Textos alimenticios
como base de una teología eucarística en Marcos
(5,43-8,21)

Konrad R. Schaefer, osb
 
 

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La importancia que dio Jesús a las comidas no es casual. Algo tiene que ver con la salvación que él anuncia, pues la relación que se da entre las personas simboliza las relaciones que se dan con Dios. Como antecedentes, con los profetas se veía el anuncio de una comida abundante que Dios daría al pueblo en la restauración definitiva de Israel, un banquete suculento que tendría como comensales a todos los pueblos de la tierra. Jesús sigue esta tradición del anuncio del banquete escatológico, aquel que dará Dios al final de los tiempos y que Jesús anuncia a través de sus obras milagrosas y las parábolas del reino de Dios.

Jesús anuncia la realización del banquete que se dará al final de los tiempos en las alimentaciones de las multitudes, y en su presencia como comensal en diversas ocasiones. Además, lo anticipa en la última cena, la institución de la eucaristía. En ella lo hace presente a la vez que anuncia su plenitud en el Reino del Padre (Mc 14,22-25, par.).

En un recorrido de citas alimenticias en Marcos, vemos la concentración de estos textos en 5,43?8,21, de donde se puede sacar la base de la teología eucarística en este evangelio. Dentro de estos capítulos se encuentran los relatos de dos multiplicaciones de los panes y otras referencias al comer, a quién come, cómo comer y a quién no tiene que comer.

De este recorrido de citas surgen los elementos de la teología eucarística de Marcos. Abordaré la exposición en cuatro apartados. El primero comprende un elenco de las referencias a la dieta y al ayuno en Marcos. El elenco en sí nos enfoca en el siguiente paso, la concentración de citas que tiene rasgos de un esquema (5,43?8,21, segundo apartado). Aquí se encuentran las dos multiplicaciones, bases clave para un análisis. En tercer lugar, haré una comparación de las dos multiplicaciones de los panes, para recalcar los detalles; aquí reluce el fondo teológico eucarístico. En último lugar, se identificarán los puntos de contacto entre las dos alimentaciones y la institución de la eucaristía; juntos sirven como base de la teología eucarística de Marcos. Concluiré que el pan eucarístico, que es el mismo Jesús, se da para la salvación de todos, judíos y paganos; el compendio de las dos alimentaciones es el efecto de la alianza y la manifestación de la providencia de Dios para todos los pueblos.
 
 

1. Principios para un esquema de comer, comida, ayuno

Se anota a continuación unos primeros indicios en Marcos con respecto a la comida, de los cuales se destacan los siguientes: primero, la comida de Juan Bautista, una comida distinta de todas las demás; luego, tres discusiones, entre los escribas, los fariseos y Jesús, acerca del tema; por último, una afirmación de que Jesús y sus discípulos no pueden comer.

1,6 "Juan Ö se alimentaba de langostas y miel silvestre".

2,15-16 Comida con publicanos y pecadores en "su" casa; los fariseos critican a Jesús.

2,18-20 Discusión sobre el ayuno: no es apropiado ayunar mientras el novio está presente.

2,23-26 Los discípulos arrancan espigas en sábado; en su defensa, Jesús cita el episodio de David y sus secuaces, que comen el pan de la Presencia (1 Sm 21,1-6).

3,20 "Se aglomera Ö la muchedumbre de modo que [los discípulos] no podían comer" (Jesús en ayunas).

Se nota que en la curación de la suegra de Simón Pedro, ella se levanta y se pone a servirles, del verbo diakonevw, pero sin una indicación explícita de que ella les da de comer (1,31). Asimismo, después de su cuarentena en el desierto, "los ángeles le servían" (1,13, diakonevw). Se nota, después de la llamada de Leví, que el texto griego de Mc 2,15 no precisa en cuál casa se reclinan. A pesar de no estar explícito quién sea el dueño de la casa donde Jesús y los pecadores comen (el nombre antecedente del aujtou' en 2,15 no es explícito), se supone que es la casa de Leví. Así Lucas lo entendió. Tampoco Mateo 9,10 es explícito, cuando dice ejn th'/ oijkivaë. Del texto de Lucas se supone, con los traductores de las versiones, que comen en casa de Leví. Pero la expresión griega es ambigua: "Y sucedió que, estando él a la mesa en su casa". ¿La casa de quién? Marcos nos da a entender que el mismo Jesús es el anfitrión. Aquí se distingue entre la realidad histórica y el objetivo teológico de Marcos. Si se sigue la lógica del texto, Jesús invita a Leví: "Ven y sígueme", y lo siguió (v. 14); e inmediatamente se encuentran en "su" casa (Marcos) o en "la" casa (Mateo) donde Jesús y los pecadores comen juntos (vv. 15-16)1. Jesús los defiende de los críticos, cuando dice: "no he venido a llamar a justos, sino a pecadores". Este punto es importante, porque en Marcos se come con Jesús o gracias a Jesús y no en cualquier momento.

