Daniel R. Landgrave Gándara
1. - INTRODUCCIÓN
Vivimos envueltos en una espiral de violencia. Las causas se trenzan en un círculo vicioso, desde un sistema social podrido que oprime y margina produciendo actitudes inhumanas, las cuales a su vez generan esta contaminación de corazones y estructuras.
En muchas partes la inseguridad y el miedo son pan de cada día. Hemos aprendido a desconfiar. Afinamos siempre más los mecanismos de defensa en muchas situaciones y ante muchas personas. En el aire de nuestras relaciones flotan diversas agresividades, abiertas y disfrazadas.
Nacemos en una sociedad competitiva y de mercado. No entendemos la gratuidad. Todo es compra-venta o recurso a los méritos. Tenemos que demostrar (o al menos aparentar) que somos mejores o más fuertes o más sabios que los demás. Y no importan los medios ni la ética. Lo importante es escalar posiciones de prestigio, poder, riqueza. Este ambiente huele a las aberraciones del super-hombre de Nietzsche.
En estas circunstancias, los de abajo, los que no consiguen títulos o etiquetas de poder son vistos como basura, como mediocres fracasados. ¡Debería existir solamente la gente hermosa, fuerte, sana, inteligente, sin errores ni complejos!
Esta descripción social que raya en el pesimismo es el retrato de una sociedad donde el perdón está ausente. Perdonar es sinónimo de debilidad. Perdonar es ser blandengue, es correr el riesgo de que te vean la cara de... Perdonar es incómodo, es creer de nuevo en "los malos". Y en este contexto, parece ridícula la exigencia evangélica de perdonar infinitamente.
Desde pequeños, respiramos criterios como el "No te dejes. ¡Devuélvesela!...Si me gritas, te grito... Yo no le hablo... Que me salude ella primero... Algún día me la pagarás...".
Y en un ambiente así, es fácil convertirnos en almacén de rencores y venganzas.
El perdón puede estar ausente tanto en las intimidades del corazón como en las leyes y actitudes que se respiran en las instituciones sociales y eclesiales. Es frecuente clasificar a las personas con etiquetas inmóviles que impiden el desarrollo armónico dentro de una convivencia social o eclesial.
Si analizamos la realidad de nuestras familias, grupos, sociedades, comunidades parroquiales o diocesanas, o, digamos simplemente, cualquier tipo de interpelación humana, no es difícil llegar a la conclusión evidente de que no es posible convivir sin el perdón. Es más, no podríamos vivir con nosotros mismos sin saber perdonarnos. Es indiscutible que somos historias de barro, somos personas envueltas en pecado. Aprendemos a través de las caídas y nos levantamos por el perdón que es amor gratuito.
Y el perdón no está reñido con el "hecho escandaloso" de nuestra dignidad herida por las ofensas, ni es un oscurecimiento de la justicia. Creo que el verdadero perdón aumenta la verdadera dimensión de nuestra dignidad y nos da el verdadero sentido de la justicia, liberándonos de resentimientos o venganzas estériles.
Para muchos, el problema del perdón no es teórico sino práctico. A veces sentimos que queremos perdonar y "no podemos". Necesitamos ejercitarnos en la praxis del perdón y profundizar experiencialmente en las motivaciones que tenemos para realizarlo. Hay infinidad de aspectos y mecanismos que pueden llevarnos a considerar el perdón como un valor.
Este pequeño artículo, iluminado por el texto de Mt
18,21-35, quiere insistir en el perdón como característica
esencial del discípulo de Jesús: el que sabe perdonar con
la lógica de Jesús. Es decir... ¡el que sabe amar!
El v. 21 empieza un diálogo de Jesús con Pedro. Y la temática específica es "el perdón".
La parábola, contenida en los vv. 23-35, continúa el argumento del perdón. Y tiene un vínculo estrecho con los vv. 21-22 por medio de una fórmula que engancha la temática: "Por eso..." (v.23).
Por otro lado, la parábola tiene su conclusión natural en el v. 35.
A continuación viene 19,1 donde se dice explícitamente que Jesús terminó el discurso e indica un cambio topográfico: "partió de Galilea y fue a la región de Judea, al otro lado del Jordán".
Ya en 19,2s aparecen otros personajes en escena: mucha gente y unos fariseos que van a plantear a Jesús una pregunta sobre el divorcio.
