Adolfo Castaño
Es indudable que el Padrenuestro forma parte del patrimonio precioso de la vida cristiana. En el año dedicado al Padre celestial, en el contexto de la preparación para el gran Jubileo, es significativo abordar esta oración distintiva de los discípulos de Cristo, que reconocen a Dios como Padre.
Aunque hemos elegido la
versión mateana de esta oración, porque ha sido la que más
influencia ha tenido en la espiritualidad y en la praxis litúrgica
de la Iglesia, sin embargo es preciso tocar algunas cuestiones que conciernen
tanto a la redacción de Mateo como a la de Lucas.
I. El Padrenuestro en las dos versiones evangélicas
1. Los textos
Mt 6,9-13
Pavter hJmw'n oJ ejn toi'" oujranoi'",
aJgiasqhvtw to; o[nomav sou:
ejlqevtw hJ basileiva sou:
genhqhvtw to; qevlhmav sou,
wJ" ejn oujranw'/ kai; ejpi; gh'":
to;n a[rton hJmw'n to;n ejpiouvsion do;" hJmi'n shvmeron:
kai; a[fe" hJmi'n ta; ojfeilhvmata hJmw'n,
wJ" kai; hJmei'" ajfhvkamen toi'" ojfeilevtai" hJmw'n:
kai; mh; eijsenevgkh/" hJma'" eij" peirasmovn,
ajlla; rJu'sai hJma'" ajpo; tou'
ponhrou'.
Lc 11,2-4
Pavter, aJgiasqhvtw to; o[nomav sou:
ejlqevtw hJ basileiva sou:
?????????????????????????????????????????????????????????*????????????
kai; a[fe" hJmi'n ta;" aJmartiva" hJmw'n,
kai; ga;r aujtoi; ajfivomen panti; ojfeivlonti hJmi'n:
kai; mh; eijsenevgkh/" hJma'" eij" peirasmovn.
Como se percibe a simple vista, aunque existen muchas coincidencias, sin embargo hay también diferencias notables entre ambas versiones; mismas que, como podremos observar más adelante, pueden ser resultado de algunos fenómenos, tales como la utilización de distintas fuentes, de la actividad de composición y redacción de cada autor, de la catequesis o de la praxis litúrgica existente en cada una de las comunidades, etc1.
a) La diferencia más significativa estriba en la extensión, más larga en Mateo y más corta en Lucas, pero además existen algunos otros cambios que es preciso considerar con atención.
a) 1. Los elementos propios de Mateo son: hJmw'n oJ ejn toi'" oujranoi'"; genhqhvtw to; qevlhmav sou, wJ" ejn oujranw'/ kai; ejpi; gh'"; wJ" (kai;) hJmei'"; ajlla; rJu'sai hJma'" ajpo; tou' ponhrou'.
a) 2. Por su parte, Lucas tiene como elementos estrictamente propios sólo dos términos en el v. 4, que incluso pueden pasar inadvertidos: ga;r y autoi;. Los demás, encuentran alguna forma de correspondencia en la versión de Mateo.
a) 3. Las diferencias existentes entre las dos versiones evangélicas, pero que de alguna manera encuentran correspondencia, ocurren en los siguientes términos y expresiones:
Mateo: Lucas:
vv. 11 do;" v. 3 divdou
shvmeron???????*?????????
v. 12 ta; ojfeilhvmata v. 4 ta;" aJmartiva"
ajfhvkamen ajfivomen panti; toi'" ojfeilevtai" hJmw'n ojfeivlonti hJmi'n
b) Las coincidencias literales entre la versión mateana y la lucana, son las siguientes: Pavter, aJgiasqhvtw to; o[nomav sou: ejlqevtw hJ basileiva sou: to;n a[rton hJmw'n to;n ejpiouvsion hJmi'n: kai; a[fe" hJmi'n hJmw'n, kai; kai; mh; eijsenevgkh/" hJma'" eij" peirasmovn.
Como puede ser observado a simple vista, las coincidencias podrían constituir un núcleo de la oración, que constaría de la invocación de Dios como Padre y de las cinco peticiones básicas: «la santificación del nombre divino», «la venida del Reino», «la donación del pan», «el otorgamiento del perdón» y «la preservación de la tentación». Solamente faltaría dos súplicas mateanas: «hacer la voluntad divina» y «ser liberados del mal».
Desde la antigüedad
se ha intentado responder a las dificultades planteadas por las coincidencias,
pero sobre todo por las divergencias entre ambas oraciones. El primero
en afrontar este problema fue Orígenes, quien propuso una opinión
que se habría de popularizar, especialmente durante la Edad Media:
«se trata de dos oraciones distintas, aunque con ciertas partes comunes»2.
También llegó a ser corriente la explicación que proponía
la versión lucana como abreviación de su correspondiente
mateana3. Continuaron otros, algunas de cuyas opiniones son
comprendidas en las cuestiones que trataremos enseguida.
