La Revelación de "Dios"
en el Antiguo Testamento

Salvador Carrillo Alday
 
 

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I. El Dios Unico.

II. Los atributos de Dios.

III. El Dios Creador.

IV. El Dios de la Alianza.

V. El Dios misericordioso y justo.

VI. Dios, Padre de Israel.
 
 
 
 
 

I.- EL DIOS UNICO
 
 

Introducción

El "monoteísmo" es la creencia y el culto de un Dios único, con exclusión de toda otra divinidad.

El "henoteísmo" consiste en dirigirse a un dios, entre otros muchos, como si fuera el único, atribuyéndole los títulos y atributos de los demás dioses.

La "monolatría" consiste en dar culto sólo al dios de un grupo humano, admitiendo la existencia de otros dioses.

Como se puede deducir del conjunto del AT, Israel fue un "pueblo monoteísta". Sin embargo, hay que distinguir el "monoteísmo puro" de ciertos medios determinados; la "religión popular", con frecuencia sincretista, mezclada con supersticiones o elementos tomados de otras religiones; y finalmente, el "monoteísmo absoluto" y triunfante.
 
 

1. La religión de los Patriarcas.

Los Patriarcas veneraban a Dios bajo diferentes nombres, particularmente íEl y íElohim. íEl es el Dios de los padres, que los protegía y defendía contra los poderes maléficos.

Dios dijo a Isaac: "Yo soy el Dios de tu padre Abraham..." (Gn 26,24); a Jacob: "Yo soy el Dios de tu padre Abraham, y el Dios de Isaac..." (Gn 28,13). Jacob afirma: "El Dios de mi padre ha estado conmigo" (Gn 31,5; cf. 31,29.42).

Según el libro del Exodo, Dios se reveló a los Patriarcas con el nombre de íEl-Shadday: "Yo soy Yahveh. Me aparecí a Abraham, a Isaac y a Jacob como íEl-Shadday; pero mi nombre de Yahveh no se lo di a conocer" (Ex 6,2-3).

Es importante notar que la soberanía del Dios de los Padres no se limitaba ni a un grupo, ni a un lugar: "Vete de tu tierra, y de tu patria, y de la casa de tu padre, a la tierra que Yo te mostraré" (cf. Gn 12,1-3). Abraham le da a su Dios el título de: "El Juez de toda la tierra" (Gn18,25). Sin embargo, hay que aceptar que en esa época antigua los hebreos reconocían las divinidades de otros grupos: "Que el Dios de Abraham y el Dios de Najor juzguen entre nosotros" (Gn 31,53).
 
 

2. La revelación de Dios a Moisés.

En el desarrollo del monoteísmo israelita, Moisés ocupa un lugar central. El mismo Dios de los padres: el Dios de Abraham, de Isaac y de Jacob se revela con el nombre de "Ehyéh - Yahveh", como el Dios que es y que actúa liberando a los israelitas de la esclavitud egipcia, y conduciéndolos luego a través de su historia (Ex 3,13-15; 7,27-29).

Además, Yahveh actúa como un Dios libre y soberano, señor de su pueblo y de los demás hombres; y por los asombrosos acontecimientos del Sinaí, Yahveh se manifestó como un Dios personal, santo y temible, que quiso escoger para sí un pueblo que fuera su propiedad personal: "Ya habéis visto lo que he hecho con los egipcios, y cómo a vosotros os he llevado sobre alas de águila y os he traído a mí. Ahora, pues, si de veras escucháis mi voz y guardáis mi alianza, vosotros seréis mi propiedad personal entre todos los pueblos, porque mía es toda la tierra; seréis para mí un reino de sacerdotes y una nación santa" (Ex 19,4-6. cf. 9.12s.16).

Los relatos del Exodo no niegan expresamente la existencia de otros dioses. Así, en el himno de Moisés se lee: "¿Quién como tú, Yahveh, entre los dioses?" (Ex 15,11). Y el primer precepto del Decálogo está formulado de esta manera: "Yo, Yahveh, soy tu Dios, que te he sacado del país de Egipto, de la casa de servidumbre. No habrá para ti otros dioses delante de mí" (Ex 20,2-3). Por tanto, se puede hablar de la religión de los israelitas de esa época como de un "monoteísmo práctico".
 
 

3. Una religión popular y sincretista.

Ya en tiempos de Moisés hubo una primera defección del pueblo, cuando Aarón, a petición de la gente, puso a Dios bajo la imagen de un becerro de oro (Ex 32,1-6). Pero la defección más grave fue después de la entrada en la tierra de Canaán, cuando los israelitas adoptaron no solamente la civilización urbana cananea, sino también algunas instituciones religiosas y cultuales de la gente del país: "Los israelitas hicieron lo que desagradaba a Yahveh. Se olvidaron de Yahveh su Dios y sirvieron a los Baales y a las Asherás" (Jue 3,7; cf. 3,12; 4,1; 6,1; etc.).

En tales circunstancias, Yahveh fue venerado como el dios nacional y principio de cohesión entre las tribus dispersas, pero al mismo tiempo se dio culto a los dioses cananeos: los Baales y las Astartés; y más tarde también a los dioses fenicios, asirios y babilonios: "(Manasés)... alzó altares a Baal; se postró ante todo el ejército de los cielos y les sirvió; construyó altares en la Casa de la que Yahveh había dicho: ëEn Jerusalén pondré mi Nombreí. Hizo pasar a su hijo por el fuego; practicó los presagios y los augurios, hizo traer los adivinos y nigromantes. Colocó el ídolo de Asera..." (2R 21,2-7; cf. Jue 2,11-13; 3,7; 1R 14,22-24; 16,31-34).

Así, se produjo una religión popular y sincretista, que no logró ser extirpada ni con las enérgicas reformas hechas por Ezequías (721) y Josías (622).
 
 

4. Los Profetas y el monoteísmo absoluto.

En este panorama, los Profetas se presentan como verdaderos paladines del monoteísmo.

Elías (850) pone al pueblo ante una alternativa: o Yahveh o Baal: "Elías se acercó a todo el pueblo y dijo: ë¿Hasta cuándo vais a estar cojeando con los dos pies? Si Yahveh es Dios, seguidle; si Baal, seguid a éste" (1R 18,21).

Oseas (722) subraya las relaciones de amor entre Yahveh y su pueblo, de manera que dar culto a otros dioses es cometer un adulterio: "Yahveh me dijo: ëAnda otra vez, ama a una mujer que ama a otro y comete adulterio, como ama Yahveh a los hijos de Israel, mientras que ellos se vuelven a otros dioses...í" (Os 3,1; cf. 2,2-5; 11,1).