El evangelista Marcos recoge en 8,27-10,52 una serie de enseñanzas de Jesús para orientar la identidad de los discípulos en su vida comunitaria. Estos textos están situados simbólicamente en el camino de Galilea a Jerusalén: es el camino de Jesús que deben caminar sus seguidores con determinadas actitudes.
Mateo coloca, de manera especial en el capítulo 18, una serie de materiales que le servirán para animar a su comunidad a vivir con criterios de Reino.
El retrato eclesial que brota del texto del capítulo 18, es una imagen realista de una Iglesia con sus problemas internos:
*los que escandalizan la fe de los pequeños: vv. 6-9.
*procedimientos disciplinares: vv. 15-17.
También podemos ver en la iglesia mateana espacios de optimismo y esperanza:
*hermanos que corrigen a otros: v. 15.
*poder-servicio de atar-desatar: v. 18.
Otro criterio importante para la comunidad discípula de Jesús es el cariño privilegiado y la preocupación por los pequeños, los débiles, los pecadores, los extraviados. Urge revalorar en la comunidad, la importancia que tiene cada uno de estos pequeños (18,12-14).
La comunidad tiene que ser consciente del pecado y el error dentro de ella. Por eso, la corrección fraterna tiene un papel importante para re-crear siempre la unidad y armonía comunitaria (18,15-18). Los procesos disciplinarios tienen que estar bañados de la misericordia. Nunca deben ejercer la ley o aplicar una sanción sin el amor profundo y misericordioso hacia la oveja perdida.
Esta realidad eclesial parece una paradoja: es la comunidad reconciliada-reconciliadora y, a la vez, necesitada de reconciliación.
En este contexto se ubica nuestra perícopa de Mt 18,21-35. En la pregunta de Pedro y en el comportamiento del siervo despiadado, la mirada del texto se fija en la relación entre el ofendido y el que ofende, entre el deudor y el acreedor.
El perdón es una característica esencial al seguidor
de Jesús y radicaliza toda la exhortación a la fraternidad
que plantea este discurso comunitario.
Personajes:
-Pedro v.21
-El Señor Jesús vv. 21.22
-Rey v.23
-Señor vv. 25.27.31.32.34
-Padre celestial v.35
-siervos vv. 23.31
-siervo que debía vv.24.26.27.28.32
10,000 talentos
-siervo que debía vv.28.29.33
100 denarios
Vocabulario clave:
+Señor: 6 veces.
+Perdonar: 4 veces.
+Deber-deuda: 6 veces.
+Pagar: 7 veces.
Mismas frases en distintos personajes:
"Ten paciencia conmigo, que (todo) te lo pagaré": vv. 26.29.
"Hasta que pagase (todo) lo que debía": vv. 30.34.
Contrastes generales:
*Criterios de Pedro/Criterios de Jesús.
*Actitud del Rey Señor/Actitud del siervo perdonado.
Actitudes de los dos siervos, ante la imposibilidad de pagar:
-cayendo a sus pies: vv. 26.29.
-postrarse: v. 26.
-decir, suplicar: vv. 26.29.32.
Actitud del siervo sin entrañas ante su compañero:
-lo agarró: v.28.
-lo sofocó: v.28.
-no quiso tener paciencia: v.30.
-lo echó en la cárcel: v.30.
Actitudes de Reino = paciencia, compasión, liberación, perdón, misericordia:
-paciencia: vv. 26.29.
-compasión: v.27.
-liberación: v.27.
-perdón: vv. 21.22.27.32.35.
-misericordia: v.33
Con estos elementos, Mateo va a tejer la trama de esta enseñanza sobre el perdón. Partiendo de la pregunta de Pedro, Mateo nos impacta con la respuesta de Jesús. Y, a continuación, va a enlazar este pequeño diálogo (vv. 21-22) con una parábola (vv. 23-35).
Los roles de los personajes son simples y claros. El lector-oyente capta inmediatamente los perfiles y las reacciones de los actores. De manera magistral y sencilla, Mateo nos lleva a involucrarnos en la narración a través de un vocabulario escogido (nótese el ambiente "financiero" que brota de los términos "deber" y "pagar"), con repeticiones de palabras claves y, sobre todo, haciendo uso de un recurso fundamental: el contraste. Este contraste que aparece:
- en los criterios de Pedro y los de Jesús.
-en las cantidades que deben los siervos.
-en las actitudes del siervo y del Señor.
Podemos ver también la figura de la inclusión en los términos "hermano" (vv. 21.35) y "cielo" (vv. 23.35).
Veamos el texto completo con las señales tipográficas
de estructura en esta red de lenguaje que ha tejido Mateo.