2. La cuestión de las fuentes
Las semejanzas y las diferencias que guardan entre sí Mt 6,9-13 y Lc 11,2-4 presentan inmediatamente la cuestión de las fuentes: ¿proceden de una fuente común (quizá Q)?, ¿existió una fuente conocida por Mateo y por Lucas, de manera autónoma? ¿Hubo dependencia de uno con respecto a otro? Hay por lo menos cuatro posibilidades:
a) Lc 11,2-4 depende de Mateo 6,9-13. Es la hipótesis de Griesbach y de Goulder. Esto encierra varios problemas: no existen términos característicos de Mt en Lc, más aún, éste evita términos como: hJmw'n, ejn toi'" oujranoi'", etc, ausentes del tercer evangelio; la versión de la «Oración del Señor» en la Didajé (8,2), muy cercanamente a Mateo, parece un texto tardío difícilmente anterior a Lucas. Ya que la lectura más corta tiende siempre a ser la más original, sería más fácil pensar en adiciones mateanas a un núcleo original, que en omisiones lucanas de una versión más larga. Además la tradición textual lucana, la tendencia ha sido hacia la expansión. Esto echa por tierra la hipótesis de Griesbach y las propuestas de Goulder4 y de van Tilborg5, quienes consideran a Mt 6,9-13 como composición eminentemente mateana.
b) Mt 6,9-13 depende de Lc 11,2-4. Ésta podría ser una opción todavía más viable, partiendo del principio de que el texto más corto tiene posibilidades de ser más cercano al original. En tal caso Mateo habría ampliado la versión lucana. Sin embargo las objeciones son también serias, tales como la necesidad de una interdependencia literaria entre Lucas y Mateo, este último habría conocido y trabajado el texto de Lucas, constituyendo, al menos para ciertos pasajes, una de sus fuentes, lo cual resulta poco probable.
c) Mt 6,9-13 pertenece a una fuente mateana, mientras que Lc 11,2-4 a una correspondiente lucana. No necesariamente que se haya tratado de dos oraciones distintas, como proponía Orígenes, sino de una misma oración conservada en dos fuentes y de dos modos distintos Sin embargo esta propuesta es incapaz de explicar suficientemente las semejanzas entre ambas versiones, especialmente el orden de las palabras, sobre todo la utilización de ejpiouvsion, que no ocurre en otros textos de la literatura griega, salvo en textos influenciados por el Nuevo Testamento. Lo cual podría llevar a suponer el conocimiento de una posible traducción común al griego.
d) Tanto Mt 6,9-13 como
Lc 11,2-4 dependen de una fuente tradicional común, a la que cada
evangelista pudo efectuar su trabajo de composición y de redacción.
El núcleo común pudo ser aquel que hemos señalado,
a partir de las coincidencias entre ambas versiones. Incluso se puede aventurar
la hipótesis de que tanto el texto lucano, como el mateano provengan
de la fuente de los logia. La ventaja de esta explicación
es que no hay objeción desde e punto de vista de las diferencias
terminológicas o estilísticas (vocabulario mateano o lucano
respectivamente). El inconveniente captado por algunos consiste en que
parece razonable que cuando cada evangelista accedió a la «Oración
del Señor» ésta era una pieza litúrgica ya conocida,
quizá utilizada en sus propias iglesias. Sin embargo esta última
opción no excluye que la redacción final dependa de también
de la praxis litúrgica tanto de la comunidad mateana, como la de
su correspondiente lucana6.
3. El núcleo primitivo del Padrenuestro y probable lengua original
Esas son dos cuestiones que van unidas. Si el Padrenuestro fue escrito originalmente en griego, es seguro que haya tenido su origen en el ámbito de algunas comunidades primitivas helenistas; pero si hay indicios de un posible original semítico, pudo gestarse ya sea en la comunidad palestinense o incluso puede remontarse el mismo Jesús de Nazaret. Al hablar de lengua semítica hemos de considerar a su vez dos posibilidades: arameo o hebreo.
Desde los estudios de G, Dalman7 han sido numerosos los investigadores que han defendido y defienden que detrás de la oración del Padrenuestro subyace un arameo original. Entre otros se cuentan: C.F. Burney, C.C. Torrey, E. Lohmeyer, K.G. Kuhn, M. Black y J. Jeremias. Sin embargo J. Carmignac8 ha rechazado esta «opinión común», sosteniendo que el original es hebreo y afirmando que este original posee algunas afinidades con los rollos del Mar Muerto. La argumentación en favor de esta opinión se basa principalmente en que aún suponiendo que Jesús habló arameo, es posible aceptar que él haya usado una lengua sagrada como el hebreo para orar y para enseñar un prototipo de oración. Sin embargo existen razones fuertes para postular el original arameo, las cuales son, en síntesis las siguientes:
* La probabilidad de que el simple enunciado «Padre», de Lucas, sea más original que la expresión «Padre nuestro que estás en los cielos» de Mateo. Siendo más plausible que Jesús haya abierto la oración con el arameo )ba) y no con el hebreo UnBia).