Isaías (734-698) pone de relieve la santidad y la trascendencia absoluta de Yahveh, ante quien los ídolos son nada y engaño: "¡Ay, gente pecadora, pueblo tarado de culpa, semilla de malvados, hijos de perdición! Han dejado a Yahveh, han despreciado al Santo de Israel..." (Is 1,4). "Se llenó su tierra de ídolos, ante la obra de sus manos se inclinan, ante lo que hicieron sus dedos" (2,8). "Santo, santo, santo, Yahveh Sebaot: llena está toda la tierra de su gloria" (6,3). Cf. Is 2,18.20; 5,19.24; 10,17.

Jeremías (627-585) combate con violencia la idolatría: "¿Qué encontraban vuestros padres en mí de torcido, que se alejaron de mi lado, y yendo en pos de la Vanidad se hicieron vanos?" (2,5). "Doble mal ha hecho mi pueblo: a mí me dejaron, Manantial de aguas vivas, para hacerse cisternas agrietadas que no pueden retener el agua" (2,13; cf. todo el poema Jr 2,1-37).

Muy probablemente, la formulación actual de la confesión de fe israelita, el "Escucha, Israel", es del tiempo de la reforma religiosa llevada a cabo por el rey Josías (622-609): "Escucha, Israel: Yahveh nuestro Dios es el único Yahveh. Amarás a Yahveh tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma y con toda tu fuerza. Queden en tu corazón estas palabras que yo te dicto hoy. Se las repetirás a tus hijos, les hablarás de ellas tanto si estás en casa, como si vas de viaje; así acostado como levantado; las atarás a tu mano como una señal, y serán como una insignia entre tus ojos; las escribirás en las jambas de tu casa y en tus puertas" (Dt 6,4-9).

Las últimas capas del Deuteronomio, redactadas hacia fin del Destierro (550-539), sintonizan con la afirmación explícita de un monoteísmo absoluto: "A ti se te ha dado ver todo esto, para que sepas que Yahveh es el verdadero Dios y que no hay otro fuera de él... Reconoce, pues, hoy y medita en tu corazón que Yahveh es el único Dios allá arriba en el cielo, y aquí abajo en la tierra; no hay otro" (Dt 4,35.39; cf. 32,39).

El Segundo Isaías: Is 40-55 (año 550-539) proclama un monoteísmo absoluto y triunfante. Dios es la plenitud del ser y de toda perfección, sin origen ni fin: "(Israel) ¿Es que no lo sabes? ¿Es que no lo has oído? Dios desde siempre es Yahveh, creador de los confines de la tierra, que no se cansa ni se fatiga, y cuya inteligencia es inescrutable" (Is 40,28). "Así dice Yahveh, el rey de Israel, y su redentor, Yahveh Sebaot: ëYo soy el primero y el último, fuera de mí no hay ningún dios. ¿Quién como yo? Que se levante y hable...í" (44,6-7).

Finalmente, de la afirmación de un monoteísmo total se derivará necesariamente la idea de una salvación universal: "¡No hay otro dios, fuera de mí. Dios justo y salvador, no hay otro fuera de mí! Volveos a mí y seréis salvados, confines todos de la tierra, porque yo soy Dios, no existe ningún otro" (45,21-22).
 
 

5. El monoteísmo en los Salmos y en la Literatura Sapiencial.

La doctrina de los Profetas influenció la literatura posterior del AT. Numerosos Salmos celebran a Yahveh, Dios único creador de cuanto existe, omnipotente y santo. Estos himnos invitan a la creación entera, cielos, mar y tierra, a "cantar a Dios un cántico nuevo", reconociendo su señorío universal y su próxima venida para gobernar el orbe con justicia y fidelidad:

- Salmo 8: Himno al poder del Nombre divino:

"¡Oh Yahveh, Señor nuestro, qué admirable es tu Nombre por toda la tierra!"

- Salmo 90,2.4: "Antes que naciesen los montes o fuera engendrado el orbe de la tierra, desde siempre y por siempre tú eres Dios... Mil años en tu presencia son un ayer, que pasó; una vigilia nocturna".

- Salmo 102,8: "Tú siempre eres el mismo, tus años no tienen fin".

Los escritos sapienciales unen fácilmente los temas del Dios único creador con el tema de la sabiduría divina (Pr 8,22-31; Jb 38,1-39,30; Eclo 24,3-8; Sab 9,1-3; Jdt 9,5; 16,14).

Sin embargo, con frecuencia en libros que afirman un monoteísmo absoluto se encuentran menciones de otros dioses:

"No haya en ti dios extranjero, no te postres ante dios extraño. Yo, Yahveh, soy tu Dios, que te hice subir del país de Egipto; ¡abre toda tu boca, y yo la llenaré!" (Sal 81,10-11).

"Dios se levanta en la asamblea divina, en medio de los dioses juzga... Yo había dicho: ëVosotros, dioses sois, todos vosotros, hijos del Altísimo. Mas ahora, como el hombre moriréis, como uno solo caeréis, príncipes" (82,1.6-7).

"En el día de mi angustia yo te invoco, pues tú me has de responder; entre los dioses, ninguno como tú, Señor, ni obras como las tuyas... Porque tú eres grande y haces maravillas; tú eres Dios, tú solo" (86,7-8.10).

"¡Qué grande es Yahveh, y muy digno de alabanza; más temible que todos los dioses!" (Sal 96,4) (Cf. Sal 97,7.9; Is 41,21-23).

¿Cómo se explican estas menciones de otros dioses en textos claramente monoteístas? Esta anomalía se explica por el ambiente politeísta que rodeaba a Israel. Al proclamar la excelencia de Yahveh sobre todos los dioses -que son nada-, retóricamente se da vida a esas divinidades que no existen.

Finalmente, el judaísmo tardío acabó por rebajar a los dioses a la categoría de demonios:

En el libro de Baruc leemos:"Por haber provocado la ira de Dios, habéis sido entregados a los enemigos; pues irritasteis a vuestro Creador, sacrificando a los demonios y no a Dios" (Ba 4,6-7).

San Pablo, siguiendo la misma manera de expresarse, escribe a los corintios a propósito de las carnes sacrificadas a los dioses paganos: "¿Qué digo, pues? ¿Que lo inmolado a los ídolos es algo? Pero si lo que inmolan los gentiles, ¡lo inmolan a los demonios y no a Dios! Y yo no quiero que entréis en comunión con los demonios" (1Co 10,20; cf. Hen 19,1; Jub 15,30s).
 
 

6. El monoteísmo en el Nuevo Testamento.

El Nuevo Testamento recogió la fe monoteísta proclamada en la primera Alianza.

1º En el evangelio de Marcos, al escriba que le pregunta a Jesús cuál es el primero de todos los mandamientos, éste le responde citando la confesión del "Shemá Israel": "Escucha Israel: Nuestro Dios es el único Señor; y amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma, con toda tu mente, y con todas tus fuerzas" (Mc 12,29-30; cf Dt 4,35; 6,4-5).