La discusión que sigue no es sobre la licitud de comer el sábado, sino de arrancar espigas, que consiste en un trabajo (2,23). Sin embargo, la explicación que Jesús da cuando pone el ejemplo de David hambriento, que comió los panes de la presencia (2,25-26), da a entender que la discusión recae sobre la comida. En otro momento, la multitud es tanta que nadie puede comer (3,20)2. Se entiende que esta multitud, atraída por los milagros y las enseñanzas de Jesús, comerá en el tiempo apropiado, o sea, cuando Jesús provea el pan en las alimentaciones, donde Marcos expone el fundamento de una teología eucarística.

En el desarrollo de Marcos, nos encontramos una sección dominada por dos multiplicaciones de los panes (5,43?8,21). En ésta, Marcos da una importancia mayor al alimento. Además de las dos alimentaciones y un resumen de las dos, se habla del pan y se deja ver un pan fuera de lo común, el pan verdadero. Esta parte empieza con un versículo de transición, que no tiene paralelo sinóptico. En el relato de la resurrección de la hija de Jairo (Mc 5,21-43; cfr. Mt 9,8-26; Lc 8,40-56), en Marcos y en Lucas se encuentra la instrucción de parte de Jesús de "que le dieran algo de comer" a la niña (Mc 5,43; Lc 8,55).

Enseguida presento las referencias que pertenecen al campo semántico de comida o comer.

5,43 "Les dijo que le dieran a ella de comer" (respecto a la hija de Jairo).

6,8 "Les ordenó que nada tomasen para el camino fuera de un bastón, ni panÖ". (se relaciona con 8,14-18).

6,21 "Herodes en su cumpleaños dio un banquete a sus magnatesÖ".

6,25. 28 "Y trajo su cabeza sobre una bandejaÖ".

6,31 "No les quedaba tiempo ni para comer".

6,32-45 Primera multiplicación de los panes.

6,52 "Pues no habían entendido lo de los panes, sino que su mente estaba embotada".

7,2 Los fariseos ven que algunos de los discípulos de Jesús comían con manos impuras.

7,3-4 "Los fariseos y todos los judíos no comen Ö"

7,5 Los discípulos de Jesús sí comen (pero con manos impuras).

7,19 Jesús declara puros todos los alimentos.

7,27-28 El intercambio de réplicas agudas entre Jesús y la sirofenicia: "no está bien tomar el pan de los hijos y echárselo a los perritos"; "también los perritos comen las migajas".

8,1-10 Segunda multiplicación de los panes.

8,14 "Se habían olvidado de tomar panes y no llevaban consigo en la barca más que un pan" (no hay paralelo sinóptico).

8,15 Aviso respecto a la levadura de los fariseos y de Herodes.

8,16-17 "Ö no tenemos panes".

8,19-20 Resumen de las dos alimentaciones.

Después de esta parte, hay otra referencia a Jesús como no-comensal, una crítica a la postura de los escribas en los banquetes, una comida en la casa de Betania, y la preparación y realización de la cena pascual. Marcos dispone las referencias al comer en sus últimos capítulos así: 11,2 "Saliendo ellos de Betania, sintió hambre Ö, viendo de lejos una higuera con hojas Ö" (higuera estéril; Jesús en ayunas).

12,39-40 "A los escribas Ö les gusta ocupar los primeros puestos en los banquetes y Ö devoran las casas de viudas".

14,3 "Estando él en Betania recostado a la mesa en casa de SimónÖ"

14,12 Preparativos para comer el cordero de pascua

14,22 Institución de la eucaristía.

16,14 "Estando a la mesa los once discípulosÖ"3.

En el sobrio anuncio de la necesidad de vigilancia, Mateo 24,36-44 hace referencia al comer y emborracharse en el tiempo de Noé, pero en Marcos tal referencia está ausente. Mateo también se refiere a dos mujeres moliendo el grano (24,41), pasaje ausente en Marcos. Esto es importante, porque ya se percibe que en Marcos se come en presencia de Jesús y no fuera de su compañía. Así se entiende la prohibición de llevar consigo pan en la misión (Mc 6,8).

De los pasajes y el vocabulario relacionados con la comida podemos concluir que el tema del pan en Marcos no se trata de manera casual. Por el contrario, el evangelista demuestra una función u objetivo catequético en su trato del comer. Da a conocer a su lector algo más profundo de lo que aparece a simple vista. Por lo tanto, la alimentación y todo lo relacionado con ella es fundamental, no por su peso en volumen textual sino, por su congruencia de presentación y profundidad.