* Con la mayoría de los investigadores, se puede presumir que detrás de las expresiones ejpiouvsion...shvmeron subyazca más probablemente un original arameo que un hebreo. Además de que también el arameo )fboWx parece ser el candidato más viable para traducir una palabra que significa tanto «pecado» como «deuda»10.
Ahora bien, ya que es probable que detrás de la oración griega trasmitida por los evangelios haya un núcleo arameo, no se puede atribuir totalmente a la composición mateana o lucana y ni siquiera a tradiciones nacidas en comunidades primitivas o confeccionadas en la vida litúrgica o catequética. Es menester remontar el núcleo primitivo que hemos propuesto a Jesús mismo.
Además de las razones apuntadas en favor de la originalidad aramea, la atribución a Jesús está respaldada, entre otras, por las siguientes razones: Jesús habló de Dios como Padre, anunció el Reino, se pronunció en favor del perdón de los pecados, además de que la oración de Iglesia se centró en la venida de Cristo, no en la del Reino de Dios (cf.1 Cor 16,22; Ap 22,20; Did. 10,6).
Por otra parte, es verdad que la oración del Padrenuestro posee algunos paralelos judíos, como ha sido puesto de manifiesto por I Abrahams11, quien ha reunido expresiones de diferentes oraciones judías, sin embargo existen diferencias notables entre esta composición artificial y la oración del Padrenuestro: la simplicidad y la intimidad en el dirigirse a Dios, el carácter personal la brevedad óque debió constituir el núcleo originaló y quizá también la orientación escatológica12 que tuvo la oración de Jesús y que heredó la Iglesia. Quizá entre los paralelos judíos que más se acercan al Padrenuestro está el Kaddish, rezado en la sinagoga, después del sermón13:
Que él permita que su Reino gobierne en el tiempo de tu vida, en tus días y en el tiempo de la vida de toda la casa de Israel, prontamente.
Alabado sea su gran nombre por la eternidad. Y así decir: Amén.
A pesar de los intentos que se han hecho por encontrar posibles paralelos con la oración del Padrenuestro, no se puede inferir en forma taxativa, ni una influencia decisiva del judaísmo, ni un intento explícito de competir con éste. Tampoco es posible aceptar en su totalidad la propuesta de Goulder quien habló de una enseñanza de Jesús sólo por «precepto y ejemplo», dejando la formalización a Mateo16. Es también difícil sostener la afirmación de S. Van Tilborg, que habría que buscar el origen de la oración en el desarrollo litúrgico de la historia de Getsemaní17.
Es más aceptable que el Padrenuestro se remonte, al menos en los aspectos más esenciales al Jesús histórico y haya sido conservado en un su núcleo más original, en la fuente de los logia, de la que pudieron tomar tanto Lucas como Mateo, siendo el primero más fiel a su fuente.
Otra pregunta que surge es la siguiente: si el Padrenuestro es una oración que pude ser remontada a Jesús de Nazaret, ¿por qué el más primitivo de los evangelios no la ha conservado?
Por una parte, como puede ser colegido a partir de la hipótesis de las dos fuentes, Marcos no tuvo conocimiento de una gran cantidad de dichos y discursos de Jesús que sí, en cambio, fueron conservados por «Q». De estos dichos, no parece haber objeciones serias para que algunos, al menos en sus aspectos más esenciales, puedan ser remontados al Jesús histórico.
Por otra parte, es indudable que ciertos elementos que constituyen la oración del Padrenuestro se encuentran también presentes, aunque expresados de un modo ligeramente diverso, en el evangelio de Marcos, tales como ajbbav oJ pathvr (14,32-42) ouj tiv ejgw; qevlw ajlla; tiv suv (14,35) y proseuvcesqe i{na mhv e[lqhte eij" peirasmovn (14,38). Como apunta Van Tilborg, a pesar de que ninguna de esas expresiones ocurre literalmente en la Oración del Señor18, la correspondencia de sus contenidos con ella merece ser examinada y explicada. Aunque la conclusión de de este autor es un tanto discutida óque la oración del Padrenuestro se originó en una reflexión litúrgica de Getsemaníó, sin embargo él acierta al señalar que el contenido del Padrenuestro no es ajeno a la oración de Jesús que testimonia el más primitivo de los evangelios. Así pues, también por estos indicios, no parece improbable que el núcleo de esa oración pueda remontarse al Jesús histórico, conservado en una versión primitiva por Q19 y después recogido y modificado, tanto por Mateo, como por Lucas, siendo este quien pudo conservar una versión más fiel al tenor original. El desarrollo litúrgico y catequético seguramente tuvo lugar en ambas comunidades, pero también la directriz teológica de cada evangelista, debió jugar un rol importante en la configuración de cada versión.
La conclusión a
la que hemos llegado, acerca de un posible desarrollo paralelo de un núcleo
original del Padrenuestro, tanto en la comunidad lucana, como en su correspondiente
mateana, no es extraña en el proceso de formación de las
comunidades cristianas, que reflejan su vida comunitaria, su catequesis,
su praxis litúrgica, etc, en los textos del Nuevo Testamento.