2º En la oración sacerdotal, antes de comenzar su pasión, dice Jesús: "Esta es la vida eterna: Que te conozcan a ti, el único Dios verdadero; y al que tú has enviado, Jesu-Cristo" (Jn 17,3).

3º Pablo, estando en Listra, evangeliza a los gentiles, invitándolos a abandonar las cosas vanas (los ídolos) y volverse al Dios vivo que hizo el cielo, la tierra, el mar y cuanto hay en ellos; y en Atenas proclama también el mismo monoteísmo (cf. Hch 14,15-17; 17,24-29).

4º En sus epístolas, el Apóstol Pablo alude con frecuencia a la doctrina monoteísta:

A propósito de las carnes inmoladas a los ídolos, el Apóstol ofrece una catequesis particularmente rica en contenido. El escribe: "Respecto del comer lo sacrificado a los ídolos, sabemos que el ídolo no es nada en el mundo, y no hay más que un único Dios. Pues aun cuando se les dé el nombre de dioses, bien en el cielo bien en la tierra, de forma que hay multitud de dioses y de señores, para nosotros no hay más que un solo Dios, el Padre, del cual proceden todas las cosas y para el cual somos". Y añade: "Y un solo Señor, Jesu-Cristo, por quien son todas las cosas y por el cual somos nosotros" (1Co 8,4-6).

Al terminar sus reflexiones sobre el misterio del pueblo de Israel, Pablo concluye: "¿Quién conoció el pensamiento del Señor?... Porque de él, por él y para él son todas las cosas. ¡A él la gloria por los siglos! Amén" (Rm 11,34.36).

Y en la primera carta a Timoteo, reproduce el Apóstol un himno litúrgico al Dios Unico: "El Bienaventurado y Unico Soberano, el Rey de los reyes y el Señor de los señores; el único que posee la inmortalidad, que habita en una luz inaccesible, a quien no ha visto ningún ser humano, ni le puede ver. A él el honor y el poder por siempre. Amén" (1Tm 6,15-16; cf. además Hb 11,6; St 2,19).
 
 

II.- LOS ATRIBUTOS DE DIOS

Como consecuencia natural de la doctrina del Dios único se deriva una serie o cadena de atributos divinos. Subrayaremos dos: vivo y santo.
 
 

1. El Dios vivo.

El primer atributo del Dios que existe es que es un "Dios vivo, viviente", que da vida, porque es fuente y manatial de vida. En oposición a los dioses, que no existen ni actúan y que son nada, se encuentra Yahveh: "el que es" y "el que vive": "Y dijo Josué: ëEn esto conoceréis que el Dios vivo está en medio de nosotros...í" (Jos 3,10). "¡Vivo Yo para siempre!" (Dt 32,40).4

Hay una serie de textos que sirven a Dios como fórmula de juramento: "¡Vivo yo!" o bien "¡Por mi vida!": "Alza en torno los ojos y mira: todos ellos se han reunido y han venido a ti. ¡Por mi vida! -oráculo de Yahveh- que con todos ellos como con velo nupcial te vestirás y te ceñirás con ellos como una novia" (Is 49,18). El Salmo 18,47 grita: "¡Viva Yahveh!". El Nuevo Testamento heredó ampliamente este atributo de "vida", que se encuentra, por ejemplo, en la confesión de Pedro: "Simón Pedro contestó: ë¡Tú eres el Cristo, el Hijo de Dios vivo!í" (Mt 16,16) La epístola a los Tesalonicenses presenta al Dios "vivo y verdadero" (1Ts 1,9). Este atributo será dado a Jesús resucitado: "¿Por qué buscáis entre los muertos al que vive?" (Lc 24,5).
 
 

2. El Dios santo.

En el AT, la "santidad" es uno de los atributos esenciales del Dios de Israel.

La santidad constituye como la esencia misma de Dios: "Yo soy Yahveh, vuestro Dios; santificaos y sed santos, pues yo soy santo" (Lv 11,44).

El es el Santo (Lv 20,26); el único Santo (1S 2,2); "el Santo de Israel" (Is 1,4).

Su nombre es santo: "Así dice el Excelso y Sublime, el que mora por siempre y cuyo nombre es Santo" (Is 57,15; cf. Am 2,7; Ez 20,39).

El es el tres veces santo (Is 6,3).

a) La noción de"santidad" en el Antiguo Testamento es muy rica y, por lo mismo, es difícil dar de ella una definición sintética.

1º La primera idea de santidad es la separación, la inaccesibilidad, una trascendencia tal que inspira temor religioso. Así dice Yahveh a Moisés: "Pero mi rostro no podrás verlo; porque no puede verme el hombre y seguir viviendo" (Ex 33,20).

2º Siendo Dios santo, comunica su santidad a todo lo que se acerca a él, así sean: objetos como las vestiduras de los sacerdotes, el aceite, las ofrendas, las víctimas, los primogénitos, los panes de la proposición (Ex 30,29; Nm 18,9); lugares, como el tabernáculo, el templo, la colina del templo, la ciudad santa, el cielo; tiempos, como el sábado y los días consagrados a Yahveh; personas, como los sacerdotes, los nazareos, Jeremías, el pueblo santo (Lv 21,6; Ex 19,8; Is 63,18).

3º En el ámbito del culto, la noción de santidad se une a la de pureza ritual: la "ley de santidad" es a la vez una "ley de pureza" (Lv 11; 17).

4º Finalmente, en los escritos de los profetas, la santidad de Dios toma un aspecto moral muy califidado. El carácter moral del Dios de Israel espiritualizó la concepción primitiva de separación de lo profano y la convirtió en abstención del pecado y en pureza de conciencia: "¡Ay de mí, que estoy perdido, pues soy un hombre de labios impuros, y habito entre un pueblo de labios impuros; y mis ojos han visto al rey Yahveh Sebaot!" (Is 6,5).

b) En el Nuevo Testamento, la idea de santidad se enriquece.

Dios-Padre es "santo" (Jn 17,11); Jesús es "el Santo de Dios" (Jn 6,69); y el Espíritu es"el Espíritu Santo" (Jn 14,26).

Como consecuencia, los discípulos de Jesús serán también "santos" (Rm 1,7; 1Co 1,2), llamados a formar la "nación santa" (1P 2,9), y el "templo santo" (Ef 2,21), gracias a la acción santificadora del Espíritu que allí habita: "¿No sabéis acaso que sois Santuario de Dios y que el Espíritu de Dios habita en vosotros?" (1Co 3,16; cf. 1Co 6,11).