El discurso en cuanto a la alimentación comienza con la figura del Bautista. Nos dice que "Juan se alimentaba de langostas y miel silvestre" (1,6; cfr. Mt 3,4). Se trata de una comida de preparación, pre-mesiánica, más típica del Antiguo Testamento y del desierto que de la época del Mesías. Como antecedentes, las profecías de la era mesiánica tratan de manjares suculentos y banquetes. La dieta del Bautista en el desierto, a pesar de ser nutritiva y alta en proteínas y azúcar, no es una comida plena. Subraya el ascetismo de él, que come su dieta insólita, y del que prepara el camino del Mesías. Esta característica de la comida del Bautista es significativa porque en ella todavía no se había presentado Jesús. Por lo tanto, la comida tendrá su plenitud, cuando Jesús esté presente y comparta él mismo las comidas con los demás. Es significativa, además, porque Jesús responde a los fariseos que sus discípulos ayunarán cuando el novio les sea quitado; mientras, no lo harán (cfr. Mc 2,19-20).

Se encuentran algunas discusiones con los fariseos y escribas sobre la comida y el ayuno. En las tres preliminares ósobre el comer con publicanos y pecadores (2,15); sobre el ayuno que los discípulos de Jesús no observan (2,18) y sobre los discípulos que arrancan espigas en sábado (2,23)ó, ante todo se observa que Jesús les da un nuevo valor a las comidas y, de un modo particular, al comer en presencia de Jesús. Las utiliza para dignificar al hombre. Así lo hace entrever en la comida con pecadores, cuando dice que "no necesitan médico los que están fuertes, sino los que están malÖ" (2,17), y en el hecho de que los discípulos no ayunan mientras con ellos está el novio (2,19). La comida es una necesidad que va más allá de la ley y Jesús autoriza implícitamente a sus discípulos a derogarla en su propio provecho, pues Jesús determina más que la ley del sábado (cfr. 2,23-28). En estos casos, el mismo Jesús se encuentra presente entre los comensales.

Las comidas en las que participa Jesús están opuestas a las de los escribas y los fariseos e incluso al banquete de aniversario de Herodes. Grupos ajenos u opuestos a Jesús participan en banquetes, en los cuales no se menciona ninguna comida. Se involucran tanto en la crítica de cómo y quién come, que se olvidan de alimentarse. Puede ser que se trate de una ironía, pues es banquete pero no comen. Más bien, los adversarios de Jesús se preocupan por ocupar los primeros asientos (cfr. 12,39); devoran sus casas a las viudas (12,40), se sirven una cabeza sobre una charola en sus festividades (6,28), se fijan en tradiciones que los atan (cfr. 7,1-13) y que, al final de cuentas, no los dejan gozar de las comidas mesiánicas. De esta manera, el banquete que Herodes da a sus magnates nos habla de tal ironía, pues lo único que se sirve sobre una bandeja es la cabeza de Juan Bautista (cfr. 6,25. 28). El mismo Jesús critica estos banquetes y recomienda a sus discípulos que su levadura no sea como la de los fariseos y la de Herodes (cfr. 8,15). Implícita es la necesidad de descubrir la presencia del único pan entre ellos (cfr. 8,14). Marcos nos dice: "y no llevaban panes consigo en la barca más que un pan" (eij mh; e{na a[rton oujk ei\con meq eJautw'n, sin paralelo sinóptico). La implicación es que Jesús es el mismo pan, constatación que Juan presenta de otra forma, en el discurso del pan de vida (cfr. Jn 6,35. 50-51). Los discípulos son invitados por Jesús a ver más allá de lo material en el discurso del pan de vida: "Obrad, no por el alimento perecedero, sino por el alimento que permanece para vida eterna, el que os dará el Hijo del hombre Ö porque el pan de Dios es el que baja del cielo y da la vida al mundo" (Jn 6,27.33). La exhortación de Jesús en la barca pide, ante todo, un cambio de actitudes. El aviso de que los discípulos se guarden de la levadura de los fariseos y Herodes nos hace recordar que aquellos impiden a la gente comer, o comen cosas grotescas, más que alimentar a la gente (los fariseos critican y no comen en 2,16; 7,3-4). La propuesta de Jesús es que descubran su presencia real como pan en medio de ellos. Es a lo que se refiere la admonición respecto a la levadura (8,15).

Jesús relaciona su misma persona como pan, cuando envía a sus discípulos a predicar y les prohibe llevar pan para el camino (cfr. 6,8; en el paralelo sinóptico, Jesús dice que el trabajador merece su alimento, Mt 10,10; cfr. Lc 10,7, donde el trabajador merece su salario). Son fundamentales en esta sección las dos alimentaciones y el resumen de éstas (cfr. 8,18-20). En este contexto, Jesús, a través de sus gestos y palabras, se muestra como el pan verdadero (cfr. 8,14. 21) que viene tanto para los judíos en la primera alimentación (el marco geográfico y los detalles y, en particular, la numerología que viene en juego indica que los comensales son judíos, cfr. 6,30ss), como para los paganos, en la segunda (la región geográfica, la Decápolis, 7,31, y otro juego de números de participantes indica un banquete universal, que incluye a los paganos). En el paralelo sinóptico, Mateo, por su parte, cambia el sitio de la segunda alimentación y resultan dos alimentaciones en la misma región judía (Mt 14,13-21; 15,32-39).