5. Texto estructurado.
18,21 Pedro se acercó entonces y le dijo: "Señor, ¿cuántas veces tengo que perdonar las ofensas que me haga mi hermano? ¿Hasta siete veces?" 22Le dice Jesús: "No te digo hasta siete veces, sino hasta setenta veces siete".
23 Por eso el Reino de los Cielos es semejante a un rey que quiso ajustar cuentas con sus siervos.
24 Al empezar a ajustarlas, le fue presentado uno que le debía10,000 talentos. 25 Como no tenía con qué pagar, ordenó el Señor que fuese vendido él, su mujer y sus hijos y todo cuanto tenía, y que se le pagase.
26 Entonces el siervo cayendo a sus pies, postrado le decía: "Ten paciencia conmigo, que todo te lo pagaré". 27Movido a compasión el Señor de aquel siervo, le dejó en libertad y le perdonó la deuda.
28 Al salir de allí aquel siervo se encontró con uno de sus compañeros, que le debía 100 denarios; le agarró y, ahogándole, le decía: "Paga lo que debes".
29 Su compañero, cayendo a sus pies, le suplicaba: "Ten paciencia conmigo, que ya te pagaré". 30 Pero él no quiso, sino que fue y le echó en la cárcel, hasta que pagase lo que debía.
31 Al ver sus compañeros lo sucedido, se entristecieron mucho y fueron a contar a su Señor todo lo sucedido.
32 Entonces su Señor le mandó llamar y le dijo: "Siervo malvado, yo te perdoné a ti toda aquella deuda porque me lo suplicaste. 33 ¿No debías tú también compadecerte de tu compañero, del mismo modo que yo me compadecí de ti?"
34 Y encolerizado su Señor, le entregó a los verdugos hasta que pagase todo lo que debía.
35 Esto
mismo hará con ustedes mi Padre de
los cielos, si no perdonan de corazón
cada uno a su hermano.
El diálogo de Pedro con Jesús sirve de introducción a la parábola del siervo sin entrañas.
Pedro está dispuesto a perdonar 7 veces. Esto tiene una apariencia generosa. Pero la respuesta de Jesús habla de un perdón sin límites.
Mateo hace la sutura del diálogo con la parábola, en base a la temática general del perdón. Si entramos en detalles, vemos que el diálogo trata sobre el perdón repetido, y la parábola no. Quizás podemos hablar que los vv. 21-22 presentan el perdón bajo el aspecto de cantidad, y la parábola, vv. 23-35, nos habla de la calidad de ese perdón.
La pregunta de Pedro se relaciona con el inicio del v.15: "Si tu hermano llega a pecar...". Pedro no habla solamente a título personal, sino como portavoz de los interrogantes de la comunidad (cf. 14,28; 15,15; 16,16; 17,24; 19,27). Pedro pregunta en el plano de la casuística judía, es decir, dentro de un sistema legalista.
En este caso, tanto el ofensor como el ofendido, son cristianos, "hermanos". Es un horizonte eclesial, como en todo el discurso del cap. 18.
La respuesta insinuada de Pedro significa "muchas veces", pero con un límite. Es una respuesta razonable que se esfuerza por conciliar la misericordia con la seriedad de las cosas. No se puede estar "jugando" a perdonar cada momento. Existen algunos textos del judaísmo rabínico que hablan de perdonar hasta tres o cuatro veces (cf. Yoma 5,13; Baba qamma 8,7).
La respuesta de Jesús quiebra la lógica humana, y propone un perdón sin límites. Este tipo de exigencias -aparentemente incomprensibles- son parecidas a otras de Jesús: el amor a los enemigos, los últimos lugares, el hacerse como niño, el dejar de ser rico para ser hermano... etc.
Las expresiones "siete veces, setenta veces siete" pueden estar inspiradas en Gen 4,24: "Caín será vengado siete veces, pero Lámek lo será setenta y siete". Mateo transforma esta sentencia de venganza en un criterio de perdón.
vv. 23-35
Solamente en Mateo encontramos esta parábola. Sirve como magnífica conclusión a las orientaciones para la vida fraterna comunitaria que propone el entero capítulo 18.
La parábola culmina las enseñanzas de las verdaderas actitudes eclesiales con la exigencia-provocación al discípulo sobre el perdón profundo ("de corazón").
Podríamos englobar la parábola en dos hechos claves:
1) La concesión del perdón.
2) El rechazo del perdón.