La santidad es una exigencia fundamental en vista de la salvación: "Sin santidad nadie verá al Señor" (Hb 12,14). La santificación es obra de Dios, pero el creyente debe contribuir con una colaboración activa. Pablo escribe a los filipenses: "Trabajad con temor y temblor por vustra salvación, pues Dios es quien obra en vosotros el querer y el obrar, como bien le parece" (Flp 2,12-13). Y el mismo Apóstol recomienda a los corintios: "Teniendo estas promesas, queridos míos, purifiquémonos de toda mancha de la carne y del espíritu, consumando la santificación en el temor de Dios" (2Co 7,1).

La santidad toca todos los aspectos de su vida: "Que él, el Dios de la paz, os santifique plenamente; y que todo vuestro ser: el espíritu, el alma y el cuerpo, se conserve sin mancha hasta la Venida de nuestro Señor Jesu-Cristo" (1Ts 5,23). El cristiano está llamado a la santidad; la santidad es su vocación: "Esta es la voluntad de Dios: vuestra santificación" (1Ts 4,3).

La santidad exige la ruptura con el mal: "¿Qué diremos, pues? ¿Debemos acaso permanecer en el pecado para que la gracia se multiplique? ¡De ninguna manera! Los que hemos muerto al pecado, ¿cómo seguir viviendo en él?" (Rm 6,1-2).

La santidad lleva consigo una total consagración a Dios: "Os exhorto, hermanos, por la misericordia de Dios, a que ofrezcáis vuestros cuerpos como una víctima viva, santa, agradable a Dios: tal será vuestro culto espiritual" (Rm 12,1-2; cf. 2Co 5,15); y se opera mediante la sangre de Cristo (Hb 10,29) y la presencia operante del Espíritu (1Ts 4,8).

La santidad implica una obediencia constante a la verdad: "Santifícalos en la verdad, tu Palabra es verdad" (Jn 17,17; cf. 1P 1,22; 5,12;); y soporta las pruebas: "Considerad como un gran gozo el estar rodeados por toda clase de pruebas, sabiendo que la calidad probada de vuestra fe produce la paciencia en el sufrimiento; pero la paciencia ha de ir acompañada de obras perfectas para que seáis perfectos e íntegros sin que dejéis nada que desear" (St 1,2-4; cf. Hb 2,10).

La santidad se construye en la búsqueda constante de la voluntad de Dios, bajo la conducción del Espíritu Santo: "Si con el Espíritu hacéis morir las obras del cuepo, viviréis. En efecto, todos los que son guiados por el Espíritu de Dios, ésos son hijos de Dios" (Rm 8,13-14), y en una perspectiva escatológica (2P 3,11-12).
 
 

III.- EL DIOS CREADOR

1. El verbo "crear (bará´)".

1º Este verbo significa "producir una cosa admirable, maravillosa, extraordinaria".

2º En el Antiguo Testamento se encuentra 52 veces, de las cuales 49 en los escritos exílicos o postexílicos: en Is 40-55 = 16 veces; en Is 56-66 = 4 veces; en Gn 1,1-2,4a = 7 veces; en diferentes escritos = 22 veces.

3º Los objetos de "creación" son:

. el cielo y la tierra (Gn 1,1; 2,4a; Is 42,5; 45,18);

. el sol, la luna y las estrellas (Is 40,26; Sal 148,2-5);

. la luz y las tinieblas (Is 45,7); los vientos (Am 4,13);

. los pueblos (Ez 21,35; Is 43,1.15; Sal 102,19);

. el hombre (Ez 28,13.15; Dt 4,32; Is 45,12; 54,16; Gn 1,27; 5,1-2; 6,7).

. el corazón puro (Sal 51,12).
 
 

2. La idea de creación en el antiguo Oriente.

En el antiguo Oriente era corriente la idea de que el mundo y el hombre eran obra de un dios creador.

1º En Egipto. En la literatura egipcia las cosmogonías son pacíficas.

- En la cosmogonía de Heliópolis, el dios Atón dio origen a los dioses "Agua y Humedad", los cuales hicieron la tierra y el cielo.

- En la teología de Memfis, el dios Ptaj dio existencia a los dioses y fuerzas vitales; y el dios Jnum hizo al hombre en un torno de alfarero.

2º En Mesopotamia y en Canaán. En la literatura de Mesopotamia las cosmogonías son violentas, pues tienen origen mediante una lucha del dios creador contra el caos.

- En la epopeya babilónica llamada Enuma Elish, el dios Marduk formó el cosmos a partir del caos, después de una lucha contra Tiamat, monstruo del mar.

- En las inscripciones de Karatepe, el dios El es llamado "creador de la tierra".

- En Ugarit, al dios El se le da el título de "nuestro creador, nuestro padre"; y la diosa Atirat, esposa de El, es llamada "creadora de los dioses".

Estos dioses dependen, ellos mismos, de una materia primordial, fundamento de cuanto existe.
 
 

3. La idea de creación en Israel.

El yavismo del Antiguo Testamento no presenta huella alguna de teogonía. Yahveh, es el Dios único creador, que ha existido desde siempre, y que no ha tenido origen de una materia primordial.

Sin embargo, se puede percibir en el pensamiento de Israel un desarrollo progresivo en cuanto a la doctrina de la creación.

1º Antes del Destierro pocos textos hablan de la creación. Entre éstos está el relato de la creación del primer par humano (Gn 2,4b-24). Y en Jeremías, Dios proclama: "Yo hice la tierrra, el hombre y las bestias que hay sobre la haz de la tierra, con mi gran poder y mi tenso brazo, y lo di a quien me plugo" (Jr 27,5; cf. 31,35; 38,16).

2º La idea de la historia, como obra de Yahveh, aparece en el profeta Isaías: "¿Lo oyes bien? Desde antiguo lo tengo preparado; desde viejos días lo había planeado, ahora lo ejecuto" (Is 37,26; cf. 22,11).

3º A partir del Destierro, la "doctrina de la creación" se convierte en un elemento importante del pensamiento religioso de Israel. El Segundo Isaías expresa su fe en Dios creador mediante fórmulas enérgicas: "¿Es que no lo sabes? ¿Es que no lo has oído? Que Dios desde siempre es Yahveh, creador de los confines de la tierra, que no se cansa ni se fatiga y cuya inteligencia es inescrutable" (Is 40,28). "Así dice Yahveh, tu redentor, el que te formó desde el seno: Yo, Yahveh, lo he hecho todo; yo, solo, extendí los cielos; yo asenté la tierra, sin ayuda alguna" (Is 44,24; cf. 45,7.12.18).

4º El mismo profeta (Is 40-55) presenta la palabra creadora de Dios con un dinamismo excepcional: "Alzad a lo alto los ojos y ved: ¿quién ha hecho esto? El que hace salir por orden al ejército celeste, y a cada estrella la llama por su nombre. Gracias a su esfuerzo y al vigor de su energía, no falta ni una" (Is 40,26). "Yo digo al abismo: ¡Sécate!" (Is 44,27; cf. 48,13; 50,2).