En su encuentro con la sirofenicia, Jesús experimenta un cambio de actitud, literalmente una "conversión" teológica en su modo de concebir su misión, en que el alcance del evangelio incluye a los gentiles. Más tarde, en la última cena, se verá reflejada esa universalidad de Jesús como pan para todos, prefigurada en el conjunto de las alimentaciones, pero consumada en la Eucaristía, donde Jesús tiene la plena conciencia de ser el pan que se da y se comparte (14,22-24).

En las afueras de Jerusalén, Jesús siente hambre pero no puede comer, pues la higuera a la que se acerca es estéril. Si se observa bien la composición literaria del capítulo 11 (vv. 12-14, la higuera maldita; vv. 15-19, expulsión de los vendedores del templo; vv. 20-22, la higuera seca), vemos otra secuencia diferente a la que presentan los sinópticos. En Marcos, el entretejido de los dos acontecimientos hace de la higuera un símbolo de la esterilidad del templo. La higuera frondosa que se seca es una caricatura del templo vacío e incapaz de dar la salvación por su mucha pomposidad, que promete mucho pero rinde nada, como una higuera de mucha hoja, pero desprovista de fruta. Esto señala al templo que no alimenta, que no cumple su objetivo de proporcionar la salvación. La relación es compleja entre la maldición de la higuera estéril y la expulsión de los vendedores del templo; existe una identidad implícita entre la higuera y el templo, que demuestra que del templo no se alimenta, el templo no da la vida que debe proveer. Después de todo, el pueblo hambriento de Dios que acude a él permanece insatisfecho (11,12). También en la parte alimenticia, los fariseos y los escribas de Jerusalén no proporcionan la comida, sino más bien critican a los discípulos de Jesús por su manera de comer con manos impuras. Recalca Marcos que los judíos "no comen", "aferrados a la tradición de los antiguos" (cfr. 7,3-4), mientras Jesús "declaraba puros todos los alimentos" (7,19). Es el mismo Jesús, el único pan en la barca con sus discípulos (8,14), el que alimenta a su pueblo con su cuerpo y su sangre (14,22-24) y así proporciona la salvación.

2. Esquema de las referencias alimenticias (5,43ó8,21)

La sección alimenticia, así llamada por las dos multiplicaciones de panes y otras alusiones alimenticias, comienza en 5,43, cuando Jesús resucita a la hija de Jairo y les ordena que le den de comer, y termina con un resumen de cuántos canastos de sobrantes quedaron después de cada alimentación (8,19-20). Jesús es el pan (cfr. 8,14) que da la nueva vida. Por lo tanto, la orden de darle de comer comprueba que la niña vive realmente; además, comprueba que Jesús, con su presencia y su palabra, le ha devuelto la vida. El pan que Jesús le ofrece es el pan que se explica en los capítulos 6?8, y esto mismo Jesús lo hace con el nuevo Israel, su pueblo, a través de las dos alimentaciones. El conjunto de estas dos comidas redefine a Israel que incluye, según la segunda alimentación (8,1-10), a los gentiles. A través de las alimentaciones y principalmente de la comida de la Eucaristía (cfr. 14,22), Jesús se presenta como el pan de vida para el nuevo Israel, constituido por judíos y gentiles.

En la parte alimenticia, el pan verdadero se da y se comparte. La referencia clave es el pan que quiere que le den a la hija de Jairo (5,43), que, en plan teológico, significa el pueblo de Israel, representado en los doce años de la niña, es decir las doce tribus4. Marcos lo confirma cuando Jesús envía a sus doce discípulos de dos en dos y les ordena que no lleven pan para el camino (6,8). Jesús es el que provee el pan. Donde falta Jesús, las comidas son vacías. Estos dos textos (5,43 y 6,8) preparan la primera alimentación para Israel. En la manera de intercalar la sanación de la hemorroísa en la resurrección de la hija de Jairo, se ve que la hemorroísa, que Jesús llama "hija (5,34) y que tiene doce años de su enfermedad, corresponde a la hija de Jairo. Las dos son judías. Cada una está muerta, o en realidad o legalmente, por su condición o enfermedad que la excluye de la participación en la vida pública. Las dos se alivian (se salvan, el verbo swvzw) por su contacto físico con Jesús (5,23. 28-31. 34. 41), y el motivo de la fe está en juego en los dos (5,34. 36). Un contacto con la alegoría de la joven de Ezequiel que está bañada en su propia sangre, a quien el Señor invita a la vida (Ez 16,6) es sugestivo.

Marcos, al intercalar las dos obras milagrosas, identifica a Israel, que se presenta como una mujer, la novia y la esposa, del Antiguo Testamento. La primera alimentación es a favor de los judíos, que podemos constatar por los indicios en la narración. Además, el lugar donde se desarrolla la acción es territorio judío, alrededor del mar de Galilea. Después del encuentro con el endemoniado de Gerasa y su regreso al litoral judío del lago, Jesús no ha regresado a Transjordania, pues, al despedirse después de la alimentación, obliga a sus discípulos a ir en la barca hacia Betsaida (cfr. 6,45), aún territorio judío. Algunos detalles de la narración se imponen.

