Raúl Duarte Castillo
1.- Introducción
La revelación del Dios auténtico empezó con los Patriarcas. De hecho, Dios se llamó el Dios de ellos, o el Dios de cada uno de ellos. Esta relación tan íntima forma el punto de partida en ese largo camino que conducirá hasta la revelación del misterio más hondo de Dios: el Trinitario.
Objeto de este estudio, es indagar el tipo de revelación divina que aparece en la historieta de José. Todo, porque la fórmula del Dios de los padres tenía ante la vista al Dios de Abrahán, de Isaac y de Jacob. Siempre se reduce a estos tres destinatarios o a cada uno de ellos. En ninguna parte de la Biblia encontramos la expresión "el Dios de José".
2.- La tradición de José
Desde la mitad de este siglo se ha puesto en tela de juicio la formación del Pentateuco y aunque la historia de José no esté en el centro de la discusión sobre las fuentes del Pentateuco, sí entra dentro de esta nueva perspectiva abierta en la discusión exegética1. La historieta de José es una pieza fundamental que sirve de puente entre las tradiciones patriarcales y las del Exodo. Si se saca a esta historieta del debate actual del Pentateuco, entonces habrá que sustituir la carencia de esta historieta que sirve de puente, con otra que se haya perdido. Hay exégetas que la consideran como formando parte de las antiguas tradiciones del Pentateuco2. Otros autores evitan considerar esta obrita como compuesta de las antiguas fuentes del Pentateuco3. Yo me uno a esta tendencia. O sea, me parece más coherente con los datos literarios, afirmar una primera composición y, después, para explicar ciertas contradicciones o incoherencias, afirmar la intervención de una relectura.
La tradición de José está formada por un grupo especial de narraciones que se encuentran en la parte final del libro del Génesis. Esta tradición está unida artificialmente con la tradición de Jacob. Es decir, es factible separar esta tradición de Jacob sin que sufra menoscabo mayor, del punto de vista literario, la tradición de José.
Las narraciones de la historieta de José se distinguen de las narraciones anteriores de los Patriarcas. En la de José encontramos un plan unitario. Un personaje, José, es visto en una larga secuencia. No es un ciclo de leyendas o sagas independientes, sino una narración continua.
Existía primitivamente un relato fresco (Gen 37. 39-49,1ª*). Esta historieta o novela de José, abarcaría lo siguiente: 37,(1s.*)5ª.6-8ª.9-12.14ª.15-23abA.24.25aA*.28aA-29.31.32*.33.36;40,2.3ª.4.5ª.6-13.16-22;41,1-14aA-15-38.41-43.47-49.53s.57;42,1-24.25aA*.29-34.36-38;43,1s.13-17ª.23b.24.26-34;44,1ª.2aAb.3-7ª.9-16;45,1.3.4ª.5b-7.14s.21b-26.27aAb. Se parece mucho esta novelita a la historia de la ascensión de David al trono de Israel, aunque hay marcadas diferencias en cuanto a cierta ambientación sapiencial, propia de los maskilim. Está armada esta historieta en base a un pleito de familia, que lleva a la pérdida de la paz (Shalom). José, representante del grupo de la Palestina central, que formaba el núcleo del Israel del norte, es el preferido de Jacob. Esto lo lleva a una serie de peripecias a Egipto, donde llega a ser el virrey. Después de dos viajes de los hermanos a Egipto, José se hace reconocer por ellos, los lleva a Egipto junto con su padre, salvándolos así del hambre.
Después un autor, el yahvista, hizo una relectura de esta historieta, dejando el arco narrativo antiguo intacto, pero añadiendo algunos pasajes y pequeños clímax secundarios, dentro de otro gran clímax que se añade: ¿cómo los antepasados de Israel y sus descendientes llegaron a establecerse en Egipto? La historieta casi se dobló. Esta capa ampliada, abarca lo siguiente: 37.3s.5b.8b.13.14b.25*.26s.28abB.32aA*; 39,1-23;40,1.3b.5b.14s.23; 41,14aBb.39s.44s.50-52.55s.;42,25*.26-28.35;43,3-12*.15ª.17b-23ª.25; 44,1b.2aB.7b.8.17-34;45,2.4b.5.8-13.16-20ª.23bB*.27aB.28;46,5b.7.28-34:47,1-5ª.6b.12-26.29-31;48,(1s)8-22; 49,33aBb;50,1-11.15-23.26. Esta capa complementaria añadió, entre otras cosas, el capítulo 38, donde aparece el motivo del menor que suplantará al mayor. Peres será el ancestro del rey David. El mismo motivo aparece en la bendición de los hijos de José por Jacob (Gen 48*, preparados por 41,45*.50-52*). Esta misma tendencia del yahvista en favorecer lo de David, se nota en la inserción de Judá e ismaelitas, en el asunto de la venta de José (Gen 37,25-27.28b).