5º Es notable también cómo el profeta del consuelo subraya el alcance salvífico de la acción creadora de Dios, verdadero artífice y conductor de la historia. De Ciro dice: "Te he llamado por tu nombre y te he ennoblecido, sin que tú me conozcas.... Yo te he ceñido, sin que tú me conozcas, para que se sepa, desde el sol levante hasta el poniente, que todo es nada fuera de mí" (Is 45, 5b-6; cf. 41,4; 43,1.6; 48,7; 54,5).

6º El autor del primer capítulo del Génesis coloca el acto creador del cielo y de la tierra como un comienzo, si bien a partir del caos, océano primordial: "La tierra era caos y confusión y oscuridad por encima del abismo, y un soplo de Dios aleteaba por encima de las aguas" (Gn 1,2).

7º Algunos textos poéticos, a la vez que afirman la acción creadora de Dios, conservan reminiscencias mitológicas sobre la creación: "Con su poder hendió la mar, con su destreza quebró a Ráhab. Su soplo abrillantó los cielos, su mano traspasó a la Serpiente Huidiza" (Jb 26,12-13; cf. Jb 3,8; 7,12; 9,13; 26,12-13; Is 51,9; Sal 74,13-14; 89,10-11; etc.).

8º Para la literatura sapiencial la creación es una obra arquitectónica de Dios y efecto de su palabra omnipotente.9 El libro de los Proverbios presenta la sabiduría divina como colaboradora de Dios en la creación, y existente antes del mundo material, aun antes del océano primordial, que, para Gn 1,2 había sido el punto de partida de la creación: "Yahveh me creó, primicia de su camino, antes que sus obras más antiguas. Desde la eternidad fui fundada, desde el principio, antes que la tierra. Cuando no existían los abismos fui engendrada, cuando no había fuentes cargadas de agua. Antes que los montes fuesen asentados, antes que las colinas, fui engendrada..." (Pr 8,22-25).

9º El segundo libro de los Macabeos (hacia el año 150) propone explícitamente la obra de la creación a partir de "nada": "Te ruego, hijo, que mires al cielo y a la tierra y, al ver todo lo que hay en ellos, sepas que a partir de la nada lo hizo Dios y que también el género humano ha llegado así a la existencia" (2M 7,28).

10º Numerosos himnos muestran admiración por la creación, obra del verdadero y único Dios. El Salmo 145 canta la misericordia y la ternura de Dios por sus criaturas: "Clemente y misericordioso es Yahveh, lento a la cólera y grande en amor; Yahveh es bueno con todos, es cariñoso con todas sus criaturas" (Sal 145,8-9). El Salmo 103 es un espléndido himno al Dios creador.

Y el libro de la Sabiduría proclama el amor de Dios por todo cuanto existe: "Amas a todos los seres, y nada aborreces de lo que hiciste; pues, si algo odiases, no lo habrías hecho. Y ¿cómo habría permanecido algo si no lo hubieses querido? ¿Cómo se habría conservado lo que no hubieses llamado? Mas tú con todas las cosas eres indulgente, porque son tuyas, Señor, que amas la vida" (Sab 11,24-26).

11º La idea de creación tiene, en la Biblia, un carácter soteriológico. La creación, obra del espíritu de Dios y de su palabra omnipotente, es buena, muy buena: "Y vio Dios cuanto había hecho, y todo era muy bueno" (Gn 1,31). Y Dios creó al hombre para ser feliz, pero el pecado trastornó el plan divino (Gn 2-3).

12º Finalmente, en una perspectiva escatológica, esta tierra y este cielo desaparecerán para dar lugar a cielos nuevos y tierra nueva: "He aquí que yo creo cielos nuevos y tierra nueva, y no serán mentados los primeros, ni vendrán a la memoria; antes bien, habrá gozo y regocijo por siempre jamás por lo que voy a crear" (Is 65,17; cf. 51,6; 66,22; Sal 102,26-27).
 
 

5. La creación en el Nuevo Testamento.

1º El Nuevo Testamento heredó del Antiguo la doctrina firme sobre la creación, obra de Dios: "Dios es creador de todas las cosas" (Ef 3,9). "El constructor del universo es Dios" (Hb 3,4). "Eres digno, Señor y Dios nuestro, de recibir la gloria, el honor y el poder, porque tú has creado el universo; por tu voluntad, no existía y fue creado" (Ap 4,11).

2º Partiendo de la afirmación del Génesis: "Al principio creó Dios el cielo y la tierra..." (Gn 1,1), el Nuevo Testamento mantiene que la creación tuvo un principio: "Desde el comienzo de la creación, él los hizo varón y hembra" (Mc 10,6; cf. 13,19). "Tú al comienzo, oh Señor, pusiste los cimientos de la tierra y obras de tu mano son los cielos" (Hb 1,10; cf. Jn 17,24; Ef 1,4; 1P 1,20).

La Biblia considera el mundo desde la historia de la salvación, sin ocuparse de un problema filosófico concreto, a saber: si el mundo material habrá existido desde siempre, aunque dependiendo ontológicamente de un creador; en tal caso, sería una creación desde siempre, "creatio ab aeterno".

3º Algunos textos atribuyen la creación a la palabra de Dios: "Pues el mismo Dios que dijo: ëDe las tinieblas brille la luzí, ha hecho brillar la luz en nuestros corazones, para irradiar el conocimiento de la gloria de Dios que está en la faz de Cristo" (2Co 4,6). La epístola a los Hebreos escribe: "Por la fe, sabemos que el universo fue formado por la palabra de Dios, de manera que lo que se ve resultase de lo que no aparece" (Hb 11,3).

4º Textos muy importantes atribuyen o introducen a Cristo en la obra de la creación mediante el tema bíblico de la sabiduría divina. Y el himno al Verbo hecho carne presenta a Jesu-Cristo como el Logos, la Palabra de Dios, distinto de Dios, pero idéntico en naturaleza a Dios, a quien Gn 1,1 atribuye la creación: "En el principio existía el Verbo, y el Verbo estaba en Dios, y el Verbo era Dios. Todo fue ello por él; y sin él nada se hizo" (Jn 1,1.3).

5º El texto de Col 1,16 es de particular relieve, pues atribuye a Cristo la creación de todo cuanto existe, incluyendo tanto el mundo visible (el cielo y la tierra), como el de los seres invisibles (ángeles, demonios...): "El es Imagen del Dios invisible, Primogénito de toda la creación, porque en él fueron creadas todas las cosas, en los cielos y en la tierra, las visibles y las invisibles, los Tronos, las Dominaciones, los Principados, las Potestades; todo fue creado por él y para él. El existe con anterioridad a todo, y todo tiene en él su consistencia" (Col 1,15-17).