El banquete de Herodes es carente de comida de todo tipo. Es un comentario elocuente de la falta de pan en círculos donde no se encuentra Jesús. La ironía es que sólo se sirve sobre una charola la cabeza del último profeta del Mesías (6,25. 28). Los adversarios impiden que los discípulos de Jesús coman (7,2-4). En contraste, Jesús, siempre proveedor del pan, declara todos los alimentos puros (7,19). En este momento de la exposición evangélica, comienza una nueva definición de lo que constituye Israel en la época escatológica o mesiánica. Esto responde a las profecías universalistas de los profetas: el pan que ofrece Jesús está destinado a todo el pueblo, sin distinción. Esta nueva definición empieza en el encuentro entre Jesús y la sirofenicia, una pagana. Ella insiste en que también "los perritos", o sea, los gentiles, tienen derecho al pan que ofrece el Mesías (7,28). Este episodio prepara la segunda alimentación, donde los gentiles son los beneficiarios. Para corroborar esto nos fijamos en algunos detalles del texto.

Las dos alimentaciones se sitúan en el desierto, que recuerda el desierto del Éxodo, donde el Señor da de comer a su pueblo (cfr. Éxodo 16), y nos hace pensar en el pastor de Israel que pastorea su rebaño en lugares despoblados (Is 40,3.10-11; cfr. Ez 34,7-8. 23). Jesús es el pan que ha venido para las ovejas descarriadas de Israel, pero se da cuenta de su misión universal. Por eso, mediante el diálogo con la sirofenicia, Jesús se lanza hacia los paganos. "No está bien tomar el pan de los hijos y echárselo a los perritos", dice Jesús. Pero la mujer responde: "Sí, Señor; que también los perritos comen bajo la mesa migajas de los niños" (7,27-28). Jesús le concede el deseo a la pagana. De esta manera se prepara la segunda alimentación, esta vez para los paganos, según los signos que presenta Marcos. Geográficamente sabemos que la acción se desarrolla por la Decápolis, cerca de la orilla del mar (cfr. 7,31; 8,4. 10).

Intercalada entre la entrevista con la sirofenicia y la segunda alimentación, se encuentra una curación de un tartamudo sordo (7,31-37, sin paralelo sinóptico), que evoca otro aspecto teológico en Marcos. El pueblo pagano que está por recibir el pan de Jesús, primero recibe la capacidad de oír y hablar la palabra. Más tarde la celebración eucarística consiste en el compartir la palabra y el pan5.

3. Esquema comparativo de las dos alimentaciones (6,32-45 y 8,1-10)

Marcos presenta las dos alimentaciones en modo similar y hace resaltar las diferencias de cada una. Una visión sinóptica nos muestra los paralelos y las divergencias en las dos.

No se trata de una sola alimentación narrada dos veces6. Si así fuera, se caería en la cuenta de que no habría gran diferencia en los textos presentados. Habría semejanza tanto en el lenguaje como en los signos. Por otro lado, en Marcos las dos acciones se desarrollan en lugares distintos.

Antes de la primera alimentación, Jesús anda predicando entre los suyos (6,6b). Envía a los doce (6,7), de tal manera que él se queda. Posteriormente Marcos narra la ejecución del Bautista (6,17) y el regreso de los apóstoles para reunirse con Jesús (6,30). De allí se van en la barca a donde se realizará la alimentación (6,32). Al final de ésta, los apóstoles se suben a la barca y atraviesan hasta Betsaida, que colinda con la Transjordania al norte del lago.

A diferencia de esta primera alimentación, en la segunda Jesús anda en tierras gentiles (7,24. 26). En el norte, en la región de Tiro, expulsa a un demonio de una muchacha sirofenicia. De allí se marcha por Sidón y desciende hacia el mar de Galilea, atravesando la Decápolis (7,31). En esa región cura a un sordo que además era tartamudo. Allí en un lugar despoblado de la Transjordania, región pagana, se realiza la segunda alimentación. No se refiere a los pueblos o las aldeas cercanos de los que hablan los discípulos en 6,36.

En la primera alimentación, los apóstoles ofrecen cinco panes y dos peces. Dentro de la numerología bíblica, hay una evidente alusión a los cinco libros de la Ley, la Torá. Grupos de cien y de cincuenta recuerdan la orden (la Ley) del pueblo judío. Los doce canastos evocan a las doce tribus. Los cinco mil hombres, sin mencionar a las mujeres y los niños, recalca esto: de nuevo cinco, con resalte machista de que los judíos de este tiempo configuraron una asamblea o una sinagoga contando solamente a unos diez varones.