El drama narrativo se desarrolla en tres actos:
1) Situación: vv. 23-27.
2) Crisis: vv. 28-30.
3) Solución: vv. 31-34 (35).
El personaje principal es el siervo sin entrañas. Aparece en las dos escenas. Tiene dos roles: deudor y, después, acreedor. Tiene actitudes y reacciones diversas, según sus roles.
Todo es exagerado e inverosímil
en esta parábola. Mateo juega magistralmente en la narración
con personajes, reacciones, imágenes y contrastes que retratan a
una comunidad desgarrada por la ausencia "absurda" del perdón. Y,
al mismo tiempo, quiere incitar al lector-oyente a revalorar la gran experiencia
de haber sido perdonados para perdonar. Solamente así, es posible
vivir el proyecto de la Nueva Familia de Jesús.
vv. 23-24
Los términos dia touto "por eso" sirven para unir la parábola con el diálogo anterior. Es una adición redaccional mateana. La fórmula clásica para introducir una parábola del Reino ("el Reino de los cielos es semejante a..." : Mt 13,24.31.33.44.47; 22,2) establece el término de comparación no solamente con la persona del rey, sino con todo el argumento que se desarrolla en la parábola.
Es frecuente en la tradición bíblica identificar a Dios con un Rey (cf. Mt 22,2), omnipotente, que tiene derecho sobre la vida y la muerte de sus súbditos. Este Rey tiene también la función de Juez inapelable.
Es curioso que no se vuelve a mencionar el título de "rey". La narración posterior describirá a este personaje como "Señor".
El ajuste de cuentas es un tópico mencionado con frecuencia (cf. Mt 25,19). Es un hecho normal que el acreedor haga lo posible por cobrar sus deudas, y no dejarse influir por ruegos o pretextos de los deudores. Existe un orden jurídico en el cual se fundamentan las reclamaciones. Es de justicia elemental que el que debe tiene que pagar. El autor introduce en la narración una conducta anormal: la compasión y el perdón.
El núcleo de la parábola presentará esta tensión entre justicia (con los ojos de la ley sin amor) y compasión.
La deuda del primer siervo es de 10,000 talentos. El talento era la unidad monetaria más elevada en todo el Oriente Próximo. Según algunos documentos, su valor fluctúa entre 6,000 y 10,000 denarios. Esta cifra era la mayor imaginable en aquellos tiempos. Para darnos una idea de lo que representa esta cantidad, Herodes el Grande recibía anualmente 900 talentos, y en el año 4 a.C. Galilea y Perea tuvieron como ingresos de ese año, solamente 200 talentos.
Era común en Oriente llamar "siervos" a los funcionarios de la corte. Esto nos hace pensar que el siervo no era un simple esclavo, sino un sátrapa o gobernador, encargado de un gran territorio. Podemos imaginar (el texto no lo dice) una mala administración de los impuestos de su provincia.
Al hablar el texto sobre la venta de la mujer, de los hijos y de todos los bienes, pensamos que está tratando de un rey pagano. En Ex 22,2 se tiene prevista la venta de un ladrón que no pueda restituir. Pero el judaísmo no conoce la venta de la mujer.
La postración delante del rey es un acto de vasallaje, de reconocimiento, que trata de captar la benevolencia del superior para que le dé un plazo de pago.
Hasta aquí, las fases del procedimiento en la entrevista del rey con sus siervos aparecen normales: ajustar cuentas, reclamación de la deuda, declaración de insolvencia, sanción y petición de una prórroga por parte del deudor. La conducta normal del acreedor es que desoiga los ruegos y aplique el castigo. Pero... la reacción generosa raya en lo increíble.
Respecto al pagar, entramos en los "absurdos narrativos", pues el siervo nunca hubiera podido pagar la deuda, ¡aunque hubiera nacido 7 veces! Así también es absurdo, que al rey se le hubiese pagado por la venta de la familia y de los bienes. Se calcula entre 500 y 2000 denarios, el precio de un esclavo en aquellos tiempos.
vv. 25-27
La parábola refleja una situación fuera de Palestina, pues el derecho judío no conoce la venta de la mujer como esclava, ni de la hija adulta. El esclavo judío, por ley, tenía que ser liberado al séptimo año.
El siervo de la deuda enorme no pide perdón, sino que pide tiempo para pagar. Es una promesa que no podemos tomar en serio. ¡Esto es algo imposible!
El verbo pagar, devolver, tiene un papel importante en la casuística judía (Mt 5,26; 6,4; 20,8).
