dos, como se hacía en el rito judío, sino en una sola copa, de la que beben los discípulos, porque una copa significa la unidad, la indivisibilidad propia de la Nueva Alianza. Parece ser ésta la razón por la cual Cristo atribuye a la sangre -y no al pan- la característica unificadora; mientras el pan es fraccionado para darse a los distintos comensales, la copa contiene la sangre toda, total, no fraccionada en distintas copas porque es una Alianza Nueva donde todos concurrirán para abrevar la Vida Nueva. Si se dividiera el contenido en distintas copas, la Alianza no sería tal.
Aquí la calidad de Nueva, propia de esta Alianza, para ser cabal, debe romper con el pasado, con el rito tradicional de las tres o cuatro copas. Si hubiera sido respetado el rito anterior, no hubiera cobrado fuerza esta Alianza ni hubiera sido verdaderamente Nueva, como lo apuntan Lucas y Pablo.
El ambiente era tenso, la noche ominosa. Algunas veces los pintores quisieron ser más decorativos que narradores auténticos de lo sucedido entonces. Si nos atenemos a los textos, desde el inicio percibiremos la tensión que se prolonga a lo largo de los párrafos. San Pablo alude directamente a la muerte; los demás se refieren al futuro banquete celestial; en cualquier caso, la presencia de Tánatos es evidente.
Es en ese ambiente de iniquidad donde Cristo se da a los suyos, se reparte como pan ázimo cercenado y lacerado. Es en ese acto sacramental donde Cristo expresa el amor sin límites, el de quien da la vida por sus enemigos.
Bibliografía
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