En la segunda alimentación, los apóstoles tienen siete panes, un número que evoca a las siete razas gentiles que habitaban la tierra prometida antes de que los israelitas tomaran posesión de ella (Dt 7,1). Además, se recoge siete espuertas. El número siete es emblemático de la totalidad. Así, por un lado, el siete será signo de la plenitud de los paganos llamados a alimentarse de Jesús y, por otro, de la plenitud del alimento que alcanzará para los gentiles.

La forma de acomodarse también es significativa. En la primera alimentación, Jesús ordena que la gente se acomode en grupos (sumpovsia) de cien y de cincuenta; un cierto orden (la Ley) es importante. En la segunda, sólo manda que se acomoden, sin más precisión.

En las dos alimentaciones los gestos de Jesús se parecen. Toma el pan y los peces, levanta los ojos y pronuncia la bendición (eujlovghsen, 6,41) o da gracias (eujcaristhvsa", 8,6b); parte los panes, los da a los discípulos para que los sirvan y lo mismo hace con los peces (6,41; 8,6b. 7). En la primera alimentación, Marcos ocupa el término eujlovghsen, mientras que en la segunda utiliza eujcaristhvsa". Con términos distintos se entiende el mismo significado.

En las dos alimentaciones todos comieron y se saciaron. El pan que Jesús da, tanto a los judíos como a los gentiles, alcanza para todos. De esta manera se muestra por las dos alimentaciones el alcance universal de la salvación. Jesús no sólo viene para el pueblo elegido, sino alcanza para todos y, más aún, sobra para que el pueblo judío vuelva a comer; doce canastos de sobras después de que comieron cinco mil hombres. De los doce "canastos", kovfino", de sobras después de la primera alimentación, se pasa a siete espuertas (spuriv"), después de que comieron cuatro mil gentes. El número evoca los cuatro puntos cardinales que abarcan toda la humanidad.

En estas dos alimentaciones el evangelista no se queda en lo material de los panes, sino que el pan que presenta y del que Jesús habla es él mismo, su persona, el verdadero pan del cielo del que nos hablará el evangelista Juan. Si no fuera así, Jesús se hubiera callado y lo de los panes no tendría mayor trascendencia que una acción de dar de comer durante un estado de emergencia y atender a una necesidad meramente fisiológica. Sin embargo, Marcos vuelve a retomar el tema después de la primera alimentación, cuando los discípulos van en la barca y Jesús los alcanza. Ellos lo confunden, pues dice el evangelista que no entendieron hasta que Jesús les habló (6,50). En esta primera ocasión, cuando Jesús subió a la barca, el viento se calmó y los discípulos quedaron estupefactos, porque todavía no habían entendido lo de los panes, pues su mente estaba embotada; o, mejor, con fuerte resonancia de la estancia de Israel en el desierto (cfr. Dt 15,7; Sal 95,8), su corazón estaba endurecido, hJ kardiva pepwrwmevnh (6,52). Entonces cabe la pregunta: ¿Acaso no es el pan algo más de lo que se ve? O mejor dicho, ¿no es el pan Alguien más que el simple alimento material? En el proyecto de Marcos, se entiende a Jesús como ese pan que los discípulos no comprendían. A través de estas acciones se anticipa la eucaristía, como se ve después de la multiplicación de los panes, en Juan 6,32-34.

Lo mismo sucede con la segunda alimentación: al subirse a la barca los discípulos "se habían olvidado de tomar panes, y no llevaban consigo en la barca más que un pan" (8,14). Discuten sobre el olvido de los panes y Jesús mismo los cuestiona sobre ellos. Les pregunta si aún no comprenden lo que hizo en las dos alimentaciones, dando a entender que el pan al que se refiere no es sólo el que comieron, sino el que llevan consigo en la barca. Siguen las palabras de Jesús: "Abrid los ojos y guardaos de la levadura de los fariseos y de la levadura de Herodes" (8,15). Dos expresiones suenan interesantes, "un pan" y "abrid los ojos". Por un lado, ¿qué diferencia a este "pan" de los demás panes? Porque pareciera que Marcos habla de dos cosas diferentes: "un pan", el que les habla y les dice "abrid los ojos" y "¿Y no entendéis?"; además, aquel pan que llevan en la barca y que trata una verdad en los discípulos: Jesús que se ha ofrecido al Padre y que, a pesar de haberse dado a todos, se queda con ellos. Y no sólo con los judíos, sino también con los paganos y esto para siempre. Éste es un anticipo de la donación total de su vida que hará en la cruz y, antecediendo a aquella donación total, su entrega en la eucaristía, donde se ofrecerá al Padre y se dará a todos hasta saciarlos, para que más tarde compartan con él el banquete escatológico. Por otro lado, "abrid los ojos" será el consejo que Jesús dará a los Doce, es decir, que no se cierre su corazón y su mente a lo que Jesús les quiere dar y compartir: su propia vida a través del pan.