Apela a la grandeza de alma del rey. En Ex 34,6-7 se describe a Yahvé como "misericordioso y clemente, lento para la cólera y rico en amor y fidelidad... que perdona la iniquidad, la rebeldía y el pecado, pero no los deja impunes".
La respuesta del rey va más allá del plazo solicitado para pagar: lo deja libre y le perdona toda la deuda. Este es un gesto real impresionante. En la raíz de este perdón, encontramos un sentimiento-actitud en la frase "movido a compasión": estas palabras son traducción de la forma verbal griega splagcnisqei~, que significa literalmente "removerse las vísceras, las entrañas". Es el mismo verbo que usa Lucas para describir la actitud del buen samaritano: Lc 10,33. Las entrañas son sede de la voluntad y de la emoción: Cf. Mt 9,36; 15,32; 20,34.
vv. 28-30
La actitud del siervo perdonado hacia su compañero es desconcertante. Parece que no tiene memoria. ¡Ha olvidado lo que acaba de suceder! Lo que le debe su compañero es una cantidad ridícula: 100 denarios. Los 10,000 talentos serían unos 100,000,000 de denarios. El denario era la paga de una jornada de trabajo (cf. Mt 20,2).
La actitud de violencia, sin compasión, viene plasmada por los verbos "agarrar, sofocar, no querer, echarlo en la cárcel" (cf. Mt 5,25). Esto expresa la urgencia estúpida de que le pagara. El encarcelamiento del deudor tenía por objeto presionar a sus amigos y familiares para que pagaran y, así, salir de la cárcel.
En este caso no se plantea la venta del deudor, pues el derecho vigente en muchas partes de Oriente, solamente la permitía cuando la deuda sobrepasaba el precio obtenido por la venta del deudor.
El compañero de la deuda pequeña repite las mismas palabras que su acreedor ante el rey: "Ten paciencia conmigo, que ya te pagaré". No pide la condonación de la deuda, sino solamente un plazo. Esta pequeña deuda sí era pagable.
El siervo despiadado se rige por una actitud normal, dentro de los marcos jurídicos: alguien me debe, y ese alguien me tiene que pagar. Es el ambiente de la ley sin amor, sin compasión, que engendra monstruos inhumanos.
vv. 31-34
Es lógico que un hecho así, provoque tristeza en los demás. Lo que han visto estos compañeros es algo monstruoso que produce indignación.
Creo que el v. 33 es el verso más importante: Tú debías tener compasión de él como yo la tuve de ti. Aquí encontramos el nudo de las actitudes positivas y negativas.
El rey se siente herido por la actitud inmisericorde que daña al compañero encarcelado. El rey asume este dolor ajeno, como si fuera el dolor de un padre (cf. 18,35) en una discordia entre hermanos.
Para continuar con los paralelismos: en labios del rey, el v. 34 repite la frase del v. 30 que pronunció el siervo malvado contra su compañero: "Hasta que pagase (todo) lo que debía".
Muchos autores retienen el v. 34 como una adición posterior. Ciertamente cambia el acento de bondad hacia el juicio inexorable. Quizás una señal de que este verso fue añadido es que se pasa del discurso directo al indirecto.
La trama narrativa presenta la revocación de la gracia del Rey, por la actitud malvada del siervo. Parece que el Rey le dice: "¿Quieres jugar a vivir sin compasión, regido por la ley fría del "me debes, me pagas"? ¡Muy bien! Hagamos a un lado el perdón y la gracia, y volvamos a ajustar cuentas. ¡Eso es lo que te gusta!
La tortura no era usada en los ambientes judíos. Bueno, Herodes el Grande empleó abundantemente la tortura, sin importarle el derecho judío. Al igual que la cárcel, servía para presionar al culpable para que revelara el escondite del dinero u obligar a sus parientes a resarcir el daño.
La reacción fuerte del rey quiere defender no solamente la concepción oriental del rey como defensor de los débiles, sino también la imagen veterotestamentaria de Yahvé como aquel que se ha revelado en opciones solidarias con los pobres, los que sufren, los oprimidos. La experiencia fundamental del Exodo no debe caer en el olvido. La Memoria de la tradición grita: "No oprimirás al forastero...porque tú fuiste forastero en Egipto" (Ex 23,9; Dt 10,19; Lv 25,39-43).
vv. 35
Ciertamente este último verso es de la mano redaccional de Mateo. De esta manera, transforma el sentido original de la parábola en una parábola que puede ser aplicada a la comunidad.