II La versión mateana del Padrenuestro
1. El contexto literario
Es ya sintomático que la oración del Padrenuestro en el evangelio de Mateo tenga lugar en la sección denominada «sermón de la montaña», la cual es característica en este mismo evangelio, en virtud de la importancia que reviste en todo el conjunto20. Más aun, en la propuesta hecha por U. Luz, el Padrenuestro ocupa el centro del sermón21.
A pesar de que, a diferencia de Lucas, en Mateo el sermón de la montaña no va dirigido exclusivamente a los discípulos de Jesús, sin embargo es evidente que éstos poseen un lugar sobresaliente en dicha parte del evangelio mateano. Son ellos quienes están más cerca del Maestro (cf. 5,1-2), son ciertamente a ellos a los que se les aplica la cualidad de ser «sal de la tierra» (cf. 5,13) y «luz del mundo» (cf. 5,14-16). Existen además otros ejemplos donde a todas luces los textos encuentran su mejor aplicación en los discípulos de Jesús, tales como 5,16. 19; 6,1.5; 7,12. 17-18, etc22.
Más importante para nuestro propósito destacar la presencia del pronombre uJmei'" en 6,9. Este pronombre y las oposiciones establecidas con uJpokritaiv y con ejqnikoiv señala que la oración del Padrenuestro es la oración enseñada a los discípulos de Jesús.
En ese contexto de instrucción
a la muchedumbre y de una manera especial a los discípulos es donde
tendrá lugar la enseñanza acerca de la oración en
secreto y consecuentemente el Padrenuestro. Sigue después la instrucción
acerca del ayuno que también debe ser practicado en secreto, para
que sea el Padre quien recompense (cf. 6,16-18). Todo ello en el corazón
mismo del «sermón de la montaña», que es a su
vez uno de las partes medulares del evangelio de Mateo. Esta centralidad,
aunada a la manera como aparece la oración óenseñada directamente
por el Señoró, constituyó sin duda una de las fuertes razones
para que adquiera un profundo respeto y veneración.
2. Algunos aspectos que caracterizan la versión mateana del Padrenuestro
Mateo introduce la oración con la indicación: ou{tw" ou\n proseuvcesqe uJmei'", mientras que Lucas lo hace con o{tan proseuvcesqe levgete. Una introducción semejante, quizá influida por el primero, es la que presenta Did. 8,2: ou{tw"proseuvcesqe. El adverbio ou{tw" en Mateo podría tener un sentido indicativo, es decir, un ejemplo de cómo hay que orar, más que de la enseñanza de un determinado estereotipo o de una fórmula para ser repetida a la letra. Así lo habrían entendido los Padres de la Iglesia, cuando hablaron de un «bosquejo»23 de oración.
Como ya hemos anotado anteriormente, el pronombre personal uJmei'" designa a los discípulos de Jesús, en una contraposición tanto frente a los judíos como frente a los gentiles. Esta idea aparece reforzada por la utilización mateana del posesivo hJmw'n, que acompaña al sustantivo pathvr. En efecto, la atribución de la paterninadad de Dios y de la correspondiente filiación de los discípulos depende sólo de Jesús, el Hijo amado de Dios; de modo que dicha atribución corresponde propiamente a quienes viven conforme a la voluntad divina y se adhieren al Hijo (cf. 5,9. 45).
Por otra parte, la invocación de Dios como «padre» puede ser vista desde una orientación escatológica; es decir, la «filiación divina» es parte también de la esperanza de llegar a vivir en una comunión plena con Dios24. Si partimos de esta visión, es posible inferir que el orar con el Padrenuestro constituye un privilegio para los discípulos, que envuelve una suerte de «escatología realizada»25.
A partir de lo que hemos apuntado, no obstante que el hecho de dirigirse a Dios como «padre» no constituye por tanto un privilegio único de los que se adhieren a Jesús, sí lo es en cuanto al nuevo contenido que alcanza la invocación. En efecto ya los hasidim oraron usando también el término «padre», para designar a Dios26. Varios textos atribuyen a algunos la cualidad de considerados hijos de Dios, tales como el «justo» de Sab 2,13.18; 5,5; 14,3, o como aparece en la oración de Sir 23,1.4; 51,10. Esto último constata que Dios fue invocado como «padre» en algunos círculos sapienciales, para expresar un grado mayor de intimidad con él. También en la literatura apócrifa puede encontrarse algunas veces la designación de Dios como «padre» (cf. Jub 1,24; Sal 13,9; 3 Mac 6,3.8), lo mismo que en la práctica sinagogal27. Todavía más, no se pude excluir totalmente que incluso que en algunos grupos judíos se pudiera haber utilizado eventualmente el término arameo )fBa) para dicha designación, sin embargo de cualquier modo, la connotación debió ser distinta a la dada por Jesús en su relación con el Padre celestial, misma de la que hizo partícipes a los suyos.