La escena de 2,13, antes de que Jesús coma con los pecadores, se parece a la de 6,34, la introducción a la primera alimentación. Las dos acontecen a la orilla del mar, con mucha gente, y en ambas Jesús enseña. Me quedo con la pregunta de si Marcos pretende una correspondencia entre Jesús "que come con los pecadores" (2,16) y la multiplicación de los panes para mucha gente que tal vez comía ilícitamente, quizá con las manos impuras. En 7,5 la objeción de los críticos es que los discípulos "comen los panes" (ejsqivousin to;n a[rton) sin lavarse las manos. La expresión recuerda la multiplicación de los panes para los cinco mil, y puede ser una alusión irónica a ese acontecimiento. Cuando consideramos la última cena en Marcos, que corresponde en ciertos detalles a las otras comidas, ¿quiénes son los comensales, si no los discípulos, criticados en otra ocasión por comer con manos impuras, y que ahora son unos cobardes, traidores óincluso uno con sus manos manchadas por su infamiaó, que no entienden nada y que tienen el corazón duro?

4. Comparación de las alimentaciones y la cena pascual

Existe una fuerte relación entre las dos alimentaciones y la institución de la eucaristía en la cena pascual. La secuencia de acción y los gestos son los mismos.

Hay que hacer alguna distinción entre esta última cena y todas las demás comidas en las que Jesús participó. Ésta es la cumbre de todas, y en especial de las dos alimentaciones. Es la comida que da sentido a todas las comidas, la que realmente alimenta. Da significado a las precedentes y por fin designa a Jesús como el pan de vida: «tomó pan Ö y dijo: "Tomad, este es mi cuerpo"». Hace una identidad real entre Jesús y el pan que se parte, se distribuye y se come.

Si se comparan, se constatan gestos y palabras semejantes: el tomar el pan, bendecir, partir y dar a los discípulos, quienes, en las alimentaciones previas, se lo reparten a todos. En la cena pascual, además, existe una copa por la que Jesús da gracias, se la da a sus discípulos y éstos beben de ella. Además de simbolizar la copa de su destino, la sangre del sacrificio de la cruz, simboliza la alegría, el gozo del colmo de la misión a la cual Jesús ha llegado, la prefiguración del banquete escatológico que el mismo Jesús anuncia.

En el texto de la cena pascual, Jesús "bendice" el pan como en la primera alimentación (6,41; 14,22); y luego para la copa, "da gracias" como con la segunda alimentación "dio gracias" y partió los panes (8,6; 14,23). Las palabras "por los muchos" significan, según el griego de esa época, "por todos". Las dos alimentaciones se refieren a que "todos se saciaron". Por lo tanto, se podría concluir que lo que Jesús hacía en la última cena fue aclarar lo que había hecho anteriormente, tanto para el pueblo elegido como para los paganos; es esta universalidad de salvación la que se expresa en las palabras de Jesús "por los muchos".

En las alimentaciones no resuena la frase referente a la identidad entre el pan y Jesús, como en la cena pascual: "Esto es mi cuerpo". Tampoco se establece una alianza que explica la salvación: "Esto es mi sangre de la alianza que se derrama por muchos". Sin embargo, los puntos de contacto de lo explícito de la cena pascual con lo implícito de las dos alimentaciones forman la base para la eucaristía que Jesús instituye en su última cena pascual. Las dos alimentaciones son la base de la teología eucarística, porque los elementos que las componen, los cuales ya se han identificado, contienen un trasfondo eucarístico. Además, en la conclusión de la parte alimenticia (8,14-21), los discípulos dijeron que no tenían panes, pero Marcos comenta que sí tenían un pan (o el "único pan", e{na a[rton) en la barca.

Por otro lado, en el texto de la cena pascual se encuentran las características del pan o de la comida en sus distintas dimensiones: primeramente, la comida como don de Dios; Jesús, al bendecir el pan y al dar gracias por el vino, reconoce que vienen de Dios y que solo él puede darlos. Al asegurar que ya no beberá el producto de la vid sino hasta que lo beba de nuevo en el Reino de su Padre, reconoce su dimensión escatológica. La alianza que sella con su sangre recuerda la importancia de la comida con relación a la alianza. Y, por último, Jesús da el nuevo significado a esta comida; ya no es cualquier comida, es Jesús mismo el que se parte y se da a beneficio de todos. Todo esto Jesús lo anticipa en las dos alimentaciones: bendice los panes, los reparte y alcanzan para todos, más aún, no sólo alcanzan, sino que sobran en abundancia.

Conclusión

Jesús es el anfitrión que da el pan, y las comidas en las que él participa son plenas, superabundantes. En Marcos, en aquellas comidas donde no se encuentra Jesús no hay alimento o se sirve algo grotesco. Se preocupan tanto por observar las tradiciones en el comer (7,1-13) que no pueden gozar de las comidas mesiánicas.

Marcos plasma una parte de su evangelio con fuerte resonancia alimenticia, que inicia con la instrucción de Jesús de dar de comer a la hija de Jairo y que concluye con el resumen de cuánto ha sobrado en las dos alimentaciones (5,43?8,21). En esta parte Marcos establece la base de una teología del pan, que culmina en la cena pascual con la institución de su cuerpo y su sangre como verdadera comida.