Este versículo concluye la parábola y todo el capítulo 18 sobre las actitudes comunitarias. El término "hermano", que forma inclusión en nuestra perícopa con el v. 21, está también presente dos veces en el v. 15.
El perdón "de todo corazón" está opuesto al perdón sólo de palabra: cf. Mt 15,8; Is 29,13. La condición para obtener el perdón salvífico de Dios es la disposición del hombre para perdonar: Mt 6,12.14; Mc 11,25; Lc 6,38.
Este es un tema en el que Jesús insiste: Mt 6,12.14-15; Mc 11,25.
El Padre celestial que
aparece en el v. 35, exigiendo estas actitudes de perdón fraterno,
es el mismo que en el v. 10 se nos muestra como fundamento para no menospreciar
a los "pequeños".
7. - LINEAS PRAGMATICAS.
En este apartado queremos descubrir las pro-vocaciones que el autor hace al lector-oyente, a través de los diversos recursos comunicativos del lenguaje.
ø Nuestro texto de Mt 18,21-35 está insertado en el discurso comunitario (cap. 18). El lector contextualiza las actitudes del perdón en la dimensión de la vivencia comunitaria de su fe. Ya asimiló en los versos anteriores, los criterios de Jesús sobre:
-los "importantes" y los "niños" (contraste).
-la importancia de los "pequeños": no escandalizarlos, no menospreciarlos, buscarlos con cariño como a la oveja.
-el poder-servicio de la comunidad y el valor de la oración comunitaria.
Ahora en 18,21-35, el lector es invitado a tener la convicción de que esa vida comunitaria que quiere Jesús, no puede existir sin el perdón.
ø El diálogo de Pedro con Jesús (vv. 21-22) trata de impactar al lector con el contraste de puntos de vista: humanos "normales" y el de Jesús. La opción por el modelo de Jesús se impone.
ø La parábola pretende cuestionar varias cosas al lector, a través de un vestido literario contextualizado. Esto va suscitando en su lectura, la confrontación de reacciones, emociones y convicciones. Todo esto, visto bajo el contexto del Reino.
ø La provocación fundamental para el lector es considerar su propia experiencia de ser perdonado por Dios. ¿Tengo la alegría y la fuerza existencial que da la conciencia de ser perdonado? Esta convicción será la fuente de las demás actitudes.
ø El lector identifica los dos modelos presentados por la parábola: al Rey con Dios, y al primer siervo deudor con él mismo (o la comunidad). La deuda es inmensa. El perdón de Dios es gratuito. Es gracia, misericordia, compasión. El siervo no paga, no hay méritos.
ø El encuentro del siervo perdonado con el segundo siervo deudor evoca en el lector sus relaciones comunitarias e ilumina como un absurdo las fallas personales o comunitarias en el perdón fraterno. El contraste ridículo de las deudas es motivante para tomar conciencia de continuar en la misericordia, la cadena de perdón iniciada por Dios. Así mismo, la descripción viva de la actitud chocante del siervo malvado, lleva a rechazar con indignación ese modelo normal de vida.
El lector conecta automáticamente la situación de la parábola con la memoria histórica de la elección y liberación gratuita de su pueblo en el Exodo. No debía olvidar que él fue forastero, esclavo, un pueblo sufriente. Este mecanismo de convicciones vivas que se transmitían de generación en generación, era fundamento de actitudes de comprensión y compasión para quienes estaban actualmente en la misma situación.
ø La cólera
del Señor y el castigo final dibujan en la mente del lector la imagen
de Dios, no solamente como rey y Padre misericordioso, sino también
como juez.
8. - PUNTOS TEOLOGICOS.
En la teología sapiencial veterotestamentaria, encontramos la propuesta del perdón, a la luz de la fe yahvista. Veamos un texto ejemplar:
"El que se venga, sufrirá venganza del Señor, que cuenta exacta llevará
de sus pecados.
Perdona a tu prójimo el agravio,
y, en cuanto lo pidas, te serán perdonados tus pecados.
Hombre que a hombre guarda ira,
¿cómo del Señor espera curación?
De un hombre como
él piedad no tiene,
¡y pide perdón por sus propios pecados!
Él, que sólo es carne, guarda rencor,
¿quién obtendrá el perdón de sus pecados?
Acuérdate de las postrimerías, y deja ya de odiar, recuerda la corrupción
y la muerte, y sé fiel a los mandamientos.