6º Finalmente, el tema de la "nueva creación" aparece en el Nuevo Testamento en dos dimensiones o niveles:

- San Pablo habla de una "nueva creación espiritual": "El que está en Cristo es una nueva creación; pasó lo viejo, todo es nuevo" (2Co 5,17; cf. Ga 6,15; Ef 2,10.15; 4,24; Col 3,10).

- Y, a propósito de una nueva creación escatológica, leemos en la segunda Carta de Pedro: "Pero esperamos, según nos lo tiene prometido, nuevos cielos y nueva tierra, en los que habite la justicia" (2P 3,13; cf. Rm 8,19-25; Ap 21,2).
 
 
 
 

IV .- EL DIOS DE LA ALIANZA

1. El tema de "La Alianza" de Dios con la humanidad es fundamental en la historia de la salvación. Es como el corazón de la revelación divina en su diálogo con el hombre. Es de Dios de quien viene la iniciativa de una Alianza. En una perspectiva teológica, "la Alianza significa una relación nueva entre Dios y el hombre". E indica, por parte de Dios, el compromiso divino de dar algo o de hacer algo concreto en favor de la criatura; y, por parte del hombre, la obligación que éste tiene con respecto a Dios.

2. A lo largo de la historia salvífica hubo ciertos momentos claves en los que, con especial claridad, brilló el designio de Dios, manifestando su deseo de entrar en relación de amistad personal con el hombre, a quien había creado. Y así, el tema de la Alianza tiene su historia, pasando por diferentes etapas.

3. Es verdad que se podría hablar de una "Alianza fundamental", sellada por Dios Creador con sus criaturas desde el momento en que, con su Palabra omnipotente y su Soplo soberano, sacó a todos los seres de la nada, como lo atestigua el primer capítulo del Génesis: "Y vio Dios cuanto había hecho, y todo era muy bueno" (Gn 1,31).

También se podría descubrir una Alianza de Dios con el hombre, cuando, después de la caída, le promete la victoria definitiva sobre el mal: "Enemistad pondré entre ti y la mujer, y entre tu linaje y su linaje: él te aplastará la cabeza, mientras acechas tú su calcañar" (Gn 3,15).

Sin embargo, en estos relatos todavía no se encuentra la palabra "berit", que es el vocablo clásico de la Alianza. No será sino con la historia de Noé, cuando aparezca explícitamente el término "alianza".

4. El análisis de los textos del Antiguo Testamento nos permite tratar el tema de la Alianza en cinco apartados principales:

1º La Alianza de Dios con Noé y la creación: "He aquí que yo establezco mi alianza con vosotros, y con vuestra futura descendencia, y con toda alma viviente que os acompaña: las aves, los ganados y todas las alimañas que hay con vosotros, con todo lo que ha salido del arca, todos los animales de la tierra" (Gn 9,9-10; cf. 6,18; Is 24,5).

2º La Alianza de Dios con Abraham y sus descendientes: "Por mi parte, he aquí mi alianza contigo... Te haré fecundo sobremanera, te convertiré en pueblos, y reyes saldrán de ti. Y estableceré mi alianza entre nosotros dos, y con tu descendencia después de ti, de generación en generación: una alianza eterna, de ser yo el Dios tuyo y el de tu posteridad..." (Gn 17,4.6-7; cf. Gn15,1-21).

3º La Alianza de Dios con su pueblo en el Sinaí: "Ya habéis visto lo que he hecho con los egipcios, y cómo a vosotros os he llevado sobre alas de águila y os he traído a mí. Ahora, pues, si de veras escucháis mi voz y guardáis mi alianza, vosotros seréis mi propiedad personal entre todos los pueblos, porque mía es toda la tierra; seréis para mí un reino de sacerdotes y una nación santa" (Ex 19,4-6; cf Ex 19,7-34,35).

4º La Alianza en la vida del pueblo de Israel. Renovaciones de la Alianza: en el país de Moab (Dt 5,2-3); en Siquem (Jos 24,25-26); y en tiempos del rey Josías (2R 23,2-3).

5º Anuncio de una Alianza nueva: "He aquí que días vienen -oráculo de Yahveh- en que yo pactaré con la casa de Israel y con la casa de Judá una alianza nueva; no como la alianza que pacté con sus padres... sino que esta será la alianza que yo pactaré con la casa de Israel...: pondré mi Ley en su interior y sobre sus corazones la escribiré, y yo seré su Dios y ellos serán mi pueblo..." (Jr 31,31-34; cf. Ez 36.25-28; 37,26-28; Is 42,6; 49,8; 54,9-10).

5. La nueva Alianza en Cristo Jesús. La Alianza, inaugurada en los tiempos del primer Testamento, llegó a su plenitud en Cristo Jesús. La Alianza que Dios quiso hacer con la humanidad alcanzó tal altura y tal perfección, que Dios se unió a la criatura, y ésta fue elevada hasta Dios, cuando el Padre envió a su Hijo -el Verbo eterno- para que se hiciera hombre, y para que por él y en él los hombres llegaran a ser hijos de Dios: "Al llegar la plenitud de los tiempos, envió Dios a su Hijo, nacido de mujer, sujeto a la Ley, para rescatar a los que se hallaban bajo la Ley, y para que recibiéramos la filiación adoptiva" (Ga 4,4-5). Y esa Alianza, nueva y eterna, quedó sellada con la sangre de Jesús (Mc 14,14; Mt 26,24-28; Lc 22,20).

Pero, la fase última y definitiva de la Alianza de Dios con la humanidad -su perfecta consumación-, no tendrá ya lugar en esta tierra sino en los esplendores de la vida futura (Ap 21,1-5)
 
 

V .- EL DIOS MISERICORDIOSO Y JUSTO

Además de la definición salvífica, pero también un tanto ontológica, que Dios dio de sí mismo a Moisés llamándose ´Ehyeh o Yahveh (Ex 3,14), el libro del Exodo proporciona otra muy importante definición descriptiva, presentándola como pronunciada por el mismo Dios, la cual subraya sus cualidades morales de amor, misericordia y justicia para con su pueblo (Ex 34,6-7).

En un pasaje saturado de confianza y de piedad filial por parte de Moisés, y lleno de condescendencia divina por parte de Yahveh, Moisés eleva una atrevida oración a Dios, y éste le responde concediéndole -como la llamaría la teología espiritual- una particular gracia de experiencia mística de alto grado.

1. La oración de Moisés (Ex 33,12-23; 34,5b-9).

1º Moisés desea ver el rostro de Dios (33,18-20).

Sintiendo Moisés que Yahveh está particularmente condescendiente, se atreve a hacerle una petición extraordinaria.

- Entonces dijo Moisés:

"¡Déjame ver, por favor, tu gloria".