A través de las alimentaciones y, sobre todo, de la comida de la última cena, Jesús se presenta como el pan de vida para el nuevo Israel, que comprende tanto a los judíos como a los gentiles. La primera alimentación se dirige a los judíos, según los detalles de la narración de Marcos. La segunda alimentación es en beneficio de los paganos, otra vez según los detalles. En todo caso, los comensales son pecadores, objetos de la crítica de los adversarios de Jesús, gente con manos impuras o gente excluida por consideraciones legales. Son los pecadores, publicanos, perritos.

Así, por medio de las dos alimentaciones, Marcos designa a Jesús como el proveedor del pan, que lo da a la multitud a su debido tiempo. Además, el teólogo-evangelista va más allá, porque identifica a Jesús con el pan que se da para todos. Después de la segunda alimentación, los discípulos se habían olvidado de subir panes a la barca; sin embargo, llevaban consigo un pan (8,14). Por el contexto entendemos que es el pan que ha bajado del cielo, como lo afirma Juan.

Por medio de la comparación entre las dos alimentaciones y la cena pascual con la institución de la eucaristía concluimos que esta cena da significado a las precedentes. Abiertamente identifica a Jesús como el pan de vida. Por tanto, por los gestos y signos que encontramos en la cena pascual y que son los mismos en las alimentaciones, se ve el trasfondo eucarístico en ellas: Jesús, el anfitrión de las comidas; es, al mismo tiempo, el pan de vida.
 
 
 
6,32-45. Primera alimentación 8,1-10. Segunda alimentación
6,32. 35. Lugar solitario (e[rhmo") 8,4b. Desierto (e[rhmo")
6,37. "¿Vamos nosotros a comprar doscientos denarios de pan para darles de comer?" (los discípulos se oponen) 8,4b. "¿Cómo podrá alguien saciar de pan a éstos aquí en el desierto?" (los discípulos se oponen)
6,38a. "¿Cuántos panes tenéis?" 8,5. "¿Cuántos panes tenéis?"
6,38b. Cinco panes y dos peces 8,5b. Siete panes (y pocos pececillos)
6,39. 40. Mandó que se sentaran sobre la hierba verde; se acomodaron en grupos de cien y de cincuenta 8,6. Mandó a la gente a acomodarse sobre la tierra
6,41. Tomó los panes y los peces, levantó los ojos al cielo, pronunció la bendición, partió los panes y los iba dando a los discípulos para que los fueran sirviendo. También repartió los dos peces. 8,6b-7. Tomó los siete panes y dando gracias, los partió e iba dándolos a sus discípulos para que los sirvieran. Tenían también unos pececillos y pronunciando la bendición sobre ellos, mandó que también los sirvieran.
6,42. Comieron todos y se saciaron 8,8a. Comieron y se saciaron
6,43. Recogieron las sobras, doce canastos 8,8b. Recogieron de las sobras, siete espuertas
6,44. Cinco mil hombres (a[ndre") 8,9. Cuatro mil personas
6,45. Viajan en la barca 8,10. Viajan en la barca
6,52. Los discípulos no entienden; tienen un corazón duro 8,17. Los discípulos no entienden; tienen un corazón duro

1 Se sabe que en la iglesia primitiva hubo una división entre los judaizantes y los gentiles y se reprochaba a Pedro por haber comido con los gentiles (Hch 11,3; Gál 2,11-12).

2 Después de la misión de los Doce, Jesús les invita: "Vengan también ustedes aparte, a un lugar solitario, para descansar un poco" (6,31). Pues los que iban y venían eran muchos, y no les quedaba tiempo ni para comer". Aquí y en 3,20 no hay posibilidad de comer donde hay mucho tránsito. Hay que entrar en el desierto, y en comunión más íntima con Jesús, para aceptar su invitación a comer.

4 El uso del número doce en el nuevo Testamento se refiere a Israel: los doce canastos de sobra; las doce tribus; la ciudad construida con juegos de doce piedras o doce puertas (Ap 21,12-14).

5 La coincidencia de hambre, pan y palabra del Señor se encuentra también en Amós, en una proclamación espléndida y evocativa: "Ö Yo mandaré hambre a la tierra, no hambre de pan, ni sed de agua, sino de oír la palabra del Señor" (Amós 8,11).

6 Asimismo Mateo narra dos alimentaciones (14,13-22 y 15,32-39); Lucas narra sólo una (9,12-17). En Mateo, quien es menos explícito que Marcos en cuanto a la ubicación geográfica, son las dos a favor de los judíos. El segundo señala a las multitudes, y en el contexto Mateo dice: "Y alabaron al Dios de Israel" (Mt 15,31; no hay paralelo en Marcos). Mateo cuenta con cuatro mil hombres y, además, las mujeres y niños. Marcos cuenta alrededor de cuatro mil personas.
 


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