Así pues, la utilización del pronombre, en primera persona de plural, acompañando al sustantivo pathvr confiere a la versión mateana un matiz muy particular. Por un lado, pone de manifiesto que el Padre de Jesús y de los seguidores del Hijo por excelencia es el Dios de Israel invocado en la sinagoga. En este sentido se establece una continuidad, pero al mismo tiempo el evangelista pone de manifiesto que ahora, con Jesús, la relación con Dios llega a ser más intensa gracias al Hijo amado del Padre28 , estableciendo por tanto una clara y evidente superación29. Esto conlleva una consecuencia que no puede ser ignorada: Mateo no niega que Israel haya sido el pueblo elegido por Dios para llevar a cabo la primera alianza. Si Mateo presenta un distanciamiento con respecto de Israel, la razón fundamental estriba en la distorsión que han hecho los dirigentes30.
Una de las características de Mateo es la adición oJ ejn toi'" oujranoi'". La explicación más común es la de que Mateo adopta el lenguaje judío de la época, consagrado en la sinagoga: «el Dios que está en los cielos» {iymf<aBe$. Esta expresión establece un fuerte contraste con la invocación inicial: el «padre» cercano es también y al mismo tiempo el «Dios de los cielos».
La santificación del nombre no es privativa de Mateo, antes bien, además de tener lugar en Lucas (11,2b) y en la Didajé (8,2), está múltiplemente atestada por la Septuaginta (aJgiavzein to; o[noma) traduciendo como aJgiavzein la raíz hebrea $dq (cf. Lv 22,32; Is 29,23). Aunque en el caso de Mt 6,9, pudiera tratarse de un pasivo divino (cf. Ez 36,23)31, no se excluye del todo que pueda tener en los hombres el sujeto de la santificación del nombre32.
Algo semejante a lo que hemos afirmado antes hay que decir de la segunda petición: ejlqevtw hJ basileiva sou. Así también Lc 11,2b y Did 8,2. Sabiendo que a lo largo de la historia se le han dado orientaciones diversas33, esta petición puede ser vista también desde una doble perspectiva, presente y escatológica. Ya en algunas oraciones judías se implora la venida del reino de Dios (cf. Shemoneh ëEsreh, XI berakah Kadish; el Musaf para el Rosh hashanah); ellas poseen un marcado acento escatológico, pero también entre los rabinos era frecuente la comprensión del reinado de Dios con dimensión presente. Aunque el lenguaje utilizado por Jesús no sea del todo inédito, es claro que él entiendió el Reino como algo dinámico y poderoso34, con esa doble dimensión. Lo describe en forma concreta, dejando de lado aspectos políticos y nacionalistas. La formulación es abierta y no prescribe al orante una determinada noción del reinado de Dios35. La petición del Reino, con su doble dimensión, marca decididamente la orientación del Padrenuestro.
Un elemento distintivo el evangelio de Mateo es la tercera petición: genhqhvtw to; qevlhmav sou. Esta petición no está en Lucas, aunque sí en Did. 8,2. Ciertamente Lucas no es ajeno a la noción de «hacer la voluntad divina» (cf. Lc 22,42 y Hch 21,14), pero no es para él una constante, ni la ha recogido tampoco en el Padrenuestro. El problema estriba en saber si con un trabajo redaccional Mateo modificó intencionalmente una oración litúrgica recibida o si ésta era la forma que se utilizaba en la comunidad mateana. Por una parte, hay algunos ejemplos acerca del carácter redaccional del imperativo aoristo pasivo de givnomai (cf. 8,13; 9,29; 15,28), mientras que, por otra, el tema de la voluntad es preferido por Mateo (cf. 7,21; 12,50; 18,14; 21,31; 26,42). Sin embargo tampoco se excluye por completo que la forma adoptada por Mateo pueda responder a la praxis litúrgica propia de su comunidad.
También aquí, el verbo genhqhvtw puede ser interpretado como un pasivo divino (Dios es el ejecutor de su propia voluntad), o correspondiente a otro sujeto. U. Luz propone la disyuntiva en relación a los hombres, con la preposiciones «en» y «por»: «haz tu voluntad en los hombres»36 o «hágase tu voluntad por los hombres», prefiere la segunda opción. El problema ocasionado por los términos que sigue en la oración (wJ" ejn oujranw'/ kai; ejpi; gh'") quedaría salvado si se interpreta: «así como se cumple la voluntad de Dios en el cielo, que se cumpla también en la tierra». De este modo, los seres humanos participan de esa misión: «cumplir la voluntad divina». Es indudable que el cumplimiento de la voluntad de Dios constituye un tema característico mateano, quien usa seis veces el término qevlhma referida al Padre (cf. 6,10; 7,21-23; 12,50; 18,14; 21,31; 26,42). En la perspectiva de este evangelista, la auténtica comunión con Dios y el genuino discipulado de Jesús no consiste en una simple confesión de palabra; se requiere de acciones concretas que respondan con realismo a la voluntad salvífica divina. Al mismo tiempo, en el Padrenuestro aparece con toda claridad que dicho cumplimiento no consiste en una actividad que el hombre puede realizar por sí mismo, sino que ante todo debe ser impetrada al mismo Dios. Un texto relevante en esta línea es Mt 7,21, donde se alcanza a percibir el trabajo redaccional del evangelista, quien sustituye kai; ouj poiei'te a{ levgw de Lc 6,46 por oJ poiw'n to; qevlhma tou' patrov" mou tou' ejn toi'" oujranoi'", haciendo del cumplimiento de la voluntad del Padre una condición indispensable para entrar en el Reino de los cielos.