Recuerda los mandamientos, y no tengas rencor a tu prójimo,
recuerda la alianza del Altísimo, y pasa por alto la ofensa".
(Sir 28,1-7)
"El don que el señor hace al mal siervo es el regalo de un tiempo liberado radicalmente de un futuro obstruido... tiempo libre, que capacita para la vida como posibilidad de ser" (W. Harnisch). A partir de las palabras de Harnisch, podíamos pensar en una teología del tiempo. Tiempo que es vida y es historia. Tiempo como posibilidad de amar, de insertarse en el proyecto de familia del Reino.
El rey, Señor y Padre representa a Dios. El primer deudor, al hombre que puede experimentar el perdón inmenso, generoso y gratuito de Dios. El segundo deudor, a todos los que tengan deuda con nosotros. Es importante reconsiderar la teología de la gratuidad que debe sustentar nuestra fe. La categoría del perdón es un prisma a través del cual brota la calidad de nuestras concepciones sobre Dios y sobre el hombre.
El tema del perdón y la misericordia revelan el rostro de Dios a través de las palabras y gestos de Jesús. Hilvanemos:
<la importancia de la exhortación permanente a la conversión,
<las radicalidades en el sermón del monte sobre la reconciliación fraterna, el amor a los enemigos, la recomendación a no condenar a los demás,
< la convivencia y comunión de Jesús con los pecadores, publicanos, prostitutas, adúlteros, para ofrecer un perdón que re-hace su dignidad y los re-inserta en la comunidad.
<las parábolas de Lc 15 que, en magníficas imágenes, nos muestran la ternura y misericordia del Padre.
<el amor hasta el extremo de Jesús, su sangre gastada y derramada hasta la última gota, "para el perdón de los pecados".
La teología paulina nos presenta en varios pasajes la muerte de Jesús como precio de nuestro perdón y reconciliación. Como muestra, un botón:
"Cristo murió por los impíos. En verdad,
apenas habrá quien muera por un justo;
por un hombre de bien tal vez se atrevería
uno a morir; mas la prueba de que Dios
nos ama, es que Cristo, siendo nosotros todavía
pecadores, murió por nosotros".
(Rom 5,6-8)
En relación con el aspecto de Dios como juez, recordemos la carta de Santiago:
el que no tuvo misericordia;
pero la misericordia
se siente superior al juicio"
(Sant 2,13)
9. - LINEAS DE ACTUALIZACION
En esta sección, sugiero algunas pistas de re-lectura del texto a la luz de nuestro hoy:
* "Dame un poco de tiempo". No ignoramos la coacción de la vida real: preocupación de la propia seguridad, la propia afirmación de la dignidad, el reclamo de nuestros derechos. Decimos que "el tiempo es oro". Perdonar es dar tiempo al otro. Es tener paciencia en su proceso, en sus defectos, en sus estupideces o monstruosidades. ¿Y quién nos ha dado nuestro tiempo?
Sería interesante (re) descubrir que si nosotros tenemos tiempo es por el Amor de Alguien. Y ese Alguien espera que gastemos ese tiempo como posibilidad de amar.
*Perdonar es difícil. No brota normalmente. Y menos setenta veces siete. Sin embargo el criterio de Jesús está claro. Necesitamos pedir como don el tener esa actitud o crecer en ella, y ejercitarnos constantemente, remotivando nuestra experiencia de ser perdonados.
*Nos urge en la Iglesia revalorar los principios eclesiales del capítulo 18 del Evangelio de Mateo. Urge retomar la lógica absurda de Jesús:
- los niños son los mayores en el Reino,
-los privilegiados son los pequeños,
-la pasión del pastor no descansa hasta encontrar la oveja perdida, más pequeña, más pobre, más débil.
Es de gran actualidad, abrir los ojos y ver el otro lado del rostro de nuestra Iglesia santa, el de la casta meretrix. Y contemplar sin escándalo nuestros pecados, para vivir en una corrección verdaderamente fraterna.
*Otra línea de actualización es la tensión entre la disciplina y la misericordia, entre la ley y la compasión. ¡Cuántas veces el amor está ausente en las decisiones eclesiales o en los rumbos pastorales! Siempre tenemos la tentación de maquillar el rostro de la Iglesia con aparatos externos de orden, reglas y morales opresivas.
La misericordia y el perdón son siempre los mejores signos del amor de Dios que re-abre la posibilidad para el que cae, y abren el camino para su reinserción en la Comunidad-familia.