El autor sacerdotal intervino poco en esta tradición de José, aportando datos de años y complementos genealógicos: Gen 37,1-2ª;41,56ª;46,6;47,5b.6ª.7.11.27b;48,3-6;49,1ª.28b-32.
Finalmente se añadió la bendición de Jacob a las
tribus: Gen 49,1b-28ª.
3.- Caracterización literaria y fecha de composición
En estas narraciones sobre José se trata de lo que podríamos llamar el día de hoy, una historieta bien armada de principio a fin. Como apunté, hay dos episodios que dañan esta continuidad: el de Jacob y Tamar (38) y el testamento de Jacob (49). Quitando estos dos capítulos queda una secuencia narrativa clara con sus tres puntos, típicos de toda narración: el inicio, donde se pone el problema que hará correr la acción; la tensión con su clímax, que está presentada en dos largas escenas. Finalmente, el desenlace, que es muy corto, como es costumbre.
Se está dentro del mundo de la historieta, es decir, del cuento. Este género ha sido muy cultivado por todos los pueblos. Entre nosotros los mexicanos ha sido muy gustado. En el siglo pasado tuvimos la aparición fuerte de la novela. Recordemos, entre otras, la famosa novela de Cervantes. Antes existieron las novelas de caballerías. En la Edad Media se desarrollaron los famosos cantos de los trovadores y los de los juglares. La labor de estos últimos dieron origen a los romances posteriores. Entre las obras de los maestros de juglería, encontramos, en tiempo de Carlomagno, la "Chanson de Roland". En nuestra lengua se desarrollaron los "Cantares de Gesta". Entre éstos sobresale el Cantar de mío Cid (año 1140).
El día de hoy se ha internacionalizado el gusto por la novela. Existe también el gusto por el cuento en los círculos familiares, sobre todo, entre los niños. Entre los jóvenes y personas mayores, son muy gustadas las películas y las novelas televisivas. Estas no son otra cosas que desarrollos normales del cuento antiguo. Israel tuvo un gusto especial por el cuento.
El género de nuestro escrito, la historieta de José, está muy bien enraizado, tanto en la mentalidad como en el gusto de los hombres de cualquier época. Esta historieta ha sobrevivido en la literatura universal. Se puede mencionar la obra de Thomas Mann, José y sus hermanos.
Detrás de esta novelita se encuentran recuerdos viejos de antepasados de lo que va a ser Israel. Estos antepasados tuvieron una estadía en Egipto de donde salieron un día, para formar el núcleo de lo que va a ser en el siglo X a.C., el pueblo de Israel. Detrás, encontramos los pleitos de las tribus por tener primacía entre sí y la afirmación de que el destinado a tener la primacía, es José (el grupo del centro de Palestina). Pero, algo importante, no se trata de la consecución del poder político, que ha quedado ya muy lejos. Es decir, ya Israel hacía tiempo que había dejado de ser independiente, ahora vivía en su tierra, pero también fuera de su tierra y bajo el dominio de los tolomeos.
Con este núcleo histórico de fondo, un artista muy bien
dotado compuso su novelita. En su manera de componer y en sus ideas que
intenta transmitir, deja reflejada la época en que está escribiendo.
El cariño por los sueños, la figura del personaje sabio y
activo, un segundo Daniel, y la justificación apologética
de que Israel puede vivir bajo una potencia extranjera conservando sus
costumbres y fidelidad a Dios, viviendo en armonía con los paganos,
como José y sus hermanos. Todo esto refleja una época tardía
de la historia de Israel, refleja el siglo III a.C., tanto en Palestina
o en otro lugar donde existía una comunidad considerable de judíos,
tal vez Alejandría o Antioquía.
4.- La presencia divina
La novelita o historieta refleja un ambiente, diríamos, bastante "laicizado". Dios aparece sólo a través de la acción humana. No hay las apariciones o revelaciones directas, propias de los ciclos anteriores o del tiempo de los reyes y profetas.
En el relato más antiguo sobre José, aparece nombrado Dios once veces. Diez veces aparece el nombre genérico de Dios, íelohim y una vez el nombre divino de El-Sadday. Esto va de acuerdo con el relato, que se coloca en un ambiente abierto, propio del Egipto gobernado por los tolomeos.