Reconociendo la validez de la propuesta hecha por U. Luz, acorde, por otra parte al interés mateano de involucrar al creyente en el proyecto salvífico que ha venido a realizar el Hijo de Dios, podemos decir que, sin rechazar del todo una posible perspectiva escatológica de la petición37, es claro que la realización de la voluntad de Dios representa una necesidad que se impone aquí y ahora, aunque ciertamente tendrá una realización futura. Este rasgo refleja el estilo mateano de establecer una relación estrecha y una asombrosa interacción entre los estadios de la historia, lo mismo que entre la acción divina y la actividad humana38.
Por otra parte, la expresión wJ" ejn oujranw'/ kai; ejpi; gh'" puede ser entendida como un «merismo», dos términos que encuadran una totalidad (cf. Mt 5,34-35) para decir «en cualquier parte». Tampoco resulta rebuscado establecer una proyección hacia Mt 28,18, donde el Señor glorioso, declara haber recibido toda potestad «en el cielo y en la tierra». Es decir, Mateo, con su estilo de tejer los acontecimientos, puede estar pensando en la proclamación de la buena nueva a todos los pueblos. Entendido como merismo para designar la totalidad del mundo, resulta superfluo buscar la identidad de los que deben hacer la voluntad de Dios ejn oujranw (¿seres celestes?, ¿ángeles?...). La voluntad divina debe ser ejecutada en todas partes.
La cuarta petición: to;n a[rton hJmw'n to;n ejpiouvsion do;" hJmi'n shvmeron, como hemos mencionado, es muy parecida a Lc 11,3, con las variantes ya señaladas en la primera parte de este artículo.
Uno de los puntos más difíciles para la exégesis ha estado representado por la derivación y significado de ejpiouvsio", tanto en Mateo como en Lucas. Entre las variadas interpretaciones, hay por los menos cinco:
1) Partiendo de las raíces ejpiv + oujsiva = sustancia, esencia, a[rtonejpiouvsion es «el pan que se une a nuestra sustancia»39, o «que trasciende todas las sustancias»
2) Con la misma raíz de la propuesta anterior, pero entendiendo oujsiva con el significado de «existencia» o «subsistencia», es.«el pan esencial», «el pan necesario para la existencia» o «para la subsistencia».40
3) Considerando que ejpiouvsio" pudiera provenir de ejpiv th;n ou\san = hJmevran, el significado sería «el pan para el día actual» o «para hoy».
4) Partiendo de hJejpiou'sa (hJmevra) = el día siguiente óderivado a su vez de ejpievnaió una expresión que por otra parte es frecuente en el Nuevo Testamento (de, cf. Hch 7,26; 16,11; 20,15; 21,18)41 el significado sería: «el pan para el día que viene», «para el siguiente día» .
5) Una última interpretación se basa asimismo en la derivación de epievnai y parte de to;ejpiovn (el futuro), que puede tener también un trasfondo semita en rfxfm. El pan que se pide es entonces el pan celestial futuro, el pan del banquete escatológico del reino de Dios.
Tanto las opiniones antiguas como las actuales se han dividido. La atención se ha centrado últimamente en la penúltima de las interpretaciones señaladas: «danos hoy nuestro pan de mañana». Como anota U. Luz, «la cuarta petición del Padrenuestro corresponde a una situación de agobio social en la que se vive con la preocupación del alimento para el día siguiente. El «pan» como medio nutritivo más importante puede traducirse por «alimento», como pars pro toto, en la mentalidad semita; pero no puede ampliarse a cualquier necesidad vital»42. Esta interpretación considera una necesidad real de alimento, pero al mismo tiempo se abre a la espera futura del banquete final.