Ser discípulos de Jesús no es solamente cumplir determinadas leyes litúrgicas o vivir según una ética normal, aceptada por la sociedad o por una Iglesia sin la Utopía de Jesús. Ser discípulos de Jesús es entrar en las entrañas del corazón del Dios Rey y Padre para tener ojos y corazón compasivos de una realidad que necesita ser re-creada. Es estar enamorados de ese Reino de Dios que no pone límites al amor e imaginación liberadoras.
*Descendamos a situaciones concretas. Veamos, a manera de ejemplo, una situación práctica:
+Un empresario no es cristiano, simplemente por el hecho de cumplir estrictamente las leyes que establece un contrato laboral. ¡Ya sería una ganancia! Pero el seguimiento de Jesús va más lejos. Inyecta un relación fraterna de dignidad y justicia. Provoca la búsqueda de caminos para idear una estructura participativa que genere valores de Reino. Las capacidades intelectuales o económicas del empresario no deberían ser fundamento para que justifique el simple uso de la mano de obra del trabajador, y mantener las clases y las distancias, como si fuera un fatalismo social (o querido por Dios).
Si desaparece el esquema de una búsqueda egoísta del lucro, tienen que surgir otros valores y criterios en un empresa, donde el trabajador está en el centro. Y estar en el centro, bajo la óptica de la fe y del amor (no simplemente de los estatutos jurídicos), significa reconocer su dignidad e importancia como hijos de Dios. Significa que se inventarán formas de promoción humana integral que redunden en el bien personal, familiar, social, cultural, económico, de vivienda, de alimentación, de diversión... etc.
¿Un ambiente así en una empresa, no redundaría en una mayor y mejor productividad al servicio de la sociedad? Ciertamente y absolutamente, una de las primeras cosas raras, anormales, que sucederían en un esquema de una "empresa según el Reino, más allá de la ley", sería que el empresario ganaría menos dinero, pues las ganancias estarían más repartidas; el empresario viviría con menos lujos y superfluidades. Habría otras cosas...
Amable lector, estoy adivinando tu pensamiento: "las reglas del mercado son feroces", "la empresa no es una casa de beneficencia, ni consultorio psiquiátrico de infelicidades", "business are business" (axioma viejo y siempre nuevo, que excluye cualquier amor y compasión, si no reditúan en poder o capital... bueno, o al menos, en imagen), "no voy a mantener flojos". Podríamos continuar la lista de pretextos que han justificado el alejamiento de la economía de la verdadera Caridad.
¿El empresario (y otros roles de vida) no tiene otra motivación si no es el dinero? ¿Y el dinero, para "tener el derecho" a vivir con mucho más de lo necesario? ¿Y a gastarlo "como a mí me dé la gana, pues yo lo gané (vamos a suponer ėlegalmenteķ, según las leyes establecidas), yo estudié, yo tengo títulos, etc."?
Creo que el verdadero amor y compasión (repito, que van más allá de la ley) no se traducen en dar limosnas de lo que nos sobra, ni en repartir cosas o dinero de forma paternalista. El amor tiene que inventar fantasías de justicia y mecanismos de promoción liberadora integral, de cultivar los propios dones y capacidades en comunión de servicios a la igualdad de esta familia de Dios.
* El ser y quehacer de nuestra pastoral tiene que estar centrado en suscitar la experiencia profunda de ser amados por Dios. Este don-regalo no llega automáticamente. La justicia y el amor solidario de la comunidad tiene que ser el signo mediador y visible de esta realidad fundamental del amor divino.
* El texto y la teología de Mt 18,21-35 nos puede (¿debe?) llevar a reformular pastoralmente la realización del sacramento de la Reconciliación. Urge re-diseñar el marco comunitario del sacramento. Tiene que brillar el encuentro y la acogida de una comunidad que perdona, que acoge, de nuevo, con alegría al hermano alejado. ¿Somos capaces de inventar dinámicas y espacios nuevos, signos actuales que produzcan y expresen la alegría del perdón?
10. - CONCLUSIÓN
Es importante tomar conciencia de nuestros absurdos (pero reales) rencores y reticencias a perdonar en los planos personales y sociales-eclesiales. Importante también es reconocer la tentación farisea de regirnos primariamente por la ley, y no por la misericordia.
El perdón es signo y consecuencia de la experiencia de ser amados por el Padre. El perdón es actitud esencial en el discípulo de Jesús. Sin perdón es imposible construir una vida comunitaria, según el estilo de la familia de Jesús. ¡El perdón nos hace libres!