Ver la gloria de Dios puede significar: o percibir sensiblemente su presencia, o contemplar directamente a Dios: "¡Déjame verte!". Por la respuesta que Dios da a Moisés, es en el sentido fuerte como hay que comprender la petición.

- El le contestó:

"Yo haré pasar ante tu vista toda mi bondad : y pronunciaré delante de ti el nombre de Yahveh, pues hago gracia a quien hago gracia y tengo misericordia con quien tengo misericordia.

- Y añadió:

"Pero mi rostro no podrás verlo; porque no puede verme el hombre y seguir viviendo".

Yahveh accede en parte a la petición de Moisés y le promete, no por los méritos de éste sino por pura gracia y misericordia, concederle dos favores: hacer pasar delante de él toda su bondad, y pronunciar su nombre. Ambas expresiones significan que Dios concederá a Moisés una muy especial revelación personal. Pero, en cuanto a "verlo", eso no será posible.

Querer "ver el rostro de Dios" o desear verlo "tal cual es", es pretender algo imposible durante la vida del hombre sobre la tierra. La visión y contemplación directa de Dios sólo será posible en la vida futura. Más tarde escribirá san Juan: "Ahora somos hijos de Dios y aún no se ha manifestado lo que seremos. Sabemos que cuando se manifieste, seremos semejantes a él, porque lo veremos tal cual es" (1Jn 3,2).

2º En la hendidura de la peña (33,21-23).

- Dijo luego Yahveh:

"Mira, hay un lugar junto a mí: tú te colocarás sobre la peña. Y al pasar mi gloria, te pondré en una hendidura de la peña y te cubriré con mi mano hasta que yo haya pasado. Luego, apartaré mi mano, para que veas mis espaldas; pero mi rostro no se puede ver".

Mediante un fuerte antropomorfismo, Yahveh promete a Moisés una gracia: él pasará delante de Moisés, pero éste no podrá ver su rostro, aunque sí sus espaldas; es decir, no podrá gozar de una visión de Dios cara a cara, pero sí podrá tener una muy especial experiencia espiritual de él.

3º Dios se revela a Moisés (34, 5-7).

Descendió entonces Yahveh en forma de nube y se puso allí junto a él. Moisés invocó el nombre de Yahveh; y Yahveh pasó por delante de Moisés, ëpronunciando su propio nombreí y revelando sus atributos divinos:

"Yahveh, Yahveh,

Dios misericordioso y clemente,

tardo a la cólera

y rico en amor y fidelidad;

que mantiene su amor por mil generaciones;

que perdona la iniquidad, la rebeldía y el pecado,

pero no los deja impunes;

pues castiga la iniquidad de los padres en los hijos y en los hijos de los hijos, hasta la tercera y cuarta generación".

Esta definición de Dios contiene una revelación de carácter existencial de quién es y cómo es Yahveh, el Dios de Israel. Se pueden discernir siete atributos divinos. Es un Dios misericordioso, compasivo, paciente, lleno de amor y de firmeza-fidelidad; es un Dios que perdona generosamente, pero que también, con justicia divina, sabe castigar la iniquidad, la rebeldía y el pecado.

Seis atributos muestran el ilimitado amor misericordioso de Dios hacia el pueblo pecador; su amor misericordioso es tan grande y dilatado que pasa y llega a mil generaciones. Sin embargo, siendo un Dios moral, sabio y justo, no puede desentenderse de la conducta deficiente del hombre, y , por eso, se ve precisado a intervenir con su ëcastigo o correccióní contra la iniquidad, la rebeldía y el pecado.

La frase "hasta la tercera y cuarta generación", que a primera vista parecería injusta, cobra su sentido exacto, como expresión literaria, al compararla con las mil generaciones a las que pasa o se extiende el amor de Dios. ¡La misericordia y el amor de Dios pasan hasta mil generaciones, mientras que su castigo sólo llega a la tercera o cuarta generación! Esto es: mientras que la misericordia y el amor de Dios valen como mil, su castigo, siendo justo y necesario, cuenta sólo como cuatro.

5º El Señor acompaña a su pueblo, perdona y escoge (34,8-9).

Al instante, Moisés cayó en tierra de rodillas y se postró, diciendo:

"Si en verdad he hallado gracia a tus ojos, oh Señor,

dígnese mi Señor venir en medio de nosotros,

aunque sea un pueblo de dura cerviz;

perdona nuestra iniquidad y nuestro pecado,

y recíbenos por herencia tuya".
 
 
 
 

2. Resonancias de esta definición de Dios en otros escritos bíblicos.

1º Los atributos mencionados en esta definición de Dios quedaron grabados, indeleblemente y para siempre, en la conciencia del pueblo escogido. Israel tiene la absoluta certeza de que su Dios es un Dios misericordioso, clemente, paciente, amoroso y fiel; que perdona, pero que también castiga justamente.

Escritos históricos, proféticos y sobre todo Salmos cantan a porfía el amor misericordioso de Dios y su fidelidad eterna: "Bien sabía yo que tú eres un Dios misericordioso y clemente, tardo a la cólera y rico en amor, que se arrepiente del mal" (Jon 4,2). "Pero tú, Señor, Dios misericordioso y clemente, tardo a la cólera, lleno de amor y de fidelidad, ¡vuélvete a mí, tenme compasión!" (Sal 86,15).

2º El Nuevo Testamento fue muy sensible a esos atributos del Dios de la revelación: un Dios vivo, único y verdadero, misericordioso y compasivo, y recogió en diferentes textos esas cualidades divinas, que revelan lo íntimo del corazón de Dios.

La "misericordia y compasión" (oijktivrmwn- jelehvmwn) son recordadas en Lc 6,36; 2Co 1,3; Rm 12,1; Hb 2,17; St 5,11. La comprensión o "paciencia" de Dios (makroqumiva) es mencionada en 1Tm 1,16; 2P 3,15.

El sustantivo hebreo "jésed", que presenta un amplio abanico de significaciones: "ternura, bondad, amabilidad" de Dios, tal vez equivale, en su significado más teológico, a la palabra neo-testamentaria "amor - jagavph" y al verbo correspondiente "amar". Los textos del NT que tratan de "Dios que ama" o del "amor de Dios" son muy numerosos: "De tal manera amó Dios al mundo que dio a su Unigénito..." (Jn 3,16); y tal vez la suprema revelación de Dios es la definición que se lee en la primera Epístola de san Juan: "Dios es AMOR" (1Jn 4,8.16).

En cuanto a la "firmeza-verdad-fidelidad de Dios", ésta se encuentra tras del adjetivo "fiel - pistov~", predicado muchas veces de Dios o de Cristo. Los comentadores del evangelio de san Juan piensan que en el himno al Verbo hecho carne, bajo la afirmación "lleno de gracia y de verdad" (Jn 1,14), está la fórmula de Ex 34,6: "lleno de amor misericordioso y de fidelidad".
 