Algunos apuntan que en el trasfondo subyace el pasaje del maná de Ex 16, donde Dios es la fuente del alimento, específicamente del pan y donde el la traducción de los LXX se encuentran muchas frases con hJmevra (cf. vv. 1, 4, 5, 22, 26, 27, 29, 30) y donde divdwmi es también usado (cf. vv. 8, 15 29)43. Esta interpretación viene desde la época patrística, de modo que ya Tertuliano44 contempló la historia del maná como una clave interpretativa de ejpiouvsio", especialmente Ex 16,4 (con ecos en el Nuevo Testamento, como en Jn 6,32 y 1 Cor 10,3) que dice: «mirad, yo haré llover pan del cielo ({iyfmf<ah-}im {exel) para vosotros... y la gente saldrá a juntar una porción cada día OmOy:B {Oy-rab:D». Esta última expresión hebrea, que aparece en otros textos, además del mencionado, fue traducida de diversos modos en la lengua griega: Ex 16,4 = to; th'"hJmevra" eij" hJmevran; Lv 23,37= to; kaqÆ hJmevran eij" hJmevran; Dn 1,5 to; th'" hJmevra" kaqÆ hJmevran, según Teodoción, porque según los LXX la lectura es kaqÆ eJkavsthn hJmevran.
Si se presupone un original hebreo del Padrenuestro, ejpiouvsion podría ser considerado como equivalente de {Oy-rab:D. mientras que shvmeron (o to; kaqÆ eJkavsthn) equivaldría45 a OmOy:B.Pero si se presupone un original arameo, es necesario buscar el equivalente de OmOy:B {Oy-rab:D . Para lograr este fin es preciso lanzar una mirada a los targumim de los textos mencionados. Davies-Allison, proponen que epiouvsion podría reflejar el arameo {Woy {fg:tip o en todo caso {Woy {Wob:s, en cambio para shmevron y para ???*???????????el equivalente sería xemOy:b46. Ellos sostienen que detrás de Mt 6,11 está presente la lengua aramea, aludiendo al pasaje de Ex 16,4. y la recolección del maná, pidiendo a Dios que alimente a su pueblo, como lo hizo en el pasado47.
Como quiera que sea, no es improbable sospechar al menos un trasfondo bíblico de la petición. Aparece la figura de Dios como el padre que sustenta sus hijos. Éstos, llenos de confianza invocan en medio de necesidades materiales reales, pero al mismo tiempo abren su invocación a la participación en el banquete escatológico.
La quinta petición, kai; a[fe" hJmi'n ta; ojfeilhvmata hJmw'n wJ" kai; hJmei'" ajfhvkamen toi'" ojfeilevtai", hJmw'n, aunque representa un motivo frecuente en las oraciones judías48, no deja de tener su impronta mateana. Quizá lo más significativo está representado por lo que sigue: que en una oración el perdón humano aparezca a lado del perdón divino49. Esto puede demostrar cómo la acción divina y la humana no se separan. Aunque esta misma idea aparece también en Lc 11,4: kai; a[fe" hJmi'n ta;" aJmartiva" hJmw'n, kai; ga;r aujtoi; ajfivomen panti; ojfeivlonti hJmi'n y muy probablemente deba remontarse al mismo Jesús. Para Mateo reviste una importancia singular, ya que ayuda a reforzar su interés por mostrar cómo la acción divina y la actividad humana no son ajenas, sino que se reclaman mutuamente.
El único lugar de los LXX donde aparecen juntos ajfivhmi y ojfeivlhma es en 1 Mac 15,8. Aunque de suyo ojfeivlhma significa «deuda», «aquello que se obliga a pagar», en sentido religioso llega a significar «pecado», ya que el pecado ocasiona una deuda frente a Dios (cf. Lc 7,41,43; Col 2,13-14, también 1Q tgJob 34,4). Es factible que las diferencias de vocabulario entre Mateo y Lucas se puedan deber a la traducción del arameo )fbOh50. Lo que sí resulta claro es que Mateo cuando usa el verbo ajfivhmi lo acompaña con diferentes sustantivos sinónimos como afimartiva (cf. 9,2.5.6; 12,31) o parptwvmata (cf. 6,14.15), sin que se note marcada preferencia por alguno de ellos; de hecho sólo en el Padrenuestro y en 18,32 usa ojfeivlhma con ajfivhmi.
Igual que en la petición anterior, la que invoca el perdón posee una doble dimensión. Por, si bien es cierto que el perdón de los pecados se espera en el futuro, como un elemento escatológico, también lo es que en el Padrenuestro el perdón constituye una realidad presente. Esta última dimensión queda enfatizada por por el perdón a quienes han realmente hecho algún daño. La expresión wJ" kai; hJmei'" ajfhvkamen toi'" ojfeilevtai", hJmw'n no representa alguna ficción literaria, sólo para formar paralelismo. Se trata de la situación que deben enfrentar los discípulos de Cristo, con un genuina actitud de misericordia, como su Maestro y, en fin de cuentas, como el mismo Padre celestial.
La última petición es doble kai; mh; eijsenevgkh/" hJma'" eij" peirasmovn, ajlla; rJu'sai hJma'" ajpo; tou' ponhrou'. La primera parte no es exclusiva de Mateo (cf. Lc 11,4c; Did 8,2)51, en cambio la segunda, aunque aparece también en Did 8,2 puede ser considerada como mateana.