El nombre de íelohim, como se sabe, es un sustantivo plural con el que se designa a Dios en general. Es decir, bajo este sustantivo pueden caber la mayor parte de los dioses propios del panteón semita occidental. No es el nombre propio del Dios de Israel. Este nombre de íelohim, en su forma singular, designa al Dios principal del panteón cananeo, común a todos los pueblos de Siria-Palestina
José afirma que la interpretación de los sueños (Gen 40,8) es algo exclusivo de Dios. El sueño había sido en la época más antigua de la humanidad, el medio por el que Dios se comunicaba con los hombres. Se pensaba que en el estado de inconsciencia, cuando el hombre no tenía el dominio sobre su mente, la divinidad se comunicaba con él por medio del sueño, dejando que un oficial de la religión, lo interpretara. Después, en la literatura, se consideró el sueño como un medio importante de inspiración. Freud descubrirá el valor terapéutico del sueño.
El sueño fue empleado, después, por la profecía bíblica, como se nota en el pasaje de Jer 23,5s. Se entiende que los demás profetas empleaban este medio del sueño para comunicar la revelación divina. El tercer estadio de esta revelación onírica correspondería a una época muy reciente, durante el dominio de los persas y griegos. Ya para esta época, la profecía estaba muy cerca de la apocalíptica. En esta revelación apocalíptica se necesitaba más que un profeta, un intérprete de los sueños. La apocalíptica va a emplear a los intermediarios. José es un intérprete de sueños, como Daniel.
Dios conduce los destinos humanos y sólo él los puede comunicar. Aquí, de acuerdo a la costumbre de ese lugar y época, el medio empleado es el sueño. El medio es secundario, lo importante es el que está detrás, Dios, el Dios de José, que como el de Daniel, domina el curso de los hombres y puede revelarlo. Dios se presenta como el Señor de los acontecimientos, el que tiene el futuro del hombre en la mano.
En el capítulo 41 aparece de nuevo Dios ocupándose de la suerte del hombre. José niega poseer la interpretación como una habilidad o cualidad humana, personal. Interpretar la voluntad de Dios, es una cualidad completamente divina. Nuestro destino está, pues, en las manos de Dios. José lo dice en un giro muy cortés, al Faraón. Lo que Dios quiera, bueno o malo para el Faraón(41,16.25.28), lo dirá. José espera que Dios le dé una respuesta que vaya en beneficio del Faraón. O sea, los sueños tienen que ver con el bienestar del Faraón, lo que es lo mismo, con el bienestar del pueblo egipcio. Es raro encontrar en la Biblia a Dios ocupándose del bienestar del pueblo considerado por los hebreos como su enemigo natural.
Dios se ocupa del hombre, de cualquier hombre, aún de los que pertenecen a la nación más alejada del pueblo hebreo. Si Dios habla, si Dios revela, es para el bienestar del hombre, algo que se tiene muy olvidado en la predicación y en el estudio científico de la Palabra de Dios. Dios quiere al hombre y procura su bien.
Este Dios (41,32) desde el momento que revela algo al hombre, lo revelado está determinado para siempre, es decir, es verdadero. La palabra de Dios, su revelación, es verdadera. La verdad es algo tras de la cual el hombre siempre ha andado y andará. Buscarla está entre los primeros anhelos humanos. De aquí que Dios le diga al hombre, que una de las características de su revelación es la verdad. Esta verdad después, se identificará o, mejor, tomará la figura de Jesús.
El Faraón busca un hombre, "lleno del espíritu de Dios" (41,38). Es decir, un hombre capaz de interpretar a Dios. Sólo con su espíritu, con esa cualidad divina, podrá comunicar lo que Dios quiere. Algo que la apocalíptica afirma por todos los poros. Sólo el que asiste al consejo divino, el que visita el cielo donde contempla las cosas y los acontecimientos humanos que van a suceder en la tierra, puede comunicarlos a los humanos. De aquí la insistencia de poseer este espíritu. Este espíritu divino lo poseen los maskilim (Dan 9sig.). Daniel es uno de ellos y, desde luego, José, que lo mostrará en seguida. Desde luego, este espíritu se requiere, como lo dice el capítulo tres de la Constitución Dei Verbum, para interpretar la Escritura, que no es una palabra distinta de la que interpretó José y Daniel. Es la misma palabra que el día de hoy recibimos en la Iglesia y que se nos da a los que poseemos el Espíritu Santo, todos los bautizados, para entenderla.
José afirma ante sus hermanos (Gen 42,18) temer a Dios. El temor de Dios4 es un concepto muy extendido en el mundo semita. En la Biblia su empleo aparece desde los escritos más antiguos. Es un concepto básico en la literatura profética y deuteronomista. En el mundo deuteronomista se emplea para expresar la "estipulación fundamental" del pacto de lealtad que Israel jura a YHWH. En la literatura sapiencial toma el sentido de temor moral de Dios, es decir, designa el comportamiento moral, en general. Dios es el garante de una vida moral, una vida de acuerdo a ciertas normas o comportamientos que dan la armonía a la comunidad. Gunkel en su comentario al Génesis veía en nuestro paso "una moralidad religiosa en cierto sentido internacional"5. En una palabra, aquí en la novelita de José estamos ante un escrito tardío que refleja este empleo que se tenía en el mundo sapiencial del temor de Dios. Con él se designaba al hombre bueno y honrado en la sociedad.
Dios es un Dios ético, un Dios que se preocupa del orden moral fundamental de una sociedad. Este Dios cuida de este orden y lo exige al hombre que quiere vivir en esta sociedad.
Jacob desea a su hijo (Gen 43,14) que Dios, bajo el nombre de El-Sadday, le otorgue misericordia. Esta palabra misericordia (Rahmaim)6 designa un sentimiento que es expresado por medio de una parte física del hombre, en concreto, de la mujer: su vientre, sus entrañas. De acuerdo al pensamiento semita, de la entrañas provenía la bondad natural de la madre por lo que tenía en sus entrañas, por su hijo. De aquí el significado del amor, misericordia, ternura. Este elemento emocional está determinado por la persona y su grado de participación interna. Este sustantivo está empleado con el verbo dar, otorgar, para dar a entender que YHWH hace que alguien encuentre misericordia ante alguien, aquí en concreto, que José, el hijo de Jacob, encuentre en el Faraón esta bondad y misericordia.
En el verso nueve de este capítulo (Gen 43,9) se emplea el deseo anterior de misericordia, con un verbo (Hanan). A menudo van seguidas las dos expresiones y tienen un sentido semejante. Este verbo hanan7 significa, ser compasivo. Tiene el matiz de dar u ofrecer esta misericordia como una gracia espontánea, siendo Dios el sujeto. En concreto, aquí tiene el sentido de expresar un saludo, que correspondería a nuestro ¡Adiós!
Así pues, este Dios, en el relato de José, es el que es tierno y compasivo, diríamos, bueno en toda la acepción de la palabra, con determinados hombres. Aquí, con José, que ha sido designado como un hombre justo y honrado.
Dios aparece también como el Dios que ve lo más íntimo del hombre (Gen 44,16), por lo tanto, la culpa, el pecado humano. El pecado siempre ha sido considerado entre todos los hombres, como lo más secreto que puede esconder un hombre. Los hermanos de José confiesan ante su hermano esta clarividencia divina.
Dios es un ser moral, que conoce y está al tanto del comportamiento humano. El hombre no puede prescindir de la presencia divina.
Finalmente, el Dios de José domina la historia (Gen 45,56), por esto dirigió todos los acontecimientos de la vida de la familia de José. Dios tenía una finalidad. Esta era colocar como virrey a José para que salvara vidas, para que, en concreto, la gente se salvara del hambre, dado que ésta significaba la muerte. ¿Quiénes eran el objetivo de esta salvación? No sólo los hermanos de José y su padre, sino todos los egipcios y los extranjeros que sufrían esta desgracia. Se trata de un Dios bondadoso con los humanos, sin estar ligada esta bondad a un grupo de seres humanos por sus cualidades. Ya está apuntándose lo que dirá Pablo a Tito: "Se ha manifestado la gracia de Dios que salva a todos los hombres" (Tit 2,11).
En este relato primitivo de José, Dios aparece como un Dios conocedor de lo más profundo del hombre, como un Dios que dirige las acciones humanas y que da a conocer al hombre su interpretación, otorgándole su espíritu, como un Dios que es moral y exige moralidad y, sobre todo, como un Dios tierno y compasivo, que se ocupa del bienestar de todos los hombres, de aquellos que tienen necesidad y que no tienen más título para que Dios les ayude, sino su carencia. Es decir, todas estas cualidades divinas, se encuentran, en grado ciertamente menor, en cualquier paternidad humana. Así Dios, al manifestarse en cada época, va dejándonos ver cómo es él y su paternidad se va dibujando cada vez mejor en sus acciones.
No me detengo a tratar los complementos posteriores. Las relecturas van a tratar de inculcar más alguno de los aspectos anteriores. Insistirán en la cercanía de ese Dios, aludiendo a su relación familiar, un Dios de la familia, el Dios de los Padres. Pondrán en primer término la teleología de la elección. Ahora se ve la salvación del hambre como dirigida al núcleo de lo que será su pueblo.
Estamos en un libro tardío, que nos trae rasgos de cómo ellos, los miembros del pueblo de Dios, consideraban a su Dios, en un ambiente sereno y positivo, frente al politeísmo de los tolomeos.