 

VI.- DIOS, PADRE DE ISRAEL

El Antiguo Testamento presenta, en numerosas ocasiones, a Dios como Padre del pueblo de Israel.18 Esta paternidad divina está íntimamente ligada a la elección de Israel, e implica la certeza del amor de Dios para su hijo Israel. El amor de Dios es la fuente y razón de la elección y de la Alianza: "No porque seáis el más numeroso de todos los pueblos se ha prendado Yahveh de vosotros y os ha elegido, pues sois el menos numeroso de todos los pueblos; sino por el amor que os tiene y por guardar el juramento hecho a vuestros padres" (Dt 7,7-8a).

1. La Ley proclama esta paternidad y filiación.

- La primera mención de Dios como Padre de Israel se encuentra en el libro del Exodo, a propósito de la liberación de la esclavitud en Egipto. Dios le dice a Moisés: "Dirás al Faraón: Así dice Yahveh: ëIsrael es mi hijo, mi primogénitoí. Yo te he dicho: ëDeja ir a mi hijo para que me dé cultoí" (Ex 4,22-23a).

- El libro del Deuteronomio hace eco al texto del Exodo: "Yahveh tu Dios te llevaba como un hombre lleva a su hijo" (Dt 1,31).

"Hijos sois de Yahveh, vuestro Dios" (Dt 14,1).

- El Cántico de Moisés presenta a Yahveh como el creador, el hacedor y el fundador del pueblo:

"¿Así pagas a Yahveh, pueblo insensato y necio?

¿No es él tu padre, el que te creó,

el que te hizo y te fundó?" (Dt 32,6).
 
 

2. Los Profetas subrayan la doble condición de Padre e hijo. - Isaías, el profeta mesiánico, abre su profecía con acentos de reclamo cósmico:

"¡Oíd, cielos; escucha, tierra! que habla Yahveh:

ëHijos crié y saqué adelante, pero ellos se rebelaron contra mí.

Conoce el buey a su dueño y el asno el pesebre de su amo.

Israel no conoce; mi pueblo no discierneí" (Is 1,2-3).

- A través de Oseas, profeta del amor misericordioso, Dios afirma poco antes de la desaparición del reino de Israel:

"Cuando Israel era niño, yo lo amé; y de Egipto llamé a mi hijo" (Os 11,1; cf. 11,4).

- Jeremías, el profeta interior, pone en labios de Yahveh esta amarga queja contra Israel:

"¿Es que entonces no me llamabas ëPadre míoí, el amigo de mi juventud eres tú?"

"Yo había dicho: ëSí, te tendré como a un hijo

y te daré una tierra espléndida, flor de las heredades de las nacionesí.

Y añadí: ëPadre me llamaréis, y de mi seguimiento no os volveréisí...

"¡Volved, hijos apóstatas: que yo remediaré vuestras apostasías".

"Aquí nos tienes de vuelta a ti, porque tú, Yahveh, eres nuestro Dios" (Jr 3,4.19.22).

Y el mismo profeta de Anatot, en el librito en que anuncia la nueva Alianza, confiesa:

"Yo soy para Israel un Padre;

y Efraím es mi primogénito" (Jr 31,9).

Y más adelante continúa:

"Bien he oído a Efraím lamentarse:

ëMe corregiste y corregido fui, cual becerro no domado.

Hazme volver y volveré, pues tú, Yahveh, eres mi Dios.

Porque luego de desviarme, me arrepiento; y luego de darme cuenta, me golpeo el pecho, me avergüenzo y me confundo luego, porque aguanto el oprobio de mi mocedadí".

A lo que Yahveh responde con cariño maternal:

"¿Es un hijo tan caro para mí Efraím, o niño tan mimado, que tras haberme dado tanto que hablar, tenga que recordarlo todavía? Pues, en efecto, se han conmovido mis entrañas por él; ternura hacia él no ha de faltarme" -oráculo de Yahveh- (Jr 31,18-20).

- El tercer Isaías, después del retorno del destierro, reconoce con gratitud la acción redentora de Dios hacia su pueblo, hechura de Yahveh:

"Porque tú eres nuestro Padre;

Abraham no nos conoce, ni Israel nos recuerda.

Tú, Yahveh, eres nuestro Padre;

tu nombre es: ëEl que nos rescataí desde siempre" (Is 63,16).

"Yahveh, tú eres nuestro Padre.

Nosotros la arcilla, y tú nuestro alfarero;

todos nosotros somos hechura de tus manos" (Is 64,7).

- El profeta Malaquías afirma la creación de Israel, obra de Dios, y la filiación que de allí se ha derivado; y se pregunta:

"¿No tenemos nosotros un mismo Padre?

¿No nos ha creado el mismo Dios?" (Ml 2,10).

3. Los Salmos insinúan la idea.

- El Salmo 68 confiesa:

"Padre de los huérfanos y tutor de las viudas es Dios en su santa morada" (Sal 68,6; cf. 27,10; 73,15; 89,27).

- El Cántico de Tobías invita a alabar a Yahveh como nuestro Padre:

"Confesadle, hijos de Israel, ante todas las gentes, porque él os dispersó entre ellas y aquí os ha mostrado su grandeza. Exaltadle ante todos los vivientes, porque él es nuestro Dios y Señor, nuestro Padre por todos los siglos" (Tob 13,3-4).

4. En el judaísmo helenístico se produjo un desarrollo de la idea de paternidad divina en una línea de relación más personal entre Dios y el justo, de una familiaridad inesperada: "Pues si el justo es hijo de Dios, él lo asistirá y lo librará de las manos de sus enemigos" (Sb 2,18).

"Es tu providencia, Padre, quien la guía, pues también en el mar abriste un camino, una ruta segura a través de las olas, mostrando así que de todo peligro puedes salvar" (Sb 14,3-4).

"Aquel pueblo era hijo de Dios" (Sb 18,13).

"Oh Señor, padre y dueño de mi vida,

no me abandones al capricho de mis labios, no permitas que por ellos caiga.....

Señor, padre y Dios de mi vida,

no me des altanería de ojos;

aparta de mí la pasión" (Eclo 23,1.4-5).
 
 

5. Es útil recordar que, tratando del rey, el Antiguo Testamento lo presenta como particular ëhijo de Diosí: "Yo seré para él padre, y él será para mí hijo" (2S 7,14). "Yú eres mi hijo, Yo te he engendrado hoy" (Sal 2,7).

En esta forma, Dios fue preparando poco a poco a su pueblo, y a través de él a la humanidad, para que a su tiempo pudieran recibir, de parte de Jesús, la revelación plena de Dios como una persona singular: "DIOS-PADRE".

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