El término griego peirasmov" es susceptible de varios significados: «prueba», «aflicción», «tentación». Ya desde aquí se pueden vislumbrar algunas interpretaciones; sobre todo si se considera que la invocación tiene el verbo eijsfevrw («llevar», «traer», «meter», «conducir»). Es decir, según la formulación se pide al Padre que no lleve sus hijos eij" peirasmovn. ¿Se podría compaginar esta expresión con Sant 1,13 (mhdei;" peirazovmeno" legevtw o{ti ajpo; qeou' peiravzomai...)? ¿Dios tienta o no? ¿El pensamiento de Mateo difiere esencialmente del de Santiago en este punto?
Hay que notar que en el evangelio el verbo eijsfevrw no está en imperativo, sino en subjuntivo aoristo, lo cual representa un rasgo particular respecto a las restantes invocaciones52. El sentido que parece tener es un deseo de que Dios no guíe a los suyos hacia la tentación o, quizá mejor, que no les permita sucumbir en el momento de la misma53. También hay que notar una doble dimensión en esta invocación. Si bien es cierto que va en la línea de una prueba especial, difícil de superar, es decir, que se trata sobre todo de la gran prueba final por la que tienen que pasar los creyentes, no se puede excluir que en esta invocación se contemplen las tentaciones o las pruebas cotidianas. El sentido de la petición no parece ser el de una solicitud a Dios para que no permita tener, ya sea las pruebas y tentaciones cotidianas, como la prueba última. Más bien los discípulos de Jesús piden no ser abandonados por Dios, tanto en los momentos de las pruebas diarias, como en el momento decisivo escatológico.
Es válido sugerir un trasfondo bíblico para la afirmación de que Dios «lleva» a la tentación: la experiencia de Israel en el desierto y la misma de Jesús, antes de iniciar su vida pública. Mientras el primero llevado al desierto por Dios sucumbe en la tentación, el segundo guiado también por el Espíritu al lugar de la tentación, sale victorioso. Desde esta óptica, el discípulo de Cristo estaría pidiendo a Dios no ser sometido a la tentación que sólo el Maestro pudo enfrentar con éxito, porque el discípulo podría correr la suerte de Israel, es decir, sucumbir en la tentación.
La liberación del mal puede ser entendida también en la doble dimensión señalada. Por una parte, se pide a Dios ser liberados básicamente de la intervención escatológica del maligno, en el momento decisivo, sin embargo, la petición posee una realidad histórica de los discípulos de Cristo, quienes tienen que enfrentar constantemente la oposición del maligno.
Así pues, tanto
la realidad presente, como la perspectiva escatológica están
presentes en la oración del Padrenuestro. Al orar, la Iglesia reconoce
esta doble dimensión, que, por lo demás es una característica
primordial que conlleva el Reino. El que la llegada de éste sea
la primera invocación, marca decididamente la configuración
de toda la oración.
III. Conclusiones
Después de haber
efectuado el presente estudio podemos llegar a algunas conclusiones tales
como las siguientes:
1. No obstante que a nosotros ha llegado sólo en griego, sin excluir totalmente la posibilidad del hebreo, la lengua original del Padrenuestro pudo ser el arameo.
2. Es posible remontar la oración del Padrenuestro, al menos en su núcleo básico, a Jesús de Nazaret.
3. Aunque dicho núcleo básico quedó mejor conservado en la versión de Lucas, sin embargo Mateo algunas veces está más cercano de las invocaciones originales semíticas.
4. La oración del Padrenuestro fue conocida en distintas comunidades, al menos en dos versiones y así fue utilizada en la praxis litúrgica de las comunidades cristianas. La de mayor influencia fue la de Mateo, tal como queda ya testimoniado por la Didajé y posteriormente por una adopción más universal de la Iglesia.
5. El texto del Padrenuestro en la Didajé depende casi totalmente del de Mateo.
6. Aunque el Padrenuestro no aparece en Marcos, éste no es ajeno a las invocaciones, tales como aj bbav oJ pathvr (14,32-42) ouj tiv ejgw; qevlw ajlla; tiv suv (14,35) y proseuvcesqe i{na mhv e[lqhte eij" peirasmovn (14,38).
7. La forma de dirigirse a Dios como «Padre» fue teniendo difusión, poco a poco, en los ámbitos cristianos, tal como aparece ya en algunos escritos tempranos del Nuevo Testamento (cf. Gál 4,6; Rom 8,15).
8. Es posible encontrar algunos elementos emparentados con oraciones judías contemporáneas, tales como el kaddish, sin embargo el contenido y alcance de la oración cristiana es distinto.
9. La redacción mateana del Padrenuestro ha introducido elementos que responden a los temas preferidos por este evangelista: la mención de los cielos y el hacer la voluntad de Dios en el cielo, como en la tierra.
10. El Padrenuestro en el evangelio de Mateo es susceptible de una doble interpretación: presente y escatológica. Es una oración para ser hecha en el momento histórico presente y con una actitud que mira hacia el momento decisivo final, en la misma dinámica que tiene en los evangelios, particularmente en Mateo, la presencia del Reino de Dios.
Notas: